miércoles, 15 de agosto de 2012

GILLES DE RAIS: ¿asesino o víctima?


GILLES DE RAIS / GILLES DE RETZ
1404 - 1440

Nacimiento, juventud, adolescencia y mayoría de edad

Hacia finales del año 1404, Gilles de Laval, Barón de Rais (o más correctamente De Retz), según datos aportados por varios historiadores, nació en la torre negra del castillo de Champtocé. El 28 de septiembre de 1415, su padre, Guy de Laval (un Montmorency), fallece confiando la tutela de su hijo a Jean Tournemine de La Hunaudaye, su primo, pero contrariamente a las disposiciones testamentarias, es su abuelo Jean de Craon quien educará al joven Gilles. Quizás puede mirarse a Jean de Craon como uno de los factores, el origen de la locura asesina de Gilles de Rais, pues se le ha descrito como un hombre extremadamente violento, taciturno, calculador y exento de escrúpulos.


El 14 de enero de 1412, Gilles de Rais había sido prometido en matrimonio a Jeanne Peynel, rica heredera, con el objetivo de captar su fortuna, y el que está detrás de toda esa artimaña no es más que el propio abuelo del novio. En el curso de las extrañas discusiones alrededor de la futura boda, el Parlamento de París se pronunciará en contra de ese matrimonio, prohibiéndolo.
No es hasta el 28 de noviembre de 1417 que se vuelve a poner en el ajedrez de las alianzas matrimoniales al joven Gilles de Rais, y esta vez se trata de casarle con la sobrina del duque Juan V de Bretaña. Desgraciadamente, la intentona se traduce en un nuevo fracaso.
En noviembre de 1420, Gilles de Rais rapta a su prima Catherine de Thouars, para casarse con ella... ¿Quién estuvo detrás del rapto? pues ni más ni menos que el abuelo del novio, Jean de Craon.
A finales del año 1420, la mujer de Jean de Craon fallece y, tras una cortísima viudez, éste vuelve a contraer segundas nupcias con la abuela de Catherine de Thouars, Anne de Sillé.
El 24 de abril de 1422, Gilles de Rais se casa públicamente con Catherine de Thouars. Dos años después, en 1424, es declarado mayor de edad y libre de disponer como entienda de su fortuna. Tomando las riendas de su vida, Gilles aparta gradualmente de su lado a Jean de Craon.
En 1427, Gilles de Rais hace su debut en la carrera militar contra los ingleses, con inusitada brillantez. Étienne Corrillaud de Pouzauges, entonces de 10 años de edad, entra a su servicio en calidad de paje.


El 28 de abril de 1429, nuestro protagonista marcha junto a Juana de Arco sobre Orléans, ciudad asediada por los ingleses.
A finales del año 1429, la hija de Gilles de Rais, Marie, nace.
El principio de la prodigalidad de Gilles empieza con la venta del castillo de Blason, contando los 25 años y considerado como uno de los mayores guerreros del reino francés. Mariscal de Francia por gracia del rey Carlos VII, obtiene el supremo privilegio de adornar su escudo de armas con las flores de lis, a modo de reconocimiento real.



El 30 de mayo de 1431, Juana de Arco es quemada viva en la ciudad de Rouen.
El 15 de noviembre de 1432, el abuelo de Gilles de Rais, Jean de Craon, fallece. La provincia del Poitou se convierte en la residencia del mariscal de Rais.
Entre 1432 y 1433, los crímenes empiezan...

La Familia



Gilles de Rais era el resultado de la unión de cuatro familias ricas y poderosas. De hecho, la unión que produjo el nacimiento de Gilles, sirvió para reunir familias que, políticamente, estaban en conflicto. Las cuatro casas implicadas eran:
-La Casa de Rais/Retz.
-La Casa de Laval, familia del abuelo paterno de Gilles.
-La Casa de Machecoul, estrechamente aliada a la familia de su madre.
-La Casa de Craon, familia de su madre.

