domingo, 1 de junio de 2014

LAS 10 MENTIRAS SOBRE CATALUÑA

El presente artículo es el primero de una série de 10 artículos de cortos escritos por Jordi Mata y publicados en la revista Sàpiens (www.sapiens.cat), en los que se rebaten algunas de las mentiras sobre la história de Cataluña, divulgadas a veces por interés, otras fruto de la ignorancia.




Mentira nº 1: Cataluña nunca ha sido una nación

Todas las naciones y lo que las caracteriza: etnia, lengua, territorio, tradiciones comunas… se han construido poco a poco, y Cataluña no ha sido una excepción. A finales del siglo VIII la mayor parte de la península Ibérica la controlaba el Emirato de Córdoba. Fue entonces cuando se constituyó la Marca Hispánica, una unidad administrativa integrada en el imperio Franco de Carlomagno y en la cual quedaron aplegados buena parte de los territorios que han acabado configurando Cataluña. En consecuencia, su origen se vincula al estado cristiano mas poderoso de la época, que se extendía hasta el centro de Europa, el imperio Carolingio, y no a ningún otro.

Los territorios de la marca hispánica

Estos territorios de la Marca, divididos en las demarcaciones condales de Pallars-Ribagorça, Urgell-Cerdanya, Rosselló, Empúries, Girona y Barcelona, disfrutaban de suficiente poder autónomo como para que su relación de vasallaje con la monarquía franca se limitara a las formas, ya que, de hecho, los condes tenían la capacidad de desarrollar una política exterior propia y establecer contactos diplomáticos tanto con los califas de Córdoba cómo con la corte pontificia romana.

Así, durante el siglo IX, los condados vertebraron y compactaron el país en emprender una política de repoblación de aquellas zonas devastadas por las luchas contra los musulmanes, y fortalecieron su poder hasta adquirir un grado de soberanía respecto al rey franco, a menudo ausente y con escasos medios para mostrar su autoridad.

Finalmente, a lo largo del siglo X se rompieron los vínculos de vasallaje de los condes con el imperio Carolingio, extremo que se confirmó a partir del 988, cuando Borrell II, conde de Barcelona, Girona, Osona y Urgell, no renovó el juramento de fidelidad al rey Hugo Capeto, acto que se ha interpretado como la ratificación de la independencia de los condados catalanes, ya efectiva desde hacía tiempo.


Luchas intensas con los sarracenos

Ya independientes de los francos, los condes catalanes mantuvieron intensas luchas con los sarracenos en la península para ampliar sus fronteras y mirar hacia diferentes horizontes para prestigiar su autoridad. Así, Ramon Berenguer III firmó en 1127 con el conde de Sicilia, Rogelio II, lo que se considera el primer tratado internacional con la intervención de Cataluña como entidad soberana, sin vínculos con otras naciones.

La conquista de las taifas andalusinas de Tortosa y Lleida en los años 1148 y 1149, seguida de un movimiento repoblador que duraría mas de una generación, acabó de configurar geográficamente el país a grandes rasgos. Cataluña se convirtió en una sociedad feudal con una forma de gobierno, la soberanía condal, que construyó estructuras de estado.

En el transcurso del siglo XII también se constata la existencia de otros elementos que conforman la identidad nacional, como la lengua. El documento mas antiguo que se conserva escrito en catalán es un fragmento de una traducción hecha a mediado de siglo, del Forum iudicum, un código de leyes visigodo, casi contemporáneo a las homilías de Organyà, un sermonario destinado a la predicación del evangelio redactado entre el final del siglo XII y el principio del siglo XIII. Paralelamente al uso de la lengua hay la primera aparición de vocablos fáciles de relacionar filológicamente con Cataluña y catalanes, en los documentos escritos que se leen en el Liber Maiolicinus de gestis Pisanorum illustribus, una crónica pisana del 1114 que habla de la fugaz conquista de Mallorca por una bandada formada por hombres de Pisa y Barcelona, y que menciona los "catalanenses" y "Catalania".




