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jueves, 9 de abril de 2015

JEAN LANNES: De aprendiz de tintorero a mariscal de Francia


JEAN LANNES, DUQUE DE MONTEBELLO
MARISCAL DE FRANCIA
1769 - 1809
 
 

El Hermano que nunca tuvo Napoleón

Ya durante su vida, el Mariscal Jean Lannes, fue considerado por el emperador Napoleón I como el mejor de todos; el Gran Corso lo tenía en tan alta estima que le otorgó los títulos de Duque de Montebello y Príncipe de Sievers. Destacó en múltiples batallas, haciendo gala de una gran valentía y coraje, siempre al frente de sus hombres. Para Napoleón fue el hermano que siempre deseó tener. Esta es su historia...


Nació en Lectoure (Gers), el 14 de abril de 1769, era hijo de un modesto marchante de bienes o agricultor según diferentes fuentes, y su padre le colocó de aprendiz en un taller de tintorería, hasta que en 1792, pasando por aquella villa un batallón de voluntarios, se enrolaría también él. Tenía gran coraje, aunque descartado por razones políticas, en 1795 reglamentariamente fue nombrado Jefe de Brigada y al año siguiente, como simple soldado se enroló para la campaña de Italia. El 10 de junio de 1796, Bonaparte le ordena tomar el puente de Lodi, Lannes lo hace con tal valor y coraje, que los soldados le siguen enardecidos y logran lo que parecía imposible, imponerse a la artillería que defendía aquel difícil punto. El 14 de noviembre, durante la batalla de Arcole, recibe en su cuerpo dos balas. Al día siguiente, se apresta nuevamente a la lucha precipitándose sobre el campo de batalla, para caer luego desmayado después de haber recibido un tiro en la cabeza.


Sus Grandes Batallas


Dos meses más tarde, hallándose en Rivoli, el 14 de enero 1797, apenas repuesto, Bonaparte repara en su hazaña y le cita elogiosamente en su informe, al tiempo que le nombra General de Brigada. Desde ese día entre ambos generales habrá una gran amistad. Toma después la plaza de Imola, tras lo cual el Papa se decide a concluir el tratado que se le proponía. Después de pasar a Egipto, en aquellas tierras se distinguirá especialmente en el asedio a San Juan de Acre, en las jornadas del 19 y 20 de abril de 1798, donde nuevamente es gravemente herido. El 25 de julio de siguiente año, en Aboukir, toma el reducto turco a la cabeza de diez batallones. En premio a su sacrificada labor, Bonaparte le promociona al grado de General de División, y regresa a Francia con Napoleón, acompañándole cuando va a ponerse a la cabeza del Estado en la larga jornada del 18 y 19 Brumario. El Primer Cónsul el 16 de abril de 1800 es nombrado Jefe de la Guardia del Consulado. Poco después, a la cabeza de la vanguardia, Napoleón le envía nuevamente a Italia, para que inicie la segunda campaña, derrotando a los austriacos en la batalla de Montebello, el 9 de junio de 1800, y cinco días después, el 14 de junio lo hace en la batalla de Marengo, donde sus hombres apostados en posiciones idóneamente dispuestas, resistieron durante siete horas los embates de sus oponentes que lanzaban impresionantes cargas, sin que aquellos hubiesen de ceder un palmo de sus asentamientos.

Quiso Napoleón premiarle con un descanso, y por ello le nombró Embajador en Lisboa, aunque su cargo fue efímero, debido a su total incapacidad para la diplomacia, al carecer de tacto y dotes de mediador dialéctico. Ante ello, Bonaparte, el 19 de mayo de 1804, le nombra Mariscal del Imperio. Puesto a la cabeza del V Cuerpo en la campaña de Austria, en 1805, mandaría el ala izquierda en la jornada del 2 de diciembre en aquella apoteósica batalla en Austerlitz.. En 1806 toma parte en la campaña de Prusia y derrota y somete al Príncipe Louis de Prusia, en Saalfeld. En la batalla de Jena, el 14 de octubre de 1806, mandará el centro de aquella máquina bélica que era la Grande Armée. El 26 de diciembre derrotará a los rusos en la batalla de Pultusk, donde nuevamente es herido. Vuelto nuevamente al frente bélico, toma el mando de la vanguardia en Friedland y durante cuatro horas resiste los asaltos del ejército ruso de Benningsen. En su retorno, en mayo de 1807, apoyo brillantemente el sitio de Dantzig.

Napoleón ante la brillantez de su trayectoria militar le premia ahora con el principado de Sievers y el ducado de Montebello.

Destinado en 1808 a España, como Coronel General de Suizos, logrará un brillante triunfo en la batalla de Tudela, y su presencia conducirá a la victoria en el cerco de la inmortal plaza de Zaragoza. Después de ello, nuevamente es enviado a la campaña de Austria, donde se incorpora participando en la maniobra de Landshut y el 22 de abril en la batalla de Eckmühl. Cerco de Ratisbonne, donde tomó una escala y escaló los muros como si un soldado más hubiese sido venciendo aquel mismo año de 1809, en Abensberg, Ámsterdam, y en Essling, donde durante toda la jornada contuvo al ejército del archiduque Carlos, que triplicaba el número de plazas que aquel mandaba. El tesón y la extraordinaria valentía con que permanentemente recorría los puestos, hizo que al caer la tarde una bala perdida de cañón le hiriese gravemente en las piernas, resultando con ambas rotas y que hubieron de serle amputadas en un improvisado hospital de campo en la isla de Lobau. Las tremendas heridas y la gran pérdida de sangre condujeron a que falleciese en la madrugada del 31 de mayo de 1809, en Viena, a donde había sido llevado, tras una agonía de seis horas. Era el primer Mariscal del Imperio que fallecía en combate, y Bonaparte le lloró como su mejor amigo que fue.



Texto de Vico / "El Mariscal Jean Lannes" in Retratos de la Historia.

sábado, 3 de enero de 2015

Cita de la Semana



"La nobleza habría subsistido si se hubiera ocupado más de las ramas que de las raíces."

Frase de: Napoleón I Bonaparte, Emperador de los Franceses y Rey de Italia (1769-1821).

martes, 4 de marzo de 2014

Anécdotas Históricas -239-



Napoleón I comentó jocosamente en cierto momento, tras conocer personalmente al entonces obeso Duque y Príncipe-Elector Federico III de Württemberg, que "Dios había creado al príncipe para demostrar hasta qué punto la piel humana podía ser estirada sin reventar".

Por su parte, y enterado del comentario del emperador, el mordaz Federico III preguntó falsamente maravillado a quien quisiera oirle "¿cómo tanto veneno podía caber en una cabeza tan pequeña como la de Napoleón?".



