sábado, 14 de diciembre de 2013

ISABEL LUISA DE PORTUGAL, la 'Siempre-Novia'


DOÑA ISABEL LUISA DE BRAGANZA
INFANTA DE PORTUGAL
PRINCESA DE BEIRA
1669 - 1690
 
 
LA NOVIA ETERNA
 
Isabel Luisa Josefa de Braganza, Infanta de Portugal y Princesa de Beira, nació en el Palacio Real da Ribeira de Lisboa el 6 de enero de 1669, única hija nacida del matrimonio del entonces Infante Don Pedro, regente de Portugal -el que fuera rey Pedro II- con su primera consorte y cuñada Maria-Francisca de Saboya-Nemours.



Un año antes, don Pedro había llegado al poder dando un golpe de Estado el 27 de enero de 1668, deponiendo a su hermano el rey Alfonso VI y encarcelándolo en el palacio real de Sintra, aunque desde 1667 ya detentaba efectivamente la regencia portuguesa. Poco después, inició el proceso para la anulación matrimonial de su hermano mayor con la reina Maria-Francisca de Saboya, alegando la no-consumación de la unión por la manifiesta indiferencia de Alfonso VI hacia su consorte, obteniendo finalmente de Roma la anulación y el permiso para casarse con ella.


Alfonso VI y la pugna por el poder


 
En realidad, y desde los 3 o 4 años de edad, siendo entonces el rey Alfonso VI de Portugal (1643-1683), tan solo Infante de Portugal y el segundo en el orden sucesorio a la Corona Lusa, había sufrido una "fiebre maligna" que le afectó el lado derecho del cuerpo (1646-47); la dolencia repercutiría inevitablemente en casi todos los aspectos de su vida: desde los políticos hasta los familiares y sexuales. Se cree, hoy día, que se trató de una afectación del sistema nervioso central tal vez debida a una meningitis, como propone Montalvao Machado.

 
Retrato del Infante Teodosio de Braganza, Príncipe de Beira (1634-1653).


Tras la muerte de su hermano mayor Teodosio, entonces presunto heredero del trono, Alfonso se convirtió en el nuevo Príncipe de Beira -título de los herederos de la Corona de Portugal-, el 13 de mayo de 1653, contando con casi 10 años de edad. Poco después, entre 1654 y 1655, el rey Juan IV dotaba al Infante Pedro, su otro hijo menor, con un vasto patrimonio de señoríos que habían sido en gran parte confiscados a los nobles partidarios de la dominación española, y que andaban diseminados a lo largo de todo el territorio luso, desde el Norte hasta el Bajo Alentejo, conformando lo que más tarde se conocería como "La Casa del Infantado" o "Señorío del Infantado", para asi asegurar su manutención y posición como segundo presunto heredero de la Corona.

 
Retrato del Rey Juan IV de Portugal y de Los Algarves, VIIIº Duque de Braganza (1604-1656).


El 6 de noviembre de 1656, Juan IV, artífice de la Restauración Portuguesa (1640), fallecía y su hijo Alfonso VI asumía con 13 años la pesada carga que suponía dirigir la monarquía lusa instaurada por su padre dieciséis años atrás. El 15 de noviembre siguiente, se procedió a la ceremonia de entronización y proclamación oficial del nuevo rey, pese a las iniciales dudas que asaltaron a los miembros de la corte dado el estado en el que se encontraba el monarca adolescente. De hecho, el timón del gobierno fue a parar a manos de la reina-viuda Doña Luisa de Guzmán* -de la Casa Ducal de Medina Sidonia-, quien asumió el papel de regente desde la fecha hasta su derrocamiento el 22 de junio de 1662, tal y como rezaban las disposiciones testamentarias del difunto Juan IV.

 
Retrato de Luisa de Guzmán, Reina Vda. y Regente de Portugal (1613-1666).


