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viernes, 14 de noviembre de 2014

DON MANUEL DE PORTUGAL, El Infante Aventurero


INFANTE REBELDE Y AVENTURERO
DON MANUEL DE BRAGANZA
CONDE DE OURÉM

 

 

Don Manuel José Francisco Antonio Caetano Estevao Bartolomeu de Bragança y Baviera-Neuburg, Infante de Portugal, Conde de Ourém -por cortesía-, nació en el Palacio da Ribeira, Lisboa, Portugal, el 3 de Agosto de 1697 y falleció en la Quinta de Belas, Sintra, Portugal, el 3 de Agosto de 1766. Fue el séptimo hijo de Don Pedro II, Rey de Portugal y de los Algarves, y de su esposa la reina María-Sofía de Baviera-Neuburg, y hermano menor del rey Juan V de Portugal que, por no querer obedecer al deseo real de entrar en las órdenes clericales, se fugó a Amsterdam y recorrió Europa para ofrecer sus servicios al Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.



Su educación principesca le llevaría a idealizar la vida militar, a tener un alto concepto de sí mismo y de su posición, soñando con gloriosas hazañas, laureles y honores. Sin duda influenciado por la Guerra de Sucesión Española a sus diez años, dejó escrito una sentencia que definía perfectamente su carácter: "Más deben los hombres perder la vida con honra que vivir en la infamia."

 
Retrato de Don Juan V de Bragança, Rey de Portugal y de los Algarves (1689-1750).


Destinado naturalmente a la carrera eclesiástica, el Infante Manuel se rebeló contra el deseo de su hermano a que entrase en las órdenes por ser el menor de la Familia Real. Deseoso de llevar una vida llena de aventuras y, sobretodo, a ejercer una gloriosa carrera militar a pesar de que su país estuviera en paz con sus vecinos, el Infante se enfrentó al rey negándose a doblegarse ante su deseo de convertirle en un príncipe de la Iglesia. La tensa audiencia pública entre el monarca y su hermano se saldó con un bofetón real ante toda la corte al perder el rey su sangre fría. Tras la deplorable desavenencia, el humillado, encolerizado e indignado infante de 18 años se dio a la fuga.

Acompañado por tres personas que formaban su restringida comitiva, se distinguían entre ellos a un hijo del Conde de Tarouca, Manuel Teles da Silva, de su misma edad, y a dos jóvenes criados más un repostero y otro de servicio general, el Infante Manuel se daba a la fuga con un puñado de joyas, 20 mil cruzados de plata y una carta de cambio del mismo valor (firmado por el comerciante Manuel de Castro Guimaraes con orden de cobro en Londres) en los bolsillos, embarcó secretamente a bordo de un barco británico destino a los Países-Bajos, el 5 de noviembre de aquel año de 1715.

Tras de si dejaba una extensa carta al rey Juan V, en la que justificaba su partida para atender el ofrecimiento de Viena a luchar contra los Turcos.

Una vez desembarcado en Amsterdam (14 de noviembre de 1715), donde fue recibido por el embajador Luis da Cunha, llevó una vida alegre y disipada que provocó las quejas del viejo diplomático: "Incesantes fiestas, carreras de trineos y bailes en las que danzaba hasta las 7 de la mañana me dejaban medio muerto, al tener que asistir..."; de Amsterdam pasó a La Haya donde el jolgorio siguió a lo largo de 3 meses más. Recibió allí la orden de su hermano de volver inmediatamente a Portugal. Desafiante, rehusó doblegarse y viajó a París, donde fue bien acogido por el Conde da Ribeira Grande y agasajado por la corte francesa. Una nueva orden de regreso por parte de Lisboa le empujó a huir de nuevo.

 
Retrato del Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano (1663-1736), según J. Van Schuppen.


De Francia pasó a Alemania y ofreció sus servicios al Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, primer ministro del emperador Carlos VI de Austria, para luchar contra los Turcos en Hungría. Aceptada su oferta por Viena, se le encontró 4 días después guerreando en la batalla de Petrovaradin, donde sufrió una herida sin importancia pero en la que se cubrió de gloria. Poco después, participó activamente en el asedio y captura de Timisoara.

 
Retrato de Carlos VI de Austria, Emperador del S.S.I.R.G., Rey de Hungría y de Bohemia (1685-1740).


En 1717, convertido en un oficial del Ejército Austríaco, siguió sirviendo bajo las órdenes del Príncipe Eugenio y participó en la conquista de Belgrado. Tras el Tratado de Passarowitz, que ponía un término a la guerra austro-turca (1718), fue agraciado con el rango de mariscal-de-campo de los Ejércitos Imperiales y obtuvo el mando de un regimiento de acorazados con una renta de 50 mil cruzados. Sin ocupación ni destino concreto, el Infante Manuel se dedicó a viajar por todas las cortes europeas, viviendo una vida de placeres y frivolidades que hicieron correr ríos de tinta entre los escritores contemporáneos.


 
Retrato de Maria Zofia Sieniawska (1698-1771), Princesa Czartoryska.


En 1728, se convirtió en uno de los candidatos barajados para obtener la mano de la rica Maria Zofia Sieniawska (1698-1771)*, gracias al respaldo de Viena, en un intento de conseguir una sólida posición en Polonia antes de la celebración de la elección de un nuevo monarca polaco. De sobras conocido en las cortes de Viena y de San Petersburgo, fue propuesto como el nuevo Rey de Polonia durante un breve tiempo en el curso del año 1733, y durante la Guerra de Sucesión Polaca. El fracaso de su candidatura polaca le desilusionó y le llevó a regresar a Portugal el 21 de octubre de 1734, al no tener los medios suficientes para seguir viviendo lejos de su país natal y sin el sustento de una pensión. Para colmo, había acumulado muchas deudas por culpa de su dispendioso tren de vida.

 
Retrato de Don Manuel de Bragança, Infante de Portugal, Conde de Ourém (1697-1766).


Regresado a la corte lisboeta, su hermano Juan V le asignó a residencia en el Palacio de los antiguos Señores de Belas (La Quinta de Belas, en Sintra, propiedad del Conde de Pombeiro), bajo la estrecha vigilancia de su guardia, concediéndole también el título de Conde de Ourém y una pensión, amén del pago de sus deudas pero vetándole el acceso a la corte. Instalado en su nueva residencia, pasó sus 32 ultimos años como un mecenas sin grandes medios económicos pero rodeado de una animada corte de escritores y artistas.

Sobrevivió a su hermano el rey Juan V y al devastador terremoto que destruyó Lisboa al encontrarse en Sintra.

