Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta piratería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta piratería. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2011

WILLIAM KIDD: de corsario a pirata

William Kidd
Greenock 1645 - Londres 1701




Nació en Escocia alrededor de 1645, posiblemente en Greenock. Se hizo a la mar siendo un muchacho y emigró a América. En la década posterior a 1690 vivía en Nueva York. Poseía su propio barco mercante y en 1689 se distinguió como capitán al servicio del rey contra Francia en las Indias Occidentales. Prosperó y quedó bien situado casándose con una viuda inglesa, Sarah Oort, que poseía propiedades heredadas de sus dos anteriores maridos.

Se introdujo en política y conoció al coronel Benjamen Fletcher, gobernador de Nueva York, conocido por sus tratos comerciales con piratas. Para terminar con la piratería en la costa, el rey nombró gobernador al conde de Bellomont. El capitán Kidd se encontraba en Londres en 1695 con su sloop Antegoa. El neoyorquino Robert Livingston le propuso el negocio de capturar piratas y sus botines. Lord Bellamont, que se encontraba en su residencia de Londres, les presentó a personas influyentes que pudieran financiar la empresa. Así entraron en contacto con amigos cercanos del rey, Sir John Sommers, el Lord canciller duque de Shrewsbury, el secretario de estado Sir Edward Russell, Lord Oxford, el conde de Romney. Los bienes capturados serían divididos y un 10 por ciento era para la Corona, un 60 por ciento para los financieros de Bellomont y el restante 15 por ciento para Livingston y Kidd. Se le suministró una patente de corso autorizándolo a capturar bienes pertenecientes a los enemigos franceses. También la corona le encomendó la misión de apresar piratas, barcos y mercancías con la advertencia de no molestar a amigos y aliados. William Kidd trató de abandonar la empresa en sus comienzos pero fue presionado por sus influyentes financieros, quienes prometieron respaldarlo. Kidd tuvo que vender su barco para aportar su parte de los gastos y comenzó su empresa a bordo del barco the Adventure Galley. Tomó como tripulación a hombres con familia como precaución para que no tuvieran la tentación de dedicarse a la piratería.

Su primer incidente desafortunado sucedió cuando omitió saludar a un barco de la Marina que hizo fuego para que mostraran respeto. Sus hombres respondieron mostrando el trasero con el resultado de que fueron abordados y la Marina sustituyó a su tripulación por hombres rechazados para el servicio. Regresó a Nueva York y reclutó el resto de su tripulación entre hombres en situación desesperada. Después de un año en el mar no habían conseguido ni una presa y la tripulación comenzó a especular con dedicarse a la piratería. En abril de 1697 ancló en el mar Rojo aguardando el paso de un barco francés o pirata. Tras una espera de tres semanas atacaron un barco mercante moro. El barco "Spectre", al mando del capitán Barlow, que hacía de escolta a la flota del mercante, hizó el pabellón inglés y disparó sobre el Adventure Galley. Cuando Edward Barlow llegó a Karwar el 14 de octubre describió a Kidd en su informe como convertido en pirata. En noviembre Kidd tuvo que amenazar a su tripulación para evitar un motín. Había aparecido un mercante con bandera inglesa que deseaban abordar. En un enfrentamiento con William Moore, Kidd le golpeó con un cubo en la cabeza y murió al día siguiente.



El primer botín logrado dos años después fue el barco árabe Maiden al que renombraron November. Kidd pensaba que había obrado dentro de la ley porque el capitán holandés había mostrado pases franceses. Después de la Navidad de 1697 capturaron un barco árabe que había partido de Malabar y un barco portugués con productos de las Indias Orientales. El 30 de enero de 1698 capturaron el Quedah Merchant capitaneado por un inglés llamado Wright. Mostrando bandera francesa abordaron la presa que les mostró pases franceses. La tripulación se negó a devolver el barco cuando se descubrió su verdadera identidad.



