viernes, 10 de noviembre de 2017

ACTUALIDAD: Querido Patriota Español ¿Dónde estabas tú?

"QUERIDO PATRIOTA ESPAÑOL: ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?"


Si de repente, o ya de lejos, odias a los catalanes por tener un pensamiento y una cultura diferente a la tuya, y nace en ti odio y rabia hacía los independentistas que democráticamente y pacíficamente pidieron elegir su futuro.
Si de repente sientes en ti eso que algunos llaman “ser patriota”, y sientes que tienes que defender tu patria de este ataque “golpista” sacando tu bandera y haciéndola ondear para que todos la vean.
Si sientes que hoy más que nunca estáis unidos los españoles en contra de un “enemigo común”, y que ya no existen derechas ni izquierdas, que ahora de lo que se habla es de “la unidad de España”.
Si te sientes orgulloso de todo eso… Recuerda que ya has sido completamente adoctrinado y que ya formas parte de una masa desinformada en la que además te han hecho creer que los adoctrinados son los otros.
‼️Recuerda tu condición de borrego.
Porqué
… ¿Dónde estaba tu patriotismo cuando vaciaban las arcas del estado?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando quemaban Galicia año tras año para que unos pocos consiguieran beneficios económicos?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando caso tras caso se daba carpetazo por parte de los jueces a políticos del PP y del PSOE por corrupción?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando recortaron la sanidad?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando congelaron los sueldos de los funcionarios de “tu amada patria”?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando tu querido gobierno se cepilló en sólo 4 años todo el Fondo de Reserva de Pensiones?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando se aplicaron medidas de austeridad… Mientras ellos robaban a manos llenas?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando el gobierno usaba 48.000 millones de euros de dinero público para rescatar a bancos anunciando que ningún español los volvería a recuperar?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando se repartían los puestos de las grandes empresas de España (Puertas giratorias)?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando los corruptos de tu gobierno no iban a la prisión, rebajaban su pena a pocos años y les daban fianzas de risa?
¿Dónde estaba tu patriotismo todas las veces que han ido recortando la educación dejándonos por debajo de la media europea en nivel académico?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando los doctorados de “tu amada patria” tenían que irse a otros países para ganarse la vida?
¿Dónde estaba tu patriotismo cuando se aprobó la “Ley Mordaza” que entre cosas persigue la Libertad de expresión?
Yo voy a decirte dónde estabas tú:
En ninguna parte.
Bueno, sí, estabas en la calle ondeando la bandera gritando consignas, y no de amor y cariño hacía una parte de “tu amada patria”. Estabas sacando tu bandera para reprimir una voluntad, un deseo.
Y es muy lícito que quieras una España unida. Pero tú solo sacabas la bandera para reprimir, para amenazar y para amedrentar a esos que (Según te han dicho) “quieren romper España”. Porque no te importan la democracia, los derechos sociales, y las libertades civiles. No dices nunca nada, no te manifiestas, todo te da igual.
Es más, puede que incluso hayas dicho alguna vez eso de “huy es que yo de política paso”.
Resumiendo: Te importa una mierda España.
Lo demuestras con tu pasotismo ante las cosas que si que la rompen de verdad y te posicionas a favor de ellos, y los votas una y otra y otra vez, o no votas que al final es casi lo mismo. No te involucras por ayudar a tu país.
Es más, pasas olímpicamente de todo.
Eso sí, cuando el gobierno y los medios de comunicación que están a sus órdenes (televisión, prensa escrita, emisoras de radio,…) te lo digan, sal a la calle, y ondea la bandera de España, una bandera, que cada día que pasa es más símbolo de represión y fanatismo, de ignorancia política y de inhumanidad.
Tú no eres un patriota, tú eres una grieta más de esa España rota que por desgracia tiene sus días contados !!!




domingo, 29 de octubre de 2017

ACTUALIDAD: La Independencia de Catalunya, el problema de Europa

CATALUNYA: París y sus vecinos europeos se equivocan

La historia prueba que esas declaraciones de rechazo al independentismo, rara vez resisten a las realidades políticas.

Artículo de Jean-Baptiste Naudet.



Así, París y las principales capitales europeas han anunciado que no reconocerían la independencia de Catalunya. Conocemos los principales argumentos: el respeto de la ley, de la Constitución española y, en segundo plano, el miedo de una “balcanización” de Europa.