El escudo y la bandera catalanas

En referencia al escudo y la bandera de Cataluña, se inspiran en el señal heráldico del linaje de los condes de Barcelona: palos de gules sobre campo de oro. Aparece por primera vez en un sello con que Ramon Berenguer IV validó un documento el 2 de setiembre del 1150, aunque se discute si la decoración con éste símbolo de las tumbas de Ermesenda de Carcasona y de Ramon Berenguer II es anterior a esta fecha o fruto de una restauración posterior. A partir del reinado de Jaime I, el número de palos se concretó en cuatro.



Mentira nº 2: Cataluña no ha sido nunca soberana porque pertenecía a la Corona de Aragón.

En 1137, el matrimonio del conde de Barcelona Ramon Berenguer IV con Petronila, hija del rey de Aragón, significó una unión dinástica de Cataluña y Aragón pero no una fusión política ni social. Se trató, entonces, de una federación de estados, en la que cada uno mantuvo sus leyes e instituciones, aunque ambos eran gobernados por una única cabeza coronada.


 
 


Fuera de la conquista del reino sarraceno de Valencia, que Jaime I efectuó a partir de 1232 con espíritu de cruzada, la política expansiva de la casa de Barcelona se dirigió hacia el norte y hacia el mediterráneo. Así, la penetración a Occitania, en el sur de Francia, fue una empresa que se concluyó en 1213 con la derrota y la muerte del conde rey Pedro el Católico en la batalla de Muret. Mas exitosa fue la aventura marítima, ya que en los siglos XIII y XIV la corona catalanoaragonesa, mediante tratados, convirtió en tributarios algunos estados norteafricanos. En diferentes y sucesivas etapas y hasta la era moderna, los reinos de Mallorca, Cerdeña, Sicilia y Nápoles, los ducados de Atenas y de Neopatria, y el condado de Malta estuvieron bajo el dominio de la corona, en una demostración de vocación europea, además de mediterránea.



El conde de Barcelona era soberano

Hay un segundo punto que también conviene explicar. A menudo se ha considerado que Cataluña, como era un principado y no un reino, tenia un poder de rango inferior o sometido a la Corona de Aragón. En época moderna, esta confusión se acentuó especialmente cuando se comenzaron a identificar los antiguos reinos con los estados modernos: el reino de Francia, el reino de España… Pero en realidad, en la época medieval los títulos de los territorios, fueron reinos, condados, o marquesados, no era relevante, ya que las relaciones eran sobretodo interpersonales: ser rey o conde era exactamente lo mismo en cuanto a uso y ostentación de poder.

Por lo tanto, el conde de Barcelona era soberano o real; es decir, que no tenía ninguna autoridad por encima de él. Esto se inició con Borrell II, que no renovó el juramento de fidelidad a los monarcas francos, y se puso por escrito en el tratado de Corbeil de 1258, entre Jaime I y el rey de Francia Luis IX. De hecho, incluso en el pacto entre Franco y Juan de Borbón, padre del actual rey, sobre el nombre que éste tenía que utilizar, tiene este significado: era conocido como conde de Barcelona, que, a todos los efectos, desde el punto de vista de la legitimidad dinástica, equivale a rey de Aragón, de Castilla, de León…



Mentira nº 3: Con los Reyes Católicos nace la nación española

Se trata de uno de los tópicos que mas fortuna ha tenido, pero también uno de los más fáciles de desmontar. Los entonces príncipes de Castilla y Aragón, Isabel y Fernando, se casaron en secreto en 1469 y accedieron a los respectivos tronos en 1474 y 1479. El matrimonio consumaba la unión dinástica entre ambos reinos, pero ambas coronas conservaban las leyes e instituciones que las hacían independientes una de otra, como había sucedido en el siglo XII con la unión dinástica entre Cataluña y Aragón.

Qué significaba exactamente "tanto monta"?

Los emblemas de los soberanos demuestran también que la unión territorial fruto de su enlace era sólo a título personal, ya que el de Isabel I (un haz de flechas) y el de Fernando II (un yugo con una cuerda suelta y con el lema "tanto monta") se mostraban juntos en los escudos, pero no unidos. Tiempo después, fue la Falange Española quien fusionó ambos emblemas para convertirlos en su símbolo.