Anécdota de: Federico I, Rey de Württemberg (1754-1816) y de Napoleón I, Emperador de los Franceses (1769-1821).

sábado, 25 de enero de 2014

EL CONDE DE NARBONNE-LARA: ¿de quién fue hijo?


UN PADRE PARA UN BASTARDO

  


 

Claude Ignace Garnier de Falletans (1731-1770), Señor de Falletans y de Choisey, entró el 24 de mayo de 1749 en la Cia. de Mirepoix, de los Guardias-de-Corps del Rey Luis XV y, el 1 de octubre 1756, ascendió al rango de corneta en el regimiento de caballería de Harcourt. El 22 de marzo de 1758, fue nombrado capitán de la misma que, al año siguiente, fue rebautizado como Regimiento de Preissac. En 1761 fue mencionado por su jefe de cuerpo como "gentilhombre del Franco-Condado, pocos bienes, soltero y con talento". Cuando ese cuerpo de caballería fue reformado e incorporado junto con el Regimiento de La Rochefoucauld para constituir el Royal-Champagne, fue trasladado al regimiento de los carabineros conservando su antigüedad de capitán. A partir del 1 de diciembre de 1762, obtiene el mando de una de las seis compañías de la 5ª brigada, la de Montaigu. En 1764, es positivamente mencionado por el Marqués de Poyanne: "Muy buen oficial, muy exacto, ama su tropa y la mantiene bien". El 20 de agosto de 1768 obtiene el rango de mayor. El 25 de abril de 1770, es sustituído al frente de su compañía pero sigue percibiendo su remuneración de manera regular en mayo y junio. Fallece el 2 de julio siguiente, sin lugar a dudas a consecuencia de un duelo a espada acaecido en abril, y del cual salió tan malherido que se encontró en la imposibilidad de ejercer sus funciones y que murió de sus heridas dos meses y medio más tarde.

 
Retrato de Charles Léonard de Baylens, Marqués de Poyanne (1718-1781).


Claude Ignace Garnier de Falletans era, según diversos testimonios de la época, un apuesto oficial de hermoso semblante que habría llamado la atención de la Princesa Luisa de Francia, (Madame Louise última de las hijas de Luis XV), hasta el punto de enamorarla. Tras un soplo de un indiscreto (?), el rey ordenó el traslado del hermoso oficial a un regimiento de caballería con la expresa prohibición de aparecer en donde se encontrase la corte. No se le tenía por un caballero adinerado pero, sin jamás contraer una sola deuda, llevaba un tren de vida sin restricciones y tan dispendiosa que llamó la atención sobre el origen de sus recursos.

 
Retrato del Rey Luis XV de Francia y de Navarra (1710-1774).


Desde el momento en que se entera de la muerte del oficial, el Marqués de Poyanne, teniente-general e inspector general de la caballería y de los dragones, habría enviado a un oficial de confianza para poner los sellados sobre los papeles del finado. Sin embargo, tres de sus camaradas de brigada tuvieron, al parecer, el tiempo de examinar la correspondencia que probaba formalmente la relación que habría facilitado la carrera y holgada vida del oficial. Seis meses después de la muerte del caballero, Madame Luisa profesó en las Carmelitas de Saint-Denis, muy a pesar de los ruegos de su padre el rey.

 
Retrato de la Princesa Luisa María de Francia (1737-1787), conocida en la corte como Madame Louise.
 
 
Retrato de la Princesa Luisa Elisabeth de Francia, Infanta de España y Duquesa de Parma, de Piacenza y de Guastalla (1727-1759).
 

Estos hechos nos llevan a concluir que en el otoño de 1754, la más joven de las hijas de Luis XV se dejó seducir por el joven y guapo guardia-de-corps, y que abandonó la corte de Versailles para pasar su preñez en casa de su hermana mayor, la Duquesa de Parma, discretamente instalada en el Palacio de Colorno.

 
El Palacio Ducal de Colorno, residencia de verano de los Duques de Parma.


Curiosamente, el 23 de agosto de 1755, nace en el Palacio de Colorno un niño: Louis Marie Jacques Amalric de Narbonne-Lara, supuesto hijo del Conde y 1er Duque Jean-François de Narbonne-Lara (1718-1806), coronel del Regimiento del Soissonais, gentilhombre de cámara del Duque Felipe I de Parma y brigadier a las órdenes del teniente-general del Alto Languedoc. En julio, éste recibe su promoción de mariscal-de-campo, como si se tratase de un reconocimiento a su complacencia por haber aceptado oficialmente la paternidad del recién nacido, al que habían bautizado con mucha pompa y ceremonia apadrinado por el entonces Duque de Berry -futuro rey Luis XVI- y Madame Adelaida de Francia, hija mayor de Luis XV. Se sabe, además, que el primer documento que atestigua de su existencia no fue redactado hasta siete años después de su nacimiento, en el momento de su bautizo en la capilla real de Versailles.


 
Retrato de Françoise de Châlus, Condesa y 1ª Duquesa de Narbonne-Lara, Grande de España (1734-1821).


La supuesta madre del neonato, Françoise de Châlus, Condesa de Narbonne-Lara, era entonces primera dama de palacio de la Duquesa de Parma (pasando a ser, posteriormente, dama de honor de Madame Adelaida de Francia por 4 décadas).

El Conde de Narbonne-Lara no estaba en situación de tener descendencia. En septiembre de 1746, en el asedio de Namur (Bélgica), el joven capitán había recibido en la parte baja del abdomen una herida que le quitaba, para siempre, la posibilidad de procrear. Eso no le impidió, dos años más tarde y a la edad de 30 años, casarse con una joven quinceañera de buena familia que se separó de él antes del final del invierno siguiente. Narbonne-Lara no había conseguido adaptarse a sus nuevas funciones en la corte de Parma y, por ese sencillo motivo, dimitió de sus cargos para volver solo a Francia dejando a su joven esposa en Italia que, poco después, daría a luz a un primer hijo. La identidad del padre natural quedó sepultada en el secreto y la condesa no debía volver a ver a su marido más que en ocasiones excepcionales. De hecho, ella se encontraba exiliada en Trieste cuando su esposo falleció en la ciudad de Agen en 1806, a la edad de 87 años.

 
Retrato de Felipe I de Borbón Farnese, Infante de España, Duque de Parma, de Piacenza y de Guastalla (1720-1765), según Laurent Pécheux.