Trece miembros de la tripulación desertaron en Culliford, incuído Robert Bradinham y Joseph Palmer, quien testificó contra Kidd en su juicio. Su tripulación quemó el November y encerraron a Kidd en su camarote. Tras la rendición de Kidd, vaciaron el Adventure Galley que presentaba peligrosas vías de agua, permanecieron en el Quedah Merchant, reclutaron una nueva tripulación y regresaron a casa con el botín. Una flota inglesa había sido enviada para su captura. Un perdón fue ofrecido a todos los piratas excepto a Kidd y otros dos. Después de tres años en el mar, regresó con su mujer e hijas y el gobernador Bellomont lo arrestó y encerró en la prisión de Stone. En marzo de 1701 compareció ante la Cámara de los Comunes que recomendó que fuera llevado a juicio el 8 de mayo. No le fue permitido declarar en su favor. La primera sentencia recibida fue la de culpable del asesinato de William Moore por lo que no fue sentenciado por piratería. Fue condenado a ser colgado y su cuerpo permaneció de la misma forma en el Támesis como advertencia a los piratas.

viernes, 22 de abril de 2011

SIR HENRY MORGAN: de pirata a caballero

SIR HENRY MORGAN
1635 - 1688



Sir Henry Morgan, bucanero, pirata y corsario galés (Llanrhymni, Gales 1635-Port-Royal, Jamaica 1688), fue un hombre de gran capacidad para la navegación y un excelente estratega naval, que puso sus cualidades al servicio de la Corona Británica (en calidad de corsario), y actuó en el mar Caribe asolando la flota española. Miembro de la flota de Christopher Mings, fueron muy conocidas sus acciones contra el puerto de Santiago de Cuba. Asociado al holandés Eduard Mansvelt y al gobernador de Jamaica, Thomas Modyford, formó una compañía integrada por filibusteros que atacaron duramente los puertos y zonas de Puerto Príncipe, Maracaibo, Portobello, el Archipiélago de Providencia y la ciudad de Panamá.

La mejora de las relaciones entre España y Gran-Bretaña tras el ataque a Panamá, en el segundo tercio del siglo XVII, provocó la fingida detención de Henry Morgan y su traslado a Londres, dónde fue condecorado y nombrado caballero por el rey Carlos II. En 1681, de nuevo en Jamaica, fue nombrado gobernador de la isla. Fallecería en 1688, dueño de extensas propiedades y rodeado de gran respeto.

Los orígenes y hazañas de Sir Henry Morgan

Hijo del granjero Robert Morgan, de Monmouthshire, fue raptado en Bristol siendo aún un muchacho y enviado a Barbados, dónde fue vendido como esclavo al dueño de una plantación. Las leyes inglesas de entonces (mediados del siglo XVII), posibilitaban unas relaciones laborales que rozaban la esclavitud. Sin embargo, este episodio de su vida siempre fue negado e incluso ganó un juicio por libelo contra William Crooke, editor de un libro que así lo aseguraba: "The Buccaneers of America", escrito por Henri Esquemelin y de gran éxito comercial.

En 1654, Oliver Cromwell preparó la invasión de Haití y mientras la flota permanecía en Barbados, Henry Morgan escapó de su propietario y, a sus 19 años, fue reclutado. El 31 de marzo de 1655, la flota de 35 barcos y 8.000 soldados inició la toma de Santo-Domingo que se tradujo en un completo fracaso para los asaltantes. Dos semanas más tarde, los ingleses tomaron el enclave menor que era la Jamaica española. En tiempos del rey Carlos II, para incrementar la defensa de la isla, se ofrecen patentes de corso a los piratas que operaban en la zona desde Jamaica. Morgan adquiere experiencia ejerciendo la piratería a bordo de barcos con base en Port-Royal.

En el primer documento que menciona a Morgan, se le identifica como capitán de uno de los barcos que navega bajo la patente de corso otorgada a Sir Christopher Mings. Pirata que había participado en la invasión de Jamaica y que en un afortunado asalto, había robado un millón y medio de piezas de oro a los españoles. En 1666, consigue el mando de su propio barco y pronto organiza operaciones de varios barcos piratas que actúan sobre Puerto Príncipe y Portobello. El saqueo de Portobello fue particularmente brutal, cometiéndose a gran escala violaciones, torturas y asesinatos. Los planes de Morgan se coordinaban con el gobernador de Jamaica, a quien correspondía naturalmente una parte del botín, al igual que al rey Carlos II de Inglaterra.

