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jueves, 16 de abril de 2015

LA MARCA HISPÁNICA NUNCA EXISTIÓ


LA MARCA HISPÁNICA NUNCA EXISTIÓ



Me atrevo a sostener la afirmación del título a sabiendas de que a la mayoría de lectores les pueda parecer, a bote pronto, osada o absurda. De hecho, que mucha gente tenga este tipo de reacción es de lo más normal, si se tiene en cuenta que buena parte de historiografía no duda en utilizar la expresión "Marca Hispánica". Con esta locución se nombra la frontera militar que el imperio franco poseía frente Al-Ándalus, en la parte sur de los Pirineos desde finales del siglo VIII, hasta la disolución de la misma, a partir de la disgregación del territorio en diversos condados independientes del poder franco. A grandes trazos, esta sería una definición concordante con la que ofrecen gran cantidad de historiadores en sus obras, así como con las que aparece en los libros de texto de secundaria, pudiéndose añadir, además, que varios autores todavía sostienen que la citada marca no sólo fue una frontera militar, sino también una entidad político-administrativa supracondal [1], aun cuando historiadores como José Antonio Maravall hace mucho dejaran bien claro que esta conceptualización era errónea [2].

Pero que no fuese una entidad político-administrativa resulta insuficiente para afirmar que no existió la Marca Hispánica. Al menos, debe haber existido como nombre geográfico de la parte septentrional del conjunto territorial, que en el siglo XII fue denominado con el topónimo "Cataluña", especialmente, después de que se haya repetido y se repita en incontables publicaciones, ¿no les parece? Pues no, no fue así o, no del todo así. Me explico:

Entre los años 780 y 801 de nuestra era, el predicho espacio fue arrebatado a los musulmanes andalusís por tropas cristianas francas, siendo políticamente organizado en condados (Barcelona, Gerona, Osona, Pallars, Ribagorza, Urgel, Cerdaña, Ampurias y Rosellón), como el resto del Imperio de Carlomagno. Estos dominios eran gobernados por condes, en su mayoría, nobles godos nativos del territorio fronterizo con el Al-Andalus, como funcionarios representantes de la autoridad del soberano franco. Los historiadores que han investigado la documentación del periodo sostienen que entre los siglos IX y X, tanto la Corona como los autóctonos del territorio que nos ocupa se refirieron al conjunto de condados con los nombres de "Hispania" o de "Gotia", pero no con el de "Marca Hispánica", si bien el concepto existió.

El uso del término "Hispania" era lógico, puesto que tanto los francos como los indígenas estaban de acuerdo en la pertenencia de aquellos condados a la península ibérica, conocida en la época como tierra de Hispania, por influencia de la tradición romanogoda. Con todo, desde el siglo noveno, para el conjunto de la sociedad –exceptuando a la Iglesia– esta palabra fue adquiriendo paulatinamente un significado alternativo, que identificó Hispania con Al-Andalus [3]. No fue hasta el siglo XII que, en los condados –ya catalanes–, los laicos recuperaron la identificación de Hispania (España, en vernáculo) como marco geográfico en cuyo noreste se encontraban ubicadas la tierra y la comunidad política que respondían al nombre de "Cataluña", significado que se consolidó como mayoritario en la siguiente centuria, sin que por ello la palabra "España" dejara de utilizarse como identificador de las tierras ibéricas musulmanas, por lo menos, hasta inicios del siglo XIV. A la vez, en las tres últimas centurias medievales, "España" también era empleada en el dominio catalán para denominar las tierras de los reyes de Castilla y León, siendo sus habitantes calificados de "españoles", diferenciándose así de los catalanes, a pesar de que, como hemos dicho, estos últimos ubicaran territorialmente Cataluña en España. Sin embargo, no fue este un significado mayoritario, ya que, debido al éxito bajomedieval de la identificación de España con la península, fue entre los catalanes más común denominar a los castellanoleoneses con la palabra "castellanos" que no "españoles", distinguiéndolos así del resto de pueblos hispanos: portugueses, navarros, aragoneses, sarracenos, incluso de los propios catalanes a partir del siglo XVI [4].

En cuanto al término "Gotia", hay que decir que a lo largo del siglo IX se aplicó al territorio que ocupaban los diversos condados de la Septimania y del nordeste de la Tarraconense, ubicados en el espacio existente entre los ríos Ródano y Llobregat. El nombre respondía al hecho de que en aquel territorio –antaño perteneciente al reino visigodo de Hispania– se concentraba el mayor número de godos dentro de los dominios del rey franco occidental. Por este motivo, fue utilizado tanto por los soberanos francos como por los habitantes del territorio, en un sentido mucho más étnico-territorial que político-administrativo. Así mismo, en diversas ocasiones, sólo denominó la vertiente austral de los Pirineos, siendo sinónimo de "Hispania", como patentizan las palabras del rey franco Carlos III el Simple: <<In omni regno nostro Goticae sive Hipaniae>> [5] (en todo nuestro reino de Gotia o Hispania). A pesar de esto, como señaló Abadal, esta equivalencia tampoco se producía siempre, puesto que los habitantes de los condados se denominaban a sí mismos gothi, mientras que la palabra hispani la reservaron para aquellos que huían del Al-Andalus, tierra que, como ya hemos indicado, a partir de la segunda mitad de la décima centuria, fue la única que los godos de la futura Cataluña nombraron con el término "Hispania" [6]. Según explica el medievalista Michel Zimmermann, el nombre "Gotia" cayó en desuso durante buena parte del siglo X [7], seguramente, debido a que, ya desde finales del anterior, se estaba originando un claro proceso de consolidación política y socioeconómica de las estructuras condales, cada vez más autónomas del poder franco [8], para ser recuperado de forma efímera y con un cariz reivindicativo de soberanía o potestad por el conde barcelonés y urgelés Borrell II, en las últimas décadas del siglo X. Podría extenderme más en la explicación de este concepto, perturbadoramente obviado por la mayor parte de la historiografía, pero el limitado espacio de un texto de estas características me invita a dedicarle, en exclusiva, un futuro artículo.