En 1383, cuando el duque Juan IV consolidaba su posición en Bretaña, desposeyó a Jeanne de Rais, única superviviente en línea directa, y la sucedió en sus tierras. A mediados de los años 1390, mientras continuaba con sus intrigas con Inglaterra, ofreció la mano de su hija María a Enrique de Lancaster, con una dote que incluía la ciudad portuaria de Brest y el señorío de Rais. Jeanne de Rais, viendo con impotencia que su casa era ofrecida por un usurpador a un príncipe extranjero, decidió llevar su caso ante el Parlamento de París, buscando los medios de llevar a juicio al duque Juan IV de Bretaña. El rey Ricardo II de Inglaterra, deseoso de sostener a su aliado bretón, tomó la defensa de Juan IV. Tras una prolongada lucha judicial, Jeanne de Rais consiguió recuperar su patrimonio con todos sus derechos de señora-propietaria pero, se planteó entonces un nuevo problema... a su muerte, ¿quien heredaría sus tierras?
La muerte del duque Juan IV a principios de noviembre de 1399, aceleró las decisiones que habían de tomarse. En 1402, su viuda, Juana de Navarra, casó con el rey Enrique IV de Inglaterra. Jeanne de Rais, cuyo apodo era "La Sage" (La Sabia), se percató de que el tiempo jugaba a su favor, recordando que antaño, en 1304, la Casa de Rais se había aliado convenientemente con la Casa de Machecoul, cuando Eustachie Chabot (de la Casa de Rais) se casó con Gérard de Machecoul. La descendiente de ambos, Catherine de Machecoul, había contraído matrimonio con Pierre de Craon, y el hijo de éstos, Jean de Craon, tuvo una hija llamada Marie.
En la época del padre de Jeanne de Rais, una de sus tías, otra Jeanne apodada "La Folle" (La Loca), se había casado con Guy de Laval. El descendiente de ambos, otro Guy de Laval, se presentaba como un potencial sucesor y heredero del señorío de Rais. Para Jeanne de Rais, la solución se presentaba clara como el agua y era imperativo casar a Guy de Laval con Marie de Craon, reuniendo con este matrimonio, todas las ramas de la familia, y hacer del hijo de éstos (el primogénito), el sucesor y heredero universal de sus bienes.
A pesar de la sabiduría de Jeanne de Rais, era difícil edificar un puente sobre el abismo político que se había ido ahondando durante todos aquellos años...
La Casa de Rais tenía en muy baja estima a la Casa de Montfort, la cual, después de todo, había robado su señorío ofreciéndolo a los ingleses. La Casa de Craon, por otro lado fuertemente unida a los Montfort, había intentado con Pierre de Craon, probablemente bajo las órdenes del duque Juan IV, asesinar a Olivier de Clisson (de la facción pro-francesa al mando de Nantes), y luego huído a España.
Pero como apremiaba a Jeanne de Rais encontrar un heredero, so pena de que el señorío fuese nuevamente captado por el ducado de Bretaña, ésta se puso manos a la obra e intentó mediar para allanar las diferencias. Su mediación se tradujo en un rotundo éxito cuando el 5 de febrero de 1404, Guy de Laval desposaba a Marie de Craon, y en otoño, nacía su primer hijo, Gilles. A éste le siguió otro hijo, René, nacido en 1407.

Gilles de Rais, Mariscal de Francia y criminal arrepentido



Gilles de Rais es una figura histórica fascinante. Se le describió como un hombre orgulloso, rico, hermoso, devoto, cristiano, valeroso, joven, diestro en la batalla, experto conocedor de arte y amante de la música. Mariscal de Francia, fue compañero de Juana de Arco durante la Guerra de los Cien Años. Rodeado de discípulos, de soldados a su sueldo y de cortesanos, era uno de los caballeros más ricos de Francia, y el más célebre guerrero de su tiempo. El 13 de septiembre de 1440, Juan, Obispo de Nantes, firmó la citación legal que llevó a Gilles de Rais ante un tribunal de justicia.
Mató, estranguló y masacró numerosos niños inocentes de manera inhumana, cometiendo con ellos el pecado de sodomía, el crimen más abominable y execrable que se puede practicar. Frecuentemente, invocó a los demonios y, para ello, sacrificó niños ofreciendolos para sellar sus pactos, pactos que llevó a cabo perpetrando ocasionalmente otros crímenes y demás pecados. En un período de 10 años, con ayuda de su servidumbre, el mariscal habría enviado al otro mundo más de 200 niños en su propia alcoba. Esos niños contaban entre 6 y 18 años de edad. Debía haberse sentido fascinado por la belleza, la pureza de esos chiquillos, y por el dolor que era capaz de infligirles. Sin desestimar el sacrificio de niñas, a éstas prefería los niños. Si uno de ellos tenía una voz bonita y fuese capaz de cantar como un ángel, tenía la suerte de salvar su vida y permanecer en el coro de la capilla de uno de sus castillos...
Antes que negar los hechos, Gilles de Rais prefirió admitir todos sus crímenes. Sus confesiones resultaron tan repugnantes que, durante la instrucción del juicio, uno de los jueces se levantó para cubrir una pintura representando a Cristo, con una cortina. Ante el tribunal de la Inquisición, el mariscal no vacilaba en hacer una detallada descripción... "admitió haber eyaculado en el calor elástico de sus intestinos. Admitió que les había sacado el corazón a través de heridas agrandadas, y con los ojos de un somnámbulo, miró los dedos de sus manos sacudiéndoselas como si por ellos resbalase la sangre vertida. Se dice que, mucho antes, habría desmembrado a una mujer encinta para jugar con su feto..."