Morgan intentó tomar Portobello (1668) al mando de nueve bajeles; el castillo de Santiago, una de las fortalezas de la plaza fuerte, cayó, pero para tomar la fortaleza de San Jerónimo tuvo que recurrir a medios menos militares. Sacó de los conventos a los curas y monjas, utilizándolos como escudos humanos; pudo tomar el fortín y señorear la villa y su puerto durante unos días. Saqueos, incendios, violaciones y pillajes se cometieron de forma indiscriminada. Finalmente, pidió 150.000 pesos para abandonar la plaza.



En 1669, se introdujo con 400 hombres en el lago Maracaibo, a bordo de pequeñas embarcaciones. Los barcos españoles se hicieron a la mar y Morgan se detuvo en el lugar algunas semanas, torturando a los civiles y tratando de obtener rescate a cambio de la entrega de la ciudad. Sólo pudo obtener 5.000 piezas de oro porque el pirata francés, François L'Olonnais tuvo gran éxito saqueando la ciudad tres años antes. Apostados en la salida al Caribe, tres galeones españoles comandados por Don Alonso del Campo, el Magdalena, Luis y La Marquesa. Morgan lanzó un pequeño barco contra el "Magdalena" y varios tripulantes encendieron mechas y se lanzaron al agua; se produjo entonces una explosión de tal magnitud que el "Magdalena" se hundió. El capitán del "Luis", ordenó una torpe maniobra y chocó contra unos bajos. Los piratas se aprestaron a rodear a "La Marquesa", que resultó apresada tras una encarnizada lucha. Luego, Morgan ordenó un asalto frontal a la fortificación española que custodiaba el estrecho. En el primer asalto, perdió a 30 hombres. Luego ordenó que los hombres embarcaran en lanchas y simularan un desembarco fuera de la vista de los españoles, quienes temiendo un ataque desde tierra, cambiaron la orientación de sus cañones y Morgan pudo entonces escapar.

En el año de 1670, España reconoció la posesión de Jamaica por parte de los Ingleses y lo aceptó como un hecho consumado. Esta claudicación animó aún más las ansias del corsario, incitándole a probar suerte en el Golfo de México. Las costas de Yucatán y de Veracruz fueron escenario de múltiples saqueos y pillajes.

Agustín de Bracamonte, gobernador de la plaza de Panamá, pidió un día a Morgan una de las armas con las que se había tomado Portobello. Morgan le envió una pistola con sus respectivas balas y el siguiente mensaje: "Guárdela un año, pasado el cual le prometo que iré a buscarla a Panamá." Por respuesta, Don Agustín de Bracamonte le escribió: "No se tome el trabajo de venir a Panamá, porque aqui no le irá tan bien como en Portobello."

La respuesta del español, que iba acompañada de una sortija, debió de parecerle insolente al corsario, quien decidió solemnemente cumplir su promesa.

A finales del año 1670, Morgan partió para Panamá con 35 barcos y 2.000 piratas ingleses y franceses, lo que suponía un ataque sin precedentes por parte de un pirata. La toma del primer fuerte le costó a Morgan nada menos que 200 muertos y numerosos heridos. El desplazamiento posterior a través de la selva que ordenó, resultó ser demasiado agotador y poco sorpresivo. La ciudad de Panamá estaba defendida por 500 hombres a caballo y 2.000 soldados de a pie, al mando del gobernador Don Guzmán y formados por esclavos y milicianos mal entrenados. Los toros bravos preparados para ayudar en la defensa no resultaron en absoluto efectivos. El desafortunado ataque frontal de los españoles a caballo, fue prontamente disuelto en dos descargas de mosquetes. El fuego declarado por causas desconocidas, convirtió en cenizas las sedas y especias almacenadas. Los asaltantes acamparon durante 28 días, torturando a civiles para encontrar riquezas escondidas y, cuando decidieron marcharse, Panamá quedó reducida a cenizas. Dos años más tarde, hubo que reconstruirla nuevamente tras ser totalmente arrasada. En cambio, el botín para los piratas resultó bastante pobre: 200 piezas por pirata.

