lunes, 14 de septiembre de 2015

SIR WALTER RALEIGH


SIR WALTER RALEIGH, Kt.
1552 - 1618

Aventurero y favorito real



FICHA TÉCNICA:


-Nacido en 1552, en Hayes Barton, Devon, Inglaterra.

-Hijo de: Walter Raleigh, Esq., y de Katherine Champernon, Lady Gilbert de Compton Castle.

-Casado con: Lady Elizabeth Throckmorton (1565-1618), hija de Sir Nicholas Throckmorton y Lady Anne Carew.

-Hijos habidos: 2 => -Walter Raleigh, 1593-1617

                                   -Sir Carew Raleigh, 1605-1667.

-Ejecutado el 29 de octubre de 1618, en la Torre de Londres; edad 66 años.


Juventud


Sir Walter Raleigh nació en la finca solariega de sus padres, Walter Raleigh y Katherine Champernon, en la localidad de Hayes Barton, cerca de Budleigh Salterton (condado de Devon, Inglaterra); sus progenitores pertenecían a esa ínfima hidalguía rural protestante, modestamente próspera, de la Inglaterra tudoriana. Su madre, Katherine, era hija de Sir Philip Champernon, caballero, y de Lady Catherine Carew, mientras que por lado paterno, era nieto de Wymond Raleigh, escudero y terrateniente, y de Elizabeth Edgecombe.

Su madre había tenido tres hijos de un primer matrimonio con Sir Otto Gilbert de Compton Castle, siendo éstos medio-hermanos de Walter: Sir Humphrey, Sir John y Sir Adrian Gilbert, y siguieron dos hermanos más: Carew y Margareth Raleigh.

Walter "Senior" Raleigh, había nacido alrededor del año 1520, procedente de la localidad de Fardell, en las cercanías de Dartmoor, habiéndose casado en primeras nupcias con Joan Drake, lejana pariente del célebre corsario Sir Francis Drake, oriunda ésta de Exmouth, al sur de Exeter, dónde Raleigh "padre" poseía las mansiones de Collaton Raleigh Manor y de Wythecombe Raleigh Manor; explotaba entonces la opulenta granja de Hayes Barton, una extensa finca que le daba pingües beneficios. Viudo de Joan Drake en 1530, se casó en segundas nupcias con la viuda de Sir Otto Gilbert de Compton Castle, madre de tres hijos, como hemos citado anteriormente. Katherine Champernon era entonces hermana del vice-almirante de Devon, y una tía suya era ayudante de cámara de la princesa Elizabeth de Inglaterra, hija del rey Enrique VIII y de Ana Bolena.

A la edad de 15 años, nuestro protagonista se une a una tropa de 100 jinetes capitaneada por Gabriel de Montgommery, Conde de Lorges, cuya hija estaba casada con uno de sus parientes, James Champernon. Bajo las órdenes del almirante francés Coligny, jefe de los hugonotes, participa en la sangrienta batalla de Montcontour, dónde asesinarían a numerosos católicos del Languedoc. Más tarde escaparía milagrosamente de la Masacre de la Noche de San Bartolomé, en París, regresando a Inglaterra.

Sus padres le envían entonces a la Universidad de Oxford, entrando en el Oriel College junto a un primo de Somerset, George Carew y Charles Champernon, de Devon. Allí estudiaría a Aristóteles y se convertiría en un alumno notable en oratoria y filosofía. Pero harto de la férrea disciplina universitaria, se traslada al Middle Temple de Londres, para estudiar Derecho, instalándose a Islington, una localidad rural trufada de bonitas mansiones y hermosos jardines.

La persona que más influencia tuvo en la vida de Walter Raleigh fue su medio-hermano, Sir Humphrey Gilbert, y a través del cual pudo entrar en contacto con el célebre matemático y mago John Dee, aparte de la obtención de la gran protección del Conde de Leicester.


Entre 1553 y 1558, la reina María I "la Sangrienta" ocupa el trono británico y la situación religiosa da un vuelco dramático, favoreciendo la reimplantación de la Fe Católica en suelo inglés a base de represiones, martirios, torturas, ejecuciones y hogueras. Durante los 4 últimos años de ese nefasto reinado femenino, perecieron no menos de 288 personas entre las llamas de las hogueras por su adhesión a la fe protestante. Entre éstos mártires, se encontraba una amiga de la familia Raleigh, Agnes Prest, que fue quemada en Exeter. Los Raleigh, férreos protestantes anglicanos, consiguieron escapar del ajuste de cuentas.




el Capitán Walter Raleigh


 
 
En 1558, accede al trono la reina Elizabeth I, abiertamente anglicana y conciliadora, devolviendo la paz religiosa al reino. Veinte años más tarde, Sir Humphrey Gilbert obtiene de la soberana cartas patentes para descubrir y colonizar nuevas tierras en su nombre. De este modo, se convierte en almirante a bordo del "Anne Archer", y Raleigh en capitán a bordo del "Falcon", junto a un tal maestre Simón Fernández; el "Falcon" era entonces un navío de 75 pies de eslora, en el que se encontraban embarcados gentilhombres, soldados y marinos, unas 70 personas en total. La alimentación del equipaje se componía de carne en salazón, cerveza y galletas podridas. Huelga decir que las condiciones de vida en el navío no eran de las más placenteras: rudeza, disciplina implacable y castigos corporales.

