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lunes, 23 de abril de 2018

CURIOSIDADES -210-


"EL REY SANGRIENTO"



Carlos IX de Francia (1550 - 1574), penúltimo monarca de la Casa de Valois-Angulema que ostentó la corona francesa y que pasó la mayor parte de su vida matando bestias y hombres, fue eminentemente violento y extravagante. Larguirucho, delgado sin llegar a enjuto, un poco encorvado, daba la falsa impresión de ser un príncipe enfermizo y de salud delicada, pero su comportamiento extremadamente violento y sus extrañas extravagancias no dejaban de sorprender y aterrar a sus cortesanos.

Cuando volvía de sus cacerías, “deporte” en el que brillaba sobremanera, nada le divertía más que abatir asnos y cerdos lo suficientemente desafortunados como para cruzarse en su camino de regreso a palacio. No lo hacía desde luego por despecho tras una mediocre cacería, sino porque era su entretenimiento favorito, su particular juego. Cerrando la comitiva real, iba un lacayo bien provisto de monedas para indemnizar generosamente a los propietarios de las víctimas.

Cuando desmontaba su caballo, y a pesar de haber pasado muchas horas a lomos de su montura, Carlos iba derechito a la herrería real y, a decir del embajador veneciano Sigismondo Cavalli, se ponía a forjar a golpes sobre el yunque, con la ayuda de un enorme martillo, y durante tres o cuatro horas, ¡una coraza!

En la corte, su comportamiento era igualmente extraño, por no decir alarmante. Un día, decidió llanamente que todos los gentilhombres de su séquito debían llevar un pesado pendiente en una oreja, y su orden así fue transmitida. Enseguida se formó una larga cola de caballeros, incluidos los de más edad, ante las puertas del cirujano del rey, esperando su turno para hacerse perforar el lóbulo. Al día siguiente, Carlos IX anuló la orden y se puso a tirar de las orejas, hasta hacerlas sangrar, de sus desafortunados caballeros que no habían sido informados a tiempo.

En otra ocasión, y computando veinte años de edad, se le vio corretear por pasillos, salones y galerías del palacio del Louvre, la cara embadurnada de hollín y con una silla de montar atada a su espalda.

A medida que ganaba en años, su crueldad y su gusto por la violencia fueron en aumento. Aunque pertenece a la leyenda negra y esa falsa imagen se resista a desaparecer de la memoria colectiva, Carlos IX nunca se puso a disparar a diestro y siniestro desde su ventana sobre hugonotes la terrible noche de San Bartolomé [24 de agosto de 1572], como un vulgar francotirador. Sin embargo, los esbirros/asesinos católicos de la Santa Liga que provocaron la masacre y a los que se les dio carta blanca, sí tuvieron su aval. A fin de cuentas, de sus labios cayó esa horrible recomendación: “Matadlos, pero matadlos a todos, para que no quede ni uno para reprochármelo”.

Es precisamente después de esa macabra orgía de sangre, que duró varios días, cuando el monarca empieza a sufrir alucinaciones, debidamente reseñadas por el cirujano real Ambroise Paré, y que le perseguirán regularmente con “sus horribles y sangrientas caras” (las de sus víctimas, se entiende).

Para huir de ellas, Carlos IX redoblará con sus actividades cinegéticas, cada vez más desordenadas y violentas, cada vez más largas. Su afición al aire libre, le hace contraer fiebres intermitentes. Meses más tarde aparece la tuberculosis, con su cortejo de esputos sanguinolentos y de ahogamientos, amén de sus alucinaciones, que redoblan en frecuencia.

Firmado por Ambroise Paré, su autopsia pone de relieve que “sus pulmones estaban podridos”.

domingo, 29 de octubre de 2017

ACTUALIDAD: La Independencia de Catalunya, el problema de Europa

CATALUNYA: París y sus vecinos europeos se equivocan

La historia prueba que esas declaraciones de rechazo al independentismo, rara vez resisten a las realidades políticas.

Artículo de Jean-Baptiste Naudet.



Así, París y las principales capitales europeas han anunciado que no reconocerían la independencia de Catalunya. Conocemos los principales argumentos: el respeto de la ley, de la Constitución española y, en segundo plano, el miedo de una “balcanización” de Europa.

La historia, dicen, es una sucesión de errores de cálculo. Y parece ser que en materia de independentismo, nuestros dirigentes quizás no han conseguido aprender a contar bien. Antes que barrer de un  manotazo la proclamación del 27 de octubre, mejor les habría ido callarse, simplemente callarse. Por varias razones. Primero, porque, sin remontar demasiado atrás y quedándonos en el continente europeo, la historia demuestra que este tipo de declaraciones, a veces contraproducentes, de rechazo al independentismo, resisten raras veces a las realidades políticas. ¿Cómo llamamos a un líder separatista que ha triunfado? Un Jefe de Estado.