La historia, dicen, es una sucesión de errores de cálculo. Y parece ser que en materia de independentismo, nuestros dirigentes quizás no han conseguido aprender a contar bien. Antes que barrer de un  manotazo la proclamación del 27 de octubre, mejor les habría ido callarse, simplemente callarse. Por varias razones. Primero, porque, sin remontar demasiado atrás y quedándonos en el continente europeo, la historia demuestra que este tipo de declaraciones, a veces contraproducentes, de rechazo al independentismo, resisten raras veces a las realidades políticas. ¿Cómo llamamos a un líder separatista que ha triunfado? Un Jefe de Estado.

Y he aquí que nuestros dirigentes franceses se turnan en Argel para ir a estrechar la mano de un fuera-de-la-ley! Un bandido! Un rebelde! El terrorista del FLN (sin embargo Jefe del Estado Argelino) Abdelaziz Bouteflika. En Argel, vamos incluso a pedir perdón, pero solo con la boca pequeña, por haber masacrado (“legalmente”) hombres, mujeres y niños.

Más recientemente: ¿dónde se encuentra nuestro amigo Slobodan Milosevic, el Jefe de Estado serbo-yugoslavo, que París ha respaldado durante mucho tiempo contra vientos y mareas, en medio de las masacres, contra los “irrealistas” separatistas eslovenos, croatas, bosnios, kosovares, etc.? Ha muerto en prisión en el Tribunal Internacional de La Haya, mientras era juzgado por crímenes de guerra y crímenes de lesa-humanidad.

¿Dónde están esos poco recomendables líderes separatistas de la ex Yugoslavia a los cuales nuestros dirigentes no querían dirigir la palabra? En el poder, en Zagreb, en Pristina, en sus repúblicas independientes. Para descargo del Quai d’Orsay, del Palacio del Elíseo, hay que decir que el embajador de Francia en Belgrado había analizado perfectamente la situación del conflicto. A los periodistas, a esos “catastrofistas sensacionalistas” que se horrorizaban por la peligrosa y sangrienta carrera chovinista de Milosevic, pequeño apparatchik comunista reconvertido al nacionalismo de la Gran Serbia, ese diplomático francés, escuchado en altísimos niveles del Estado Francés, respondía: “Cuando Yugoslavia estalle, estallará de risa.” Todos los que después vivieron, sobrevivieron a esos años de guerra de los Balcanes, no se han reído todos los días.

Tratándose de separatismo, de independentismo, la clarividencia de nuestros dirigentes ha sido aún más impactante en la ex Unión Soviética y en Rusia. En nombre de un apoyo sin fisuras a Mikhail Gorbachov (por otro lado organizador de sangientos conflictos separatistas en la Unión Soviética), el presidente francés François Mitterrand trató con desdén, ninguneó, humilló a Boris Yeltsin, primer presidente electo de Rusia. Resultado: cuando la URSS desaparece y Gorbachov con ella, cuando Bori Yeltsin se convierte en el Jefe de Estado de una de las mayores potencias del mundo, nuestros dirigentes se emplean a corregir, diciéndole que todo lo que hace es justo y bueno. Como por ejemplo aplastar, en la sangre y la tortura, a la minúscula Chechenia (separatistas, musulmanes para colmo). Total que, para reparar un error, se cae directamente en la infamia.

Haz lo que te digo, no lo que yo hago

Sabemos que nuestros dirigentes, de tradición centralista, “integracionista” y jacobina, están en contra de la separación de Catalunya del resto de España, que no reconocen el referéndum sobre la independencia organizado por Barcelona el 1 de octubre pasado. Pero, curiosamente, no dijeron nada cuando los Británicos (que no deben ser tan demócratas como los Franceses o los Españoles?), organizaron un voto separado sobre la independencia de Escocia.

