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jueves, 8 de agosto de 2013

ACTUALIDAD: España no debe pagar la deuda de la banca!



"Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg. España no debería pagar su deuda porque es delictiva e ilegítima".

Con esta aplastante contundencia despacha Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU, su particular análisis del actual momento histórico.

La dilatada trayectoria diplomática de este profesor emérito en la Universidad de Ginebra y comprometido analista internacional, que fue relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación durante ocho años, impide que le tiemble la voz a la hora de señalar con el dedo inquisidor a los ‘culpables’ de la crisis sistémica.

"No puede ser que en un planeta con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, haya casi una quinta parte de sus habitantes sufriendo infraalimentación".

En su último libro Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre (Península), que Ziegler presentó ayer en Madrid, pone sobre la mesa una serie de cuestiones molestas de las que otros diplomáticos ni siquiera se atreven a hablar en los pasillos de la ONU.

Unas críticas irreverentes que ya ventiló en otros trabajos como El hambre en el mundo, Los nuevos amos del mundo y aquellos que se le resisten, El imperio de la vergüenza o El odio a Occidente.

Su receta para revertir esta situación es, si cabe, tan radical o más que su tesis sobre la generación de las desigualdades: " Ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar las arrogantes riquezas robadas por los especuladores financieros".

Una extremista postura que lo lleva incluso a criticar la incapacidad de movimientos de la sociedad civil como el 15M en España u Occupy Wall Street en Estados Unidos.

"Reconozco que son símbolos importantes y que han logrado la simpatía de la sociedad, pero todavía son insuficientes para quebrar la actual relación de fuerzas si no desembocan en una huelga general indefinida.

Hay que darse cuenta de que en el orden mundial reina una violencia estructural que se debe combatir con una contraviolencia basada en la resistencia pacífica".

La migración de los grandes fondos especulativos a los mercados de materias primas, principalmente de la agroalimentación, la cual creció exponencialmente en el trienio 2005-2008 como explica Ziegler en su último libro, "es el origen de esta crisis genocida porque han disparado el precio de los alimentos básicos".

A pesar de la ‘destrucción masiva’ conceptualizada por Ziegler, el diplomático exhibe su característico optimismo de luchador a contracorriente y asegura que esta situación creará la conciencia social necesaria para "multiplicar rápidamente las fisuras en el muro capitalista, que acabarán derrumbándolo y creando un nuevo orden mundial".

La insurrección será por el hambre o no será

El primer paso, explica, es darse cuenta de que "los criminales financieros son el enemigo común de los europeos, de los africanos y del resto de la población que sufre de hambre y desempleo en el mundo. Unos oligarcas que monopolizan los beneficios y privatizan los servicios y recursos".

Para Ziegler, esta toma de conciencia será el advenimiento de una nueva forma de solidaridad internacional entre todos los pueblos, que posteriormente se transformará en un "frente de resistencia intercontinental".

Un convencimiento "total", pero que se transforma en duda cuando se le pregunta por los riesgos y los pilares sobre los que se fundará este alzamiento popular.

"Es un misterio, no puedo hablar de la revolución porque se trata de la libertad liberada en el hombre y los procesos revolucionarios son imposibles de prevenir porque tienen sus propias leyes y no son conocidas".

Lo que sí tiene claro Ziegler es que la insurrección, como ha ocurrido en la mayoría de estos procesos a lo largo de la historia, se producirá por el hambre.

"La hambruna ya es una realidad en las banlieues parisinas y el pueblo español también está sufriendo la pobreza, como el resto de Europa".

En este contexto, indica, la lucha de clases es "absolutamente inevitable porque las oligarquías capitalistas no serán capaces de reeditar el genocidio americano de los indios, ya que es imposible matar a todo un país como España y hacerle aceptar permanentemente las cadenas".

"España no debería pagar su deuda porque es delictiva e ilegítima"

Las "cadenas" a las que retóricamente se refiere este diplomático de la ONU estarían impuestas por las políticas económicas de la austeridad, que califica como "absurdas y destructoras".

Los teóricos del neoliberalismo, añade, "nos han hecho creer que hoy en día la austeridad es la única política posible, pero sólo se aplica a la clase trabajadora y nunca a los banqueros. Estas políticas tienen un límite objetivo y no van a resolver los problemas".