Y he aquí que nuestros dirigentes franceses se turnan en Argel para ir a estrechar la mano de un fuera-de-la-ley! Un bandido! Un rebelde! El terrorista del FLN (sin embargo Jefe del Estado Argelino) Abdelaziz Bouteflika. En Argel, vamos incluso a pedir perdón, pero solo con la boca pequeña, por haber masacrado (“legalmente”) hombres, mujeres y niños.

Más recientemente: ¿dónde se encuentra nuestro amigo Slobodan Milosevic, el Jefe de Estado serbo-yugoslavo, que París ha respaldado durante mucho tiempo contra vientos y mareas, en medio de las masacres, contra los “irrealistas” separatistas eslovenos, croatas, bosnios, kosovares, etc.? Ha muerto en prisión en el Tribunal Internacional de La Haya, mientras era juzgado por crímenes de guerra y crímenes de lesa-humanidad.

¿Dónde están esos poco recomendables líderes separatistas de la ex Yugoslavia a los cuales nuestros dirigentes no querían dirigir la palabra? En el poder, en Zagreb, en Pristina, en sus repúblicas independientes. Para descargo del Quai d’Orsay, del Palacio del Elíseo, hay que decir que el embajador de Francia en Belgrado había analizado perfectamente la situación del conflicto. A los periodistas, a esos “catastrofistas sensacionalistas” que se horrorizaban por la peligrosa y sangrienta carrera chovinista de Milosevic, pequeño apparatchik comunista reconvertido al nacionalismo de la Gran Serbia, ese diplomático francés, escuchado en altísimos niveles del Estado Francés, respondía: “Cuando Yugoslavia estalle, estallará de risa.” Todos los que después vivieron, sobrevivieron a esos años de guerra de los Balcanes, no se han reído todos los días.

Tratándose de separatismo, de independentismo, la clarividencia de nuestros dirigentes ha sido aún más impactante en la ex Unión Soviética y en Rusia. En nombre de un apoyo sin fisuras a Mikhail Gorbachov (por otro lado organizador de sangientos conflictos separatistas en la Unión Soviética), el presidente francés François Mitterrand trató con desdén, ninguneó, humilló a Boris Yeltsin, primer presidente electo de Rusia. Resultado: cuando la URSS desaparece y Gorbachov con ella, cuando Bori Yeltsin se convierte en el Jefe de Estado de una de las mayores potencias del mundo, nuestros dirigentes se emplean a corregir, diciéndole que todo lo que hace es justo y bueno. Como por ejemplo aplastar, en la sangre y la tortura, a la minúscula Chechenia (separatistas, musulmanes para colmo). Total que, para reparar un error, se cae directamente en la infamia.

Haz lo que te digo, no lo que yo hago

Sabemos que nuestros dirigentes, de tradición centralista, “integracionista” y jacobina, están en contra de la separación de Catalunya del resto de España, que no reconocen el referéndum sobre la independencia organizado por Barcelona el 1 de octubre pasado. Pero, curiosamente, no dijeron nada cuando los Británicos (que no deben ser tan demócratas como los Franceses o los Españoles?), organizaron un voto separado sobre la independencia de Escocia.

Muy extrañamente también, es en nombre del referéndum de independencia separado que Francia ocupa ilegalmente Mayotte, la cuarta isla del Archipiélago del Estado de las Comores, en el Océano Indico, desde 1975 y que París se hace condenar regularmente por ello ante la ONU. Así que, es menester que en Madrid el primer ministro español haga lo que Francia le dicta pero, sobretodo, que no haga como ella. Y aún así…

Pero lo más grave no está en eso. Lo más problemático no es la cuestión jurídica que, en el conflicto catalán, no es más que el ridículo taparrabos democrático de la confrontación de dos nacionalismos. Al respaldar, incluso indirectamente Madrid contra Barcelona, “en nombre de la ley”, París y las demás capitales europeas alientan a los conservadores en el poder del Partido Popular español, lejano heredero del franquismo, con tendencias autoritarias, machistas y dominadoras, a utilizar la represión contra el independentismo catalán. Que estemos a favor o en contra, que ese independentismo sea una buena cosa o no lo sea, aquí no está la cuestión. La cuestión es que la represión, aunque fuera “legal”, tiene muy pocas posibilidades de llegar a ninguna parte. Todo lo contrario. Se arriesga a ser contraproducente, a alimentar el fuego de la indignación y de la revuelta y, finalmente, a hacer de la independencia, que se pretendía combatir, en un hecho inevitable. Quizás lo sea ya.

