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jueves, 22 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -195-

"Diamante con Mala Sombra?"



El diamante conocido como "El Gran Sancy" procedente de las minas de la India, con un peso de 55,23 quilates y tallado en forma de pera, entró en la historia occidental en 1476, cuando el Duque Carlos I "El Temerario" de Borgoña lo compró a un tal Louis de Berghem. Desde ese momento, empieza la supuesta maldición cobrándose a su primera víctima y poseedor. En 1477, ante los muros de la ciudad asediada de Nancy, en Lorena, encontrará la muerte Carlos I de Borgoña, cuyo cadáver sería encontrado totalmente despojado de sus ropas, armadura y joyas, y medio devorado por los lobos. El famoso diamante, obviamente, ha desaparecido pero el año anterior, ya que lo perdió en el curso de la batalla de Morat. En posesión de un mercenario suizo, éste lo vende por un puñado de florines y pasa de mano en mano hasta ser adquirido por el rey de Portugal, en cuyo inventario es señalado en 1489. Los monarcas lusos acabarían por empeñarlo y perderlo a manos de sus acreedores.

 
Retrato del Duque Carlos I "El Temerario" de Borgoña (1433-1477)
 
 
1 de Agosto de 1589: asesinato del Rey Enrique III de Francia.
 

Reaparece casi 100 años después, en 1570, en manos del gentilhombre Nicolas Harlay de Sancy, a quién se debe el nombre del diamante. El rey Enrique III de Francia llevará encima ese diamante, considerado el más grande y bello del mundo, pero no lo adquirirá por tener un precio demasiado elevado; sencillamente se lo devuelve después de lucirlo. Enrique III moriría asesinado en 1589 por un monje fanático.
Propuesto al rey Enrique IV, su adquisición no fragua: su precio es exorbitante. Sin embargo, a imagen y semejanza de su primo y predecesor en el trono galo, también moriría apuñalado en plena calle por un tal Ravaillac en 1610. Supongo que a raíz de esas tres muertes violentas, es cuando empieza la dudosa fama de piedra maldita del Gran Sancy.

 
14 de Mayo de 1610: el Rey Enrique IV de Francia muere apuñalado.
 
 
30 de Enero de 1649: el Rey Carlos I de Inglaterra y Escocia es decapitado en Londres.
 

La piedra con tanta mala sombra es, por fin, vendida en 1604 al rey Jacobo I de Inglaterra, y su hijo el nuevo rey Carlos I será posteriormente la víctima Nº4 del Gran Sancy: destronado por la revolución, muere decapitado en enero de 1649. Es su consorte y viuda, la reina Enriqueta María de Francia quién, para saldar sus deudas en el curso de su exilio francés, lo cede al Duque d'Epernon en 1647 y éste es adquirido una década después por el gran amateur de piedras preciosas, el Cardenal Mazarino, en 1657. En 1661, el Gran Sancy forma parte de los 17 famosos diamantes de la colección del cardenal heredados por el rey Luis XIV, y estimado en 600.000 libras. Desde ese momento, el entonces más bello diamante del mundo occidental forma parte de las Joyas de la Corona Francesa. Tanto el Rey Sol como su biznieto parecen escapar a su maldición. Ambos mueren en sus respectivas camas tras largos reinados. Podemos incluir en esta lista de suertudos a sus anteriores poseedores.

 
1722: Luis XV de Francia estrena una nueva corona cuajada de gemas preciosas para su coronación en la catedral de Reims. El diamante El Regente figura en la parte frontal de la diadema, mientras que El Gran Sancy remata ésta ornando la flor de lis.


En 1722, será engarzado en la flor de lis que corona, y aquí valga la redundancia, la corona del rey Luis XV realizada para su coronación en la catedral de Reims. Sin embargo, el Gran Sancy es eclipsado por El Gran Pitt rebautizado como El Regente, un diamante de mayor tamaño, diferente talla y de reciente adquisición.

 
21 de Enero de 1793: el Rey Luis XVI de Francia es guillotinado.
 
 
16 de Octubre de 1793: la Reina María-Antonieta de Austria es guillotinada.
 
 
10 de Mayo de 1794: la Princesa Elisabeth de Francia es guillotinada.
 