Muy extrañamente también, es en nombre del referéndum de independencia separado que Francia ocupa ilegalmente Mayotte, la cuarta isla del Archipiélago del Estado de las Comores, en el Océano Indico, desde 1975 y que París se hace condenar regularmente por ello ante la ONU. Así que, es menester que en Madrid el primer ministro español haga lo que Francia le dicta pero, sobretodo, que no haga como ella. Y aún así…

Pero lo más grave no está en eso. Lo más problemático no es la cuestión jurídica que, en el conflicto catalán, no es más que el ridículo taparrabos democrático de la confrontación de dos nacionalismos. Al respaldar, incluso indirectamente Madrid contra Barcelona, “en nombre de la ley”, París y las demás capitales europeas alientan a los conservadores en el poder del Partido Popular español, lejano heredero del franquismo, con tendencias autoritarias, machistas y dominadoras, a utilizar la represión contra el independentismo catalán. Que estemos a favor o en contra, que ese independentismo sea una buena cosa o no lo sea, aquí no está la cuestión. La cuestión es que la represión, aunque fuera “legal”, tiene muy pocas posibilidades de llegar a ninguna parte. Todo lo contrario. Se arriesga a ser contraproducente, a alimentar el fuego de la indignación y de la revuelta y, finalmente, a hacer de la independencia, que se pretendía combatir, en un hecho inevitable. Quizás lo sea ya.

Cuando los independentistas catalanes solo tenían una mayoría relativa en votos (entre un 40% y 45%) antes de la represión española en el referéndum “ilegal”, según Madrid, los separatistas catalanes, a los que se unieron los “indecisos” indignados por los porrazos, se habrían convertido en mayoritarios según un sondeo confidencial. El único medio de reprimir eficazmente un movimiento independentista tan poderoso como el de Catalunya, que reúne casi la mitad de la población (sin duda ya superior en número desde el 1 de octubre), es el aplastamiento a lo Putin en Chechenia, a la Milosevic en Kosovo.

Entonces, si queremos evitar a cualquier precio el riesgo de un baño de sangre, hay que reconducir Madrid para que tome la única vía posible, la única solución democrática: la del diálogo, la de organizar, si no es ya demasiado tarde, modificando la Constitución española, un referéndum legal sobre la independencia en Catalunya. Si Madrid, París o Berlín pretenden conservar a Catalunya en el seno de España, deben arriesgarse a perderla en esa votación. Catalunya debe sentirse libre. Es por eso que lucha. Es como en un matrimonio: cuanto menos libre se sienta, con más ganas querrá partir.

Sabemos que el Partido Popular español en el poder en Madrid (la derecha conservadora que, por naturaleza, no comprende jamás que los tiempos cambian), siempre ha estado en contra del divorcio. Pero es legal hoy en España.  Y no es legal dar una paliza a su mujer si ella quiere marcharse. Y si mañana las porras de una Guardia Civil aún infiltrada por fascistas y por nostálgicos del franquismo se abaten sobre manifestantes pacifistas catalanes, si se derrama sangre en Barcelona, veremos cómo el pueblo francés tomará partido. Francia no son las declaraciones del Elíseo, no son los comunicados del Quai d’Orsay que, desde la caída del muro de Berlín, ha reconocido en Europa la independencia de todos los países a los que, sistemáticamente, había jurado jamás reconocer. Francia es la Revolución Francesa (ilegal). Es lo que hay escrito en nuestros edificios públicos. “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Y para Catalunya también.


Jean-Baptiste Naudet, periodista en Obs.

domingo, 26 de marzo de 2017

Cita de la Semana




"Las ocas hacen seguramente menos tonterías de las que escribimos con sus plumas."
 
Frase de: Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, Príncipe de Benevento, 1er. Duque y Príncipe de Talleyrand (1754-1838), político, diplomático y hombre de Estado.

jueves, 23 de marzo de 2017

CURIOSIDADES -209-

"Un Sonado Robo"



Fue la noche del 10 al 11 de enero de 1791 cuando, aprovechando la ausencia de la dueña del lugar, unos cinco ladrones se introdujeron en el Castillo de Louveciennes para perpetrar el más sonado robo de la época. Tras romper los cristales de una de las ventanas de la planta baja y forzar la lujosa cómoda* que se encontraba en la alcoba de la señora, echaron las zarpas sobre su deslumbrante contenido: las fabulosas joyas de la Condesa du Barry. Ésta se encontraba entonces en París, con su amante el Duque de Brissac, y no desaprovecharon la ocasión brindada. El botín valió la pena: se hicieron con ciento cuarenta grandes diamantes, setecientos brillantes, tres enormes zafiros, siete grandes esmeraldas y trescientas enormes perlas de un valor incalculable, incluyendo multitud de rubíes y otras piedras de menor tamaño, collares, medallones, cadenas y sortijas. Y se esfumaron en la noche... y de la faz de la tierra.

