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lunes, 12 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -71-



Marie-Françoise Renée de Carbonnel de Canisy (1725-1796), de legendaria beldad y encanto, viuda de su primer matrimonio con el Marqués d'Antin con apenas 16 años, contrajo un segundo con el entonces Conde de Forcalquier y Marqués de Céreste, Louis-Bufile de Brancas, que resultó ser un fiasco después de casarse el 6 de marzo de 1742. El marido, de quince años mayor que ella, se revela extremadamente celoso y violento con su bellísima esposa, a la que persiguen muchos suspirantes. Un buen día, y por una estúpida discusión, éste le propinó tal bofetón que la mandó al suelo. Humillada al verse asi maltratada, acudió a dos o tres abogados para exponerles su caso, pero éstos le dijeron que sin testigos de por medio su causa estaba de antemano perdida. Presa de ira y furiosa al verse desamparada por la Justicia, volvió directamente a casa y subió hasta el despacho de su marido decidida a devolverle la afrenta con la misma moneda. Entrando sin llamar, se adelantó hasta él y, juntando el gesto con la palabra, le arreó una sonada torta:

-"¡Tomad, Monsieur, os devuelvo vuestra bofetada ya que con ella no puedo hacer nada!"

Anécdota de: Marie-Françoise Renée de Carbonnel de Canisy, Condesa de Forcalquier y Marquesa de Céreste (1725-1796).

LAS AMANTES DE LUIS XV DE FRANCIA



Luis XV "el Bien Amado" (1710-1774), Rey de Francia y de Navarra entre 1715 y 1774, fue a imagen y semejanza de sus predecesores en el trono, Enrique IV y Luis XIV, un monarca de temperamento fogoso aunque, a diferencia de éstos, jamás quiso legitimar los frutos de sus aventuras extra-conyugales (lo que suponía reconocerlos públicamente) y tan solo se cuidó de que no les faltara de nada. No así con sus sucesivas amantes, inicialmente escogidas entre la flor y nata de la aristocracia francesa, después entre la alta burguesía, para luego apuntar más bajo y constituirse un harén particular de jovencitas de escasa virtud, de actrices de teatro o de prostitutas de lujo, con las que retozaba en una discreta casa conocida como "Parc-aux-Cerfs" (Parque de los Ciervos), en las inmediaciones del Palacio de Versailles, y que le sirvió de picadero secreto lejos de las indiscretas miradas de su corte, con el beneplácito de la Marquesa de Pompadour.

Casado con la Princesa de Polonia María Leszczynska, hija del destronado rey Estanislao I, después de que se anulase su compromiso con la Infanta Maria-Ana-Victoria de España, Luis XV se mantuvo fiel hasta que la reina, harta de parir y de estar año tras año preñada por éste, rehuyó la cohabitación nocturna y dio por terminado su deber al engendrar una decena de hijos. Puesto que la reina ya no parecía apreciar su fogosa asiduidad, Luis XV no tardó en buscarse a otras que suplieran a su consorte en su tálamo. De hecho, el cansancio fue mutuo: el rey se sentía agobiado por el devoto amor de la reina.

Retrato de las hermanas Mailly-Nesle, representadas como las tres Gracias: la Condesa de Mailly, la Marquesa de Vintimille y la Duquesa de Châteauroux.


Por aquella época, el monarca galo pasaba por ser el príncipe más apuesto, seductor y guapo de todas las monarquías europeas, aunque demasiado tímido y retraído, por lo que muchos de sus amigos y cortesanos le facilitaron el contacto con una u otra dama, expresándoles en su nombre el deseo de verlas en la intimidad y al abrigo de las miradas de terceros, para evitar las reprobaciones del clero y del pueblo. De este modo empezó su idilio secreto con la discretísima y encantadora Condesa de Mailly quien, al poco, cedió el puesto a sus tres otras hermanas. La tercera, Duquesa de Châteauroux, fue la primera que exigió que se la reconociera "maîtresse-en-titre" del rey (amante titular), se le concediera un apartamento en palacio, un ducado y una renta acorde a su posición, para ceder a las pretensiones del monarca, causando mucho revuelo tanto en Versailles como en el resto del reino.
La última mujer en ostentar ese puesto oficial en la corte francesa fue la bellísima Condesa du Barry, cuyo oficio de maîtresse-en-titre terminó la noche del 10 de mayo de 1774, fecha de la muerte de Luis XV. Ésta, a diferencia de sus predecesoras en la cama del rey, se abstuvo de influír en los asuntos de Estado y tan solo intercedió por algunas personas con acuciantes problemas financieros para conseguirles una pensión. Sin embargo, en esa última etapa de su reinado, Luis XV se enfrentó a un paulatino decaimiento de su popularidad y la Condesa du Barry se convirtió en el objetivo de los más abyectos pamfletos populares que expresaban, obviamente, el odio del pueblo parisino hacia ella y lo que representaba.