Ante la amenazante reacción española, el rey Carlos II de Inglaterra decidió el arresto de Henry Morgan, aunque el gesto conciliador del monarca respondía más bien a una comedia táctica: Morgan fue cómodamente alojado en una cárcel, y de manera temporal, para luego nombrarle oficialmente caballero (título nobiliario de "Sir"), condecorarle y acordarle la nominación de gobernador de la Isla de Jamaica.

El retiro de Sir Henry Morgan



En la última etapa de su vida, Sir Henry Morgan cambió por completo de actividad, dedicándose a cargos más pacíficos y honorables, debido en parte a su nueva condición de caballero, gobernador y terrateniente. Precisamente porque Inglaterra siempre había visto con buenos ojos las actividades del pirata, que entraban de lleno en sus planes políticos, no tuvo incoveniente en encargar a Morgan la gobernación de la Isla de Jamaica. Una vez instalado en su respetuoso cargo, el viejo pirata persiguió tenazmente a todos cuantos se dedicaban a sus mismas actividades de antaño. Nunca más volvió a hacerse a la mar. Hasta su muerte, acaecida el 25 de agosto de 1688, vivió rodeado de lujo y confort en Port-Royal.

lunes, 18 de abril de 2011

BARBANEGRA

EDWARD TEACH DRUMMOND alias "BARBANEGRA"

1680 - 1718



Nacido en 1680, en Bristol (Inglaterra), su verdadero nombre fue Edward Drummond, aunque posteriormente se le conociera como Edward Teach, apodado "Blackbeard" (Barbanegra, en inglés). Se enroló a bordo de un navío corsario inglés durante la Guerra de Sucesión Española, al servicio de la reina Ana I de Gran-Bretaña e Irlanda, entre 1702 y 1713. Pese a su temeridad y a su valentía en el abordaje de numerosos navíos franceses, nunca obtuvo un ascenso como se lo merecía.

Quizás por despecho, se convierte en pirata en el año 1716. En esa misma época, el capitán pirata Hornigold le confía el mando de un sloop. Durante dos años, Teach acompaña a Hornigold con su sloop, hasta el día que aborda un gran navío mercantil francés. Recibiría entonces, en noviembre de 1717, de su capitán el mando de un navío francés armado de 40 cañones: "Le Concorde", rebautizado con el nombre de "Queen's Anne Revenge" (La Revancha de la Reina Ana).

En 1718, Teach se separa de Hornigold y toma la decisión de zarpar por su cuenta, encabezando a 300 hombres y con 4 navíos. A partir de ese momento, se dedica a amenazar las costas de la Carolina, a multiplicar los abordajes, los pillajes y las masacres. En tan solo un año, contabiliza nada menos que 40 navíos, víctimas de su piratería. En consecuencia, el gobernador Spotswood pone precio a su cabeza y llama al teniente Maynard, al frente de un navío de guerra llamado "Pearl", para que lo capture.

Después de varios días de búsqueda, Maynard consigue dar con Barbanegra en la bahía de Ocracoke (Estado de Washington, U.S.A.). El pirata es advertido de la presencia de Maynard, pero no pareció preocuparle demasiado.



A la mañana del 22 de noviembre de 1718, el abordaje se inicia y un feroz combate sigue. Teach y Maynard acaban por verse las caras, cada uno estando armados de un sable y de una pistola. Se libran entonces a un duelo a pistola. Teach es herido y, luego, los dos hombres se enfrentan empuñando los sables; el de Maynard se rompe bajo los asaltos de su terrible adversario. Teach se abalanza sobre Maynard para darle el golpe de gracia, cuando un marinero le asesta una violenta puñalada en la nuca. Soportando estoicamente su dolor, la sangre inundándole, Barbanegra continúa el combate con coraje y determinación, pese a sus múltiples heridas, cuando un segundo marinero se interpone en el enfrentamiento, asestándole varias puñaladas. Finalmente, Maynard consigue abatirle con un certero disparo y Teach se desploma.