La pretensión que los Reyes Católicos fundaron una nación, algo que no se puede fundar en una fecha concreta porque las naciones son consecuencia de una evolución cultural y no de un arreglo político, se mezcla con la idea, también errónea, que lo que crearon realmente es un estado que se superpone a un concepto geográfico. En el siglo XV España era el nombre moderno de la Hispania romana, que geográficamente había correspondido a aquello que hoy conocemos como península Ibérica. Este hecho permitía que los portugueses, ya entonces con estado propio, se consideraran también parte de España. De hecho, los mismos Reyes Católicos tenían clara esta cuestión, como lo demuestra el hecho que nunca tomaran el título de reyes de España. Otro factor que contribuye a confundirlo todo es que la pareja pertenecía a dos ramas de una misma familia, los Trastámara, detalle que refuerza una impresión de unidad sin fisuras.



La renuncia de Fernando II a Castilla

A parte, la corte castellana tenía claro también de donde era rey en verdad Fernando II. Al morir Isabel I en 1504, su viudo renunció a Castilla en favor de su hija Juana y el marido de ésta, Felipe el Bello, para evitar un enfrentamiento armado, y volvió a Aragón. Se volvió a casar al año siguiente con la princesa francesa Hermana de Foix con la esperanza que le diera un heredero para el trono Aragonés, maniobra que enfureció los nobles castellanos en entender que con esto Fernando quería impedir que Juana y Felipe heredaran su corona. Y así era. El nacimiento del hijo único de la pareja en 1509, Juan de Aragón y Foix, implicaba la separación explícita de los reinos de Castilla y Aragón, pero el bebé murió pocas horas después de haber nacido.

Una corriente historiográfica defiende que sólo se puede hablar de una unificación real de España a partir de la guerra de Sucesión, que suprime la personalidad política y jurídica de la Corona de Aragón y uniformiza los diferentes territorios de la monarquía de acuerdo con los usos del reino de Castilla. Asimismo, estas reformas de carácter estatal y estructural tampoco otorgarían consistencia a una hipotética nación española. Otras opiniones sitúan el origen del concepto en 1812, haciéndolo coincidir con la Constitución de Cádiz y la definición de nación que se extendió por todas partes a raíz de la Revolución Francesa.




Mentira nº 4: Cataluña no ha tenido nunca ejército própio


Los ejércitos ya existían en épocas en que su profesionalización era escasa o nula y, fuera de las tropas mercenarias, los integraban paisanos a menudo sin experiencia de combate. En Cataluña esto ya se recogía en el siglo XI en un Usatge (usanza) de Barcelona, el "Princeps namque", que establecía, en caso de amenaza de invasión, la potestad del soberano de llamar a las armas a todos los hombres útiles para la defensa del país. Sólo podía ser invocado cuando el soberano estaba presente en el territorio y no tenía validez fuera del Principado, circunstancias que reforzaron el compromiso entre los gobernantes y el pueblo, y favorecieron la noción de autodefensa, la formación de milicias, la posesión de armas y el rechazo a participar en ejércitos y en guerras exteriores.

Defensa ininterrumpida durante siete siglos

Del "Princeps namque", se derivó el sacramental, una organización paramilitar basada en un juramento que hermanaba varios pueblos para garantizar su propia seguridad, que a su turno fue el origen de otra organización de auto-protección civil, el Sometent (Somatén), institucionalizado en el siglo XIII durante el reinado de Jaime I, que tenía a la vez carácter policial en el ámbito local y militar en el ámbito general. Fuera de las limitaciones que estipulaba el Princeps namque, conviene recordar la infantería ligera que fueron los Almogávares y su expedición a Oriente a principios del siglo XIV.

Durante la guerra de los Segadores, se constituyó el Batallón del Principado, un ejército regular formado por cuatro tercios de mil doscientos cincuenta hombres en diez compañías de 125 hombres cada una y 500 soldados de caballería en ocho compañías, que permaneció activo hasta 1652.

