jueves, 29 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -198-

"Falsa Firma en Falso Testamento"



Cuando Carlos II de Austria, Rey de las Españas y de las Indias (1661-1700), último monarca Habsburgo reinante en Madrid exhalaba su último suspiro en el Real Alcázar de Madrid, el 1 de noviembre de 1700, toda la corte y el cuerpo diplomático allí reunidos esperaban con impaciencia que se anunciara el nombre del sucesor. Todos esperaban a que se pronunciara el nombre del sobrino del difunto, el Archiduque Carlos de Austria, segundo retoño del Emperador Leopoldo I, pero no fue así. En vez del archiduque, un alto dignatario castellano dejó claramente entender al Conde von Harrach que, el elegido era el Príncipe Felipe de Francia, duque de Anjou, nieto de Luis XIV y sobrino-nieto de Carlos II, gran rival del pretendiente Habsburgo. Y todo eso en un sentido abrazo con el atónito representante de la Corte de Viena, añadiendo su alegría al despedirse para siempre de la Casa de Austria. Las consecuencias de esa supuesta "real designación" por parte del último Austria, son de sobras conocidas: la Guerra de Sucesión Española, en la que se enfrentaron las potencias europeas para defender a sus respectivos candidatos, a sangre y fuego.

La primera víctima cobrada por ese conflicto que venía cociéndose desde antes de la muerte del rey, entre las cortes de Madrid, Versailles, Viena y Roma, fue un inocente niño de 7 años de edad: el Príncipe heredero José Fernando Leopoldo de Baviera (1692-1699), hijo del primer matrimonio del Elector Maximiliano II Manuel de Baviera con la Archiduquesa María-Antonia de Austria, hija del Emperador Leopoldo I y de la Infanta de España Margarita Teresa de Austria. Esta última era la hermana mayor de Carlos II de las Españas y, como él, hija del segundo matrimonio del rey Felipe IV con Mariana de Austria. Puesto que era el sobrino carnal del rey de las Españas, José Fernando Leopoldo de Baviera estaba llamado a sucederle en Madrid, cosa que no arreglaba para nada a dos monarcas como Luis XIV y Leopoldo I, ansiosos por repartirse los golosos despojos de la monarquía hispánica. Como Viena y Versailles ya se habían ocupado en repartirse el imperio moribundo de Carlos II, el sobrino molestaba y amenazaba con echar al traste con sus planes secretos. Sin dudarlo un instante, una mano a sueldo de Leopoldo I o de Luis XIV, obró para despejar el camino a otros dos pretendientes y envenenó al pequeño príncipe. El Elector de Baviera no tuvo dudas al respecto: su hijo y sano heredero, repentinamente preso de ataques de epilepsia, vómitos y pérdidas de conocimiento, había sido asesinado para servir los intereses de sus dos vecinos. Se trataba a todas luces de un crimen de Estado. Aún está por descubrir quién se escondía tras ese infame asesinato político.

Mucho se habló de las cavilaciones de Carlos II a la hora de decidirse por uno u otro pariente que solventara su problema sucesorio al carecer de descendencia de sus dos sucesivas consortes, y de la intervención papal a favor del pretendiente francés. La corte misma se dividió entre partidarios del Borbón y del Austria. El testamento levantó sospechas, pero la guerra terminó cuando el Austria enterró a su padre y a su hermano y, él mismo último Habsburgo de Viena, se aupó hasta el trono imperial de sus antecesores. Felipe V pudo entonces reinar indiscutiblemente en Madrid y fundar su dinastía después de renunciar a sus derechos al trono galo.



Sin embargo, y a los albores del siglo XXI, el famoso testamento de Carlos II "El Hechizado" fue detenidamente examinado por expertos grafólogos e historiadores, y su veredicto ha puesto en entredicho la legitimidad del primer Borbón y de todos sus sucesores. Considerando el estado de salud en el que se encontraba el moribundo, encamado y delirante, los expertos ponen el acento sobre la firma del rey: tal y como aparece, y a decir de los grafólogos, fue el testamento rubricado por una persona incorporada que no tumbada. Dicho claramente, resulta imposible que Carlos II sea el autor de dicha firma. Por otro lado, y para colmo, parece ser que el testamento en si sea falso de cabo a rabo. Los investigadores italianos Monaldi y Sorti, que husmearon entre los viejos documentos del archivo del Quai d'Orsay de París (sede de la Cancillería) y de la Biblioteca Marucelliana de Florencia, descubrieron que había sido fabricado enteramente por cuenta del rey Luis XIV de Francia. Todo un secreto de Estado desempolvado que ha forzado a los autores de Secretum, donde Monaldi y Sorti desvelan el fraude, a exiliarse a Viena al verse perseguidos y saboteados por el mismísimo Vaticano y, obviamente, por Madrid.

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