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domingo, 20 de marzo de 2016

ISABEL II DE LAS ESPAÑAS, una reina descocada


LA NINFÓMANA SOBERANA DE LAS ESPAÑAS
ISABEL II "La Frescachona"
 
 

Isabel nació el diez de octubre de 1830, en Madrid. Su padre era Fernando VII y su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, que era la cuarta esposa del rey y además era su sobrina carnal. En sus tres anteriores matrimonios no había tenido descendencia. Después de tener a Isabel II tuvo otra hija, la infanta Luisa Fernanda, que nació en 1832.

Sube al trono cuando todavía no había cumplido los tres años. Esto se produjo por el fallecimiento del rey en 1833 y por no haber tenido hijos varones. Fernando VII promulgó antes de fallecer la Pragmática Sanción, por lo cual se derogaba la Ley Sálica, que impedía a las mujeres acceder al trono. Este hecho provocó la sublevación del infante Carlos María Isidro de Borbón, que era hermano de Fernando VII y en consecuencia heredero al trono de España.

Este hecho marcó para siempre el reinado de Isabel II, puesto que los absolutistas se agruparon en torno a los derechos dinásticos del infante Carlos María, provocando las conocidas tres guerras carlistas, que ensangrentaron al país a lo largo del siglo XIX.

Como no tenía Isabel II edad para reinar, fue nombrada como Regente su madre, María Cristina de
Borbón-Dos Sicilias que duró desde 1833 a 1840. A los dos meses de quedarse viuda y siendo ya regente en nombre de su hija tuvo un nuevo amante, Fernando Muñoz, que era sargento de la guardia real, dos años más joven que ella. A pesar de todos los intentos de ocultarla, fue en vano, pues cada año quedaba embarazada, lo que delataba ante la población una situación difícilmente justificable cuando seguía siendo viuda.

En las tabernas y conciliábulos del país se decía "La regente es una dama casada en secreto y embarazada en público". Los carlistas enemigos de ella, popularizaron una copla alusiva:

Clamaban los liberales
Que la reina no paría
¡Y ha parido más muñoces
Que liberales había!


Ante los escándalos que había en la Corte, hace que sea sustituida por el primer espadón de la época, el general Espartero, hasta que éste fue obligado a abandonar el cargo a mediados de 1843. Con la finalidad de evitar una tercera Regencia, se adelantó la mayoría de edad de Isabel II a trece años.


SU EDUCACIÓN

 
La Regente María Cristina no se preocupó de la preparación educativa y política de su hija para el desempeño de tal alto cargo. Exclusivamente se dedicó a su nuevo amante. Isabel II careció de un ambiente familiar y de la afectividad de su madre, a todo ello hay que unirle la ausencia de una educación adecuada y de una preparación política para una persona destinada a ser Reina de España.

Su educación además dependía de los vaivenes políticos, como ocurrió en 1841 cuando se produce un cambio radical cambiando al preceptor. A ello hay que unir que con trece años es nombrada Reina de España, podemos entender como fue fácil presa de la manipulación partidista e interesada

Tampoco el poder político, ya fueran los progresistas o moderados, se preocuparon de preparar a Isabel II, pues todos partían del principio básico, de que cuanto más ignorante permaneciera, mejor resultaría servirse de ella y de su cargo.

El preceptor mayor era Agustín Arguelles, su profesor general José Vicente Ventosa, su maestro de música, Francisco Frontela, también llamado Valldemosa y también formaba parte de los preceptores Salustiano Olózaga, hombre inteligente y que destacaba por su gran preparación jurídica. Recibió una educación basada en la formación doméstica, en la religión y el estudio del piano. Despojada de cualquier estudio humanístico y político.

Estos preceptores están en el inicio de las habilidades sexuales de Isabel II. José Vicente Ventosa fue expulsado de palacio por razones graves. Francisco Frontela, se le conocía como el amante de la reina y ésta le concedió la Cruz de Carlos III. Salustiano Olózaga fue el encargado de desflorarla y de iniciarla en los principios amorosos.

Isabel II tenía un carácter temperamental y apasionado, al mismo tiempo que mostraba una ardiente sensualidad probablemente heredada de su madre. Otro aspecto muy reseñable era su gran generosidad y su ánimo alegre y vivaraz, que hacía muy agradable su presencia.

 
Retrato de la Reina Isabel II de las Españas a la edad de 11 años, según Esquivel.


Isabel II se vio fácilmente manipulada por los intereses partidistas, tanto por sus familiares como por las camarillas cortesana y determinados políticos. Al mismo tiempo, se veía las dificultadles que tenía para cumplir de forma eficaz las funciones políticas que el sistema constitucional le confería.

De esta época podemos valorar la descripción que hace el conde de Romanones de Isabel II:

"A los diez años Isabel resultaba atrasada, apenas si sabía leer con rapidez, la forma de su letra era la propia de las mujeres del pueblo, de la aritmética apenas sólo sabía sumar siempre que los sumandos fueran sencillos, su ortografía pésima. Odiaba la lectura, sus únicos entretenimientos eran lo juguetes y los perritos. Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas ignoraba las reglas del buen comer, su comportamiento en la mesa era deplorable, y todas esas características, de algún modo, la acompañaron toda su vida".

Isabel II era una mujer con escasas cualidades intelectuales, como se puede comprobar en las Cartas que se conservan de la Reina en la Academia de la Historia de Madrid. podremos observar la simpleza de sus planteamientos.



SU MATRIMONIO


El ocho de noviembre de 1843, Isabel II es declarada mayor de edad con trece años. El primer problema que debe afrontar es del matrimonio. Este matrimonio se convierte no sólo en una cuestión de Estado sino en un problema europeo, pues lo que todos quieren es que no se rompa la actual situación de alianzas y equilibrios, que había en ese momento en Europa. Todos los países maniobran para que la nacionalidad del nuevo Rey no perjudicase sus alianzas e intereses.

Su madre María Cristina, plantea como marido al conde de Trapani, que era hermano de su madre y en consecuencia tío carnal. Francia plantea la candidatura del duque de Montpensier, que era hijo de Luis Felipe. También aspiraba el infante Enrique que era el segundo hijo de Francisco de Paula y de Luisa Carlota, hermana de su madre María Cristina, pero esta candidatura se vino abajo por su colaboración en el alzamiento carlista de Galicia.

Mientras sectores sociales españoles apoyan la idea de casarla con Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, hijo de Carlos María Isidro, el cual abdicó para facilitar el enlace, con lo que el problema dinástico se hubiera evitado, pero Isabel II no aceptó. Para ello contó con el apoyo de los liberales, y ahí está el origen de la segunda guerra carlista.

El general Narváez propuso a Francisco de Paula de las Dos Sicilias, conde de Trapani, pero este fue rechazo por los progresistas. La madre reina, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, propone a Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, que era pariente de la reina Victoria. Luis Felipe de Francia apoya la candidatura de cualquiera de sus dos hijos, Enrique de Orleans, duque de Aumale o de Antonio, duque de Montpensier, que acabó casándose con la hermana de Isabel II, la infanta Luisa Fernanda de Borbón.

Se celebra la conferencia de Eu, donde tanto Francia como Inglaterra renuncian a que sus candidatos se casasen con Isabel II, por lo que se opta por Francisco de Asís de Borbón, que era considerado un hombre apocado y de poco carácter, que no iba a interferir en la política.

 
Retrato de Don Francisco de Asís de Borbón, Duque de Cádiz (1822-1902).


Francisco de Asís de Borbón, hijo del Infante Francisco de Paula y de Luisa Carlota, era además primo hermano de Isabel. Esta elección satisfacía a todos los sectores políticos del país, porque lo consideraban un personaje políticamente inocuo y además se fundían en una sola las dos ramas reales.

La boda se celebró en Madrid, el 10 de octubre de 1846, cuando Isabel cumplía dieciséis años, siendo una boda doble pues también se casó su hermana Luisa Fernando de Borbón, que tenía catorce años con el príncipe Antonio de Orleans, duque de Montpensier e hijo menor de Luis Felipe I de Francia

La expresión que se oía esos días en España era: ¡Pobres niñas, condenadas a sendos matrimonios de conveniencia para salvar el trono!