 
La piedra de tan siniestros fulgores sigue encontrándose en el inventario de los Diamantes de la Corona Francesa en 1775, al figurar también engarzada en la pieza que remata la corona del rey Luis XVI. Su esposa María-Antonieta de Austria lo llevará repetidas veces en las grandes ocasiones y es compartida con la Princesa Elisabeth de Francia, su cuñada. Derrocados por la revolución, tanto Luis XVI como su esposa y su hermana son guillotinados en 1793 y 1794. Luis XVII, el delfín, muere o desaparece en extrañas circunstancias en 1795. En cualquier caso, y desde 1792, el Gran Sancy ha desaparecido junto a otro montón de diamantes tras el sonado robo de las Joyas de la Corona perpetrado en París. Reaparece en Madrid en 1794, en manos del rey Carlos IV de España y de su esposa Maria-Luisa de Parma, cuyas alhajas también serán "robadas" por el favorito Godoy y su amante Pepita Tudó a inicios del siglo XIX.

 
Retrato del Príncipe Carlos Fernando d'Artois, Duque de Berry (1778-1820), sobrino del Rey Luis XVIII de Francia; asesinado el 14 de Febrero de 1820.


Su víctima Nº8 es el Príncipe Carlos Fernando de Artois, Duque de Berry, quién, tras haberlo llevado encima, muere apuñalado en 1820 a manos de un tal Louvel a la salida de la ópera. Su hijo, el futuro Enrique V, presunto heredero del trono moriría en el exilio bajo el título de Conde de Chambord.

En 1828, el diamante es adquirido por el Príncipe Demidov, un aristócrata ruso. El capricho le cuesta nada menos que 100.000 francos. De Rusia irá a parar a su tierra natal, la India, cuando un maharajá indio lo adquiere por 100.000 libras Esterlinas.


 
Retrato fotográfico del Maharajá Bhupendra Singh de Patiala (1891-1938).


Nueva posesión del Maharajá de Patiala, el Gran Sancy no parece tampoco traerle suerte. Tras los sucesivos suicidios de casi todos los miembros de su familia, éste pierde la razón y acaba loco de atar. Sus herederos se desharán del diamante y será comprado por un millonario norteamericano naturalizado británico, William Waldorf Astor, 1er. Lord Astor. La hermosa gema será lucida por su nuera, Lady Astor, quien lo manda engarzar en su diadema. Ésta muere tranquilamente en 1964, sin sufrir aparentemente maldición alguna. La piedra sería posteriormente vendida por sus herederos al Gobierno Francés por la friolera de 1 millón de francos.

 
Nancy Witcher Langhorne, 2ª Vizcondesa Astor (1879-1964).


De vuelta a Francia en 1976, el Gran Sancy vuelve a manos del Estado Francés y es depositado junto a otros importantes diamantes de la Corona en el Museo del Louvre, para reintegrar su antiguo puesto entre las piedras más preciadas expuestas en la Galería de Apolo. Desde entonces, parece ser que el famoso diamante ha cesado de sembrar la desgracia a su alrededor, pero la leyenda negra persiste: tiene en su haber a más de 20 víctimas, dato exageradísimo y sensacionalista, sea dicho de paso.

  

jueves, 25 de octubre de 2012

LA EXTRAORDINARIA VISIÓN DE CATALINA DE MÉDICIS

El futuro en un espejo
 
Retrato de Catalina de Médicis, Reina Vda. de Francia (1519-1589).


Llega a su término el año de 1559, año negro para Francia. El rey Enrique II ha muerto, sucumbiendo en un trágico torneo en el mes de julio y, desde entonces, un niño de quince años, Francisco II, reina sobre Francia. Un niño delicado y débil, dominado por una mujer cuyas armas son por norma el veneno, la magia y la brujería: Catalina de Médicis, reina viuda de Francia, su madre.


El Castillo de Chaumont-sur-Loire.


Desde hace algún tiempo, la Florentina, que ha abandonado París para encerrarse en su castillo de Chaumont-sur-Loire, se encuentra presa de inquietudes que no le dejan dormir. Los problemas religiosos dividen el país, el creciente poderío de los hugonotes, las trahiciones de palacio le ponen nerviosa. Desearía saber qué le depara el futuro. Desearía que le fuera revelado su destino y el de su primer hijo Francisco II, el flamante rey de Francia.
Una vez más, se ha vuelto hacia Cosimo Ruggieri, ese astrólogo que se llevó consigo cuando abandonó Florencia, y que se ha convertido casi en su sombra:




Retrato de Cosimo Ruggieri (ob.1615), astrólogo y futurólogo florentino.
 

-¿Podríais decirme, amigo mío, lo que me espera?

-Acordadme algunos días, Señora, y os mostraré el futuro...