La Condesa du Barry, ex amante del difunto rey Luis XV, la víctima del crimen, denunció los hechos ante la policía y se estimó que le habían robado joyas por valor de 1 millón y medio de libras (hoy serían 15.300.000,00 Euros), una fortuna en piedras preciosas que habían sido regaladas precisamente por el desaparecido monarca. Dispuesta a recuperarlas, la condesa mandó imprimir el detallado inventario de sus alhajas, pieza a pieza, y mandó distribuir los impresos a diestro y siniestro prometiendo 1.000 luises de oro de recompensa a quien le ayudara a encontrarlas o se las devolvieran. Huelga decir que la publicación de semejante nomenclatura soliviantó los ánimos del populacho, en plena fiebre revolucionaria.

El hecho es que sus fabulosas joyas fueron finalmente descubiertas en Inglaterra más de un mes después y los ladrones, pillados en su intento de revenderlas a bajo precio a un rico joyero londinense, arrestados, por lo que la Condesa du Barry, avisada por la policía inglesa, tuvo que cruzar el canal para poder recuperarlas. Sin embargo, el asunto se complicó cuando los tribunales británicos cogieron con pinzas el caso por ser un robo cometido en Francia (en el que no tenían jurisdicción), y se limitaron a retener a los criminales en la cárcel de Newgate que, al fin y al cabo, habían cometido un delito en un país vecino y, torciéndose las relaciones franco-británicas en ese momento, no había acuerdo de extradición entre ambos países. La guinda del pastel a semejante desconcierto fue comprobar cómo la justicia británica había incautado las fabulosas joyas recuperadas, pruebas del delito, impidiendo a su legítima dueña recuperarlas y remitiéndolas a la custodia de los banqueros Hamersley & Morland, del Pall Mall de Londres, hasta que se celebrara el juicio.

En cuatro ocasiones, la Condesa du Barry tuvo que cruzar el Canal de la Mancha, requerida por la Justicia londinense. Sus gastos supusieron como poco un desembolso total de 51.000 libras, pagados por su generoso amante el Duque de Brissac. Finalmente, el juicio se celebró: los cinco cacos fueron condenados por intentar revender el producto del robo (no por cometerlo) e "invitados", una vez concluídas sus condenas, a ir voluntariamente a Francia por sus propios medios para ser juzgados por el robo (cosa que no hicieron). En cuanto a los diamantes, éstos fueron restituidos a su legítima propietaria pero, sorprendentemente, confiados provisionalmente a los banqueros Hamersley & Morland.
La condesa tuvo entonces que regresar urgentemente a Francia, al serle notificado el embargo de sus bienes tras ser acusada de "emigración" por el directorio de Versailles, y nunca volvió a Londres para recuperar sus joyas, ya que fue arrestada como sospechosa, juzgada y guillotinada.

Los excepcionales diamantes de la Du Barry fueron finalmente vendidos en subasta por James Christie, el fundador de la Casa de Subastas Christie's de Londres, el 19 de enero de 1795.

(*)_La famosa cómoda dónde se guardaban los diamantes y alhajas de la condesa, ejecutada por el ebanista Martin Carlin y decorada con paneles de porcelana de la Real Manufactura de Sèvres, valía por sí sola más de 40.000,00 libras!


 

domingo, 5 de marzo de 2017

Cita de la Semana



"La conciencia nos advierte como un amigo antes de castigarnos como un juez."

Frase de: Estanislao I Leszczynski (1677 - 1766), Duque de Lorena y de Bar, ex Rey de Polonia.

lunes, 27 de febrero de 2017

DON CARLOS DE AUSTRIA


DON CARLOS DE AUSTRIA
el sádico hijo de Felipe II
 
 

Hasta sus últimos días, Felipe II recordaría con la mayor de las penas la noche del 18 de enero de 1568. Vestido con la armadura real, el Monarca más poderoso de su tiempo condujo a un grupo de cortesanos y hombres armados por los oscuros pasillos del Alcázar de Madrid «sin antorchas ni velas» al aposento del Príncipe Carlos, el hijo del Rey y su único heredero. Al despertarse y hallarse rodeado de hombres armados, Don Carlos exclamó: «¿Qué quiere Vuestra Majestad? ¿Quiéreme matar o prender?». «Ni lo uno ni lo otro, hijo», contestó Felipe II instantes antes de que el Príncipe se llevara la mano a la pistola cargada de pólvora que guardaba siempre en la cabecera de su cama. Un episodio recogido en detalle por Geoffrey Parker en el libro «Felipe II: la biografía definitiva».

