lunes, 13 de agosto de 2012

CURIOSIDADES -60-



-"¡Si no tienen pan, que coman costra de paté!"

Esta famosa frase jamás fue pronunciada por la vilipendiada reina Maria-Antonieta de Francia, sino por una tía política suya y mucho antes de 1789, fecha en que estalla irremediablemente la Revolución Francesa. De hecho, esa cínica respuesta fue recogida por Jean-Jacques Rousseau en una publicación de 1782 titulada Confesiones, atribuyéndola a una gran princesa sin precisar quién.

Retrato de Madame Adélaïde de Francia (1732-1800); según J.M. Nattier.


Hay que esperar hasta la década de 1980 para que un biógrafo de Luis XVI aclare la autoría y despeje las dudas: Madame Adélaïde de Francia (1732-1800), tercera hija del rey Luis XV y de María Leszczynska, y tía paterna del rey Luis XVI. En la intimidad familiar, su padre le llamaba cariñosamente "torchon" (trapo) por su inusitada afición por las tareas domésticas.
Fue en los salones de la misma princesa donde se acuñó el apodo de la Austríaca para la entonces Delfina de Francia, Maria-Antonieta de Austria-Lorena (1755-1793), cuando ésta decepcionó sus planes en su lucha contra la Condesa du Barry y también por su conducta frívola. El apodo despectivo tuvo tanto éxito en la corte de Versailles, que acompañó a la desgraciada soberana hasta el cadalso e, incluso, le sobrevivió durante largo tiempo a modo de epitafio.



Obviamente, y en los tiempos aciagos de la Revolución, los enemigos de Maria-Antonieta se ocuparon de atribuirle falsamente dicha frase para desprestigiarla a los ojos del pueblo, contribuyendo exitosamente en su campaña de desprestigio de la monarquía.

En cuanto a la hambruna y la guerra padecida por el pueblo francés, ésta fue planeada y provocada por el banquero suizo Jacques Necker, entonces ministro de Finanzas, conjuntamente con la complicidad de los Jacobinos que mucho tuvieron que ver con las Jornadas del 5 y 6 de Octubre de 1789 (los principales conspiradores fueron Necker, el Duque de Orléans, el Marqués de La Fayette, Antoine Barnave, el Marqués de Mirabeau, Pétion, Chapellier, etc...).

La frase que nunca fue dicha por la última reina de Francia escondía, en realidad, un vasto complot político orquestado por los Jacobinos y sus aliados para que triunfara la revolución. 

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