Cuando los independentistas catalanes solo tenían una mayoría relativa en votos (entre un 40% y 45%) antes de la represión española en el referéndum “ilegal”, según Madrid, los separatistas catalanes, a los que se unieron los “indecisos” indignados por los porrazos, se habrían convertido en mayoritarios según un sondeo confidencial. El único medio de reprimir eficazmente un movimiento independentista tan poderoso como el de Catalunya, que reúne casi la mitad de la población (sin duda ya superior en número desde el 1 de octubre), es el aplastamiento a lo Putin en Chechenia, a la Milosevic en Kosovo.

Entonces, si queremos evitar a cualquier precio el riesgo de un baño de sangre, hay que reconducir Madrid para que tome la única vía posible, la única solución democrática: la del diálogo, la de organizar, si no es ya demasiado tarde, modificando la Constitución española, un referéndum legal sobre la independencia en Catalunya. Si Madrid, París o Berlín pretenden conservar a Catalunya en el seno de España, deben arriesgarse a perderla en esa votación. Catalunya debe sentirse libre. Es por eso que lucha. Es como en un matrimonio: cuanto menos libre se sienta, con más ganas querrá partir.

Sabemos que el Partido Popular español en el poder en Madrid (la derecha conservadora que, por naturaleza, no comprende jamás que los tiempos cambian), siempre ha estado en contra del divorcio. Pero es legal hoy en España.  Y no es legal dar una paliza a su mujer si ella quiere marcharse. Y si mañana las porras de una Guardia Civil aún infiltrada por fascistas y por nostálgicos del franquismo se abaten sobre manifestantes pacifistas catalanes, si se derrama sangre en Barcelona, veremos cómo el pueblo francés tomará partido. Francia no son las declaraciones del Elíseo, no son los comunicados del Quai d’Orsay que, desde la caída del muro de Berlín, ha reconocido en Europa la independencia de todos los países a los que, sistemáticamente, había jurado jamás reconocer. Francia es la Revolución Francesa (ilegal). Es lo que hay escrito en nuestros edificios públicos. “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Y para Catalunya también.


Jean-Baptiste Naudet, periodista en Obs.

domingo, 26 de marzo de 2017

Cita de la Semana




"Las ocas hacen seguramente menos tonterías de las que escribimos con sus plumas."
 
Frase de: Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, Príncipe de Benevento, 1er. Duque y Príncipe de Talleyrand (1754-1838), político, diplomático y hombre de Estado.

jueves, 23 de marzo de 2017

CURIOSIDADES -209-

"Un Sonado Robo"



Fue la noche del 10 al 11 de enero de 1791 cuando, aprovechando la ausencia de la dueña del lugar, unos cinco ladrones se introdujeron en el Castillo de Louveciennes para perpetrar el más sonado robo de la época. Tras romper los cristales de una de las ventanas de la planta baja y forzar la lujosa cómoda* que se encontraba en la alcoba de la señora, echaron las zarpas sobre su deslumbrante contenido: las fabulosas joyas de la Condesa du Barry. Ésta se encontraba entonces en París, con su amante el Duque de Brissac, y no desaprovecharon la ocasión brindada. El botín valió la pena: se hicieron con ciento cuarenta grandes diamantes, setecientos brillantes, tres enormes zafiros, siete grandes esmeraldas y trescientas enormes perlas de un valor incalculable, incluyendo multitud de rubíes y otras piedras de menor tamaño, collares, medallones, cadenas y sortijas. Y se esfumaron en la noche... y de la faz de la tierra.

La Condesa du Barry, ex amante del difunto rey Luis XV, la víctima del crimen, denunció los hechos ante la policía y se estimó que le habían robado joyas por valor de 1 millón y medio de libras (hoy serían 15.300.000,00 Euros), una fortuna en piedras preciosas que habían sido regaladas precisamente por el desaparecido monarca. Dispuesta a recuperarlas, la condesa mandó imprimir el detallado inventario de sus alhajas, pieza a pieza, y mandó distribuir los impresos a diestro y siniestro prometiendo 1.000 luises de oro de recompensa a quien le ayudara a encontrarlas o se las devolvieran. Huelga decir que la publicación de semejante nomenclatura soliviantó los ánimos del populacho, en plena fiebre revolucionaria.

