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domingo, 1 de febrero de 2015

CURIOSIDADES -174-

"El Rey-Tritón"



El rey Jacobo I de Inglaterra e Irlanda y VI de Escocia (1566-1625), fue el primer monarca británico en viajar a bordo de un submarino en 1624. Fue en el curso de una demostración llevada a cabo por el físico e inventor holandés Cornelis Jacobszoon Drebbel (1572-1633) ante la familia real, la corte y miles de londinenses reunidos delante del palacio de Westminster. Era el tercer modelo de submarino presentado por Drebbel y basado en los viejos diseños de William Bourne, fabricado en madera, revestido de cuero, propulsado por seis remeros, que podía llevar a bordo dieciséis personas. La exhibición fue por lo menos exitosa: consiguió sumergirse durante tres horas a unos 4 y 5 metros de profundidad en las aguas del río Támesis y hacer la ida y vuelta de Westminster a Greenwich, con el rey a bordo.



Lamentablemente, el Almirantazgo no consideró el submarino de Drebbel suficientemente práctico como para incluirlo como arma clave de la Armada Británica.

martes, 1 de enero de 2013

EL GRAN DUQUE DE OSUNA



Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar, IIIer Duque de Osuna, G.E., IIIº Marqués de Peñafiel, VIIº Conde de Ureña, Caballero de la Orden del Toisón de Oro, etc. (Osuna, 17-12-1574 / Barajas, 24-09-1624).

Noble, político, militar y cortesano español más conocido bajo el apelativo de El Gran Duque de Osuna, que fue virrey y capitán-general de Sicilia y de Nápoles sucesivamente bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV de España.

Hijo de Juan Téllez-Girón de Guzmán, IIº Duque de Osuna, y de Ana María de Velasco y Tovar, hija del IVº Duque de Frías, Condestable de Castilla.

De niño, se trasladó junto con sus padres y abuelo, el Ier Duque de Osuna (Pedro Téllez-Girón y de La Cueva), a Nápoles cuando éste fue nombrado virrey de aquel reino italiano en 1582. Huérfano de madre, estuvo al cuidado de su abuelastra Isabel de La Cueva y Castilla (hermana del VIº Duque de Alburquerque), y su formación académica le fue proporcionada por Andrea Savone, literato y humanista que le enseñó el latín, historia, geografía, compaginando sus estudios con la formación de caballero: esgrima, equitación,...

De vuelta a España, su abuelo lo envió a la Universidad de Salamanca para completar su educación y estudiar retórica, filosofía y derecho.

El 7 de febrero de 1594, casaba en Sevilla con Catalina Enríquez de Ribera, hija del opulento IIº Duque de Alcalá de los Gazules y nieta, por su madre, de Hernán Cortés.

Convertido ya en Marqués de Peñafiel tras la muerte de su abuelo en 1590 -título de los herederos de la Casa de Osuna-, hizo un viaje instructivo por Portugal antes de verse nombrado para formar parte de la embajada española a París, concluyéndose allí la Paz de Vervins.

El 13 de septiembre de 1590, fallecía en la Villa y Corte de Madrid su abuelo. Una década después, en 1600, fallecía a su vez su padre, convirtiéndole en el IIIer Duque de Osuna y Grande de España, y en la segunda fortuna española después de los Duques de Medina Sidonia.

 
Retrato de Don Felipe III de Austria (1578-1621), Rey de las Españas y de las Indias desde 1598 hasta 1621; según Bartolomé González.


Sus inicios en la corte se distinguieron por su pronunciado libertinaje sexual, sus escándalos, riñas y encontronazos con la Justicia, por lo que el rey Felipe III lo desterró a Sevilla. Dada la persistencia de su actitud inmoral en la capital andaluza, sería nuevamente obligado a retirarse en su villa de Osuna y, finalmente, apresado en Arévalo. Gracias a la ayuda de su tío el Duque de Frías, escapó de su prisión y marchó a combatir en los Países-Bajos como simple soldado. Agasajado en París y luego en Bruselas por el Archiduque Alberto y la Infanta Isabel-Clara-Eugenia, encontró su hueco en la compañía del capitán Diego Rodríguez, con una paga de 4 escudos mensuales. Tiempo después, le dieron el mando de dos compañías de caballería.

Su estancia en los Países-Bajos españoles duró 6 años, en los que demostró sobrada valía y arrojo en las batallas.

En 1604, se encontraba en Londres, junto con su tío el Duque de Frías, en las celebraciones del tratado de paz entre Jacobo I de Inglaterra y Felipe III de España.

En 1606, pierde el dedo pulgar de la mano derecha durante el asalto a la Plaza de Grol, que le es arrancado de un balazo de mosquete. Aunque prontamente recuperado, tuvo que hacer un aprendizaje intenso para adquirir soltura como zurdo: escribir, sostener y manejar la espada, la pistola y el tenedor con tanta soltura como cuando lo hacía siendo diestro.

 
Retrato del Archiduque Alberto de Austria (1559-1621) Soberano de los Países-Bajos Españoles de 1599 a 1621; obra de P. P. Rubens.


