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miércoles, 4 de abril de 2018

ARRIBA Y ABAJO: La Servidumbre de las Casas Señoriales


LA JERARQUÍA DE LA DOMESTICIDAD

En tiempos que ya son, afortunadamente, más bien un recuerdo, en que nobles terratenientes y familias pudientes tenían a su servicio a toda una cohorte de criados, a menudo mal pagados y hacinados en las golfas o en armarios, sin horario fijo, sin pagas extras y sin días de descanso (y por descontado sin vacaciones pagadas), a los que se les exigía una conducta impecable, una lealtad y discreción absoluta, éstos se regían por unas normas tan estrictas como implacables, viviendo y trabajando por y para sus señores.

Se levantaban diariamente antes de que despuntara el alba, para poner en marcha la casa: apertura de contraventanas y cortinas, limpieza y reordenamiento de las estancias señoriales, encendido de fogones y chimeneas, preparación del desayuno para llevarlo a la cama o disponerlo en el comedor, recepción de los pedidos para aprovisionar las despensas, se ejecutaban con la misma precisión que la maquinaria de un reloj o, si me apuran, de un cuartel militar e incluso de un hotel, aunque hay siempre algunas diferencias. Las mañanas eran las más laboriosas para todo el servicio de la casa, y se desayunaba, comía, merendaba o cenaba antes o después de que lo hicieran los señores o la familia a cuyo sueldo estaban. El fin de la jornada acababa siempre dependiendo de los señores, si tenían invitados o no, y cuando éstos se decidían a acostarse, la servidumbre fácilmente se acostaba una o dos horas después de recoger y cerrarlo todo. Con decir que la jornada media era de 14 horas, ya nos podemos hacer a la idea. Quizá la única ventaja de trabajar en una gran casa como sirviente, era que tenías un uniforme, techo, cama y comida caliente sin preocuparse de pagar mensualmente un alquiler en un mugriento y angosto alojamiento de obrero de ciudad, y podían ir acumulando su sueldo para asegurarse una jubilación más o menos decente (menos que más), o para montarse un negocio propio llegado el momento oportuno.



Las mejores ilustraciones sobre cómo vivía y trabajaba la domesticidad de una casa señorial o burguesa, las encontramos en películas como “Lo que queda del día”/ “The Remains of The Day” (1989), “Gosford Park” (2001) o en series televisivas de gran éxito como “Arriba y Abajo”/ ”Upstairs, Downstairs” (1971-1975) y la más reciente “Downton Abbey” (2010-2015), curiosamente todas británicas. En ellas se abordan tanto la vida de los señores (los de arriba) como la de sus criados (los de abajo) a finales de la Era Victoriana y principios del siglo XX, con acentos nostálgicos. Otra película recomendable, aunque centrada en la segunda mitad del siglo XVIII, es la de “La locura del rey Jorge” / “The Madness of King George”, que nos muestra a la domesticidad de la casa real británica y sus duras condiciones de vida, vaciando orinales y durmiendo unos encima de otros en armarios empotrados.  
El rey de Francia, por ejemplo, siempre dormía con uno o dos de sus “garçons bleus”* instalados al pie de su cama, a ras de suelo, con la única comodidad de un cojín para descansar la cabeza. Y éstos mismos se encargaban de encender la chimenea de la alcoba antes de que el monarca abriera los ojos. Luego, sigilosamente, y tras abrir cortinas y contraventanas, se acercaba uno al oído del rey y le susurraba suavemente: “Sire, es la hora.”



Otro tema sería abordar la domesticidad en tiempos del Imperio Romano, en que los criados eran esclavos y tratados como una casta de   subhumanos que llegaban incluso a ser juguetes sexuales de sus retorcidos domini, como en la serie televisiva de “Spartacus” (2010-2013), y cuyas existencias no tenían valor alguno, si no fuera por el puñado de denarios** que habían pagado para comprarlos en el mercado.



El número de criados dependía obviamente de la importancia de la casa en la que se les empleaba. Cuanto más grande era, más imponente se esperaba que fuera. En ciertos casos, el número llegaba a ser exagerado y no respondía a otro motivo que el de pretender  impresionar a terceros, y esos casos se encontraban habitualmente en las sonadas embajadas extraordinarias de aristócratas con ínfulas de gran señor en cortes extranjeras. Solo hay que fijarse en las pinturas que conmemoran ese tipo de misiones diplomáticas en los siglos XVII-XVIII, que respondían a la necesidad de impresionar al monarca de turno y a sus súbditos, obviamente, como muestra de la riqueza y magnificencia del soberano o del país que representaba. Que sus conciudadanos malvivieran en la miseria más absoluta, era totalmente irrelevante. Una cosa importante a tener en cuenta: durante el antiguo régimen, el embajador costeaba de su bolsillo sus gastos e incluso se veía a menudo forzado a endeudarse, por lo que era habitual que éstos enviasen cartas pidiendo, al ministro de turno, que le hicieran llegar fondos o reclamando una compensación. Cuando la cosa se ponía fea, financieramente hablando, reclamaban ser relevados y que se les permitiera regresar a casa.