En estos tiempos tan difíciles y delicados para Portugal, la regente procuró organizar el gobierno de modo que se impusiera a las facciones palatinas que luchaban por el poder. Tras nombrar al conde de Odemira como ayo de su hijo Alfonso VI, la reina Luisa mantuvo los oficios de la Casa Real en manos de los que habían ejercido bajo el reinado de su marido. En cuanto a los asuntos públicos, éstos siguieron siendo dirigidos por los mismos secretarios de Estado. Creó, no obstante, un consejo especial llamado Junta Nocturna -porque se reunía por las noches-, compuesto por consejeros de su confianza, ante la creciente rivalidad entre el conde de Odemira y el conde de Cantanhede, y que resultó ser extremadamente eficaz para la buena marcha de los asuntos de Estado.

Aunque durante su gobierno el ejército portugués consiguió una gran y decisiva victoria sobre el español en las Líneas de Elvas (14 de enero de 1659), evitando que Lisboa cayera en manos enemigas, la regente tuvo que afrontar al partido alfonsino dirigido por el 3er conde de Castelo Melhor, que pretendía liberar al rey del yugo materno y devolverle la autoridad. En 1661, tan mal estaban las cosas que la regente consideró renunciar al poder para evitar que Portugal se escindiera en dos bandos enemigos; pero temiendo una administración desastrosa por parte de su hijo, resolvió mantenerse al frente del gobierno y desbaratar la oposición.

Erigiéndose en garante de la libertad e independencia del reino portugués, Luisa de Guzmán fue la artífice de la alianza con Inglaterra en 1662, sellada por la boda de la Infanta Catalina con el rey Carlos II de Inglaterra.

 
Retrato del Rey Alfonso VI de Portugal y de Los Algarves (1643-1683).


En cuanto al joven rey Alfonso VI, los sobresaltos y escándalos se sucedieron gracias a sus excentricidades. Solía divertirse observando, desde una ventana del palacio real, a los chavales de baja condición en sus malabarismos, sus luchas y gamberradas, a los que aplaudía sin cohibirse e incitando a uno u otro para que se dieran tortazos, entre paradas de mercaderes y comerciantes que allí hacían sus negocios. Entre ellos se distinguía un genovés llamado Antonio Conti, que vendía cintas, medias y adornos femeninos. Se congració al rey y premiaba a los luchadores que ganaban, para agradarle aún más. En poco tiempo, consiguió ser recibido por Alfonso VI, e introdujo en su presencia a su hermano y a toda una serie de chicos de la calle, incluyendo a negros, lacayos, moros y otros chavales de peor calaña y fama. Puesto que el rey había tomado posesión de su Casa el 7 de abril de 1660, ni corto ni perezoso dispuso que se diera alojamiento a Antonio Conti junto a su propio dormitorio y se le nombrara mozo de su guardarropa, causando un gran revuelo en la corte. Solían entretenerse en combates de perros dentro del recinto palatino y luego en la plaza del Terreiro do Paço y a la vista de todos los transeúntes. Con el rey, Antonio Conti y sus "amiguetes" formaban una pandilla de gamberros nada recomendable, dedicándose a recorrer de noche las calles de Lisboa para sembrar el terror, apedreando ventanas y arremetiendo contra cualquiera que anduviera por calles y callejuelas. Dada la incapacidad física del rey, el espectáculo era aún más patético cuando los transeúntes, enfadados y molestos por las gamberradas, amenazaban con darle una paliza, y Alfonso VI se veía obligado a darse a conocer para evitar que le maltratasen. A estas excursiones nocturnas se sumaba el poco decoroso jolgorio que se solía montar en los apartamentos del rey, cuando Conti y los suyos arrastraban a palacio a toda una pandilla de prostitutas, para que el monarca yaciera con unas y otras, sin llegar jamás a consumar el acto sexual debido a sus impedimentos.


 
Lisboa, 1650: vista sobre el Terreiro do Paço; al fondo, el Palacio Real da Ribeira, residencia de los reyes y su corte.


Puesto que el hábil Antonio Conti sabía divertir al rey con sus ocurrentes gamberradas, Alfonso VI no tardó en nombrarle caballero, concediéndole una encomienda y el hábito de la Orden de Cristo para luego honrarle con el cargo de "gentilhombre de cámara" con las llaves de los aposentos reales y una pensión de 1.000 cruzados.