He aqui la lista de las amantes oficiales y extra-oficiales, del rey Luis XV:





Lista de amantes de Luis XV



01. Louise Julie de Mailly-Nesle, Condesa de Mailly (1710-1751)



02. Pauline Félicitée de Mailly-Nesle, Marquesa de Vintimille du Luc (1712-1741) => 1 hijo:

-Charles-Emmanuel de Vintimille, Marqués du Luc (1741-1814), apodado "el medio-Luis"



03. Diane Adélaïde de Mailly-Nesle, Duquesa de Lauraguais (1714-1769)



04. Marie-Anne de Mailly-Nesle, Marquesa Vda. de La Tournelle, Duquesa de Châteauroux (1717-1744)



05. Jeanne-Antoinette Poisson-Le Normand D' Étioles, Madame d' Étioles, Marquesa de Pompadour y de Ménars (1721-1764)



06. Marie-Anne Louise Adélaïde de Mailly-Rubempré, Marquesa de Coislin (1732-1817)




07. Marie-Françoise-Renée de Carbonnel de Canisy, Marquesa d'Antin, luego Condesa de Forcalquier y Marquesa de Brancas-Céreste (1725-1796)




08. Marie-Louise O'Murphy aka "La Belle Morphyse", Madame de Beaufranchet, luego Condesa de Flaghac y finalmente Madame Dumont (1737-1815) => 2 hijas:

-Agathe Louise de Saint-Antoine de Saint-André, Marquesa de La Charce (1754-1774)

-Marguerite-Victoire Le Normant de Flaghac (n.1768)





09. Françoise de Châlus, Duquesa de Narbonne-Lara (1734-1821) => 2 hijos:

-Philippe Louis, Duque de Narbonne-Lara (1750-1834)




-Louis Marie, Conde de Narbonne-Lara (1755-1813)



10. Marguerite-Catherine Hainault, Marquesa de Montmélas (1736-1823) => 2 hijas:

-Agnès Louise de Montreuil, Condesa de Montmélas (1760-1837)

-Anne-Louise de La Réole, Condesa de Geslin (1762-1831)

11. Lucie-Madeleine D'Estaing-Saillans, Condesa de Boysseulh (1743-1826) => 2 hijas:

-Agnès Lucie Auguste, Vizcondesa de Boysseulh (1761-1822)

-Aphrodite Lucie Auguste, Condesa de Boysseulh (1764-1819)





12. Anne Coupier de Romans, Baronesa de Meilly-Coulonge, Marquesa de Cavanac (1737-1808) => 1 hijo:

-Louis Aimé de Bourbon, abad (1762-1787) -el único reconocido y legitimado-

13. Louise-Jeanne Tiercelin de La Colleterie, Madame de Bonnéval (1746-1779) => 1 hijo:

-Benoît Louis Le Duc, abad (1764-1837)

14. Irène du Buisson de Longpré, Madame Filleul (ob.1767) => 1 hija:



-Julie Filleul, Marquesa de Marigny y de Ménars, luego Marquesa de Bourzac (1751-1822)

15. Catherine Éléonore Bénard, Madame de Saint-Germain (1740-1769) => 1 hija:

-Adélaïde de Saint-Germain, Condesa de Montalivet (1769-1850)

16. Marie-Thérèse Boisselet, Madame de Gassicourt (1731-1800) => 1 hijo:



-Charles Louis Cadet de Gassicourt, Caballero del Imperio (1769-1821)





17. Jeanne Bécu de Vaubernier o Beauvarnier "de Cantigny", Mademoiselle de Cantigny, Condesa Du Barry (1743-1793)

18. Françoise Marie Antoinette Saucerotte, Mademoiselle de Raucourt, actriz

domingo, 11 de diciembre de 2011

Cita de la Semana



"No hay esclavo que no descienda de reyes y rey que no descienda de esclavos."

frase de: Arístocles de Atenas "Platón", filósofo griego (c.428-c.347 A.C.)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -70-




Madame Beauzée se acostaba con un profesor de alemán. Un buen día, Monsieur Beauzée los sorprendió al volver de la Academia Francesa. El profesor dijo a la señora :

-"Os decía que era hora de que me vaya."

Purista hasta la médula, el académico lo corrigió:

-"De que me fuera, monsieur, de que me fuera."


Anécdota de: Nicolas Beauzée, gramático y académico francés (1717-1789).

Anécdotas Históricas -69-





El señor Émile Littré apreciaba particularmente la exacta utilización de las palabras. Un buen día, su esposa entró en su despacho pillándole con la criada, ambos completamente desnudos y ocupados en hacer lo que la naturaleza manda acometer en esas ocasiones. Madame Littré, muy digna, se exclamó:

-"¡Estoy sorprendida!"

-"No, corrigió el marido, somos nosotros los sorprendidos. Vos estáis asombrada."


Anécdota de: Émile Littré, lexicógrafo y filósofo, autor del Diccionario de la Lengua Francesa (1801-1881).

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -68-



EL MARISCAL DE BASSOMPIERRE ANECDÓTICO


El famoso memorialista Duque de Saint-Simon, asegura en sus páginas que el Mariscal de Bassompierre obtuvo el favor real gracias al amor que compartía con el rey por la caza. Por aquel entonces, Bassompierre era el único gentilhombre autorizado a soplar en el cuerno del rey, ya que era el único capaz de soplar sin babear en él. Reseña también, entre otras anécdotas, su destreza para beber de su bota llenada de vino hasta arriba.

Retrato de Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra (1601-1643).


En cualquier caso, las "Historietas" de Tallemant des Réaux son mucho más jugosas que las de Saint-Simon: "La Reina-Madre, de la cual estaba secretamente enamorado, dijo: me gusta tanto París y tanto Saint-Germain, que quisiera tener un pie en uno y un pie en el otro. Y Bassompierre, que no pudo dejar pasar la ocasión, dio la estocada final: Y yo quisiera estar en Nanterre!"

Tan solo recordar que la villa de Nanterre se encontraba a medio camino entre París y Saint-Germain.

Retrato de Ana de Austria, Reina Viuda y Regente de Francia (1601-1666).