Pero la empresa de los dos hermanos se tradujo en un completo fracaso, al sufrir el equipaje todo tipo de enfermedades: disentería, tifus, beri-beri y escorbuto. Gran parte del personal encontró la muerte antes de arribar a las Islas de Cabo Verde, tras soportar tremebundas tormentas marinas. Siendo la expedición un fiasco, tuvieron que regresar a Inglaterra con los supervivientes de la hecatombe, desembarcando en Plymouth en 1579. En consecuencia, Walter Raleigh y su medio-hermano tuvieron serios problemas con el Consejo Privado de la Reina, que les prohibió que volviesen a surcar los mares y fletar barcos de motu propio.

Tras el inicial fracaso marino, Walter Raleigh, que tenía entonces 24 años, volvió a Londres dónde llevó una vida salpicada de querellas y duelos que le llevaron a ser encarcelado durante 6 días, junto a Sir Thomas Parrot. Se le relacionaba entonces con el rico y peligroso Conde de Oxford, el primer par de Inglaterra y católico converso. En libertad, tomó parte en las negociaciones con el Duque de Alençon, hermano menor del rey Enrique III de Francia, que pretendía en vano obtener la mano de la reina Elizabeth I de Inglaterra. Las negociaciones acabaron fracasando y Alençon tuvo que regresar a Francia.

Poco después, Walter fue nombrado capitán de un destacamento de 100 hombres destinados a Irlanda, en una época destacable por su cruel barbarie: Sir Humphrey Sidney y Sir Humphrey Gilbert se lucieron quemando y arrasando pueblos y masacrando sus gentes. En el contexto del enfrentamiento entre ingleses e irlandeses, apoyados éstos por mercenarios italianos y españoles, Walter Raleigh se ilustró por su coraje y bravura en las numerosas escaramuzas que se libraron entre los dos bandos. También se sabe que disfrutó de una relación sexual con una tal Alice Goold, a la que hizo una hija. Pero ésta falleció prontamente víctima de una epidemia de peste que asolaba en Kingston. Harto de Irlanda, Walter Raleigh escribió al Conde de Leicester y a Sir Francis Walsingham, en la esperanza de obtener apoyos para regresar e introducirse en la corte londinense.


El favorito de la Reina

 
A la edad de 28 años, Walter Raleigh era un hombre joven muy bien parecido, alto, guapo, de porte elegante, con cierto aire de autoridad y viril. Recién llegado de Irlanda, hacía su aparición en la corte de la reina Elizabeth I, de entonces 48 primaveras; a decir de testigos oculares, tenía todas las cartas para seducir a la madura soberana y supo conquistarla figurando como un perfecto cortesano de la "Era Isabelina". No le faltaba ambición, inteligencia y buenos apoyos entre los personajes más influyentes de la corte británica. Era un hombre que se había hecho a si mismo.
Nuestro seductor se convierte, finalmente, en el favorito en alza de Su Graciosa Majestad. Cuenta la leyenda que Walter Raleigh tiró su capa sobre el camino encharcado a modo de alfombra para que la soberana no se manchase de barro los pies. La reina, siempre coqueta y enamoradiza, le nombra entonces capitán de su guardia y obtiene más tarde 42,000 acres de tierra en Irlanda al término de la famosa "Conspiración de Lord Babington", convirtiéndose en dueño y señor de la localidad irlandesa de Youghal. La influencia de Raleigh se hace entonces patente cuando intercede en favor del sobrino del Lord Tesorero Lord Burghley, el Conde de Oxford. Aquel gesto le aporta el sólido respaldo del clan Cecil, muy influyente en la corte isabelina. Raleigh figurará en todos los desplazamientos de la corte itinerante de la soberana: Hampton Court Palace, Nonsuch Palace, Greenwich Palace,... Para disfrute de la reina, Raleigh organiza memorables fiestas acuáticas en el Támesis. En 1583, Elizabeth I le cubre de honores y regalos, le concede el palacio de Durham (residencia palatina de los antiguos obispos de Londres) a modo de residencia londinense. Se sabe que lleva un tren de vida fastuoso: come en vajilla de plata y tiene a su disposición nada menos que 30 criados con librea a sus armas y adornados con cadenas de oro.

Pero Raleigh tendrá que hacer frente al inesperado retorno del Conde de Leicester, quien siente por él tremendos celos. Para contrarrestar el ascenso de Walter Raleigh, Leicester introducirá en la corte a su hijastro, Robert Devereux, Conde de Essex, convirtiéndolo en su principal rival en el corazón de la soberana. Despechado, Walter se dedica a amasar una escandalosa fortuna: se hace con el monopolio de la exportación de tejidos de Londres y, en 1584, monopoliza el negocio del vino, sacando además pingües beneficios al fletar barcos que le dan la fabulosa suma de 10.000 Libras.

A pesar de la presencia del Conde de Essex como gran rival de Raleigh, un embajador de Pomerania en la corte británica anotó que en aquella época, la soberana declaró abiertamente amar por encima de todos a su estimado Walter Raleigh.

Como prueba de su enamoramiento, Elizabeth I ordenó caballero a Sir Walter Raleigh en 1585, tras fundar éste una colonia en las Américas, colonia que bautizó "Virginia" en honor a su reina, "la Reina Virgen". De hecho, fue gracias a las indicaciones del navegante portugués Simón Fernández y a la segunda expedición de Sir Humphrey Gilbert en costas americanas, que se debe la colonización de Virginia. Gilbert falleció cerca de las Azores, a bordo del "Squirrel"... Desde su residencia londinense de Durham House, Walter Raleigh planeó la tercera expedición junto con John Dee y Thomas Harriot. Embarcó en mayo de 1584 y divisó las costas de Florida en julio del mismo año. Fundó en la Isla de Roanoke, la primera colonia inglesa y volvió sano y salvo de Virginia, para dar parte a la soberana de su nueva colonia.