 
En contraposición a estas recetas neoliberales, Ziegler defiende unas políticas centradas en el crecimiento.

Esta es la única esperanza que deposita en los representantes políticos, aunque matiza que de forma "extremadamente leve".

Sus protagonistas no podrían ser otros que François Hollande y Barack Obama. "Ambos deben formar una alianza por el crecimiento basada en la inversión pública, el incremento del salario mínimo, las prestaciones sociales, la búsqueda del pleno empleo y la lucha contra la desindustrialización".

Para el vicepresidente del consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU estas políticas no son la solución final si no van acompañadas de un despertar de la sociedad civil y, sobre todo, del impago de la deuda.

"Los dirigentes españoles deben hacer lo mismo que ha hecho Rafael Correa en Ecuador, es decir, negarse a pagar la deuda, cuya amortización ya es altísima, porque es odiosa e ilegítima.

Esto es, se ha creado, en gran parte, por la delincuencia financiera y la corrupción política, sin materializarse en inversiones reales".

Una perspectiva que lo lleva incluso a cometer el atrevimiento de recomendar a los españoles que objeten en la declaración de la renta al porcentaje del gasto dedicado a la deuda pública. Una campaña lanzada desde el 15M que califica de "necesaria, inteligente y eficaz". Todos estos elementos en su conjunto, unidos a la inflación, podrán acabar con las "deudas injustas".

Refundar la ONU para instaurar un nuevo orden mundial

La Organización de las Naciones Unidas debe tener un papel central en el futuro escenario mundial.

Como explica Ziegler, la ONU se fundó con el objetivo principal de defender el interés general de los pueblos y promulgar los principios recogidos en la Carta de los Derechos Humanos.

Sin embargo, "los mercenarios han pervertido su papel y destruido su credibilidad moral".

Entre ellos, no duda en señalar al exsecretario general Ban Ki-moon o al presidente del consejo de selección de los relatores, el hondureño Roberto Flores, "quien apoyó el golpe de Estado en su país en 2009".

Para Ziegler, la refundación de esta organización pasa por imprimirle "mucha más democracia" eliminando el poder de veto de las naciones integrantes del Consejo de Seguridad, limpiándola de "golpistas" y eliminando las prebendas del FMI y el BM.

El neoliberalismo delictivo, concluye el diplomático, "se cura con política".



  
 
 


 

sábado, 14 de enero de 2012

Anécdotas Históricas -96-

LOS CALZONES DE NAPOLEÓN I



La imagen ha popularizado los retratos de Napoleón I en uniforme. Todo el mundo sabe que el poderoso dueño de Francia iba normalmente vestido con una casaca verde de los coroneles de los Cazadores de la Guardia, de un chaleco y unos calzones de casimiro blanco. Esas dos últimas partes de su uniforme eran de una extrema delicadeza. La menor mancha hacía imposible llevarlos y, para colmo, el emperador no era nada cuidadoso. Siempre que se sentaba en la mesa, se manchaba inevitablemente. No dedicaba más de 20 minutos a sus comidas y, como siempre estaba ocupado en proyectos de gran envergadura, guiaba sin mirar sus manos del plato a la boca. Obviamente, las salsas acababan por inundar sus calzones y su chaleco inmaculados y, como la pulcritud de esos dos componentes de su vestimenta eran capitales, siempre acababa por cambiarlos. Esa operación solía ocurrir varias veces al día.



Eso llevó a Napoleón I a poseer un gran número de calzones y chalecos blancos, mucho mayor que el número de sus victorias. A base de limpiar sus trajes y de renovarlos con tanta frecuencia, la factura del Sr. Léger, el sastre de Su Majestad Imperial, se inflaba considerablemente. El proveedor se alegraba, ya que el Emperador era un cliente serio a quien se podía, con toda seguridad, abrir un crédito sin límite. Pero, en el Palacio de Las Tulerías, un alto funcionario veía con angustia aumentar la cuenta de gastos en calzones y chalecos: el Conde de Rémusat, Gran Maestre de la Guardarropía Imperial, encargado de velar por el correcto mantenimiento y renovación del armario del Emperador. Para ello, se le destinaba anualmente la suma de 20.000 Francos para sus uniformes pero, el gasto rebasaba desde hacía mucho el crédito concedido por el sastre.