El joven heredero fue arrestado, sin que nadie llegara a apretar el gatillo, y acusado de conspirar contra la vida de su padre. Días antes, uno de sus mejores amigos, Don Juan de Austria –hermano bastardo del Rey y a la postre héroe de Lepanto–, se había visto obligado a desvelar los planes de su sobrino al percatarse de la gravedad de su locura. El cautiverio de seis meses, lejos de calmar a Don Carlos, empeoró su salud mental y terminó costándole la vida en un arranque de demencia a los 23 años de edad. En medio de una huelga de hambre, el heredero de la Monarquía Hispánica se acostumbró a calmar sus calenturas volcando nieve en su cama y bebiendo agua helada, lo cual terminó consumiendo su quebradiza salud. Por supuesto, la propaganda holandesa acusó directamente al Rey de ordenar el asesinato de su hijo y argumentó que lo único que quería Don Carlos era acabar con la tiranía de su padre en los Países Bajos. El melancólico y misterioso carácter del Monarca, a su vez, prestó los ingredientes para que Giuseppe Verdi, recogiendo la leyenda negra, compusiera siglos después una de sus óperas más famosas: «Don Carlo».

Endogamia, malaria y una caída: las culpables

La propaganda holandesa, sin embargo, no podía estar más equivocada en este caso. Felipe II fue excesivamente permisivo con la actitud de Don Carlos, el cual arrastraba problemas mentales desde que era niño. Del Príncipe maldito se ha dicho, sin excesivo rigor, que siendo solo un infante gozaba asando liebres vivas y cegando a los caballos en el establo real. A los once años hizo azotar a una muchacha de la Corte para su sádica diversión: un exceso por el que hubo que pagar compensaciones al padre de la niña. No en vano, junto a su sobrino biznieto Carlos II «el Hechizado», el primer hijo de Felipe II es el máximo exponente de las consecuencias de la endogamia practicada por la Casa de los Habsburgo.

Hijo de Felipe II y María Manuela de Avis, los cuales eran primos hermanos por parte de padre y madre, Don Carlos solo tenía cuatro bisabuelos, cuando lo normal es tener ocho. Según estudios recientes (Álvarez G, Ceballos FC, Quinteiro C, «The Role of Inbreeding in the Extinction of a European Royal Dynasty»), la sangre de Don Carlos portaba un coeficiente de consanguinidad de 0,211 –casi el mismo que resulta de una unión entre hermanos y solo por debajo de Carlos II, un 0,254 –. No obstante, los trabajos históricos actuales consideran que los genes no estaban directamente relacionados con la locura del Príncipe. Así, según el hispanista Geoffrey Parker en su biografía sobre Felipe II, el heredero a la Corona fue un niño relativamente normal, de inteligencia media-baja, que no sufrió graves episodios de demencia hasta la edad madura.

Bien es cierto que, como le ocurrió a Felipe II, el Príncipe heredero se crió lejos de sus padres. Huérfano de madre a los cuatro días de nacer, Carlos quedó bajo la custodia de sus tías, las hijas de Carlos V que todavía no tenían compromisos matrimoniales, puesto que su padre estuvo ausente de España en los primeros años de su reinado. Con 11 años, una plaga de malaria asoló la Corte y afectó al joven, quizás más vulnerable que el resto por sus deficientes genes. La enfermedad provocó en el Príncipe un desarrollo físico anómalo en sus piernas y en su columna vertebral, que, a su vez, pudo estar detrás de la grave caída que sufrió a los 18 años de edad mientras perseguía por el palacio a una cortesana. Los médicos llegaron a desahuciar al joven, dándole apenas cuatro horas de vida, y un grupo de franciscanos trasladaron los huesos de San Diego de Alcalá a los pies de su cama solo a la espera de un milagro. Contra todo pronóstico, una arriesgada trepanación pudo salvar la vida del Príncipe Carlos; no obstante, pronto se evidenciaría que los daños cerebrales se presumían irreparables.