El hecho es que sus fabulosas joyas fueron finalmente descubiertas en Inglaterra más de un mes después y los ladrones, pillados en su intento de revenderlas a bajo precio a un rico joyero londinense, arrestados, por lo que la Condesa du Barry, avisada por la policía inglesa, tuvo que cruzar el canal para poder recuperarlas. Sin embargo, el asunto se complicó cuando los tribunales británicos cogieron con pinzas el caso por ser un robo cometido en Francia (en el que no tenían jurisdicción), y se limitaron a retener a los criminales en la cárcel de Newgate que, al fin y al cabo, habían cometido un delito en un país vecino y, torciéndose las relaciones franco-británicas en ese momento, no había acuerdo de extradición entre ambos países. La guinda del pastel a semejante desconcierto fue comprobar cómo la justicia británica había incautado las fabulosas joyas recuperadas, pruebas del delito, impidiendo a su legítima dueña recuperarlas y remitiéndolas a la custodia de los banqueros Hamersley & Morland, del Pall Mall de Londres, hasta que se celebrara el juicio.

En cuatro ocasiones, la Condesa du Barry tuvo que cruzar el Canal de la Mancha, requerida por la Justicia londinense. Sus gastos supusieron como poco un desembolso total de 51.000 libras, pagados por su generoso amante el Duque de Brissac. Finalmente, el juicio se celebró: los cinco cacos fueron condenados por intentar revender el producto del robo (no por cometerlo) e "invitados", una vez concluídas sus condenas, a ir voluntariamente a Francia por sus propios medios para ser juzgados por el robo (cosa que no hicieron). En cuanto a los diamantes, éstos fueron restituidos a su legítima propietaria pero, sorprendentemente, confiados provisionalmente a los banqueros Hamersley & Morland.
La condesa tuvo entonces que regresar urgentemente a Francia, al serle notificado el embargo de sus bienes tras ser acusada de "emigración" por el directorio de Versailles, y nunca volvió a Londres para recuperar sus joyas, ya que fue arrestada como sospechosa, juzgada y guillotinada.

Los excepcionales diamantes de la Du Barry fueron finalmente vendidos en subasta por James Christie, el fundador de la Casa de Subastas Christie's de Londres, el 19 de enero de 1795.

(*)_La famosa cómoda dónde se guardaban los diamantes y alhajas de la condesa, ejecutada por el ebanista Martin Carlin y decorada con paneles de porcelana de la Real Manufactura de Sèvres, valía por sí sola más de 40.000,00 libras!


sábado, 11 de junio de 2016

Cita de la Semana



"Los cortesanos son unos pobres enriquecidos por la mendicidad."

Frase de: Sébastien Roch Nicolas de Chamfort (1741-1794), académico y escritor.

martes, 26 de abril de 2016

SAINT-SIMON, el favorito de Luis XIII

EL PRIMER DUQUE DE SAINT-SIMON
Auge y caída de un favorito real
 
 

Claude de Rouvroy, Conde de Rasse, 1er Duque de Saint-Simon y Par de Francia, Vizconde de Clastres, Barón de Benay, Vidamo de Chartres, Señor de La Ferté-Arnault (La Ferté-Vidame) y de Beaussart (Castillo de Saint-Simon, Picardía, Francia, 16-08-1607 / Castillo de La Ferté-Vidame, 03-05-1693). Fue un cortesano, Primer Escudero de Francia, Lobero Mayor del Reino, Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey, Caballero de la Orden del Espíritu Santo y de San Miguel, consejero de Estado y favorito del rey Luis XIII de Francia.

Orígenes

La filiación de la noble familia De Rouvroy de Saint-Simon está auténticamente establecida desde Mathieu de Rouvroy apodado "el Tuerto", que vivió a inicios del siglo XIV. El apodo de "el Tuerto" fue igualmente llevado por el hijo y el nieto de Mathieu, dándose la curiosa coincidencia que los tres perdieron un ojo en acto de servicio.

El apellido De Rouvroy viene de la tierra y señorío del mismo nombre, situado en la riba izquierda del Somme, a media legua de Saint-Quentin, en Picardía. Ese feudo estaba, en 1047, en manos de Gautier de Rouvroy, tutor del Conde de Vermandois.

Fue a partir de la boda en 1333 de Mathieu II de Rouvroy "el Tuerto", caballero, señor du Plessis-Choiseul (1315-1389), con Marguerite, Dama de Saint-Simon y última heredera de un linaje que se cree procedente en quinto grado de Eudes "el Insensato", señor de Saint-Simon y único hijo de Herbert V, último Conde de Vermandois y miembro de la dinastía Carolingia, cuando los De Rouvroy unen a su nombre el del señorío de Saint-Simon.