En otra anécdota, la Reina-Madre hizo una reflexión a Bassompierre cuando éste se había hecho con la capitanía de Manceaux: "Seguro que llevaréis allí a muchas putas!" y Bassompierre respondió: "Apuesto, Madame, que vos traeréis muchas más que yo!".

Un día en que Bassompierre se encontraba hablando con la Reina-Madre, concluyó que habían pocas mujeres que no fueran putas..."¿Y yo?" -preguntó la Reina-. "Ah! en cuanto a vos, Madame, vos sois la Reina!" -respondió Bassompierre.

Al poco de ser liberado y encontrándose el Mariscal de Bassompierre en los jardines del Palacio de Luxemburgo, una gran dama de la corte le saludó y felicitó por su libertad recobrada, añadiendo sorprendida: "Pero he os aqui muy blanquecino, Monsieur el Mariscal!" refiriéndose a sus cabellos llenos de canas. Y el mariscal, siempre rápido en su respuesta, le espetó: "Madame, yo soy como los puerros, la cabeza blanca y la cola verde!".

Retrato de César de Borbón, 4º Duque de Vendôme (1594-1665).


También supo dar buenos "cortes" a los altivos cortesanos, como el que dio al Duque de La Rochefoucauld en 1631, al ser arrestado. En otra ocasión, y esta vez al encontrarse con el altivo Duque de Vendôme, que le soltó con malevola intención: "Vos seréis, sin duda, del partido de Monsieur de Guise, pues amáis a su hermana Madame de Conti..." Y el mariscal, mordaz como de costumbre, le respondió enseguida: "Eso no tiene nada que ver; he amado a todas vuestras tías y no os amo más por ello."

Anécdotas de: François de Bassompierre, Marqués d'Haroué, Mariscal de Francia (1579-1646).

martes, 6 de diciembre de 2011

1715: EL MISTERIO DE LA DAMISELA DE MONTSÉGUR




LA TRAGEDIA DE MONTSÉGUR
Una Verídica Historia de Terror



Esta historia aconteció en el año 1715, en el Castillo de Montségur, situado al Sur de la localidad de Grignan, en Provenza (Francia) y hoy en ruinas. Por entonces, lo habitaban la familia del Marqués y de la Marquesa de Tabartel, señores del lugar, y su hija Éloïse, que tenía entonces 16 años. Ésta había sido prometida en matrimonio al Conde Henri de Soubeyran de Saint-Prix, perteneciente a una vieja familia de la nobleza de toga del Haut-Vivarais cuyo castillo se encuentra en la región del Ardèche.

La Novia Imprudente



El 25 de junio de 1715, se celebró el casamiento de Éloïse de Tabartel con el Conde de Soubeyran, acudiendo al evento todas las familias nobles de los alrededores para celebrar dicha unión. La madre de la novia ofreció a sus distinguidos invitados un gran banquete de bodas que debía terminarse con un baile entre los muros de su castillo, hasta bien entrada la noche. Después de que los novios bailasen hasta caer exhaustos, uno de los invitados propuso a los demás jugar al escondite. La sugerencia, bien acogida, fue aplaudida por la novia que, como habitante del lugar, jugaría con ventaja sobre los demás convidados al conocer muy bien todos los recovecos del castillo familiar. Para evitar ser fácilmente encontrada por los demás, Éloïse se aventuró a recorrer un ala desafectada del castillo cuyo acceso siempre le había sido terminantemente vetado por su madre. Sin duda pensó que, por ser el día de su boda, su madre le perdonaría esa pequeña infracción a las normas y se adentró en un pasillo oscuro y desangelado, buscando una habitación en la que poder esconderse de aquellos que la buscaban.

Pasaron un par de horas hasta que el juego se dio por terminado al descubrirse a todos aquellos que se habían escondido, excepto a Éloïse, que seguía sin aparecer. Extrañados, tanto la Marquesa de Tabartel como el flamante marido empezaron a preocuparse pidiendo a los demás invitados que la buscaran por todo el castillo. Por mucho que gritasen su nombre por corredores, salones y escaleras, solo les volvía el eco de sus voces. La búsqueda se prolongó durante horas sin resultado alguno. Alarmada, la Marquesa de Tabartel mandó alertar a los habitantes del pueblo para que la ayudasen. Todos, invitados y pueblerinos, antorchas en mano, empezaron a registrar minuciosamente el castillo y sus alrededores; desde las golfas hasta las bodegas, pasando por las antiguas y olvidadas mazmorras, los armarios disimulados en las paredes, las grandes chimeneas con puertas secretas y los pasadizos subterráneos, como los que llevaban a la cripta de la iglesia y el que desembocaba en el bosque, al pie de una gran roca coronada por la estátua de la Virgen... Nada.

Pasaron los días y la esposa del Conde de Soubeyran siguió sin aparecer. Por las noches, sobretodo en un castillo, se oyen ruidos extraños: las maderas crujen, el viento silba en las chimeneas y por debajo de las ventanas y puertas, dejandose oír como un largo y agónico gemido. En dos o tres ocasiones, la Marquesa de Tabartel y su yerno, asi como los criados, creyeron oír gemir, pero lo achacaron a las malas pasadas que da la imaginación.

El Conde Henri de Soubeyran, desesperado al no dar con su joven esposa, acabó por tirar la toalla y, antes que permanecer en Montségur, prefirió olvidar su tragedia yéndose a sus tierras. Nunca volvería al lugar. Pasó el tiempo, sucediéndose los años, y nadie consiguió esclarecer la misteriosa desaparición de la bella Éloïse de Tabartel. La familia de la desaparecida abandonó Montségur unos meses después, por culpa de su recuerdo, dejando el castillo al abandono y al cuidado de un guarda.