La reina-regente intentó poner freno a los desmanes de su hijo y a sus liberalidades con el rufián de Conti, más cuando estalló el escándalo de que Alfonso y el genovés solían visitar nocturnamente a las monjas del convento de Odivelas, y levantarles los hábitos para satisfacer sus vicios. Peor aún, en un intento por impresionar a unas novicias, Alfonso VI pretendió torear en el mismísimo patio del convento, acabando magullado y maltrecho. Las medidas de la regente no pudieron ser más drásticas: expulsó al rufián genovés de la corte condenándole al destierro en Brasil, asi como a toda la pandilla de gamberros que entraban y salían de palacio de manera incesante, por lo que el rey, privado de sus "amigos, entró en una ira difícil de aplacar.

 
Retrato de Don Luis de Vasconcelos e Souza, IIIer Conde de Castelo Melhor (1636-1720).


En cualquier caso, la reina cometió el craso error de nombrar a los condes de Castelo Melhor y de Atouguia como nuevos ayos y gentileshombres de cámara de su hijo. Éstos, partidarios de la emancipación del rey, se confabularon con otros cortesanos afines para dar un golpe en palacio y apartar del poder a la regente. El complot triunfó el 23 de junio de 1662, provocando el fin de la regencia materna y la partida del rey a Alcántara, con la excusa de buscar medios para afrontar la guerra contra España y aligerar a su madre de la pesada carga del gobierno. Aunque trató de resistir, Luisa de Guzmán no pudo salir airosa del enfrentamiento con el cabecilla de la conspiración: el conde de Castelo Melhor**, quien estaba decidido a asumir la dirección del gobierno en nombre de Alfonso VI.

La reina, tratada con el mayor de los respetos por los conspiradores alfonsinos, permaneció momentáneamente en el palacio real de Lisboa hasta marzo de 1663, fecha en la que es trasladada al convento de los Agustinos Descalzos, inaugurando asi su retiro de la vida pública.

En cuanto al entorno del rey, éste se vio prontamente en la necesidad de casarle con una princesa, preferentemente francesa ya que se buscaba la alianza gala para hacer frente común contra España. Ya en 1652, se barajaba desposar a Alfonso con una hija del príncipe de Parma, luego con la Duquesa de Montpensier prima-hermana del rey Luis XIV de Francia, y con una hija del Duque de Orléans, sin que se concretasen los proyectos matrimoniales. Finalmente, se encontró mejor disposición en los duques de Nemours, príncipes de la Casa de Saboya. Éstos consintieron entregar a su hija Maria-Francisca Isabel de Saboya, más conocida como "Mademoiselle d'Aumale", a Alfonso VI de Portugal, firmándose el contrato el 24 de febrero de 1666 en París. La flamante novia, que tenía una dote de 1.800.000 libras, llegaría a Lisboa el 2 de agosto siguiente, tras celebrarse la boca por poderes el 27 de junio en La Rochelle, quedando impresionado el rey al descubrir su gran belleza.

1668: Golpe en Palacio

 
Retrato de la Princesa Maria-Francisca de Saboya-Nemours, Reina de Portugal (1646-1683).

Se creyó erróneamente que aquella boda proporcionaría la tan deseada estabilidad. Incapaz de consumar el acto la misma noche de bodas, el rey rehuyó enseguida a la reina y ésta, arrinconada, se dejó conquistar por su cuñado, el encantador Infante Don Pedro. A raíz de aquello, tuvo lugar la escena más lamentable de la Historia Lusa: la reina Maria-Francisca apareció ante el Cabildo de Lisboa con una petición de anulación matrimonial, dando público testimonio de la impotencia de su marido y de su incapacidad física para consumar la unión.