Hoy en día, los jefes de Estado perpetúan esa política de impresionar al contrario desplegando sus misiles con cabezas nucleares, o con desfiles militares tan estrafalarios como dispendiosos. Los ejemplos los encontramos sobretodo en los días de las fuerzas armadas, claramente inspiradas en la antigua Unión Soviética, en la República Popular China o en su homóloga norcoreana. Lo que nos deja claro que, recordando el famoso refrán del “dime de qué presumes”, toda magnificencia artificial esconde una miseria equivalente.

Volviendo al tema de la domesticidad de una casa señorial, existía en ella una clara jerarquización, reflejo de la sociedad de entonces, dirigido como si se tratara de un ejército, donde los rangos y sus roles eran claros y rigurosamente seguidos al pie de la letra. La servidumbre era dirigida por el mayordomo, máxima autoridad de la casa después del señor/señora, quien le dictaba las normas de conducta del personal y lo que esperaba de él en todo momento. El mayordomo, aparte de llevar al equipo masculino que estaba a su mando, conformado por ayudantes de cámara y lacayos, se ocupaba de repartir las tareas diarias asistido y secundado por el ama de llaves, su alter ego femenino (aunque por debajo de él), bajo cuya autoridad se encontraban sobretodo las doncellas encargadas de la limpieza general o de asistir a la señora en la intimidad de sus habitaciones. Por debajo del ama de llaves estaba la cocinera, jefa de su departamento pero dependiente de las directrices de la primera, auxiliada por aprendices y ayudantes de cocina, todas ellas muy jóvenes. Claro está, en tiempos de carrozas y caballos, se disponía de un cochero, secundado por lacayos, que subían a la parte trasera del carruaje, y por palafreneros, encargados éstos del cuidado de las monturas y de sus cuadras. Con la llegada del automóvil y su progresiva generalización, en los albores del siglo XX, el cochero fue reemplazado por un chófer que, además, debía ser un entendido en mecánica para que el vehículo tuviera un óptimo mantenimiento. En ciertas casas, se llegó incluso a tener a disposición varios vehículos, cuyos usos dependían del momento.

No hemos de olvidarnos de los jardineros, sumamente importantes para una finca dotada de jardines. No era extraño que su número alcanzara la docena para ocuparse de los parterres, de las flores, de la poda de los árboles exóticos, de los frutales y de la huerta (que aprovisionaban la cocina en frutas y verduras) o del jardín de invierno, dónde se resguardaban de las heladas invernales a los preciados naranjos enmacetados.

Y por último estaban los guardas, que ocupaban los pabellones de la entrada principal de la finca, y que se encargaban de disuadir a los intrusos, como los ladrones y los cazadores furtivos, con sus rondas diurnas y nocturnas, escopeta al hombro. También se encargaban de la perrera, y asistían al señor cuando salía de caza.



Para que nos hagamos una idea del número de empleados que podía tener una casa señorial, podemos tomar como ejemplo el castillo de Highclere, donde se rodó la serie “Downton Abbey”, y casa solariega de los condes de Carnarvon desde 1679. 
En tiempos del quinto conde, famoso patrocinador del célebre Howard Carter, y en plena Era Eduardiana (1901-1910), Highclere contaba con una sesentena de empleados repartidos dentro del castillo y fuera, en sus dependencias o alrededores. Todo hay que decirlo: si Lord Carnarvon, cubierto de deudas, no se hubiese casado con Almina Victoria Maria Alexandra Wombwell en 1895, que aportaba una más que suculenta dote (500.000,00 libras Esterlinas) y el pago de todas sus deudas por parte de su “suegro”, el banquero y barón Alfred Rothschild, nunca hubiera podido mantener ese tren de vida. Es más, se habría visto forzado en vender Highclere Castle y sus más de cuatrocientas hectáreas para, al menos, salvar las apariencias y vivir con un tren de vida más acorde con sus posibilidades. De ahí que muchos aristócratas europeos con conocidos títulos se lanzasen a la caza de las ricas herederas norteamericanas: para salvar su modo de vida y evitar la dispersión de sus bienes. Otros contemporáneos, no tuvieron la suerte de dar con una hija de la alta burguesía y tuvieron que soltar lastre.



Los rangos y sueldos de la servidumbre de más a menos:

Mayordomo: es el encargado de la organización y óptimo funcionamiento del servicio de la casa y de la administración de los gastos, con autoridad sobre todos los demás criados. También es el que dirige el servicio de la mesa, supervisándola antes y durante, y de servir los vinos, teniendo a su cargo la gestión de la bodega y la guarda de la plata, amén de su mantenimiento y limpieza diaria, que suele delegar en los lacayos. En inglés, el equivalente es “Butler” y en francés “majordome”. Su sueldo era entonces de 40 a 60 libras anuales ($4,300 - $6,400).