Familia

Hijo segundón del Caballero Louis II de Rouvroy de Saint-Simon, Señor du Plessis-Choiseul y de Rasse (1568-1643), gobernador y baílio de Senlis, y de Denise de La Fontaine de Lesches, Dama de Lesches, de Vaux-sur-Meulan y de Boubiers (hija de Louis, Señor de Lesches, y de Jeanne de Canjon, Dama des Orgereux), tuvo por hermano mayor a Charles de Rouvroy, Marqués de Saint-Simon (1601-1690), jefe de su casa y casado con Louise de Crussol (1606-1695), hija de los Duques de Uzès. Ambos representaban la rama de Rouvroy de Rasse, surgida en el siglo XVI.

Después de Charles, Marqués de Saint-Simon, y de Claude, Conde de Rasse, vinieron los siguientes hermanos:

-Louis de Rouvroy de Saint-Simon, Caballero de la Orden de Malta (+1697), Abad de Saint-Sauveur de Blaye, Comendador de Pézenas y de Piéton, Capitán del Regimiento de Guardias y Comandante en el asedio de La Rochelle.

-Jeanne de Rouvroy de Saint-Simon, c.c. Louis de Fay, Señor de Château-Rouge y de Cressonsac.

-Louise de Rouvroy de Saint-Simon, c.c. Laurent Charles du Châtelet, Señor de La Fresnière.

Carrera en la corte



Sin embargo, el padre se ha visto arruinado por las guerras de religión y la familia vive sobretodo del sueldo que obtiene de la Corona como gobernador y baílio de la ciudad de Senlis, sin lujos. Claude, por ser el segundón, es enviado a la corte bajo el nombre de "Conde de Rasse", colocado como paje de la Pequeña Montería del Rey Luis XIII y consigue prosperar rápidamente al captar el interés y la amistad del monarca. Según el cáustico Tallemant des Réaux, la virtud esencial del joven Claude de Rouvroy es la de "no babear en el cuerno de caza del rey" pero, sobretodo, el de seguir fielmente al rey en todas sus campañas. Tampoco resulta ser un mal cortesano cuando, en el curso de la Jornada de los Engaños, respalda y sostiene al Cardenal de Richelieu frente a los Grandes y a la Reina-Madre María de Médicis. Ese gesto tan inteligente le brindará el favor, nada despreciable, del cardenal y primer ministro... Las recompensas no se harán esperar demasiado.

Pronto, en 1627, se convierte en el Primer Montero de Francia, después en el Lobero Mayor del Reino (1628) y en Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey, brindándole un trato constante e íntimo con Luis XIII. Como soldado, se distingue en el asedio de La Rochelle y, como premio, recibe el señorío de parte de la ciudad conquistada a los hugonotes. En 1630 es nombrado gobernador de Blaye y de los castillos reales de Saint-Germain y de Versailles. Finalmente, en enero de 1635, recibe su carta patente de 1er Duque de Saint-Simon con paridad francesa y es recibido en el capítulo de la Orden de los Caballeros del Espíritu Santo, convirtiéndole en caballero de las Ordenes del Rey.



Sin embargo, en 1636, cae en desgracia por haber traicionado el secreto del Consejo del Rey al que asiste: dio aviso a su tío el Barón de Saint-Léger de que éste había sentenciado su arresto y encarcelamiento por haber entregado demasiado rápido las armas y la plaza fuerte que defendía como gobernador.

Después de una década como favorito real, el duque es exiliado en Blaye, territorio del cual es gobernador y del que saca una sustanciosa renta de 60.000 libras anuales. Tan solo se le autorizaría volver a pisar la corte en 1643, estando ya muerto el Cardenal de Richelieu, y pudiendo asistir a la agonía de Luis XIII.

A partir de ese momento, se aparta de cualquier asunto político o público, lo que no le impide tomar abiertamente partido por la regente Ana de Austria y por el Cardenal de Mazarin durante las guerras de la Fronda.

En 1644, contrae matrimonio con Diane-Henriette de Budos, Marquesa de Portes y Dama de Honor de la Reina-Regente (1629-1670), hija de un vice-almirante de Francia, el Marqués Antoine Hercule de Portes, y de Louise de Crussol d'Uzès. De dicha unión nacerían tres hijos:

-Gabrielle Louise de Rouvroy de Saint-Simon, Marquesa de Portes (1646-1684), c.c. Henri Albert de Cossé, 4º Duque de Brissac y Par de Francia.

-Louis de Rouvroy de Saint-Simon, Marqués de Portes (1650-1651).

-Marie-Madeleine de Rouvroy de Saint-Simon, Madame de La Ferté (1659-1665).



Viudo en 1670 e inquieto al ver que no tiene heredero varón que pueda dar continuidad al ducado, que su hermano mayor tampoco tiene hijos, contrae un segundo matrimonio a sus 67 años con Charlotte de L'Aubespine de Châteauneuf (1640-1725), quien le dará el heredero tan ansiado:



-Louis III de Rouvroy de Saint-Simon, Vidamo de Chartres y futuro 2º Duque de Saint-Simon (1675-1755).