Murió soltero y sin hijos el día de su 69º cumpleaños y fue sepultado con honores en el Panteón Real del Monasterio de Sao Vicente de Fora, de Lisboa.

(*)_Maria-Zofia Sieniawska, viuda de su primer matrimonio con el magnate Stanislaw Donhoff, acabó casándose con el Príncipe August Aleksander Czartoryski, tras ser pretendida por 5 otros candidatos (el Conde de Charolais, príncipe de la Casa de Borbón-Condé, el Infante Manuel de Portugal, el Conde Jan Klemens Branicki, el Conde Franciszek Salizy Potocki y el Príncipe Jan Tarlo) . Su fabulosa herencia, recibida de su padre en 1726, se componía de extensas propiedades en Rutenia, amén de 35 ciudades, 235 pueblos y aldeas, y de la fortaleza de Berezhanyski; a esa prodigiosa fortuna se sumaron las propiedades y fincas de su difunto marido, y todos los bienes de su madre. Es la antepasada de la actual Reina de los Belgas, Mathilde d'Udekem d'Acoz, consorte del rey Philippe I de los Belgas.


viernes, 5 de septiembre de 2014

Cita de la Semana



"La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva."

Frase de: José de Sousa Saramago (1922-2010), escritor.

sábado, 14 de diciembre de 2013

ISABEL LUISA DE PORTUGAL, la 'Siempre-Novia'


DOÑA ISABEL LUISA DE BRAGANZA
INFANTA DE PORTUGAL
PRINCESA DE BEIRA
1669 - 1690
 
 
LA NOVIA ETERNA
 
Isabel Luisa Josefa de Braganza, Infanta de Portugal y Princesa de Beira, nació en el Palacio Real da Ribeira de Lisboa el 6 de enero de 1669, única hija nacida del matrimonio del entonces Infante Don Pedro, regente de Portugal -el que fuera rey Pedro II- con su primera consorte y cuñada Maria-Francisca de Saboya-Nemours.



Un año antes, don Pedro había llegado al poder dando un golpe de Estado el 27 de enero de 1668, deponiendo a su hermano el rey Alfonso VI y encarcelándolo en el palacio real de Sintra, aunque desde 1667 ya detentaba efectivamente la regencia portuguesa. Poco después, inició el proceso para la anulación matrimonial de su hermano mayor con la reina Maria-Francisca de Saboya, alegando la no-consumación de la unión por la manifiesta indiferencia de Alfonso VI hacia su consorte, obteniendo finalmente de Roma la anulación y el permiso para casarse con ella.


Alfonso VI y la pugna por el poder


 
En realidad, y desde los 3 o 4 años de edad, siendo entonces el rey Alfonso VI de Portugal (1643-1683), tan solo Infante de Portugal y el segundo en el orden sucesorio a la Corona Lusa, había sufrido una "fiebre maligna" que le afectó el lado derecho del cuerpo (1646-47); la dolencia repercutiría inevitablemente en casi todos los aspectos de su vida: desde los políticos hasta los familiares y sexuales. Se cree, hoy día, que se trató de una afectación del sistema nervioso central tal vez debida a una meningitis, como propone Montalvao Machado.

 
Retrato del Infante Teodosio de Braganza, Príncipe de Beira (1634-1653).


Tras la muerte de su hermano mayor Teodosio, entonces presunto heredero del trono, Alfonso se convirtió en el nuevo Príncipe de Beira -título de los herederos de la Corona de Portugal-, el 13 de mayo de 1653, contando con casi 10 años de edad. Poco después, entre 1654 y 1655, el rey Juan IV dotaba al Infante Pedro, su otro hijo menor, con un vasto patrimonio de señoríos que habían sido en gran parte confiscados a los nobles partidarios de la dominación española, y que andaban diseminados a lo largo de todo el territorio luso, desde el Norte hasta el Bajo Alentejo, conformando lo que más tarde se conocería como "La Casa del Infantado" o "Señorío del Infantado", para asi asegurar su manutención y posición como segundo presunto heredero de la Corona.

 
Retrato del Rey Juan IV de Portugal y de Los Algarves, VIIIº Duque de Braganza (1604-1656).


El 6 de noviembre de 1656, Juan IV, artífice de la Restauración Portuguesa (1640), fallecía y su hijo Alfonso VI asumía con 13 años la pesada carga que suponía dirigir la monarquía lusa instaurada por su padre dieciséis años atrás. El 15 de noviembre siguiente, se procedió a la ceremonia de entronización y proclamación oficial del nuevo rey, pese a las iniciales dudas que asaltaron a los miembros de la corte dado el estado en el que se encontraba el monarca adolescente. De hecho, el timón del gobierno fue a parar a manos de la reina-viuda Doña Luisa de Guzmán* -de la Casa Ducal de Medina Sidonia-, quien asumió el papel de regente desde la fecha hasta su derrocamiento el 22 de junio de 1662, tal y como rezaban las disposiciones testamentarias del difunto Juan IV.

 
Retrato de Luisa de Guzmán, Reina Vda. y Regente de Portugal (1613-1666).


En estos tiempos tan difíciles y delicados para Portugal, la regente procuró organizar el gobierno de modo que se impusiera a las facciones palatinas que luchaban por el poder. Tras nombrar al conde de Odemira como ayo de su hijo Alfonso VI, la reina Luisa mantuvo los oficios de la Casa Real en manos de los que habían ejercido bajo el reinado de su marido. En cuanto a los asuntos públicos, éstos siguieron siendo dirigidos por los mismos secretarios de Estado. Creó, no obstante, un consejo especial llamado Junta Nocturna -porque se reunía por las noches-, compuesto por consejeros de su confianza, ante la creciente rivalidad entre el conde de Odemira y el conde de Cantanhede, y que resultó ser extremadamente eficaz para la buena marcha de los asuntos de Estado.

Aunque durante su gobierno el ejército portugués consiguió una gran y decisiva victoria sobre el español en las Líneas de Elvas (14 de enero de 1659), evitando que Lisboa cayera en manos enemigas, la regente tuvo que afrontar al partido alfonsino dirigido por el 3er conde de Castelo Melhor, que pretendía liberar al rey del yugo materno y devolverle la autoridad. En 1661, tan mal estaban las cosas que la regente consideró renunciar al poder para evitar que Portugal se escindiera en dos bandos enemigos; pero temiendo una administración desastrosa por parte de su hijo, resolvió mantenerse al frente del gobierno y desbaratar la oposición.

Erigiéndose en garante de la libertad e independencia del reino portugués, Luisa de Guzmán fue la artífice de la alianza con Inglaterra en 1662, sellada por la boda de la Infanta Catalina con el rey Carlos II de Inglaterra.