Ama de llaves: es la persona que dirige el servicio femenino compuesto por las primeras doncellas y las doncellas ordinarias (equipo de limpieza general), supervisa también el buen funcionamiento de la cocina y de su personal, administra los gastos y gestiona lo que atañe a la despensa y su aprovisionamiento, de la que tiene las llaves (como el mayordomo las tiene de la bodega y del armario del servicio de plata), así como de los armarios roperos y de las habitaciones de la casa, de ahí su nombre. En la cadena de mando, ella es la segunda autoridad después del mayordomo, y es la intermediaria entre la señora de la casa y la cocinera jefe. Su sueldo rondaba las 5 o 10 libras por debajo del de mayordomo ($3,700 - $5,400 anuales).

Cocinera: estaba al mando del equipo de cocinas y la responsable de la preparación de las comidas de la familia de la casa y de los banquetes que se pudieran dar. Su ayudante de cocina (aprendiz) se encargaba de preparar las comidas de la servidumbre. Una cocinera de una casa modesta solía tener un salario de 30 libras anuales ($3,200), mientras que un renombrado “chef” contratado por la familia real percibía unas 300 libras anuales ($32,000).

Primer Ayudante de Cámara: es el encargado de vestir y desvestir al señor, se encarga de su guardarropía y complementos, del mantenimiento de éstos, de preparar sus maletas en caso de viaje y de servirle en lo que se le requiera, incluso acompañarle en sus desplazamientos. Es lo que hoy día conocemos como “asistente personal”. En inglés como en francés, se le denomina “1st. Valet” o “Premier Valet de Chambre”. Es el sirviente masculino mejor pagado después del mayordomo y se le considera como el más privilegiado, por su contacto constante con el señor. Su salario iba de las 20 a 30 libras anuales ($2,100 - $3,200).

Primera Doncella: suele ser la más veterana del equipo de doncellas, encargada de asistir a la señora de la casa o a sus hijas, teniendo el mismo papel que el Primer Ayuda de Cámara. Bajo su responsabilidad recae el cuidado del joyero, de la guardarropía y complementos de su señora. Su sueldo bailaba entre las 20 o 30 libras anuales ($2,100 - $3,200). En inglés es la “Personal Maid”, en francés “Première Femme de Chambre”.

Ayuda de Cámara: es el que asiste al Primer Ayudante de Cámara y le secunda en sus quehaceres. En inglés como en francés correspondería al “Valet”. Su salario rondaba obviamente las 25 libras anuales.

Primer Lacayo: es el primer sirviente encargado de secundar al mayordomo en sus quehaceres y en transmitir, en ocasiones, las órdenes de éste a los que están por debajo de él, a los que también supervisa. Suele ser el más veterano de los lacayos de la casa, el más alto y el más presentable, físicamente hablando. En inglés correspondería al “1st. Footman” o al “Premier Valet de Pied” en francés. Su uniforme es la llamada “librea”, que suele estar confeccionada con los colores heráldicos de su señor, con botones de latón dorado grabados en relieve a las armas de la casa, y pasamanería bordada con coronas y escudos heráldicos. El salario era de 30 libras anuales ($3,200), y solía recibir gratificaciones anuales de 5 a 15 libras extras ($500 - $1,500) si al desempeñar sus tareas satisfacía a los señores.

Lacayo: sirviente ordinario encargado de servir en la mesa, poner y quitarla, equiparable a un aprendiz de camarero de hoy en día. Pero también se ocupa de asistir a los invitados y a los anfitriones de la casa, siguiendo las indicaciones del mayordomo. Por las mañanas, ayudan a las doncellas que suben a limpiar, a desplazar muebles y reordenarlos después de la limpieza, abren y cierran puertas y ventanas, cargan con los baúles y maletas, se ocupan de limpiar el calzado y la plata. Son los “Footmen” o “Lackey” ingleses o “Laquais” y “Valets de Pied” franceses. Revisten la librea de su señor y llevan guantes blancos. El salario de lacayo era de 20 libras ($2,100) anuales.

Doncella: básicamente se encarga de la limpieza diaria y del mantenimiento de la casa, de hacer y cambiar las camas, limpiar y ordenar las habitaciones. Suelen ser jovencitas de pueblo de hogares humildes, solteras y sin compromiso. Su uniforme consiste sobretodo en llevar delantales y cofias blancas, con un vestido largo, oscuro y sobrio. Su salario era el mismo que un lacayo, 20 libras anuales.

Niñera: era la responsable de los cuidados de los bebés y niños de la casa. Por norma, percibía un salario de 10-15 libras anuales ($1,100 - $1,600), dependiendo de la edad y de sus capacidades. En inglés se les llama “Nurse”, palabra también usada para designar a una enfermera.