Llegados a este punto, sólo nos queda preguntarnos por la locución "Marca Hispánica".

Históricamente, el concepto "Marca Hispánica", es decir, límite o frontera con Hispania, fue un cultismo escasamente utilizado –¡ojo! Sólo hallado documentalmente en quince ocasiones– [9] por algunos autores de anales francos, durante un breve periodo del siglo IX, iniciado el año 821 y finalizado en el 850 [10], restando totalmente ausente tanto en la documentación oficial franca y goda como en el ámbito popular [11]. Se nos hace bastante evidente que estos analistas francos encontraran útil crear un término que unificara e hiciera periférica una realidad plural que les era bastante ajena, ya que la visión que ofrecían no se correspondía con el territorio políticamente dividido de los condados sur-pirenaicos, cuyos habitantes no la emplearon, porque entre el siglo VIII y medios del X, nunca consideraron que vivían en la frontera carolingia con Hispania, es decir, fuera de Hispania, sino que formaban parte del territorio hispano bajo dominio carolingio [12].

Durante varias centurias, esta locución permaneció en el olvido [13] hasta que fue recuperada en la Alta Edad Moderna por autores catalanes como Francesc Calça o Andreu Bosch. No obstante, el auténtico impulso lo recibió de manos de Pèire de Marca, visitador general de la Monarquía de Francia en el Principado de Cataluña durante la Guerra de los Segadores. Por tanto, a partir de la decimoséptima centuria, el término se ha ido generalizando, hecho al que hay que sumar que en los siglos XIX, XX y XXI, la historiografía ha tendido a dotar este concepto de ficticios contenidos presentistas, que han nutrido discursos historicistas contrapuestos, como destaca Flocel Sabaté. Así, por un lado, se ha considerado que la Marca Hispánica fue un ente jurídico, polítoco-territorial, administrativo, unitario y real, en que entre los siglos VIII y XII, se forjó la identidad nacional catalana. Mientras que, por otro, se ha vendido que el concepto de "Marca Hispánica" respondía a la conciencia de españolidad de sus habitantes, debido a la existencia de la ancestral nación española [14].

De bien poco parece haber servido el hecho de que Abadal constatara que era un cultismo ocasional y totalmente ajeno al territorio al que se refiere [15], que Ferran Soldevila lo eliminase en la revisión de su historia de Cataluña [16], que Zimmermann expusiese cuál fue la auténtica terminología histórica, que Pierre Vilar afirmase rotundamente que la Marca Hispánica nunca ha existido [17] o que otros autores como Sabaté hayan explicado todo esto en más de una ocasión. La locución permanece omnipresente, porque la historiografía, poco preocupada en muchas ocasiones por la recuperación del vocabulario histórico, todavía fomenta la divulgación de esta pretérita Marca Hispánica, cuando, en realidad, fuera del mundo cronístico e historiográfico, nunca existió tal cosa.

Cristian Palomo, Licenciado en Historia.



[1] Véanse unos cuantos ejemplos en SABATÉ, Flocel. El nacimiento de Cataluña. Mito y realidad. En: A.A.V.V. Fundamentos medievales de los particularismos hispánicos. IX Congreso de Estudios Medievales. León, 2003, Ávila: Fundación Sánchez Albornoz, 2005, p. 221-276. Concretamente, en la p. 274.
[2] MARAVALL, José Antonio. El concepto de España de la Edad Media. Madrid, 1954, p. 154.
[3] ZIMMERMANN, Michel. En els orígens de Catalunya: emancipació política i afirmació cultural. Barcelona: Edicions 62, 1989, p. 16-18 y 35-36; y SABATÉ, Flocel. El nacimiento de Cataluña… op. cit. p. 228.
[4] SABATÉ, Flocel. El Territori de la Catalunya medieval: percepció de l’espai i divisió territorial al llarg de l’edat mitjana. Barcelona: Rafael Dalmau, 1997, p. 360-367.
[5] ZIMMERMANN, Michel. En els orígens de Catalunya… op. cit. p. 22 y 170, nota 49.
[6] SALRACH, Josep Maria. Els Hispani: emigrants hispanogots a Europa (segles VIII-X). En: Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, núm. XX (2009), p. 31-50. Concretamente, en la p. 34.
[7] ZIMMERMANN, Michel. En els orígens de Catalunya… op. cit. p. 29.
[8] SABATÉ, Flocel. < [9] Ibídem, p. 272.
[10] ZIMMERMANN, Michel. En els orígens de Catalunya… op. cit. p. 19.
[11] ABADAL, Ramon d’. Nota sobre la locución "Marca Hispánica". En: Boletín de la Real Academia de Buenas letras de Barcelona, núm. XXVII (1957-1958), p. 157-164.
[12] ZIMMERMANN, Michel. En els orígens de Catalunya… op. cit. p. 18-20; y BOLÒS Jordi, Diccionari de la Catalunya medieval: segles VI-XV. Barcelona: Edicions 62, 2000, p. 164- 165.
[13] SALRACH, Josep Maria. Els Hispani… op. cit. p. 33.
[14] SABATÉ, Flocel. La construcción ideológica del nacimiento unitario de Cataluña. En: VAL VALDIVIESO, María Isabel del; MARTÍNEZ SOPENA, Pascual. Castilla y el mundo feudal. Homenaje al profesor Julio Valdeón, vol. 1, p. 95-110. Sobre todo, las p. 107-110.
[15] ABADAL, Ramon d’. < [16] SOLDEVILA, Ferran. Història de Catalunya. Barcelona, 1962, vol. 1, p. 40-42.
[17] VILAR, Pierre. Introducció a la història de Catalunya. Barcelona, 1995, p. 9.