Artículo 1: Se tiene por dicho que el mencionado Gilles de Rais, con el fin de cumplir, con los niños y niñas mencionados, sus depravaciones artificiales, y sus ardores libidinosos, tomó por primera vez su miembro viril en una u otra de sus manos, lo frotó hasta enderezarlo, y lo puso entre las piernas de los susodichos niños; resbalaba entonces su miembro viril contra el vientre de los niños con el mayor de los placeres, con ardor y la concupiscencia libidinosa, hasta que echase su esperma sobre sus vientres.

Artículo 2: Se tiene dicho que antes de llevar a cabo sus horribles depravaciones y sus pecados de la carne con los niños y las niñas, y con el fin de impedirles que gritasen y evitar que fuesen éstos oídos, el citado Gilles de Rais los colgaba mediante cuerdas y cadenas y ganchos en su habitación. Luego los soltaba para tranquilizarlos diciendo que solo quería jugar con ellos y no herirles, para así conseguir que dejasen de llorar y gritar.

Artículo 3: Después de que el citado Gilles de Rais ha cometido sus indecentes prácticas, los mataba inmediatamente, rindiéndoles culpables de su propia muerte... a veces eran decapitados, o degollados, en otras ocasiones eran desmembrados y, algunas veces, se les rompía el cuello con un bastón de madera.

Artículo 4: Se tiene dicho que el citado Gilles de Rais cometía a veces sus placeres con los citados niños y niñas antes de herirles, aunque en contadas ocasiones; en otras, los sodomizaba mientras estaban colgados de las cuerdas y de los ganchos, antes de infringirles heridas; en otras también, tras haberles degollado, se masturbaba sobre las venas del cuello, y sobre la sangre que salía a borbotones; en otras, los violaba cuando ya entraban en la languidez de la muerte, con la condición de que aún estuviesen calientes.

El barón de Rais estaba entre los dolores del deseo y de la contricción. Según Thomas Mann, encarnó lo peor del religioso en su condenación. El genio como la enfermedad, la enfermedad como el genio, el tipo del afligido y del poseído, donde santo y criminal se convierten en uno solo. En sus agonías de culpabilidad, quizá de autojustificación, se dirigió a las familias de los asesinados con esas palabras: "Vosotros que estáis presentes, vosotros, sobre todo, a los cuales he masacrado los niños, yo soy vuestro hermano, hijo de Cristo. Por pasión por Nuestro Señor, os imploro, rogad por mí. Perdonad de todo corazón el mal que os he hecho, como vosotros esperáis la piedad y el perdón de Dios."
Su reclamación funcionó e impactó a los asistentes. Cuando el mariscal es ejecutado, sus jueces, centenares de niños, los padres, los espectadores, derramaron muchas lágrimas por él. Gilles de Rais fue el primero en sufrir la pena capital. Sus camaradas, sus cómplices, le siguieron poco después al patíbulo. Pero antes de que le diesen muerte, cantó un "De Profundis", con voz sonora y fuerte, a los pies del patíbulo. Exhaló entonces un gemido y añadió "Demos gracias a Dios por ese signo manifiesto de su amor", y continuó rezando de rodillas y, con él, todo el gentío se arrodilló y rezó con él. Sentado sobre un taburete, sus manos atadas y el nudo de la cuerda al cuello, el verdugo encendió la hoguera que se encontraba debajo de él en el justo momento en que le quitaban el asiento.