Aprendiz de Cocina: se encargaba de preparar las comidas para el personal y, de paso, recibía una sólida formación de la cocinera para ser un día su sustituta. El salario era de 15 libras anuales. En inglés es “Under Cook”.

Moza de Cocina: asistían a la cocinera y a su aprendiz en la confección de los menús establecidos. El salario era de 15 libras anuales. En inglés se les llaman “Kitchen Maid”.

Lavaplatos: lo dice el nombre. Se encargaban de lavar los platos, cubiertos, utensilios de cocina, cazuelas y ollas, entre otras cosas. Su salario era de 13 libras ($1,300) anuales. En inglés se les denomina “Scullery Maids”.

Lavanderas: al cargo de lavar y planchar toda la ropa de la casa. Las “Laundry Maids” cobraban lo mismo que una lavaplatos.

Paje: chico joven pre-adolescente, de entre 10 y 16 años, procedente de familia noble o hidalga, empleado temporalmente para formarse en la asistencia y servicio a los reyes y príncipes dentro y fuera de palacio. En las cortes europeas era costumbre que las familias nobles enviasen a sus retoños a servir como pajes del rey, de la reina o del príncipe heredero o de otro miembro de la familia real, más que nada para que fueran “pulidos” y aprendieran a obedecer.  Servían de acompañantes, asistentes, recaderos, incluso para atender en la mesa o en limpiar las armas de su señor y engrasar sus botas de montar. No era común que hubiesen pajes en casas señoriales, a menos que se tratasen de casas principescas o de muy alta posición e importancia social. En las casas señoriales, los chicos de esa edad eran aprendices de lacayo y procedían de casas humildes sin medios para darles una educación. En inglés se les conoce como “Page Boy”, “Tea Boy” o “Room Boy” y “Page” en francés. El sueldo era de 8 a 16 libras anuales ($860 -  $1,700), dependiendo de la edad, altura, apariencia y habilidad.

Primer Palafrenero: era el responsable de los establos o cuadras de la casa, y bajo su mando se encontraban los palafreneros y los chicos de los establos. El “Head Groom” o “Stable Master” percibía entre 30 y 50 libras anuales ($3,100 - $5,300).

Palafrenero: estaba al cuidado de los caballos y del mantenimiento de los complementos, como las sillas de montar, etc. Llamado “Groom” en inglés. El salario era de 15 libras.

Mozo de Cuadras: encargado de la limpieza de las cuadras y de aprovisionar a los caballos con forraje. El “Stable Boy” percibía entre 6 y 12 libras anuales ($640 - $1,300). Empezaban a trabajar a los 10 años.

Jardinero Jefe: dirigía el equipo de jardineros dependiendo de lo extensos que podían ser los jardines y huertos. Su salario era de 120 libras anuales ($12,800) como mucho. Los que trabajaban a sus órdenes percibían entre 8 y 16 libras ($850 - $1,700).

Guardabosques: controlaba la populación de las aves de caza de la finca, como los faisanes, o del venado, y vigilaba los límites de ésta. Su salario era de entre 30 y 50 libras ($3,100 - $5,400) anuales.



(*)_Los “garçons bleus” (chicos azules) del rey de Francia se llamaban así por el color de su librea, en la que predominaba el “bleu de France”, el azul de Francia, bordada con pasamanería de hilo de oro y plata. (Ilustración superior).

(**)_En la antigua Roma, según Catón, el coste medio de un esclavo de entre 20-30 años, ascendía a 1.500 denarios de plata (se cree que serían el equivalente a unos 120.000 Euros de hoy, suponiendo que 1 denario equivaldría a unos 80€). El precio aumentó a lo largo del siglo II a.C. hasta llegar a los 24.000 sestercios.

jueves, 23 de marzo de 2017

CURIOSIDADES -209-

"Un Sonado Robo"



Fue la noche del 10 al 11 de enero de 1791 cuando, aprovechando la ausencia de la dueña del lugar, unos cinco ladrones se introdujeron en el Castillo de Louveciennes para perpetrar el más sonado robo de la época. Tras romper los cristales de una de las ventanas de la planta baja y forzar la lujosa cómoda* que se encontraba en la alcoba de la señora, echaron las zarpas sobre su deslumbrante contenido: las fabulosas joyas de la Condesa du Barry. Ésta se encontraba entonces en París, con su amante el Duque de Brissac, y no desaprovecharon la ocasión brindada. El botín valió la pena: se hicieron con ciento cuarenta grandes diamantes, setecientos brillantes, tres enormes zafiros, siete grandes esmeraldas y trescientas enormes perlas de un valor incalculable, incluyendo multitud de rubíes y otras piedras de menor tamaño, collares, medallones, cadenas y sortijas. Y se esfumaron en la noche... y de la faz de la tierra.

