martes, 7 de abril de 2015

CATALUÑA Y LOS CATALANES: Una limpieza étnica historiográfica

CATALUÑA Y LOS CATALANES:
 
UNA LIMPEZA ÉTNICA HISTORIOGRÁFICA
 

 
La historia la escriben los vencedores, y no sólo la suya, también escriben la historia de los vencidos. La cosa se agrava cuando el vencido se convierte en colonia del vencedor, que se convierte, por tanto, en colonizador.

El colonizador debe justificar la sumisión del colonizado y, por tanto, lo que hace es manipular la propia historia y la del colonizado. En esta operación todo vale: mentiras, medias verdades, tergiversaciones, ocultaciones, silencios interesados. El resultado: una historia falsa, útil para el colonizador, diseñada con todo el pragmatismo posible. La cuestión es simple: justificar lo injustificable.

En su tesis doctoral, "Naciones negras y cultura" (1954), escrita en pleno proceso de descolonización africano, el senegalés Cheikh Anta Diop afirma en el prólogo:

"Sin embargo, estas teorías 'científicas' (la historia de África escrita por los europeos) sobre el pasado africano son eminentemente consecuentes, en tanto que son utilitarias y pragmáticas. La verdad se descubre al conocer el servicio de que son estas teorías y al descubrir que están al servicio del colonialismo: su objetivo no es otro que, cubriéndose de la manta de la ciencia, llegar a hacer creer al Negro que nunca ha sido responsable de nada válido ni valioso, ni siquiera de lo que existe en su propia tierra. Se quiere así facilitar el abandono, la renuncia a toda aspiración nacional por parte de aquellos que dudan, a la vez que refuerzan los reflejos de subordinación de los que estaban alineados (con los colonizadores) ".

Si cambiamos 'africano' y 'negro' por 'catalán' tenemos una perfecta descripción de cómo ha trabajado desde siempre la historiografía española con Cataluña.

Una de las razones que usan los españoles para negarnos el derecho a un estado propio es la falacia "nunca fuisteis nación", "nunca fuisteis estado". Y, en consecuencia: si, según ellos, no existimos ni como pueblo ni nunca hemos tenido estado, ¿qué reclamamos ahora?

Para justificar una afirmación tan esperpéntica hay que mentir mucho y mucho, tergiversar y ocultar mucho y mucho. No sólo somos nación, y de las más antiguas de Europa, sino que nuestro estado es más que milenario, donde desde la Paz y Tregua de 1027 se inició un parlamentarismo que limitaba el poder real y se fijó una división de poderes. Muy diferente de Castilla y del resto de Europa donde los monarcas absolutos, mediante la coacción militar, gobernaban sus estados con un pequeño contingente de funcionarios y compartían, poco, el poder con la aristocracia. Sin embargo todo el mundo era propiedad del monarca.

 
Fragmento de "La Nación Inventada: una historia diferente de Castilla", de Arsenio e Ignacio Escolar, 2010.
 
 
Alfonso X "El Sabio", Rey de Castilla y de León (1221-1284).
 


Las mentiras vienen de muy lejos. Ya en el siglo XIII, un esbirro de Alfonso X de Castilla el Sabio (sic) llamado Jiménez de Rada escribió una falsa crónica donde se exageraba la importancia de Castilla y plasmaba el supuesto derecho del rey de Castilla sobre todos los reinos hispánicos. Se dice que la Crónica de Jaime I la hizo escribir este rey para combatir esta pseudocrónica castellana.

Esta tradición de mentir y tergiversar estaba viva en el siglo XVI, momento en que las crónicas castellanas rellenas de mentiras llegan a sacar de quicio al tortosino Cristòfol Despuig hacia el 1557.

La culminación de este proceso falsificador tuvo lugar a finales del siglo XIX, en la época en que la historiografía nació como ciencia y que coincidió con el nacimiento del catalanismo político. El estado español encargó a otro esbirro, Menéndez Pidal, la elaboración de una historia de España a gusto y medida de Castilla, con el fin de justificar lo injustificable: nuestro sometimiento a una España castellana con Madrid como la 'lógica' capital. La historia inventada por Menéndez Pidal es la que pasó a las enciclopedias y los planes de enseñanza de los niños en la instrucción pública. Últimamente, parecía que esto se podía corregir un poco, pero ya tenemos la ley Wert para volver a explicar las aberraciones inventadas por Menéndez Pidal y sus seguidores, aunque aplicando el principio de Goebbels de que una mentira repetida cien veces, acaba convirtiéndose en verdad.