En el conflicto siguiente, la guerra de Sucesión, destacó el Regimiento de las Reales Guardias Catalanas, una unidad militar de élite del lado aliado que participó en diferentes batallas (las dos ocupaciones de Madrid, las batallas de Almenar y Zaragoza), el Regimiento de la Generalitat, creado en 1705 y encuadrado sucesivamente en el Ejército Regular Austriacista y en el Ejército Regular de Cataluña, y la Coronela, fuerza armada del municipio de Barcelona con finalidades defensivas y nutrida por la gente de los gremios que estaba bajo el mando del consejero en cabeza del Consell de cent de la ciudad (Consejo de cien). Finalmente, el decreto de Nueva Planta derogó el "Princeps namque" vigente desde el siglo XI.

Un cuerpo de élite durante la guerra civil

La última presencia castrense catalana en la historia correspondió al Regimiento Pirenaico número 1, formado en noviembre de 1936 por decreto de la Generalitat, que quería construir un ejército propio con motivo de la guerra civil, afán que se concretó el 6 de diciembre con la creación del Ejército Popular de Cataluña. Se trataba de la primera unidad militar de obediencia estrictamente catalana desde 1714, y se podía considerar un cuerpo de élite que se distinguió por un nivel de disciplina que contrastaba con la desorganización que caracterizó el ejército republicano. El Regimiento defendió el Palau de la Generalitat de los ataques anarquistas durante los hechos de Mayo de 1937, y en perder la Generalidad las competencias de defensa fue incorporado al Ejército Popular de la República, donde sus miembros fueron objeto de medidas disciplinarias extremas o destinados a misiones suicidas por su talante abiertamente separatista.


Mentira nº5: Cataluña es bilingüe desde el siglo XV


El acceso al trono de Aragón de la dinastía de los Trastámara debido al compromiso de Caspe, favoreció un progresivo monolingüismo castellano en la corte, hecho que provocó que las élites sociales y culturales adoptaran el castellano desde el inicio del siglo XVI coincidiendo con su fortalecimiento como lengua comuna de todos los territorios de la monarquía hispánica. Muchos escritores catalanes escribieron su obra en castellano en un período en que la imprenta propició la edición de éste idioma, mas rentable que hacerla en catalán. Pero aun con todo no implicó que el uso del catalán menguara o fuera sustituido en ninguna parte, ni tampoco que se produjera una castellanización masiva de la población.

El catalán, única lengua de las instituciones hasta 1714

Al contrario. El catalán fue la única lengua de las instituciones hasta 1714, como lo demuestran los Dietarios de la Generalitat de Cataluña, y el Dietario del antiguo consejo de Barcelona, y se mantuvieron como única lengua coloquial durante los siglos XVI y XVII. La iglesia hizo un uso mayoritario del catalán en la predicación porque entendió que era el habla del pueblo, circunstancia que hizo constar el religioso jesuita Pere Gil en el prólogo a su traducción del latín al catalán de la obra La imitación de Cristo (1621), de Tomás de kempis: "Exceptuadas algunas pocas ciudades como son Barcelona, Tarragona, Girona, Tortosa y Lleida, y algunas pocas vilas como Perpiñán, Vilafranca del Penedès, Cervera, Tárrega, Fraga, Montsó y parecidos, [...] no es bien entendida la lengua castellana de la gente comuna". El esfuerzo por implantar un bilingüismo real no se desarrollaría hasta el siglo XVIII, en dictarse desde Madrid las medidas administrativas contrarias al uso oficial del catalán y de su enseñanza.

Una decadencia relativa

Uno puede creer que el tema del bilingüismo vinculado a esta etapa se relaciona con un fenómeno paralelo en el tiempo, la Decadencia, nombre con el que los historiadores de la literatura catalana han designado el periodo comprendido entre el fin de la edad media y el inicio de la Renaixença (el Renacer), caracterizado por la disminución del uso literario del catalán y la poca cualidad de los textos que se produjeron en esa lengua. El de la Decadencia es un concepto que conviene matizar y revisar, construido por intelectuales del siglo XIX y críticos posteriores. Aunque existió el abandono de la creación literaria en catalán, dado que la mayoría de autores del país conrearon sus obras en castellano, latín o italiano, esto no comportó una caída cultural general porque sí proliferaron los libros de divulgación científica o técnica escritos en catalán que trataban disciplinas como la medicina, la agricultura, la enseñanza, la historiografía y los concernientes a la milicia. Además, la base para hablar de Decadencia fue la comparación más desfavorable posible, la de las letras catalanas con las castellanas, que en ésa época vivían su Siglo de Oro.