En el mismo año de 1585, sería nombrado gobernador de la Isla de Jersey, dónde mandaría construir o remodelar un castillo en la cima de un promontorio rocoso, en la década de 1590, y bautizado con el nombre de "Elizabeth Castle".

Sir Walter Raleigh figuraba entonces como miembro electo del Parlamento para el condado de Devon y acumuló nombramientos: vice-almirante del Oeste, Lord Teniente de Cornualles, etc. Y gracias a su actuación en la conspiración de Babington, obtuvo extensas tierras en Irlanda (42.000 acres) y dos castillos: Lismore (cerca de Cork) y Waterford. A eso sumemos la fortuna que amasó al convertirse en propietario de numerosos barcos (frecuentemente fruto de la rapiña corsaria), y al percibir rescates de prisioneros de guerra españoles...

De su segunda expedición a Virginia, capitaneada por su primo Sir Richard Grenville, Sir Walter Raleigh aportó girasoles, calabazas y la planta del tabaco, que los nativos americanos fumaban en pipas, novedades que asombraron a la corte inglesa y a Europa entera. De esas expediciones, también sacó gran tajada cuando capturó el "Santa María", barco español cargado de tesoros incalculables (oro, plata, perlas, azúcar de caña y especias), haciendo las delicias de su soberana y de sus inversores...


Raleigh versus Essex
 

Sus triunfos provocaron los celos de Essex, que intentó, por todos los medios, desacreditarlo ante los ojos de la reina. Lord Leicester acababa de morir de cáncer y su puesto fue naturalmente ocupado por Essex, a quien la reina armó caballero de la Orden de la Jarretera. Raleigh se querelló con Essex y la soberana tuvo que imponer la paz entre los dos rivales. Finalmente, Sir Walter Raleigh tomó la decisión de abandonar momentáneamente la corte londinense para instalarse en su castillo de Lismore, en el corazón de sus extensas posesiones irlandesas. A este "exilio" voluntario, había contribuido en gran parte el fiasco de su proyecto de Roanoke Island, en Virginia, cuya colonización había misteriosamente desaparecido por segunda vez. Haciendo leña del árbol caído, sus enemigos se cebaron con él, obviamente celosos de sus éxitos personales, de su competencia, de su arrogancia, del favor real y de su fortuna personal. A todo eso se sumaba el fulgurante ascenso de la estrella del Conde de Essex en el firmamento cortesano; Sir Walter Raleigh empezaba a ver el declive de su estrella con apenas 30 años de edad, mientras que la reina Elizabeth I, alcanzaba sus 54 primaveras y le cambiaba por otro hombre en su intimidad.

La Colonia Perdida de Roanoke Island
 

La primera criatura británica que nació en América se llamó Virginia Dare. Sus padres habían viajado al Nuevo Mundo con un grupo de colonos que desembarcaron en Roanoke Island, frente a la costa de Carolina del Norte, y Virginia nació poco después, el 18 de agosto de 1587.

El barco que llevó a los Dare y a otros a la nueva tierra regresó a Inglaterra con todos los hombres que había transportado excepto diez. Éstos fueron dejados allí para iniciar una colonia. Pero cuando llegó el barco siguiente, no pudieron encontrarlos. Habían desaparecido sin dejar rastro. Ese segundo barco transportaba un centenar de personas para fundar nuevamente la colonia y regresó a su vez a Inglaterra. Algún tiempo más tarde, llegó un tercer barco y sus pasajeros encontraron de nuevo la isla totalmente vacía. No había ni rastro de violencia o de lucha, ni siquiera una sola tumba; solamente encontraron la palabra "CRO" tallada en un árbol y "CROATOAN" tallada en otro cercano. Parecía pues, que Croatan, otra isla de Carolina del Norte, era el lugar indicado donde se había instalado el grupo de colonos desaparecidos. El capitán, temiendo ir falto de avituallamiento y el invierno aproximándose, decidió zarpar hacia las Indias Occidentales e invernar allí. Pero cuando el barco siguiente llegó a la Isla de Croatan, tampoco encontró señales de los colonos abandonados.



Sin rastro ni noticias de una probable matanza por parte de los indios, aún menos tumbas o lápidas que indicasen la muerte de aquellos, tan solo encontraron a una criatura india con cabellos "amarillos" y ojos azules, pero ni uno solo de los 110 colonos fue encontrado jamás.

A pesar de constituir tema de innumerables rumores y leyendas, el misterio jamás se disipó y sigue sin tener una explicación hoy en día.


Matrimonio secreto

 