Sobre el cadáver inerte de ese diablo de Teach se censaron nada menos que 25 heridas, 5 siendo por balas. Maynard hizo decapitarle para exponer su cabeza al final del mástil más alto, como advertencia para todos los piratas de los Caribes o de otros lares. Muy a pesar de que su cabeza fuera expuesta luego en plena plaza pública, muchos marinos y colonos rechazaron creer que había muerto, por lo que muchos actos de piratería le fueron póstumamente atribuidos.

¿Quién fue Edward Teach?



Edward Teach, supuestamente apellidado Drummond, tuvo varios apodos: Barbanegra, Teach, Thatch, Tash, Ned,... y, por lo que se ve, se casó con 14 mujeres! Nativo de la ciudad portuaria de Bristol, dónde vio la luz en 1680, cayó a manos de Maynard, su más acérrimo enemigo y perseguidor, en un tremendo combate en la Bahía Estadounidense de Ocracoke (Costa de Washington, cerca de Annapolis, EE.UU.), el 22 de noviembre de 1718; tenía 38 años de edad.

Entre sus relaciones, se pueden citar a Israel Hands, Anne Bonny, Benjamin Hornigold, Steed Bonnet y al famoso Jack Rackham "el Rojo" (cuyo estandarte: una calavera acompañada de dos sables entrecruzados, se hizo muy popular). Se le atribuye la nada despreciable cifra de 40 navíos abordados.


Bandera o estandarte del pirata Barbanegra

Edward Teach o Drummond, alias "Blackbeard" o Barbanegra, tenía a decir de testigos oculares, un aire imponente, era alto, muy fornido y con un aspecto terrible. Llevaba una barba negra llena de grasa que le cubría el pecho, haciendo gala de una falta de aseo repulsivo, apestando a sudor mezclado con el ron y la pólvora de cañón. Sus ropajes, siempre en mal estado y ajados, eran testigo visible de sus numerosos combates, siendo de color oscuro, mancillados de sangre y de diversas bebidas. Algunos capitanes se daban una imagen de "caballero" vestidos de finos tejidos y muy apreciados, prefiriendo la negociación, mientras que Barbanegra prefería cultivar su imagen de furia, de monstruo sanguinario. En combate, su barba era trenzada en una decena de coletas recogidas por cintas anudadas y de color rojo sangre. Tenía por costumbre añadir dos mechas encendidas prendidas a su sombrero, y que colgaban a lo largo de su rostro, para impresionar a sus adversarios. Para distraerse del aburrimiento, solía disparar a ciegas sobre sus marinos para observar el impacto de sus balas y sus consecuencias. Se justificaba diciendo: "Si no matase a uno de cuando en cuando, acabarían por olvidarse de quien soy yo!"

Tras una buena captura, gustaba esconder o enterrar sus botines y tesoros en una costa desierta, ayudado por uno o dos de sus hombres. Volvía a su navío solo: "¡Montan guardia!" decía a los demás extrañados. De hecho, era cierto, aunque fuesen guardianes... muertos. A Barbanegra no le gustaban los testigos que pudiesen revelar el emplazamiento de sus tesoros enterrados. Siempre rehusaba dar indicaciones sobre cómo encontrar sus cofres: "Solo el diablo y yo sabemos dónde se encuentran mis tesoros, y el diablo se quedará con todo!"

Tesoros perdidos



Antes de su muerte, alguien preguntó a Barbanegra acerca del emplazamiento de sus tesoros enterrados, y si una de sus 14 mujeres sabían algo, pero él respondió con una diabólica carcajada, añadiendo que solo el diablo y él sabían dónde se encontraban...