En conclusión, se generó un cliché que aún permanece, que disuadió muchos investigadores de estudiar con rigor mas de trescientos años de historia de cultura nacional, y que no se corresponde a la realidad del uso cotidiano de la lengua catalana en la era moderna, que era bien vigente.





Mentira n°6: Los catalanes no perdieron nada con la derrota de 1714


La derrota de 1714 tuvo consecuencias que políticamente y socialmente afectaron a todo el mundo, y no tan solo a los círculos oligárquicos que pudieran retener el poder del país en aquel momento, como a veces se ha dicho. Conviene recordar que en aquel momento, en Cataluña había derechos individuales y colectivos garantizados por leyes que se aprobaban en las Cortes. Los decretos de Nueva Planta, el conjunto de reglas promulgadas por Felipe V después de la guerra de Sucesión, implementaron el absolutismo y el monarca devino fuente de toda soberanía.

De acuerdo con eso y aludiendo al "derecho de conquista", Felipe V abolió los fueros y las constituciones de la Corona de Aragón, y derogó también las instituciones propias que velaban por su cumplimiento. Estas medidas no se dirigieron a estamentos en concreto, sino al conjunto de la población, que pasó a ser gobernada por un organismo extranjero, el Consejo de Castilla.

Pérdida colectiva e individual

Los catalanes, como a individuos e independientemente de su lugar en la escalera social, perdieron derechos como las garantías procesales, mediante las cuales nadie podía ser hecho prisionero sin la orden expresa de un juez competente, y se aseguraba que todo el mundo tuviera acceso a la justicia por encima de las respectivas posibilidades económicas. También fue suprimido el derecho de reparación, que permitía que el daño que provocara un empleado público a un ciudadano fuera inmediatamente reparado, y la legislación a propósito de la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia. En conclusión, los decretos de Nueva Planta representaron para los catalans la pérdida del control económico, fiscal, judicial, aduanero, y monetario propio y de una capacidad legislativa tradicionalmente avanzada a su época.

Económicamente, el decreto de Nueva Planta significó la imposición de un tributo nacido con pretensiones de modernidad y equidad entre los diferentes territorios peninsulares, el cadastro. La aplicación de éste nuevo impuesto provocó que en cincuenta años la fiscalidad aumentara globalmente en Cataluña un 150%.





Mentira n°7: El castellano no ha sido nunca lengua de imposición


La derrota en la guerra de Sucesión también provocó la imposición del castellano. En la época del establecimiento de los decretos de Nueva Planta, la administración borbónica aleccionaba los correctores desplazados a Cataluña con instrucciones como la siguiente: "Pondrá el mayor cuidado en introducir la lengua castellana, a cuyo fin dará las providencias más templadas y disimuladas para que se consiga el efecto sin que se note el cuidado". Más directos fueron los ministros del hijo de Felipe V, Carlos III, en promover cédulas reales por las cuales se prohibía la enseñanza del catalán en las escuelas de primeras letras (1768) y se ordenaba que todos los comerciantes llevaran los libros de contabilidad en castellano (1772). El privado de Carlos IV, Manuel Godoy, prosiguió el asedio al catalán en dictaminar en 1801 que no se representara en ningún teatro ninguna obra que no fuera en castellano.

Castigos a los niños que hablaran catalán en la escuela

El estado liberal no se diferenció del absolutista en cuanto a la represión lingüística. Un edicto real de 1837 impuso castigos infamantes a los niños que hablaran catalán en la escuela, y en algunos lugares, como las Islas Baleares, se fomentó la delación entre alumnos para sancionar los catalanohablantes. Ciertas medidas resultaron ridículas a la vez que tristes, como la que en 1838 prohibía que los epitafios de los cementerios fueran escritos en catalán, o la emitida por la Dirección General de Correos y Telégrafos en 1896 en prohibir hablar en catalán por teléfono en todo el Estado español.