Lady Elizabeth "Bess" Throckmorton, tenía 19 años cuando apareció por vez primera en la corte de Elizabeth I. Era hija de Sir Nicholas Throckmorton, embajador de Inglaterra en París y hermano de un influyente cortesano. Bess era una joven inteligente, de carácter fuerte, apasionada y valerosa cuando cayó entre los brazos de Sir Walter Raleigh, de entonces 40 años. La relación amorosa se tradujo en un embarazo accidental que obligó a Raleigh a contraer matrimonio con ella, en el más absoluto secreto. Se ha de decir que de ella quedó perdidamente enamorado y que ocultó su situación a la soberana para evitarle el disgusto. Y, como si nada hubiese ocurrido, Sir Walter volvió a sus deberes en calidad de vice-almirante a bordo del "Revenge", bajo la dirección de Lord Thomas Howard, en una expedición destinada a interceptar los galeones españoles que transportaban tesoros desde las colonias de Perú y México a España. Para recompensar sus esfuerzos, la reina le donó en propiedad el castillo de Sherborne, en el condado de Dorset, junto con la próspera finca de Willscombe Manor, confiscados al obispo de Bath y Wells, que había contraído un matrimonio secreto sin permiso real.
La joven esposa de Raleigh no pudo, durante mucho tiempo, esconder su estado de buena esperanza y parió a un niño que fue inmediatamente entregado a una nodriza, para reincorporarse a su puesto de dama de honor de la reina. Cuando Sir Walter volvió de su última incursión marina, se las arregló para que su hijo y la nodriza fuesen instalados en Durham House. Desgraciadamente, su secreto fue descubierto y aireado el 31 de mayo de 1592. La reina no había dado su permiso y, furiosa, ordenó el arresto de Raleigh. Exigió que la pareja le rogase el perdón y le pidieran su gracia, pero éstos rehusaron semejante humillación pública y cayeron en desgracia. Elizabeth I les ordenó abandonar la corte y fueron alejados durante cinco años de cualquier punto frecuentado por la corte, tras sufrir ambos una estancia entre los fríos y húmedos muros de la Torre de Londres.

Pese a la caída en desgracia, fruto de la inflexibilidad de la soberana, Sir Walter Raleigh y Bess tan solo se vieron vetados a ser admitidos en la corte; conservaban Durham House, en Londres, y el castillo de Sherborne, en Dorset, amén de los monopolios mercantiles. Quizás fuesen marcados por la vergüenza, pero no se encontraban arruinados ni mucho menos. Puede que lo peor fuera que Elizabeth I dispusiera que los esposos fuesen separados y destinados a dos exilios distintos y lejanos el uno del otro.

De todos modos, Raleigh siguió estando en servicio activo y fue destinado a Dartmouth por Lord Burghley, para intervenir en el reparto del botín del "Madre de Dios", un galeón de 1,600 toneladas y con 800 personas a bordo, y con un valor calculado en 500,000 Libras. A raíz de la exitosa captura, Bess Throckmorton fue liberada de su celda de la Torre de Londres, y obtuvo permiso para reunirse con su esposo en el castillo de Sherborne.

El primer hijo nacido de la pareja, falleció prematuramente en la cuna. Pero nuevamente preñada, Bess dió a luz, en 1593, a otro hijo varón también llamado Walter, como su padre y su abuelo. El mismo año, Raleigh ordenaba la edificación de un pabellón de caza en las inmediaciones de su castillo de Sherborne, bautizado como "Sherborne Lodge"; aunque, más que un pabellón, el edificio adquirió mayores proporciones hasta convertirse en una digna mansión de un caballero en el más puro estilo isabelino. Sir Walter planeaba retirarse del escenario público como un terrateniente de vida apacible, rodeado de todas las comodidades inherentes a su rango de caballero.



Mientras avanzaban las obras de Sherborne Lodge, Raleigh intervino activamente en los debates parlamentarios londinenses, abordando el espinoso tema de la religión, del reforzamiento de la armada británica y exponiendo sus reservas acerca de la sucesión de la reina Elizabeth I, cuyo trono debía recaer en manos del rey Jacobo VI de Escocia. Al mismo tiempo, Lord Essex intentaba por todos los medios ennegrecer su nombre relacionándole con el célebre dramaturgo Christopher Marlowe, conocido por su ateísmo y su singular sexualidad.

Podemos sacar en claro que, debido a su oposición a la subida al trono inglés de Jacobo VI de Escocia, Sir Walter Raleigh se granjeó la enemistad de aquel soberano que no tardaría en ceñir la corona de la última soberana Tudor.


La Búsqueda de El Dorado


 

 
Cuando en 1594, Sir Walter Raleigh llevó a cabo la misión de reconocimiento de la Guayana, conoció al aristócrata español Sarmiento de Gamboa, quien le contó la famosa leyenda de "El Dorado": un fantástico reino cuya ciudad estaba enteramente construida en oro, en el corazón de la remota América del Sur.

Las aguas caribeñas eran entonces escenario de la piratería inglesa; Sir Francis Drake, corsario de Su Graciosa Majestad, había saqueado Santo-Domingo y Cartagena para llevarse consigo un botín a Inglaterra. Por su lado Sir Walter Raleigh tenía intenciones más legítimas: pretendía establecer unos sólidos y duraderos asentamientos británicos en suelo americano, compitiendo así con el poderío colonial de los españoles.

De todos modos, para muchos, la leyenda de "El Dorado" resultaba ser una fantástica fábula... Pese a lo incierto de todo lo que rodeaba esa leyenda, Raleigh fletó 4 barcos en 1595, con 300 soldados y aventureros a bordo, incluyendo a un eminente matemático de Oxford, Lawrence Keymis. Llegado en las inmediaciones de Trinidad, incendió la ciudad de San José y capturó a su viejo gobernador español de 74 años de edad, Don Antonio de Berrio. Ese veterano soldado había hecho parte de numerosas expediciones remontando el Orinoco, en busca del mítico "El Dorado". Sir Walter Raleigh tenía la esperanza de beneficiarse de la experiencia del viejo gobernador de San José, y que éste le ayudase en su búsqueda. Acompañado por algunos bajeles añadidos a su flota, con un pasaje de 100 hombres, Raleigh amontonó provisiones y se dirigió al río Orinoco, encontrando nativos que le sirviesen de guías. Durante una parada en una orilla para aprovisionarse, se toparon con un cuenco cincelado en oro encontrado casualmente entre unos matojos, lo que alentó a Raleigh a proseguir con la búsqueda. Quince días después de viaje, se encontró con un grupo de nativos locales: las mujeres nativas siendo hermosas y los aventureros ingleses estando seriamente borrachos, se libraron a todo tipo de excesos con éstas, siendo comparados en brutalidad y crueldad con los colonos españoles... Cuando arribaron al punto de unión de los ríos Orinoco y Caroni, se encontraron frente a un poblado nativo en el que, antaño, Antonio de Berrio había mandado ejecutar al jefe, y que entonces era gobernado por un hombre nativo de avanzada edad llamado Topiawari y que afirmaba tener 110 años. Sir Walter Raleigh y Topiawari se entendieron de maravilla; éste les prometió ayuda en su búsqueda del mítico reino. Pero a lo largo de la expedición, la búsqueda resultó vana y las lluvias incesantes acabaron por minar toda esperanza de dar con "el Dorado", forzando a Raleigh a replegarse y volver a Trinidad, tomando consigo al hijo del jefe nativo Topiawari y dejando atrás a dos de los suyos: Francis Sparrow (que sería más tarde capturado por los españoles) y Hugh Godwin (que acabaría integrándose en la comunidad indigena y hablar su lengua).