Se cuenta y rumorea entonces, sin aportar la menor prueba, que los dos hijos de la condesa podrían ser, o bien del Duque de Parma o bien del Conde d'Angivillier. El padre legal, instalado en sus tierras, jamás puso objeción alguna a esos dos nacimientos; sus dos hermanos menores eran eclesiásticos y deseaba perpetuar sus apellidos, títulos y armas a través de herederos varones.

Muchos fueron los que supusieron que el joven Louis de Narbonne-Lara era uno de los numerosos hijos bastardos del rey Luis XV, pero no se sabe a ciencia cierta de ninguna relación íntima entre éste y la condesa que, aunque residente en Parma, venía a menudo y durante largas temporadas a Versailles con su señora, siempre nostálgica del animado ambiente de la corte francesa.

A nadie se le ocurrió la idea de que, para salvar del deshonor a una princesa de la Familia Real, la Condesa de Narbonne-Lara habría simulado un embarazo y guardado seguidamente el hijo del pecado. Las modas femeninas de la época facilitaban la superchería y la residencia ducal de Colorno era lo suficientemente discreta y alejada de Versailles para que una mujer y su embarazo pasaran desapercibidos.


 
Retrato de la Princesa Adelaida de Francia, aka Madame Adélaïde (1732-1800).


Madame Adelaida tuvo, respecto a ese misterioso niño, un comportamiento lo suficientemente extraordinario como para indicar que podría ser la madre. Sin lugar a dudas, esa princesa de mente abierta y costumbres relajadas, siempre protegió de manera sistemática a todos los hijos naturales de su padre el rey pero, con Louis de Narbonne-Lara, se extralimitó al convertirle en su caballero de honor, ocupándose de su carrera y escogiéndole una esposa con mucha diligencia cuando ya empezaba a llevar una vida tan disipada como dispendiosa.

 
Retrato de la Princesa Luisa María de Francia, Madame Louise (1737-1787), con el hábito de monja carmelita.


Pero más que la princesa Adelaida, sobre la que corrió también el rumor de una aventura de juventud con un apuesto oficial, la madre de Louis bien pudiera ser la princesa Luisa. El 11 de abril de 1770, se presentó en el convento de las Carmelitas de Saint-Denis y el 11 de septiembre siguiente tomó el hábito de novicia. Sería en ese cenobio donde habría expiado, durante 17 años, una falta de juventud y rogado por el descanso del alma de su seductor: Claude Ignace Garnier de Falletans.

El Conde de Narbonne-Lara



 
Retrato del General Louis, Conde de Narbonne-Lara (1755-1813).


Extremadamente culto, conocedor de casi todas las lenguas de Europa, es admitido en 1771 en la Escuela de Artillería de Estrasburgo. De teniente pasa a capitán en 1773, en el Regimiento de Monteclin-Dragons. En 1778, es coronel segundo en el Regimiento del Angoumois. En 1791, acompaña a las tías del rey Luis XVI hasta Roma y regresa a París. Luis XVI le nombra ministro de la Guerra a finales del año. Simpatizante de las ideas revolucionarias, quiere participar activamente en la guerra. Tras la caída de la monarquía y el destronamiento de Luis XVI (1792), opta por refugiarse en Londres con la ayuda de Madame de Staël. Regresado a Francia en 1800, el Primer Cónsul le admite en las filas del ejército republicano y le asciende al rango de general de división. En mayo de 1809 es nombrado gobernador de Raab, luego obtiene el mando de una división en las provincias Ilirianas. Ministro plenipotenciario en Munich (1810), conde del Imperio, es escogido por el Emperador para ser su ayuda-de-campo en 1811. Es uno de los que desaconsejan a Napoleón I la campaña de Rusia. Destinado a la embajada francesa en Viena en 1813, saldría de ella para asumir el mando de la plaza de Torgau tras la ruptura de la paz. Moriría de las heridas sufridas por una caída de caballo, el 17 de noviembre de 1813.

miércoles, 22 de enero de 2014

Anécdotas Históricas -236-



Cuando Napoleón I entró triunfalmente en Berlín al frente de su ejército en 1806, no faltó en dar un salto hasta Potsdam para rendir homenaje a otro gran estratega militar que estaba allí enterrado: el rey Federico II "el Grande" de Prusia, cuyos restos descansaban en su tan amado castillo de Sans-Souci. Era un 26 de octubre. Ante la tumba de tan augusto y admirado monarca dieciochesco, Napoleón dijo a sus generales:

-"Señores, si este hombre estuviera aún con vida, nosotros no estaríamos aquí."

Anécdota de: Napoleón I, Emperador de los Franceses (1769-1821).

domingo, 24 de marzo de 2013

LAS TULERÍAS: redescubriendo un palacio en 3D

EL PALACIO DE LAS TULERÍAS
reconstitución virtual de un palacio histórico
 
 

Iniciado en la 2ª mitad del siglo XVI para la reina Catalina de Médicis a las afueras de la capital del Sena, y unido al viejo palacio del Louvre mediante una larguísima galería que bordea aún el muelle Norte del río, fue completado bajo el reinado de Luis XIV y ocupado en varias ocasiones por éste y sus sucesores, se convirtió en la residencia oficial de Luis XVI después de 1789. A raíz de la revolución, y durante el Consulado, el palacio volvió a recuperar su papel de residencia oficial del poder con Napoleón y en sede de la corte imperial. Después de 1814, con la restauración de los Borbones, siguió ostentando el rango de principal residencia de la monarquía a pesar de las dos revoluciones siguientes (la de 1830 y la de 1848), al ser nuevamente elegido por el último monarca francés Napoleón III. Fue este último emperador el que consiguió hacer realidad el sueño de sus antecesores: reunir en un único y vasto complejo los dos palacios históricos. La fecha de 1870, con la caída del IIº Imperio y la sublevación de los comuneros durante la ocupación prusiana, significó el final de una larga historia de 300 años cuando el palacio de Las Tulerías fue incendiado y finalmente arrasado durante la IIIª República.

A partir de grabados, fotografías y planos, se ha podido reconstruir virtualmente las estancias oficiales del desaparecido palacio, que sirvieron de marco de las monarquías borbónica y napoleónica. He aqui algunas de las muy logradas recreaciones del interiorismo del palacio de Las Tulerías:

 
Fachada del Palacio de Las Tulerías desde el Patio del Carrusel.
 
 
La Sala de los Guardias.


 
 
La Sala del Trono.
 


 
 
 
El Salón de Apolo, lugar de recepciones.
 
 
 
El Salón Luis XIV o comedor de diario, con la mesa dispuesta en su centro.

 
El Salón de Luis XIV o comedor de diario desde diferentes ángulos.
 