 
Retrato del Rey Alfonso VI de Portugal y de Los Algarves (1643-1683).


En cuanto al joven rey Alfonso VI, los sobresaltos y escándalos se sucedieron gracias a sus excentricidades. Solía divertirse observando, desde una ventana del palacio real, a los chavales de baja condición en sus malabarismos, sus luchas y gamberradas, a los que aplaudía sin cohibirse e incitando a uno u otro para que se dieran tortazos, entre paradas de mercaderes y comerciantes que allí hacían sus negocios. Entre ellos se distinguía un genovés llamado Antonio Conti, que vendía cintas, medias y adornos femeninos. Se congració al rey y premiaba a los luchadores que ganaban, para agradarle aún más. En poco tiempo, consiguió ser recibido por Alfonso VI, e introdujo en su presencia a su hermano y a toda una serie de chicos de la calle, incluyendo a negros, lacayos, moros y otros chavales de peor calaña y fama. Puesto que el rey había tomado posesión de su Casa el 7 de abril de 1660, ni corto ni perezoso dispuso que se diera alojamiento a Antonio Conti junto a su propio dormitorio y se le nombrara mozo de su guardarropa, causando un gran revuelo en la corte. Solían entretenerse en combates de perros dentro del recinto palatino y luego en la plaza del Terreiro do Paço y a la vista de todos los transeúntes. Con el rey, Antonio Conti y sus "amiguetes" formaban una pandilla de gamberros nada recomendable, dedicándose a recorrer de noche las calles de Lisboa para sembrar el terror, apedreando ventanas y arremetiendo contra cualquiera que anduviera por calles y callejuelas. Dada la incapacidad física del rey, el espectáculo era aún más patético cuando los transeúntes, enfadados y molestos por las gamberradas, amenazaban con darle una paliza, y Alfonso VI se veía obligado a darse a conocer para evitar que le maltratasen. A estas excursiones nocturnas se sumaba el poco decoroso jolgorio que se solía montar en los apartamentos del rey, cuando Conti y los suyos arrastraban a palacio a toda una pandilla de prostitutas, para que el monarca yaciera con unas y otras, sin llegar jamás a consumar el acto sexual debido a sus impedimentos.


 
Lisboa, 1650: vista sobre el Terreiro do Paço; al fondo, el Palacio Real da Ribeira, residencia de los reyes y su corte.


Puesto que el hábil Antonio Conti sabía divertir al rey con sus ocurrentes gamberradas, Alfonso VI no tardó en nombrarle caballero, concediéndole una encomienda y el hábito de la Orden de Cristo para luego honrarle con el cargo de "gentilhombre de cámara" con las llaves de los aposentos reales y una pensión de 1.000 cruzados.

La reina-regente intentó poner freno a los desmanes de su hijo y a sus liberalidades con el rufián de Conti, más cuando estalló el escándalo de que Alfonso y el genovés solían visitar nocturnamente a las monjas del convento de Odivelas, y levantarles los hábitos para satisfacer sus vicios. Peor aún, en un intento por impresionar a unas novicias, Alfonso VI pretendió torear en el mismísimo patio del convento, acabando magullado y maltrecho. Las medidas de la regente no pudieron ser más drásticas: expulsó al rufián genovés de la corte condenándole al destierro en Brasil, asi como a toda la pandilla de gamberros que entraban y salían de palacio de manera incesante, por lo que el rey, privado de sus "amigos, entró en una ira difícil de aplacar.

 
Retrato de Don Luis de Vasconcelos e Souza, IIIer Conde de Castelo Melhor (1636-1720).


En cualquier caso, la reina cometió el craso error de nombrar a los condes de Castelo Melhor y de Atouguia como nuevos ayos y gentileshombres de cámara de su hijo. Éstos, partidarios de la emancipación del rey, se confabularon con otros cortesanos afines para dar un golpe en palacio y apartar del poder a la regente. El complot triunfó el 23 de junio de 1662, provocando el fin de la regencia materna y la partida del rey a Alcántara, con la excusa de buscar medios para afrontar la guerra contra España y aligerar a su madre de la pesada carga del gobierno. Aunque trató de resistir, Luisa de Guzmán no pudo salir airosa del enfrentamiento con el cabecilla de la conspiración: el conde de Castelo Melhor**, quien estaba decidido a asumir la dirección del gobierno en nombre de Alfonso VI.

La reina, tratada con el mayor de los respetos por los conspiradores alfonsinos, permaneció momentáneamente en el palacio real de Lisboa hasta marzo de 1663, fecha en la que es trasladada al convento de los Agustinos Descalzos, inaugurando asi su retiro de la vida pública.

En cuanto al entorno del rey, éste se vio prontamente en la necesidad de casarle con una princesa, preferentemente francesa ya que se buscaba la alianza gala para hacer frente común contra España. Ya en 1652, se barajaba desposar a Alfonso con una hija del príncipe de Parma, luego con la Duquesa de Montpensier prima-hermana del rey Luis XIV de Francia, y con una hija del Duque de Orléans, sin que se concretasen los proyectos matrimoniales. Finalmente, se encontró mejor disposición en los duques de Nemours, príncipes de la Casa de Saboya. Éstos consintieron entregar a su hija Maria-Francisca Isabel de Saboya, más conocida como "Mademoiselle d'Aumale", a Alfonso VI de Portugal, firmándose el contrato el 24 de febrero de 1666 en París. La flamante novia, que tenía una dote de 1.800.000 libras, llegaría a Lisboa el 2 de agosto siguiente, tras celebrarse la boca por poderes el 27 de junio en La Rochelle, quedando impresionado el rey al descubrir su gran belleza.

1668: Golpe en Palacio

 
Retrato de la Princesa Maria-Francisca de Saboya-Nemours, Reina de Portugal (1646-1683).

Se creyó erróneamente que aquella boda proporcionaría la tan deseada estabilidad. Incapaz de consumar el acto la misma noche de bodas, el rey rehuyó enseguida a la reina y ésta, arrinconada, se dejó conquistar por su cuñado, el encantador Infante Don Pedro. A raíz de aquello, tuvo lugar la escena más lamentable de la Historia Lusa: la reina Maria-Francisca apareció ante el Cabildo de Lisboa con una petición de anulación matrimonial, dando público testimonio de la impotencia de su marido y de su incapacidad física para consumar la unión.

Ya antes de que la anulación viniera del Vaticano, las mismas Cortes de Portugal rogaron al Infante Don Pedro que tomase por esposa a la reina Doña Maria-Francisca para asegurar la estabilidad de la Corona y la sucesión real. Cuando el 24 de marzo de 1668 se recibió la anulación formal concedida por el Papa, Don Pedro acudió a palacio al día siguiente para obligar a su hermano a abdicar. Con la dispensa papal en mano, el infante pudo finalmente casar con la reina el 2 de abril siguiente.