Desgraciadamente para él, la expedición se tradujo en un rotundo fracaso.

Raleigh navegó hacia Cumana y la costa Venezolana, siguiendo todo el rosario de asentamientos españoles a los que atacó con más o menos fortuna. En cualquier caso, perdió a 4 hombres en una escaramuza y 27 otros perecieron de distintas enfermedades a bordo de los barcos. Finalmente se avino a abandonar y liberó a Berrio para intercambiarlo con un inglés que había caído prisionero en manos españolas. Volvió a Inglaterra desilusionado, donde escribiría una de las más brillantes obras de la literatura isabelina: "El Descubrimiento del grande, rico y hermoso imperio de Guayana" (hoy día Venezuela).

El Ataque a Cádiz

 
 
 
Los ataques corsarios británicos disminuyeron notablemente a la muerte de dos de los más temibles navegantes: Drake y Hawkins. Y los españoles tomaron su revancha saqueando e incendiando las localidades portuarias de Mousehole y de Pezance, en Cornualles, multiplicando las incursiones en las costas irlandesas.

Lord Burghley, nuevo todo-poderoso jefe del Consejo de Ministros de Elizabeth I, decidió entonces que se atacase el Puerto de Cádiz, que andaba siendo planeado por Sir Walter Raleigh y su rival Lord Essex. Al proyecto, Elizabeth I opuso cierta tibieza pero se avino finalmente a proporcionarles 5.000 marinos, 65.000 soldados y 30.000 Libras. El 11 de junio de 1596, el Lord Almirante Howard de Effingham, a bordo del "Ark Royal", el Conde de Essex siendo comandante a bordo del "Duc Repulse" y Sir Walter Raleigh a bordo del "Warspite", encabezando un centenar de navíos, salieron del puerto de Plymouth, con Sir Francis Vere como mariscal del ejército, para dirigir una auténtica pesadilla marina contra España.

Sorprendidos y aterrorizados, los españoles vieron atónitos a los cuatro pro-hombres británicos arribar a Cádiz el 29 de junio. Raleigh se encargó de prender los buques mercantiles (siendo malherido), mientras que Lord Howard ordenó el ataque del puerto gaditano, desembarcando el grueso del ejército en botes. Las tropas británicas se libraron entonces al saqueo sin piedad de Cádiz. Howard, Vere y Essex se hicieron con cantidad de navíos españoles e intentaron sacar tajada pidiendo rescate a los españoles; inflexible, el rey Felipe II ordenó al duque de Medina Sidonia que persiguiese e incendiase la flota entera, dejando a los ingleses sin botín y causando una pérdida de 12 millones de ducados.

De vuelta a Inglaterra el 1 de junio de 1597, Raleigh obtuvo audiencia con la soberana y se vió restaurado en su primitivo cargo de capitán de guardias. Pese a su vuelta en el favor real, la salud de Raleigh se vió mermada por las hemorragias financieras: demasiadas inversiones en sus expediciones de ultramar, malmetieron su economía personal. A eso se sumó los cuatro veranos siguientes, que fueron torrenciales, y malograron las cosechas y ocasionó gran mortandad entre los campesinos de sus tierras.



En conflicto con Essex



 
 
Tras el ataque británico a El Ferrol, al norte de España, estalló un incidente entre Sir Walter Raleigh y Robert Devereux, Conde de Essex; Raleigh se había separado de la flota de Essex para perseguir, supuestamente, a la Armada Española hasta las Azores provocando la ira del segundo. Essex había dado permiso a Raleigh para repostar en Flores y luego le ordenó que se uniera a él para atacar la Isla de Fayal. Se produjo entonces un desencuentro entre los navíos de Raleigh y de Essex. Viendo que la flota del conde tardaba demasiado en unirse a la suya, Raleigh determinó atacar solo el puerto español. Essex llegó poco después, encontrándose con que Raleigh había triunfado y se sintió personalmente insultado.

En represalia, Essex pidió que Raleigh fuera llevado ante una corte marcial y se le condenase a muerte por desobedecer sus órdenes. Sir Walter protestó airadamente, defendiéndose hábilmente de las acusaciones de su rival, probando que el saqueo y la toma de Fayal respondía, precisamente, a las órdenes que Essex había cursado cuando le acordó el permiso de aprovisionarse en Flores. El Lord Almirante Howard dió carpetazo al asunto e impuso la paz entre los dos rivales, para terminar con los enfrentamientos. Los dos debieron, luego, unirse de nuevo para enfrentarse a la nueva Armada de un ya moribundo Felipe II, empeñado en invadir Inglaterra. Pero como la primera, la segunda fracasó por culpa de las inclemencias meteorológicas, y Essex y Raleigh pudieron regresar a Plymouth.