martes, 14 de enero de 2014

HISTORIA DE LA HUMANIDAD

"STORIA DELL' UMANITÀ" / HISTORIA DE LA HUMANIDAD
según el dibujante italiano Milo Manara
 
Prehistoria y Antigüedad
 
Egipto, Mesopotamia y Grecia
 
Roma, Bárbaros y Bizancio
 
Imperio Carolingio, Edad Media y Renacimiento
 
Siglo XVI y Siglo XVII:
Guerras de Religión, Colonización Americana, Hegemonía Española
 
Siglo XVIII y Siglo XIX:
Hegemonía Francesa, Ilustración, Revolución Francesa, Imperio Napoleónico, Revolución Industrial, Conquista del Oeste y Guerra de Secesión Norteamericana 
 
Siglo XIX y Siglo XX:
Imperio Británico, Colonialismo, Iª Guerra Mundial, Revolución Rusa
 
Siglo XX:
Años Locos, IIª Guerra Mundial, Era Espacial, Crisis de Occidente, Guerras de Oriente Medio, Terrorismo
 
 
seguirá ...
 
 
 
 
 

sábado, 26 de octubre de 2013

CURIOSIDADES -114-


"Los obreros de la mierda"



Las fosas sépticas de las casas londinenses existían desde tiempos medievales y se conocían como "cess-pit", antes de que existiera la red de alcantarillado en su subsuelo: eran fosas o pozos excavados en el suelo de la casa con 1 metro de diámetro y de 2 a 3 metros de profundidad, haciendo función de tanque para los residuos fecales de sus ocupantes. Cuando esos pozos sépticos estaban llenos a rebosar, los londinenses recurrían a los "night-soil men" (trabajadores especializados en vaciar y drenar esos pozos fecales también apodados "hombres estiércol"), y muchas veces en circunstancias extremas: éstos se encontraban con que las aguas residuales y los detritus se habían filtrado en el sótano o bodega de la casa vecina a través de las paredes. Ese tipo de incidentes eran recurrentes ya que dichas fosas estaban mal construidas y no solían ser del todo estancas, provocando no pocos incidentes entre vecinos.

Aparte de que su trabajo era obviamente nauseabundo, los "night-soil men" se enfrentaban a una tarea que implicaba graves riesgos laborales.

Se sabe que en el año 1326, cuentan las crónicas de entonces, un londinense conocido bajo el nombre de Richard the Raker, tuvo la mala fortuna de resbalar y caer en ella mientras intentaba drenar las aguas residuales de su fosa séptica, ahogándose asquerosamente en sus propios excrementos.



A partir del siglo XVI, apareció un nuevo tipo de trabajador asociado a las fosas sépticas bautizado como el "saltpetre man" u hombre del salitre que, con licencia del rey, se dedicaba a extraer de los excrementos los nitratos necesarios para fabricar la pólvora. Su oficio le permitía entrar en cualquier momento y sin permiso del propietario, en cualquier casa y retirar de su fosa séptica los sedimentos fecales de sus aguas residuales.  

jueves, 8 de agosto de 2013

BARCELONA, 1300-1321: La Banca bajo control

LAS USANZAS DE BARCELONA
O
EL FÉRREO CONTROL DE LA BANCA PRIVADA
EN EL SIGLO XIV
 
 

La banca privada (llamada entonces Taula de Canvi / Mesa de Cambio en castellano) apareció en Barcelona durante el reinado de Jaime I "el Conquistador" (1213-1276). La legislación romana y goda que regían entonces este negocio, fue sustituída por las Usanzas de Barcelona (Usatges de Barcelona), que eran la recopilación de los usos y costumbres que forman la base del derecho constitucional catalán.

Éstos son algunos de los artículos de esta legislación bancaria:

El 13 de febrero de 1300, se estableció que cualquier banquero que se declarara en bancarrota sería humillado por toda Barcelona por un voceador público, y forzado a vivir en una estricta dieta de pan y agua hasta que devolviese a sus acreedores la cantidad completa de sus depósitos.

El 16 de mayo de 1301, se decidió que los banqueros estarían obligados a obtener fianzas y garantías de terceras partes para poder operar, y aquellos que no lo hicieran no se les permitiría extender un mantel sobre sus cuentas de trabajo. El propósito de ello era señalar a todo el mundo que estos banqueros no eran solventes como aquellos que usaban manteles, es decir, que estaban respaldados por fianzas. Cualquier banquero que rompiera esta regla (como operar con mantel sin tener fianza de respaldo) sería declarado culpable de fraude. Sin embargo, a pesar de todo, los banqueros pronto empezaron a engañar a sus clientes. Debido a esos engaños, el 14 de agosto de 1321 se estableció que aquellos banqueros que no cumpliesen inmediatamente sus compromisos, se los declararía en bancarrota, y si no pagasen sus deudas en el plazo de un año, caerían en desgracia pública, lo que sería pregonado por voceros por toda Catalunya. Inmediatamente después, el banquero sería decapitado directamente enfrente de su mostrador, y sus propiedades vendidas en subasta pública para pagar a sus acreedores.