Los piratas no siempre podían llevarse consigo el producto de sus pillajes, por falta de espacio o por temor a caer en manos de navíos de guerra lanzados contra ellos, por lo que numerosas islas del Pacífico tienen la reputación de contener formidables tesoros. El archipiélago de las Galapagos, el archipiélago de Recilla-Gigedo, las Islas de Malpedo, Clipperton, Bancs, o la Isla de Cocos (quizás la más señalada), son famosas porque en aquellos tiempos eran los lugares preferidos de los piratas para esconder allí sus botines. La Isla de Cocos ha sido víctima de numerosas búsquedas, de excavaciones y de dinamitaciones con tal de dar con esos legendarios tesoros enterrados. Muchos fueron ciertamente encontrados, pero muchos más quedan todavía por ser descubiertos. Queda una pregunta pendiente: ¿dónde escondió Barbanegra sus tesoros?

Hasta hoy, los buscadores exploran concienzudamente las costas de Carolina del Norte y Virginia, respaldados por rumores y diarios de a bordo de diversos marinos de los siglos XVII y XVIII. Pocos tesoros han sido desenterrados y, casi siempre, los gastos implicados se revelan demasiado elevados para proseguir con esas excavaciones.



En 1987, Phil Masters, un alto ejecutivo norteamericano poseedor de una empresa especializada en la búsqueda y recuperación de navíos hundidos, descubre un importante documento a base de frecuentar las bibliotecas: un antiguo compañero de Barbanegra, capturado en octubre de 1718, había declarado todo lo que sabía durante su juicio, con tal de evitar la pena de muerte por piratería. Indicó el lugar dónde habría desaparecido en las aguas el "Queen's Anne Revenge": en la entrada de la Bahía de Beaufort, al oeste, a 2 kms de la costa. La investigación y la búsqueda del navío emblemático de Barbanegra costaron a Phil Masters, nada menos que 8 años para encontrar los fondos necesarios para llevar a cabo la campaña de búsqueda. Tras vanos intentos, descubrieron a 8 metros de profundidad, un ancla surgiendo del fondo marino. La búsqueda dió sus frutos: se encontraron diversas bolas de cañón y una campana que, sin duda, pudieron pertenecer al navío de Barbanegra. Sin embargo, los archivos revelaron que en ese lugar se producieron 4 naufragios en el siglo XVIII: "El Salvador" en 1750, "Susannah" en 1753, "Betsy" en 1771 y el "Polly" en 1793.

En septiembre de 1998, el Estado de Carolina del Norte asi como varias universidades y empresas participan en las búsquedas oficiales. Numerosos objetos son reflotados tales como cañones, botellas de ginebra, ... y un plato de estaño en el cual quizás Barbanegra tomó sus comidas antes de que el navío se hundiera en las aguas. Todo parece indicar que se trata realmente de los restos del "Queen's Anne Revenge", ya que la forma de los tres anclas descubiertos y varias botellas, pertenecen a un velero de principios del siglo XVIII. Dieciocho cañones, diferentes entre si, evocan que proceden de diferentes navíos y que seguramente fueron fruto de anteriores pillajes sobre otras embarcaciones abordadas. Anotemos que ninguno de los navíos anteriormente mencionados, y que se hundieron en dicha bahía, poseyeron tantos cañones como el barco de Barbanegra, que tenía en su haber 40...

Pero, ¿qué pasa con los tesoros de Barbanegra?

Solo el diablo y él lo saben...

EL OLONÉS, un pirata cruel

JEAN DAVID NAU alias FRANÇOIS L'OLONNAIS "el Cruel"

1630 - 1669



Todos los filibusteros sin excepción, que sean franceses, holandeses, ingleses o indios, se hallan unidos incondicionalmente por su odio a España y todo lo que sea español.

Los Españoles habían casi exterminado a los Indios, habían hecho prueba de tanta crueldad en Holanda, que ahora pretendían, con la bendición del Papa, ser los únicos e incontestables dueños de un continente entero inmensamente rico. Por estas razones, los filibusteros se sentían moralmente con el derecho de combatir a los Españoles para sustraerles el oro y la plata que despojaban para apropiarse de esas cuantiosas riquezas.

Algunos eran empujados por una motivación extremadamente fuerte como Daniel Monbars, llamado "el Exterminador", Bartolomeo "el Portugués" o Roque Brasileiro, apodado "la Roca".