Con Alfonso VI depuesto y confinado en la Isla Terceira, en las Azores, el Conde de Castelo Melhor fuera de combate y casado con la reina Maria-Francisca, Pedro tuvo las manos libres para asumir los plenos poderes en calidad de regente.


Pedro II & Maria-Francisca de Saboya

 
Retrato del Rey Pedro II de Portugal y de Los Algarves (1648-1706).

En enero de 1669, nacía la única hija del Infante Pedro con Maria-Francisca, la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal. Fue una alegría a medias... Don Pedro esperaba que pariese a un varón. Los sucesivos intentos de la pareja no dieron fruto alguno y la decepción acabó por hacerse patente, resintiéndose la aparente felicidad matrimonial.

A finales del año 1673, se descubrió una conspiración para favorecer el regreso del rey Alfonso VI a Portugal. Don Pedro, poco proclive a ser bondadoso con sus enemigos, mandó a la horca a varios de los conspiradores y cursó la orden de que trajeran de nuevo a su hermano, que llevaba 5 años pudriéndose en las Azores. Traído a Lisboa el 14 de setiembre de 1674, Alfonso VI fue recluído en el Palacio de Sintra los nueve años siguientes, asistido por una servidumbre de entera confianza del duque de Cadaval, su carcelero. A inicios de 1683, el real rehén se encontró mal y fue sangrado, tomó purgas y, el 30 de mayo volvió a enfermar quejándose de grandes dolores. La mañana del 12 de setiembre fue fulminado por una apoplejía que le dejó sin habla, muriendo poco después.

Según el historiador Montalvao Machado, Alfonso VI habría muerto de tuberculosis pulmonar, como los demás hijos de Juan IV y Luisa de Guzmán. No faltó quien hiciera correr el rumor de que le habían envenenado.

Paralelamente, la salud de Maria-Francisca de Saboya se degradó al padecer hidropesía. Gracias a la oportuna defunción de Alfonso VI en setiembre, el regente y su consorte la "princesa" se convirtieron en los nuevos reyes de Portugal, pero la satisfacción de la nuevamente reina iba a durar más bien poco. Tan solo sobreviviría a Alfonso VI tres meses, falleciendo repentinamente el 27 de diciembre de 1683.

Dejaba tras de si una única hija sobre la que descansaban todas las esperanzas de los portugueses.

La segunda boda de Pedro II



Su viudo, el rey Pedro II apodado "el Pacífico", tardaría cuatro años en contraer un segundo matrimonio para intentar obtener descendencia masculina, casándose el 11 de agosto de 1687 con la condesa palatina Maria-Sofia Isabel de Baviera-Neoburgo (1666-1699), hermana de la reina de España y de la princesa hda. de Parma. Tuvieron los siguientes hijos:

-Juan de Braganza, Príncipe de Brasil (30-08-1688_16-09-1688)

-Juan V, Rey de Portugal y de los Algarves (1689-1750)

-Francisco Xavier, Infante, Duque de Beja & Condestable de Portugal (1691-1742)

-Antonio, Infante de Portugal (1695-1747)

-Teresa, Infanta de Portugal (1696-1704)

-Manuel, Infante de Portugal (1697-1766)

-Francisca Josefa, Infanta de Portugal (1699-1736)

Fuera del matrimonio, Pedro II tuvo también varios hijos naturales con tres damas distintas:

Con Maria da Cruz Mascarenhas:

-Luisa de Braganza (1679-1732), c.c. Luis de Melo, 2º Duque de Cadaval / c.c. Jaime de Melo, 3er Duque de Cadaval

Con Anne Armande Pastre de Verger:

-Miguel de Braganza (1699-1724) c.c. Luisa Casimira de Nassau e Ligne, heredera de la Casa de Arroches

Con Francisca Clara da Silva:

-José de Braganza (1703-1756), doctor en teología y Arzobispo de Braga.


La heredera del trono "siempre-novia"





Años antes de que falleciera su madre, la Infanta Isabel Luisa de Portugal asumió el título de los herederos de la Corona Lusa, el de Princesa de Beira el 15 de febrero de 1674, siendo reconocida y jurada como tal por las Cortes de Lisboa el 23 de noviembre, puesto que don Pedro II no tenía heredero varón y era menester asegurar la continuidad dinástica. Estando aún vivo el rey Alfonso VI, se imponía la necesidad de crear una nueva disposición jurídica que reemplazase aquella ley de sucesión votada por las Cortes de Lamego, que había que derogar y que excluía a todo príncipe extranjero a suceder en el trono Luso.

 
Retrato del joven Duque Víctor-Amadeo II de Saboya (1666-1732).


Aunque bastante hermosa y agradable, la flamante princesa nunca gozó de buena salud y eso, desgraciadamente, se supo en las cortes extranjeras. Su padre procuró, en cualquier caso, encontrarle un pretendiente a su altura entre las testas coronadas de Europa. Finalmente, en el curso de 1680, Isabel Luisa fue prometida al duque Víctor-Amedeo II de Saboya, futuro rey de Sicilia y luego de Cerdeña; un proyecto que agradaba sobremanera en Versailles y que tenía el respaldo de Luis XIV.

Isabel Luisa era agraciada y con la cabeza muy bien amueblada; hablaba con soltura el francés, el castellano y el italiano asi como el latín y le apasionaba la historia, por lo que siempre se la veía devorando libros. A eso se añadía una educación y maneras exquisitas, mucha elegancia aunque algo de recato.

El 25 de marzo de 1681, el marqués de Droné, embajador de Saboya en Lisboa, representó entonces al novio para la ceremonia de los esponsales en el Salón de Embajadores del Palacio Real da Ribeira, procediendo luego a la entrega de los regalos a la novia en nombre del duque. Al año siguiente, en 1682, Pedro II envió al Duque de Cadaval en calidad de embajador extraordinario a la corte de Turín, con la misión de acompañar a Víctor-Amadeo II de Saboya en su viaje por mar hasta Lisboa con 8 navíos de la Marina Real. Pero, cuando Cadaval llegó a Turín, se encontró con que el duque de Saboya no quiso recibirle con el pretexto de que estaba enfermo e indispuesto por una pertinaz fiebre. Hubo entonces que posponer la audiencia...

El contratiempo respondía en realidad a una lucha de partidos en el seno de la corte saboyana. Por un lado, Madama Reale*** -madre del duque de Saboya y regente- deseaba fervientemente que su hijo casase con la heredera portuguesa, para asi asegurarle una corona real mucho más lustrosa que la ducal. Por otro lado, al duque Víctor-Amadeo II le disgustaba la idea de partir hacia una tierra extraña y ver cómo su ducado arriesgaba con caer bajo dominio francés.