Existen evidencias documentales de que esas leyes se cumplían a rajatabla. Pongamos un ejemplo: el banquero barcelonés Francesc Castelló, fue públicamente decapitado frente a su establecimiento en 1360, en estricto cumplimiento de la ley.

domingo, 23 de diciembre de 2012

CURIOSIDADES -91-

"Iglesia vs Monarquía"



En la Edad Media, la Iglesia perseguía ferozmente las artes adivinatorias y a sus practicantes, acusándoles de satanismo. Pese a las persecuciones y prohibiciones que pesaban sobre videntes y astrólogos, eso no impidió que varios monarcas franceses, e incluso papas, recurrieran a ellos para consultar los astros con el fin de tomar las mejores decisiones en momentos cruciales de sus reinados. Podríamos citar, entre la pléyade de reyes galos, a: Roberto "el Piadoso", Luis VII, Luis IX "el Santo", Carlos V o Luis XI, que tenían a sus astrólogos oficiales y que gozaban de la más alta protección frente a las constantes amenazas de la Inquisición.

sábado, 10 de noviembre de 2012

ARTÍCULO DE PRENSA: La Democracia al filo de la Nueva Edad Media


LA DEMOCRACIA AL FILO DE LA NUEVA EDAD MEDIA

 

"Vamos hacia un nuevo Siglo de las Luces, esta vez apagadas."
in El País, de la viñeta de El Roto, 15 de octubre de 2007.



Ante todo quiero agradecer la invitación de Philippe Ollé-Laprune y de la Casa Refugio Citlaltépetl a participar en este coloquio, que entiendo como un homenaje al líder africano de Burkina Faso Thomas Sankara. Y creo que la mejor manera de homenajear a este combatiente por la libertad de su país y de todo el continente africano consiste en formular algunas reflexiones sobre el estado de la democracia en el mundo, y en particular en América Latina.

A lo largo de la historia de Occidente se han formulado varias ideas acerca de la democracia y, sobre todo, se han observado diversas prácticas de la misma. La más antigua y a la que remiten todas es la idea de democracia ensayada por los griegos, de la cual eran excluidos, sin embargo, los esclavos, las mujeres y los extranjeros (entonces llamados metecos, hoy conocidos como inmigrantes, cuando no se trata de exiliados); no eran excluidos, en cambio, los ciudadanos entregados a las más variadas experiencia sexuales, que no eran objeto de una vigilante mojigatería. Esto nos permite afirmar que desde sus orígenes la democracia nunca ha sido totalmente incluyente, y por esta razón conviene reflexionar críticamente en torno a esta y otras de sus carencias. Un examen así es muy necesario ahora que sus apologistas la han convertido en panacea y condenan por antidemocráticos a aquellos que se atreven a señalar los agujeros negros en el ejercicio de la misma. Por desgracia, con frecuencia la democracia es, como decía Julio César a propósito de la república, sólo una palabra.

Aun cuando durante cierto tiempo la república de Génova respetó los derechos comunales acabó siendo un instrumento de la aristocracia, como ocurrió en la república de Venecia (en la que un moro sólo puede ser su estratega en una obra literaria) y, sobre todo, en la república de Florencia.

La democrática convención francesa proclamó los derechos del hombre y del ciudadano, pero no incluyó en ellos a las mujeres (la famosa Marianne es, más que un símbolo, una metáfora de la república) ni a los esclavos negros de sus posesiones en el Caribe. Y es poco menos paradójico el hecho de que un liberto como Toussaint Louverture haya atentado contra esos derechos en Saint Domingue (hoy Haití) cuando quiso imitar a Napoleón Bonaparte en su antidemocrática voluntad de poder absoluto.

La democracia moderna inició su actual recorrido en Francia y en los USA, y desde el principio no dejó de ser blanco de la crítica aun por quienes la celebraron con entusiasmo, como Alexis de Tocqueville, que añoraba las virtudes del antiguo régimen al igual que Stendhal.

En La democracia en América escribe Tocqueville:

"En los gobiernos aristocráticos los hombres que llegan a los negocios públicos son ricos que no desean sino el poder. En las democracias los hombres de Estado son pobres y tienen que hacer fortuna. / Se sigue de esto que en los Estados aristocráticos los gobernantes son poco accesibles a la corrupción y no tienen sino un gusto moderado por el dinero, en tanto que lo contrario sucede en los pueblos democráticos."

Confirma esta percepción la generalizada corrupción gubernamental que prevalece en las democracias contemporáneas y que en su amplio recorrido va de Corea del Sur y México a España y los USA. ¿Habrá alguna democracia en donde el publicano no sea como la mujer adúltera y pueda arrojar la primera piedra? Sinceramente, lo dudo.

