jueves, 13 de noviembre de 2014

ACTUALIDAD: 9N, PIEL DE GALLINA

9N, PIEL DE GALLINA
 
 

No fui a votar el 9-N. No por falta de ganas, sino porque pese a estar empadronada en Cataluña, todavía en mi documento de identidad figura mi anterior domicilio español. No creo que sea fácil para mucha gente, hacerse una idea de la alegría que se desborda dentro de mí, tras haber podido liberarme de una situación personal extremadamente compleja, en donde la oscuridad y la hipocresía conforman los ejes de un estrato social endogámico, orgulloso de su caspa y reñido con el menor concepto de libertad personal.

Se dice que somos los peores analistas de nosotros mismos y es muy posible que yo sea víctima del síndrome del converso, pero la sensación de descompresión es tan gratificante para mí, que lo que menos me importa en estos momentos es el calificativo que puedan adjudicarme.



El hecho de que no estuviera habilitada para votar el domingo, no significa ni mucho menos que renunciara a participar de esta gran orgía catalana de la libertad, que no lograron atenuar ni el secular dogmatismo gubernamental, ni un tiempo inestable. En los ojos de la gran mayoría de personas con las que me crucé, se atisbaba el indisimulable brillo de una sonrisa transgresora. Posiblemente muchos de ellos no habían vuelto a disfrutar de tan gratificante sensación desde sus años de pubertad.

La noche previa a la jornada reivindicativa fue para algunos, lo más parecido a una noche de reyes. Me llamó la atención que a más de un amigo, le costara controlar sus nervios y contara cada minuto que faltaba para poder ir a votar. Les pregunté y me confesaron que experimentaban la sensación de ir a votar por primera vez.

Dicen que la necesidad aviva el ingenio y mis ansias de paladear los aires de libertad en comunión con otras personas no conocen límites. La mejor manera que encontré para disfrutarlos, fue apuntándome como periodista voluntaria a una televisión, para ir remitiendo datos e impresiones durante el transcurso de la jornada. Una experiencia que acabó siendo realmente inolvidable.



Si dijera que durante mi periplo por distintas mesas logré contener la emoción, mentiría. Vi a ancianos con mirada ilusionada; a gente abrazándose tras haber votado; a una señora besando a los miembros de la mesa; a vecinos de cola departiendo como si se hubieran conocido de toda la vida. Sin embargo, la anécdota más impactante me la relató un compañero que también ejercía de reportero voluntario: un anciano fue a votar antes de asistir al entierro de su esposa. "Ella hubiera sido la primera en venir a votar" , dijo conteniendo a duras penas sus lágrimas (foto de abajo). Todo aquello solo podía definirse como complicidad y dignidad de un pueblo. No me pregunten si era legal o ilegal; solo sé que no había visto nada parecido en toda mi vida.

La participación se situará alrededor de los 2,4 millones cuando hayan votado los rezagados. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que lo del 9-N fue una exhibición de firmeza popular sin precedentes. No fue una votación más; fue entre otras cosas, un desplante en toda regla al mismo Tribunal Constitucional que cuatro años y cuatro meses antes, había dictaminado que el voto de los catalanes en un referéndum con todas las bendiciones legales, era papel mojado.



Tratar de restarle méritos a aquel estallido de libertad y democracia, solo se entiende si va dirigido a los sectarios de turno. La mayoría absoluta de la que disfruta el PP, se logró con el mismo porcentaje de votos que obtuvo el SI-SI en Cataluña el pasado domingo. Sin embargo, lo más relevante desde mi punto de vista, fue que en esta ocasión, los votos pro independencia, han superado en 260.000 a los que obtuvieron el grueso de fuerzas soberanistas en las pasadas elecciones autonómicas y eso ha sucedido en un ambiente de amenazas por parte del gobierno central y bajo la reiterada consigna de que la votación no servía para nada. Tan solo un gobierno zombi puede ignorar esta incontestable realidad. Mi impresión es que cada día que pasa, la situación se consolida más irreversible.

Lo que carece de cualquier sentido es que los 3,5 millones que no han votado se los adjudique una opción determinada. Parece más sensato pensar que en un referéndum con pregunta binaria o en una convocatoria plebiscitaria, 1/3 de esta mayoría silenciosa, sería favorables al no; 1/3 favorable al sí y 1/3 abstencionista, lo cual nos arroja la cifra de 3,2 millones votos independentistas, 1,4 millones de votos unionistas y 1,2 millones que irían a la abstención. Es muy complicado obligar a más de 3 millones de catalanes a que se sientan españoles a la fuerza. Claro que eso es tan solo mi humilde opinión.

"9N, Piel de Gallina" de Pilar de Díez Ruz-Hinojosa / 11-11-2014 / http://pilidiez.wordpress.com

in Perder una guerra se asimila. Los escarnios permanecen indelebles.

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