La reina Elizabeth I, disgustada por las ingerencias de Essex, lo había destinado a Irlanda donde éste acumuló los errores y desobedeció las órdenes que ésta le transmitió. Tras la desastrosa campaña irlandesa, Essex regresó a Londres sin permiso de la soberana e intentó justificarse ante ella. Lejos de dejarse impresionar por el conde, la reina le escuchó y luego mandó arrestarle. Parecía entonces que, mientras Essex iba progresivamente desacreditándose a ojos de Elizabeth I, Sir Walter Raleigh recuperaba el favor y las gracias reales, como su nominación al cargo de gobernador de la Isla de Jersey.

Finalmente, Lord Essex cometió el craso error de entrar en contacto con el pretendiente escocés, Jacobo VI de Escocia, y arremetió contra sus enemigos, intentando poner en pie un auténtico golpe de Estado contra "la momia Tudor", con vistas a destronarla. Puesta al corriente de la conspiración de su favorito, Elizabeth I (tras un penoso desfile "triunfal" de Essex por las calles de Londres, intentando sublevar al pueblo contra la soberana) mandó prenderle en su residencia y encarcelarle en la Torre de Londres. Tras el episodio nocturno poco edificante de Essex, siguió un juicio por traición y se le sentenció a muerte. Sir Walter Raleigh, en calidad de capitán de la Guardia, estuvo presente en la ejecución capital de su gran rival y peor enemigo, en ese aciago año de 1601, siendo miércoles de ceniza. Antes de poner su cabeza en el tajo, Lord Essex reconoció en Raleigh al verdadero y fiel servidor de la soberana.

La caída de Raleigh

 

El final del reinado de Elizabeth I supone una serie de disgustos para Sir Walter Raleigh. Descubre que su apoderado en Sherborne ha sido desleal y ha actuado en contra de sus intereses. En Irlanda, también se acucian problemas: su mayordomo, un tal Pyne, le había estafado y Sir Walter se vió obligado a vender Munster a Robert Boyle, 1er Conde de Cork, por tan solo 1,500 Libras. Y si había recuperado el favor real y su cargo de capitán de guardias, poco le iba a durar con la llegada del sucesor de su benefactora, el rey Jacobo VI de Escocia.

El 24 de marzo de 1603, Elizabeth I muere y tres días después, Jacobo VI de Escocia llega a las cercanías de Londres. Raleigh sale al encuentro del nuevo monarca el 25 de abril, en Northampton, con el pretexto de firmar unos papeles. Días más tarde, Raleigh encabeza a la Guardia Real en los funerales de Elizabeth I.

En mayo de 1603, el rey Jacobo I suprime los monopolios (que tanto habían enriquecido a Raleigh), cesa a Sir Walter en su cargo de capitán de guardias (para darlo a uno de sus favoritos escoceses) y pide que dimita de su cargo de gobernador de la Isla de Jersey. Para compensarlo de tan graves pérdidas, el monarca se limita a entregarle una compensación monetaria de tan solo 300 Libras, una suma irrisoria. Para colmo de males, Sir Walter Raleigh se permite sugerir al rey una línea estratégica en la guerra contra España. Toda una torpeza por su parte... Jacobo I ordena entonces que abandone Londres en quince días y que su residencia de Durham House sea devuelta al obispo.

Dos meses más tarde, Sir Walter intenta recuperar el favor real haciendo acto de presencia en una cacería real en los bosques de Windsor. Allí, le será notificado por Cecil, que es persona non grata y que ha de personarse ante el Consejo Privado de Su Majestad para dar cuenta de sus actos de supuesta traición. Anonadado, Raleigh descubre que ha sido involucrado en un supuesto complot contra el monarca, cuando en realidad es totalmente inocente de los cargos que se le imputan. Pese a sus protestas, el Consejo Privado decide llevarle a juicio.

Encontrándose Londres víctima de una epidemia, la corte se traslada al sur, a Winchester y Raleigh es escoltado hasta allí para que explique por qué traicionó al conde de Essex, ejecutado en 1601. El 17 de noviembre de 1603, la gran sala del castillo de Winchester es convertida en sede del tribunal real formado por Sir John Popham, Sir Edmund Anderson, Sandys y Warburton. Raleigh nuncá será puesto al corriente de los detalles de las acusaciones vertidas contra él, pero se sabe que se le imputa el haber conspirado con Lord Cobham (amigo suyo), para elevar al trono de Inglaterra a la prima del rey, Lady Arabella Stuart. Lo cierto es que todo el juicio no es más que una absurda farsa.

En la llamada "Bye Plot", no se le permitió a Raleigh defenderse conjuntamente con Lord Cobham y tan solo Cecil figura entre los que le defendieron frente a las acusaciones del fiscal Sir Edward Coke. De hecho, Raleigh asumiría su propia defensa en solitario. El tribunal tan solo necesitó 15 minutos para deliberar al término del juicio y emitió el veredicto. Encontraron a Sir Walter Raleigh culpable de los cargos y Popham sentenció que se le condenase a la horca y fuera, posteriormente, descuartizado. Uno de los jueces declaró entonces que el juicio contra Raleigh había sido una farsa, perjudicando y degradando seriamente el sistema judicial británico. Más tarde, Popham admitiría que esperaba no volver a tener que ver un caso semejante. ¿Quizás coaccionaron a Popham para emitir su veredicto?