Y Ruggieri se encierra en la torre que domina el Loira, sin entrar en contacto con los demás ocupantes del castillo. Los criados se limitan a dejarle una bandeja de comida tres veces al día a pie de puerta. Alejado del mundo, Ruggieri se entrega a una tarea misteriosa.
Varias veces, Catalina de Médicis ha venido a golpear su puerta:

-¿Para cuando será?, preguntaba.

Y Ruggieri respondía:

-¡Ya os lo dije, Señora, cuando la Luna sea llena!

Y la reina, consumida por los nervios, volvía a bajar las escaleras de caracol y se encerraba en sus habitaciones hecha un basilisco.



Pero esta noche, la Luna es llena y la impaciente Catalina de Médicis vuelve a aporrear la puerta de Ruggieri:

-¿Para cuando?

Ésta vez el astrólogo abre su puerta:

-Para esta noche, Majestad.

Y hace pasar a la reina en una estancia que es a la vez laboratorio y antro del alquimista. A la luz del gran fuego que arde en la alta chimenea, la soberana distingue el más variopinto material de trabajo, alambiques, morteros, calderas, un astrolabio, muchos libros apilados los unos encima de otros.

-Mirad hacia allí. Le dice Ruggieri, mostrándole un inmenso espejo que recubre toda una pared.

-Es aqui, Señora, que el futuro se os aparecerá.

Catalina de Médicis entiende entonces que su astrólogo va a proceder a una operación de mágia llamada catoptromancia o cristalomancia, y que consiste en ver el futuro en un espejo.

Ruggieri moja un bastón en una taza conteniendo sangre de pichón macho, y traza sobre el muro letras del alfabeto hebráico. Luego, tras ennegrecer la punta de otro bastón al fuego, dibuja en el suelo un círculo doble, tipo de zodíaco, que decora con figuras cabalísticas. Cuando ha terminado, dispone en sus cuatro puntos cardenales, un cráneo humano, una lámpara de aceite, una tibia y un gato en estado de sueño hipnótico...

-Sentaos, Señora, y mirad.

Catalina se instala en un sillón, mirando frente al espejo.
Al principio no ve nada. Pero de pronto aparece una forma, vaga al principio, y más precisa después, reconociendo en aquella silueta a su hijo el rey Francisco II. Lleva su corona, su cetro y su manto de terciopelo sembrado de flores de lis y doblado de armiño. Tiene una expresión triste en el rostro. Su imagen se desliza, abandona el espejo, y hace la vuelta de la estancia sobre las paredes encaladas, volviendo a su punto de partida y desaparece. La silueta es inmediatamente reemplazada por otra que toma la forma de un hombre en cuyos rasgos, la reina Catalina reconoce a su 2º hijo Carlos, pero un Carlos envejecido ya que por entonces no tiene siquiera la edad de nueve años. Él también lleva la corona, el cetro y el manto real. Su imagen se desliza fuera del espejo y ejecuta, a su vez, 14 vueltas alrededor de la estancia. En el momento de ejecutar su 15ª vuelta, se para bruscamente y se pone a considerar algo invisible con horror. Luego sus manos se tensan, intentando rechazar horribles imágenes.

-Explicadme, inquiere Catalina, ¿qué significan esas vueltas?

-Cada vuelta representa un año de reinado. Contesta Ruggieri.

Por encima de la chimenea desaparece como humareda la figura de Carlos, dejando sitio a otra. De hecho deja paso a otro rey en quien la pobre y angustiada Catalina de Médicis reconoce a su 3er hijo Enrique, que tan solo cuenta ocho años de edad...
En el espejo es ya adulto. Avanza andando con saltitos. Su apariencia es por lo menos increíble: tiene el rostro empolvado y maquillado como una dama, con gestos amanerados, cubierto de joyas y lleva en los lóbulos de sus orejas pendientes de enormes perlas. Ejecuta catorce vueltas alrededor de la sala y se para un momento. Se le ve inclinarse sobre un cuerpo estirado en el suelo, a sus pies. Se reincorpora, ejecuta una 15ª vuelta y lleva bruscamente sus manos a su vientre con una terrible expresión de dolor intenso. Después del gesto, desaparece.



Hundida en su sillón, Catalina de Médicis no suelta siquiera una palabra. Apenas respira. Espera la aparición de su cuarto hijo, Francisco-Hércules, duque de Alençon, que tan solo tiene cinco años de edad.
¿Qué va a ver?¿Cuántas vueltas dará éste antes de desaparecer?¿Tendrá una larga vida?¿O quizás tenga que pensar que los hijos de Enrique II de Francia están malditos?
Ella espera.¿Cómo será su pequeño Francisco, bajo el aspecto de un adulto?