Preocupado, Rémusat no osaba informar a Su Majestad que se estaba endeudando, ya que Napoleón no siempre se mostraba de buen humor. Una observación en un momento inoportuno, una palabra que le desagradara y el funcionario era fulminantemente despedido. Asi que, para evitar la cólera del Emperador, Rémusat no imaginó otro medio que el de hacer esperar al Sr. Léger y retrasar los pagos que se le adeudaban. El sastre tenía mucha paciencia; sin embargo, la cuenta llegó a los 30.000 Francos y el Emperador seguía manchando sus ropas!



Un día, Léger se encontró en la necesidad de disponer del dinero que se le adeudaba y solicitó al Conde de Rémusat que se le liquidara la cuenta. El Gran Maestre se salió por la tangente y consiguió retrasar el vencimiento a un mes. Expirados los treinta días, el sastre reiteró su demanda; Rémusat consiguió retrasar el pago quince días más. Al final, el pobre Sr. Léger tuvo que ir día si y día también a palacio para intentar que se le abonaran las cantidades adeudadas por el Emperador. Usando de estratagemas poco creíbles, Rémusat huía de él pretextando malestares, una urgencia o un recado de última hora para no recibirle.

Ese circo habría durado mucho de no ser que Napoleón juzgó oportuno encargar un uniforme nuevo. Las sesiones de prueba en palacio ofrecieron al sastre la ocasión de ver al Emperador en persona y hablarle directamente pero, ¿de qué modo? Tenía que exponerle el problema sin despertar su enfado. Léger estaba tan absorto en buscar cómo plantear al soberano el asunto de su factura pendiente de pago que, al cortar la casaca verde, se equivocó en las medidas.



El día fijado, se presentó en palacio sin haber constatado su error. Cuando el Emperador le recibió en su gabinete y se ponía a su disposición para probar el uniforme, pareció que éste estaba de humor agradable.

-"Buenos días Monsieur Léger. Parecéis preocupado, señor."

-"Sire, los asuntos van con dificultad. Se me adeuda mucho dinero. Los clientes no pagan siempre regularmente..."

El giro que estaba tomando la conversación habría podido dar lugar al sastre exponer sus quejas, sin embargo, el temor de despertar la cólera imperial le frenó. Finalmente, Napoleón endosó la casaca verde y reventaron las costuras.

-"¿Qué es esto, Monsieur Léger?¡No entro en este uniforme! Es demasiado estrecho."

El sastre empalideció. Era la primera vez que se equivocaba en las medidas, y eso para un proveedor de la corte era inaceptable. Antes que reconocer su error, el Sr. Léger se aventuró jugando la carta de la audacia.

-"Sire, Vuestra Majestad perdonará mi franqueza pero, me veo en la obligación de confesarle que, con ella, debo ensancharle el paño para vestirla."

-"¿Qué significan esas palabras Monsieur Léger? Si falta el paño en Francia, conquistaré Inglaterra donde se fabrican unos muy buenos!"

-"Sire, no es el paño lo que escasea sino el dinero. Monsieur de Rémusat me debe más de treinta mil Francos para liquidar la cuenta de Vuestra Majestad."

Sin mediar palabra, el Emperador tiró de la campanilla y mandó que acudiera en su presencia el Gran Maestre de la Guardarropía para relevarle de sus funciones.

-"En cuanto a vos, Monsieur Léger, tendréis cuidado, mañana, de traerme otro traje que no sea ni demasiado estrecho, ni demasiado ancho!"

El día siguiente, el Emperador tuvo su traje nuevo y el sastre cobró la totalidad de la suma que se le adeudaba. Napoleón dio el puesto de Rémusat a uno de sus chambelanes, el Conde de Montesquiou-Fezensac, aconsejándole:

-"Espero, señor, que nunca me expondréis a la vergüenza de verme reclamar el precio de mis calzones y de los trajes que llevo!"



Anécdota de: Napoleón I, Emperador de los Franceses (1769-1821).

viernes, 8 de abril de 2011

Anécdotas Históricas -7-



20/ Un financiero aborda a un caballero que le debe dinero y le dice:


-"Supongo, señor, que me debéis diez mil escudos."

-"Señor adoptad, os lo ruego, otra hipótesis."

Anecdotario del siglo XVIII.