Al conocer el nombre de su futuro marido, Isabel II se negó diciendo ¡No, con Paquita, no! Pero su madre María Cristina y una monja oscura, que estará presente en toda su vida, sor Patrocinio, le presionaron para que aceptara. Así el día antes del matrimonio Isabel II dijo a su madre: "He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quería".

Su noche de boda fue un fracaso. Es conocido el comentario que hace Isabel II al diplomático León y Castillo "que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía".

La presencia de Francisco de Asís enseguida levantó muchos dichos populares y se crearon numerosas coplas como la siguiente:

Isabelona / Tan frescachona / y don Paquita / tan mariquita
Desde el principio de su matrimonio ambos mostraron una mutua antipatía. Francisco de Asís era homosexual, mientras que era conocida la escandalosa afición de la reina Isabel por los hombres. Esto producía constante separaciones. Son conocidas, como determinadas personas debían intermediar entre la pareja regia, como fue el general Narváez, el confesor de la reina, el arzobispo Antonio María Claret y hasta el mismo Papa, Pío IX



SUS AMANTES
La vida de Isabel II se basa en una fiesta continua. Se acostaba a las cinco de la mañana y se levantaba a las tres de la tarde. Este modo de vida levantaba fuertes críticas en la sociedad española.

El primer amante oficial fue el general Serrano a quien Isabel II le calificaba "el general bonito", y producía un auténtico escándalo porque la reina lo perseguía por todos los cuarteles de Madrid. Llegó a tal nivel el escándalo, que el ejército decidió trasladarlo fuera de Madrid.

Otros amantes reconocidos son el cantante José Mirall, cuya voz entusiasmaba a la reina. El conocido compositor Emiliano Arrieta, el coronel Gándara, también Manuel Lorenzo de Acuña, marqués de Bedma. Destaca el capitán José María Arana, conocido como "el pollo Arana", en esta relación hay una anécdota, que su marido Francisco de Asís, un día le dijo a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Lo ascendió a coronel y le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando. Fruto de esa relación nació la infanta Isabel, que sería llamada popularmente la Araneja y también la Chata.

Otra relación también muy conocida fue con el capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó conocido como "el pollo real", que fue el padre de Alfonso XII, al que llamaron puigmolteño. Se dice que un día hablando Isabel con su hijo Alfonso XII de dijo "Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía".

Otro amante reconocido fue el general O´Donnell que había llegado al poder con la Vicalvarada, iniciándose un periodo histórico conocido como el bienio progresista, dirigido dicho gobierno por la Unión Liberal (1854-1856). O´Donnell se sintió atraído por Isabel II y ésta le respondía, cultivando un amor platónico, que aumenta su comprensión y confianza mutua. La diferencia de edad entre ambos, veintiún años no les importaba nada. Sin embargo, este entendimiento fue cambiando por la influencia conservadora, que ejercían sobre la Reina, el padre Claret y sor Patrocinio, conocida como la monja de las Llagas, que intentaban neutralizar las medidas liberales que el gobierno de O´Donnell tomaba sobre la Iglesia. Esto llevó, a que Isabel II humillara públicamente a O´Donnell, provocando su cese.

Cabe destacar la anécdota, de que en el año 1860, O´Donnell va a despedirse de Isabel II antes de iniciar una nueva guerra en Marruecos, la Reina le dice cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís que estaba presente, añadió "lo mismo te digo O´Donnell, lo mismo te digo".

Otros amantes fueron el secretario Miguel Tenorio; el cantante Tirso Obregón; José de Murga y Reolid, marqués de Linares por concesión real; el gobernador de Madrid y posterior ministro de Ultramar, Carlos Marfori y Calleja, que le acompañará a París cuando se exilia por el triunfo de la Gloriosa de 1868. El capitán de artillería, José Ramón de la Puente.



Fruto de estas relaciones tuvo los siguientes hijos:

- El 20 de mayo de 1849 da a luz un varón fallecido en el parto, hijo del marqués de Bedmar.

- El 12 de julio de 1850 dio a luz un nuevo varón que falleció a los cinco minutos de nacer, enterrado en el Panteón de príncipes de El Escorial y que probablemente fuera hijo del rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

- El 20 de diciembre de 1851, dio a luz a la infanta María Isabel Francisca de Asís, popularmente conocida como la Chata, princesa de Asturias, hasta el nacimiento de Alfonso XII, hija del capitán José Ruiz Arana.

- El 5 de enero de 1854, nace la infanta María cristina, muerta al poco de nacer y que fue enterrada en el Panteón de El Escorial, de padre desconocido.

- El 24 de noviembre de 1855, tuvo un aborto avanzado, tras haberse publicado en la Gaceta de Madrid el embarazo real, de padre no conocido.

- El 20 de junio de 1856, hay un nuevo aborto de padre no conocido.

- El 28 de noviembre de 1857; Alfonso, príncipe de Asturias y más tarde rey de España, era hijo del capitán de ingenieros Enrique Puig Moltó. A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la Reina pregunto al médico que la atendía Tomás Eustaquio del Corral y Oña, si la criatura sería varón o hembra. Le contestó "Varón", por ello y en señal de agradecimiento le nombró marqués del Real Acierto.

- El 26 de diciembre de 1859, da a luz a la infanta Concepción, muerta a los veintiún meses, hija del rey consorte.

- En el año 1861 tuvo a María del Pilar Berenguela fallecida a los dieciocho años.

- En el año 1862 tuvo a María de la Paz de Borbón y Borbón, que fue casada con Luis Fernando de Baviera.

- En el año 1864 tuvo a María Eulalia de Borbón y Borbón, duquesa de Galliera, fue casada con Antonio de Orleans y Borbón.

- En el año 1866 nació Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, fallecido a las pocas semanas de nacer.



EL REY FRANCISCO DE ASÍS



Mientras todo esto sucedía su marido Francisco de Asís y Borbón tuvo un amigo de por vida, Antonio Ramón Meneses, con el que convivió toda su vida. Ante los continuos amantes de Isabel II, los asumió con naturalidad. Por el reconocimiento de la paternidad de los hijos de Isabel II, recibía a cambio un millón de reales por hacer la presentación de cada uno de ellos.

Como dice Isabel Burdiel "casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono".

Una copla popular decía de Francisco de Asís:

Gran problema es en las Cortes
Averiguar si el consorte
Cuando acude al excusado
Mea de pie o mea sentado

Destacaba por su capacidad de intrigar en las Cortes, su gusto por las conspiraciones, su tendencia a clericalizar el juego político mediante el apoyo a personajes oscuros de la Iglesia. Debe destacarse el papel del confesor del rey, el padre Fulgencio y de sor Patrocinio, que ejercieron una nefasta influencia en las relaciones entre ambos cónyuges.

Francisco de Asís prefería el palacio segoviano de Riofrío a la cercanía de su esposa en el Palacio Real de Madrid. Ya en el exilio se instaló en Epinay retirado de la vida pública y dedicado a su afición a los libros y al coleccionismo de obras de arte, hasta que muere en 1902, dos años antes que la Reina



EL FINAL DE ISABEL II



El 28 de septiembre de 1868, se produce el levantamiento de la Gloriosa, encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete que contó con un gran apoyo popular que cantaban el himno de Riego y gritaban ¡Mueran los Borbones! Y que en algunos momentos se convirtió en ¡Mueran los bribones!. Esto supuso la salida de Isabel II al exilio de París. Desde él, no dejó de conspirar e hizo todo lo posible para que su hijo Alfonso XII recuperara el trono, como así sucedió en el año 1874.

Isabel II muere el 16 de abril de 1904. El historiador conservador José Luis Comellas hace un retrato de Isabel II "Desenvuelta, castiza, plena de espontaneidad y majeza, en la que el humor y el rasgo amable se mezclan con la chabacanería y con la ordinariez, apasionada por la España cuya secular corona ceñía y también por sus amantes".