En los años previos a aquella caída, Don Carlos vivió su periodo más feliz en la Universidad de Alcalá de Henares, donde estudió junto a su tío, Don Juan de Austria, y Alejandro Farnesio, que contaban prácticamente su misma edad. Sin destacar en los estudios, sino todo lo contrario, el hijo del Rey al menos se contagió del ambiente juvenil y saludable del lugar. En 1560, Felipe II –juzgando aceptable su comportamiento– le reconoció como heredero al trono por las Cortes de Castilla.

Pero tras su caída nunca volvió a ser el mismo. Las fiebres que le afectaban periódicamente, recuerdo de la malaria, empezaron a repetirse con demasiada frecuencia. «Tiene un temperamento impulsivo y violento. A menudo pierde los estribos y dice lo primero que se le pasa por la cabeza», apuntó el embajador imperial en España designado en 1564 sobre el otro síntoma preocupante: sus radicales cambios de humor. Geoffrey Parker recoge en el mencionado libro las palabras del neurocirujano pediátrico Donald Simpson que ha estudiado el caso: «Mostraba la desinhibida malicia de un chico con un daño frontal en el cerebro».

Fugarse a Flandes para proclamarse Rey

Por el miedo de los embajadores a que se interceptaran sus informes y el Rey pudiera ofenderse, muchas de las actuaciones contra el joven no han podido ser documentadas y se basan en testimonios indirectos. Pero consta, por la correspondencia del embajador Nobili, que el hijo del Rey frecuentaba «con poca dignidad y mucha arrogancia» los burdeles madrileños y trataba con violencia al servicio. En una ocasión, Don Carlos arrojó por una ventana a un paje cuya conducta le molestó, e intentó, en otra jornada, lanzar a su guarda de joyas y ropa. También trascendió por aquellas fechas su intento público de acuchillar al Gran Duque de Alba, al que acusaba de inmiscuirse en los asuntos de Flandes.

Los conflictos entre padre e hijo no tardaron en llegar. Tras su recuperación, Felipe II le nombró miembro del Consejo de Estado en 1564, en un último intento por fingir normalidad, y barajó la posibilidad de casarlo con María Estuardo o con Ana de Austria, la cual sería posteriormente la cuarta esposa del Rey. Pero dentro de su mente enferma, sus prioridades eran otras. Obsesionado con los Países Bajos –en ese momento en rebeldía contra Felipe II–, contactó con varios de esos líderes rebeldes, como el moderado Conde de Egmont o el Barón de Montigny, para organizar su viaje a Bruselas, donde pretendía proclamarse su soberano. En efecto, el Rey en el pasado había sopesado la posibilidad de que su hijo gobernara allí, pero las actuales circunstancias políticas y la mala salud mental del Príncipe descartaban por completo esta opción.

En una reunión mantenida con Don Juan de Austria, al que pidió ayuda para fugarse a Italia, el Príncipe le comunicó sus planes. El general español le reclamó veinticuatro horas a su sobrino para tomar una decisión, e inmediatamente salió a informar al Rey. Advertido de la traición –según varios informadores–, Don Carlos cargó una pistola y pidió a su tío que regresara a sus aposentos. La pistola no pudo efectuar el disparo que habría matado al futuro héroe de Lepanto, puesto que fue descargada previamente por un cortesano, pero Don Carlos se abalanzó daga en mano contra Don Juan de Austria, que, superior en fuerza y habilidad en el combate, redujo a su sobrino. «¡Qué vuestra Majestad no dé un paso más», gritó, apuntándole con su propia daga.

Un adalid de la rebelión de los holandeses
 
 

Las noticias de esta agresión precipitaron los acontecimientos. Felipe II mandó el 18 de enero de 1568 encerrar a su hijo en sus aposentos. En los siguientes días –relata Geoffrey Parker en su libro– licenció a los servidores de su hijo y trasladó a éste a la torre del Alcázar de Madrid que Carlos V usó como alojamiento para otro distinguido cautivo: Francisco I de Francia, capturado tras la batalla de Pavía. La lectura de la correspondencia privada del joven sacó a la luz una conspiración, más bien el amago de una puesto que ningún noble le prestó mucha atención, para acabar con la vida de Felipe II. Y precisamente porque las cartas descubiertas cada vez elevaban más la gravedad de sus crímenes, el Monarca decretó su cautiverio indefinido en el Castillo de Arévalo.
 