El Juicio

Gilles de Laval, Barón de Rais (también se escribía "Raies", "Rayx" o "Retz"), combatió al inglés al lado de Juana de Arco, siendo un excelente soldado y habiendose consagrado por entero al rey Carlos VII de Francia. Era el protector escogido por Juana de Arco durante la batalla y él lo demostró con creces mediante su lealtad y devoción. Cabe también reseñar que era un cristiano devoto y que, cuando Carlos VII fue coronado rey en la catedral de Reims, Gilles, por derecho y debida a su alta posición, fue uno de los caballeros-custodios encargado de llevar el santo óleo para el ungimiento del nuevo monarca.

Los años siguientes a la ejecución de Juana de Arco, Gilles mantuvo viva su memoria con la creación y puesta en escena de una reconstitución del asedio de Orléans, con más de 500 actores. Gastó su tiempo y su dinero para reunir una inmensa biblioteca, y sobretodo se consagró en organizar numerosos servicios religiosos en las capillas de sus castillos, a cual más suntuoso y magnífico.
Gastó tanto dinero durante sus espectaculares reuniones que su enorme fortuna acabó resintiéndose. Gilles de Rais, recordemoslo, era el noble más rico y poderoso de Europa y, en 1420, su fortuna aumentó espectacularmente gracias a su matrimonio con una heredera extremadamente rica, Catherine de Thouars. En calidad de levador de tropas en Francia, jugó un honorable papel durante las guerras contra los ingleses pero, tras la coronación de Carlos VII, se retiró a sus dominios de Machecoul, Malemort, La Suze, Champtocé y Tiffauges. Es durante ese periodo de su vida que reconoció haber recurrido a la alquimia, visto que su fortuna menguaba. Contrató a varias personas para ejecutar los diversos ritos mágicos. Una de esas fue el padre Francesco Prelati, que se interesaba en la creación de materias raras (la piedra filosofal) y en la convocación de demonios, utilizando niños muy jóvenes, de cuya sangre y huesos necesitaba para confeccionar sus recetas mágicas.

Aunque sus encantamientos diabólicos empezaban a ser cada vez más notorios, la caída de Gilles de Rais se inició a partir de un incidente relativamente menor. En septiembre de 1440, el tesorero de Bretaña, Geoffroi de Ferron, compró uno de los dominios de Gilles. Éste rehusó la admisión en el dominio al hermano del tesorero, Jean de Ferron, que había venido para tomar posesión de la propiedad y del título. La cólera de Gilles de Rais habría pasado desapercibida si Jean de Ferron no hubiese sido un clérigo, puesto que Gilles entró en su iglesia a lomos de su corcel, a voz en grito...
El obispo Jean de Malestroit (obispo de Nantes), cogió al vuelo la ocasión para llevar a Gilles de Rais ante un tribunal, con cargos que había secretamente preparado desde julio de 1429. El obispo alentó los cargos de herejía y un juicio fue reclamado por la corte ducal bretona. El duque, el obispo y el inquisidor se confabularon y apoyaron ganando una fortuna declarando a Gilles de Rais como hereje, confiscándole más tarde su propiedad.
Varios cargos fueron retenidos contra Gilles: la conjura de los demonios, el abuso del privilegio de secretario, las perversiones sexuales contra menores, y la invocación de espíritus acentuadas por las acusaciones de sacrificios humanos.


Resumiendo, Gilles de Rais fue acusado de ser un hereje, un apóstata, un prestigitador de demonios... acusado de crimen y vicio contranatura, de sodomía, de sacrilegio y de violar la inmunidad de la Santa Iglesia. El 13 de septiembre de 1440, el obispo llevó a Gilles de Rais ante el tribunal. Las auditorías preliminares tuvieron lugar el 28 de septiembre, el 8, 11 y 13 de octubre, y el juicio formal se inauguró el 15 de octubre.