El escritor Valle Inclán en su obra "la corte de los milagros" hace la siguiente descripción: "La Católica Majestad, vestida con una bata de ringorrangos, flamencota, herpética, rubiales, encendidos los ojos del sueño, pintados los labios como las boqueras del chocolate, tenía esa expresión, un poco manflota, de las peponas de ocho cuartos".

Ya al final de su vida, Isabel II, en una entrevista con el escritor Benito Pérez Galdós le decía: "¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freo a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo? Póngase en mi caso…"

Así describia Pérez Galdós a Isabel II en 1902. "El reinado de Isabel II se irá borrando de la memoria, y los males que trajo, así como los bienes que produjo, pasarán sin dejar rastro. La pobre Reina, tan fervorosamente amada en su niñez, esperanza y alegría del pueblo, emblema de la libertad, después hollada, escarnecida y arrojada del reino, baja al sepulcro, sin que su muerte avive los entusiasmos ni los odios de otros días. Se juzgará su reinado con crítica severa: en él se verá el origen y el embrión de no pocos vicios de nuestra política; pero nadie niega ni desconoce la inmensa ternura de aquella alma ingenua, indolente, fácil a la piedad, al perdón, a la caridad, como incapaz de toda resolución tenaz y vigorosa. Doña Isabel vivió en perpetua infancia, y el mayor de sus infortunios fue haber nacido Reina y llevar en su mano la dirección moral de un pueblo, pesada obligación para tan tierna mano".

Para Isabel Burdiel "Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada. Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era habitual entre la aristocracia y la realeza de la época". Sin embargo, para mí si fue una ninfómana y no valen excusas de justificación.

Autor: Edmundo Fayanás Escuer.

jueves, 31 de diciembre de 2015

DOCUMENTAL: The Aristocracy -Part 2- (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Never The Same Again
1919 -1945
 
 
Segunda parte del documental de la BBC, que aborda las vicisitudes y lento declive de la aristocracia británica durante los "Años Locos" o "Brideshead Years" (en recuerdo de la novela de Evelyn Waugh), la época de entreguerras que desde finales de la Iª Guerra Mundial hasta la finalización de la IIª Guerra Mundial, selló definitivamente la pérdida de su preeminencia tanto social como política.
  



 

 

domingo, 27 de diciembre de 2015

ACTUALIDAD: La Indecencia de los Políticos Españoles

INDECENTES
 
 
Me gustaría transmitirle al Gobierno pasado, al actual, y al que puede venir lo siguiente:
...
TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos.

PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.

ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.

HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.

INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar.

INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.

INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).

INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.

INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.

INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)

INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).

INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

INDECENTE, No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen.

INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.

Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos los políticos se benefician de este moderno “derecho de pernada” mientras no se cambien las leyes que lo regula.

¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.


Autor: Arturo Pérez Reverte

jueves, 13 de agosto de 2015

JUAN-CARLOS I, un retrato descarnado

JUAN CARLOS I
un retrato descarnado
 
 
 
En su filípica a las Fuerzas mal Armadas (según confesión de Pedro Morenés, ministro del ramo) y la Guardia Civil (que a pesar de su nombre es un estamento militar, porque en este reino todo lo oficial es falso), con motivo de la celebración de la pascua militar, su majestad el rey católico nuestro señor Felipe VI tuvo un recuerdo para su padre, el abdicado rey Juan Carlos I, que en su opinión reinó “siempre con el objetivo de prestar el mejor servicio a España. A él le dedico en este día el homenaje de gratitud y respeto que merece de todos nosotros”. Parece que Felipe es un buen hijo, pero o bien ignora las tropelías cometidas por su padre, o mal tiene una cara dura de cemento borbónico, por atreverse a decirnos esas palabras a quienes hemos sufrido su corrupto reinado.
 
   Ya en su primera filípica al ser proclamado rey, el 19 de junio de 2014, mientras sus matones nos apaleaban a los que intentábamos exhibir calladamente una bandera tricolor en la calle, tuvo la osadía de decirnos entre balbuceos: “Quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario.” Cierto que fue extraordinario, pero por su inmensa corrupción. Y si con esos homenajes quiere indicarnos que va a seguir su ejemplo, tenemos que hacer las maletas para exiliarnos, a no ser que le hagamos exiliarse a él, que no sería el primer Borbón en largarse a toda máquina, de tren o de barco.
 
   Un historial de esos envilecidos 36 años ha sido parcialmente resumido por Iñaki Errazkin en su último libro, Juan Carlos, un rey con antecedentes, que acaba de publicar Akal en Madrid, con 94 páginas. Muy pocas para todo lo que se puede contar de este escandaloso reinado, pero constituyen un memorial vomitivo de las tropelías perpetradas con total impunidad por el abdicado, como financiero, como putañero y como cazador, sus aficiones favoritas, a las que se dedicó alegando que en eso consiste reinar según su manera de entender el oficio.
 
Cómo nos ha borboneado
 
   No es una obra de investigación, sino de recopilación. El autor ha consultado libros, revistas, diarios y blogs en los que se revelan aspectos impropios de un jefe de Estado, protagonizados por el abdicado rey de España, antes de transferir sus poderes ilegítimos a su hijo pequeño. Un buen chico que le ha consentido reinar todo el tiempo que quiso, a diferencia de lo que él hizo con su padre, a quien arrolló en su carrera por alcanzar el trono, y solamente le permitió reinar después de morir. Tal vez fuera su venganza por haberle entregado al dictadorísimo cuando solamente tenía diez años, con el propósito de que lo educara a su imagen y semejanza. Así salió él de espabilado.
 
   El breve libro no es una biografía, aunque recuerda los datos esenciales en la vida borbónicamente regalada del designado sucesor a título de rey por el dictadorísimo, una vez que le juró lealtad a su exigua persona y fidelidad a sus leyes genocidas. El propósito de Errazkin ha consistido en reunir documentos demostrativos de los desmanes cometidos por el abdicado, que sigue reinando y goza de todos los privilegios aforados, con los que se convierte en irresponsable ante la justicia administrada en nombre del rey.
 
   La lectura de estas páginas provoca indignación. Es un recopilatorio abreviado de los chanchullos económicos que han convertido al abdicado en uno de los ricachones más potentes del mundo. Su padre, Juan, vivió a costa de los llamados nobles, que lo mantuvieron toda la vida para que no necesitara pegar golpe, y lo sostuvieron hasta el final, hasta pagar los gastos derivados de su internamiento en la clínica donde murió.
 
   Los italianos llaman il dolce far niente a esa vidorra sin tener que molestarse en hacer nada para ganarse el pan de cada día. Y encima los borbones comen mucho más que pan, viven en continuo festín a costa del pueblo. La verdad es que no se les puede censurar por ello, puesto que el pueblo lo aguanta. A quien hay que criticar es al pueblo consentidor.
 
   Cualquier vasallo de su majestad católica con un historial semejante al del abdicado, estaría condenado a tres mil años y un día de prisión mayor, por lo menos. Pero no se debe equiparar a los amos y a los siervos. Los amos cuentan con magistrados, fiscales, militares y policías a su servicio, todos ellos enemigos del pueblo al que muchos pertenecen. Los siervos tenemos la obligación de pagar impuestos y callar. O hacer la revolución.
 
Autor de 1.051 delitos comunes
 
   Cita el autor a Ramón Francisco Arnáu de la Nuez, antiguo agente del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, transformado desde 2002 en el Centro Nacional de Inteligencia, nombre adoptado para camuflar el espionaje, a semejanza de la criminal CIA gringa). En la actualidad se encuentra incomunicado en una mazmorra especial de la cárcel de Segovia, probablemente sujeto a la pared con argollas de hierro y alimentado solamente con pan y agua, como en la Edad Media. Nadie puede comprobarlo, porque está incomunicado. Pese a ello, se las ingenia para enviar mensajes a familiares y amigos, que los colocan en la red electrónica.
 