En 1924, en plena dictadura de Primo de Rivera, se publicó una real orden que sancionaba aquellos maestros que enseñaran en catalán, y Antoni Gaudí, que tenía entonces setenta y dos años, fue detenido por negarse a hablar en castellano delante de la policía.

La constitución española relega a un papel secundario el catalán

En 1939, consumada la victoria fascista en la guerra civil, una orden del Ministerio de Educación Nacional suprimió cualquier enseñanza relacionada con la cultura catalana. Incluso los presos tenían que hablar en castellano, según el reglamento de prisiones de 1956, y en castellano tenían que ser los nombres que se inscribieran en el Registro Civil, como se estipuló en 1957. Conviene recordar también la movida que hubo alrededor de Juan Manuel Serrat cuando, en 1968, se le prohibió cantar en catalán en Eurovisión el famoso La, la, la con que ganó el certamen Massiel.

En los tiempos actuales, la Constitución española de 1978 relega a un papel secundario el catalán en los territorios donde es lengua propia, ya que el castellano es afianzado como única lengua que los ciudadanos tienen que conocer obligatoriamente. La situación ha degenerado suficiente como para que la sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatuto de Cataluña, hecha pública el 9 de Julio de 2010, establezca que el catalán no es lengua preferente de la administración en Cataluña ni tampoco lengua vehicular del sistema educativo.





Mentira n°8: El catalanismo es un invento de la burguesía


El arquetipo de catalán como personaje eminentemente burgués, generado en los tiempos de la industrialización, ha hecho fortuna suficiente como para que muchos miren a la mayoría de habitantes del Principado como a miembros de clases bienestantes, olvidando que fue en Cataluña, precisamente porque es donde había las fábricas, dónde también nació el proletariado como a clase social en la península Ibérica. La potencia del arquetipo, que incluye la fuerza de su poder económico para hacerlo a la vez poderoso políticamente, ha permitido atribuirle gratuitamente la paternidad única del catalanismo.

Un fenómeno transversal e interclasista

El catalanismo fue un fenómeno transversal e interclasista, las raíces del cual son culturales, pero provenientes también de los anhelos democratizadores de los estratos populares. En 1869 se creó la primera sociedad catalanista, la "Joven Cataluña", fundada entre otros por Àngel Guimerà, estrechamente ligada a la Renaixença y a los Juegos Florales, y que se propuso ir más allá del debate literario a fin de dar un primer enfoque político. El abanico ideológico de sus integrantes era diverso, incluía tanto carlistas como republicanos de diferentes tendencias. Pero antes de todo esto, en 1840, se había constituido la Asociación Mutua de Obreros de la Industria Algodonera de Barcelona, que comenzaba un obrerismo catalán vinculado al republicanismo y que, a parte de defender mejoras en las condiciones de trabajo y de vida de los obreros, se comprometía con los movimientos de carácter anticentralista. Éste discurso aumentó en 1855 a raíz de la creación de la Junta Central de Directores de la Clase Obrera, que fuera del derecho de asociación y de la limitación de la jornada laboral, reivindicó también la libertad de Cataluña. La prensa obrera usaba el catalán sin manías, y publicaciones como La Tramontana, de inspiración anarquista, se presentaba de la siguiente manera: "És lo periòdich que’s publica en idioma català, més avensat en idees polítiques, religioses i d’economia social". (Es el periódico que se publica en idioma catalán, mas avanzado en ideas políticas, religiosas y de economía social).

El "regionalismo burgués" de Lerroux

La celebración en 1880 del Primer Congreso Catalanista para aglutinar todos los sectores sociales favorables al autogobierno de Cataluña ya evidenció que la burguesía no era la protagonista exclusiva de este sentimiento. Aún así, las convulsiones y represiones que vivió el obrerismo a final del siglo XIX y a principio del siglo XX ayudaron a que un político demagogo y populista como Alejandro Lerroux tuviera audiencia entre los trabajadores, que escuchaban sus denuncias de aquello que nombraba regionalismo burgués, y que podía identificarse con el catalanismo como conjunto. Contra esta visión, el catalanismo mas popular fundó en 1903 el Centro Autonomista de Dependientes del Comercio y la Industria (CADCI) para defender el reformismo social y la divulgación del catalanismo, la pluralidad del cual se completó en 1906 con la creación del Centre Nacionalista Republicà, el primer partido catalanista de izquierdas.