La Condesa du Barry, ex amante del difunto rey Luis XV, la víctima del crimen, denunció los hechos ante la policía y se estimó que le habían robado joyas por valor de 1 millón y medio de libras (hoy serían 15.300.000,00 Euros), una fortuna en piedras preciosas que habían sido regaladas precisamente por el desaparecido monarca. Dispuesta a recuperarlas, la condesa mandó imprimir el detallado inventario de sus alhajas, pieza a pieza, y mandó distribuir los impresos a diestro y siniestro prometiendo 1.000 luises de oro de recompensa a quien le ayudara a encontrarlas o se las devolvieran. Huelga decir que la publicación de semejante nomenclatura soliviantó los ánimos del populacho, en plena fiebre revolucionaria.

El hecho es que sus fabulosas joyas fueron finalmente descubiertas en Inglaterra más de un mes después y los ladrones, pillados en su intento de revenderlas a bajo precio a un rico joyero londinense, arrestados, por lo que la Condesa du Barry, avisada por la policía inglesa, tuvo que cruzar el canal para poder recuperarlas. Sin embargo, el asunto se complicó cuando los tribunales británicos cogieron con pinzas el caso por ser un robo cometido en Francia (en el que no tenían jurisdicción), y se limitaron a retener a los criminales en la cárcel de Newgate que, al fin y al cabo, habían cometido un delito en un país vecino y, torciéndose las relaciones franco-británicas en ese momento, no había acuerdo de extradición entre ambos países. La guinda del pastel a semejante desconcierto fue comprobar cómo la justicia británica había incautado las fabulosas joyas recuperadas, pruebas del delito, impidiendo a su legítima dueña recuperarlas y remitiéndolas a la custodia de los banqueros Hamersley & Morland, del Pall Mall de Londres, hasta que se celebrara el juicio.

En cuatro ocasiones, la Condesa du Barry tuvo que cruzar el Canal de la Mancha, requerida por la Justicia londinense. Sus gastos supusieron como poco un desembolso total de 51.000 libras, pagados por su generoso amante el Duque de Brissac. Finalmente, el juicio se celebró: los cinco cacos fueron condenados por intentar revender el producto del robo (no por cometerlo) e "invitados", una vez concluídas sus condenas, a ir voluntariamente a Francia por sus propios medios para ser juzgados por el robo (cosa que no hicieron). En cuanto a los diamantes, éstos fueron restituidos a su legítima propietaria pero, sorprendentemente, confiados provisionalmente a los banqueros Hamersley & Morland.
La condesa tuvo entonces que regresar urgentemente a Francia, al serle notificado el embargo de sus bienes tras ser acusada de "emigración" por el directorio de Versailles, y nunca volvió a Londres para recuperar sus joyas, ya que fue arrestada como sospechosa, juzgada y guillotinada.

Los excepcionales diamantes de la Du Barry fueron finalmente vendidos en subasta por James Christie, el fundador de la Casa de Subastas Christie's de Londres, el 19 de enero de 1795.

(*)_La famosa cómoda dónde se guardaban los diamantes y alhajas de la condesa, ejecutada por el ebanista Martin Carlin y decorada con paneles de porcelana de la Real Manufactura de Sèvres, valía por sí sola más de 40.000,00 libras!


sábado, 25 de febrero de 2017

CURIOSIDADES -208-

"De reina sílfide a emperatriz paquiderma"



La Reina Victoria I de Gran-Bretaña e Irlanda (1819-1901) ha dejado, en la memoria colectiva -gracias a no pocas películas-, una imagen de vieja enana enjoyada, gorda, viuda, amargada y canosa, siempre vestida de negro y de trato poco afable.

Sin embargo, cuando ascendió al trono británico en 1837, computando apenas 18 años de edad, era una mujercita de preciosos ojos azules, diminuta, algo rolliza, mofletuda y grácil, con un talle de 50 cms. Se parecía enormemente a su abuelo el rey Jorge III, tanto que decían de ella que parecía "el rey Jorge con faldones"...



Cuando casó con su primo-hermano el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, descubrió los placeres de la intimidad matrimonial haciendo temblar la cama, cosa que le encantó sobremanera. Sin embargo, las facturas de tales placeres le resultaron harto desagradables: cuando se encontraba encinta, Victoria sufría sus embarazos como una travesía del infierno que culminaba con dolorosos alumbramientos. Es más, aborrecía a los recién nacidos de su vientre, a los que consideraba pequeños monstruos desagradables, arrugados y chillones. Ni por asomo quiso darles el pecho, ya que le daba un asco tremendo. De hecho, Victoria parecía carecer de sentimientos maternales y sus hijos no eran más que un estorbo a sus ojos. En ese aspecto, su marido Alberto fue mejor padre y más atento a su prole que ella, y varios grabados de la época lo remarcan así. Para colmo, sus ocho sucesivos embarazos habían deformado su cintura: de sus 50 centímetros de soltera, había pasado a los 96 centímetros de casada. Siendo una mujer de pequeña estatura (1 metro 52 centímetros), el hecho de que se dilatara su cintura con los embarazos, no mejoró su aspecto.