Desde entonces, dedica todos sus esfuerzos y utiliza todos sus viejos contactos en la corte para proporcionar una excelente educación y asegurar un puesto en ésta a su hijo. Fallecería justo después de recibir, con no poco alivio, el nombramiento de su hijo al rango de capitán bajo el amparo y protección del rey Luis XIV.

domingo, 20 de marzo de 2016

jueves, 31 de diciembre de 2015

Cita de la Semana



"Las obligaciones que la nobleza impone son el honor y la generosidad: en Francia, le añadimos la buena educación y las buenas maneras."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

domingo, 27 de diciembre de 2015

Cita de la Semana



"La imaginación pinta, el ingenio compara, el gusto escoge, el talento ejecuta."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

viernes, 27 de noviembre de 2015

Cita de la Semana



"Una de las cualidades más ignoradas del hombre de acción es la ingeniosidad. El hombre que se impone en las situaciones difíciles es aquel que inventa una solución donde los demás estaban bloqueados."

Frase de: Jacques de Bourbon-Busset, Conde de Busset (1912-2001), escritor, ministro y diplomático.

domingo, 22 de noviembre de 2015

CURIOSIDADES -199-

"A Última Hora"



Curioso caso el del aristócrata y general francés Charles-Eugène de Lévis-Charlus, Marqués de Lévis y Conde de Charlus (1669-1734) -futuro 1er. Duque de Lévis y Mariscal de Francia-. Se trata a todas luces de un descuido paterno asombroso para la gente de hoy en día.

Pese a haber nacido el 21 de junio de 1669, sus padres olvidaron varias veces bautizarle. Cada vez que el niño estaba a punto de recibir el bautizo, siempre ocurría alguna cosa que posponía el evento, y así siguió hasta que un buen día de principios de 1694, sus padres los Marqueses de Charlus y de Poligny se encontraron con que iban a casarle con la hija del Duque de Chevreuse y ¡aún estaba por recibir todos los sacramentos!

El 27 de enero de 1694, el entonces Marqués de Lévis, de 24 años de edad y ya con 6 batallas libradas a sus espaldas, tuvo que recibir consecutivamente el bautizo por la mañana, la comunión a mediodía y casarse a medianoche.

Anécdotas Históricas -279-



Un viernes del mes de enero de 1719 en París, en casa de la Princesa de Conti, se encontraba cenando la Marquesa de Charlus en compañía de otros distinguidos invitados, como era habitual entre dos partidas de cartas. La ya anciana y rica marquesa tenía fama de ser tan avara como diestra en el juego, por lo que jamás se perdía esa cita semanal tan concurrida. Entre partida y partida, tanto ella como los demás invitados, se levantaban para cenar algo en el salón contiguo dónde habían dispuesto varios bufetes y sentarse alrededor de una mesa convenientemente dispuesta. Esa noche, la marquesa tenía a su lado a Su Eminencia el Cardenal François de Mailly-Nesle, arzobispo de Reims. Escogiendo un huevo pasado por agua, la marquesa lo abrió y se adelantó para coger la sal, arrimando accidentalmente su alto peinado empolvado a una vela que lo prendió enseguida. Al ver el arzobispo que la cabeza de la dama estaba en llamas y que ésta no se había percatado, le arrancó la peluca sin mediar palabra para luego pisotearla y apagarla, dejándola con la cabeza desnuda y sus escasos cabellos, despeinados, canosos y sucios a la vista de todos. Madame de Charlus, sorprendida por ese gesto tan brusco como inesperado, sintiéndose ridícula y centro de las miradas de los demás comensales enmudecidos, lo tomó como una ofensa intolerable y le faltó tiempo para tirar su huevo a la cara del arzobispo y cubrirle de insultos. Tanto el arzobispo como los demás, estallaron enseguida en carcajadas al ver la reacción y el ridículo aspecto de la vieja marquesa calva. Intervino entonces la Princesa de Conti para templar los ánimos, y mandó traer a Madame de Charlus una de sus pelucas para cubrirle las sienes, mientras los invitados se reían viéndola refunfuñar de indignación contra el Cardenal de Mailly-Nesle, empeorando aún más si cabe el malentendido.

