Jorge IV de Gran-Bretaña (1762-1830), que tanto hizo para echar a su padre del trono cuando éste empezó a sufrir seriamente de porfiria, era un hombre que se autoengañaba y creía en sus propias ilusiones. Aparte de contraer un matrimonio ilegal con una joven viuda católica, Mary Anne FitzHerbert, en 1785 (acto que le excluía automáticamente de la sucesión al trono), atrayéndose las furiosas reprimendas paternas, creía ganar todas las carreras de caballos celebradas en Goodwood, cuando en realidad le dejaban ganar, y se puso al frente de un batallón durante la decisiva batalla de Waterloo, atribuyéndose méritos que no le pertenecían.
¿Has pensado alguna vez cuantas historias se esconden tras un retrato? Pues ésas son las que componen lo que llamamos "Historia".
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sábado, 9 de abril de 2011
VICIOS, LOCURAS, MANÍAS & ENFERMEDADES REGIAS -10-
Jorge IV de Gran-Bretaña (1762-1830), que tanto hizo para echar a su padre del trono cuando éste empezó a sufrir seriamente de porfiria, era un hombre que se autoengañaba y creía en sus propias ilusiones. Aparte de contraer un matrimonio ilegal con una joven viuda católica, Mary Anne FitzHerbert, en 1785 (acto que le excluía automáticamente de la sucesión al trono), atrayéndose las furiosas reprimendas paternas, creía ganar todas las carreras de caballos celebradas en Goodwood, cuando en realidad le dejaban ganar, y se puso al frente de un batallón durante la decisiva batalla de Waterloo, atribuyéndose méritos que no le pertenecían.
VICIOS, LOCURAS, MANÍAS & ENFERMEDADES REGIAS -9-
Luis II, rey de Baviera (1845-1886), empezó a oír voces cuando tenía 14 años, 4 años antes de que subiera al trono. En 1870, el kronprinz Federico de Prusia anotó que el entonces rey bávaro de 25 años, era extremadamente nervioso, poco hablador y nunca esperaba a recibir una respuesta a sus preguntas, saltando de una conversación a otra indistintamente. El héroe por excelencia, el ídolo de Luis II fue el rey Luis XIV de Francia; intentaba emularle en todos los más nimios detalles, incluso en el andar. Levantó una auténtica y titanesca réplica del palacio de Versalles en la isla de Herrenchiemsee, hasta en sus más pequeños detalles.
Tal era su obsesión que pretendió un día haber cenado con Luis XIV, Luis XV, Madame de Pompadour y Madame de Maintenon.
Fue también el principal mecenas y protector de Richard Wagner, quien le llamaba "el dios de mi vida". Su derroche era tal, construyendo castillos de cuentos de hadas, que casi lleva a la bancarrota la hacienda real.
El 13 de junio de 1886, pocos días después de haber sido declarado incapaz de gobernar y apartado de sus funciones por su tío, el ya cuarentón Luis II encontró la muerte en un lago, falleciendo junto a él su médico-psiquiatra, el doctor Bernhard von Gudden. Aún hoy persiste la duda de si fue un suicidio o un asesinato...
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