Pero el asunto de su real cintura empeoraría después de perder al amor de su vida en 1861. Viuda y destrozada, la llamada "Viuda de Windsor" se abandonó totalmente al único placer que le quedaba: la comida. El resultado fue que, en su vejez, la soberana de 1 m. 52, convertida en la emperatriz de la India y cabeza de un imperio colonial inmenso, se ensanchó a imagen y semejanza de éste, llegando a tener 142 cms. de cintura. 

lunes, 18 de enero de 2016

Cita de la Semana



"Una nación que intente prosperar a base de impuestos, es como un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa."

Frase de: Sir Winston Spencer Churchill, K.G. (1874-1965), político, escritor, Primer Ministro de Gran-Bretaña.

jueves, 31 de diciembre de 2015

DOCUMENTAL: The Aristocracy -Part 4- (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Survival of The Fittest
1970 - 1997
 
 
Cuarta entrega del documental de la BBC en el que se aborda las dos últimas décadas del siglo XX, años de una altísima revalorización de sus propiedades y fincas que los aristócratas británicos aprovechan se reciclan para sobrevivir y convierten sus históricas mansiones en auténticas cajas registradoras: aparte de ser lugares de obligada visita para nostálgicos de tiempos pasados, las alquilan a cineastas en busca de suntuosos decorados, convierten sus antiguas dependencias en concurridos museos con restaurantes y salones de té, y sus jardines en marcos idóneos para conciertos y acontecimientos culturales, venden en prestigiosas salas de subasta algunas obras de arte que les aportan fortunas e incluso comercializan sus nombres para vender productos de sus tierras, como los pioneros y emprendedores Duques de Devonshire. Pero también hay nobles que, no pudiendo asumir esas inversiones para prosperar, desisten y abandonan sus castillos para instalarse en casas más modestas y prácticas, llevándose consigo algunos tesoros artísticos, retratos, recuerdos de familia y vestigios de su desaparecida fortuna. 
 
 





 

DOCUMENTAL: The Aristocracy -Part 3- (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Letting in the Hoi Polloi
1945 - 1970
 
 
Tercera entrega del documental de la BBC en el que se aborda la nueva situación de la aristocracia en la sociedad británica desde la posguerra hasta inicios de 1970. Acosada por una política laborista que busca acabar con sus últimos privilegios y sus extensas propiedades, aplastada por multitud de gravámenes fiscales, las grandes familias de la nobleza se ven abocadas a vender sus bienes heredados o a abrir las puertas de sus históricas mansiones ancestrales al público seis días a la semana, y a relacionarse con la plebeya pero pujante meritocracia y los turistas de la clase obrera. En esos tiempos tan duros, los últimos aristócratas venidos a menos, venciendo sus viejos prejuicios clasistas, tienen que idear cualquier medio para su sustento y seguir viviendo en sus vastas mansiones, cuyos mantenimientos consumen sus ya de por si escasos recursos. Otras no tienen tanta suerte y asisten impotentes a la ruina, expropiación y demolición de sus hogares señoriales, mientras se dispersan sus fabulosas colecciones de arte en diversas subastas.
 
 
 



 

 

DOCUMENTAL: The Aristocracy -Part 2- (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Never The Same Again
1919 -1945
 
 
Segunda parte del documental de la BBC, que aborda las vicisitudes y lento declive de la aristocracia británica durante los "Años Locos" o "Brideshead Years" (en recuerdo de la novela de Evelyn Waugh), la época de entreguerras que desde finales de la Iª Guerra Mundial hasta la finalización de la IIª Guerra Mundial, selló definitivamente la pérdida de su preeminencia tanto social como política.
  



 

 

DOCUMENTAL: The Aristocracy (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Born to Rule
1875 - 1914
 
 
Documental sobre la aristocracia británica de finales del siglo XIX y principios del XX, desde su auge en la Era Victoriana hasta su decadencia en la Eduardiana y el golpe de gracia tras la Gran Guerra de 1914-1918, emitido en 1997 en la BBC -Versión Original-.
 
 

 

 

 

sábado, 10 de octubre de 2015

Anécdotas Históricas -277-



La vanidosa Duquesa de Windsor, que siempre tuvo un altísimo concepto de si misma y desconocía la humildad, no se ruborizó en cierta ocasión al asegurarle a un conocido:

-"Hacen falta cuatro duquesas corrientes para ser una duquesa de Windsor."

Anécdota de: Wallis Warfield Simpson, Duquesa de Windsor (1896-1986).

martes, 29 de septiembre de 2015

BRITISH MONARCHY: The Royal Family at work (V.O.)

LA MONARQUÍA BRITÁNICA
La Familia Real en acción
-Versión Original Inglesa-
I-II-III-IV-V

Documental sobre las actividades diarias de la Reina Elizabeth II y de la Familia Real, desde los quehaceres diarios hasta las ceremoniosas celebraciones que marcan la agenda de la soberana. Un retrato vivo y a todo color de una de las instituciones más antiguas del Reino Unido.
 