 
 
La Galería de Diana, antaño Galería de los Embajadores, que precedía los apartamentos reales e imperiales.
 
 

sábado, 16 de marzo de 2013

Anécdotas Históricas -211-



Dotado de un aplomo sorprendente, Joseph Fouché, apodado justamente el "Carnicero de Lyon" debido a su crueldad durante la sangrienta represión que capitaneó contra aquella ciudad sublevada en plena Revolución Francesa, tuvo el siguiente intercambio de palabras con el emperador Napoleón I:

Napoleón: -"¿Habéis sido sacerdote?"

Fouché: -"Si, Sire Napoleón."

Napoleón: -"¿Y habéis votado la muerte del Rey?"

Fouché: -"Es el primer servicio que he rendido a Vuestra Majestad."

Anécdota de: Joseph Fouché, Conde del Imperio, Ier Duque de Otranto (1759-1820), Senador del Ier Imperio, Ministro de la Policía Francesa.

sábado, 17 de noviembre de 2012

VERSAILLES: La evolución del palacio en 3D




He de recomendar el visionado de este vídeo en dos partes sobre la evolución del Palacio de Versailles, reconstruído paso a paso en 3D, desde el reinado de Luis XIII hasta el abandono forzoso de 1789, en que la Familia Real de Luis XVI se traslada definitivamente a París, al Palacio de las Tulerías. En la segunda parte, el palacio sufre el despojo de sus riquezas bajo la Revolución Francesa pero resucita con Napoleón I, que se aloja en el Grand Trianon, y es completado por Luis XVIII; Luis-Felipe I lo convierte en museo y, bajo la IIª República, se le da utilidad construyendo la Sala del Congreso para acoger la Asamblea Nacional y el Senado. Verán que el resultado es exquisito y muy cuidado, pese a estar en tan solo dos idiomas: francés e inglés.
 


Si os apetece explorar de forma más exhaustiva, aqui tenéis el link de la página:
http://www.versailles3d.com
 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

LAMETH: el aristócrata liberal

Alexandre Théodore Victor
Conde de Lameth
1760-1829
 
 


Nació en París y sirvió como coronel en la Guerra de Independencia Americana bajo las órdenes del Conde de Rochambeau, después de entrar en el cuerpo de los Guardias-de-Corps del Rey en 1777 y ascender a capitán del regimiento Real-Caballería en 1779.

De su participación en la Guerra de Independencia Americana, traería ideas de libertad que se revelaron incompatibles con las instituciones seculares de la monarquía francesa.

De vuelta a Francia en 1785, es ascendido a coronel de caballería en el 2º Regimiento Real-Lorena.



En 1789, fue elegido diputado de la nobleza de Péronne para los Estados Generales celebrados en Versailles. Luego, pasó al bando del Tercer Estado y, con dos de sus hermanos, dinamitó con empeño las bases del Antiguo Régimen. Fue uno de los promotores de la abolición de los privilegios de la nobleza y del clero (4 de agosto de 1789), privilegios de los cuales era uno de los detentores y a los cuales renunció inmediatamente. Su siguiente ataque fue contra el clero, reclamando la confiscación de los bienes eclesiásticos para pagar las deudas del Estado. Más tarde, se opuso abiertamente al derecho de veto del rey y propuso la nacionalización de los bienes de la Iglesia y la supresión de los parlamentos. En 1790, reclamó que el derecho de declarar la guerra fuera acordado a la Asamblea Legislativa y no al rey, y exigió la plena libertad de prensa sin restricciones. El mismo año, fue elegido presidente del Club de los Jacobinos pero no pudo o no supo resistir a la creciente influencia de Robespierre.

En la Asamblea Constituyente formó, junto con Duport y Barnave, el "triumvirato" que encabezaba a una agrupación de unos cuarenta diputados. En ella presentó un interesante informe para la reorganización del Ejército Francés (en la que preconizaba el ascenso por mérito y antigüedad), pero su celebridad se debe sobre todo a su elocuente discurso del 28 de febrero de 1791, en el Club de los Jacobinos, contra el Marqués de Mirabeau, en el que denunció sus relaciones con la corte. Mirabeau era entonces enemigo personal suyo.

Fue uno de los miembros fundadores del Club Massiac, un sindicato de plantadores, armadores y negociantes con las colonias de ultramar, lo que le colocaba en contra de la emancipación de los negros.

Más tarde, y tras la huída de la Familia Real a Varennes, Lameth se reconcilió secretamente con la corte por temor al peligroso giro que iban tomando los acontecimientos revolucionarios.



La declaración de guerra contra Austria en abril de 1792, hizo que volviera al ejército. Sirvió en calidad de mariscal de campo bajo el Barón Nicolas von Luckner y el Marqués de La Fayette, pero fue acusado de traición el 15 de agosto de 1792, y cruzó la frontera siendo apresado por los Austríacos durante 3 años. En Francia, tras descubrirse su correspondencia con el rey y su memorándum a favor de los emigrados y de los sacerdotes refractarios, fue acusado de traición.

Tras su liberación, gracias a la influencia de su madre, se afincó primero en Londres (de donde fue expulsado por Pitt) y luego probó suerte en los negocios en Hamburgo junto con su hermano Charles y el Duque d'Aiguillon, y no volvería a Francia hasta 1796, teniendo que huir nuevamente tras el golpe de Estado de 1797; su segundo regreso se produce tras el advenimiento del Consulado, en 1800.



Bajo el 1er Imperio, sirvió en sucesivos departamentos ministeriales y, en 1810, Napoleón I le concedió el título de barón del Imperio y le condecoró con la Legión de Honor. En 1814, se declaró abiertamente partidario del retorno de los Borbones y, bajo la Restauración, Luis XVIII le nombró prefecto de la Somme, siendo luego diputado del Sena-Inferior y, finalmente, diputado de Seine-et-Oise.

Durante los Cien-Días, tomó nuevamente partido por su antiguo benefactor y aceptó un asiento en la Cámara de los Pares.

Al regreso de Luis XVIII, que le hace mala cara, presenta su renuncia pero es rechazada en 1816. Al año siguiente, el Ministerio de la Guerra le concedía una pensión de 4.000 Francos por sus 40 años de servicio en el ejército. Fue, sin embargo, privado de su título de Par de Francia y expulsado de la Cámara.