Anécdota de: Marie Françoise de Paule de Béthisy de Mézières, Marquesa de Charlus (1657-1719) y del Cardenal François de Mailly-Nesle, Arzobispo de Reims (1658-1721).

sábado, 21 de noviembre de 2015

Cita de la Semana



"Aquél que jamás está contento, jamás contenta a nadie."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

sábado, 14 de noviembre de 2015

Anécdotas Históricas -278-



Cuando en enero de 1830, meses antes de la revolución de "Las Tres Gloriosas" que acabaría con el reinado de Carlos X de Francia, éste autorizó el regreso de la escandalosa Baronesa de Feuchères a la corte, pese a su estatus de mujer divorciada y su relación adúltera con el Duque de Borbón. Al enterarse de la noticia, la Delfina Maria-Teresa de Francia, digna hija de Luis XVI y María-Antonieta, suspiró resignada:

-"Después de todo, recibimos a tantos canallas..."

Anécdota de: Maria-Teresa Carlota de Francia, Madame Royale, Duquesa de Angulema, Delfina de Francia (1778-1851).

viernes, 13 de noviembre de 2015

Cita de la Semana



"La mayoría de los hombres desean más ser admirados que amados. La admiración satisface el amor propio, y todos los hombres lo tienen. La amistad es un asunto de sentimiento, y hay mucha gente que no lo tiene."

Frase: Marie-Geneviève Charlotte Darlus, Madame Thiroux d'Arconville (1720-1805), escritora, historiadora y química.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Cita de la Semana



"Es bastante fácil encontrar a una amante, y más fácil conservar a un amigo; lo difícil es encontrar a un amigo y conservar a una amante."

Frase de: François Gaston de Lévis, 1er. Duque de Lévis, Mariscal de Francia (1719-1787).

viernes, 30 de octubre de 2015

viernes, 23 de octubre de 2015

Cita de la Semana



"Cuando nuestros sueños se han cumplido es cuando comprendemos la riqueza de nuestra imaginación y la pobreza de la realidad."

Frase de: Anne de Lenclos alias Ninon de Lenclos (1620-1705), cortesana y escritora.

jueves, 22 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -195-

"Diamante con Mala Sombra?"



El diamante conocido como "El Gran Sancy" procedente de las minas de la India, con un peso de 55,23 quilates y tallado en forma de pera, entró en la historia occidental en 1476, cuando el Duque Carlos I "El Temerario" de Borgoña lo compró a un tal Louis de Berghem. Desde ese momento, empieza la supuesta maldición cobrándose a su primera víctima y poseedor. En 1477, ante los muros de la ciudad asediada de Nancy, en Lorena, encontrará la muerte Carlos I de Borgoña, cuyo cadáver sería encontrado totalmente despojado de sus ropas, armadura y joyas, y medio devorado por los lobos. El famoso diamante, obviamente, ha desaparecido pero el año anterior, ya que lo perdió en el curso de la batalla de Morat. En posesión de un mercenario suizo, éste lo vende por un puñado de florines y pasa de mano en mano hasta ser adquirido por el rey de Portugal, en cuyo inventario es señalado en 1489. Los monarcas lusos acabarían por empeñarlo y perderlo a manos de sus acreedores.

 
Retrato del Duque Carlos I "El Temerario" de Borgoña (1433-1477)
 
 
1 de Agosto de 1589: asesinato del Rey Enrique III de Francia.
 

Reaparece casi 100 años después, en 1570, en manos del gentilhombre Nicolas Harlay de Sancy, a quién se debe el nombre del diamante. El rey Enrique III de Francia llevará encima ese diamante, considerado el más grande y bello del mundo, pero no lo adquirirá por tener un precio demasiado elevado; sencillamente se lo devuelve después de lucirlo. Enrique III moriría asesinado en 1589 por un monje fanático.
Propuesto al rey Enrique IV, su adquisición no fragua: su precio es exorbitante. Sin embargo, a imagen y semejanza de su primo y predecesor en el trono galo, también moriría apuñalado en plena calle por un tal Ravaillac en 1610. Supongo que a raíz de esas tres muertes violentas, es cuando empieza la dudosa fama de piedra maldita del Gran Sancy.

 
14 de Mayo de 1610: el Rey Enrique IV de Francia muere apuñalado.
 
 
30 de Enero de 1649: el Rey Carlos I de Inglaterra y Escocia es decapitado en Londres.
 

La piedra con tanta mala sombra es, por fin, vendida en 1604 al rey Jacobo I de Inglaterra, y su hijo el nuevo rey Carlos I será posteriormente la víctima Nº4 del Gran Sancy: destronado por la revolución, muere decapitado en enero de 1649. Es su consorte y viuda, la reina Enriqueta María de Francia quién, para saldar sus deudas en el curso de su exilio francés, lo cede al Duque d'Epernon en 1647 y éste es adquirido una década después por el gran amateur de piedras preciosas, el Cardenal Mazarino, en 1657. En 1661, el Gran Sancy forma parte de los 17 famosos diamantes de la colección del cardenal heredados por el rey Luis XIV, y estimado en 600.000 libras. Desde ese momento, el entonces más bello diamante del mundo occidental forma parte de las Joyas de la Corona Francesa. Tanto el Rey Sol como su biznieto parecen escapar a su maldición. Ambos mueren en sus respectivas camas tras largos reinados. Podemos incluir en esta lista de suertudos a sus anteriores poseedores.

