domingo, 11 de marzo de 2012

LA MUJER-LOBO DE APCHON




1588: Un Caso de Licantropía en Francia.



Estamos en Francia, en el año 1588 y la primavera es soleada y suave aquella mañana, en las montañas del Cantal. En un pequeño castillo erigido sobre una pequeña colina, a dos leguas de la localidad de Apchon, cerca de Mauriac, un gentilhombre de Auvernia, el Barón Nicolas de Barioux, que se ha propuesto la enorme tarea de escribir la historia de su familia, rasca su pluma de oca sobre el pergamino. La genealogía se alarga, llena de antiguos difuntos: "Robert de Barioux, nacido en 1412, muerto en 1464, hijo de Adhémar de Barioux, nacido en 1348 en Aurillac, esposo de Héloïse de Signac..." . A veces interrumpe su ardua tarea y se pone a soñar un instante. Ese día, deja de lado a sus ancestros para observar la primavera floreciente desde la ventana de su estudio. No cae en la cuenta, evidentemente, que ese gesto le va a hacer vivir una de las más extrañas aventuras de todos los tiempos.

En el momento en que se pone a contemplar los árboles en flor, un hombre de la región llamado Roger Griffoul, pasa por el camino colindante al castillo, su arcabuz bajo el brazo. El barón le llama:

-¡Buenos días Roger!¿Vas de cacería?
-¡Pues si!- le contesta.
-Pues mira, si no vuelves con las manos vacías, piensa en mi!
-¿Qué preferís?¿Conejo o perdiz?
-Tanto me da, no tengo preferencias, tráeme lo que encuentres.
-¡De acuerdo! -¡Hasta la noche!
Y mientras el cazador desciende hacia la llanura, el gentilhombre vuelve a su trabajo.

A las diez y media, hora del almuerzo por aquél entonces, abandona su estudio y se va al comedor donde le espera su esposa, la encantadora Arline, una morena de destellantes ojos verdes, a la que ama por su natural dulzura y generosidad.
Justo después de los postres, la baronesa le habla de sus pobres.

-Como todos los viernes, dice ella, les voy a llevar alguna limosna. Estaré pues ausente toda la tarde...
-Sois realmente la mejor mujer que hay en el mundo
, le dice el barón. No conozco a ninguna más caritativa y hermosa que vos...
Después del almuerzo, los dos esposos se abrazan, se despiden y se separan. Ella se va a visitar a sus pobres, y él, vuelve a sus escritos de familia.

Y la tarde pasa...
Hacia las 6 de la tarde, mientras el barón de Barioux se embrolla con las ramas de su árbol genealógico, Roger Griffoul, el cazador, se encuentra en los albores de un bosque. Está de bastante mal humor ya que, desde esta mañana que lleva recorriendo los campos, no ha cazado nada de nada. Ni un conejo, ni una perdiz,...¡nada de nada! Ya se ve regresando a casa con las manos vacías.
De repente, en un rincón del bosque, ve surgir un enorme lobo que viene a su encuentro. Rápido, carga su arcabuz y dispara. Pero la emoción le hace errar y el animal se abalanza sobre él. Entonces Griffoul agarra su cuchillo de caza y se defiende con todas sus fuerzas. El cuerpo a cuerpo es tremendo. Diez veces, veinte veces, cree darle una cuchillada certera pero la hoja resbala sobre el pelaje de la bestia, roza una oreja, dando en el vacío y aquellos ojos amarillos parecen burlarse de sus infructuosas intentonas. Y he aqui que, en un gesto desesperado, consigue cortar la pata derecha del lobo. Malherido y amputado, el animal abandona el combate y huye gimiendo en la espesura del bosque, desapareciendo.
Como ya anochece, el cazador prefiere volver al pueblo. Naturalmente, se acuerda de pasar antes por el castillo de Barioux.

-¿Y pues?¿la caza ha sido buena?, inquiere el barón.
Griffoul suspira:
-He aqui todo lo que traigo: la pata de un lobo...
Y se pone a remover en su saco, pero se queda estupefacto: en lugar de la pata que había metido en su bolsa, se encuentra la mano de una mujer!
-¿Qué es esto?, pregunta el barón.
-No tengo ni idea. He sido atacado por un lobo, le he cortado una pata, y he aqui que traigo una mano de mujer...Tiene incluso un anillo en uno de sus dedos.¡Mirad!


Nicolas de Barioux se inclina para observar el extraño trofeo y se le hiela repentinamente la sangre, pues reconoce ese anillo como siendo de su propia mujer.