Durante el reinado de Carlos X, fue el líder de la oposición Liberal hasta su muerte, acaecida el 18 de marzo de 1829.

sábado, 12 de mayo de 2012

PALACIO DEL ELÍSEO -1-


UNA SEDE DE PODER:
EL PALACIO DEL ELÍSEO



Situado en el número 55 de la parisiense calle Faubourg-Saint-Honoré, del distrito VIIIº, el actual palacio fue el palacete del entonces Conde d'Évreux, quien encargó su diseño y construcción al arquitecto Armand-Claude Mollet, y cuyas obras se llevaron a cabo entre 1718 y 1722.

El Palacete u Hôtel d'Évreux nació a raíz de una burla del Regente Felipe II de Orléans cuando el Conde d'Évreux le solicitó la capitanería de las cazas de Monceaux:

-"Os la daré cuando yo mismo pueda entregárosla en vuestro palacete."

Retrato de Henri-Louis de La Tour D'Auvergne, Conde d'Évreux (1679-1753); obra de H. Rigaud.


Directamente afectado y a sabiendas de que no posee ninguna residencia que se adecúe a ese nombre en la capital del Sena, el Conde d'Évreux venderá al financiero John Law su condado de Tancarville por la suma de 732.000 libras. Con parte de esa fortuna (77.000 libras), compra una decena de hectáreas de terreno situado entre la actual calle del Faubourg-Saint-Honoré (entonces un simple camino que llevaba al pueblo del Roule) y el Grand Cours (actuales Campos Elíseos), un lugar de paseo creado por Colbert en las inmediaciones del Palacio de Las Tulerías. Por entonces, no hay otra cosa que huertos, bosques, jardines y explotaciones diversas en los alrededores pero, con el proyecto urbano de la futura avenida de los Campos Elíseos que se está fraguando, los solares serán rápidamente adquiridos por los aristócratas que desean abandonar el centro de la capital y sus angostas calles, y encargar a los arquitectos majestuosas residencias al gusto de aquellos años.

Para poder pagar la construcción de su lujoso palacete y asegurar su tren de vida de acuerdo con su rango, el Conde d'Évreux casará con la hija del financiero Antoine Crozat, cuya dote se eleva a la fabulosa cifra de 2 millones de libras. Él tiene entonces 32 años y ella 12. Se separará de la rica heredera el mismo día del baile ofrecido para la inauguración de su nueva residencia, el 14 de diciembre de 1720. El conde, que había especulado con el sistema de Law y la Compañía de las Indias, retiró el suficiente dinero para indemnizar a su suegro.

El Hôtel de Évreux, representado a vista de pájaro en los llamados Planes Turgot de 1734-1739.

Plano alzado y corte del Hôtel de Évreux en el siglo XVIII.



Como lo prometido es deuda, el Regente acudirá en persona al Hôtel d'Évreux para entregar al conde su nombramiento al frente de la Capitanía de Cazas de Monceaux, regalándole además 530 m2 de terreno para felicitarle por haber ganado el desafío.

El Conde d'Évreux morirá en su admirada residencia parisina en 1753, considerada como la mejor y más elegante casa de su tiempo. El mismo año, será el rey Luis XV quien comprará el palacete para convertirlo en la residencia de la Marquesa de Pompadour, su gran amiga y favorita, por la suma de 730.000 libras. Aunque los lugares encantan a la amante del rey y le llevan a acometer reformas, ampliaciones y redecoraciones, acaba por espaciar sus estancias tras la súbita muerte de su hija en 1754.

Detalle de un retrato de la Marquesa de Pompadour, Jeanne Antoinette Poisson-Le Normant d'Étioles (1724-1764); obra de F. Boucher.


Tras el deceso de la Marquesa de Pompadour, el edificio sirvió de escaparate a lo largo de un año para subastar todo el mobiliario y las obras de arte que había amasado y repartido en sus numerosas residencias la difunta. El Hôtel d'Évreux volvía a ser propiedad de la Corona y destinado a hospedar a los monarcas extranjeros de visita en Francia.

En 1773, nueve años después de la desaparición de la Marquesa de Pompadour, el palacete es adquirido por el banquero Nicolas Beaujon, quien desembolsa 600.000 libras y se instala entre sus muros a partir del 30 de noviembre de 1774. La residencia, degradada en el curso de esa lacuna de 9 años, llevan al banquero a rehabilitarla y redecorarla, encargando el grueso de las obras al arquitecto Étienne-Louis Boullée. Se hacen retoques interiores y se ensancha y alarga el edificio.

Busto del banquero Nicolas Beaujon (1718-1786); obra de Houdon.


El financiero, convertido en un inválido, conservará su palacete hasta agosto de 1786, momento en que lo vende al rey Luis XVI por la suma de 1.100.000 libras pese a la estimación inicial de 3 millones. El monarca le otorga una utilidad concreta: convertir el palacete en residencia para los embajadores extraordinarios y los soberanos extranjeros de visita oficial o privada en la capital.

El 21 de diciembre, Nicolas Beaujon fallece entre sus muros. El 25 de abril de 1787, todo el mobiliario y los elementos decorativos son vendidos en subasta pública.

Retrato al pastel de la Princesa Louise-Marie-Thérèse-Bathilde de Orléans, Duquesa de Borbón (1750-1822).


El mismo año de 1787, es la Duquesa de Borbón, hermana del Duque de Orléans, quien ya anda separada de su marido desde 1781 y cuya presencia en la corte de Versailles ha sido vedada por sus aventuras amorosas, la que compra al rey el palacete por la suma de 600.000 libras. Desde ese momento, la residencia es rebautizada como Hôtel de l'Élysée (Palacete del Elíseo), dada su vecindad con la avenida.

La dueña del lugar, apasionada de quiromancia, astrología y ciencias ocultas, da rienda suelta a sus aficiones en compañía de personalidades tan famosas como el Doctor Mesmer, por citar solo a una.

Durante la Revolución Francesa, la Duquesa de Borbón será apodada popularmente "la Ciudadana Verdad" por su adhesión al republicanismo y sus donaciones al directorio del distrito de los Capuchinos para asegurar la paz pública. Sin embargo, y por culpa de la huída a Austria de su sobrino el Duque de Chartres en 1793, será arrestada y encarcelada por orden de la Convención, y por espacio de año y medio en el Fuerte de Saint-Jean de Marsella. Milagrosamente salvada de la guillotina durante el Terror, sería liberada en 1795 obteniendo el permiso para volver a su residencia parisina. Durante su encarcelamiento, la Convención había requisado todos sus bienes. Tendría que esperar hasta enero de 1797 para que el Directorio le devolviera oficialmente su Palacete del Elíseo.