El duque de Bretaña, Juan V, sancionó el juicio que comenzó el 17 de septiembre; tras seis sesiones, el 19 de octubre, Gilles de Rais fue sometido a la "Cuestión". Para obtener confesiones y evidencias de sus crímenes, sus criados y cuatro de sus cómplices fueron torturados. Se escucharon, en total, a 110 testigos (informadores y soplones incluídos).
Hay que decir que, hasta entonces, Gilles de Rais nunca recibió testimonio alguno para su defensa, como tampoco recibió asesoramiento jurídico. Ese trato que le dispensaron es conforme a la manera de actuar de un tribunal eclesiástico, que manipulaba a su favor todo el proceso jurídico como solía hacerlo cuando enjuiciaban a las brujas en la misma época.
El viernes 21 de octubre de 1440, Gilles de Rais fue torturado hasta que prometió admitir "voluntaria y libremente" que era culpable de todos los cargos que se le imputasen, y naturalmente todos los crímenes por muy increíbles e imposibles que fuesen.


El 26 de octubre, en Nantes, Gilles de Rais fue ahorcado y su cuerpo dispuesto sobre una pira con dos cómplices, Henri Griart y Poitou. Cabe hacer hincapié en las condiciones en las cuales fue llevado a cabo el proceso judicial, por lo tremendamente irregulares, incluso en el caso de acusaciones por crimen de herejía.
Ni uno solo de sus 500 criados fue llamado a declarar ante el tribunal, y los que quisieron dar un testimonio favorable a Gilles de Rais, fueron torturados hasta que fueron convencidos de pasar al banco de los "acusadores" y "denunciantes" contra el mariscal. Tras cumplir con su parte, exigida por la Iglesia, los susodichos fueron liberados.

Corrupción, perjurio y recompensa

El 30 de julio de 1430, Jean de Malestroit, obispo de Nantes, publicó el primer documento contra Gilles de Rais. Apoyándose sobre el pretendido rumor público y llamando a declarar a tan solo 8 acusadores, acusó a Gilles de Rais de asesinar a niños y de practicar con ellos la sodomía, y de pactar con demonios. A razón de sus supuestos actos, Gilles fue desacreditado por las "buenas y serias" gentes. Ese catálogo de detalles es realmente una técnica medieval muy típica, hecha para deshacerse de individuos indeseables o molestos. Se puede citar, por ejemplo, a Hugues Aubriot, principal de París, que fue acusado de la misma manera y enjuiciado con las mismas malas artes eclesiásticas, sesenta años antes del arresto de Gilles de Rais. Aubriot, que se había vuelto impopular, había proporcionado de manera involuntaria a sus enemigos todas las razones que se esgrimieron para la acusación cuando en 1381, reenvió a sus familias un elevado número de niños judíos que habían sido quitados a sus padres, añadiendo que había que indemnizar a la comunidad judía. Fue acusado de sodomía, de herejía, de ser un falso cristiano, de librarse al comercio de vírgenes y de mantener relaciones sexuales con judíos, entre otros. Fue condenado, pero a diferencia de Gilles de Rais, escapó a la pena de muerte gracias a la influencia del Duque de Borgoña, su principal valedor.
Además, no había defensa posible contra el cargo de herejía. Cualquiera que fuese lo suficientemente idiota como para defender a un "hereje", era automáticamente acusado, a su vez, de hereje, lo que arrastraba inevitablemente la pena de muerte. Juana de Arco, por ejemplo, fue condenada por herejía y quemada por hereje y no, como se dijo en un principio, por ser una bruja.
En el resultado final, los hechos apenas han importado, porque en la convicción medieval de jurisprudencia todo se basaba sobre la confesión del reo, no sobre las evidencias y los jurados, añadamos a eso que la confesión siempre se obtenía mediante tortura. La figura del abogado o consejero para la defensa del acusado no existió, y el concepto moderno de "inocente hasta probación de culpabilidad" tardarían siglos en llegar a ser una realidad.
Recordemos que Gilles de Rais debía ser sometido a dos tipos de investigaciones: una era la eclesiástica, quizá la más relevante y que iba a llevarle al patíbulo, y la otra era la civil para tratar especialmente el cargo por asesinato, pero menos relevante que la primera.