-Déjame esta mano, le dice a Griffoul, yo la guardaré...Y ahora, vete a tu casa...



En el momento en que el cazador abandona el castillo, el barón se va en busca de su esposa. La encuentra en el comedor, junto al fuego, escondiendo su brazo derecho bajo un mantel.

-¿Dónde estábais esta tarde?
-Con mis pobres, bien lo sabéis...
-Dadme vuestra mano para que la bese...
Arline le tiende su mano izquierda.
-No, Señora, la otra...
-Me he hecho una herida con un cuchillo...
-Oh, Señora, Señora...
, le dice el barón; cuanto daño me hacéis!...Sé la verdad... No podéis darme vuestra mano derecha porque os la han cortado esta tarde...he aqui vuestra mano!
Al ver su mano cortada, Arline se derrumba.
-Es cierto, admite ella, soy un monstruo. Me han hechizado...Una vez por semana, me transformo en lobo...Y ésta tarde, fui yo, lo confieso, quien atacó a Roger Griffoul...Si, es a mí a quien cortó la pata, y he aqui por qué ya no tengo mano en este brazo... Y muestra su brazo mutilado que un anciano del pueblo le ha curado, atajando la hemorragia con unas cuerdas de cuero y cubriendo el muñón sangriento con unas tiras de ropa.
-Pero,¿no me denunciaréis, verdad?...Fuera de esos momentos en los que soy un lobo, no soy mala, vos lo sabéis muy bien...
Y hace el gesto de acercarse a su marido. Pero el barón la rechaza.
-Os quiero, y no dejaré de quereros, Arline; pero, por el bien de vuestra alma, no puedo dejaros vivir con esta maldición...Pensad en los niños que habéis devorado, destrozado y desmembrado... Siento por vos una mezcla de ternura y de horror...
Y la entregó a la Justicia.

Después de un juicio que apasionó el público, la baronesa Arline de Barioux fue quemada el 12 de Julio de 1588, en la gran plaza de la ciudad de Riom, ante un rugiente gentío y un marido derrumbado...

El increíble proceso judicial de la Baronesa de Barioux fue recogido a principios del siglo XVII en una obra escrita por un juez llamado Henri Boguet. Ese juez había ejercido en la localidad de Saint-Claude, a finales del siglo XVI, en la misma época en que se desarrolló el juicio contra Arline de Barioux, en Riom en 1588. Boguet, que era un apasionado de los casos de brujería, publicó los textos de los procesos judiciales más importantes de su época, entre los cuales el que hemos relatado aqui. Y la historia no se acaba aqui, ya que, cuando Nicolas de Barioux entrega a su esposa a la Justicia, el caso toma otra dimensión. ¿Qué pasó cuando interrogaron a la baronesa? Pues que confesó. Confesó entre lágrimas que se transformaba en lobo, que había devorado niños, relata con exactitud en qué circunstancia atacó a Roger Griffoul, y enseña como prueba su brazo derecho mutilado... Y cuando los jueces le preguntan con gravedad sobre su licantropía, responde y da detalles. Va hasta a admitir que mantuvo relaciones sexuales con otro lobo. Finalmente, Arline de Barioux es condenada a morir quemada viva en la hoguera.




¿Que cuántos casos similares hubieron? Muchos. En 1521, tres hombres acusados de licantropía fueron quemados vivos en Besançon. Habían confesado que, después de haberse frotado el cuerpo desnudo con grasa, se transformaban en lobos, se acoplaban con lobas y habían devorado varios niños...

En 1573, es en la ciudad de Dole, siempre en Francia, que un tal Gilles Garnier es juzgado, confesando el haberse transformado en lobo y haber matado a varios críos. Le queman vivo a él también. En 1578, es el Parlamento de París el que condena a la hoguera un tal Jacques Rollet, acusado de ser un hombre-lobo y el haber devorado a un niño... En 1804, en la época de Napoleón I, en Longueville, cerca de Méry-sur-Seine, un tal Maréchal, acusado de ser un hombre-lobo, es condenado a galeras, pues en aquella época del Primer Imperio, ya no se quema a los reos en la hoguera, pero se sigue creyendo en la licantropía.

Si la licantropía es, hoy día, seriamente puesta en duda o tomada por un desarreglo mental por otros, cabe preguntarse que, sabiendo los acusados cual era el final que les esperaba al término de sus confesiones con todo lujo de detalles en el juicio, ¿por qué confesaban y admitían lo que supuestamente creían ser?




in HISTORIAS MÁGICAS DE LA HISTORIA, de Louis Pauwels & Guy Breton, 1977.

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