Una imagen se forma de nuevo y un hombre aparece. Un hombre con nariz aguileña, la mirada inteligente y viva, llevando una pequeña barba bien recortada. Aparece de buenas a primeras con la cabeza adornada de un gran sombrero emplumado de plumas blancas y, de repente, lleva la corona, el cetro y el manto de armiño como los anteriores.
Catalina le mira con espanto. Este personaje no puede ser su pequeño Francisco convertido en hombre. Es otra persona, pero ¿quién? Y de pronto encuentra un parecido... Este rey tiene los rasgos del duque Antonio de Borbón.
Entiende inmediatamente que su hijo Francisco no reinará jamás, que morirá sin duda bastante joven y que los Borbones, que ella odia, subiran al trono de Francia... Por lógica, y con certeza, cree que es el pequeño príncipe Enrique de Navarra, que tiene entonces 6 años de edad... Es el pequeño Enrique, al que le gustaría poder envenenar.

Sobre el espejo, el hombre de la nariz aguileña se desliza lentamente sobre las paredes. Catalina cuenta las vueltas. Sobrepasan pronto las de sus hijos Carlos y Enrique: dieciocho, diecinueve, veinte,... Una media vuelta más y desaparece.
¡Este Borbón reinará pues durante más de 20 años!

Catalina de Médicis se derrumba y, a pesar del gran fuego de la chimenea, se pone a temblar. Bruscamente se yergue y, sin mediar palabra, abandona la habitación con la mirada llameante y glacial, para encerrarse en sus aposentos, herida de muerte...

Tuvo razón en llorar desconsoladamente aquella noche. Al año siguiente, Francisco II moría, después de un año en el trono. Carlos IX le sucedió y murió al cabo de catorce años de reinado, perseguido por los fantasmas de las víctimas de la tremenda noche de San Bartolomé. Luego le sucedió Enrique III, reinando quince años y fue asesinado por un monje, que le clavó una cuchillada en el vientre. Un año antes, había ordenado el asesinato del Duque de Guisa. Finalmente, el joven Francisco Hércules, duque de Alençon, murió de una tísis galopante y la Casa de Valois se extinguió... Enrique de Borbón, rey de Navarra, se convirtió en el rey Enrique IV de Francia y reinó 20 años y nueve meses exactamente...


En 1559, nadie se podía imaginar, y mucho menos Catalina de Médicis, que la Casa de Valois iba a extinguirse en 1589, o sea treinta años después. La sucesión del trono estaba bien asegurada: el difunto Enrique II y Catalina de Médicis habían tenido 4 hijos varones. ¿Quién no iba a pensar que los Valois seguirían reinando durante mucho tiempo? A nadie se le ocurrió pensar que, a la postre, estarían obligados a buscar un nuevo rey en el seno de la Casa de Borbón, en el frondoso árbol genealógico de San Luis...


Retrato de Catalina de Médicis rodeada de sus hijos.


A pesar de las dudas que surgieron posteriormente, sobre si la escenificación del astrólogo Ruggieri fue una superchería o no, lo que queda bien claro es que tal y como se desarrolló el desfile de personajes en el espejo, y las vueltas dadas por la estancia, es evidente que las predicciones se cumplieron a rajatabla a lo largo de los 30 años siguientes, con exactitud, sin equivocación alguna.

En cuanto a la temible consultora, la reina Catalina de Médicis, se puede decir que estaba familiarizada con todos los tipos de magia, sus prácticas y aplicaciones. Como todos los florentinos de su época, ella también practicaba la brujería. De hecho se sabe con certeza que, para protegerse de un posible asesinato o atentado, llevaba sobre ella una especie de talismán, que no era más que la piel de un niño degollado...


El relato de esta historia fue sacada, entre otras, de las publicaciones siguientes:

-"La Trágica Historia del Castillo de Chaumont", por el Príncipe Jacques de Broglie.

-"Las Casas Reales", de André Félibien, 1681.