Ya antes de que la anulación viniera del Vaticano, las mismas Cortes de Portugal rogaron al Infante Don Pedro que tomase por esposa a la reina Doña Maria-Francisca para asegurar la estabilidad de la Corona y la sucesión real. Cuando el 24 de marzo de 1668 se recibió la anulación formal concedida por el Papa, Don Pedro acudió a palacio al día siguiente para obligar a su hermano a abdicar. Con la dispensa papal en mano, el infante pudo finalmente casar con la reina el 2 de abril siguiente.

Con Alfonso VI depuesto y confinado en la Isla Terceira, en las Azores, el Conde de Castelo Melhor fuera de combate y casado con la reina Maria-Francisca, Pedro tuvo las manos libres para asumir los plenos poderes en calidad de regente.


Pedro II & Maria-Francisca de Saboya

 
Retrato del Rey Pedro II de Portugal y de Los Algarves (1648-1706).

En enero de 1669, nacía la única hija del Infante Pedro con Maria-Francisca, la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal. Fue una alegría a medias... Don Pedro esperaba que pariese a un varón. Los sucesivos intentos de la pareja no dieron fruto alguno y la decepción acabó por hacerse patente, resintiéndose la aparente felicidad matrimonial.

A finales del año 1673, se descubrió una conspiración para favorecer el regreso del rey Alfonso VI a Portugal. Don Pedro, poco proclive a ser bondadoso con sus enemigos, mandó a la horca a varios de los conspiradores y cursó la orden de que trajeran de nuevo a su hermano, que llevaba 5 años pudriéndose en las Azores. Traído a Lisboa el 14 de setiembre de 1674, Alfonso VI fue recluído en el Palacio de Sintra los nueve años siguientes, asistido por una servidumbre de entera confianza del duque de Cadaval, su carcelero. A inicios de 1683, el real rehén se encontró mal y fue sangrado, tomó purgas y, el 30 de mayo volvió a enfermar quejándose de grandes dolores. La mañana del 12 de setiembre fue fulminado por una apoplejía que le dejó sin habla, muriendo poco después.

Según el historiador Montalvao Machado, Alfonso VI habría muerto de tuberculosis pulmonar, como los demás hijos de Juan IV y Luisa de Guzmán. No faltó quien hiciera correr el rumor de que le habían envenenado.

Paralelamente, la salud de Maria-Francisca de Saboya se degradó al padecer hidropesía. Gracias a la oportuna defunción de Alfonso VI en setiembre, el regente y su consorte la "princesa" se convirtieron en los nuevos reyes de Portugal, pero la satisfacción de la nuevamente reina iba a durar más bien poco. Tan solo sobreviviría a Alfonso VI tres meses, falleciendo repentinamente el 27 de diciembre de 1683.

Dejaba tras de si una única hija sobre la que descansaban todas las esperanzas de los portugueses.

La segunda boda de Pedro II



Su viudo, el rey Pedro II apodado "el Pacífico", tardaría cuatro años en contraer un segundo matrimonio para intentar obtener descendencia masculina, casándose el 11 de agosto de 1687 con la condesa palatina Maria-Sofia Isabel de Baviera-Neoburgo (1666-1699), hermana de la reina de España y de la princesa hda. de Parma. Tuvieron los siguientes hijos:

-Juan de Braganza, Príncipe de Brasil (30-08-1688_16-09-1688)

-Juan V, Rey de Portugal y de los Algarves (1689-1750)

-Francisco Xavier, Infante, Duque de Beja & Condestable de Portugal (1691-1742)

-Antonio, Infante de Portugal (1695-1747)

-Teresa, Infanta de Portugal (1696-1704)

-Manuel, Infante de Portugal (1697-1766)

-Francisca Josefa, Infanta de Portugal (1699-1736)

Fuera del matrimonio, Pedro II tuvo también varios hijos naturales con tres damas distintas:

Con Maria da Cruz Mascarenhas:

-Luisa de Braganza (1679-1732), c.c. Luis de Melo, 2º Duque de Cadaval / c.c. Jaime de Melo, 3er Duque de Cadaval

Con Anne Armande Pastre de Verger:

-Miguel de Braganza (1699-1724) c.c. Luisa Casimira de Nassau e Ligne, heredera de la Casa de Arroches

Con Francisca Clara da Silva:

-José de Braganza (1703-1756), doctor en teología y Arzobispo de Braga.