El Misterio Resuelto


Treinta y cinco años después, durante el verano de 1750, el joven Vizconde François de Soubeyran, que andaba de cacería (?) con un nutrido grupo de amigos por los alrededores del castillo de Montségur, quiso detenerse para almorzar con su séquito. Los visitantes descubrieron en una esplanada próxima al castillo una cruz de granito cuya inscripción rezaba: Éloïse de Tabartel, 25 de junio de 1715. Se toparon con el guardián del lugar, Antoine Garnier, y les explicó la misteriosa desaparición de la única hija de los Marqueses de Tabartel entre los viejos muros del castillo. Impresionados por el relato, el vizconde y sus amigos quisieron visitar la lóbrega mansión deshabitada y, tras la visita, se dispusieron a comer en el patio de armas. A medio almuerzo, estalló una tormenta y tuvieron todos que refugiarse al interior del castillo. Para hacer tiempo y, en espera de que cesara el chaparrón, el vizconde de Soubeyran quiso nuevamente visitar el lugar, espoleado por la curiosidad. Alejándose de sus amigos, se encontró al pie de una escalera, penetró en un largo corredor y se encontró con que no había salida y tenía que volver sobre sus pasos. Al dar la vuelta y regresar por donde había venido, tropezó con una baldosa suelta del pavimento. Tuvo el reflejo de adelantar sus manos a los lados para evitar la caída cuando sintió el muro desvanecerse bajo sus dedos. Oyó un ruido mecánico y una puerta disimulada en la piedra se abrió ante él, encontrándose de repente en una habitación oscura y sin ventanas. Apenas entrado, el mecanismo de la puerta secreta se reactivó cerrándose sobre él, sin que le diera tiempo a salir. Necesitó un momento para habituar sus ojos a la oscuridad de aquella habitación y, gracias a la débil luz que se colaba por un respiradero, pudo ver que no era muy grande. En medio de aquella estancia, distinguió una silueta extraña. Al acercarse, descubrió que se trataba de una mujer sentada en un sillón, que parecía estar adormecida, enfundada en lo que parecía un vestido de gala pasado de moda. Se aproximó, con el corazón a punto de estallarle en el pecho. Sobre una mesa cercana, descubrió un candelabro, un tintero y un libro. En el suelo, topó con la punta de su bota con lo que parecía una daga con la hoja manchada y ennegrecida. Un trozo de papel sobresalía del libro; sacudió el papel para quitarle el polvo y pudo leer a duras penas: "Oh, desgraciado, que la fatalidad ha empujado vivo en este abismo, encomienda tu alma a Dios, pídele perdón por tus faltas, resígnate al sacrificio de tu vida. Jamás saldrás vivo de esta tumba." La firma acabó por helarle la sangre: Éloïse de Tabartel.

El joven sintió un escalofrío recorrer su espalda. Acababa de dar con Éloïse, la novia desaparecida la noche de su boda, aquella misma protagonista de una historia de terror que le contó, en su infancia, su abuela Elisabeth de Saignan. Pero Éloïse no era más que un cadáver disecado, de labios encojidos y sonrisa siniestra, con las cuencas de los ojos vacías, pareciendo gritar en silencio para toda la eternidad. Aterrado, acababa de comprender que él también había caído en la misma trampa mortal, emparedado para siempre junto a aquella desafortunada. Se puso a gritar, a golpear en vano contra la puerta secreta de la pared que se había cerrado sobre él. Largas y angustiosas horas pasaron sin que encontrara la solución para abrir de nuevo aquella ratonera, y cayó la noche. Mientras se consumía, vio dos ojos brillantes mirarle desde el respiradero: era un gato. Consiguió agarrarlo y anudarle al cuello su pañuelo bordado con sus iniciales coronadas, y devolvió el gato al agujero por donde había salido, en la esperanza de que alguien lo viera, sino el guarda, sus amigos que debían andar buscándole por todos los recovecos del castillo.



El Castillo de Montségur en ruinas, en la actualidad.


Al día siguiente por la mañana, el guarda Garnier vio a su gato con un pañuelo anudado al cuello. Se fue derechito a avisar a los amigos del vizconde, que habían pernoctado en el castillo, para darles la noticia que debía estar seguramente vivo y atrapado en algún lugar del edificio. Fue observando los vaivenes del gato de Garnier, que aquellos descubrieron el respiradero... Con ayuda de picos, empezaron a demoler el muro, piedra a piedra, hasta abrir un boquete que dejó al descubierto un angosto pasadizo descendente, por el cual apenas conseguían oír los gritos del vizconde, dada su profundidad. Con ayuda de unas cuerdas, consiguieron hizar al desgraciado por aquel respiradero y rescatarle de aquella tumba infernal.

Retrato de François de Beaumont, Barón Des Adrets (1513-1587), pasó a la historia por su legendaria crueldad durante las guerras de religión que sacudieron Francia en la 2ª mitad del s. XVI.


François de Soubeyran supo que, tiempo después y tras investigar la historia del lugar, uno de los propietarios del Castillo de Montségur, en el agitado siglo XVI, fue el tristemente célebre Barón Des Adrets, un siniestro caballero de legendaria crueldad durante la guerra civil y religiosa que desangró Francia durante los reinados de Carlos IX y Enrique III. Los rumores de entonces pretendían que, ciertas noches, siniestros gemidos subían desde los subterráneos del castillo. Si hemos de creer la leyenda, el Barón Des Adrets tuvo el poder maléfico de desaparecer misteriosamente en su castillo para escapar de sus enemigos... Sin duda porque él conocía esa habitación secreta y su mecanismo infernal.