El embajador portugués, viendo que el duque no parecía restablecerse nunca, que el partido contrario a su marcha hacia Portugal aumentaba de forma alarmante y que el propio Víctor-Amadeo II lo respaldaba, resolvió volver a Lisboa antes que tener que pasar el invierno anclado en cualquier puerto piamontés.

Huelga decir que aquella mascarada turinesa sentó muy mal en la corte portuguesa.

Poco después, la enfermedad y posterior muerte de la reina Maria-Francisca de Saboya en diciembre de 1683, dieron lugar al definitivo abandono del compromiso entre la princesa de Beira y el duque de Saboya. Y, puesto que el rey Luis XIV de Francia acababa de enviudar, Pedro II pretendió ofrecérsela como segunda consorte, lo que demuestra lo poco al corriente que estaba de la relación de aquél con la marquesa de Maintenon. Pese a la amable negativa de Versailles, se la quiso comprometer con el Delfín,... y de Francia se pasó a España, intentando que Carlos II la aceptase como nueva esposa, pero tampoco hubo éxito. De los grandes monarcas se pasaron a soberanos menores como el gran-duque de Toscana, el duque de Parma o el príncipe-elector Palatino,... Todo fue en vano.

Como la heredera no parecía tener éxito en las cortes europeas, las Cortes de Lisboa presionaron a Pedro II para que contrajera nuevamente matrimonio con una princesa en edad de proporcionarle una amplia descendencia que perpetuase su casa. De este modo y 4 años después de haber enviudado de su primera mujer, el rey Pedro II contrajo nuevamente matrimonio con una hija del elector del Palatinado Felipe-Guillermo de Baviera-Neoburgo.

Se supo más tarde las verdaderas razones que dieron al traste con el compromiso luso-saboyano. Los saboyanos se mostraron recelosos ante la posibilidad de que su duque Víctor-Amadeo II casase con la presunta heredera portuguesa, dejando el camino libre a la influencia preponderante de Luis XIV, que deseaba hacerse con el Piamonte y compensar al novio de esa anexión con la Corona de Portugal.

Con el nacimiento del primer hijo de Pedro II y Maria-Sofía de Neoburgo, el Infante Juan, príncipe de Brasil en agosto de 1688, Isabel Luisa dejó de ser la presunta heredera del trono y reintegró su condición de simple infanta por un breve espacio de tiempo, ya que en septiembre del mismo año moría el príncipe de Brasil y ella volvía a asumir el título de princesa de Beira.

Fue finalmente en octubre de 1689, cuando nació el segundo varón de la pareja real y futuro rey Juan V, cuando la Infanta Isabel Luisa dejó definitivamente de ser la heredera portuguesa.

Un año exactamente después, adoleciendo de la vejiga, la Infanta Isabel Luisa enfermó y murió en el Palacio de Palhava (Lisboa) el 21 de octubre de 1690, a los 21 años. Sería sepultada junto a su madre, en la iglesia del convento del Santo Crucifijo, fundado por su progenitora.

En 1912, ambas serían exhumadas para ser sepultadas en el Panteón de los Braganza, en el Monasterio de Sao Vicente da Fora.

Por sus sucesivos intentos de noviazgo frustrados, se conoce popularmente a la Infanta Isabel Luisa como la "Siempre-Novia".


Notas:

(*)_Luisa de Guzmán y de Sandoval (1613-1666), era la hija del 8º duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán, y de Juana Lorenza Gómez de Sandoval y de La Cerda, los señores más poderosos de Andalucía. Casó con el entonces Duque Juan de Braganza el 12 de enero de 1633, que se convirtió en el nuevo rey de Portugal como Juan IV, tras sublevarse el país contra la ocupación española (1640). Fue, por este motivo, la primera reina de Portugal de la IVª Dinastía (Casa de Braganza).

(**)_Luis de Vasconcelos e Sousa, 3er Conde de Castelo Melhor (1636-1720). Fue primer ministro de Alfonso VI de Portugal entre 1662 y 1668. Artífice del enlace del rey con la princesa Maria-Francisca de Saboya, hija de los duques de Nemours y de Aumale, se enemistó con ésta al ponerle cortapisas a sus ambiciones políticas. El hecho de que estuviera al corriente de los amores de la reina con el infante Pedro, le atrajo el odio de éste quien, tras dar el golpe que depuso a Alfonso VI, le forzó a dimitir de sus cargos y a exiliarse en París.

(***)_La Princesa Maria Giovanna Battista de Saboya-Nemours (1644-1724), segunda consorte del Duque Carlos-Manuel II de Saboya y madre del Duque Víctor-Amadeo II, era conocida en la corte de Turín bajo el nombre de "Madama Reale" (Señora Real), título de uso en la corte francesa y reservado normalmente a las princesas primogénitas de la Casa Real Gala. Era, por tanto, hermana de Maria-Francisca de Saboya-Nemours, esposa sucesivamente de los reyes Alfonso VI y Pedro II de Portugal, y tía carnal de la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal, princesa de Beira.

lunes, 4 de noviembre de 2013

CARLOTA-JOAQUINA: La Arpía de Queluz


Carlota Joaquina de Borbón
Infanta de España, Princesa de Beira y de Brasil
Reina de Portugal y de Los Algarves
1775 - 1830
 
 
 

Carlota Joaquina de Borbón y Parma, Infanta de España (1775-1830), fue la hija primogénita de los reyes de España Carlos IV y María-Luisa de Parma, entonces Príncipes de Asturias.

Aún niña, figuró ya en el ajedrez de las políticas matrimoniales y dinásticas. Prueba de ello fue que su abuelo paterno, el entonces rey Carlos III, dispuso entregarla en matrimonio al segundogénito de los reyes María I y Pedro III de Portugal, el Infante don Juan, entonces Señor del Infantado y que venía en segundo lugar como pretendiente de la corona lusa después de su hermano José, Príncipe de Beira y de Brasil, duque de Braganza (1761-1788).

 
Retrato del Infante Don Juan de Portugal, Señor del Infantado (1767-1826), luego Príncipe de Beira y de Brasil al convertirse en el presunto heredero del trono luso.
 
 
Retrato de la Infanta Carlota-Joaquina de España, Princesa de Beira y de Brasil (1775-1830), según G. Troni.

