domingo, 13 de julio de 2014

LA CORONA DE ENRIQUE VIII


LA CORONA DEL REY ENRIQUE VIII DE INGLATERRA

 


 
 
UNA RÉPLICA EXACTA

En octubre 2012 y 400 años después, se presentó en el Palacio Real de Hampton Court, la réplica de la desaparecida corona real que perteneció al rey Enrique VIII de Inglaterra, el segundo monarca de la Casa Tudor, el mismo lugar en el que, durante su reinado, la llevó en sus sienes para las grandes ocasiones.

Se cree que la corona fue creada para la coronación del rey Enrique VII, que sufrió varias modificaciones para el uso de Enrique VIII, y que sirvió para las coronaciones de sus tres hijos y sucesores en el trono: Eduardo VI, María I y Elizabeth I. Después de 1603, la corona real de los Tudor sirvió para las solemnes consagraciones de los dos primeros reyes Estuardos: Jacobo I y Carlos I. En 1649, después de que el rey Carlos I fuera decapitado en Whitehall, la corona real, junto con todos los otros símbolos de la realeza, fue despojada de sus gemas, para ser vendidas éstas en pequeños lotes, y su carcasa fundida para convertirla en monedas de oro, por orden del gobierno de Oliver Cromwell. Lo único que se salvó de la destrucción revolucionaria, fue la "cuchara" ceremonial en oro del siglo XII, que servía para ungir al monarca durante la ceremonia de coronación.


Retrato del Rey Carlos I de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1600-1649), realizado por Daniel Mytens y fechado en 1631.



La corona de Enrique VIII fue mencionada por vez primera en un inventario de sus joyas, realizado en el año de 1521. Kent Rawlison y Aileen Peirce, historiadores del equipo de los Palacios Reales (HRP), la rastrearon a través de todos los inventarios que se realizaron, incluído el que se hizo a la muerte de Enrique VIII en 1547, en el que se detallaban los contenidos de la real guardarropía: desde las sábanas rotas hasta la corona con sus 344 gemas incrustadas, incluídas las "9 perlas de distintos tamaños y 3 zafiros".

 
Retrato del Rey Enrique VIII de Inglaterra e Irlanda (1491-1547), realizado por Hans Eworth.



Los inventarios reales muestran cómo Enrique VIII mandó remodelar su corona durante su reinado, para reforzar su nuevo papel como cabeza de la Iglesia de Inglaterra, sustituyendo las figuras de 3 reyes en miniatura esmaltada que decoraban las puntas de las flores de lis por 3 pequeñas figuras de Cristo. Por otro lado, los historiadores encontraron una preciosa ayuda en los retratos reales del pintor Daniel Mytens, para recrear fielmente la corona tal y como fue en la 1ª mitad del siglo XVII.

Los materiales necesarios para recrear la corona real, que se cifran en miles de libras Esterlinas (un número de cinco cifras para ser más exactos), fueron enteramente costeados por HRP. A eso se añade las cientos de horas invertidas por maestros joyeros que siguieron al pie de la letra los métodos característicos que se observaban en la época de los Tudor. Muchos de sus elementos fueron donados por Harry Collins, ex Joyero de la Corona que se retiró tras emprender una restauración de todas las Joyas de la Corona, depositadas en la Torre de Londres, pero que sigue siendo el joyero personal de la Reina Elizabeth II.

Las gemas y perlas de la recreada corona son auténticas. Tan solo los grandes diamantes cuadrados, al ser costosos, fueron sustituídos por imitaciones de cristal de roca tallada. En cuanto a los 3 kilos de oro cincelado que constituían la corona original, fueron reemplazados por 3 kilos de plata sobredorada.
 
 



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