Dada su mala situación financiera, la Duquesa de Borbón se verá en la necesidad de alquilar los bajos a una pareja de empresarios flamencos, los Hovyn, que abrirán un establecimiento en el que se ofrecen bailes populares, juegos de salón, conferencias y conciertos públicos. Se organizan incluso exposiciones de pintura y escultura, y salones literarios. Aparte de esto, las "habitaciones privadas" son alquiladas para encuentros amorosos de una noche.

En este negocio tan diverso, la Duquesa de Borbón se embolsa 18.000 libras por año; los muebles son alquilados por la suma de 3.200 y, por 8.000 libras de más, la pareja puede organizar fiestas campestres en los jardines.

El golpe de Estado del 18 fructidor del Año V, dirigido sobretodo contra los monárquicos, lleva al exilio a la Duquesa de Borbón fuera de Francia; ella, junto con su cuñada y su primo el Príncipe de Conti, son llevados hasta la frontera española para que se instalen en Barcelona. La Duquesa no volverá a París hasta pasados diecisiete años y tras la caída del Ier Imperio.

El Directorio vende entonces el palacete de la duquesa como bien nacional y anula el contrato de alquiler de los Hovyn. Estos últimos conseguirán comprar la residencia gracias a la ayuda de un avalador que les adelanta la suma de 10.300.000 libras, pero por la cual tan solo pagan un tercio.

El matrimonio Hovyn se desharía de su negocio el 19 de junio de 1798, vendiendolo a un tal Ribié, antiguo director de teatro que, a su vez, lo vende en 1801 al heladero italiano Velloni. El mobiliario fue embargado el 13 de marzo del mismo año. Pero la hija de los Hovyn, Julie Marie Liévine Hovyn, recompra diferentes partes de la propiedad y abre diversos locales que dan a la calle y que se convertirán en tiendas de vinos, restaurantes y mercerías; divide también el 1er piso del palacete en quince apartamentos que alquila por 300 y 900 Francos, dándole una renta anual de 14.660 Francos. Un apartamento de ocho estancias sería incluso alquilado por 1.200 Francos a Madame de Lavaulx, con derecho a los jardines.

En 1799, el Consulado pone un término a esos dislates. El cuñado de Napoleón Bonaparte, Joachim Murat, compra la propiedad a la hija de los Hovyn el 6 de agosto de 1805, por 570.000 Francos. Dada la degradación del palacio, Murat tendrá que encargar importantes y costosas obras de reacondicionamiento, restauración y redecoración. Entre sus paredes se instalará con su esposa Carolina Bonaparte. El palacete pasa al estatus de palacio al recuperar su esplendor de antaño.

Retrato del Príncipe Joachim Napoleón Murat, Gran Duque de Berg (1767-1815), Rey de Nápoles.


Cuando Murat se convierte en el nuevo rey de Nápoles, deberá abandonar su Palacio del Elíseo al Estado el 15 de julio de 1808, asi como todo su mobiliario. Napoleón I y Josefina de Beauharnais ocuparán el Elíseo hasta la Campaña de Francia. Más tarde, tras el divorcio de la imperial pareja, el palacio sería ofrecido a la ex emperatriz como residencia oficial, junto con los castillos de Malmaison y de Navarre. Napoleón I se lo intercambiará por el Palacio de Laeken, en Bruselas, el 13 de febrero de 1812. La nueva consorte del Emperador, Maria-Luisa de Austria, sería instalada en la primera planta junto con su hijo el rey de Roma.

En 1814, tras el desastre imperial, es el zar Alejandro I Pavlovich quien se hospeda entre sus muros para, luego, cedérselos al vencedor de Waterloo, el Duque de Wellington... Con el retorno de los Borbones, la Duquesa de Borbón reclamará la devolución de su antigua propiedad, pero Luis XVIII se la denegará ofreciéndole en compensación el Hôtel de Matignon o el de Valentinois.

Retrato del Príncipe Charles Ferdinand de Francia, Duque de Berry (1778-1820).


El Palacio del Elíseo se convertirá en la residencia oficial de los Duques de Berry en diciembre de 1815. El sobrino carnal del rey Luis XVIII y su esposa Maria-Carolina de las Dos-Sicilias, se instalarían definitivamente en 1816. El 13 de febrero de 1820, el Duque de Berry sería asesinado a la salida de la Ópera, por un obrero llamado Louvel. La Duquesa, desmayada y con el vestido salpicado de la sangre de su esposo, es llevada a toda prisa de vuelta al palacio. Tras unos meses deprimentes, la viuda abandona el lugar para instalarse en Las Tulerías, donde daría a luz al hijo que esperaba de su marido. El 15 de abril, se cubrían con sábanas todo el mobiliario del Elíseo y quedaba desafectado por espacio de 28 años.

En las casi tres décadas que van desde 1820 a 1848, el Palacio del Elíseo no tiene un destino concreto; en ocasiones, serviría ocasionalmente de residencia a los monarcas extranjeros de visita oficial en Francia.

En 1848 y bajo la joven IIª República, tras ganar las elecciones presidenciales, Luis Napoleón Bonaparte es curiosamente instalado en el Palacio del Elíseo, escogido como su residencia oficial y permanente en la capital. Al tercer año de su mandato, el Príncipe-Presidente urdirá su golpe de Estado (diciembre de 1852) proclamando el IIº Imperio y la caída del régimen republicano.

sábado, 10 de marzo de 2012

Anécdotas Históricas -125-



El entonces ministro de la Marina del emperador Napoleón I, el vice-almirante y Duque Denis Decrès, estaba tan hasta la coronilla de los improperios que éste siempre soltaba a propósito de unos y otros que, un buen día, le soltó al monarca con tono exasperado:

-"¡Vuestra Majestad siempre tiene la boca llena de patadas en el culo!"

Anécdota de: Denis Decrès, Conde y Duque Decrès, Ministro de la Marina Imperial Francesa, Senador, Vice-Almirante (1761-1820). 

domingo, 26 de febrero de 2012

PARIS 1887: Venta de los diamantes de la Corona





UNA CATASTROFE NACIONAL
La Venta de los Diamantes de la Corona Francesa





París, 1887

En este período en el cual la inalienabilidad de las obras conservadas en las colecciones públicas están amenazadas, puede ser útil recordar, con la ayuda de los trabajos de Bernard Morel, la lamentable venta de los Diamantes de la Corona Francesa organizada por el Estado en 1887, durante la IIIª República. Ésta amputó vertiginosamente el patrimonio nacional galo.

Retrato del rey Francisco I de Francia (1494-1547); composición de Andelot.