   Su expediente consta de 12.000 folios inculpatorios. Su delito es haber imitado a Zola, y lanzar un “¡Yo acuso!” contra el abdicado, tras haber ido investigando sus descomunales hazañas financieras, eróticas y golpistas. Lo acusa de haber cometido 1.051 delitos comunes. Y lo peor de todo es que los documenta. Un tipo meticuloso y detallista, que sería de gran utilidad en una democracia, pero aquí está considerado un peligro público al que es preciso encerrar. Como escribía el anónimo autor del Cantar de Mio Cid, otra víctima de la crueldad real en su tiempo, “¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!” Lamentablemente, en la historia de España no hay ni ha habido nunca buenos señores. Ni los habrá en la monarquía.
 
   Lo que no debemos tolerar es que el Libro Guinness de los records no incluya al abdicado como el mayor delincuente con más delitos en su historial. Se comprende porque se elabora en la pérfida Albión, como decía el dictadorísimo, en donde no perdonan que unos palurdos españoles le quitaran el brazo derecho a Nelson en la batalla de Santa Cruz de Tenerife, cuando intentaba colonizar las islas Canarias.
 
El hombre que sabe demasiado
 
   Arnáu de la Nuez es canario, nacido el 20 de octubre de 1963 en Las Palmas. Acosado porque sabía demasiado, solicitó asilo político en Lisboa, pero fue entregado a los esbirros borbónicos. Según cuenta en los informes remitidos a las instancias judiciales y políticas del reino (¡qué ganas de perder el tiempo!), el abdicado lleva 25 años cobrando comisiones por los barriles de crudo que el reino fascista de España compra al reino dictatorial de Arabia Saudita, y como intermediario de negocios se embolsó 3.800 millones de euros por bendecir la privatización de Repsol--YPF; otros 1.040 millones de dólares por la OPA de LUKoil, más 2.000 millones de pesetas que le entregó el financiero filibustero opusdeyero Javier de la Rosa de su chiringuito con KIO; por cierto: su hija menor, Gabriela, fue la amante oficial durante una temporada de Juan Gómez--Acebo y de Borbón, hijo mayor de Pilar de Borbón, hermana mayor del abdicado, así que todo queda en la familia, La relación de cobros improcedentes resulta mucho más amplia y larga, por lo que es preferible finalizarla aquí y ahora.
 
   Según Arnáu, el abdicado se sirve de La Caixa para blanquear su fortuna y colocarla a buen recaudo fuera de su reino. El superpresidente de las entidades del grupo La Caixa es su amigote Isidre Fainé, el que tiene empleada a la infame Cristina de Borbón en una sinecura en Ginebra, para que cobre mucho sin hacer nada, según la costumbre borbónica tradicional de la dinastía, desde aquel Felipe V que llegó a España montado sobre una guerra que destruyó a las gentes y a las tierras.
 
   No obstante, Fainé debiera ser más cauto, puesto que los amigotes del abdicado suelen terminar en la cárcel, un lugar al que no pueden ir a residir los miembros de la llamada familia irreal, debido a su inmunidad para jueces y fiscales servilones, pero del que no se libran sus compinches cuando dejan de serle útiles. Los borbones son así, como demuestra la historia.
 
   En Google puede encontrarse una variada información acerca de Francisco Ramón Arnáu de la Nuez, que merece la pena leer detenidamente.
 
El moro amigo
 
   Es comprensible, pues, que el abdicado posea una de las mayores fortunas del mundo. Es una hormiguita hacendosa para acumular pasta, y eso que al ser proclamado rey como sucesor de su padrino político el dictadorísimo no tenía en dónde caerse muerto. Pero era un vivo, mejor todavía, un vivales, así que empezó su reinado pidiendo limosna a moros y cristianos, “para el fortalecimiento de la monarquía”. Es conocida la desvergonzada carta que envió al entonces sha de Persia, proponiéndole que le regalase diez millones de dólares, calderilla para el tirano que ya tenía los días contados.
 
   La carta está reproducida en el libro de Jesús Cacho El negocio de la libertad (Madrid, Akal--Foca, 1999), muy bien documentado, tanto que el abdicado ha prometido “dar dos hostias” al autor si se le pone delante, según le oyó decir David Rocasolano, el primo preferido de la Leti, y así lo cuenta en el libro dedicado a la actual reina,Adiós, Princesa (Madrid, Akal--Foca, 2013).  Es de suponer que haya tomado precauciones, porque es sabido que el abdicado maneja la muleta como un matador de tronío.   
 
   Siempre citando otras referencias, Errazkin da buena cuenta de las cuentas acrecidas gracias a “la tradicional amistad con los pueblos árabes”, muletilla muy usada por otro matador, aunque sin trono ni tronío, el dictadorísimo genocida. Al tirano de Arabia Saudita le sacó cien millones de dólares por colaborar con los gringos durante la primera guerra del Golfo. Entre golfos andaba el juego, nadie lo duda. A los jeques, emires y demás fauna tiránica les sobra el dinero, de modo que no debe de remorder la conciencia a quienes los estafan, porque ellos estafan a sus pueblos.
 
El Urdangarin, estrella invitada
 
   Diego Torres, socio del yernísimo ladronísimo del abdicado en la fraudulenta empresa “sin ánimo de lucro” con el nombre griego de  Nóos (la antigua reina consorte es griega), publicó un libro con el seudónimo de Ricardo Grenville,Urdangarin y la Copa de Europa, en el que revela actividades delictivas del abdicado, en favor de los chanchullos organizados para robar con guante blanco, por su hija favorita y su yerno favorito. En una relación de robos y saqueos no podía faltar el inevitable Urdangarin como estrella invitada, porque su brillo es cegador en el firmamento de la delincuencia internacional.
 
   El 27 de agosto de 2007 el ahora abdicado, entonces en el trono, abandonó su palacio en Mallorca, en donde descansaba de su descanso habitual, para viajar a Marbella, en donde posee un palacio el príncipe saudí Salman, gobernador de Riad. Acudió con su barragana de entonces, la supuesta princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, involucrada en los pinchazos morunos para ganarse la vida decentemente (además usa otros métodos).
 
   El viaje del rey católico para visitar al príncipe moro no tenía un carácter amistoso, sino económico: pretendía sacarle 110 millones de euros para patrocinar la celebración de la Copa América, uno de esos proyectos fantasiosos ideados por el Urdangarin y la Cristina con la complicidad del Torres. Este dato debiera tenerlo muy en cuenta el juez José Castro, que ha imputado al trío y cómplices, pero no al abdicado. Lo mismo que debiera considerar importante la reunión que el tristemente célebre Urdangarin mantuvo en el mismísimo palacio de La Zarzuela, residencia oficial del abdicado cuando no está de pendoneo por ahí, con los jerifaltes valencianos del partido que se dice Popular Francisco Camps y Rita Barberá con el único objeto de tratar sobre la organización de la misma Copa.
 
   Los reyes o emires o como se llame a los tiranos de las monarquías árabes han resultado en verdad los moros amigos del abdicado. Desde 2003 ha efectuado once viajes a la zona, el último en abril y mayo de 2014. Según las crónicas periodísticas, realizó esos viajes acompañando a empresarios españoles que desean negociar en esos países enriquecidos por los ingresos del petróleo, sin importarles que no respeten los derechos humanos. ¿Qué pinta un rey entre empresarios? Nada, a no ser que actúe a comisión.
 
Negocios muy cristianos
 
   Es sabido que el dinero no tiene nacionalidad ni religión, así que el rey católico también negocia a su manera con prepotentes cristianos. Por ejemplo, con el antes poderoso caballero don José María Ruiz Mateos, numerario de la secta satánica del Opus Dei, quien confesó (y después comulgó devotamente) haber entregado al abdicado “cientos de millones de pesetas”. Durante la presidencia del presunto socialisto Felipe González, uno de los grandes amigotes del abdicado, cayó en desgracia Ruiz Mateos, se le expropiaron sus empresas y fue encerrado en una mazmorra borbónica. Como asegura un refrán, así paga el diablo a quien bien le sirve. “Tóo pal pueblo”, declaró el hermano de Juan Guerra, que era vicepresidente de ese Gobierno, pero la verdad es que al pueblo solamente nos tocó pagar, pagar y pagar, mientras los beneficios se los repartían los de siempre.
 