La terrorífica aventura del vizconde de Soubeyran en Montségur tuvo una sonada repercusión en toda la región, más cuando se resolvía de este modo la misteriosa desaparición de la hija de los Marqueses de Tabartel y su trágico final.

¿Cuanto tiempo duró la agonía de la desgraciada Éloïse, hasta que decidió ponerle fin al percatarse que jamás la encontrarían? Su demacrado cadáver fue rescatado y cristianamente sepultado en la cripta de la capilla del castillo, junto a sus antepasados, encontrando por fin el descanso eterno.

lunes, 5 de diciembre de 2011

1790: ASESINATO DEL MARQUÉS D' ALBERTAS


ANICET MARTEL
el último asesino descuartizado de Francia



El Marqués Jean-Baptiste d'Albertas (1716-1790), ex-Primer Presidente en la Corte de Cuentas de Provenza, creador de los jardines que llevan su nombre en Bouc-Bel-Air, fue asesinado el 14 de julio de 1790 en el curso de un banquete oficial ofrecido a la Guardia Nacional en honor a la fiesta de la Federación.

En el parque del castillo de Gémenos, la fiesta está en su punto más algido. En el momento en que los convidados se disponen a hacer un brindis en honor a la Marquesa d'Albertas, un joven jorobado aparece junto al antiguo señor de Gémenos... Éste, sorprendido por el extraño aspecto del individuo, exclama:

-"¿Qué hace usted aqui?..."

Y el jorobado responde:

-"¡He venido a darte muerte!"

Apenas acabada su frase, hunde la hoja de un cuchillo en el corazón del marqués con golpe certero.

El marqués de 74 años cae al suelo muriendo en el acto. Un grito de horror, la música se interrumpe y los allí presentes se quedan petrificados. La Guardia Nacional apresa al vil asesino casi de inmediato. ¿Por qué ha matado al venerable, popular y amable septuagenario?

El asesino, un joven de veinte años, lleva el nombre de Anicet Martel. Ejerce el oficio de carnicero en la localidad de Auriol. Inmediatamente detenido e interrogado, declarará haber sido el único autor del crimen que llevaba planeando desde hacía 7 años. Para justificarse, afirmó que su padre, maestro de escuela en Gémenos, se había visto obligado a retirarse en Auriol por culpa de los problemas que le andaba causando el Marqués d´Albertas.

De talla pequeña, jorobado, con un enorme cabezón y el rostro afilado, Anicet Martel fue condenado a padecer tormento sobre la rueda y a ser descuartizado en la Plaza del Palacio de Gémenos.

El suplicio de la rueda precedía al descuartizamiento del reo, y consistía en propinarle al condenado una serie de violentos golpes para quebrar sus huesos...




La ejecución tuvo lugar el 2 de agosto siguiente. Apenas llegados ante el cadalso, Anicet Martel y su verdugo fueron recibidos a pedradas por individuos malintencionados que se habían mezclado con el gentío de espectadores que llenaban la plaza y los tejados de las casas vecinas. El reo Martel aprovechó ese intento de abortar la ejecución para escabullirse entre la multitud. Gritos y pánico entre la gente. Algunos tiros de fusiles al aire por los soldados de la escolta consiguieron apaciguar el nerviosismo. Pero un capitán del regimiento del Lyonnais, Payan de La Tour, que estaba al mando de la escolta, consiguió retener al condenado pegado al suelo, apuntándole con su espada en el pecho. El verdugo fue encontrado en un confesionario de la iglesia de los Capuchinos, donde se había refugiado, y fue traído de vuelta para que hiciera su cometido.

Anicet Martel fue el último hombre condenado al descuartizamiento en suelo francés. Su esqueleto fue descubierto, posteriormente, expuesto en el gabinete de reflexión de una logia masónica.

Cita de la Semana



-"Haced muecas a mis espaldas todo lo que queráis, mi culo os contempla."

frase de: Gustave Flaubert, escritor (1821-1880).

viernes, 2 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -67-





Aunque engañaba sin escrúpulos a su esposa, Louis-Armand II de Borbón, Príncipe de Contí, anduvo siempre aquejado por unos celos enfermizos. Dado que siempre le ponía los cuernos, la Princesa no quiso ser menos y acabó por tomar un amante, el hermoso Marqués de La Fare, y no se escondió al hacerlo. En consecuencia, loco de celos, el Príncipe se tornó tan violento que empezó a propinarle brutales palizas, hasta el punto que, en dos ocasiones, hubo que llamar de urgencia al cirujano para darle puntos de sutura.

Aterrorizada, la Princesa de Contí no pudo hacer otra cosa que huír a casa de su madre primero, y luego encontrar refugio en un convento. Furioso, el Príncipe recurrió al Parlamento de París para que se cursara una orden de búsqueda y captura contra ella, y la trajeran de vuelta a casa bien escoltada. Fue en vano. Tuvo que esperar durante 9 años para que ella aceptase regresar al domicilio conyugal (1725).

Para evitar una nueva fuga, el Príncipe la asignó a residencia en su fastuoso Castillo de L'Isle-Adam, la joya de sus posesiones. Con el tiempo y a fuerza de seducción y caricias femeninas, la alteza prisionera obtuvo finalmente el permiso para volver a París. Y, a partir de ese día, cuando el Príncipe se trasladaba a L'Isle-Adam, ella nunca le acompañaba.

Un día, en el momento de partir hacia su finca campestre, el Príncipe de Contí se fue a despedirse de su mujer y le dijo:

-Ah, por cierto, Madame, no me hagáis cornudo mientras no esté!