Durante los seis meses que el Príncipe permaneció cautivo, en el mismo régimen que había padecido Juana «la Loca», fue perdiendo los pocos hilos de cordura que quedaban sobre su cabeza. Acorde a los síntomas clásicos de las personas que han padecido malaria, sufría súbitos cambios de temperatura, cuya mente enferma convirtió en peligrosos y mortales hábitos. Cada vez que padecía uno de estos ataques, ordenaba llenar su cama de nieve así como ingerir agua helada en grandes cantidades. En medio de sospechas infundadas sobre su posible envenenamiento, falleció el joven a los 23 años el 28 de julio de 1568, probablemente a causa de inanición (se había declarado en huelga de hambre como protesta).

Las vagas explicaciones de Felipe II y su empeño por destruir las cartas que incriminaban a su hijo –quizás buscando ocultar las miserias de su heredero– situaron su muerte en el terreno predilecto para alimentar la leyenda negra que los holandeses, franceses e ingleses usaban en perjuicio del Imperio español. La ópera «Don Carlo» escrita por Giuseppe Verdi siglos después y un drama del poeta alemán Schiller tomaron por referencia el ensayo «Apología», de Guillermo de Orange, que presenta la vida del Príncipe de forma muy distorsionada. El holandés inventó una relación amorosa entre Don Carlos y la esposa de su padre, Isabel de Valois, y colocó al joven como adalid de la independencia holandesa y al malvado Rey como el asesino de ambos. Más allá de una inocente literatura, este episodio se convirtió en el más importante pilar de la leyenda negra contra los españoles.

César Cervera, 2015 / in www.abc.es / El Príncipe maldito: La historia de Don Carlos, el sádico hijo de Felipe II que la leyenda negra convirtió en un màrtir.

ESPAÑA, ESA DICTADURA PERFECTA


ESPAÑA ES LA "DICTADURA PERFECTA"
 
 
 
El escritor Aldous Huxley (Aldous Leonard Huxley, Godalming, 1894 - Los Ángeles, 1963) describió así la dictadura perfecta: "Tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar".

España es hoy la plasmación más fiel de esa abominable dictadura perfecta en todo el planeta.
 

Los españoles fueron admirados en todo el mundo por su valentía y comportamiento en los campos de batalla, pero hoy pasan por ser uno de los pueblos más cobardes del mundo y uno de los que soportan más abusos y arbitrariedades de su clase política. Uno no entiende por qué los españoles no se rebelan ante tanta injusticia, ante abusos como ese Impuesto de Sucesiones que cobran algunos gobiernos autonómicos y que obligan a miles de familias a renunciar a sus herencias, o ante la impunidad de los poderosos, la brutal corrupción, el desmesurado y costoso tamaño del Estado, los inmerecidos y enormes privilegios de los políticos, la desigualdad hiriente, la desprotección de los débiles y otras suciedades y canalladas que convierten el país en un infierno político y humano.

La única explicación razonable de ese extraño fenómeno de sumisión y cobardía de un pueblo que hace apenas tres siglos era el más bravo y temido del mundo, cuyos ejércitos nunca sufrieron una derrota en casi tres siglos de combates contra todos, es que los políticos que gobiernan España han sabido construir la "Dictadura Perfecta", una forma de gobierno que el escritor visionario Aldous Huxley describía así: "Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud en el que, gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre".

España clavada, el país donde la gastronomía, la ración de fútbol casi diaria, las innumerables fiestas y las mentiras del poder, sirven para fabricar esclavos tan imbéciles que creen vivir en un paraíso cuando la verdad es que sus políticos les oprimen con impuestos insoportables, les roban, les engañan diciéndoles que su dictadura de partidos es una democracia y en el que la Justicia, la información y prácticamente toda la acción de gobierno están infectadas de corrupción, arbitrariedad y abuso.

Pero los españoles, como dijo Aldous Huxley, "aman su servidumbre".

Cualquier otra sociedad europea sería incapaz de soportar tanto abuso y tanta injusticia como la española. Los rumanos, con una corrupción de inferior calado, han salido a las calles y plazas hasta acorralar a su gobierno y obligarle a que retire una ley que despenalizaba algunos delitos de corrupción, mientras que en España nadie se moviliza, a pesar de que los partidos políticos se han convertido, por la acumulación de delitos y por las colas de delincuentes que esperan ser procesados, en las asociaciones más peligrosos y delictivas del país, después de la bada terrorista ETA.

