domingo, 25 de noviembre de 2012

1847: EL ASESINATO DE LA DUQUESA DE PRASLIN


UN SANGRIENTO CRIMEN EN LA ALTA SOCIEDAD



París, 18 de Agosto de 1847
Al alba del día 18 de agosto de 1847, surgen terribles gritos desde el palacio sito en el número 55 de la calle del Faubourg-Saint-Honoré. Ruidos, muebles tirados, gritos desgarradores,... un breve silencio y luego pasos. La campanilla de la alcoba de la Duquesa de Choiseul-Praslin advierte a los criados. Éstos están hasta la coronilla de sus señores y de sus incesantes peleas conyugales, que duran desde hace tiempo. Sus excelencias discuten día si y día también. El ambiente es tan tenso que se puede cortar con cuchillo. Acuden rechinando de los dientes. Entran en las habitaciones de la duquesa y ¡horror! ante el espectáculo que se ofrece a sus ojos. Una auténtica carnicería que da náuseas; su señora de 40 años, yace en el centro de la estancia, en medio de un charco de sangre y aún da señales de vida pese a las decenas de heridas que se perciben en su pecho, sin contar con la más grave, en la cabeza. Una pistola se encuentra cerca de ella. Hay salpicaduras de sangre que cubren las paredes, el parquet, las alfombras, las cortinas; los muebles tirados al suelo, rotos; un candelabro de plata tiene aún pegado en su pie trocitos de carne sanguinolenta y mechones de cabellos. La agresión ha tenido que ser muy violenta.

Hay humo que sale de la puerta que da al aposento de su marido, Charles Hugues Théobald de Choiseul, 5º Duque de Praslin y Par de Francia. Aparece, en ese momento, con un aire alelado, como si hubiera caído de otro planeta. Reaccionando, pregunta brutalmente a los criados cual de ellos ha entrado el primero. Manda que avisen a la policía y que acuda un médico. Demasiado tarde, la pobre duquesa exhala su último aliento, sin haber podido pronunciar una palabra ni nombrar a su asesino.

La policía, llegada al lugar de los hechos, constata que la víctima ha resistido valientemente a su agresor. Varios de sus dedos han sido seccionados, sin duda por arma blanca. El inspector, señala a los investigadores que, de todos los accesos a la estancia, solo el que lleva al aposento del duque presenta una puerta forzada. Para colmo, hay un rastro de sangre que marca el recorrido entre los dos aposentos. Descubren que, en el cuarto del duque, acaban de consumirse en la chimenea unas prendas de vestir masculinas, y en una jofaina agua teñida de sangre. La policía pide al duque que se desvista y ¡oh, sorpresa! su ropa interior está manchada de salpicaduras de sangre y, a todas luces, no es la suya. Conclusión: el duque ha matado a su esposa.


 
El Hotel de Sébastiani, en el nº 55 de la calle Faubourg-Saint-Honoré, lugar de los hechos. Fachada del palacio, plano general de la 1ª planta y plano de la escena del crimen.


En este hecho trágico, el protagonista no es un vulgar vagabundo: es un duque y par de Francia. Para poder arrestarle, hace falta el acuerdo del rey y, legalmente, el supuesto asesino beneficia del privilegio de inviolabilidad. De hecho, tan solo la Cámara de los Pares está habilitada para juzgarle y condenarle. Dada esa condición, el sospechoso tan solo es asignado a residencia, prohibiéndole que salga de su domicilio. Las autoridades tan solo pueden asignar a dos policías para guardar la puerta de su habitación. El caso salta a la primera plana de los periódicos parisinos; el escándalo es mayúsculo. La opinión pública reclama la muerte del duque y, de rebote, condena a la clase aristocrática. En las calles de la capital se oye incluso la repetida consigna de "¡Abajo Luis-Felipe!". El rey desearía poder salvar a su amigo pero, para apaciguar las calles, no le queda otra opción que mandarle a la guillotina. El duque entiende que ya no puede contar sobre sus títulos y su condición de Par de Francia, para salvar su cabeza. A partir de aquí, correrá el rumor de un montaje orquestado por el rey para que Praslin escape de la Justicia: consiste en simular su muerte por envenenamiento para, luego, enviarle de incógnito al otro lado del Océano Atlántico... ¿Dónde? A Nicaragua, nada menos.

 
Retrato de Charles Hugues Théobal de Choiseul, Vº Duque de Praslin & Par de Francia (1805-1847)


La noche misma del asesinato de la duquesa, el Duque de Praslin se puso repentinamente a vomitar sangre de manera alarmante. El médico, avisado por la policía que vigila al sospechoso, aconseja que guarde cama. Pero, a la mañana siguiente, su estado empeora. Vuelve a vomitar y se desmaya. ¿Acaso ha enfermado de colera? Nada de eso; el duque se administró una buena dosis de arsénico para no afrontar el juicio. Pese a estar moribundo, es trasladado el 21 de agosto a la cárcel del Palacio de Luxemburgo, donde fallece tres días más tarde sin haber confesado su crimen. Los parisinos están furiosos al ver que les han privado de ver a un duque y par de Francia en el banquillo de los acusados. Para rebajar la más que palpable tensión que reina en la capital, el rey decide organizar un juicio póstumo que declara al Duque de Praslin culpable del salvaje asesinato de su difunta esposa Fanny. Se cierra el caso. Sin embargo, el asunto continúa haciendo mucho ruido en la prensa que estigmatiza la decadencia de una monarquía condenada a caer.