Ciertamente, no se puede negar la participación en un proyecto nacional catalán, ya antes de la aparición de un catalanismo conservador, de una clase obrera aplegada en un tejido asociativo variado que disponía de centros culturales, escuelas y orfeones que contribuyeron a extender la cultura entre los sectores populares. Su peso, además de completar una imagen de Cataluña en la cual sólo era visible la burguesía mercantil e industrial, fue caudal para consolidar el catalanismo en un sentido democrático.


Mentira n°9: La guerra civil fue solo una guerra entre derechas e izquierdas


Es simplista reducir al odio entre derechas e izquierdas el motivo del estallido de la Guerra Civil Española, ya que sobretodo conlleva ignorar el debate que había a propósito de la organización territorial del estado republicano, en que el papel de Cataluña ya como comunidad autónoma de pleno derecho amenazaba la idea de la unidad de España. Diferentes regiones se reflejaban en el ejemplo catalán para emprender la vía autonómica. La redacción del Estatuto de Aragón se desarrollaba en marzo de 1936; se presentaba el cuarto proyecto de Estatuto para el País Vasco el 15 de abril; el proyecto de Estatuto de Astúries se redactaba en mayo, coincidiendo con las conversaciones de los ayuntamientos castellanos para la autonomía de Castilla y León; un segundo plebiscito favorable al Estatuto gallego se votaba el 28 de junio, y en Andalucía se producía una reunión preparatoria para la redacción de un proyecto autonómico el 6 de julio, una semana antes del inicio de la guerra. Este ambiente acrecentó el nerviosismo de los sectores conservadores que impulsaron la rebelión militar.

"Antes que el Estatuto la guerra civil"

La aversión hacia Cataluña en los círculos de poder estatal ya venía de antaño, desde la vertebración política del catalanismo. Después de la proclamación de la República en 1931, las negociaciones para el Estatuto de Cataluña levantaron un gran alboroto perceptible en lo que se leía en 1932 en algunos periódicos, como "El Imparcial", que reflejaban posicionamientos que a la vez predecían la tragedia: "Antes que el Estatuto la guerra civil". Un enemigo de la autonomía Catalana, Ramiro Ledesma, teórico del nacionalsindicalismo, el considerado fascismo español, buscó el enfrentamiento incitando al ejército a emprender una acción armada. "Falta esta prueba a los catalanes separatistas: la del heroísmo. Carecen de ejecutorias guerreras, y por eso el resto de España debe obligarles a batirse", declaraba.

La estrofa catalanofoba del "Cara al sol"

Con la guerra ya iniciada, la prensa del Principado se hacía eco de la catalanofobia del bando sublevado. Un titular de "La Publicitat" en agosto de 1936 era suficientemente explícito: "Los insurgentes ya explotan la fobia anticatalana. Los traidores del régimen nos tratan de extranjeros". No se trataba de ninguna exageración. En sus emisiones radiofónicas desde Sevilla, el general Queipo de Llano soltaba perlas como esta: "Transformaremos Madrid en un vergel, Bilbao en una gran fábrica y Barcelona en un inmenso solar". Y en 1938 la Falange Española cambió una estrofa de su himno, el "Cara el sol", por la siguiente: "Catalán, judío y renegado, pagarás los daños que has causado. Arriba escuadras, a vencer, que en España empieza a amanecer". Tal realidad la reconocían incluso diarios editados en la franquista, como era el caso del ABC ("Hay –inútil sería ocultarlo- en muchos lugares de la España en definitiva, un sentimiento muy acusado de rencor contra los catalanes") o El Adelanto, de Salamanca ("Actitudes "catalanófobas" las hemos hallado recientemente en artículos insertos en periódicos de la España liberada").