Pero uno de esos capitanes filibusteros más conocido, aunque sea por las peores razones, fue el bucanero Jean David NAU, apodado "el Olonnais" (o Lolona, el Olonés). Llegado desde joven, había tenido que sufrir en carne propia los 3 años de esclavitud antes de verse admitido en la restringida sociedad de los bucaneros. Los años que pasa entonces en el bosque, con el peligro permanente de caer prisionero a manos de los lanceros españoles y de ser quemado vivo, hacen nacer en él un odio sin límite contra los españoles.

Cruel Pirata

Después de varios años de "cacería", el joven bucanero decide por fin surcar los mares como filibustero. Convertido en pirata, el Olonnais da sobradas pruebas de su coraje y valentía, además de su determinación, cuando en el momento en que el capitán cae mortalmente herido en combate, es elegido sucesor suyo. Pese a varias incursiones exitosas, acaba perdiendo su navío en medio de una tremenda tempestad. Sin embargo, su reputación como capitán-corsario le permite, con el apoyo del gobernador francés de la Isla de La Tortuga, de armar rapidamente una nueva embarcación.

Escapa de la Muerte



Tras varias incursiones coronadas por el éxito, su navío naufraga no lejos de Campeche (Península de Yucatán, Golfo de México). El Olonnais había adquirido tal reputación de crueldad para con los prisioneros españoles, que todos los navíos del Rey de España, todas las ciudades-colonias combatían contra él hasta el último hombre. Cuando los españoles acaban por encontrarle, no muestran piedad alguna para el equipaje del pirata; todos son ejecutados o asesinados sin contemplaciones. El Olonnais escapa a la muerte gracias a una astucia: se cubre de sangre y se esconde bajo los cadáveres de sus hombres. Tras la marcha de los españoles, consigue hacerse con un uniforme y consigue llegar hasta Campeche; allí convence a algunos esclavos con los que sustrae una canoa y regresa a la Isla Tortuga... a remo!

Y de nuevo nuestro protagonista consigue, con el apoyo incondicional del gobernador francés, armar un tercer navío. Mientras los españoles festejan su "victoria" sobre el temible pirata, al que creen muerto, el Olonnais ya está haciendose a la mar para capturar más galeones españoles ante el puerto de La Habana.

La Toma de Maracaibo

Es con Michel "el Vasco", otro gran jefe filibustero, que el Olonnais toma la cabeza de la primera gran expedición de filibusteros (1666), contra el continente suramericano. Los dos filibusteros reúnen para esta gran campaña 8 veleros y un cuerpo de desembarque de 650 hombres bajo sus órdenes. Sobre la ruta de Maracaibo, objetivo del ataque, toman buenos botines entre los cuales un gran velero español cargado de cacao y con un tesoro de 300.000 táleros de plata.

Maracaibo se encuentra situada al extremo del lago del mismo nombre, en Venezuela, comunicando con el mar a través de un estrecho canal, siendo éste defendido por una fortaleza. El Olonnais y el Vasco desembarcan sus tropas fuera del alcance de los cañones del fuerte y lo asaltan, haciéndose con él. Luego remontan el canal y atacan la ciudad, que contaba entonces con 4.000 almas, que se defenderá con todas sus fuerzas. Mientras están ocupados en el pillaje de la ciudad, reciben el aviso de que un destacamento español de refuerzo ha sido enviado para socorrer a los habitantes. El Olonnais toma el camino con un grupo de 380 hombres, para ir al encuentro del destacamento y consigue acabar con él no lejos de la pequeña ciudad de Gibraltar. En el bando español, se registran 500 hombres caídos en combate, mientras que entre los filibusteros tan solo censan 40 muertos y 30 heridos. El Olonnais pasará 6 semanas en la ciudad de Gibraltar, librándose al pillaje y al saqueo para abandonarla con un fabuloso botín a cuestas. Pero una epidemia se declara entre los piratas, queman la ciudad y regresan hacia Maracaibo, que saquean de nuevo. El botín se eleva a 260.000 monedas y a un montón de objetos de culto y joyas valoradas en 100.000 coronas.