Tras oír la sentencia, Raleigh apeló a Cecil, al Consejo Privado y al Rey. Jacobo I, en una grotesca exhibición de real clemencia, exilió a Markham y encarceló a Grey y Cobham, y conmutó la pena de Raleigh en detención perpétua hasta nueva orden en la Torre de Londres.





El prisionero de la Torre


Sir Walter Raleigh se vió condenado a pasar 13 años en la segunda planta de la "Bloody Tower" de la fortaleza de la Torre de Londres, siendole asignadas dos habitaciones. Raras veces, Lady Raleigh, su esposa, obtuvo permiso real para visitarle en su celda. De hecho, en esa época fue concebido el segundo hijo de Sir Walter, Carew Raleigh, nacido en 1605 en la misma torre. Éste fallecería años más tarde víctima de la epidemia de peste que asoló Londres, durante el reinado de Carlos II.




En cuanto a la situación financiera de nuestro protagonista, se puede decir que fue desesperada. Perdió parte de sus bienes y fue obligado a devolver un diamante que la difunta Elizabeth I le había regalado. Sin embargo, el rey Jacobo I tuvo un gesto hacia la esposa de Raleigh: le concedió una pensión.

Raleigh sería a su vez involucrado en la famosa "Conspiración de la Pólvora" de Guy Fawkes, aún estando entre las paredes de la Torre de Londres.


Obligado a la inacción, Raleigh dedicó sus días en escribir su famosa "Historia del Mundo", que Jacobo I autorizó publicar, y a recibir mejores atenciones por parte de la reina Ana, quien se mostró favorable a su liberación y a su nominación en calidad de tutor del príncipe Enrique de Gales, heredero del trono, que le apreciaba mucho. Desgraciadamente, el príncipe Enrique, tras nadar en las aguas del Támesis, contrajo fiebres tifoideas y falleció en 1612, cediendo el paso a su incompetente hermano Carlos.

Mientras Raleigh permanecía encerrado, Jacobo I se entretenía con sus favoritos en la corte. Robert Carr, conde de Somerset, favorito del monarca, se hizo con el castillo de Sherborne pero cayó a su vez en desgracia al descubrirse el crimen cometido por su esposa. Entró entonces en escena el hermoso Sir George Villiers, futuro duque de Buckingham, considerado como el hombre más hermoso de Inglaterra y que acabó siendo el nuevo valido. Pero los problemas financieros de la Corona eran acuciantes y el monarca, siempre necesitado, buscaba el mejor modo de obtener dinero fresco. Se barajó entonces una boda anglo-española, pero al conocerse los términos de las condiciones impuestas por España, representado en Londres por el conde de Gondomar, Jacobo I las juzgó inaceptables e incompatibles con las leyes británicas. Intervino entonces el secretario real Westwood, quien sugirió al rey que se resucitaran los planes colonialistas de Sir Walter Raleigh en el río Orinoco (siempre en busca del oro de "El Dorado").

La última oportunidad

Raleigh y Leymis creían que el oro se encontraba precisamente en la unión de los ríos Orinoco y Caroni, pero Topiawari, el jefe indígena de cuya amistad se benefició Raleigh, no tardaría en morir y Berrio, el gobernador español, mandó construir un pequeño fuerte en San Tomás para cortar el paso a los buscadores de oro ingleses. El ministro Cecil envió entonces a Sir Thomas Roe para reconocer el terreno y dar buena cuenta de la situación. A su regreso, Roe aportó grandes conocimientos sobre la región de la Guayana, pero con la firme convicción de que "El Dorado" no era más que un mito. En sus informes de reconocimiento, Roe afirmaba que el fuerte de Santo Tomás era fácil de tomar, por lo que el avance por el Orinoco y el Caroni sería relativamente fácil tras la captura de la plaza española. Desgraciadamente, el gran ministro Cecil falleció en 1612, antes de poner en marcha el proyecto que se estaba gestando. El vehemente anti-español Sir Ralph Winwood, intervino entonces para que el 19 de marzo de 1616, Sir Walter Raleigh fuera liberado de su cárcel y se hiciese cargo de la expedición al Orinoco.

Se iniciaron entonces los preparativos a lo largo de casi todo un año, en el que Raleigh percibió la suma de 30.000 Libras, y se vió indemnizado con 8.000 Libras por la pérdida de su castillo de Sherborne, más la venta de las fincas Mitcham (pertenecientes a su esposa). En el proyecto demencial iba a participar su hijo mayor, Walter Raleigh, de entonces 22 años de edad. Iba a quemar su último cartucho para salvar la cabeza y el honor, e intentar recuperar todo lo que había perdido. Si fracasaba, lo perdería todo, incluso la vida. ¿Acaso le quedaba alguna opción más? desgraciadamente no.

Acompañado por un amigo, Anthony Belle, el capitán Faige y por su hijo Walter, Raleigh embarcó irónicamente a bordo del "Destiny", nave comandante de la flota fletada para la expedición a las Américas. El 12 de junio de 1617, salían del puerto de Plymouth haciendo escala en Kinsale, Irlanda, donde fueron agasajados y aprovisionados por Lord Boyle, conde de Cork, a quien Raleigh le había vendido, algunos años antes, sus tierras y castillo de Lismore. El 15 de agosto abandonaban definitivamente las Islas Británicas, pero parece ser que el infortunio se cebaba con ellos. Surgió una diferencia de criterios entre Raleigh y el capitán Bailey, que pretendía aprovechar la expedición para llenarse los bolsillos pirateando: pretendía apoderarse de algunos navíos franceses. Inflexible, Sir Walter le desautorizó y Bailey tomó la decisión de abandonar la expedición y volver a Inglaterra, donde se despachó a gusto, diciendo barbaridades sobre Raleigh. Dicho sea, finalmente la verdad surgió y puso en evidencia las mentiras vertidas por Bailey, quien fue arrestado por orden del Consejo Privado del Rey.