   De otro opulento opusdeísta financiero, Javier de la Rosa, ya se ha comentado que pasó de íntimo del abdicado a preso común. Compartió módulo carcelario con otro financiero amigote del abdicado y de su padre, Mario Conde, famoso porque le brilla más el pelo que los zapatos. Se dice que guarda una bomba de relojería, con documentación comprometedora para el abdicado, pero no se atreve a publicarla de momento por miedo a las represalias. Se conoce que espera la pronta proclamación de la República.
 
   Dos primos que de tales no tienen nada, los albertos Alcocer y Cortina, han sido juzgados por varios delitos económicos, aunque no han ido a la cárcel porque una poderosa mano los protege. El abdicado favorece a quien quiere y abandona a quien le parece. Así, al milmillonario Juan Miguel Villar Mir, con una fortuna calculada en seis mil millones de euros, le concedió en 2011 el marquesado de Villar Mir “por su destacada y dilatada trayectoria al servicio de la Corona”, con pingües beneficios mutuos, “para sí y sus sucesores”. Su sucesora hija Silvia está casada con Javier López Madrid, uno de los ruidosos amigotes del actual rey Felipe VI. En cambio, Manuel de Prado y Colón de Carvajal, intendente real y celestino, fue dejado caer en una mazmorra cuando ya no era útil en sus oficios.
 
La mordida que no cesa
 
   El expresidente de la compañía petrolera francesa Elf, acusado de fraude, manifestó ante el juez haber entregado 55 millones de euros al abdicado cuando todavía no lo estaba, como soborno para que hiciera valer su valiosa (y tanto) opinión a favor de la compañía. Se ignora si actuó por patriotismo el abdicado, aunque no parece aceptable suponerlo, cuando telefoneó al presidente mexicano Vicente Fox para interceder por la empresa hotelera española Riu, que no quería demoler los tres pisos de más construidos ilegalmente en uno de sus edificios en la turística Cancún. El tal Fox es otro pájaro de cuenta; el Congreso de su país investigó el origen de los mil millones de pesos conseguidos ilícitamente, en parte con el narcotráfico. No hace falta decir que se entendieron muy bien los dos jefes, y que los tres pisos se quedaron donde estaban.
 
   La misma incógnita se presenta al saber que el abdicado presionó al entonces jefe del Gobierno español, el inepto socialisto Rodríguez Zapatero, para que el Gobierno aprobase la entrada de la petrolera rusa LUKoil en el accionariado de Repsol: seis veces al día llegó a telefonearle. Claro que en el negocio intervenía como comisionista la famosa Corinna, con la que no sabemos qué relación prima, si la financiera o la sexual.
 
   Dedica Errazkin tres páginas a comentar los extraños manejos sucedidos con la herencia del duque de Hernani, título que el abdicado traspasó a su hermana menor Margarita, al mismo tiempo que, al parecer, se traspasaba a sí mismo la colección de 681 cuadros, de incalculable valor por ser piezas únicas de grandes pintores, reunida por el finado. Interpuesta demanda contra él por el sobrino y heredero presunto del duque, fue multado el demandante por ofensas al rey. El entonces secretario general de la Casa de Su Majestad, el general Sabino Fernández Campo, ordenó y mandó militarmente a los directores de los medios de comunicación que ignorasen el tema. El único periodista que osó incumplir la prohibición, Antonio Hernando, falleció muy accidentalmente cuando practicaba la pesca submarina, un deporte de mucho riesgo en el que era un verdadero profesional. Pero se arriesgó demasiado. Los borbones traen mala suerte.
 
   En resumen: según calcula la revista Forbes, la fortuna personal del abdicado asciende a 1.800 millones de euros. Y todos se los ha ganado él solito con su esfuerzo y su obsesión ahorradora, porque no se gasta el dinero más que en hacer regalos a sus barraganas.
 
Juego de camas
 
   Y así entramos en otro capítulo demoledor para el juicio que el abdicado merecerá a los historiadores de su reinado. Probablemente será conocido en los tratados de historia con el sobrenombre de El Putañero. Este asunto no debiera importar más que a su resignada cónyuge, Sofía Pasaportodo, si no fuera porque nos ha costado muchos millones de pesetas y euros a los vasallos, unos dilapidados en regalos a las concubinas, y otros gastados en sobornos para que las mismas depusieran sus amenazas de chantaje.
 
   Según relata Andrew Morton en su bien documentado ensayo Ladies of Spain (Madrid, La Esfera de los Libros, 2013), inexplicablemente traducido al castellano dejando su título original en inglés, el abdicado disfrutó a lo largo de su crapuloso reinado de un harén de mil quinientas rameras sucesivas, cifra que ni los tiranos árabes pueden igualar. Como se entere un tal cardenal electo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, va a excomulgar al poliadúltero, aunque es posible que no se entere, y de esa manera se evitará los problemas derivados de topar con la realeza.
 
   Tampoco su tatarabuela la reina Isabel II gozó de tal número de amantes, a pesar de estar considerada la mayor golfa de la historia de España. Lo fue  tanto que los militares de su tiempo organizaron la Gloriosa Revolución en setiembre de 1868 y la expulsaron a Francia. Aquellos militares defendían la honra de España, porque pertenecían al pueblo.
 
   Hemos tenido que comprar las cursis y ridículas cartas que el abdicado escribió a Olghina di Robilant, una condesa italiana tan aprovechada que después de venderlas las publicó en Italia y en España. Los lacayos del entonces rey ignoraban que existen fotocopiadoras. Asegura que comparte a su hija Paola con el abdicado, pero la muchacha no ha reclamado una pensión hasta ahora. Quizá le avergüence tener ese padre y prefiera olvidarlo.
   En cambio, los que sí reclaman una prueba de paternidad al abdicado son Albert Solà e Ingrid Sartiau. Se han hecho un análisis de ADN con el resultado de tener un progenitor común, que no pueden ser las respectivas madres que los parieron en países distintos. El abdicado se niega a rebajarse hasta el punto de consentirlo. Según el citado exagente del CESID Arnáu de la Nuez, se le conocen al menos cinco hijos bastardos. Con mil y quinientas odaliscas a su servicio no son muchos bastardos. Seguramente aparecerán más. Preparemos la cartera, el que todavía la tenga.
 
De esos polvos salen estos fondos
 
   La barragana que nos ha costado más cara, por ser la más cuca, se llama Margarita García, pero atiende por al alias artístico de Bárbara Rey, muy adecuado. Se la celestineó el entonces presidente Adolfo Suárez, que deseaba contar con una espía adicta en la cama real, y él perdió la cabeza (en sentido figurado, no en la guillotina hasta ahora). Pero ella decidió montar su propio negocio, así que grabó en vídeo los saltos del tigre que hacía su amante, y las conversaciones políticas que le sonsacaba. Los borbones se consideran tan intocables que no toman ninguna precaución para sus aventuras sexuales extramatrimoniales, al parecer ni siquiera utilizan preservativo, y por ello después pasa lo que pasa, para beneficio de barraganas y bastardos. Ellos son irresponsables, y además pagamos los vasallos.
 
   Los vídeos, según se cuenta en los mentideros, parecen una versión íntegra no censurada de La Bella y la Bestia. Para que no los exhibiera en un cine porno, a la apodada Bárbara, que lo es, hubo que pagarle una pensión mensual, a cargo de los fondos reservados del Ministerio de la Presidencia, que según se comenta en los citados suma dieciocho millones de pesetas, y por fin comprarle el material gráfico, más bien pornográfico, se dice que por cuatro millones de dólares, aunque autores hay que multiplican esas cifras. Una cuidada documentación se encuentra en el ensayo Un rey golpe a golpe (Navarra, Miatren–-Kalegorria, 2001) firmado por Patricia Sverlo, seudónimo empleado por Rebeca Quintáns para evitarse las complicaciones judiciales inherentes a quienes escriben sobre la familia irreal. Los vasallos pagamos las diversiones de los reyes. Para eso estamos.
 
   Sin embargo, no todas las barraganas han tenido tanta suerte. Por ejemplo, la actriz porno Sandra Mozarowsky, hija de padre ruso, que tras su aventura con el entonces rey murió defenestrada el 14 de setiembre de 1977, a los 18 años; se dice en esos mentideros siempre bien informados que se hallaba embarazada, aunque no se explica de quién.
 