La Incursión tierra adentro



Para la siguiente expedición, L'Olonnais intenta devastar y librar al pillaje un país entero: el Nicaragua español. Tras su éxito de Maracaibo, reúne 6 navíos y 700 filibusteros bajo sus órdenes. El primer objetivo de la campaña es el Cabo de Gracia de Dios, pero la flotilla se ve sorprendida por una tempestad y las corrientes marinas empujan los filibusteros hasta el Golfo de Honduras; deciden entonces "limpiar" las costas del golfo hondureño hasta que el tiempo les permita reanudar con su expedición. Sus víctimas son pequeñas aglomeraciones de pescadores de tortugas, generalmente indios nativos. Destrozando sus cabañas y hundiendo sus canoas, arrasan con la supervivencia de esos nativos. En consecuencia, el botín se revela pobre, aunque va en aumento el odio que despiertan entre los indios.

La primera presa, de cierta importancia, será un velero español armado de 30 cañones, en Puerto Caballo. El Olonnais decide entonces hacer una incursión tierra adentro. Obligan a sus prisioneros a hacerles de guías hacia la ciudad de San Pedro. El avance se revelará duro para los filibusteros, no solo por los obstáculos naturales sino también por las sucesivas escaramuzas contra los españoles, al corriente del proyecto del pirata. En el curso de esa marcha forzada, L'Olonnais hace prueba de una gran crueldad: "...Tenía por costumbre descuartizar y arrancar la lengua a las personas que, bajo tortura, no le proporcionaban información. Si hubiera podido, habría arrancado la lengua a todos los españoles. A menudo, ocurría que algunos de esos desgraciados prisioneros, bajo tortura, jurasen mostrarle el lugar dónde se escondían sus compatriotas con sus riquezas. Luego, si no conseguían llevarle al sitio prometido, morían de una muerte aún más cruel que los que expiraban torturados. (...) Un buen día, l'Olonnais abrió, de un sablazo, el pecho de un español y le arrancó el corazón aún palpitante..."

La caída de San Pedro

Tras una empecinada resistencia de los soldados españoles, San Pedro cayó a manos de los filibusteros cuando la mayoría de sus habitantes ya habían tomado el camino de huída, y tomando el tiempo de poner a salvo sus bienes. Sin gran botín, l'Olonnais incendia la ciudad y regresa a la costa, muy debilitado. A pesar de que la insatisfacción sea grande entre los filibusteros, después de una larga marcha sin éxito y costosa en vidas humanas, l'Olonnais consigue dominarlos con la promesa de un rico botín. Cuando el navío español tan esperado llega, tras tres meses, se percatan de que es un adversario difícil de abatir con sus 41 cañones y sus 130 hombres. Finalmente vencedores, los filibusteros se percatan de que no hay oro ni plata como se esperaba, sino un cargamento de papel y acero. Esta nueva decepción mina la cohesión de los piratas y empiezan las divisiones internas: una parte toma la decisión de regresar a la Isla Tortuga bajo el mando de un nuevo capitán, Vauquelin. Otro segmento, bajo las órdenes de Pierre "Le Picard" (el Picardo), prosigue con su sueño de conseguir ese botín, aunque sin éxito. El Olonnais permanece con 300 hombres en el golfo de Honduras, a la espera de nuevas presas que no se presentan... Parece ser que la suerte ha abandonado al capitán.

Punto final de una leyenda



L'Olonnais naufragará con sus hombres en un banco de arena. El equipaje se halla hambriento y, pese a todas las medidas (descarga de cañones y objetos de peso), el navío no consigue volver a flote. Durante 6 meses, L'Olonnais debe defenderse de los incesantes ataques de los Indios y, finalmente, con tan solo 150 hombres consigue mediante barcas planas construidas por ellos, llegar hasta la desembocadura del Río San Juan, que le abre el camino hacia el lago Nicaragua. Pero una vez allí, los Indios y los españoles le fuerzan a retroceder. Deberá continuar con ayuda de las velas, haciendo las costas del golfo de Darién. Bajado a tierra para encontrar víveres y agua potable, es hecho prisionero por los nativos. Sin duda se trataba de una tribu de caníbales, ya que según un testigo: "...lo despedazaron y descuartizaron, lo asaron y... se lo comieron."