Raymond Aron hizo diana al caracterizar a los USA como "la república imperial", pues mientras que ese país era hasta cierto punto democrático en el interior (la democracia no incluía a los negros), en el exterior era antidemocrático. En tiempos de Aron los gobernantes de los USA hicieron prevalecer la democracia en su territorio, pero al mismo tiempo patrocinaron y/o apoyaron a numerosos regímenes militares en África, Asia, América Latina y aun en Europa (España, Portugal y Grecia). Sufragaron el golpe de estado encabezado por Pinochet en Chile y respaldaron a los militares en Argentina, Brasil y Uruguay de la misma manera que lo habían hecho con las dictaduras de Somoza en Nicaragua, de Strossner en Paraguay y de Papá Doc (Duvalier) en Haití. En su guerra contra los soviéticos apoyaron a dictadores como Ngô Dinh Diêm en Vietnam; en Camboya se asociaron con el dictador Lon Nol y fueron cómplices de los jemeres rojos de Pol Pot que en menos de cuatro años asesinaron a dos millones de personas (la cuarta parte de la población total del país). En África nunca le declararon la guerra a Bourguiba, a Idi Amín o a Bokassa y jamás condenaron el apartheid en Sudáfrica y Rodesia (hoy Zimbabwe). Hacia el final de la guerra fría (no antes) apoyaron la lucha por los derechos del hombre en el interior del imperio soviético, pero al mismo tiempo se dieron a la tarea de disminuirlos al profundizar las desigualdades económicas dentro y fuera de su territorio. Celebraron esta política de la desigualdad tanto en países democráticos como Inglaterra (en donde la señora Thatcher se ensañó con los escoceses y, más aún, con los inmigrantes de sus excolonias), como en los países en donde aún prevalece el engaño de que algún día serán desarrollados si se someten a los lineamientos de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cuando en realidad la mayor parte de sus habitantes caminan a marchas forzadas hacia un régimen de servidumbre que sería la envidia de los antiguos zares.

Tras el derrumbe del imperio soviético los gobernantes de los USA apoyaron la democratización a marchas forzadas en Rusia y en Europa central, sin reparar en los excesos que conducirían a nuevas formas de poder dictatorial en la Rusia de Yeltzin y de Putin, en la Polonia hasta hace muy poco sometida (por fortuna sólo durante dos años), al oscuro poder de los siameses Kaczynski, en la Ucrania de las mafias y en la Rumania post Ceausescu que producen neometecos y neoesclavas sexuales al por mayor. En la actualidad los gobernantes de los USA están demostrando que es imposible imponer la democracia mediante el terror militar en algunas regiones de Asia y Medio Oriente como Afganistán e Irak. Subrayo en algunas regiones porque en otras la democracia no es una prioridad para ellos. No abogaron por ella en la Ruanda de los genocidas hutus, ni les interesa en Chechenia, en Myanmar (la antigua Birmania) ni, menos aún, en Arabia Saudita, feudo de la dinastía Al-Saud hoy representada por Abdullah Bin Abdelaziz, socio petrolero de algunos gobernantes de los USA.

Al margen de esos dudosos procesos de democratización, el punto de partida del establecimiento de la democracia en tiempos recientes es la España de la transición encabezada por Adolfo Suárez. A esta experiencia siguió la de Portugal. Más tarde se sumaron a ella en América Latina Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y otros países de la región que estuvieron sometidos a regímenes dictatoriales o autoritarios. En África el caso más notable es el de Sudáfrica.. Tras el triunfo electoral de Mandela se procesó a numerosos esbirros de los antiguos poderes dictatoriales y, tras la confesión de sus crímenes, se les dictaron sentencias cuyo signo distintivo fue el perdón.

Desde hace poco hay en México una democracia que es, más que incipiente, sui generis. Tras más de setenta años de hegemonía autoritaria de un partido único (llamado sucesivamente PRM, PNR y, finalmente, PRI, y que fue más longevo que el PCUS), el PAN desalojó al PRI de la presidencia, pero no se deshizo de los hábitos autoritarios y corruptos del sistema político corporativo creado por Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles y afinado por Lázaro Cárdenas.

En junio del año 2000 el electorado mexicano celebró la derrota del PRI aun cuando no pocos sabían que el ganador del PAN, Vicente Fox, no era el estadista ideal, y no se equivocaron: su sexenio no introdujo ningún cambio significativo en el sistema autoritario. Sí, en cambio, reiteró los vicios que habían caracterizado al antiguo régimen: patrimonialismo, nepotismo, paternalismo (llamado liberalismo social desde la presidencia de Carlos Salinas) y corrupción. Es verdad que el poder presidencial se vio limitado en algunos aspectos, pero esto no se debió a un afán democrático, sino a que el partido del presidente no contaba con la mayoría en las cámaras, en donde la oposición, encabezada por los continuadores del priismo, tampoco introdujo cambios importantes en el sistema. Al contrario: mantuvo en pie las prácticas antidemocráticas del pasado, empezando por la corrupción.

Además del apoyo que recibió de empresarios y medios de comunicación (nada inusual en las democracias actuales), Felipe Calderón pactó con la dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo, un voto corporativo que, no obstante su escaso margen de ventaja en las elecciones, mantiene al PAN en la presidencia en un régimen de supuesta alternancia que no es ajeno al autoritarismo corporativo del PRI. Los cambios políticos en México parecen responder a la divisa de Tancredo Falconieri, el personaje principal de Giuseppe Tomasi de Lampedusa en Il Gatopardo: "Hay que cambiar para que nada cambie", o: hay que cambiar para que todo siga igual.