Raleigh tuvo que repostar en la Isla de La Gomera, en el archipiélago Canario, gracias a la medio-inglesa esposa del gobernador de la isla. De allí pusieron rumbo a Cabo Verde para aprovisionarse de carne fresca. Arribaron a destino tras sufrir un desastroso huracán; el recuento de bajas fue tremendo, entre los cuales se contaba a un amigo y servidor de Raleigh, John Talbot, lo que supuso para él un golpe terriblemente doloroso. En consecuencia, añadiendose el desánimo y la tristeza, Raleigh cayó enfermo y pareció perder la razón.

El 14 de noviembre, echaron el ancla y Raleigh se citó con su antiguo sirviente Harry, un nativo americano cuyo inglés había desmejorado mucho pero que no escatimó en medios para aprovisionarles con todo lo que les era necesario para proseguir con la expedición. Keymis fue encargado de encabezar la avanzadilla inglesa hasta el fuerte de Santo Tomás, con un nutrido grupo de hombres, mientras Raleigh se quedaba en la retaguardia para repeler cualquier posible ataque español en la desembocadura del Orinoco. Las instrucciones dadas a Keymis eran claras: no atacar a los españoles si éstos no disparaban los primeros. Keymis hizo caso omiso: asedió y tomó el fuerte, asesinando a su gobernador. Advertido por un nativo, Raleigh, furioso, tomó la decisión de remontar el Orinoco y dar con Keymis para ponerle bajo arresto. Al grave incidente se sumó la muerte de su hijo Walter y la deserción de gran parte de sus hombres en medio de la caótica expedición. Keymis, que había sido arrestado, se suicidó y Raleigh intentó reagrupar a los hombres desperdigados, pero el asunto empeoró cuando los capitanes Whitney y Wallaston desertaron, abandonándole a su suerte. Ante semejante fracaso, Raleigh no tuvo otra opción que la de poner rumbo a Inglaterra y desembarcar en Plymouth, donde fue inmediatamente arrestado por su primo Sir Lewis Stukeley.






Raleigh en el patíbulo


De nuevo en Inglaterra y bajo arresto, Raleigh fue llevado bajo escolta hasta Londres, donde debía justificar y explicar ante el rey el fracaso de su expedición. Se dice que barajó la idea de refugiarse en Francia para eludir los esperados problemas que le esperaban en Inglaterra, pero Raleigh creyó oportuno y que era su deber, como cualquier hombre de honor, enfrentarse a la situación y asumir las consecuencias. A todas luces, Raleigh planeó escapar pero fue traicionado por sus sirvientes y por su primo Sir Lewis Stukeley, quien se encargó de escoltarlo hasta la capital y, el 10 de agosto, volvía a cruzar la puerta de la Torre una vez más.

Stukeley, quizás preso de remordimientos, falleció loco en la Isla de Lundy poco después.

El 15 de octubre, el rey Jacobo I recibió una carta del rey de España, que pedía que Raleigh fuese entregado para ser posteriormente ejecutado en Madrid. La negativa inglesa a entregar a Raleigh, no iba a salvar a nuestro protagonista de ser nuevamente juzgado. Por segunda vez, fue Sir Edward Coke, fiscal General, quien se encargó de confeccionar las acusaciones contra Raleigh, a quien ya declaraba civilmente muerto. Por segunda vez, Sir Walter Raleigh asumía su propia defensa, pero en el fondo sabía que todo estaba perdido. El 28 de octubre fue llevado desde la Torre hasta Westminster Hall, para celebrar su juicio; los jueces encontraron ante ellos a un hombre destrozado y agotado. El Lord Jefe de Justicia le explicó que su traición no había sido perdonada, diciendo que pese a haber sido un hombre valiente, fiel y buen cristiano, su muerte estaba irremediablemente sellada.



Condenado a muerte, Raleigh pasó la última noche en la abadía de Westminster dónde recibió por última vez a su esposa y la visita de su amigo y antiguo vecino Charles Thynne de Longleat Hall (vecino de Sherborne Castle, propietario de la mansión de Longleat Hall, en Dorset). Recibió asistencia espiritual de Fussy Dean Tomson, tomó un copioso desayuno, fumó su pipa (era un empedernido fumador de tabaco, hábito públicamente condenado por Jacobo I) y se preparó para pasar su último día de vida, revistiendo sus mejor traje: de satén, seda y tafetán, con una capa negra de terciopelo negro bordada de oro. Llevado al cadalso, entonó su último discurso y se deshizo de su capa para arrodillarse ante el tajo, diciendo al verdugo:

-"Golpea hombre, golpea!"

Un certero golpe de espada despegó su cabeza del cuerpo y fue mostrada al público que allí se había reunido, en la plaza del palacio de Westminster.

Al atardecer, Lady Raleigh (Elizabeth Throckmorton), se hizo con la cabeza de su difunto marido y la guardó en una bolsa de cuero, que siempre llevó consigo hasta su muerte. Ocasionalmente la enseñaba a los admiradores de Sir Walter, puesta en una bandeja.

El cuerpo decapitado de Raleigh fue sepultado en la capilla de Santa Margarita, en la abadía de Westminster, al sur del altar, donde aún sigue descansando.




 


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