En 2006 National Geographic celebraba el centenario de las primeras reportajes fotográficos de naturaleza realizados por profesionales con el lema "Cuando algo la haces durante cien años, nadie la puede hacer mejor". Un lema que se podría aplicar a los historiadores españoles: "Cuando haces trampas durante más de setecientos años, nadie lo puede hacer mejor". Desgraciadamente, los historiadores catalanes han adoptado, acríticamente, los puntos de vista de la historiografía española, renunciando a seguir unos caminos propios y, incluso, como fue el caso de Vicente Vives y sus seguidores, empeñándose en desmontar los ya iniciados, como los de Ferran Soldevila.

Claro que por mucha documentación que se destruya o se manipule hay cosas que no pueden tergiversar o apropiarse de ellos. Porque es muy difícil apropiarse, por ejemplo, del imperio marítimo catalán y de todo lo que lo rodeaba. Construido en el Mediterráneo a partir del siglo XIII, gracias a la poderosa marina catalana, este imperio convirtió Cataluña en una potencia europea con decenas de consulados de mar extendidos por el Mediterráneo y el Atlántico, fundados por la burguesía catalana, básicamente de Barcelona, Ciudad de Mallorca y Valencia, con el apoyo real. Se desarrolló una legislación marina que ha sido un referente durante siglos: el Libro del Consulado de Mar; y todo un sistema financiero relacionado con el comercio, especialmente el marítimo: letras de cambio, seguros marítimos, mesas de cambio (lugares donde se cambiaba la moneda forastera en local y al revés, para facilidad del intercambio) y, incluso , la primera mesa de cambio (banca) pública, en 1401.

 
Fragmento de "Los Reyes de Aragón en Annales Históricos" de Pedro Abarca, Madrid 1682. / Abajo, fragmento de "Anales de la Corona de Aragón" de Jerónimo Zurita y Castro, Zaragoza, s. XVI.


Como de esto no podían apropiarse ¿qué hicieron los historiadores españoles? Pues, por arte de magia transformaron los catalanes en aragoneses y Cataluña en un apéndice secundario de Aragón. Ya en el siglo XVI se inventaron el nombre de Corona de Aragón para nombrar el estado catalán medieval. A mediados del siglo XVIII, Carlos III hizo cambiar el nombre del Archivo Real de Barcelona por el de Archivo de la Corona de Aragón.

Así, hablan, sin pudor alguno, del imperio marítimo 'aragonés', de marina 'aragonesa' y de ejército 'aragonés '. Nuestros reyes se transforman en 'aragoneses', los llaman con la numerología 'aragonesa' y Cataluña pasó a llamarse 'Aragón' y nuestra bandera ha pasado a ser 'la bandera de Aragón '.

 
Fragmento de "Modo de Proceder en Cortes de Aragón" de Jerónimo de Blancas y Tomá, Zaragoza 1641.


Dado que Aragón es un país terrestre sin costa y, por consiguiente, sin marina y que está más que documentado que los aragoneses, excepto en el caso de la conquista de Valencia, nunca se interesaron por ninguno de los proyectos de expansión del imperio catalán, estimulado sobre todo por la pujante y potente burguesía catalana. El ejército que construyó el imperio era catalán, de arriba abajo. La presencia aragonesa era testimonial y, la mayoría de las veces, inexistente, nula. Nuestros reyes vivían en Barcelona, el catalán era su idioma familiar, en catalán escribieron sus crónicas, siempre usaron la numerología catalana y ninguno de ellos nació en Aragón (con la excepción de los Trastámara). La señal de los soberanos catalanes, los condes de Barcelona, cuatro palos rojos sobre fondo dorado, es el segundo más antiguo de Europa y bastante anterior a la anexión de Aragón.

Y, a pesar de todas las evidencias en este sentido, los historiadores españoles, muchos catalanes incluidos y los que los siguen en el extranjero, en sus sobre historia medieval hispánica (artículos, comunicaciones, libros) mencionan muy esporádicamente (o, incluso , nunca) las palabras 'Cataluña' o 'catalán'. Para referirse a los catalanes usan las palabras 'Aragón' y 'aragonés '.

Es decir, mienten sobre nuestra naturaleza, nos niegan nuestra existencia como pueblo. Perpetran una auténtica y real limpieza étnica historiográfica hecha con una clara intencionalidad política xenófoba para justificar nuestra sumisión en España, para justificar nuestro status de país colonizado. Si nunca hemos existido, si siempre hemos sido marginales, si nunca hemos hecho nada, no nos podemos quejar de nada.

Carles Camp.

Fundación de Estudios Históricos de Catalunya.
Editorial Abril 2014.
Catalunya i els catalans: una neteja ètnica historiogràfica.

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