 

Con apenas 10 años de edad, la Infanta Carlota Joaquina de España fue casada el 8 de mayo de 1785 con el infante portugués. Tres años más tarde, su cuñado el heredero de la Corona, fallecía de viruelas sin descendencia de su tía y esposa la Infanta Mª Francisca Benedicta de Portugal; esto supuso para Carlota Joaquina y su marido Juan, convertirse en los nuevos pretendientes con los títulos de Príncipes de Beira y de Brasil, y duques de Braganza. A esto se sumó, en 1786, las primeras crisis de inestabilidad mental de la reina María I, afectada por las defunciones de su marido ( y tío ), el rey consorte Pedro III, y de su heredero primogénito José, por lo que el príncipe Juan asumió las riendas del Gobierno de la monarquía lusa en calidad de regente. La regencia fue finalmente confirmada en 1792, cuando la reina María I empeoró aún más si cabe, afectada por los acontecimientos de la Revolución Francesa.

 
 
Retrato de Doña Maria I "la Loca" (1734-1816), Reina de Portugal, de Los Algarves y de Brasil entre 1777 y 1816; según Giuseppe Troni, 1783.


Este viraje de acontecimientos convino perfectamente al carácter ambicioso y a menudo violento de Carlota Joaquina. Desde entonces, y aún adolescente, siempre procuró entrometerse en los asuntos de Estado, buscando influenciar las decisiones de su esposo. Tal era su nivel de dominancia que pronto empezó a despreciar a don Juan, recurriendo a menudo al chantaje, a la intriga y a la presión conyugal siempre que no conseguía de éste lo que se había fijado obtener. Toda esta situación metió a la Casa Real Portuguesa en una situación de auténtica anarquía que, eventualmente, traspasó el ámbito cortesano para llegar a oídos del pueblo llano.

Obviamente, la princesa española no era un ejemplo modélico. Vivo retrato de su madre, tanto en lo físico como en lo moral, estuvo muy lejos de ser una mujer agraciada y querida. Aquejada de una cojera, al tener una pierna más corta que la otra, tenía además el tronco torcido por una malformación ósea en la espalda, dándole un aspecto de tener un hombro más alto que otro. Cuenta un historiador portugués (Octavio Tarquinio de Sousa) que era una mujer horrenda, huesuda, con una espalda desnivelada, de mirada hundida, de boca de rictus cruel y desdeñosa, con un cutis áspero y afeado por las cicatrices de la varicela y una proeminente nariz rojiza. Pequeña como una enana y patizamba, la describe como un alma ardiente, ambiciosa, inquieta, llena de pasiones, exenta de escrúpulos y con impulsos sexuales desbordantes.



Ver un retrato suyo en la madurez, nos recuerda terriblemente a su progenitora...

Fue tan querida entre sus súbditos, que llegaron a concederle el apodo de "La Arpía de Queluz"; lo de arpía lo dice todo, en cuanto a lo de "Queluz", es alusivo al palacio versallesco en el cual residía, el Palacio Real de Queluz, y que fue su residencia asignada hasta su temprana muerte a la edad de 54 años.

 
El Palacio de Queluz, la residencia real que pretendía emular a Versailles.


Porque se vió repetidas veces apartada de las decisiones claves, en las que se emperraba intervenir e inmiscuirse a todas horas, Carlota Joaquina formó a su alrededor, por despecho, toda una camarilla de nobles portugueses afines a sus ambiciones de poder y deseos intervencionistas en el Gobierno de la monarquía lusa, que conformaron su propio partido secreto. El objetivo de ese partido conspirador era el de conseguir apartar del poder al Príncipe-regente Juan, hacerse con su persona y declararlo incapaz de cuidar de los asuntos de Estado, igual que su madre la reina, que había perdido totalmente la chaveta.

Pese a las precauciones, en 1805, el famoso partido secreto "Carlotista" fue descubierto, sus miembros arrestados y acusados de conspirar contra el regente y su gobierno. El Conde de Vila Verde, ministro de Estado, inició la apertura de una investigación judicial rigurosa y el encarcelamiento de todos los implicados, y la princesa-regente no pagó más caro su "crimen de lesa-majestad" gracias a que don Juan, deseoso de evitar un escándalo público, se opuso a su encarcelamiento, prefiriendo confinarla en el Palacio Real de Queluz, disponiendo que él mismo se instalaría en el Palacio-Monasterio de Mafra (El Escorial portugués) para vivir separado de ella.

 
Retrato del Príncipe-Regente Don Juan VI de Portugal (1767-1826); obra de Domingos Sequeira, 1802.


Pocos años después (1807), el Príncipe-regente tuvo que organizar la huída de toda la Familia Real a Brasil, ante la inminente invasión de los ejércitos franceses de Napoleón. Pese a la caída del Imperio Napoleónico en 1814, Juan VI no consideró oportuno regresar a Portugal hasta que fue obligado por una revolución en 1820, que exigía su regreso y el de toda la familia real a Lisboa.

En 1816, tras la oportuna defunción de su madre y predecesora en el trono, Juan VI asumió el título de rey.

Opuesta abiertamente a la Revolución liberal de Oporto, acontecida el 24 de agosto de 1820, Carlota Joaquina fue la figura más notable del país a rehusar jurar la Constitución de 1822, juntamente con el cardenal-arzobispo de Lisboa, Carlos da Cunha e Menezes.

En consecuencia de ese gesto, que la convirtió en la figura de proa del partido reaccionario, la reina fue exiliada otra vez a Queluz, viviendo una vez más separada físicamente del rey Juan VI -quien eligió residir en el Palacio de Bemposta, en Lisboa-, y desde dónde siguió ejerciendo una intensa actividad política, promoviendo varias conspiraciones para derrocar a su marido y suspender la Constitución.

 
Retrato de Don Miguel de Braganza, Infante de Portugal (1802-1866).


Su residencia se convirtió en el principal foco de intrigas absolutistas, y a la reina se le imputa la enorme responsabilidad en los proyectos de los principales levantamientos reaccionarios de 1820, la Vilafrancada de 1823 y la Abrilada de 1824, tres intentonas de abolir el régimen constitucional, deponer al rey Juan VI y colocar en el trono al Infante don Miguel, hijo predilecto de Carlota Joaquina.

Tras "la Vilafrancada" de 1823, el rey acabó por suspender la constitución, prometiendo no obstante convocar en breve nuevas elecciones con el fin de redactar un nuevo texto constitucional. En ese intervalo de tiempo, Juan VI cohabitó nuevamente con la reina durante algunos meses, en paz y harmonía.



