jueves, 18 de octubre de 2012

Anécdotas Históricas -199-



El Mariscal-Duque de Roquelaure era un notable cortesano de Versailles muy famoso por sus bromas pero, no siempre tuvo de su lado las carcajadas. Un día en que se encontraba en una pequeña ciudad de provincias, visitó a todas las damas distinguidas del lugar olvidándose de una que, tomándolo como una ofensa y temerosa del qué dirán, insistió ante uno de sus amigos para que lo trajera a su casa. De muy mala gana, el duque accedió afirmando, sin embargo, que no abriría la boca ni para saludar a los allí presentes. Orgullosa la dama de acoger al distinguido personaje, mandó que vinieran todas sus amistades para que fuesen testigos de tal honor. Pese a todo, el Duque de Roquelaure siguió con cara larga, se limitó a dejarse caer en una silla y a observar el más riguroso silencio. La actitud del duque desconcertó a todos los allí presentes y la dama creyó reventar de despecho ante tamaño desaire, hasta que la hija de aquella, que era muy hermosa, tomó asiento al lado del linajudo visitante y la vengó. Aburrida de tanto silencio, la joven se levantó bruscamente y, tras aproximarse al duque para examinarlo, se puso a gritar histérica:

-"¡Ah!¡Dios mío, mamá!¡Monsieur de Roquelaure está muerto!"

Su madre y los demás invitados se extrañaron, preguntándole qué quería decir con eso.

-"¡Que si, os digo!¡Está muerto!¿Acaso no véis que apesta y que no habla?¿No es así como dicen que seremos después de morir?"

Ofendido, el Duque de Roquelaure se levantó y abandonó aquella casa sin mediar palabra, dejando que toda aquella gente estallase en carcajadas.

Anécdota de: Antoine Gaston, IIº Duque de Roquelaure, Mariscal & Par de Francia, Marqués de Lavardens y de Biran, Conde d'Astarac (1656-1738).

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