-Váyase Monsieur, márchese tranquilo, que nunca tengo ganas de haceros cornudo más que cuando os veo!
Le soltó ella.


Anécdota de: Louis-Armand II de Borbón, 5º Príncipe de Conti (1695-1727) & de Louise-Élisabeth de Borbón-Condé, Princesa de Conti (1693-1775).

EL MARISCAL DE BASSOMPIERRE



FRANÇOIS DE BASSOMPIERRE
MARQUÉS D' HAROUÉ
MARISCAL DE FRANCIA
1579 - 1646



El Mariscal de Bassompierre, hombre con buen juicio e ingenio, hábil y prudente cortesano, galante y fastuoso, embajador de gran presencia, valiente soldado y de buen consejo, es un personaje de su tiempo. "Bon vivant", gran vividor, goza de una magnífica salud; le permitirá recibir sin demasiado perjuicio terribles heridas y llevar una existencia llena de galanteos y opíparos festines, que la edad no habría calmado de no haber sido encarcelado por el Cardenal de Richelieu. En esa época de vida apasionada, a su vez grosera y refinada, a menudo frenética, Bassompierre parece sobretodo haber sido dotado de un sólido juicio que, en varias ocasiones, le fue muy útil. Poseía un ingenio vivaz que le permitía tener siempre una respuesta para todo, una prudencia a veces excesiva, aunque gracias a ella supo maniobrar con habilidad entre los escollos de la política cortesana, guardándose mucho de pertenecer a un partido que no fuera otro que el del rey. Gozando del favor de Enrique IV y de Luis XIII, llevó felizmente su carrera obteniendo grandes empleos en los ejércitos y al extranjero como representante de Francia. Finalmente, su prestancia, su rostro saludable y su desenvoltura le procuraron numerosos éxitos entre el sexo femenino. Fue el hombre de moda, galante, gran jugador, magnífico y generoso.

El Castillo de Haroué, en el Depto. de Meurthe-et-Moselle (Francia); fotografía de la fachada a los jardines. / Abajo, una de las alcobas del castillo.

Vista aérea del Castillo de Haroué (Lorena, Depto. de Meurthe-et-Moselle).

François de Bassompierre, Marqués de Haroué, nació el 12 de abril de 1579 en el castillo de Haroué (Lorena) y falleció en un hostal de Provins el 12 de octubre de 1646. Era hijo de un gentilhombre de Lorena, Christophe de Bassompierre y de Louise de Radeval; sus padres cuidaron su educación y formación académica para destinarle a la carrera militar y mundana, y no repararon en gastos para que ampliara su cultura viajando por toda Italia. Fue compañero de armas del rey Enrique IV y sirvió a su hijo Luis XIII. Si inicialmente fue un oficial de los ejércitos franceses, consiguiendo el grado de mariscal de Francia en 1622 después de ser coronel general de los Suizos (1614), también se vio encomendar misiones diplomáticas extraordinarias que le llevaron a ser embajador de Luis XIII en Madrid (1621) y en Londres (1626).

Blasón del Mariscal de Bassompierre.


Su vida amorosa es una de las más prolíficas de la corte gala, ya que no era fiel a sus conquistas femeninas. Entre ellas, se han de resaltar dos damas de gran importancia: Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues, hermana de la Marquesa de Verneuil (favorita oficial de Enrique IV), y Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, Princesa de Contí.

Cayó enamorado de la joven hermana de la Marquesa de Verneuil, allá por el año de 1604. Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues era hija de la antigua favorita del rey Carlos IX, Marie Touchet, y era de sobras conocida en la corte por su conducta ligera con el sexo masculino. Bassompierre, entonces con 25 años de edad, iba de mujer en mujer como un zángano va de flor en flor, pero siempre volvía a reanudar su aventura con Marie-Charlotte quien, en la misma época, cedió a los avances del rey.

Retrato del rey Enrique IV de Francia y de Navarra (1553-1610).

Retrato de Charlotte-Marguerite de Montmorency, Princesa de Condé y Duquesa de Borbón.

Enrique IV sentía celos del éxito de Bassompierre entre las damas de la corte y, poco dado a compartir sus objetivos, ordenó arbitrariamente que se anulase en 1609 el compromiso de éste con Charlotte-Marguerite, hija del Duque de Montmorency, con el pretexto que él también se había enamorado de la joven novia. De hecho, llevó aún más lejos el asunto cuando insistió para que la joven Montmorency casase con su primo el Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé, de sobras conocido por sus preferencias por los hombres guapos, y así asegurarse que ella tan solo sería para él.

Retrato del Príncipe Carlos I de Lorena, 4º Duque de Guisa y Príncipe de Joinville (1588-1640).

En cuanto al éxito de Bassompierre con la hermana de la Verneuil, Enrique IV acabaría por lamentarse ante el Duque Carlos de Guisa: -"Ya lo veis, Entragues nos menosprecia para idolatrar a Bassompierre!". Y el Duque de Guisa se ofreció al monarca para desafiar en un duelo a Bassompierre... Tuvo lugar el encuentro en los jardines del Palacio del Louvre y el duelo resultó sangriento: Bassompierre fue gravemente herido por Guisa y, al arrancarse de su herida la espada del duque, sus vísceras salieron y cayeron sobre su regazo; se produjo entonces, y casi de inmediato, una terrible hemorragia. Los cirujanos acudieron a toda prisa para intentar contenerla y reponer sus vísceras en su sitio. Le tuvieron que vendar fuertemente aquella herida después de coserla en vivo. Gracias a su robusta salud, consiguió sobrevivir milagrosamente a aquella mortal estocada.