Poco después, el entendimiento de la real pareja se deshizo después de la Abrilada de 1824, cuando el Infante don Miguel intentó posesionarse del trono y venir en auxilio de su madre, auténtica jefa del partido absolutista en Portugal. Con el apoyo y respaldo de los embajadores de Francia y de Gran-Bretaña, Juan VI marchó a la guerra contra su hijo. Las consecuencias no sorprendieron: el Infante Miguel fue degradado y privado de su cargo de generalísimo del Ejército, y exiliado; en cuanto a su esposa, decretó que fuese desterrada para siempre en el palacio de Queluz, no debiendo más nunca reaparecer en la corte.



En 1826, sintiéndose con un pie en la tumba, el enfermo rey Juan VI (tal vez porque venían envenenándole con arsénico) nombró un consejo de regencia para que asumiera las riendas del gobierno tras su muerte, y el cual debía encargarse escoger al heredero del trono portugués, siendo presidido por su hija la Infanta Isabel María de Braganza. Hoy en día, se pone en tela de juicio, con dudas razonables, que el documento dispuesto por Juan VI fuera auténtico, ya que el monarca (según afirman los médicos y estudiosos actuales que analizaron sus vísceras encontradas en una urna de porcelana china, sepultada bajo una losa de los Infantes de Palhavâ, en el panteón real del Monasterio de San Vicente de Fora, y la grafología de su firma) ya se encontraba muerto en aquella fecha, y que le retiraba (o le retiraban?) de este modo a su mujer, Carlota Joaquina, la prerrogativa que desde siempre en la historia lusa le correspondía a una reina-viuda: el ejercicio de la regencia del reino durante la minoría de edad o ausencia del heredero de la Corona.

 
Retrato del Emperador Don Pedro I de Brasil (1798-1834).


El trono, finalmente, fue cedido a su hijo Pedro I, entonces emperador de Brasil, con el ordinal de Pedro IV de Portugal, con tal de evitar que Brasil se separase de la metrópoli. Sin embargo, y a imagen y semejanza de España, Portugal sufrió de una guerra civil entre Pedro IV y su hermano Miguel, pretendiente absolutista. La situación siguió siendo frágil tras la abdicación de Pedro IV en favor de su hija y heredera la reina María II.

 
Retrato de la Reina María II da Gloria de Portugal (1819-1853); obra de John Simpson, 1839.


En 1828, el derrocamiento de María II y la subida al trono de Miguel I como rey absoluto de Portugal, coronaron los esfuerzos de la reina-viuda Carlota Joaquina, que tanto había conspirado para que llegase a ceñir su hijo predilecto la corona. Pero la felicidad materna fue de corta duración y no pudo auxiliarle en la tarea de gobernar, pues falleció súbitamente (se sospecha que se suicidó) el 7 de enero de 1830. Cabe reseñar que Miguel le pagó con manifiesta ingratitud, olvidándose oportunamente darle término al destierro de su madre cuando ciñó la corona, causando en ésta un hondo y tremendo disgusto, amén de la consecuente amargura y desilusión.

La posteridad acusa a la reina Carlota Joaquina como instigadora de la muerte, por envenenamiento, de su marido el rey Juan VI. Según los historiadores lusos, ésta le habría suministrado naranjas envenenadas con arsénico inyectado, haciendo que Juan VI enfermase y muriese a fuego lento.

viernes, 23 de agosto de 2013

CURIOSIDADES -107-


"Astrafobia"

El segundo hijo varón y, finalmente, sucesor de la enloquecida reina María I de Portugal, Don Juan de Bragança, Infante de Portugal y Señor del Infantado (1767-1826), convertido en Príncipe de Brasil y de Beira al fallecer prematuramente su hermano mayor Don José, luego en Príncipe-Regente y en el rey-emperador Juan VI del Reino Unido de Portugal, de los Algarves y de Brasil, padecía una notoria astrafobia (miedo a las tormentas) que jamás le abandonó. Cuando estallaba una tormenta, éste entraba en un incontrolable ataque de pánico que le llevaba a encerrarse en solitario a cal y canto en sus aposentos, para luego esconderse y taparse con mantas. Mientras duraba la tormenta, nadie podía acceder a las habitaciones del príncipe y ni siquiera sus criados conseguían abrir sus puertas, ya que todas y cada una de ellas estaban cerradas con llave.

La astrafobia, también denominada como brontofobia, tonitrofobia, cenaurofobia o astrapofobia, es el miedo irracional a los truenos, relámpagos y tempestades, que suelen padecer frecuentemente los niños y, en algunos casos, los adultos que no han sido tratados. Los síntomas, como en otras fobias, incluyen el pánico, respiración dificultosa, taquicardias, sudoración e incluso náuseas incontrolables. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Anécdotas Históricas -231-



Poco antes de que se produjera la invasión de Portugal, aliada de Gran-Bretaña, por parte de la coalición franco-española liderada por el Mariscal Junot -por negarse ésta a colaborar con Francia y España en el bloqueo europeo contra los Británicos-, el entonces Príncipe-Regente Don Juan decidió que, para evitar ser apresados por las tropas napoleónicas y españolas, toda la Familia Real y su corte partiera inmediatamente para Brasil el 13 de noviembre de 1807.
Durante los preparativos, que fue una mudanza en toda regla de la monarquía lusa con todos sus enseres, muebles y tesoros artísticos, la reina María I de Portugal (1734-1816), que llevaba un tiempo apartada del gobierno por sus desvaríos desde que había enterrado a su marido y a su primogénito, y recluída en su hermoso Palacio de Queluz, se resistió tercamente a que hicieran sus baúles. Estaba persuadida que querían llevarla hasta el mismísimo infierno. Con mano izquierda, mucha psicología y no poca paciencia, dos miembros de la Familia Real consiguieron finalmente persuadirla. Apremiada y casi llevada en volandas por su séquito para que subiera en el carruaje que debía llevarla hasta el puerto de Lisboa, desde donde debía partir el barco para Brasil, exclamó:

-"¡No corramos tanto, van a creer que estamos huyendo!"

Anécdota de: María I "la Loca", Reina de Portugal, Brasil y de los Algarves (1734-1816). 

viernes, 23 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -73-






Fue la Infanta Catalina Enriqueta de Portugal (1638-1705), flamante consorte del rey Carlos II de Inglaterra, quien introdujo en 1662, en la corte Británica, la costumbre de tomar el té. Al llegar a Londres, la princesa Lusa traía entre sus pertenencias un baúl repleto de té y varios servicios de porcelana. De hecho, fueron los Portugueses del siglo XVI quienes descubrieron e importaron las hojas de té de Japón (1560) adoptando su consumo.

Por otro lado la primera soberana en tomarlo en su desayuno, de forma habitual, fue la reina Ana I de Gran-Bretaña e Irlanda (1665-1714), sobrina carnal de Carlos II y de Catalina de Portugal que reinó entre 1702 y 1714.



Anécdota de: Catalina de Braganza, Infanta de Portugal, Reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1638-1705).

domingo, 3 de abril de 2011

JUAN VI DE PORTUGAL: ¿un monarca gay?

JUAN VI DE PORTUGAL & SU MASTURBADOR REAL


Retrato del rey Juan VI de Portugal (1767-1826), entonces Príncipe del Brasil y de Beira, según Delerive en 1803.

Según el historiador Tobias Monteiro*, Don Juan VI de Portugal tuvo un "affaire" con el General Francisco José Rufino de Sousa Lobato (1773-1830), que figuraba como su favorito desde antes de la marcha de la familia real portuguesa a Brasil, y "(...) que le masturbaba regularmente."


Don Juan VI concedió a Sousa Lobato el título de Vizconde de Vila Nova da Rainha, elevando al rango de nobleza, por vez primera, a un servidor particular de palacio.

Ese dato llevó a Luiz Mott, del Grupo Gay de Bahía, a incluír a Juan VI de Portugal en la lista de los 100 gays más célebres de Brasil. Uno de los descendientes del monarca luso, en una entrevista de la revista Isto É (Esto es), salió por la tangente afirmando que el "caso" pasó hace 200 años y que no existían pruebas de ello.

Sin embargo, fue un tal Padre Miguel, que servía en aquella época como capellán real en la Hacienda de Santa-Cruz, localidad de retiro y de veraneo de la familia real, quien dejó testimonio de los escandalosos ratos de intimidad entre el rey y el favorito, al pillarles in fraganti en plena sesión homoerótica... Mera coincidencia o no, el Padre Miguel sería posteriormente exiliado a Angola, por haber divulgado lo que había visto.

Para más datos, Sousa Lobato fue teniente general, gobernador de la fortaleza de Santa-Cruz, de Rio de Janeiro, alcaide mayor de Castro Marim, del consejo del rey Don Juan VI, maestre de la guardarropa del rey, portero de la real cámara, mantero y tesorero del real bolsillo, maestre del guardajoyas y tapicerías del rey; secretario de Estado de los asuntos de la Casa y Estado del Infantado y su administrador en tiempos de la regencia, escribano y diputado de la Mesa de la Conciencia y del Orden de Brasil (tribunal), oficial mayor de la Casa Real y superintendente del palacio-monasterio de Mafra, entre otros cargos. Resumiendo, Sousa Lobato, que empezó siendo un simple criado de palacio, fue gradualmente elevado hasta ser ennoblecido con el título de barón y luego de vizconde, y destinado a los mejores cargos militares y palatinos.

Sousa Lobato estuvo casado con la hermana del 1er Vizconde de Santarém, Mariana de Barros Leitao e Carvalhosa, con la que tuvo un hijo. Tendría otro hijo pero adulterino, habido con una de sus criadas.

Pero Juan VI no fue el único que tenía sus escarceos extramatrimoniales; de sobras era conocida la conducta sexual de su mujer, la reina Carlota-Joaquina que, como digna hija de la "Mesalina" española Maria-Luisa de Parma, tenía reputación de putísima tanto en Lisboa como en Rio de Janeiro, y se disputaba los servicios sexuales de los "chulos" brasileiros con Joao de Almeida de Melo e Castro, 5º Conde de Galveas (1756-1814), fundador del primer laboratorio químico en Brasil y apodado despreciativamente "Doctor Pastorinhas" por ella.

Retrato de Maria-Leopoldina de Austria (1797-1826), Emperatriz consorte de Brasil.

Otra soberana, la emperatriz de Brasil Mª Leopoldina de Austria, infeliz consorte del emperador Pedro I, ha sido recientemente reconocida como "lesbiana", por las recientes investigaciones históricas llevadas a cabo sobre las historietas de alcoba de la corte brasileña. Por lo visto, las pruebas más contundentes son su voluminosa correspondencia con su dama de compañía, la inglesa Mary Graham, que parecía corresponderle en lo sentimental.

Juan VI fue un gran amante y mecenas de la música, tanto que contrató a un considerable número de castrati italianos para que le cantasen. Estos eunucos, con sus gestos amanerados, sus voces femeninas, sus maquillajes y ropas feminizadas, pululaban entonces por la corte brasileña y sus sueldos eran asumidos por el bolsillo del propio soberano.

Juan VI aparece ante la posteridad como un rey gordo, feo, glotón, cobarde, cornudo manso y poco apto al gobierno; sin embargo, ciertos historiadores no han faltado en resaltar su prudencia y habilidad política, su figura de pionero en la modernización de Brasil, como el fundador de la primera universidad brasileña, del Banco de Brasil y de la indústria nacional. Muchos testigos contemporáneos, en su mayoría foráneos, recalcaron su gran bondad y amabilidad, su generosidad, su sensibilidad, su humanidad... como la vez que rescató a una esclava, cuyos gritos de dolor llamaron su atención cuando pasaba con su carruaje por una finca, y que estaba siendo cruelmente azotada por su señor.


Doble retrato de Juan VI de Portugal y su esposa Carlota-Joaquina de Borbón.

Cierto es que su controvertida vida conyugal con aquella arpía española, Carlota-Joaquina de Borbón, fue desastrosa desde la noche de bodas; la infanta le mordió salvajemente la oreja al asustarse en el momento de la cópula. Pero, después, es de sobras conocido el "carrerón" de la reina que parió a nueve retoños de los cuales cinco proceden, supuestamente, de aventuras extra-conyugales. Por lo visto, le cogió mucho gusto a aquello que tanto le asustó en su primera noche de casada...



(*)_Tobias Monteiro fue el autor de "Historia del Imperio" (1939), y la citación fue sacada del tomo 1, página 97, Ed. Belo Horizonte, Itatiaia, 1981.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DICCIONARIO: I de Iluminati a Infante de España



I

Iluminati: secta racionalista y logia masónica secreta muy influyente del siglo XVIII, contraria al catolicismo, que tuvo muchos adeptos entre la aristocracia y la realeza alemana; fue fundada por Adam Weishaupt en 1776.

Infante/Infanta de España: título de los vástagos reales de España y de Portugal, que viene de la palabra y apelativo de "hijo/hija de" para señalar a los retoños de los soberanos hispano-lusos. El tratamiento de Infante se reserva exclusivamente a los hijos de ambos sexos de los monarcas y, en ocasiones, a los nietos que sean hijos de infantes si éstos no han contraído matrimonio morganático o por decisión del rey. Se encuentra un título equivalente en Francia "Enfant de France" ("Fils de France" = Hijo de Francia y "Fille de France" = Hija de Francia).