WINDSOR: Visita del Castillo (V.O. / Official Video)

WINDSOR CASTLE,
La más Antigua Residencia de la Monarquía Británica
V.O.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

CURIOSIDADES -188-

"Prescripción Médica"



Cuando el político británico Sir Winston Spencer Churchill (1874-1965) tuvo que ir a Estados Unidos en 1932, como hombre precavido, tomó las medidas pertinentes para no tener problemas legales. Dada su afición al alcohol y que en EE.UU. imperaba la prohibición (Ley Seca), recurrió a su médico para que le recetara "para su salud" el consumo diario mínimo de 250 cms. cúbicos de alcohol y así lo hiciera constar oficialmente.

 

domingo, 20 de septiembre de 2015

CURIOSIDADES -187-

"Padre y familia, pero solo de nombre"



Cuando el 31 de marzo de 1751 falleció Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales, primogénito y presunto heredero del trono británico, su propio padre el rey Jorge II de Gran-Bretaña (1683-1760), con el que siempre había tenido muy mala relación desde su llegada a Londres, escribió:

"Acabo de perder a mi hijo primogénito, pero me alegro de ello."


Pero la alegría por esa defunción en el seno de la familia real británica, rebasó los límites de la decencia y se hizo, si cabe, aún más repulsiva a ojos de los ingleses. No solo la propia madre del fallecido, la también finada reina Carolina de Brandenburg-Ansbach (1737), había en su día mostrado repulsión por el fruto de su vientre con palabras crueles, sino que los demás miembros también hicieron ostentación de su gran satisfacción. Los príncipes y princesas se mostraron, en los funerales de su hermano, con el semblante más sonriente que jamás había visto el público londinense.

viernes, 11 de septiembre de 2015

CURIOSIDADES -186-

"Polvos Letales"




En 2004, se descubrió que en las pelucas y cabellos del rey Jorge III de Gran-Bretaña e Irlanda (1738-1820) había un alto contenido de arsénico, a sabiendas que este veneno en polvo se utilizaba entonces para empolvar cabellos y pelucas pero, en el caso del monarca, se registró la siguiente sorpresa: que sobrepasaba 300 veces su nivel tóxico!

¿Fue entonces este envenenamiento paulatino el detonante de su locura después de los cincuenta?¿De qué forma pudo el rey envenenarse?

Los análisis y la investigación de los informes médicos revelaron que Jorge III, además de empolvarse la cabeza con arsénico, utilizaba una crema para la piel que contenía una base de antimonio con trazas de arsénico, amén de una medicación que sus doctores le suministraban diariamente y que también contenían el mismo veneno. Por tanto, los factores fueron muchos y contribuyeron a agravar su caso de porfiria* que, por norma, no suele manifestarse con tanta agudeza en los varones como en las mujeres.


(*)_A día de hoy, varios biógrafos e historiadores han puesto en duda que Jorge III padeciera realmente de porfiria. En lo que están de acuerdo y no hay dudas es sobre su bipolaridad.

viernes, 26 de junio de 2015

Anécdotas Históricas -274-



El entonces Príncipe de Gales nunca tuvo una relación fluida con su padre el rey Jorge V de Gran-Bretaña, y éste se comportaba con sus hijos de forma notablemente abrupta, fría y distante. Un día, Lord Derby quiso sugerir al monarca que se condujera de manera más relajada con su heredero, que rebajase un poco la tensión entre ellos. Jorge V se volvió entonces hacia el conde y le soltó tajante:

-"¡Mi padre tuvo auténtico pavor a su madre. Yo mismo temía a mi padre. Estoy condenadamente resuelto y procuraré que mis hijos también me tengan miedo!"



Anécdota de: Jorge V, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte, Emperador de la India (1865-1936) y de Edward George Villiers Stanley, XVIIº Conde de Derby (1865-1948), Secretario de Estado para la Guerra y Embajador de Gran-Bretaña en Francia.

lunes, 1 de junio de 2015

CURIOSIDADES -184-

"Remedio Victoriano"