   También era ruso el padre de otra actriz porno, conocida como Nadiuska porque su nombre es impronunciable en castellano; la casaron con un chatarrero, matrimonio de conveniencia después anulado, y ahora a sus 62 años está internada en un sanatorio porque padece esquizofrenia, según dice el diagnóstico médico. No es para menos.
 
   Y dejemos aquí el relato, porque para recordar a las mil y quinientas se  necesita un volumen como los del Espasa. Está claro que el abdicado padece el síndrome de la incontinencia sexual, característico de la dinastía borbónica, en hombres y mujeres. La única mujer que no soporta es la legítima esposa, quizá porque sea alérgico a todo lo legal. Según cotilleo del general Sabino Fernández Campo, testigo presencial, llegó a tirarle un plato a la cara durante una discusión mantenida en la mesa. Y tiene buena puntería el abdicado, o al menos la tenía en sus buenos años, puesto que en sus últimos discursos reales quedó demostrado que ya no ve tres en un elefante.
 
Caza mayor, caída superior
 
   Debido a ello se cayó por las escaleras al salir de una habitación a las cuatro de la madrugada del 13 de abril de 2012 en Botsuana, adonde acudió para cazar elefantes, acompañado por su última barragana, la apuesta supuesta princesa Corinna. Entre que no ve y que la noche africana es negra, y que a saber lo que estuvo haciendo, se pegó un traspiés mayestático y se fracturó la cadera derecha en tres tristes trozos. Después declaró urbi et orbi que se había equivocado, y prometió que no repetiría tales aventuras. Las cinegéticas, quería decir, no las eróticas, porque a la Corinna le puso un chalé con criados, conductores y guardaespaldas, a costa de los fondos reservados, como es natural. De cacería era preferible que no saliera, en beneficio de los guías y ojeadores, más aún que de los elefantes.
 
   La afición por matar animales tiene antiguas raíces en el ahora abdicado, que al dejarse llevar por ella demuestra su desprecio total por la conservación de la naturaleza y de la fauna. Según confidencia de su amigo Juan José Macaya, cuando el abdicado era niño se entretenía matando gallinas, así como otros juegan a las canicas. Y de mayor mantuvo la afición, con animales de mayor envergadura. Por eso el 28 de febrero de 2004 mató un gran ejemplar de bisonte europeo, especie en extinción, en una reserva natural en Polonia. Entre el 8 y el 10 de octubre del mismo año mató diez osos y un lobo e hirió a otros varios en Covasna (Rumanía); se trataba de la especie de ursus arctos, protegida por la Convención de Berna de 2001. Protegida, pero no de reyes valientes que no le temen a nada. A nada legal.
 
   El oso más famoso de cuantos ha matado tenía nombre propio, Mitrofán. Se lo prepararon en agosto de 2006 en Vologda (Rusia), emborrachándolo con miel y vodka, para que su real persona no estuviera en peligro nunca, que él es valiente, pero precavido. Lo denunció un guarda forestal en carta publicada en un periódico ruso. A un periódico vasco, Deia, publicar la noticia le costó una denuncia por “injurias al rey”.
 
   Para exhibir adecuadamente sus trofeos venatorios, el entonces rey se hizo construir un pabellón de caza en terrenos de El Pardo, entre 2007 y 2009. Costó 3,4 millones de euros, pagados por el Patrimonio Nazional, que es patrimonio borbónico. A lo único que tenemos acceso los vasallos es a pagar los costes de las diversiones reales. Nos lo merecemos. Y menos mal que no tuvo la ocurrencia de cazarnos a nosotros.
 
El mayor delincuente
 
   Errazkin aborda otros temas en Juan Carlos, un rey con antecedentes, como la muerte por disparo de Alfonso de Borbón cuando jugaba con su hermano Juan Carlos y con una pistola, propiedad del superviviente, asunto polémico porque el padre de ambos prohibió que se hiciera la autopsia al cadáver, como es reglamentario en los casos de muertes no naturales. El asunto ha dado pie a muchas cábalas y cavilaciones.
 
   Asimismo cita lo que cuenta Arnáu de la Nuez, respecto a la participación del abdicado en reuniones conspiratorias con varios jefes militares y seis civiles, en un piso de la madrileña calle del General Cabrera, en las semanas previas al histórico 23 de febrero de 1981. Se ignora, aunque se sospeche, quién era el “elefante blanco” aquel día. Le gustan tanto los elefantes al abdicado que algunos piensan en él, sin ninguna prueba, claro es. También sobre esta cuestión existe abundante bibliografía a disposición de los incrédulos en los informes oficiales.
 
   Y por todo lo dicho y lo demás que se encuentra en el ensayo, puede calificarse a Juan Carlos de Borbón como el mayor delincuente de España, y tal vez de Europa; de otros continentes no se debe apostar. Y éste es el modelo que se propone seguir su hijo y sucesor Felipe VI, quien además ha aportado a la dinastía a una mujer con pasado borrascoso por vicioso, que tiene ahora mismo a su padre, su tía y su abuelita encausados en un Juzgado asturiano, una broma pesada para los otrora príncipes de Asturias. Esta familia irreal no se priva de nada, porque el pueblo lo soporta todo.
 
   Comprueben lo documentado que está el ensayo, leyéndolo antes de que lo secuestren. Y repitan como los revolucionarios de 1868: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!
 
Autor: Arturo del Villar, a propósito del ensayo de Iñaki Errazkin Juan Carlos, un rey con antecedentes
 
Fuente: http://fresdeval.blogspot.com.es/2015/01/el-mayor-delincuente-de-espana.html

martes, 21 de abril de 2015

VERSAILLES, 1784: El Escándalo del Collar de la Reina

EL ASUNTO DEL COLLAR DE LA REINA
 
 

La Estafa del Siglo

Nicolas de La Motte, escudero, servía, sin entusiasmo, como gendarme del Rey en la Compañía de los Borgoñones acuartelados en Bar-sur-Aube (Lorena) y, a favor de una declaración jurada, pudo atribuirse el título de conde. Un poco torpe, sus camaradas le apodaban "Momotte" sin que éste se molestase, pero era brillante en sociedad. Es en los círculos mundanos que se cruzó con la señorita Jeanne de Valois de Saint-Rémy, con la cual acabaría casándose. Ésta venía de más abajo pero remontaba, genealógicamente hablando, de más arriba. Sacada, gracias a la marquesa de Bougainvilliers, gran dama estimada por los Rohan, de la más negra miseria, tenía en su poder dos bazas: una audacia prodigiosa y orígenes fuera de lo común. Descendía directamente y por los varones, del rey Enrique II de Francia y de Nicole de Savigny. El autor de su linaje, Enrique I de Saint-Rémy apodado "Henri-Monsieur" (Enrique-Señor), fue legitimado y reconocido por su padre. Durante mucho tiempo, la familia había contraído honorables matrimonios hasta que Jacques II de Saint-Rémy hizo un estúpido enlace, vendió sus tierras, se hizo echar a la calle por su esposa y falleció en un hospital de la beneficencia mientras su mujer trabajaba para un "macarra" sardo y enviaba a su hija mendigar por las calles.

 
Grabado representando a Jeanne de Valois de Saint-Rémi, Condesa de La Motte (1756-1791), el "cerebro" de una estafa inaudita.

Paradójicamente, un tío, Jacques I de Saint-Rémy, había servido honorablemente en la Marina Real, acabando como teniente de navío y al mando de la fragata "La Surveillante", y condecorado con la cruz de la Orden de San-Luis. Reconocido por el Sr. de La Garde d'Hozier, genealogista de la Corte, era saludado con el título y nombre de Barón de Valois, y acababa de fallecer en la Isla de Francia el 9 de mayo de 1785.

Tres meses antes del escándalo, la Condesa de La Motte vivía de pequeños socorros y, simulando un desmayo en presencia de Madame Elisabeth, hermana menor del rey Luis XVI, se había hecho conceder una pensión por la joven princesa.