-"Tesoro de Historias Admirables", de Simon Goulard, 1614.

in HISTORIAS MÁGICAS DE LA HISTORIA, de Louis Pauwels & Guy Breton, 1977.

lunes, 19 de marzo de 2012

CURIOSIDADES -19-

EL TENEDOR: una novedad importada desde Italia



El tenedor, tal y como lo conocemos hoy (utensilio, junto con el cuchillo y la cuchara, indispensables en una mesa) parece haber sido creado en Italia en el siglo XI, aunque otras fuentes apuntan al siglo XIII para marcar su introducción en Europa procedente del Imperio Bizantino. En cualquier caso, fue una princesa italiana, Catalina de Médicis (1519-1589), princesa de Urbino quien, recién llegada a Francia para desposarse con el que fuera posteriormente Enrique II de Francia, heredero del rey Francisco I, introdujo el cubierto en la corte gala junto con otras novedades culinarias traídas de Florencia y de Venecia (entre ellas el consumo de pasta, alcachofas y espinacas). En un principio, el tenedor servía para pinchar la fruta pero se miraba ese instrumento como un objeto estrafalario en una sociedad donde ricos y pobres comían con los dedos, y solo utilizaban los cuchillos para cortar carnes o despedazar aves.

Retrato de Catalina de Médicis, Reina de Francia (1519-1589); según Clouet.


En el curso del siglo XVI, la moda de las gorgueras, cada vez más voluminosas y extravagantes a la par que rígidas, empujaron a los cortesanos de Enrique III de Francia -patrocinador del refinamiento en el ámbito doméstico-, a echar mano del tenedor de dos puntas para llevarse a la boca las viandas, verduras y frutas sin mancharse.



Pasado el reinado de Enrique III, tachado de extravagante y amanerado, sus sucesores volvieron a utilizar los dedos para comer y esto duró hasta el final del reinado de Luis XIV quien afirmaba a su heredero el Gran Delfín -que utilizaba cubiertos en su mesa-, en una monumental reprimenda, que (...) "si Dios había dado dedos a los hombres era para que comieran con ellos y no para sostener un ridículo tenedor."

Pese al conservadurismo del Rey-Sol en esa materia, tanto el tenedor como el cuchillo se hicieron imprescindibles en las mesas aristocráticas de la segunda mitad del siglo XVII y sufrieron modificaciones en sus diseños bajo la Regencia de Felipe II de Orléans, generalizándose su uso en todas las cortes europeas del siglo XVIII.

martes, 7 de febrero de 2012

CURIOSIDADES -12-



Según una antigua publicación francesa de 1833, descubrimos toda una lista de personajes históricos con peculiares manías y fobias bastante curiosas y, hasta ahora, desconocidas. He aqui un ramillete de ejemplos:

El rey Enrique III de Francia era incapaz de quedarse a solas en una habitación donde se encontrara un gato. El Duque de Épernon se desmayaba literalmente con solo ver una liebre. El Mariscal d'Albret se encontraba repentinamente indispuesto si en la mesa le servían cochinillo o cualquier otra cría lechal cocinada. Vladislao de Polonia perdía repentinamente la serenidad y echaba a correr como un poseso cuando veía manzanas. Erasmo de Rotterdam tenía intolerancia al olor del pescado y le provocaba fiebre. A Scaliger le provocaba escalofríos incontrolables la sola visión de los inofensivos berros. A Tycho Brahé le fallaban repentinamente las piernas si se cruzaba con una liebre o un zorro. El Canciller Bacon padecía de repentinos síncopes cada vez que había un eclipse lunar. Bayle sufría violentas convulsiones con solo oír el ruido del agua salir de un grifo, y La Mothe-Le Vayer era incapaz de soportar el sonido de ningún instrumento de música...

viernes, 16 de diciembre de 2011

MISIÓN: MATAR AL REY ENRIQUE IV DE FRANCIA




Objetivo: Matar al Rey



El último monarca de la Casa de Valois-Angulema, Enrique III de Francia, pereció días después de ser apuñalado en el bajo vientre por un monje llamado Jacques Clément, un aciago 1 de agosto de 1589, para vengar el doble asesinato de los hermanos Guisa en diciembre de 1588 (me refiero a Enrique I de Lorena, 3er Duque de Guisa y a su hermano el Cardenal de Guisa, arzobispo de Reims). La pena por tal regicidio fue terrible: tras ser debidamente descuartizado por 4 caballos, sus restos fueron incinerados y tirados a los cerdos. Acaso precisar que el asesino fue cosido por las alabardas y espadas de la guardia personal del rey in situ.



Sin embargo, al iluminado y regicida Fray Jacques Clément no le faltaron sucesores pese al general conocimiento que cualquier súbdito tenía de la pena capital reservada al asesino en esas circunstancias.


Retrato del rey Enrique IV de Francia y de Navarra (1553-1610), en 1600 según Santi di Tito.