Una y otra vez se repite la famosa frase de Churchill a propósito del régimen democrático: "La democracia es el peor de los sistemas políticos, con excepción de todos los demás." No exenta d e ironía, esta afirmación es una verdad extraída de la práctica, y eso que Churchill no fue un nativo sometido al régimen colonial británico en la India. Ni en Sudáfrica, ni en Sudán, ni en ninguna otra de las antiguas posesiones y colonias inglesas. Pero nadie en su sano juicio preferiría vivir en un régimen dictatorial o, peor aún, totalitario, a menos que fuese el dictador, el duce, el führer o el camarada secretario general. Sin embargo, la democracia moderna no es la misma en todas partes, ni es igual para todos en el interior de cada país.

La democracia peruana no es igual a la suiza, ni la panameña a la belga, ni menos aún la egipcia o la de la llamada república transicional de Nigeria a la de la República Checa, que se permitió elegir como presidente a un poeta, Vaclav Havel, de la misma manera que antes, durante la primera república, eligió a un filósofo, Mazarik.

No es igual la democracia en Francia para un francés que para un argelino, ni en Inglaterra para un inglés que para un indio, ni en los USA para un norteamericano que para un mexicano. En todas las democracias hay, además de diferentes clases sociales, diferencias étnicas y grandes diferencias económicas (cada vez más profundas), diferentes grados de participación política (no es lo mismo ser candidato de un lobby que anónimo elector), diferentes posibilidades de acceso a la salud, a la educación y a la cultura (determinadas por la posición económica, el origen étnico o el sexo). El pasado 19 de octubre se publicó en el diario español El País un artículo del economista norteamericano Paul Krugman, en donde afirma que la la pobreza de muchos millones de norteamericanos sólo les da risa a los conservadores que allí gobiernan. En la parte final del artículo escribe Krugman: "De modo que, en Estados Unidos, si usted es pobre, o está enfermo, o no tiene seguro, debe acordarse: esa gente [los neoconservadores] cree que sus problemas son divertidos".

Pero lo más grave de todo esto es que estas diferencias se ahondan cada vez más debido a la vocación medieval de la mayoría de los actuales gobernantes que, independientemente de autodesignarse neoconservadores, neoliberales o neo-lo-que-sea, disfrutan por igual el darwinismo social que impide el bienestar a la mayor parte de la población. Frente a este tipo de gobernantes hay quienes aspiran a gobernar, pero su radicalismo social (sólo discursivo) les resta credibilidad. A su manera, unos y otros son proclives a uno de los excesos que atentan contra la democracia según advertía Montesquieu: actúan guiados por el espíritu de las desigualdades, que conduce a la aristocracia, o están poseídos por el espíritu de igualdad extrema, que conduce al despotismo. Sólo añadiría a esta advertencia de Montesquieu que hoy esa aristocracia advenediza ya no es pobre como en los orígenes de la democracia moderna y, a diferencia de los aristócratas del pasado, tiene una afición desmedida por el dinero.

Además, instituciones tan nefastas como las iglesias más poderosas del planeta tratan, en convivencia con las corporaciones nacionales o internacionales (gremios gubernamentales, bancarios, bolsísticos, financieros y de servicios, entre otros), de mantener por la fuerza o de recuperar de igual modo sus antiguos privilegios, y por estos medios instaurar una nueva Edad Media tanto en Oriente como en Occidente. Este intento de restauración o de mantenimiento de la Edad Media en el Oriente Medio y Lejano es protagonizada por las diversas jerarquías religiosas del Islam, sean sunitas o chiítas. En Occidente presenta dos modalidades. La primera ha sido puesta en marcha por ese cruzado anglosajón de los tiempos modernos que hoy está sentado a la diestra de Dios Padre en el Salón Oval de la Casa Blanca. La segunda se apoya sobre todo en dos jerarquías religiosas situadas a la vanguardia de esta embestida, encabezada por el papa fundamentalista de Roma y exsecretario del Santo Oficio, Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI. Estas jerarquías son la de España y la de México. En España el fundamentalismo católico está representado por una legión de déspotas purpurados anclados en el pasado franquista y atrincherados en el Partido Popular; en México lo encarnan cardenales y arzobispos de la época del papa Borgia y uno de los gremios más poderosos del Partido de Acción Nacional: el Yunque de los Millonarios de Cristo. Tal vez no pase mucho tiempo antes que estos primados y sus sicarios vuelvan a encender las hogueras, ahora para quemar a todos aquellos inconformes con el hecho de ser miserables, pobres, marginados, desempleados, emigrados y, para colmo, relativistas.

Sin embargo, esta peligrosa situación sólo produce como respuesta en casi todo el mundo la falta de interés en la democracia, en los partidos políticos, en los candidatos a los puestos públicos y en los procesos electorales, o, peor aún, la irresponsabilidad del electorado que acude a las urnas desprovisto de sentido común, o se siente obligado a votar por cualquier advenedizo. Y esto confirma otra ironía de Churchill: "El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio". En ese momento se llega a la conclusión de que la frase hecha: "un hombre, un voto" debería ser: "un votante, un tonto".

Todo esto demuestra que tal vez Carlos I de Inglaterra no se equivocó cuando dijo, poco antes que le cortaran la cabeza: "La democracia es una broma griega". Convertir la democracia en panacea y creer piadosamente que la fórmula 50 % más 1 de los votos es mayoría dan pie a la ironía y al sentido común de Borges al afirmar: "La democracia es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística". Y así, por el camino de las supersticiones y de las precarias estadísticas marchamos felices, entonando loas al Altísimo, rumbo a la Nueva Edad Media, que amenaza con no ser tan provisional como el reino de los mil años con el que amenazaba Hitler (catapultado al poder debido precisamente a la fragilidad de la democracia), sino tan longevo como el pasado de las iglesias monoteístas.

