lunes, 16 de marzo de 2015

FELIPE V, REY DE LAS ESPAÑAS

FELIPE V EL ANIMOSO
1683 - 1746
 


Adicto al sexo y maníacodepresivo, vestido con una camisa de su mujer que no se cambiaba, y famoso por sus paseos desnudo por palacio, el primer Borbón que reinó en España, Felipe V, acabó loco pero siendo uno de los pocos monarcas que han reinado dos veces.
El fundador de la dinastía borbónica en España nació en Versalles el 19 de diciembre de 1683. Era el segundo hijo del Delfín, Luis de Francia, y nieto de Luis XIV, el más poderoso de los monarcas de la época y rey de Francia.

 
Retrato del Príncipe Felipe de Francia, Duque d'Anjou (1683-1746); obra de Joseph Vivien.


Felipe, duque de Anjou, llegó a España con 17 años, desconocía el país y el idioma, era inexperto y sin una preparación adecuada, se había criado en una Corte en la que el Rey Sol impuso el culto al lujo, la belleza y la ostentación. Su padre era un anodino personaje que se desentendía de todo y de la madre de Felipe, María Ana Cristina de Baviera, se dice que era fea, retraída e insignificante.

Con estos antecedentes no es extraño que Felipe resultara un hombre retraído, melancólico y triste. Huérfano de madre a los siete años, sus mentores fueron la duquesa de Orleans, el médico Helvetius y Fénelon, su confesor, que acuñó en la mente del niño la frase: "Antes muerto que caer en pecado mortal", algo que le marcaría toda la vida.

 
Retrato de Don Felipe V, Rey de las Españas y de las Indias en 1701; obra de H. Rigaud.


Felipe tenía el pelo rubio y rizado, la frente ancha, los ojos grandes y el labio inferior levantado, como los Habsburgo. Por cuestiones de estrategia su abuelo consideraba que había que casarlo. Eligieron a María Luisa de Saboya, una adolescente de trece años, porte airoso y rostro agradable. La princesa lloró, pataleó y se negó a contraer matrimonio. La boda por poderes se celebró el 11 de septiembre de 1701 en Turín y después en Figueras, hasta donde Felipe había viajado para recibir a su mujer.

 
Retrato de la Princesa Maria-Luisa Gabriela de Saboya, Reina consorte de las Españas y de las Indias (1688-1714).


Felipe, se enamoró de ella en cuanto vio su retrato. Mujer inteligente, María Luisa demostró tener grandes dotes para la política y para adaptarse a las costumbres de su nuevo país. Mujer de enormes cualidades, acostumbraba a salir de incógnito por Madrid para cenar al son de coplas y guitarras en las ventas situadas a las afueras de la capital

La pareja tardó tres días en consumar el matrimonio porque la reina temía el encuentro íntimo. Pero, una vez que los jóvenes saborearon las delicias del amor, no se encontraba fórmula para sacarlos de la cama.

Felipe se convirtió en un obseso sexual, condición que mantendría a lo largo de su vida. Sin embargo, sus convicciones religiosas eran tan fuertes que fue incapaz de cometer una infidelidad. Durante el tiempo que pasó desde la muerte de María Luisa a su boda con su segunda mujer, Isabel de Farnesio se negó a tomar una amante. Eso sí, en ese interregno su carácter se agrió y se convirtió en un ser insoportable. Su única razón de vivir era el sexo.

Felipe y María Luisa se querían. Ella escribía a sus antiguas damas diciéndoles que su esposo la divertía y la fascinaba. "Jugamos al cucú y al escondite para hacer más apetecible después nuestro encuentro".

Con estos juegos amorosos, a Felipe no parecía preocuparle el asalto que sufrían sus territorios y, ante su inercia, la reina, bastante más consecuente que él, lo echó de su cama. Sólo así el monarca se puso al frente de sus tropas. El fuego que llevaba dentro encontró una salida en el campo de batalla. Desde entonces se le conocería por "El Animoso". Cuando regresó se encerró con su mujer en el dormitorio y no salieron en una semana.

El 25 de agosto de 1707 nació el primogénito, a quien llamaron Luis, en homenaje al Rey Sol. En 1709, Felipe, que vivió una semana; y en 1713, el futuro Fernando VI.

Cinco meses después moría la reina, el médico confirmó que estaba tuberculosa, además de tener el hígado y los riñones muy dañados. Un diagnóstico que realizó a simple vista porque el rey no permitió que otras manos tocaran a su mujer y que otros ojos la vieran desnuda. La reina falleció con 26 años y Felipe cayó en una depresión profunda.

 
Retrato de la Princesa Isabel de Parma, Reina consorte de las Españas y de las Indias (1692-1766).


El rey precisaba con urgencia una mujer a su lado y eligió a Isabel de Farnesio, de 22 años, hija de Eduardo III, duque de Parma. Físicamente era de estatura media, rechoncha y con la cara picada de viruelas. Altiva, atrevida y ambiciosa, no era la persona que el rey necesitaba para mitigar su desequilibrio mental.

"La Parmesana" hablaba varios idiomas, tenía algún conocimiento de historia y gustaba de la pintura y la música casi tanto como de la pasta y el queso, que se hacía traer de su país. Educada como una cortesana, enseguida cogió el tranquillo a su marido. Mujer de armas tomar, rivalizaba con su esposo en las cacerías y en la cama, y si para tener contento al rey había que darle sexo, caza y comida, nunca habrían de faltarle las tres cosas. De esta manera, ella podía dedicarse a sus intrigas políticas.

 
Retrato de la Familia de Felipe V en 1743, obra de L.M. Van Loo.


El pueblo nunca la quiso y ella lo sabía. "Los españoles no me aman, pero yo también los odio", solía repetir. Provocó serios conflictos de Estado y promovió desastrosas guerras para situar a los siete hijos que tuvo con Felipe V. No le fue mal. Casó bien a las niñas, y Carlos fue rey de Nápoles, Sicilia y España, y Felipe, su amado "Pippo", duque de Parma, Piacenza y Guastalla.

Desgastado físicamente por el abuso del sexo y desequilibrado mentalmente, un buen día se puso a gritar como un poseso en el palacio del Buen Retiro porque creía que su ropa interior y las sábanas estaban embrujadas. Y empezó a coger la costumbre de no mudarse, de no lavarse, de no cortarse el pelo, ni las uñas. Envuelto en mugre, permanecía semanas enteras en la cama.

 
Retrato de Don Felipe V (1683-1746) en 1739, según L.M. Van Loo.


Cada crisis traía consigo una nueva manía. Vestía, como única prenda, una camisa de la reina porque decía que sus ropas estaban envenenadas. Otras veces se creía rana o difunto. A largos períodos de silencio le seguían otros agresivos. Paseaba desnudo por el palacio de El Pardo. Cantaba a viva voz y pegaba a su esposa, con quien discutía a grito pelado.

Despachaba con sus ministros a las dos de la madrugada, cenaba a las cinco y se acostaba a las siete. Como había perdido la potencia sexual, de la que Isabel se valía para dominarlo, empezó a ser tratado por curanderos sin ningún resultado.

El monarca había abdicado en 1724 en favor de su primogénito Luis, que tan solo reinó 7 meses porque murió de viruela. El rey, a instancias de su dominante mujer, volvió a retomar el poder y lo conservó hasta su muerte, el 6 de julio de 1746. Aparte de su locura, padecía gota y murió fulminado por una apoplejía. Su cadáver fue expuesto tres días en el salón de la primera planta del inacabado Palacio Real.

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