El primo, cuñado y sucesor del difunto rey Enrique III en el trono galo, Enrique IV (1553-1610), tuvo que lidiar con las repetidas intentonas de quitarle de en medio. El primer monarca de la Casa de Borbón tuvo que enfrentarse a no menos de 25 atentados contra su persona, e incluso contra la de su heredero el Delfín, futuro Luis XIII. Un récord difícil de superar en la Historia Francesa, por lo que resulta interesante enumerar algunos de los casos.

Ya en su juventud, la viuda de Enrique II de Francia, Catalina de Médicis, planeó deshacerse del presunto heredero del trono galo cuando aún no era más que el príncipe de Viana, hijo de los Reyes de Navarra (Juana III de Albret y Antonio de Borbón, Duque de Vendôme).

En 1572, durante la atroz, orgiástica y sangrienta Masacre de San-Bartolomé, organizada por los Guisa y con el acuerdo del rey Carlos IX, el que era entonces el rey Enrique III de Navarra, recién desposado con Margarita de Francia*, estuvo a punto de ser degollado de no haber abjurado de la fe protestante para abrazar la católica y salvar su vida.

Pero el hecho de ser el huésped forzoso de su cuñado el rey Carlos IX en la corte de París, no le salva de otras intentonas en los años posteriores al más deplorable episodio de la Historia de Francia. En 1576, la tensión es tal que siempre duerme con un ojo abierto para evitar que le maten.

En 1588, en su castillo de Nérac, consigue desbaratar los planes de la Liga Católica para asesinarle.



El martes 27 de diciembre de 1594, un joven vestido de negro consigue introducirse en el Hôtel du Bouchage, residencia parisina de Gabrielle d'Estrées sito en la rue du Coq, y mezclarse entre la treintena de personas que conforman el séquito del Rey. Enrique IV se encuentra allí para recibir la petición de perdón del Conde de Montigny, un ex-liguero** que había combatido contra las tropas del Rey en Coutras. Al momento, el soberano se inclina para levantar al caballero arrepentido cuando, de repente, se oyó como el ruido de una bofetada sobre una mejilla. En realidad, no se trataba de una bofetada lo que había recibido el Rey; la sangre brota de su boca, el labio superior está cortado y tiene un diente roto. Apresan al joven vestido de negro, cuya arma blanca se encuentra a sus pies y confiesa casi enseguida su crimen. Se trataba de un joven de 19 años que respondía al nombre de Jean Châtel, hijo de un vendedor de paños de la ciudad. Tras ser registrado, encuentran en un bolsillo un papelito que rezaba "Señor, dame la fuerza para ejecutar a Enrique de Borbón". El chaval, avergonzado por su homosexualidad y por haber tenido deseos incestuosos hacia su propia hermana, quiso comprar le perdón de Dios cometiendo una buena acción, según sus propias palabras. ¿De dónde había sacado semejante idea? Pues de los jesuitas del Colegio de Clermont, a través del Padre Guéret. Para colmo, había confesado sus intenciones al cura de Saint-André-des-Arts, el Padre Aubry, quien bendijo su plan...



Enrique IV quiso que lo dejaran ir, consciente de que los jesuitas le habían manipulado, pero el Parlamento reprobó semejante indulgencia. Dos días más tarde, el jueves 29 de diciembre de 1594, haciendo uso de un implacable rigor, los magistrados condenaron a Jean Châtel al suplicio reservado a los regicidas: el puño amputado, agarrando en su mano derecha el cuchillo homicida, el joven fue despellejado con tenazas al rojo vivo y luego descuartizado por cuatro caballos. Reunidos sus miembros destrozados, fueron incinerados y las cenizas tiradas a los cuatro vientos. Los padres del reo fueron proscritos e inmediatamente llevados hasta la Puerta de Saint-Jacques, para que abandonasen el reino de por vida, y su casa arrasada hasta los cimientos.

Posteriormente, el Padre Guéret fue ejecutado en la Plaza de Grève tras encontrar entre los papeles de su biblioteca un escrito glorificando el heróico e inspirado acto de Fray Jacques Clément. Al tiempo, se expulsaron del Colegio de Clermont y del país a 37 jesuitas por ser corruptores de la juventud, perturbadores de la tranquilidad pública y por ser enemigos del Rey y del Estado. La víspera de la expulsión de los maestros jesuitas, Guignard, regente del Colegio de los Jesuitas de París, fue estrangulado y ahorcado públicamente tras encontrar en sus aposentos escritos injuriosos y difamantes contra el honor del difunto rey Enrique III.

A principios del año 1596, un abogado y liguero del Anjou, Jean Guesdon, Señor del Haut-Plessis, fue arrestado en Chartres. Acusado de haber abandonado Angers con la intención de matar al Rey, fue ahorcado y quemado en la parisiense Plaza de Grève el 16 de febrero.