Retrato de la Princesa Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, Princesa de Conti (1588-1631).

Fue en el curso de su difícil convalescencia cuando se produjo su primer encuentro con la princesa Louise-Marguerite de Lorena-Guisa, hermana del Duque de Guisa, y con la cual anudó una sólida amistad. Sin embargo, la princesa estaba destinada por su familia a desposarse con un miembro cercano de la familia real, de treinta años mayor que él: Francisco de Borbón-Condé, 1er Príncipe de Contí (1556-1614), viudo de un primer matrimonio con Jeanne de Coësme, sin hijos y con la reputación de estar completamente idiotizado desde aquel día en que los ultracatólicos asesinaron bestialmente ante sus ojos a su preceptor protestante, siendo él un chiquillo. Al parecer, el príncipe nunca pudo superar aquel trauma infantil.

Casada con el Príncipe de Contí el 24 de julio de 1605, Louise-Marguerite tan solo pudo darle una hija en 1610, que tan solo tuvo tres semanas de vida. En el mismo momento del alumbramiento, Bassompierre asistía al bautizo del hijo de Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues (17 de agosto de 1610), en la iglesia de Saint-Paul. Se da la curiosa anécdota de que él era el padre de aquel niño bastardo llamado Louis (1610-1676). Éste, con el tiempo, entraría en las órdenes y se convertiría en el muy piadoso obispo de Saintes.



A partir del bautizo, la relación entre Bassompierre y su amante se degradaron rápidamente. Tuvo la imprudencia de firmar una promesa de matrimonio con Marie-Charlotte en los meses precedentes, pero se desdijo después de bautizar al hijo. Furiosa, Marie-Charlotte llevó el asunto ante los tribunales para exigir que mantuviera su palabra y casara con ella. Sin embargo, desde el asesinato del rey Enrique IV, la familia de Entragues había dejado de ser poderosa e influyente en la corte. La Reina-Regente María de Médicis, que execraba a la Marquesa de Verneuil desde el principio, y a la familia de ésta, aprovechó para vengarse de las afrentas pasadas sosteniendo públicamente a Bassompierre para que el asunto fuera desestimado y archivado por el Parlamento. Para colmo, la Princesa de Contí era una amiga fiel a la Reina y, tras la muerte de su marido acaecida en 1614, se convirtió en la amante secreta de Bassompierre. Con mucho secretismo, los amantes contrajeron matrimonio después de que la Santa Sede anulara públicamente el compromiso entre Bassompierre y la Señorita de Entragues (1621). Es más: tanto Roma como la Reina-Regente le prohibieron formalmente a Marie-Charlotte que tomase el nombre de "Madame de Bassompierre". Aún y así, Marie-Charlotte no toleró hacerse llamar de otro modo y, con aire desafiante, siguió en su empeño contra viento y marea. Compró un palacete en la Plaza Real (Place Royale), actual Plaza de los Vosgos en París, llevando en él una vida a su gusto, sin restricciones, y educando a su hijo Louis de Bassompierre con una pensión anual que le otorgaba el padre para ese fin.

Retrato de María de Médicis, Reina-Regente de Francia (1575-1642), según Pourbus en 1616.

Como muchas de esas damas "pecadoras", Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues acabó llevando una vida de ermitaña, haciendo numerosas donaciones para aliviar a los necesitados y enfermos, muriendo tranquilamente en París en 1664.

Entre 1621 y 1631, la Princesa de Contí, auténtica aunque secretísima "Madame de Bassompierre", dio a luz a un hijo de Bassompierre conocido bajo el nombre de François de La Tour de Bassompierre, y cuyo cuidado fue asumido por el padre.

Retrato de Luis XIII (1601-1643), Rey de Francia y de Navarra de 1610 a 1643, según P. de Champaigne.


En 1631, Bassompierre se había enemistado con el Cardenal de Richelieu, cordialmente detestado por la Princesa de Contí, y se vió condenado a pasar una temporada a la sombra, en una celda de La Bastilla*. La Princesa de Contí, encontrada culpable por haberse comprometido en un complot contra la Corona, fue exiliada lejos de la corte y enviada al castillo normando de Eu, propiedad del Duque de Guisa. Nunca perdonada, moriría en Eu el 30 de abril de 1631. En cuanto a su marido Bassompierre, Richelieu lo mantuvo encarcelado hasta enero de 1643, año de la muerte del rey Luis XIII y de la proclamación de su hijo Luis XIV.

François de Bassompierre, Marqués d' Haroué, Mariscal de Francia y Caballero de la Orden del Espíritu-Santo (1579-1646); detalle de un retrato realizado en la 2ª mitad del reinado de Luis XIII.

Puesto que era tradición liberar a todos los presos en el momento de la ascensión al trono de un nuevo monarca, Bassompierre recuperó su libertad y recibió el perdón real asi como el permiso para volver a pisar la corte. Cuando regresó a París, François de Bassompierre tuvo serias dificultades para adaptarse a la nueva corte, pero su vieja amistad con la Reina-Regente Ana de Austria, madre del joven Luis XIV, hizo de él un privilegiado receptor de sus favores; ésta le devolvió su cargo de coronel general de los Suizos y le donó 400.000 libras. Envejecido, aquejado de sordera, Bassompierre tenía tendencia a parlotear sin mucha coherencia. Sin embargo, la gran educación y las refinadas maneras del sexagenario mariscal dieron lugar a que la Duquesa de Montpensier, prima-hermana del rey, sintiera por él un gran respeto y admiración por su natural elegancia. La sabia e irreprochable Madame de Motteville llegaría incluso a declarar que "los restos del Mariscal de Bassompierre valían mucho más que la falsa brillantez de los nuevos cortesanos."