En la Inglaterra de la Era Victoriana, la sífilis hacía estragos no solo en los bajos fondos: las clases acomodadas y hasta la alta sociedad se veían afectadas por esa enfermedad de transmisión sexual. Pese a la férrea moral imperante de aquel recatado siglo XIX, en el que la apariencia de respetabilidad lo era todo, los prostíbulos siempre andaban repletos de clientes masculinos y los lores no desdeñaban encanallarse regularmente entre los brazos de alguna fulana como hacía la plebe. Incluso en la prostitución habían clases y clases de lupanares: para señoritos y para obreros y rufianes. Pero, para la sífilis, no cabía distinción alguna a la hora de elegir víctima. Los remedios medicinales de entonces, eran incapaces de curar esa enfermedad mortal que actuaba como una bomba de relojería en tres fases en sus incautos huéspedes. Al mercurio, le sustituyó en aquella época el arsénico en pastillas como elemento base para su tratamiento, sin por ello resultar más eficaz (más bien todo lo contrario). Para colmo, se difundió una falsa creencia médica -agárrense bien- de que el enfermo de sífilis podía curarse milagrosamente (si tenía los medios económicos para ello, claro) desvirgando a una joven y sana chiquilla, a partir del módico precio, claro está, de 5 libras Esterlinas!
Aquella creencia provocó un auténtico tráfico de niñas de 13 a 14 años que llenó las carteras de los proxenetas y contribuyó a extender aún más la enfermedad.

jueves, 28 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -183-

"¿Cuánto pesan 300 millones?"



Cada vez que la Reina Elizabeth II de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte acude a la sede del Parlamento Británico, en Westminster, para dar su discurso de "apertura" en la Cámara de los Lores, la soberana atraviesa Londres (desde Buckingham hasta Westminster) con toda la pompa y ceremonia que exige tal evento desde que se estipuló en el año 1536: a bordo de la carroza de oro y escoltada por la Guardia Real, engalanada con sus mejores joyas. Una vez llegada al palacio de Westminster, Elizabeth II cambia su diadema de 1.330 diamantes y 180 perlas (heredada de la Reina Victoria), por la corona imperial estatal cuajada de 2.868 diamantes, 273 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y 5 rubíes, con sus 31,5 cms. de altura y su peso de 1 kgr. En tan solo este quilogramo de peso se concentran, entre piedras preciosas y el armazón de oro, la friolera suma de 300 millones de euros.

 

jueves, 14 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -180-



"Sangre Real en Downing Street"

El actual Primer Ministro del Reino Unido de Gran-Bretaña, el Muy Honorable Mr. David Cameron (n.1966), que acaba de ganar por segunda vez las elecciones, resulta ser un primo lejano de la Reina Elizabeth II. Ambos comparten a un mismo antepasado real: el rey Jorge III (1738-1820).



David Cameron es, en su caso y gracias a las mujeres, un descendiente del rey Guillermo IV (1765-1837), que reinó entre 1830 y 1837 sucediendo a su hermano mayor y predecesor Jorge IV y precediendo a su sobrina carnal la reina Victoria I, tatarabuela de Elizabeth II.

 
Retrato de Guillermo IV, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Rey de Hannover entre 1830 y 1837. / Abajo, retrato de la actriz Dorothea Bland, alias Mrs. Jordan, amante del entonces Duque de Clarence.
 
 


Guillermo IV, entonces príncipe real y 4º en el orden sucesorio con el título de duque de Clarence y de St.-Andrews en vida de su padre el rey Jorge III, mantuvo una larga relación con la famosa actriz Dorothea Bland (1761-1816), alias Mrs. Jordan, de la que nacerían nada menos que una decena de hijos ilegítimos, entre ellos una hija bautizada como Lady Elizabeth FitzClarence (1801-1856), más tarde convenientemente casada con un lord de ilustre linaje: William George Hay, Conde de Erroll (1801-1846). Cinco generaciones más tarde y siempre a través de las mujeres, nació en 1966 David Cameron, nieto en séptimo grado de Jorge III.

martes, 14 de abril de 2015

CURIOSIDADES -178-

"¿Quién es el bastardo?"



Después de haber desenterrado por "casualidad", en 2012, los restos hasta entonces perdidos del rey Ricardo III de Inglaterra, haber desempolvado su maltrecho esqueleto, examinado sus múltiples traumatismos, reconstituido su semblante y darle un solemne funeral de Estado en Leicester quinientos treinta años después de su asesinato en Bosworth Field, los médicos forenses dieron un último bombazo mediático: tras cotejar el ADN de los restos del último rey de la Casa de York con el de la actual reina Elizabeth II, cuarta representante de la Casa de Windsor, han descubierto que no existe coincidencia alguna entre ambos. Dicho en plata, se ha destapado un viejo secreto de Estado: entre el último Plantagenêt y la actual soberana no hay parentesco, o sea, que Elizabeth II no es una descendiente de Ricardo III. La pregunta que se formula entonces es obvia: ¿en qué momento se puso en el trono británico a un bastardo?



Dado que entre Ricardo III y Elizabeth II hay nada menos que veintitrés monarcas de por medio, la tarea para averiguar quién de ellos es el o la "bastarda" que usurpó la corona, resulta harto complicada. La sola idea de tener que examinar uno a uno los restos de esos ilustres cadáveres, con el colosal gasto que eso implica, ya ha hecho desistir desde el primer minuto a los forenses e historiadores británicos emprender tamaña aventura. En cualquier caso, queda patente que Elizabeth II no cuenta entre sus antepasados al vilipendiado rey Ricardo III.