A finales de 1596, es un Italiano quien es ejecutado públicamente en la ciudad de Meaux por haber intentado disparar su ballesta contra el soberano.



El 3 de abril de 1599, dos monjes -uno jacobino y otro capuchino-, llamados respectivamente Ridicoul y Langlois, fueron condenados al suplicio de la rueda en la Plaza de Grève (París), tras reconocer sus proyectos homicidas contra la persona del Rey.

A mediados de 1600, es una mujer que respondía al nombre de Nicole Mignon quien fue apresada y juzgada culpable de intento de regicidio contra Enrique IV. Tenía previsto impregnar la cama del monarca con un líquido venenoso de su invención y de cuya letal evaporación habría muerto el Rey al inhalarlo. La alquimista es ahorcada y luego quemada hasta reducirla a cenizas el 2 de junio.




El 19 de diciembre de 1605, a las 17 horas y regresando el Rey de cacería con su séquito, fue agredido por un loco llamado Jacques des Isles al cruzar el Puente-Nuevo. Puñal en mano, consiguió agarrar la capa del monarca y tirarle hacia atrás para casi hacerle caer de su montura, gritándole: -"¡Devuelveme mi reino!"

Gracias a la intervención de los lacayos, el loco fue apresado y desarmado a tiempo.

-"Que le lleven a prisión sin daño alguno." Ordenó Enrique IV.

-"¡Al menos, os he dado un buen susto!". Exclamó el energúmeno entre carcajadas mientras se lo llevaban maniatado.

Tachado de desequilibrado, Jacques des Isles pretendía descender de Faramundo, al que se tenía por entonces como el primer monarca francés. Afirmó: -"Yo soy el rey de todo el Mundo!". Convencidos los jueces de su demencia, el pobre loco fue encerrado de por vida en una celda de La Bastilla. Tan solo pudo salir de ella con los pies por delante.

Tres años después de la tentativa de Jacques des Isles, en 1608, sería decapitado (porque era noble) el normando Señor de Saint-Germain de Bacqueville "por haber, mediante encantamientos y brujerías y algunas punzadas de una imagen de cera, querido atentar contra la persona del Rey."



Dos años más tarde, el 14 de mayo de 1610, un imponente pelirrojo vestido de verde que respondía al nombre de François Ravaillac, consiguió llevar a cabo su misión: asestar dos puñaladas mortales al rey Enrique IV de Francia, seccionando la aorta con el segundo golpe. Propinó con tal fuerza aquellas dos cuchilladas que la hoja se hundió hasta el mango. Se dio la curiosa casualidad que el carruaje del soberano se encontraba bloqueado por un embotellaje de carretas en la callejuela de La Ferronnerie. El asesino ni siquiera hizo nada para escapar, dejándose arrebatar el arma por el Mariscal de La Force, como si estuviera repentinamente ausente, como en un éxtasis místico... A pesar de que Ravaillac juró y perjuró hasta el final que había actuado en solitario, el proceso judicial dejó en evidencia que el asesinato del monarca beneficiaba a demasiadas personalidades dentro y fuera del país.

El 27 de mayo de 1610, el regicida François Ravaillac era descuartizado en la Plaza de Grève de París, después de sufrir la amputación de la mano derecha y ser bestialmente torturado.



(*)_Popularmente conocida como la Reina Margot o Margarita de Valois, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis, hermana de los tres últimos monarcas de la Casa de Valois-Angulema: Francisco II, Carlos IX y Enrique III. Fue la primera consorte de Enrique IV cuando entonces era tan solo Rey de Navarra con el ordinal de Enrique III de Borbón, popularmente conocido como "el Bearnés".

(**)_Se llamaban "Ligueros" a los que formaban parte de La Santa Liga Católica capitaneada por los Duques de Guisa, enfrentada al bando Hugonote (protestantes) liderado por los Duques de Borbón y de Vendôme, y los Príncipes de Condé, durante las sucesivas Guerras de Religión que sacudieron Francia durante la 2ª mitad del siglo XVI.

martes, 31 de mayo de 2011

LA LEYENDA ROSA DE ENRIQUE III DE FRANCIA

Enrique III de Francia,
¿una leyenda rosa no merecida?




Los rumores sujetos a revisión


Retrato del rey Enrique III de Francia (1551-1589), el último representante de la Casa de Valois-Angulema inaugurada por su abuelo el rey Francisco I.