Desafortunadamente, la catalanofobia no estaba ausente en el bando republicano. La libertad con que el gobierno de la Generalitat actuó, a causa de los trastornos a qué lo abocó la guerra, al margen de lo dictaminado en Madrid, generó un fuerte resentimiento del Gobierno central hacia las autoridades catalanas. En consecuencia, el decreto de Franco por medio del cual se abolía el Estatuto de Autonomía de Cataluña en abril de 1938 parece que encontró buena acogida por parte de algunos políticos republicanos.





Mentira n°10: Franco fue clave en la industrialización de Cataluña


La industrialización de Cataluña no es un fenómeno reciente ni debe nada a la acción de un dictador. Sería mas justo decir que la indústria catalana sobrevivió a pesar de un dictador que hizo todo lo posible para debilitar el país, pero que tuvo que tragarse sus fóbias cuando se hizo evidente que si Cataluña se empobrecía, el empobrecimiento de toda España sería imparable.

La emprendeduría no se hace en 40 años

El proceso de industrialización catalán se inició en el siglo XVIII con el sector del algodón y las fábricas de indianas, favorecidos por la existencia de un espíritu empresarial y emprendedor, la proximidad geográfica a Europa que proporcionaba la tecnología y la inversión de una parte de los beneficios generados para la modernización de la agricultura del Principado. Este núcleo inicial se ensanchó a lo largo del siglo XIX, a pesar de las guerras, revueltas, y crisis, y con retraso respeto a la Europa occidental. La revolución de los transportes, con el establecimiento de una red de ferrocarriles, y la sustitución del vapor por energía hidráulica, factores que esparcieron la mecanización por todo el país, inauguraron una etapa de prosperidad, aunque el pensamiento librecambista y anti-industrialista de los gobiernos centrales entorpeció mas que ayudó a unas actividades que requerían leyes proteccionistas. Buena parte de esto se dañó con la guerra civil.

La autarquía franquista

El franquismo instauró la autarquía, una economía rígida de racionamiento, sin intercambios con el exterior, en que el Estado tenía que producir todos los bienes necesarios. Hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial se hizo evidente la voluntad de las autoridades de dificultar la recuperación económica de Cataluña. Se trasladaron a Madrid las sedes sociales de empresas catalanas; se depuró el personal de los organismos encargados de la economía del país; se creó el Instituto Nacional de Industria (INI), orientado a construir industrias allí donde la iniciativa privada no pudiera llegar, y que representó una discriminación con respecto al Principado; y los bancos españoles absorbieron las entidades de Cataluña con suficiente agresividad como para que a mediados de la década de los cincuenta la banca catalana solo representara el 3% del sistema bancario español.

Sin embargo, el aislamiento que sufrió la dictadura española después de la derrota del nazismo llevó su economía al estancamiento. Faltaban energía y materias primas, y las restricciones eléctricas eran constantes. La burguesía industrial y comercial catalana, que había renunciado a ejercer un papel político y que apoyaba el régimen porque era garante de una paz social que permitía obtener ganancias, se limitaba a hacer funcionar sus negocios a pesar del intervencionismo estatal, intervencionismo que no siempre se salía con la suya.

Franco accede a los deseos de FIAT

La dictadura, que habría querido que Cataluña se especializara en la industria textil, tuvo que transigir con el deseo de la empresa automovilística italiana FIAT de instalar la factoría SEAT en Barcelona por su puerto y su mano de obra cualificada, deseo que contrarió el general Franco, que había ofrecido otras ubicaciones, e incrementó el peso del sector del metal en el Principado.

El modelo autárquico, incapaz de mejorar el nivel de vida de la población, entró en crisis y tuvo que evolucionar hacia la liberalización del sistema económico con el Plan de Estabilización de 1959, aprobado a desgrado del dictador, que tenía en la autarquía un símbolo de su victoria en la guerra. Empezaba el enderezamiento económico.


2 comentarios:

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  2. Interesante artículo. Para quien quiera otra perspectiva distinta, aquí dejo este enlace:

    http://www.minutodigital.com/2012/09/10/la-gran-mentira-del-11-s-catalan-la-diada/

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