 
Retrato de Luis-Felipe I, Rey de los Franceses entre 1830 y 1848.


¿Qué empujó al aristócrata a asesinar a su esposa? Entre los criados, los crímenes entre cónyuges son habituales pero, entre gente de la alta sociedad, es más bien extraordinario.

En 1824, la boda del duque y de la duquesa es como un cuento de hadas. El duque ha conseguido la mano de la hija de un mariscal corso del Ier Imperio, extraordinariamente bella. Por su lado, la novia Fanny Sébastiani della Porta, consigue hacer realidad su sueño: convertirse en duquesa y en la señora del fabuloso Castillo de Vaux-le-Vicomte. Hasta su décimo embarazo, el duque gusta exhibir en sociedad a su otra mitad. Pero, después de tanto parir, la esbelta anguila se ha convertido en una desbordante ballena ninfómana, que apesta a sudor y le hace escenas sin motivo. Pobre hombre... En 1837, ya está pensando en separarse de ella y echarla literalmente de casa; ya no aguanta más las contínuas escenas conyugales y los ataques de histeria de su media naranja. El gran inconveniente es que, quien tiene el dinero es ella, y él el que posee castillos ruinosos de oneroso mantenimiento. Puesto que no puede separarse de ella, ya que no está dispuesto a renunciar a su dinero, se limita a prohibir a su mujer el acceso a su alcoba y multiplica sus aventuras extra matrimoniales con un alucinante desfile de jóvenes y gráciles amantes. Cosa muy corriente en ese tipo de matrimonios...


 
El Castillo de Vaux-le-Vicomte, principal residencia de los Duques de Praslin.


En cualquier caso, el duque tampoco es que sea de una belleza apolínea. El escritor Victor Hugo lo describe así: "Una boca fea y una horrible sonrisa contraída; es un rubio insípido, pálido, lívido, con un aire inglés. No es ni gordo ni enjuto. No hay raza en sus manos, que son gordas y feas. Siempre parece dispuesto a decir algo que acaba por no decir."

Fanny acaba por abandonar el domicilio conyugal, llevándose consigo a sus diez retoños pero, por mucho que le pese, sigue locamente enamorada de su marido. Le envía decenas de cartas ardientes, en las que le exige que cumpla con sus deberes conyugales. El duque se niega rotundamente.



 
Retrato de Henriette Deluzy-Desportes, amante del Duque de Praslin.


En 1841, el duque decide que su esposa, demasiado enferma de los nervios, ya no verá más a sus hijos si no es en presencia de una gobernanta que acaba de contratar. La sujeta en cuestión, Henriette Deluzy-Desportes, es una despampanante rubia quince años más joven que la duquesa Fanny y, por supuesto, además de ocuparse de los hijos, atiende las necesidades físicas del padre. Adorada por los hijos del duque, va tomando cada vez más importancia en la casa para mayor disgusto de la duquesa. El escándalo de ese ménage-a-trois pronto trasciende más allá del aristocrático barrio del Faubourg-Saint-Honoré. Incluso los hijos del rey intervienen, aconsejando al duque que se separe de la gobernanta cuanto antes. Finalmente, y bajo la amenaza de su mujer de cerrarle el grifo, el duque resuelve despedir a su amante. El pobre hombre, sin embargo, permanece realmente enamorado de Henriette. Ambos continúan carteándose, y la ex gobernanta no está dispuesta a renunciar a su duque. La muy maquiavélica rubia pone entonces en marcha un chantaje emocional: hará creer a ese idiota de duque que se marcha a Inglaterra para casarse supuestamente con otro hombre. Choiseul-Praslin no soporta la sola idea de perderla y, entonces, decide buenamente librarse de su esposa.

Henriette Deluzy-Desportes será arrestada por presunta complicidad en el asesinato de la duquesa Fanny. Pero, la falta de pruebas no dan lugar a un juicio contra ella y la policía se ve obligada a liberarla finalmente. Apenas salida de la cárcel, la ex gobernanta toma el primer barco para Estados Unidos y allí se casa con un reverendo. Fin de la historia.

3 comentarios:

  1. Bette Davis es Henriette en la película de 1940 all this and the heaven too, solo que en esta es solo la intitutriz de los hijos, nunca fue amante del duque.

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  2. El Libro el Cielo y tu confirma que Henriette. No fue amante del Duque.

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  3. Esta historia es muy interesante y poco conocida en la actualidad. Creo por lo que he leído sobre la misma que el duque murió y no fue a Nicaragua

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