 
Retrato del Cardenal-Príncipe Louis René Edouard de Rohan-Guéméné (1734-1803), la "víctima" de la monumental estafa de la Condesa de La Motte.


Presentada al cardenal-príncipe de Rohan, había conseguido hacerle creer que estaba en el favor de la reina Maria-Antonieta. Si éste se muestra habitualmente muy perspicaz, atestigua de una increíble ingenuidad cuando se le mantiene en una loca esperanza. Es gracias a esa debilidad que la condesa tiene en sus garras al cardenal; se hace pasar por emisaria de la reina, falsifica cartas a nombre de ésta, escritas por su amante Marc-Antoine Rétaux de Villette, antiguo gendarme, y pide pequeños préstamos que el feliz depositario de los embarazos financieros de la reina de Francia se compromete en dar a pesar de una posición pecuniaria harto comprometida por sus onerosas obras en el Palacio de Saverne, su contribución a la extinción del descalabro financiero de su hermano el Príncipe de Rohan-Guéméné y a sus numerosas liberalidades. Pero, cuando el cardenal solicita una audiencia con la reina, la condesa debe organizar toda una comedia para que no se descubran sus mentiras: contrata a una prostituta que hace la carrera en los Jardines del Palais-Royal, Marie-Nicole Leguay, conocida por su nombre de guerra de "Señorita de Signy", y que bautiza con el título de Baronesa de Oliva, anagrama del apellido Valois. La joven prostituta ignorará hasta el juicio el papel que interpretó como "Maria-Antonieta" a cuenta de una pseudo-condesa, cerebro de una estafa tan magistral como baja. Hasta el final creerá haberse doblegado ante la voluntad de la reina porque la condesa le había asegurado que ésta estaría detrás de ella durante la entrevista secreta con Monseñor de Rohan, en un bosquejo del parque de Versailles, la noche del 11 de agosto de 1784.



Lo que sucede entonces se maneja con una inusitada simplicidad. El cardenal recibe una carta de la reina Maria-Antonieta pidiéndole que sirva de intermediario en la compra de un collar de los joyeros Böhmer y Bassenge, con un precio estimado a 1.600.000 libras a pagar en un plazo de dos años con un pago inicial de 400.000 libras.

A la fecha prevista, el 1 de febrero de 1785, los señores Böhmer y Bassenge traen el famoso collar de la Reina al parisiense palacio de Rohan-Strasbourg, y la Eminencia les muestra entonces el contrato con la firma "Maria-Antonieta de Francia" (totalmente falsa por cierto). El cardenal de Rohan irá personalmente a entregar a la Condesa de La Motte-Valois el collar y, ésta, a su vez, lo remitirá ante él a un tal Desclaux, que no es más ni menos que su amante Rétaux de Villette haciéndose pasar por un agregado a la cámara y a la música de la Reina.

El 12 de febrero, un joyero parisino llamado Adam, se presenta ante el inspector de policía del barrio de Montmartre, el Señor de Brugnières, con la intención de señalarle que un tal Sr. Rétaux de Villette le ha propuesto comprar diamantes a precios demasiado bajos para que no se sospeche de dónde proceden éstos. Pesquisas e interrogatorios se suceden. La policía vigila a la condesa de La Motte-Valois pero, como no se hace eco de ninguna denuncia por robo, el asunto se queda estancado. El susto le proporciona a la condesa una buena lección y ésta manda a su marido en Inglaterra para deshacerse de la mayoría de las piedras. En cuanto al resto, es el amante quien, una vez en Holanda, tendrá que venderlo. Con el beneficio de esas ventas, los condes de La Motte-Valois van a Bar-sur-Aube, para vivir como sátrapas.

Lo que acontece entonces es conocido de todos: el cardenal de Rohan se presenta en la Plaza de Vendôme y se limita a pagar los intereses de la deuda adquirida con los joyeros, cantidad que asciende a 35.000 libras, a la vez que enseña una supuesta carta de la Reina comprometiéndose a efectuar el pago de 700.000 libras; los joyeros disimulan mal su contrariedad ya que ellos mismos deben una fortuna al Sr. Boudard de Saint-James, tesorero de la Marina Real de Francia. Al día siguiente, Bassenge, convocado por la Condesa de La Motte-Valois, oirá de sus labios:

-"Os han engañado, el escrito de la garantía que posee el cardenal lleva una firma falsa, pero el príncipe es lo bastante rico, él os pagará!"

He aquí un golpe magistral de los estafadores que, por medio de esa denuncia, pretenden forzar al cardenal de Rohan a querer acallar el escándalo que podría estallar al dejarse engañar por una aventurera, y apremiarse en pagar a los joyeros para mantener el silencio sobre toda la estafa de la cual acababa de ser víctima y que le habría desacreditado.

Sin embargo, el asunto no toma la dirección esperada por los La Motte-Valois y el cardenal persiste, ante Böhmer y Bassenge, en su afirmación que tiene en su poder cartas de la Reina en las que ella le encargó de hacer de intermediario secreto para la compra del famoso collar. Puesto que el dinero no llega, los joyeros llevan su denuncia ante la Justicia y "el Asunto del Cardenal de Rohan" se convierte rápidamente en "el Asunto del Collar de la Reina"...

Tras presentar la pertinente denuncia ante la Justicia, y a la excepción del Conde de La Motte, todos los cómplices son inmediatamente apresados, el Cardenal de Rohan incluído, que también es encerrado en una celda aunque con mucha más comodidad que los demás.

La instrucción del caso será larga y delicada. El lunes 29 de mayo de 1786, los cautivos son llevados a La Conciergerie y comparecen el 30 ante la Cámara Alta. El procurador general del Rey, Omer Joly de Fleury, hermano del efímero controlador general de Finanzas, reclama para el conde de La Motte una ejemplar condena, para Rétaux de Villette las galeras (eso es, cadena perpétua), para la condesa de La Motte-Valois, el látigo, la marca con hierro candente sobre los hombros y el encierro de por vida en la cárcel de La Salpêtrière (cárcel de mujeres). En cuanto hacia Su Eminencia el Cardenal-Príncipe de Rohan-Guéméné, apenas se muestra más tierno: tendrá que arrepentirse y pedir el perdón real, siendo de igual modo condenado a dimitir de todos sus cargos, a dar limosna a los pobres y a mantenerse de por vida alejado de las residencias reales y, finalmente, a guardar prisión hasta la ejecución de la sentencia. Ahí, en ese punto, el abogado general Antoine Séguier, tumultuoso galicano, no habiendo sido previamente informado de las conclusiones del procurador general, osa replicarle con virulencia y se ve respondido con una hiriente réplica en plena cara:

-"Vuestra cólera, señor, no me sorprende en absoluto. Un hombre dedicando su vida al libertinaje como usted, debía necesariamente defender la causa del cardenal!"

Los acusados desfilan uno detrás de otro. La falta de vergüenza de la condesa de La Motte-Valois irá hasta provocar la indignación entre los magistrados más críticos contra la Reina, por sus infames declaraciones implicando a la soberana y al príncipe.

La aparición del cardenal que es, recordemoslo, Gran Limosnero de Francia, en gran vestido violeta, color de duelo de los príncipes de la Iglesia Romana, levanta una ola de respeto hasta entre los presidentes, que se incorporan para responder a sus saludos. Su Eminencia ha comprendido cual es la extensión del escándalo y medido sus consecuencias políticas tras haber largamente meditado sobre su inconsecuencia.

Marie-Nicole Leguay, alias "la Baronesa de Oliva" o "Mademoiselle de Signy", que acaba de dar a luz a un niño en su celda de La Bastilla, debe dar el pecho al recién nacido en presencia de la corte de Justicia. El padre es un honorable gentilhombre que responde al nombre de Sr. de Beausire, y que cumplirá con ella desposándola y reconociendo al niño poco después. Interrogada, contesta con lloros, se disculpa, realiza cual es el asunto en el que se halla implicada, aunque no habiendo sido más que un peón. Un sentimiento de ternura se apodera de los magistrados.