El 24 de agosto, Arthur de Richemont, el más joven hermano del duque Juan V de Bretaña, confiscó el castillo de Tiffauges propiedad de Gilles de Rais, dónde éste había encarcelado a Jean Le Ferron, en nombre del duque de Bretaña. El 3 de septiembre, Juan V divide la propiedad entre sus hijos François y Gilles de Bretaña. La rapidez de la operación demuestra que el mariscal de Rais se había convertido en una amenaza para el duque.
El 13 de septiembre, un informe sobre el arresto de Gilles de Rais es publicado por Jean de Malestroit, obispo de Nantes. Como lo dijimos anteriormente, en este documento, se acusaba al mariscal de Francia de haber asesinado, torturado y sodomizado a niños inocentes, además de pactar con los demonios y de profesar una creencia hereje.
El 19 de septiembre, Gilles fue arrestado por herejía doctrinal. Sin desmoronarse y con suprema serenidad, el barón de Rais aseguró ante los jueces eclesiásticos, estar dispuesto a reconocer el cargo de herejía. Tras una breve pausa que permitió reunir a diez testigos suplementarios, el juicio eclesiástico se inició solemnemente el 8 de octubre, presidiendo el obispo de Nantes, Jean Blouyn en calidad de investigador y Guillaume Chapeillon, procurador clerical.
Ese mismo día, los cargos por sodomía, invocación y sacrificios a los demonios, y por herejía fueron presentados oralmente. En espera del veredicto, Gilles de Rais indicó a sus jueces que deseaba apelar. Su apelamiento fue inmediatamente rechazado pues fue formulada oralmente y no por escrito como estaba estipulado. Un apelamiento oral no era permitido dada la naturaleza particularmente grave del caso. Por lo demás, los jueces aseguraron al barón de Rais que no había en sus intenciones el deseo de oprimirle pero que el juicio seguiría su curso. Nunca se le dió la oportunidad de pasar por escrito su apelamiento.
Ante la evidencia de que nunca encontraría ayuda ni defensa alguna, Gilles de Rais negó tajantemente la veracidad de los artículos de la acusación, declarándose, alto y claro, como buen cristiano. El procurador juró entonces de decir solo la verdad e invitó al mariscal a prestar juramento como él pero Gilles de Rais, realizando la inutilidad de tal gesto y conciente de que la única verdad que el tribunal podía aceptar fuera que, en efecto, era culpable de todos los cargos, rehusó prestar juramento haciendo el juego de sus jueces.
Así interrumpido, el juicio fue suspendido hasta el martes siguiente, 11 de octubre. Ese día, el proceso fue remitido a más tarde, hasta el 13, pero ese día no fue perdido: el tribunal eclesiástico reunió un nuevo plantel de testigos adicionales para presentar acusaciones en el juicio civil instruido contra el mariscal. Esas gentes y supuestos "testigos llorosos", se lamentaron y pidieron que se hiciera "justicia"...

El jueves 13 de octubre, el tribunal fue nuevamente convocado. Gilles de Rais era, ahora, presentado formalmente por escrito, con los 49 artículos de acusación contra su persona.


En el curso de los últimos 14 años, según se desprende de los "artículos", Gilles de Rais habría raptado a niños de ambos sexos y los habría cruelmente asesinado, desmembrando e incinerándolos; que sacrificó cuerpos de niños a los demonios; que cometió sodomía con ellos antes, durante y después de muertos; que hizo asesinar a éstos por sus cómplices; que mandó a sus criados que se hiciesen con más niños y se los entregasen; que contrató a personas encargadas de invocar a los demonios en su nombre; que entró en contacto con esos demonios para adquirir conocimientos, poderío y riqueza; que concluyó pactos con dichos demonios en los cuales aceptó realizar todos sus deseos y voluntades; que frecuentó la compañía de brujos y prestigitadores; que tuvo costumbre practicar artes prohibidas para obtener riquezas y poder para si mismo; que confió todas sus esperanzas, sus intenciones, su fe en los malos espíritus; que se libró cotidianamente a actos de glotonería; que prometió renunciar a su mala vida y hacer peregrinaje en Jerusalén, pero que rompió finalmente su juramento... Por dichas razones habría caído en la herejía, la idolatría y la renuncia a la Fe; que habría violado la inmunidad eclesiástica al agredir a Jean de Ferron, y que todo eso es ahora de notoriedad pública.