La colección de los Diamantes de la Corona fue constituída de manera deliberada en 1530, por el rey Francisco I, quien aisló un pequeño grupo formado por 8 piedras que estaban en su posesión y a las que declaró inalienables. En el inventario de entonces, se precisó que las piedras estaban engarzadas en diversos anillos del rey Francisco y que las donaba a sus sucesores en el trono de Francia, exigiendo que a cada accesión de los reyes, éstas fueran inventariadas y descritas según su peso, talla y color en presencia del monarca.

El rubí Côte-de-Bretagne (Costa de Bretaña), de la colección de los Diamantes de la Corona, es en realidad una espinela de 107,88 quilates que formaba parte de la dote de la Duquesa Ana de Bretaña, esposa del rey Luis XII de Francia y suegra de Francisco I. Integrada en la colección de los Diamantes de la Corona en 1530, la piedra sería tallada en forma de dragón en 1750 por el joyero de Luis XV, para formar parte de uno de los dos joyeles concebidos para decorar la venera de la Orden del Toisón de Oro, junto con los diamantes "Bazu" y "Grand Bleu de France" -el actual diamante Blue Hope- y otras piedras preciosas (reproducción a pie de texto). Actualmente, forma parte de las Joyas de la Corona expuestas en la Galería de Apolo, del Museo del Louvre (París).

Insignia de la Orden del Toisón de Oro del rey Luis XV, creada en 1750; el joyel reúne dos importantes diamantes de la Corona: el "Bazu" y el "Grand Bleu de France", a un extremo y otro del rubí "Côte-de-Bretagne" tallado en forma de dragón.

Luis XIV, rey de Francia (1638-1715).



Este primitivo fondo de piedras preciosas, del que tan solo subsiste el rubí Côte-de-Bretagne (Costa de Bretaña) hoy día, fue considerablemente aumentado por los sucesivos reyes que vinieron después de Francisco I y, particularmente, por Luis XIV, quien compró por valor de 3 millones de libras de entonces (una gran fortuna) gran cantidad de diamantes y piedras preciosas entre las que podemos citar el Gran Zafiro o Zafiro Rúspoli y el Diamante Azul o Bleu de France, de siniestra fama, belleza y color.

El Gran Zafiro Luis XIV o Zafiro Rúspoli, es una gema peculiar de 6 facetas que forma parte de los Diamantes de la Corona desde el reinado de Luis XIV, después de pertenecer a la eminente familia italiana de los Príncipes Ruspoli. / Abajo, el que fuera antes de 1792 el Gran Diamante Azul alias Azul de Francia o Bleu Tavernier, el más preciado y peculiar diamante de la Colección Real Francesa que Luis XV llevaba engastado en el joyel de la Orden del Toisón de Oro, por su color azul profundo. Robado en 1792, tallado de nuevo para evitar que fuera reconocido y reclamado por Francia, el diamante menguó hasta pesar 44, 50 quilates y pasó entre distintas manos, siendo rebautizado como Blue Hope y cosechando, entre sus sucesivos dueños, ruinas y tragedias hasta que el norteamericano Harry Winston lo adquirió y lo cedió a la Smithsonian Institution, Washington D.C. (EE.UU.)



Las piedras fueron, en ciertas ocasiones, empeñadas pero siempre recuperadas. El fabuloso tesoro de la Corona se vio seriamente mermado tras el célebre robo del Guarda-Mueble, ocurrido durante la semana del 11 al 17 de septiembre de 1792 en París, dónde se conservaba habitualmente. Pero fue nuevamente aumentado bajo Napoleón I, de tal modo que constaban en 1814, 65.072 piedras y perlas de todos los tamaños, la mayoría montadas en alhajas y joyeles; se contaron entonces 57.771 diamantes, 5.630 perlas y 1.671 piedras preciosas (424 rubís, 66 zafiros, 272 esmeraldas, 235 amatistas, 547 turquesas, 24 camafeos, 14 ópalos y 89 topacios).

La corona del rey Luis XV trona en una de las vitrinas de la Galería de Apolo del Palacio del Louvre, rodeada por diversas joyas de la Corona que han sido recuperadas después de la Revolución Francesa y de otras de posterior creación.

"La Galería de Apolo" en el Palacio del Louvre alberga, desde finales del siglo XIX, las Joyas de la Corona Francesa y sus tesoros; pintura de finales del siglo XIX.



Puestos a buen recaudo durante la guerra franco-prusiana de 1870, los Diamantes de la Corona fueron expuestos, con gran éxito, durante la Exposición Universal celebrada en París en 1878, y nuevamente en la Sala de los Estados del Museo del Louvre en 1884. Sin embargo, sobre las Joyas de la Corona ya planeaba una amenaza, no por una cuestión de necesidad pecuniaria del Estado sino por el odio que los republicanos le tenían a la monarquía. La IIIª República, aún frágil y temerosa de una más que probable restauración borbónica, quiso privar para siempre a los pretendientes de la posibilidad de utilizar, en un futuro hipotético, los Diamantes de la Corona. El más tenaz de los adversarios de la monarquía, fue el diputado Benjamin Raspail. En 1878, éste presentó ante la Cámara una moción pidiendo la venta de las alhajas reales e imperiales; moción que fue aprobada finalmente en 1882, por 342 votos a favor y 85 en contra. El mismo año, fue nombrada una comisión de expertos encargados de preparar la venta. No obstante, la comisión propuso y obtuvo el permiso para conservar algunas piedras y perlas emblemáticas que fueron cedidas al Museo del Louvre, como el gran diamante El Regente y el rubí Côte-de-Bretagne, al Museo de Historia Natural y a la Escuela de Minas.

El gran diamante conocido como El Regente, de 140,50 quilates y tallado en cojín redondeado, fue adquirido a inicios del siglo XVIII por el Duque Felipe II de Orléans, a la sazón Regente de Francia durante la minoría de edad del rey Luis XV, de ahí su nombre. En 1722, el diamante fue engarzado en la parte frontal de la corona real para la coronación de Luis XV en Reims. Napoleón I lo mandó engarzar en la empuñadura de su espada para su consagración en Notre-Dame en 1804.


Tras las discusiones que se desarrollaron en el seno del Senado, la ley de alienación fue aprobada en diciembre de 1886 y publicada en el Boletín Oficial el 11 de enero de 1887, con las firmas de Jules Grévy, Presidente de la República, y de Sadi Carnot, ministro de Hacienda: "Los diamantes, las piedras y joyas formando parte de la colección llamada Diamantes de la Corona (...), serán vendidas en subasta pública. El producto de esta venta será convertido en rentas sobre el Estado." Rezaba la resolución.

Retrato del rey Luis XVIII de Francia (1755-1824), en un lienzo fechado en 1822.