La heredera del trono "siempre-novia"





Años antes de que falleciera su madre, la Infanta Isabel Luisa de Portugal asumió el título de los herederos de la Corona Lusa, el de Princesa de Beira el 15 de febrero de 1674, siendo reconocida y jurada como tal por las Cortes de Lisboa el 23 de noviembre, puesto que don Pedro II no tenía heredero varón y era menester asegurar la continuidad dinástica. Estando aún vivo el rey Alfonso VI, se imponía la necesidad de crear una nueva disposición jurídica que reemplazase aquella ley de sucesión votada por las Cortes de Lamego, que había que derogar y que excluía a todo príncipe extranjero a suceder en el trono Luso.

 
Retrato del joven Duque Víctor-Amadeo II de Saboya (1666-1732).


Aunque bastante hermosa y agradable, la flamante princesa nunca gozó de buena salud y eso, desgraciadamente, se supo en las cortes extranjeras. Su padre procuró, en cualquier caso, encontrarle un pretendiente a su altura entre las testas coronadas de Europa. Finalmente, en el curso de 1680, Isabel Luisa fue prometida al duque Víctor-Amedeo II de Saboya, futuro rey de Sicilia y luego de Cerdeña; un proyecto que agradaba sobremanera en Versailles y que tenía el respaldo de Luis XIV.

Isabel Luisa era agraciada y con la cabeza muy bien amueblada; hablaba con soltura el francés, el castellano y el italiano asi como el latín y le apasionaba la historia, por lo que siempre se la veía devorando libros. A eso se añadía una educación y maneras exquisitas, mucha elegancia aunque algo de recato.

El 25 de marzo de 1681, el marqués de Droné, embajador de Saboya en Lisboa, representó entonces al novio para la ceremonia de los esponsales en el Salón de Embajadores del Palacio Real da Ribeira, procediendo luego a la entrega de los regalos a la novia en nombre del duque. Al año siguiente, en 1682, Pedro II envió al Duque de Cadaval en calidad de embajador extraordinario a la corte de Turín, con la misión de acompañar a Víctor-Amadeo II de Saboya en su viaje por mar hasta Lisboa con 8 navíos de la Marina Real. Pero, cuando Cadaval llegó a Turín, se encontró con que el duque de Saboya no quiso recibirle con el pretexto de que estaba enfermo e indispuesto por una pertinaz fiebre. Hubo entonces que posponer la audiencia...

El contratiempo respondía en realidad a una lucha de partidos en el seno de la corte saboyana. Por un lado, Madama Reale*** -madre del duque de Saboya y regente- deseaba fervientemente que su hijo casase con la heredera portuguesa, para asi asegurarle una corona real mucho más lustrosa que la ducal. Por otro lado, al duque Víctor-Amadeo II le disgustaba la idea de partir hacia una tierra extraña y ver cómo su ducado arriesgaba con caer bajo dominio francés.

El embajador portugués, viendo que el duque no parecía restablecerse nunca, que el partido contrario a su marcha hacia Portugal aumentaba de forma alarmante y que el propio Víctor-Amadeo II lo respaldaba, resolvió volver a Lisboa antes que tener que pasar el invierno anclado en cualquier puerto piamontés.

Huelga decir que aquella mascarada turinesa sentó muy mal en la corte portuguesa.

Poco después, la enfermedad y posterior muerte de la reina Maria-Francisca de Saboya en diciembre de 1683, dieron lugar al definitivo abandono del compromiso entre la princesa de Beira y el duque de Saboya. Y, puesto que el rey Luis XIV de Francia acababa de enviudar, Pedro II pretendió ofrecérsela como segunda consorte, lo que demuestra lo poco al corriente que estaba de la relación de aquél con la marquesa de Maintenon. Pese a la amable negativa de Versailles, se la quiso comprometer con el Delfín,... y de Francia se pasó a España, intentando que Carlos II la aceptase como nueva esposa, pero tampoco hubo éxito. De los grandes monarcas se pasaron a soberanos menores como el gran-duque de Toscana, el duque de Parma o el príncipe-elector Palatino,... Todo fue en vano.