En España los políticos gobiernan en contra de la voluntad popular, sin hacer caso de las aspiraciones más intensas de la población, entre las que destacan el deseo de que el Estado, demasiado grueso e imposible de financiar por estar preñado de políticos parásitos viviendo a costa de los impuestos, sea reducido drásticamente, que los partidos políticos dejen de ser financiados con el dinero de los impuestos y que se castigue a los corruptos y se les encarcele hasta que devuelvan el botín robado.

Todas y cada una de las aspiraciones de los cobardes y felices españoles, atontados e imbéciles habitantes de esa España convertida en prisión sin muros, son ignoradas por los políticos, que incumplen sus promesas electorales, que no rinden cuentas ante los ciudadanos, que no respetan la separación de poderes, que prostituyen la democracia, que han ocupado la sociedad civil, que cobran impuestos insoportables y abusivos, que se han rodeado de privilegios inmerecidos y arbitrarios, que despilfarran y endeudan al país hasta la demencia, que practican la corrupción y que tratan el dinero de los impuestos con opacidad y como si les perteneciera.

A pesar de todo eso y de que, a cambio de los impuestos y de los esfuerzos del pueblo, los ciudadanos cada día reciben menos salarios y menos servicios de calidad del Estado, los españoles, convertidos en esclavos imbéciles, creemos que vivimos en un paraíso, ignorando nuestros dramas más intensos: que el país se despedaza, víctima de los enloquecidos independentistas, que nuestros políticos anteponen una y mil veces sus propios intereses al bien común, que nuestros jóvenes tienen que emigrar porque no tienen trabajo ni oportunidades en España, que las pensiones de jubilación, pagadas con esfuerzo durante toda la vida laboral, están en peligro, que la corrupción lo inunda todo y que la educación y la enseñanza de nuestros hijos es pura basura.

¡Vivan las "caenas" de la cárcel España!

Francisco Rubiales.
 
 

sábado, 25 de febrero de 2017

CURIOSIDADES -208-

"De reina sílfide a emperatriz paquiderma"



La Reina Victoria I de Gran-Bretaña e Irlanda (1819-1901) ha dejado, en la memoria colectiva -gracias a no pocas películas-, una imagen de vieja enana enjoyada, gorda, viuda, amargada y canosa, siempre vestida de negro y de trato poco afable.

Sin embargo, cuando ascendió al trono británico en 1837, computando apenas 18 años de edad, era una mujercita de preciosos ojos azules, diminuta, algo rolliza, mofletuda y grácil, con un talle de 50 cms. Se parecía enormemente a su abuelo el rey Jorge III, tanto que decían de ella que parecía "el rey Jorge con faldones"...



Cuando casó con su primo-hermano el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, descubrió los placeres de la intimidad matrimonial haciendo temblar la cama, cosa que le encantó sobremanera. Sin embargo, las facturas de tales placeres le resultaron harto desagradables: cuando se encontraba encinta, Victoria sufría sus embarazos como una travesía del infierno que culminaba con dolorosos alumbramientos. Es más, aborrecía a los recién nacidos de su vientre, a los que consideraba pequeños monstruos desagradables, arrugados y chillones. Ni por asomo quiso darles el pecho, ya que le daba un asco tremendo. De hecho, Victoria parecía carecer de sentimientos maternales y sus hijos no eran más que un estorbo a sus ojos. En ese aspecto, su marido Alberto fue mejor padre y más atento a su prole que ella, y varios grabados de la época lo remarcan así. Para colmo, sus ocho sucesivos embarazos habían deformado su cintura: de sus 50 centímetros de soltera, había pasado a los 96 centímetros de casada. Siendo una mujer de pequeña estatura (1 metro 52 centímetros), el hecho de que se dilatara su cintura con los embarazos, no mejoró su aspecto.



Pero el asunto de su real cintura empeoraría después de perder al amor de su vida en 1861. Viuda y destrozada, la llamada "Viuda de Windsor" se abandonó totalmente al único placer que le quedaba: la comida. El resultado fue que, en su vejez, la soberana de 1 m. 52, convertida en la emperatriz de la India y cabeza de un imperio colonial inmenso, se ensanchó a imagen y semejanza de éste, llegando a tener 142 cms. de cintura. 

viernes, 24 de febrero de 2017

Cita de la Semana



"Al no hacer nada, aprendemos habitualmente a hacer mal las cosas."
 
Frase de: Estanislao I Leszczynski, Duque de Lorena y de Bar, ex Rey de Polonia (1677-1766).