Al oír todas esas memeces, Gilles de Rais perdió, por vez primera, su serena tranquilidad. En un arrebato de ira, declaró no reconocer la autoridad de Jean de Malestroit y de Jean Blouyn como jueces, y que se mantenía firme en su voluntad de apelar.
El informe del juicio subraya que habló "con insolencia" y "con arrogancia".
Su cólera le empujó a acusarles de robar y mendigar restos de mesa, insultándoles y afirmando que preferiría ser desollado vivo antes que estar en presencia de semejantes eclesiásticos y jueces sinvergüenzas, corruptos y mentirosos.

Es interesante hacer hincapié en las acusaciones formuladas por Gilles de Rais contra sus jueces, tachándoles de ladrones, corruptos y mentirosos. De hecho, tenemos razones para creer que los presuntos obispo e inquisidores podían no ser del todo dignos de confianza. A pesar de la dureza de la Iglesia de la pre-Reforma hacia los casos de corrupción, no es difícil imaginar a sus camaradas bretones bañarse en la corruptela y sacar provecho de ella. No olvidemos que Jean de Malestroit tenía lazos de sangre con Juan V de Bretaña, y que tuvo que actuar por él en el pasado para tomar posesión de la tierra de Champtocé, propiedad de Gilles de Rais. El mariscal en persona confirmó y testificó que, en su día, Jean de Malestroit le había dicho "no haré nada por vos siendo yo obispo de Nantes."

Gilles de Rais fue entonces nuevamente invitado a responder a los artículos, a lo que rehusó por segunda vez responder y dejando patente que no diría nada más al respecto. Cuando se leyeron por segunda vez los artículos, Gilles de Rais respondió que le extrañaba de sobremanera que Pierre de L'Hôpital, presidente del Parlamento de Bretaña, permitiese a Jean de Malestroit y a Jean Blouyn corromperse en crímenes de este tipo, los mismos de los cuales le acusaban ahora!

Cabe preguntarse en qué circunstancias, durante ese periodo de corrupción, Jean de Malestroit se convirtió en obispo de Nantes... Desgraciadamente, la Historia no nos proporciona esa respuesta capital. ¿Es posible que Jean de Malestroit y Jean Blouyn fuesen en efecto, como el mariscal los denunció, unos jueces incapacitados para instruir semejante proceso judicial? Sin duda alguna. Ante la falta de evidencias más claras y concisas, los jueces de Gilles de Rais deben ser considerados igualmente o tan sospechosos como él.

Confrontados a ese desafío, Jean de Malestroit y Jean Blouyn juzgaron a Gilles de Rais por su desprecio al tribunal y lo excomulgaron. A pesar de eso, siguieron instruyendo el proceso, a lo que Gilles de Rais puso en duda la legitimidad de esa corte de justicia, aunque solo lo pudo hacer oralmente ya que se le negó (otra vez) presentar una queja por escrito, y dudó también de la legalidad de su excomunión y de la competencia del obispo y del inquisidor.
Dos días más tarde, el 15 de octubre, se produce un giro inesperado: Gilles de Rais reconoció la competencia de sus jueces y les pidió perdón, por lo que a raíz de ese sorprendente cambio de actitud (muy sospechoso, por cierto), algunos biógrafos leyeron en ello la admisión de culpabilidad.


Tras un mes de arresto y encarcelamiento, Gilles de Rais había vivido en la esperanza vana de un gesto del rey a su favor. El paso del tiempo acabó por vencer sus esperanzas, y el rey no movió un dedo (igual que en el caso de Juana de Arco). Carlos VII "el Vencedor" merece, decididamente, el apodo de Carlos "el Ingrato".
Respondiendo finalmente a los cargos, Gilles de Rais admitió haber leído un libro de alquimia y de demonios para practicar la alquimia. A pesar de sus negaciones, testigos tales como sus criados Henriet y Poitou, Francesco Prelati, el alquimista Eustache Blanchet, Tiphaine Branchu y la sirvienta Perrine Martin, fueron llamados ante el tribunal para testificar contra él. Pareció confiado en cuanto a los artículos que le acusaban de practicar la alquimia y la lectura de un libro relativo al tema, creyendo que los testigos (amigos de ayer), habían declarado contra su voluntad, considerando que si debían escuchar su consciencia, no podían aportar testimonio para la acusación. En eso, obviamente, se equivocó.

