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miércoles, 22 de enero de 2014

CURIOSIDADES -126-

"Tabaquismo y Coleccionismo"



El rey Federico II "el Grande" de Prusia (1712-1786) era un gran aficionado al tabaco râpé, de ese molido o rallado y aromatizado para esnifar que aún se fabrica en Alemania desde que fuera introducido por los franceses y puesto de moda en el siglo XVIII. Con esa moda aristocrática, también se empezaron a fabricar hermosas a la par que suntuosas cajitas o tabaqueras para tan refinada clientela. Dada la gran adicción del monarca prusiano por el râpé, éste se puso a coleccionar toda suerte de tabaqueras hasta tener en su posesión la friolera de 365, todas distintas y primorosamente decoradas y cinceladas en metales y piedras semipreciosas. Tamaña colección le permitía utilizar una distinta para cada día del año.
Una de ellas, cincelada en oro con facetas y tapa esmaltadas de verde esmeralda y cubierta con 3.000 diamantes -la de la fotografía de abajo-, fue adquirida en 1932 por la Reina Mary de Gran-Bretaña, esposa de Jorge V, y desde entonces forma parte de la Colección de la Reina Elizabeth II.

 

viernes, 15 de junio de 2012

Anécdotas Históricas -169-



Las relaciones entre la reina Victoria y su heredero "Bertie", Príncipe de Gales -futuro rey Eduardo VII-, no fueron las mejores teniendo en cuenta el comportamiento y la actitud de éste, que chocaba frontalmente con la estricta e implacable moralidad materna. Victoria siempre tuvo motivos para disgustarse con él, lo que la llevó a excluirle de todos los asuntos públicos de la Corona.

Un día, Lady Beaconsfield sugirió a la soberana que, pese a todo, el tener a Bertie a su vera debía ser un gran consuelo para ella en su vejez.

-"¿Consuelo?¿Por qué?¡Le pillé fumando a los quince días de morir su padre!"

Anécdota de: Victoria I, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperatriz de la India (1819-1901).

sábado, 9 de junio de 2012

CURIOSIDADES -40-



Cuando el rey Jorge V de Gran-Bretaña (1865-1936), estando en su lecho de muerte cayó en estado comatoso, la Familia Real optó por la eutanasia con tal de acortar su agonía y preservar su dignidad. Un letal cóctel de morfina y cocaína le fue inyectado la noche del 20 de enero de 1936 por su enfermera y su médico personal Lord Dawson of Penn. Tras recibir la mortal inyección, Jorge V dedicó sus últimas palabras a la enfermera:

-"¡Dios te maldiga!" 

Lady Asquith declararía, poco después de la muerte del rey:

-"Lord Dawson no fue un buen médico. El rey en persona me dijo que, de haber tenido a otro médico, no se estaría muriendo."

La salud de Jorge V empezó su declive tras un accidente acaecido el 28 de octubre de 1915, cuando revisaba las tropas a lomos de su montura. Su estado se agravó por culpa de su tabaquismo. A partir de entonces, el monarca sufría de una obturación pulmonar crónica y de pleuresía. En 1925, para que se recuperara de sus afecciones pulmonares, los médicos le recomendaron un crucero por el Mediterráneo. En noviembre de 1928, se declaró la septicemia que iba a consumirle lentamente. En 1929, la sugerencia de que se tomase un largo descanso fue brutalmente rechazada por el real paciente y solo accedió a una cura de 3 meses en la localidad de Bognor, en Sussex. Pese a todos los cuidados prodigados, Jorge V jamás se restableció completamente y tuvo que vivir el resto de sus días cerca de una bombona de oxígeno.
La tarde del 15 de enero de 1936, estando en su finca de Sandringham, Jorge V se quejó de tener frío y se metió en cama para no abandonarla. Durante los cinco días de su agonía, perdía frecuentemente la conciencia y, cuando se despertaba preguntaba a su Secretario Privado:

-"¿Cómo va el Imperio?"

Y el Secretario siempre le respondía:

-"Todo va bien, Señor, con el Imperio."

lunes, 4 de junio de 2012

Anécdotas Históricas -156-



Poco después de que la reina Victoria I prohibiera terminantemente fumar en todas las residencias reales, sus hijos varones, amantes empedernidos del tabaco, se apropiaron de un salón del Castillo de Windsor para convertirlo en su fumadero secreto donde poder fumar, tomarse una copa y hablar distendidamente lejos de la mirada de la soberana y de sus hermanas y esposas.

Un buen día, los príncipes se enteraron de que la reina tenía la intención de inspeccionar todas y cada una de las habitaciones y estancias del castillo. Ante la noticia de la inspección real, cundió el pánico entre los hijos, viendo que era inevitable que se descubriera su habitación secreta; hasta que al Príncipe de Gales se le ocurrió mandar que colgaran encima de la puerta del fumadero secreto, un letrero con las iniciales W.C. (del inglés Water Closet = cuarto de baño o retrete).

Y, efectivamente, el día en que la reina Victoria llevó a cabo su minuciosa inspección por todas las estancias del castillo, pasó de largo al ver aquellas iniciales encima de esa puerta.