¿Qué interés hay, quizás os preguntéis, en volver sobre la cuestión después de tantos siglos? Por rechazo a los clichés o estereotipos facilones. Enrique III de Francia era un hombre refinado y sus adversarios hicieron de él un hombre afeminado. Es víctima de una homofobia que confunde feminidad y homosexualidad.

Enrique III no era, probablemente, un homosexual a secas. Aquello habría entrado en contradicción con su gran piadosidad que, todo hay que decirlo, fue tardía y correspondió en el momento en que las cosas le iban muy mal. Era sobretodo un rumor alimentado por sus adversarios políticos para desprestigiarlo, justificando así su reemplazo y evitar a un rey protestante en el trono de Francia, en la persona de su sucesor y primo (y cuñado) el rey Enrique III de Navarra (futuro rey Enrique IV de Francia). Las críticas eran, de hecho, fruto de los partidarios de la familia de Guisa y de los católicos opuestos a la relativa tolerancia del rey hacia los protestantes o hugonotes.


Baile en la corte del rey Enrique III, según una pintura de la época.


Dos fundamentos fueron esenciales a estos rumores. Primero el extremado refinamiento de su corte. Fue él quien introdujo en Francia el uso del tenedor para comer, impuso a su entorno el uso del jabón y el frecuente cambio de ropa interior (camisas, medias, calzones, etc..), y lleva al colmo del refinamiento el vestuario para los hombres e imponiendo un ceremonial cortesano complejo. Pero las mentalidades de entonces no estaban preparadas para asimilar esas nuevas normas de aseo y comportamiento: no se podía ser a la vez limpio y bravo, elegante y heterosexual. Hoy día, Enrique III de Francia habría pasado por ser un "metrosexual": un hombre que, cuidadoso de su apariencia física y de su aseo personal, habría sido igual de ambiguo para nuestra prensa.


Dibujo representando al rey Enrique III con atuendo de fémina, haciendo referencia al rumor de su peculiar afición por el travestismo...


Luego están los favores políticos y financieros prodigados a sus amigos, escogidos entre los más jóvenes por su fidelidad y devoción, no por su cuna ni procedencia linajística. Para los príncipes de entonces, furiosos de verse apartados del poder y del favor real, echando por tierra el orden social y la jerarquía de las edades, aquello debía ser necesariamente fruto de una naturaleza degenerada. Al manifestar un gran dolor cuando 8 de sus amigos se mataron entre sí en el "Duelo de los Mignons", se comporta como un particular aplastado de dolor y no como un rey, que no debería manifestar ningún sentimiento aparente. Las circunstancias políticas hicieron el resto. Su sucesor siendo tan solo un lejano primo, nadie estimó necesario restablecer la verdad y rehabilitar la figura de Enrique III, como tampoco restaurar el honor perdido del último Valois de cara a la posteridad.


Enrique III de Francia retratado por Clouet hacia 1589. En sus últimos años, el monarca cambió sus lujosos y coloridos trajes por otros de paño, terciopelos y sedas negras, y los desmedidos cuellos rizados por un simple cuello de camisa como señal de austeridad en tiempos tan aciagos.


Una última precisión sobre el vocabulario. A principios del siglo XVI, el término "mignon" estuvo reservado al hijo predilecto. La juventud e indulgencia paternal de Enrique III hacia sus fieles, hizo que se les apodasen por boca de su corte, "los mignons del Rey", lo que venía a ser "los favoritos". No es hasta después del asesinato del monarca por un monje fanático, que el término "mignon" fue utilizado para designar al joven amante de un hombre.


Todo esto está fundado sobre trabajos históricos recientes, rigurosos y serios, aunque encuentren todo lo contrario escrito en todas partes. Sin embargo, para quien le interese, siempre se puede echar mano de la última y excelente biografía de Enrique III escrita por Jean-François Solnon, publicada en francés por las Ediciones Perrin (París) en abril del 2001, aunque aún hoy no se ha encontrado una traducción en lengua castellana.

jueves, 7 de abril de 2011

Anécdotas Históricas -6-



17/ Un día el Cardenal Du Perron, ante el rey Enrique III de Francia, pronunció una sublime y elocuente disertación probando la existencia de Dios. Cuando terminó, y tras los aplausos de la corte, añadió ufano:


-"Acabo de probar la existencia de Dios. Mañana, si Vuestra Majestad me lo permite, probaré que no existe."

Semejante cinismo cayó como una bomba sobre el rey, quien lo expulsó de la corte.


anécdota de: Tallemant des Réaux, "Historiettes", siglo XVI.