Como la heredera no parecía tener éxito en las cortes europeas, las Cortes de Lisboa presionaron a Pedro II para que contrajera nuevamente matrimonio con una princesa en edad de proporcionarle una amplia descendencia que perpetuase su casa. De este modo y 4 años después de haber enviudado de su primera mujer, el rey Pedro II contrajo nuevamente matrimonio con una hija del elector del Palatinado Felipe-Guillermo de Baviera-Neoburgo.

Se supo más tarde las verdaderas razones que dieron al traste con el compromiso luso-saboyano. Los saboyanos se mostraron recelosos ante la posibilidad de que su duque Víctor-Amadeo II casase con la presunta heredera portuguesa, dejando el camino libre a la influencia preponderante de Luis XIV, que deseaba hacerse con el Piamonte y compensar al novio de esa anexión con la Corona de Portugal.

Con el nacimiento del primer hijo de Pedro II y Maria-Sofía de Neoburgo, el Infante Juan, príncipe de Brasil en agosto de 1688, Isabel Luisa dejó de ser la presunta heredera del trono y reintegró su condición de simple infanta por un breve espacio de tiempo, ya que en septiembre del mismo año moría el príncipe de Brasil y ella volvía a asumir el título de princesa de Beira.

Fue finalmente en octubre de 1689, cuando nació el segundo varón de la pareja real y futuro rey Juan V, cuando la Infanta Isabel Luisa dejó definitivamente de ser la heredera portuguesa.

Un año exactamente después, adoleciendo de la vejiga, la Infanta Isabel Luisa enfermó y murió en el Palacio de Palhava (Lisboa) el 21 de octubre de 1690, a los 21 años. Sería sepultada junto a su madre, en la iglesia del convento del Santo Crucifijo, fundado por su progenitora.

En 1912, ambas serían exhumadas para ser sepultadas en el Panteón de los Braganza, en el Monasterio de Sao Vicente da Fora.

Por sus sucesivos intentos de noviazgo frustrados, se conoce popularmente a la Infanta Isabel Luisa como la "Siempre-Novia".


Notas:

(*)_Luisa de Guzmán y de Sandoval (1613-1666), era la hija del 8º duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán, y de Juana Lorenza Gómez de Sandoval y de La Cerda, los señores más poderosos de Andalucía. Casó con el entonces Duque Juan de Braganza el 12 de enero de 1633, que se convirtió en el nuevo rey de Portugal como Juan IV, tras sublevarse el país contra la ocupación española (1640). Fue, por este motivo, la primera reina de Portugal de la IVª Dinastía (Casa de Braganza).

(**)_Luis de Vasconcelos e Sousa, 3er Conde de Castelo Melhor (1636-1720). Fue primer ministro de Alfonso VI de Portugal entre 1662 y 1668. Artífice del enlace del rey con la princesa Maria-Francisca de Saboya, hija de los duques de Nemours y de Aumale, se enemistó con ésta al ponerle cortapisas a sus ambiciones políticas. El hecho de que estuviera al corriente de los amores de la reina con el infante Pedro, le atrajo el odio de éste quien, tras dar el golpe que depuso a Alfonso VI, le forzó a dimitir de sus cargos y a exiliarse en París.

(***)_La Princesa Maria Giovanna Battista de Saboya-Nemours (1644-1724), segunda consorte del Duque Carlos-Manuel II de Saboya y madre del Duque Víctor-Amadeo II, era conocida en la corte de Turín bajo el nombre de "Madama Reale" (Señora Real), título de uso en la corte francesa y reservado normalmente a las princesas primogénitas de la Casa Real Gala. Era, por tanto, hermana de Maria-Francisca de Saboya-Nemours, esposa sucesivamente de los reyes Alfonso VI y Pedro II de Portugal, y tía carnal de la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal, princesa de Beira.

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