 
1722: Luis XV de Francia estrena una nueva corona cuajada de gemas preciosas para su coronación en la catedral de Reims. El diamante El Regente figura en la parte frontal de la diadema, mientras que El Gran Sancy remata ésta ornando la flor de lis.


En 1722, será engarzado en la flor de lis que corona, y aquí valga la redundancia, la corona del rey Luis XV realizada para su coronación en la catedral de Reims. Sin embargo, el Gran Sancy es eclipsado por El Gran Pitt rebautizado como El Regente, un diamante de mayor tamaño, diferente talla y de reciente adquisición.

 
21 de Enero de 1793: el Rey Luis XVI de Francia es guillotinado.
 
 
16 de Octubre de 1793: la Reina María-Antonieta de Austria es guillotinada.
 
 
10 de Mayo de 1794: la Princesa Elisabeth de Francia es guillotinada.
 
 
La piedra de tan siniestros fulgores sigue encontrándose en el inventario de los Diamantes de la Corona Francesa en 1775, al figurar también engarzada en la pieza que remata la corona del rey Luis XVI. Su esposa María-Antonieta de Austria lo llevará repetidas veces en las grandes ocasiones y es compartida con la Princesa Elisabeth de Francia, su cuñada. Derrocados por la revolución, tanto Luis XVI como su esposa y su hermana son guillotinados en 1793 y 1794. Luis XVII, el delfín, muere o desaparece en extrañas circunstancias en 1795. En cualquier caso, y desde 1792, el Gran Sancy ha desaparecido junto a otro montón de diamantes tras el sonado robo de las Joyas de la Corona perpetrado en París. Reaparece en Madrid en 1794, en manos del rey Carlos IV de España y de su esposa Maria-Luisa de Parma, cuyas alhajas también serán "robadas" por el favorito Godoy y su amante Pepita Tudó a inicios del siglo XIX.

 
Retrato del Príncipe Carlos Fernando d'Artois, Duque de Berry (1778-1820), sobrino del Rey Luis XVIII de Francia; asesinado el 14 de Febrero de 1820.


Su víctima Nº8 es el Príncipe Carlos Fernando de Artois, Duque de Berry, quién, tras haberlo llevado encima, muere apuñalado en 1820 a manos de un tal Louvel a la salida de la ópera. Su hijo, el futuro Enrique V, presunto heredero del trono moriría en el exilio bajo el título de Conde de Chambord.

En 1828, el diamante es adquirido por el Príncipe Demidov, un aristócrata ruso. El capricho le cuesta nada menos que 100.000 francos. De Rusia irá a parar a su tierra natal, la India, cuando un maharajá indio lo adquiere por 100.000 libras Esterlinas.


 
Retrato fotográfico del Maharajá Bhupendra Singh de Patiala (1891-1938).


Nueva posesión del Maharajá de Patiala, el Gran Sancy no parece tampoco traerle suerte. Tras los sucesivos suicidios de casi todos los miembros de su familia, éste pierde la razón y acaba loco de atar. Sus herederos se desharán del diamante y será comprado por un millonario norteamericano naturalizado británico, William Waldorf Astor, 1er. Lord Astor. La hermosa gema será lucida por su nuera, Lady Astor, quien lo manda engarzar en su diadema. Ésta muere tranquilamente en 1964, sin sufrir aparentemente maldición alguna. La piedra sería posteriormente vendida por sus herederos al Gobierno Francés por la friolera de 1 millón de francos.

 
Nancy Witcher Langhorne, 2ª Vizcondesa Astor (1879-1964).


De vuelta a Francia en 1976, el Gran Sancy vuelve a manos del Estado Francés y es depositado junto a otros importantes diamantes de la Corona en el Museo del Louvre, para reintegrar su antiguo puesto entre las piedras más preciadas expuestas en la Galería de Apolo. Desde entonces, parece ser que el famoso diamante ha cesado de sembrar la desgracia a su alrededor, pero la leyenda negra persiste: tiene en su haber a más de 20 víctimas, dato exageradísimo y sensacionalista, sea dicho de paso.

  

viernes, 16 de octubre de 2015

Cita de la Semana



"El hombre creó a Dios, lo contrario queda por probarse."

Frase de: Lucien Ginsburg alias Serge Gainsbourg (1928-1991), músico, cantante, autor y compositor.