Llega finalmente, vestido con un traje de tafetán verde realzado de oro, los cabellos trenzados desde el occipital hasta los hombros, el famosísimo Conde de Cagliostro, más charlatán que conde, protegido del cardenal y oscuro aventurero. Provoca una serie de carcajadas entre los jueces mezclando su jerga de griego, latín e italiano, acompañando con gestos su viva manera, por lo menos inesperada, de defenderse de las acusaciones que pesan sobre él.

El miércoles 31 de mayo de 1786, la corte judicial emite su veredicto: Jeanne de Valois de Saint-Rémy, Condesa de La Motte-Valois, escapa por los pelos de la pena capital, aunque es condenada a ser marcada al rojo vivo con la letra "V" de ladrona (en francés, ladrona es => Voleuse) en ambos hombros, tras haber sido públicamente sometida al centenar de latigazos, y a la expiación ad vitam de su crimen en la cárcel de La Salpêtrière.

El marido, el Conde Nicolas de La Motte, tranquilamente escondido en Inglaterra, debía ser conducido a galeras.

Marc-Antoine Rétaux de Villette es simplemente expulsado de por vida del reino de Francia.

Marie-Nicole Leguay, pronto Señora de Beausire, reina de una noche, será exculpada, así como el Conde Giuseppe de Cagliostro, que será liberado pero, por orden del rey, será finalmente expulsado de Francia como persona non grata.

Para Su Eminencia, Monseñor el Cardenal-Príncipe Louis René Edouard de Rohan, obispo titular de Estrasburgo y de Canope, Gran Limosnero de Francia, Abad de Waast, de Marmoutiers y de La Chaise-Dieu, que pertenece a una de las primerísimas familias del Reino, es igualmente exculpado de toda acusación a pesar de su credulidad y de la temeraria opinión que se había hecho de la Reina, sin ser duramente reprendido, por 26 votos contra 22.

París estalla de júbilo ante la noticia, mientras que en Versailles el rey Luis XVI recibe la noticia indignado y encolerizado. A pesar de ser exculpado, el cardenal se verá, a la salida de La Bastilla, obligado a dar su dimisión de Gran Limosnero, de devolver la cinta azul de la Orden del Espíritu Santo y de retirarse, a partir del 8 de junio, en su abadía de La Chaise-Dieu pero por poco tiempo. De allí conseguirá los sucesivos permisos para trasladarse a Marmoutiers, a Estrasburgo y a Saverne, pero arrastrando su compromiso de indemnizar a los joyeros estafados Böhmer y Bassenge.

Sola, Jeanne de Valois de Saint-Rémy pagará caro su crimen: el 21 de junio de 1786, aún ignora que se le ha condenado, pero despotrica contra la exculpación del cardenal; sacada de La Conciergerie y llevada hasta las escaleras del Palacio de Justicia, la condenada rehusa arrodillarse para oír su sentencia, debatiéndose, injuriando y mordiendo a los ejecutores, haciendo llamamientos a los escasos espectadores. Convulsa de rabia y de terror, araña y propina puñetazos a diestro y siniestro,... con la cuerda en el cuello, es marcada con la primera "V" en un hombro, pero se encabrita con tal violencia bajo el efecto del dolor, que la segunda "V" le es aplicado en un seno. Las quemaduras producen su desmayo. Llevada a la cárcel de La Salpêtrière, la malhechora intenta en vano escaparse por la ventanilla de la puerta del carruaje.

Seis meses más tarde, la más famosa ladrona y estafadora de Europa, consigue evadirse de la cárcel, a pesar de la extrema vigilancia. Ayudada por una mano misteriosa, véanse varias, había salido de la cárcel vestida de hombre y en compañía de otra detenida, llegando por etapas hasta la ciudad de Ostende. Se reuniría finalmente en Londres con su marido, para retomar con más ahinco si cabe su carrera de ladrona.

Nuestra protagonista acabaría su vida del mismo modo que la empezó, en la más absoluta miseria, encarcelada, sin dinero, en una pestilente celda inglesa donde se pudriría hasta morir a la edad de 35 años (1791).

domingo, 18 de enero de 2015

MARY DE TECK, loca por las joyas ajenas


MARY DE TECK & LAS JOYAS RUSAS

 


 

Un turbio asunto de estafa familiar en Buckingham Palace

La reina Mary de Teck (1867-1953), consorte del rey Jorge V de Gran-Bretaña e Irlanda, tuvo una infancia marcada por grandes carencias pecuniarias gracias a un padre frívolo y a una madre manirrota que dilapidaron su fortuna.

De aquellos años como "pariente pobre" del Gotha Europeo, la reina Mary había adquirido una fobia enfermiza a la pobreza. Incluso casada con Jorge V, su nuevo estatus de reina consorte y la fortuna de aquél no consiguieron vencer su miedo. Para ella, todos los medios eran válidos con tal de hacerse aún más rica y, a ese comportamiento obsesivo se unió una cualidad muy fea: la racanería.

A lo largo de su vida como soberana consorte, se dedicó a acumular todo tipo de tesoros que pudiesen salvaguardarla de la pobreza: servicios de plata, cuadros, obras de arte y, sobretodo, joyas.

Cuando en muchas ocasiones era recibida por las familias de la rancia aristocracia británica, éstos se veían en la obligación de esconder todos los objetos valiosos que pudieran atraer su atención o provocar su admiración. Y es que ya estaba en boca de toda la alta sociedad el estiloso modo que tenía la reina Mary para conseguir que, aquello que le agradaba, le fuera ofrecido amablemente. Sabía cómo hacerse con cuadros, joyas u objetos: se pasmaba, se extasiaba de tal manera que sus propietarios, entre presionados y queriendo congraciarse a la reina, se veían casi obligados a regalárselos.


Las Joyas Rusas & la Reina Cleptómana

 

A la muerte de la Emperatriz Viuda Maria Feodorovna de Rusia (1928), su importante colección de joyas fue puesta en venta por sus hijas las grandes duquesas Xenia y Olga Aleksandrovna. Éstas, que tenían la reputación de no saberse manejar muy bien en los negocios, cometieron el craso error de dejar que la reina Mary se ofreciese, como quien no quiere la cosa, de intermediaria en las transacciones.

Una estimación de 350,000 Libras Esterlinas fue presentada por entonces, pero el resultado que habría permitido a las dos hermanas vivir holgadamente hasta el final de sus vidas no pareció concretarse. Tan solo se les dio un tercio de la cantidad estimada!

Ante la extrañeza de las grandes duquesas en el momento de percibir la irrisoria suma de dinero, la reina Mary les explicó que la venta de las alhajas había ido mal.

Tras el deceso de la reina Mary en 1953, el grueso de sus joyas personales fueron legadas a su nieta la reina Elizabeth II, su principal heredera. Otras pocas fueron a parar a la hermana de la soberana, la Princesa Margaret, Condesa de Snowdon que, posteriormente fueron vendidas por sus hijos tras su fallecimiento.

Al producirse la muerte de la gran duquesa Olga de Rusia (1960), sus hijos descubrieron finalmente la verdad. La reina Mary de Teck había metido mano en aquellas suntuosas alhajas imperiales y escogido las piezas que más le gustaban. Dicho de otro modo, la esposa de Jorge V se había servido y apropiado indebidamente de aquellas alhajas sin desembolsar un solo penique!

 
 

Entre aquel botín que representaban las alhajas de la penúltima zarina de Todas las Rusias, destacaba una hermosa diadema de diamantes y perlas que había pertenecido a la gran duquesa Maria Pavlovna (1854-1920), esposa del gran duque Vladimir de Rusia, nacida princesa de Mecklenburg-Schwerin.

Tihon y Guri Kulikovsky, los hijos de la gran duquesa Olga que descubrieron el pastel, no se quedaron de brazos cruzados y se dirigieron directamente a la reina Elizabeth II para que saldara la deuda de su abuela cleptómana.



Tras consultar con sus abogados, Elizabeth II satisfizo rápidamente la cuantía exigida por los hijos de la gran duquesa estafada.

Habían pasado 33 años desde la defunción de la gran duquesa Olga, pero Elizabeth II no quería separarse de su diadema preferida, y prefirió pagar las alhajas al precio actualizado antes que devolverla a sus hijos.