Anécdota de: Victoria I, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperatriz de la India (1819-1901).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

VIENA 1867: Tragedia en la Familia Imperial Austro-Húngara

MATHILDE DE AUSTRIA-TESCHEN
1849 - 1867




Segunda hija del matrimonio archiducal formado por Alberto de Austria-Teschen e Hildegarde de Baviera, duques de Teschen, la joven archiduquesa Mathilde Marie Adelgunde Alexandra de Austria-Teschen nació en La Hofburg de Viena el 25 de enero de 1849 y falleció en horribles circunstancias el 6 de junio de 1867. Era ésta nieta del archiduque Carlos de Austria, duque de Teschen, y de la princesa Henrietta von Nassau-Weilburg por el lado paterno, y del rey Luis I de Baviera y de Teresa de Sajonia-Hildburghausen por lado materno.

Le precedieron en la cuna una hermana, la archiduquesa Maria-Teresa (1845-1927), casada desde 1865 con el duque Philipp von Württemberg, y un hermano, el archiduque Carlos Alberto (1847-1848), muerto en la cuna.


Retrato del Archiduque Alberto de Austria-Teschen (1817-1895), según Georg Decker.

La pareja archiducal de Austria-Teschen y sus dos hijas formaban parte del estrecho círculo familiar e íntimo de los emperadores Francisco-José I y Elisabeth en Baviera (Sissí para los íntimos); de hecho, Sissí apreciaba particularmente a su prima Hildegarde, mientras que Alberto era la cabeza de proa del conservadurismo tras haber sido un gran apoyo para la archiduquesa Sofía, madre del emperador. En verano, residían éstos en su castillo de Weilburg, en Baden bei Wein, que el archiduque Alberto había heredado de su madre, mientras que en invierno tenían sus propios aposentos en La Hofburg de Viena.

En 1864, la madre de nuestra protagonista, la archiduquesa Hildegarde, murió de una inflamación pulmonar (pleuresía), tras haber acudido a los funerales de su hermano el rey Maximiliano II de Baviera.

Por aquella época, ya le pretendía un lejano primo, el archiduque Luis Salvador de Austria-Toscana (1847-1915), que deseaba desposarla. Pero su padre destinaba la mano de su pequeña hija al príncipe de Piamonte -futuro rey Humberto I de Italia-, siguiendo una política que perseguía acabar con las tiranteces existentes entre el Imperio Austro-Húngaro e Italia. Los proyectos de boda, en cualquier caso, no llegaron jamás a concretarse por culpa de un desagradable accidente.

La archiduquesa Mathilde, de entonces 18 años, tenía un pequeño vicio: el tabaco. Desde hacía un tiempo, fumaba a escondidas de su padre cigarrillos que le facilitaban sus doncellas, pese a la terminante prohibición paterna.



Quemada a lo Bonzo

El 6 de junio de 1867, se encontraba la archiduquesa Mathilde junto con su padre y el resto de la Familia Imperial en la residencia de la emperatriz Elisabeth, Schloss Hetzendorf, preparándose todos para acudir a una velada teatral en Viena con sus mejores galas. Mathilde se había enfundado en un hermoso vestido vaporoso de gasas, blondas y tules para la ocasión, sobre las que se aplicó una solución de glicerina para mantenerlas rígidas. Mientras esperaba que los demás miembros acabaran de engalanarse, quiso fumarse un último cigarrillo en el balcón aprovechando el momento y antes de que apareciera su severo padre, que no toleraba su tabaquismo. Apenas encendido el pitillo y llevado a la boca, entró de sopetón el archiduque Alberto en su habitación. En un rápido gesto, Mathilde escondió el cigarrillo tras su cintura, intentando disimular ante su progenitor cuando de pronto empezó a prender por detrás su vestido. Presa de pánico, la pobre archiduquesa arrancó a correr despavorida por toda la estancia, no consiguiendo otra cosa que la de avivar el fuego mientras sus doncellas la perseguían e intentaban en vano apagarlo. En cuestión de segundos, y para mayor horror de su padre y de la familia imperial allí presentes, se convirtió en una antorcha humana y tan solo los criados consiguieron ahogar las llamas tirándola al suelo para enrollarla en una manta. Para cuando quisieron despojarla de las batistas y gasas carbonizadas, se dejaron entrever unas espantosas llagas.

Se intentó, por todos los medios, acallar los desgarradores gritos de dolor de la pobre Mathilde, con casi todo el cuerpo afectado con horribles quemaduras de segundo y tercer grado, pero fue en vano. Un médico sugirió sumergirla en una bañera de aceite para que en él encontrase alivio, y de esta guisa se la transportó sin más dilación de Schloss Hetzendorf hasta el Palacio de La Hofburg, para que recibiera los adecuados cuidados médicos. Allí, acudieron en tromba los mejores galenos de la capital para asistirla; sin embargo, la paciente no pudo resistirlo. Tan grave era el estado de sus quemaduras, que la joven archiduquesa no tardó en morir.