Amante del buen yantar y aficionado a los pantagruélicos banquetes, la muerte le sobrevino mientras dormía en un hostal de Provins, fulminado por un ataque de apoplejía. Tenía tan solo 67 años.

Retrato de Louis II de Bassompierre, Obispo de Saintes (1610-1676), hijo del mariscal habido con Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues.

A su muerte, parece ser (según algunos) que el hijo que había tenido con la Princesa de Contí le había precedido en la tumba, al quedar tan solo su primer hijo el Abad Louis de Bassompierre, futuro obispo de Saintes, como heredero suyo a efectos legales. El chico fue, desde su infancia, serio y cortés. Entró tempranamente en el seno de la Iglesia para convertirse en abad de Saint-Volusien de Foix (diócesis de Pamiers) y de Saint-Georges de Boscherville (diócesis de Rouen), y posteriormente en obispo de Saintes y Limosnero de "Monsieur", hermano de Luis XIV. Se distinguió por sus virtudes y su conciencia religiosa, por lo que las puertas de la corte y de los salones parisinos se le abrieron de par en par. Ingenioso conversador, se convirtió rápidamente en uno de los mejores amigos de la Marquesa de Sévigné. Tuvo un papel preponderante como mediador durante la Fronda y la querella de los Jansenistas, contribuyendo a pacificar los ánimos en el seno de la Iglesia Francesa... Cuando falleció el 1 de julio de 1676, su muerte fue unánimamente llorada.

El cronista por excelencia de aquella época, Tallemant des Réaux, escribió en su diario sobre el segundo hijo del Mariscal de Bassompierre habido con la Princesa de Contí: "Tuvo un hijo de la Princesa de Contí, que han llamado La Tour-Bassompierre; se cree que le habría reconocido si hubiese tenido la ocasión de hacerlo. Ese La Tour era valiente y apuesto. En un combate donde servía de segundo, teniendo que enfrentarse a un hombre que, desde hacía algunos años, le faltaba el antebrazo derecho pero que se había acostumbrado a servirse del brazo izquierdo, se dejó atar el brazo derecho para igualar al rival y, pese a todo, consiguió vencerle. Se alojaba en casa del Mariscal (de Bassompierre); desde entonces ha muerto de enfermedad."

Un autor, Antoine Adam, cita el diario del Mariscal de Bassompierre quien, muy discretamente, escribió a su vez a propósito de su hijo François de La Tour-Bassompierre: "La Tour, hijo de una princesa y de una persona ilustre, se ha marchado para ir con Gassion el treinta (30 de junio de 1640)..." Pese a la discreción del militar, sus dos paternidades ilegítimas fueron notorias y públicas. El magistrado Conde Olivier Lefèvre d'Ormesson anotaría en su diario: "El martes 23 de octubre (de 1646), me enteré que el Sr. Teniente civil al levantar los sellados en casa de Monsieur de Bassompierre, Monsieur de La Tour se opuso en tanto que hijo natural y legítimo de éste y de Madame la Princesa de Contí, asi como el abad de Bassompierre, hijo natural y legítimo del mismo y de Madame de Bassompierre (se refiere a Marie-Charlotte de Balzac d'Entragues) . De hecho, ésta había tomado el luto con las mismas ceremonias que las viudas de los mariscales de Francia."

Según las Memorias de Goulas (página 367, tomo II), el joven La Tour-Bassompierre no murió de enfermedad sino que cayó en acto de servicio en la costa de Nápoles, cerca de Salerno en 1648.


Nota:

(*)_Se sabe que el Mariscal de Bassompierre fue encerrado en La Bastilla a partir de 1631, acusado (sin pruebas inapelables) de haber participado en una conspiración contra el Cardenal de Richelieu, primer ministro de Luis XIII. En realidad, las evasivas de Bassompierre al ser interrogado, le hicieron culpable de "conspiración" a ojos de Richelieu, cuando lo que pretendía era cubrir las espaldas a su esposa la Princesa de Contí, gravemente implicada en el complot. Algunos quieren ver en esa condena una "represalia" contra el mariscal al haber desposado secretamente a una princesa de la Familia Real sin consentimiento del rey... Fuesen los motivos que fuesen, Bassompierre pasó doce años en una celda de la fortaleza parisina y los aprovechó para escribir sus "Memorias", sin faltarle las comodidades que correspondían a su alto rango. Muy versado en literatura y poesía, en religión, en el arte de la guerra, véase también en astronomía y astrología, mató el tiempo cultivando su mente hasta que la muerte de Richelieu rompiera sus cadenas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Anécdotas Históricas -66-

Esta anécdota la atribuye Pérez Galdós al inefable Fernando VII en sus "Episodios Nacionales":

Cuando se supo en la villa y corte de Madrid que el 1 de marzo de 1815, el emperador Napoléon I había desembarcado en Antibes tras escapar de su exilio de la Isla de Elba, y marchaba triunfalmente sobre París, cundió el pánico entre los ministros del rey Fernando VII. Se convocó entonces un consejo de Estado que debía presidir con urgencia el monarca. Al prepararse éste para cambiar de traje con el fin de acudir al gabinete de crisis, su ayuda de cámara no atinó en vestirle correctamente por lo que Fernando VII le soltó, exasperado:
-"¡Vísteme despacio que tengo prisa!"

Anécdota de: Fernando VII, Rey de España (1778-1833).