Julián Meza.


miércoles, 24 de octubre de 2012

CURIOSIDADES -80-

"Sal a precio de oro"



La sal era un elemento tan preciado que, durante la Edad Media, los monarcas y señores feudales cobraban impuestos por su uso y explotación, llegando a ser, durante la época de la monarquía absoluta, uno de los ingresos más importantes de las arcas reales.

En el siglo XIX la explotación y venta de sal fue declarada libre en toda Europa. A España esta liberalización llegó más tarde, en 1869.

Francia había abolido este impuesto llamado "gabela" cuando aún reinaba Luis XVI, en 1790. Napoleón I lo reintrodujo en 1806 y fue nuevamente suprimido en 1848, al advenimiento de la IIª República.

sábado, 7 de julio de 2012

CURIOSIDADES -47-



La superstición popular de que los gatos negros traen mala suerte al cruzarse en el camino del ser humano, remonta a un incidente que tuvo lugar en la Edad Media: un caballero que iba a lomos de su montura por las calles de un pueblo italiano, caída ya la noche, fue sorprendido por un gato negro que cruzó repentinamente su camino, como si de una aparición diabólica se tratara; su caballo se asustó tanto que tiró violentamente al suelo a su dueño y éste se estrelló la cabeza contra el suelo encontrando así la muerte. Desde entonces, se demonizó al gato negro asociándole a la mala suerte y a la brujería.
En otros países como Irlanda, Inglaterra y Escocia, el gato negro se transformó en un símbolo de la buena suerte, prosperidad y protección.

martes, 23 de agosto de 2011

EL DERECHO DE PERNADA: una falsedad histórica

EL MITO DEL DERECHO DE PERNADA




Se tiene por primer indicio del célebre "Derecho de Pernada" una canción satírica de principios del siglo XIII, de origen normanda, que evoca en verso francés la pésima condición del "villano", es decir del campesino dependiente de un noble señor feudal. Pero, sobretodo, menciona por vez primera lo que llamaríamos mucho más tarde el "Derecho de Pernada" y del que sabemos con certidumbre que realmente nunca existió.


Una leyenda cuidadosamente mantenida



Según ese documento, el señor normando habría tenido el derecho de acostarse con toda joven campesina viviendo en sus tierras, la primera noche de bodas, si contraía matrimonio con un hombre que no dependía de él; he aqui el por qué se ha llamado "el derecho de la primera noche" (jus primae noctis) o "derecho del señor". Este derecho que formaría parte del conjunto, complejo y múltiple, de los derechos señoriales durante el período feudal, se habría mantenido a lo largo de todo el Antiguo Régimen hasta la famosa noche del 4 de agosto de 1789, que protagonizó la abolición de todos los privilegios feudales en los primeros meses de la Revolución Francesa. Y respecto a esa célebre noche en la que cundió el general pánico entre la nobleza gala, hay que ser justos y honestos afirmando que de aquellos viejos privilegios y derechos feudales anacrónicos, no quedaba en realidad nada o casi nada.

De hecho, uno de los últimos rastros del derecho de pernada se encuentra en La Boda de Fígaro, obra teatral de Beaumarchais representada en 1787, y comedia que tuvo gran influencia social antes de la Revolución.


Retrato de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais.

Entre el texto del siglo XIII y la comedia teatral de Beaumarchais, los eruditos del siglo XIX recuperaron una cincuentena de textos que atestiguaban de ese pretendido Derecho de Culada, que era tal y como se denominaba claramente en esa canción normanda.

Pero ese sombrío cuadro de costumbres bárbaras de tiempos pasados tiene un inconveniente: es absolutamente falso.

Pese a las ideas heredadas, el Derecho de Pernada jamás existió en la Europa Occidental Medieval. Obviamente, sería absurdo pretender absolver la Edad Media de cualquier brutalidad cometida contra las mujeres, o pretender que en aquella época un señor carecía de medios para imponer, en el aspecto sexual, su voluntad a aquellos que dependían de él. Sin embargo, no se trata de algún derecho reconocido.

Cuando el movimiento feminista, de finales del siglo XX, aborda y denuncia el "acoso sexual" en el ámbito laboral bautizándolo como "Derecho de Pernada", no se equivoca. En la Edad Media como en el siglo XX, y en todas las culturas, encontramos abusos sexuales fundados sobre el cúmulo de dos poderes: el poder social (ejercido por el señor sobre la campesina, o por el empresario sobre su empleada) y el poder sexual (la dominación masculina). Ese tipo de abusos puede ser reprimido o implícitamente tolerado, pero no se constituye como un derecho tanto en la Edad Media como en nuestra época.


La Estratagema de algunos monjes



Cómo, entonces, interpretar los documentos medievales y sobretodo la canción satírica normanda? Anotemos primero que ese texto presenta el derecho como de uso antiguo, transformado en un simple desembolso monetario ("cuatro monedas") para la generosidad del señor. De hecho, la gran mayoría de los documentos auténticos que evocan el "Derecho de Pernada", lo ubican en el pasado y lo presentan como orígen de una tasa o impuesto en vigor. Sin embargo, a finales de la Edad Media, no dudaban en inventarse cualquier cosa con tal de justificar numerosos impuestos señoriales, cuyo motivo primitivo ha sido olvidado. El derecho de pernada constituye pues, indudablemente, un mito explicando el orígen de una tasa particular que había que pagar al señor en el momento de una boda campesina.