Gilles de Rais rezó para no ser excomulgado. El informe judicial le describe cubierto de lágrimas, implorando su regreso en el seno de la Santa Iglesia. Uno se puede preguntar cuánto costaba la ejecución del mariscal de Francia, en provecho de sus jueces que se llenaban los bolsillos para llevarle a la hoguera...
El obispo y el inquisidor fueron raudos para acoger de nuevo en el seno de la Madre Iglesia a esa "oveja negra", suspirando aliviados ante su aparente capitulación.
Se condenó a Gilles de Rais a pagar 50.000 escudos de indemnización por el maltrato dado al clérigo Jean de Ferron, indemnización que había de ser entregada al... ¡duque Juan V de Bretaña!
Pierre de L'Hôpital, presidente del tribunal secular, fue entonces asaltado por las dudas sobre si no se cometía cierta injusticia contra Gilles de Rais. Obviamente más recto y honesto que el obispo y el inquisidor, dictaminó que la indemnización se hallaba sobradamente pagada al confiscar el duque de Bretaña unas tierras de Gilles de Rais. Pero incluso impartiendo justicia con más honorabilidad que el tribunal eclesiástico, Pierre de L'Hôpital se encontraba con las manos atadas y pareció sospechar que se había urdido todo un complot para hundir y quitar de en medio a un poderosísimo señor feudal, como lo era Gilles de Rais, y ciertamente instigado por el duque de Bretaña. De su actitud y de sus conversaciones con Francesco Prelati, se desprende la sombra de la duda...
Pierre de L'Hôpital prometió a la familia de Gilles de Rais que, una vez ejecutado, su cadaver sería inmediatamente retirado de la pira para recibir cristiana sepultura en la iglesia escogida por el reo, con gran procesión, escolta y servicio fúnebre.
Hay un dato extremadamente curioso: Prelati y Blanchet, los alquimistas e invocadores demoníacos, no fueron ejecutados. Se les golpeó la muñeca y fueron liberados. Desaparecieron para nunca ser vistos jamás... y ese, es un punto que sigue causando cierto malestar en aquellos que asumen naturalmente la culpabilidad de Gilles de Rais.

El cuerpo del barón Gilles de Rais, mariscal de Francia, descansará (tal y como lo deseaba antes de ser ejecutado) en una sepultura cristiana, en la Iglesia de Nuestra-Señora del Carmelo, en Nantes. Trescientos cincuenta años después, los revolucionarios destruyen su tumba...

Francesco Prelati

Desesperado por no encontrar un alquimista digno de ese nombre para colmar sus deudas colosales, Gilles de Rais conoce, gracias a Eustache Blanchet, ex-monje, a Francesco Prelati. Según su testimonio, en el curso del juicio, Prelati afirmaba haber nacido en Monte Catini, en la diócesis de Luca. Abrazó la carrera eclesiástica y entró en las órdenes. Pronto se interesó por la geomancia bajo la influencia de un médico florentino, Gianni de Fontanel. Ambos, según la leyenda, hicieron aparecer un buen número de demonios a cambio de algunas gallinas y golondrinas... Ante semejante poder, Blanchet se convenció que Prelati era el hombre necesario y lo presentó ante su señor.
No hay descripciones físicas de él, tan solo se sabe que era joven y que debía estar entre los 22 y 24 años de edad cuando llegó, el 14 de mayo, a las puertas del castillo de Tiffauges, escoltado por hombres enviados por el mariscal de Rais.
Por su inteligencia y su hermosura, sin duda, conquistó rápidamente el corazón y el cuerpo de Gilles de Rais. Ante la inevitable bancarrota del señor, Prelati hacía figura de ser el hombre enviado por la Providencia, aunque en realidad fue el que empujó a Gilles de Rais hasta los abismos del infierno.
Por tres veces, y para la obtención de riquezas y oro, Prelati convocó al demonio Baron en presencia de Gilles de Rais. Obviamente, el demonio no se presentó jamás ante ningún testigo, y parecía que solo se presentaba caprichosamente ante Prelati cuando éste estaba solo...
Cabe añadir que Prelati procedió repetidas veces a invocar a los demonios, pero nunca pasó lo que debía de pasar. De hecho, Prelati era más bien un farsante que se aprovechaba de la ingenuidad, de la necesidad imperiosa de Gilles de Rais para encontrar una solución a sus problemas financieros.

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