Retrato de la Princesa Maria-Teresa Carlota de Francia, Duquesa de Angulema y Delfina de Francia (1778-1851), según el Barón Antoine Jean Gros, 1815.



En ese momento, la colección, que se hallaba conformada por 77.486 piedras y perlas, comprendía dos grupos de joyas: el primero y más antiguo, que databa de la Restauración, y el segundo compuesto bajo el IIº Imperio. La Monarquía de Julio nunca los utilizó ya que poseía sus propias alhajas particulares y eran bienes privados.

En los inicios de la Restauración, el rey Luis XVIII hizo reconvertir para sus sobrinas, la duquesa de Angulema y la duquesa de Berry, las alhajas confeccionadas para la emperatriz Maria-Luisa, segunda esposa de Napoleón I. De este modo, la venta de 1887 comprendía el conjunto de diamantes y rubís, el conjunto de zafiros y diamantes, el conjunto de turquesas y diamantes y la diadema de esmeraldas y diamantes ejecutadas para esas princesas y que habían sido utilizadas por la emperatriz Eugenia.

Retrato de Eugenia de Montijo, Emperatriz de los Franceses (1826-1920), según Etienne Billet, copia del original de F.X. Winterhalter fechado en 1853.


En cuanto a las alhajas constituídas bajo el IIº Imperio, éstas desbordaban la imaginación por su opulencia; aprovechando la Exposición Universal de París en 1855, Napoleón III encargó a los mejores y afamados joyeros de la capital, un sinfín de magníficas joyas: una corona imperial para el emperador (su montura de oro sería desguazada y fundida en 1887), otra corona para la emperatriz y varias diademas, collares, brazaletes, broches y cinturones cuajados de diamantes, perlas y piedras de color. A éstas se añadieron más en los años siguientes: la peineta de diamantes (1856), la diadema rusa (1864), la diadema griega (1867),...



La subasta tuvo lugar en el mismo Louvre, en la Sala de los Estados, y en el curso de nueve sesiones celebradas entre el 12 y el 23 de mayo de 1887. Fue un fracaso financiero en toda regla. La aparición de tal cantidad de piedras y alhajas en el mercado, no hizo sino devaluarlas. La procedencia histórica de las piezas subastadas, tan comercialmente importante en la actualidad, no fue tomada en cuenta. La colección vendida estaba entonces estimada en 8 millones de Francos Oro. Su precio de salida fue de 6 millones... El Estado habiendo pagado 293.851 Francos para organizar la subasta, la ganancia limpia se tradujo en no más de 6.927.509 Francos. Decepcionante desde el punto de vista financiero, la venta fue desastrosa en el plano histórico, mineralógico dada la alta calidad de algunas piedras que ya no se encuentran, y en el plano artístico al desaparecer tantas obras de arte de la joyería francesa. Todo pareció conjurarse para que las piedras perdieran su identidad: para facilitar su compra, los elementos de los conjuntos de la Restauración fueron vendidos por separado, las decoraciones de Napoleón III fueron desmontadas, los conjuntos diseminados...

Fotografía de parte de los diamantes de la Corona subastados en 1887, en los que se encuentran la diadema griega, broches, pendientes, brazaletes y collares de la emperatriz Eugenia, y cuatro broches conformados con los famosos diamantes "Mazarino".



Los compradores fueron, esencialmente, joyeros de prestigio como Boucheron, los hermanos Bapst, Tiffany's, que acabaron por desmontar la mayor parte de las alhajas para reutilizar las piedras.

Objetivo: recuperar las Joyas de la Corona
No queda más que el esfuerzo de recordar lo que fue ese tesoro que acompañó la Historia de Francia. Es una misión que se ha fijado el Louvre: reintegrar en sus colecciones nacionales las joyas que pueden haber sobrevivido al desgüace y a la diseminación, siempre que sea posible. Algunas operaciones fueron felices, desde luego, y podemos citar algunas:



-El famoso par de brazaletes que formaban parte del conjunto de rubís y diamantes de la Duquesa de Angulema, comprada por Tiffany's por la suma de 42.000 Francos, fue legada al Museo del Louvre por un gran coleccionista, el Sr. Claude Menier, en 1973.




-La corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, que le fue devuelta a cambio del valor equivalente de diferentes piedras que Napoleón III había comprado de su bolsillo y entregadas al fondo de los Diamantes de la Corona, fue donada al Louvre en 1988 por el Sr. Roberto Polo.



-La hermosa diadema de perlas y diamantes confeccionada por Lemonnier para la emperatriz el año de su enlace (1853), vendida por 78.100 Frcs. en 1887, fue adquirida en 1890 por el Príncipe Albrecht von Thurn-und-Taxis, para su boda con la Archiduquesa Margarita de Austria, y conservada por sus descendientes hasta la venta en subasta de la fabulosa colección Thurn-und-Taxis en Ginebra en 1992, y adjudicada a la sociedad Los Amigos del Louvre.



-El elegante conjunto de oro y mosaicos romanos ejecutado por François-Regnault Nitot, joyero del emperador para Maria-Luisa de Austria en 1810, vendido por 6.200 Frcs. en 1887, fue adquirida por la sociedad anteriormente citada en una subasta pública del 2001.



-La diadema de esmeraldas y diamantes de la Duquesa de Angulema, que había sido vendida por 45.900 Frcs. y milagrosamente preservada de la destrucción, se encontraba en una colección inglesa cuando el Museo del Louvre la adquirió.

-La diadema de rubís y diamantes, también de la Duquesa de Angulema, sigue estando en manos privadas. Fue, sin embargo, prestada por Pierre Verlet al Museo del Louvre para la exposición Diez Siglos de Joyería Francesa, en 1962.



-El suntuoso broche en forma de nudo con dos borlas de diamantes, que perteneció a Eugenia de Montijo y que Napoleón III encargó al joyero Kramer en 1855, fue perseguido en una primera subasta de Sotheby's celebrada en Londres en 2002, aunque en vano pese a la ayuda de un importante mecenas. Poco después, la alhaja imperial volvió a salir al mercado en otra subasta celebrada en Christie's (Nueva York) y fue finalmente adjudicada al representante del Museo del Louvre, que pagó por la fabulosa joya nada menos que 6 millones de €uros.



-Un cofrecillo con la miniatura del rey Luis XIV con 78 diamantes engarzados en su montura, procedente de la colección privada del diseñador Yves Saint-Laurent y considerada una pieza rarísima (solo han llegado a nuestros días 3 cajas de las 300 que se estiman fueron fabricadas en el siglo XVII), fue subastada en la sala Christie's de París en 2009, adquiriéndola el Museo del Louvre por la friolera de 481.000 €.