Fotografía de la Abadía benedictina del Mont-Saint-Michel, en Francia.

Otro aspecto del texto normando llama poderosamente la atención de los historiadores contemporáneos: el poema, firmado por un tal "Estout de Goz", totalmente desconocido, se encuentra en medio de un conjunto de documentos y cartas que establecían los derechos señoriales y los títulos de propiedad o de usufructo sobre un dominio o tierra. Redactado por los monjes de la Abadía del Monte-Saint-Michel, esos pergaminos conciernen a los campesinos de Verson (hoy en el Departamento del Eure), y enumera todos las cargas y las tasas que tendrían que sufrir los villanos si se encontraban bajo la jurisdicción y el dominio de un señor laico. Por otro lado, el documento incluído en primera página dentro del paquete de pergaminos, da una serie más corta de las tasas debidas a los monjes por los padres de esos mismo villanos.



Esto nos lleva a pensar que, amenazados por la concupiscencia de algún señor que andaría tras sus tierras, los monjes redactaron unos documentos tendenciosos: oportunamente, como quien no quiere la cosa, su dominación se presenta como mucho más favorable a los campesinos que lo sería la de su rival. Y claro está, no habría que temer de unos hombres que, dedicados a la castidad, ejercieran sobre las jóvenes novias ese escandaloso derecho del cual habla la canción!


Polémica


Retrato de François-Marie Arouet de Voltaire, realizado en 1735.

Ese aspecto polémico juega ciertamente un gran papel en la constitución y el éxito del mito. A partir del siglo XV, es entre los magistrados y los oficiales reales, hostiles al poder de los nobles, que se encuentran con más frecuencia las menciones al derecho de pernada. El Siglo de las Luces recogería el testigo de la acusación y lo aplica al Antiguo Régimen en su conjunto; es en 1755 cuando Voltaire inventa la expresión Derecho de Pernada que, por cierto, tendría un éxito inmenso, no solo en Francia sino en toda Europa.

En cuanto a la comedia de Beaumarchais, ésta toma su sitio en toda una tradición literaria inaugurada a principios del siglo.

Finalmente, a principios del IIº Imperio Francés, la afirmación del "Derecho de Pernada" se ve confortada por una poderosa corriente anticlerical y republicana que pretende así oponer el nuevo mundo, nacido durante la Ilustración, a una sociedad caduca, fundada sobre la aristocracia, la monarquía y la religión. Es en esta época que los historiadores se prestan a recoger sistemáticamente cualquier testimonio sobre el derecho de pernada. Pese al empeño de éstos, la mayoría de los documentos han revelado ser falsos o tan solo mencionan una inocente tasa sobre las bodas contraídas fuera del dominio señorial.



De hecho, esas bodas implicaban una pérdida para el señor, ya que los hijos de la pareja, según las reglas de la época, podían pasar a depender de otro señor si lo deseaban. La tasa entonces percibida nada tenía que ver con el famoso Derecho de Culada, tan gráficamente representado en la canción normanda del siglo XIII.

Queda aún un pequeño lote de documentos auténticos que mencionan un derecho de pernada caído en desuso, e incluso un derecho en vigor compensable por un regalo simbólico, como una parte del banquete de bodas. Esos textos, muy raros y escasos, señalan a señores de finales de la Edad Media venidos a menos y casi tan pobres como sus villanos, y que se esforzaban en conservar su prestigio a través de la evocación de un pasado bárbaro y legendario, en el que sus antepasados tenían todos los derechos. Pero no se encuentran huellas de esta afirmación más que en los documentos privados, que no tienen valor oficial.

Por otro lado, se sabe de costumbres vejatorias o folclóricas ligadas a los enlaces matrimoniales, como por ejemplo comunidades de jóvenes solteros que se cobraban su "tasa" sobre el novio foráneo, mediante bromas y farsas que también se denominaban "Culadas" ...


El Derecho de Pernada, ese mito masculino que esconde la realidad de los abusos sexuales, ya no debe beneficiar el pretendido ejemplo medieval.

sábado, 5 de septiembre de 2009

DICCIONARIO: B de Burdel





B

Burdel: lugar, edificio o casa dedicada a la prostitución, el oficio más antiguo del Mundo. En los burdeles, suelen reunirse las prostitutas que ofrecen sus servicios sexuales a los clientes, a los que atienden en una serie de habitaciones. En la Antigua Roma, las habitaciones solían tener sobre sus puertas pinturas muy ilustrativas sobre las especialidades de cada una de sus ocupantes. En la Edad Media, se ofrecía también al cliente bebidas, refrigerios y baños relajantes mientras disfrutaban de la compañía de las prostitutas; de ahí que, desde entonces, se asociase los baños y la higiene íntima a las mujeres de moral distraída que comerciaban con su cuerpo, ya que la limpieza corporal se consideraba como un hábito de las meretrices en una época en que nadie observaba una higiene en condiciones aceptables. Los burdeles o prostíbulos -también llamadas mancebías-, solían ser regentados por una matrona o "madame", encargada de mostrar a las chicas a sus clientes en paños menores o vestidas con ropas sugerentes, y de cobrar a los usuarios llevándose un buen porcentaje y dando el resto a su "trabajadora".

Véase este interesante artículo sobre los burdeles españoles: