domingo, 16 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES -161-

"Gente con clase y clases de gente"



La célebre y precoz retratista francesa Elisabeth Vigée-Lebrun (1755-1842), pintora oficial y favorita de la reina María-Antonieta de Austria y de la alta sociedad cosmopolita, se vio obligada a exiliarse después de estallar la Revolución Francesa. Su vida corría verdadero peligro: su amistad con la Austríaca y sus relaciones con toda aquella pandilla de aristócratas ahora perseguida, convirtiéndose en un objetivo de Madame Guillotina, la forzó a recoger sus pinceles y pinturas para encontrar refugio y seguridad al otro lado del Rhin, con solo 100 luises de oro en el bolso. Que fuese en Viena como en San Petersburgo, donde fue acogida por la mismísima emperatriz Catalina II la Grande, la alta aristocracia rusa seguía dándose de codazos para que la inmortalizase en sus lienzos.

Pero en 1800, Elisabeth Vigée-Lebrun fue borrada de la Lista de los Emigrados y el embajador francés en San Petersburgo le entregó su pasaporte para regresar a su patria. Con inmensa tristeza, abandonó Rusia dos años más tarde para volver a una Francia totalmente transformada. Reinstalada en París para seguir con su oficio de pintora, no acaba de encontrar su sitio en una sociedad totalmente diferente a la que conoció antes de 1789. El único retrato que le encomendó en 1805 la familia Bonaparte, fue el de la Princesa Carolina Murat (1782-1839), la más joven hermana del emperador Napoleón I. Sin embargo, esa "Alteza Imperial" de maneras nuevas, propias de una advenediza, se mostrará tan desagradable con la retratista a lo largo de las sesiones de posado, que ésta acabaría por exclamar, asqueada: "¡He pintado a auténticas princesas que jamás me han atormentado ni me han hecho esperar tanto!"

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