Pese a sus eminentes y loables servicios, Osuna chocó frontalmente con el Archiduque Alberto de Austria cuando éste inició las conversaciones de paz con el Príncipe Mauricio de Orange, estatúder de Holanda. Radicalmente contrario a las negociaciones con los holandeses, Osuna fue conminado a dejar Bruselas y regresar a Madrid. Fue, sin embargo, recompensado con el collar de la Orden del Toisón de Oro.

De vuelta a Madrid, el Duque de Osuna fue recibido en audiencia privada por el rey Felipe III para, luego, dar cuenta de sus hechos en Flandes ante el Consejo en pleno, a lo largo de 2 horas. De allí salió nombrado gentilhombre de cámara, miembro del Consejo de Portugal y consejero privado de Su Majestad en los asuntos de Flandes y negociaciones con las Provincias Unidas.

Por otro lado, consiguió para su hijo y presunto heredero, Juan Téllez-Girón, Marqués de Peñafiel, la mano de Isabel de Sandoval, hija del Duque de Uceda y nieta del Duque de Lerma, validos del rey, lo que supuso la apertura, para él, de todas las puertas a los puestos más altos del Estado.

En febrero de 1610, Osuna era nombrado por el Consejo y por el rey, nuevo virrey del reino insular de Sicilia (confirmación del 18-09-1610). Llegado a la isla el 9 de marzo de 1611, se encontró con una situación desastrosa: el erario público se había declarado en bancarrota; se falsificaba y adulteraba la moneda; la inflación era galopante; los ladrones asaltaban comercios en pleno día, era imposible viajar sin una fuerte escolta armada hasta los dientes; el sistema judicial arbitrario, completamente corrompido y en manos de los nobles locales, y las cárceles sobrepobladas... Y, para colmo, la escuadra siciliana estaba desarmada, desorganizada y conformada por hombres de la peor calaña.

Como nuevo virrey, Osuna obró milagros para reconducir la paupérrima situación siciliana: restituyó el crédito de la hacienda, restableció la moneda, ajustó los impuestos, equilibró los presupuestos y consiguió aumentar la recaudación. Los caminos y las calles fueron limpiadas de salteadores y ladrones. Restauró la autoridad y libertad de los jueces y magistrados, se abrieron las cárceles y cesaron los arrestos arbitrarios.

Con mucha astucia, tesón y disciplina, consiguió reformar y consolidar la armada siciliana hasta llevarla al primer rango en eficacia y poder disuasorio ante la amenaza naval de turcos y berberiscos. Por otro lado, logró autorización real para conceder patentes de corso a capitanes de buques de su propiedad, dando una quinta parte de los botines obtenidos al rey Felipe III, otra quinta a la Real Hacienda y otro tanto a sus hombres convertidos en corsarios. El grueso de la rapiña llenaba sus arcas, facilitándole los medios para construir más buques y financiar los de la Corona Española.

Impresionado por la gran labor del duque-virrey, Felipe III le concedió el virreinato de Nápoles en junio de 1616, para que obrara los mismos milagros en un reino también afectado por muchos desórdenes. Renovó el éxito por segunda vez y, encima, se hizo con el dominio del Mar Adriático.

Sin embargo, sus contínuas acciones corsarias, sus choques con la Serenísima República Veneciana, celosa del poderío naval recién adquirido por el virrey, y su actitud desafiante ante las órdenes del Consejo Real (que consideraba perjudiciales para la Monarquía Hispánica) empezaron a malmeter sus excelentes relaciones con la corte de Madrid.

La famosa "Conjura de Venecia", urdida por la Serenísima, arruinó la reputación del Duque de Osuna, y puso al descubierto todo un entramado de sobornos en la corte española: desde el Duque de Uceda hasta el confesor del Rey Felipe III, eran untados con dinero contante y sonante, y regalos carísimos que venían directamente de Nápoles. A los sobornos, se unieron las maledicencias de parte de la aristocracia napolitana, enemistada con el virrey, acusándole de planear independizarse de España y soñar con coronarse rey de Nápoles aprovechando su poderío naval y su gran popularidad entre el pueblo.

 
Retrato de Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja, 1er Duque de Lerma, G.E. (1553-1625), valido del rey Felipe III entre 1599 y 1618; obra según Juan Pantoja de La Cruz.


Tras la caída en desgracia del Cardenal-Duque de Lerma en 1618 y su reemplazo por su propio hijo, el Duque de Uceda, se inició en la corte española una purga contra destacados miembros de la administración anterior. A esto se sumó la influyente intervención del fraile Lorenzo de Brindisi (agente de esa nobleza napolitana enemistada con el virrey) ante el rey Felipe III, que tuvo lugar en Lisboa en mayo de 1619, y en la que se atacó al Duque de Osuna denunciando sus abusos de poder y sus supuestos planes de independización.

Olvidando los grandes servicios brindados a la Corona, Felipe III ordenó que Osuna regresara a Madrid para que respondiera de todos los cargos presentados contra él (1620). El 28 de mayo de 1620, el duque abandonaba su cargo y se presentaba ante el Consejo Real.

Mientras Osuna pacientaba para obtener audiencia con el Rey, éste falleció el 31 de marzo de 1621. Considerado un "obstáculo" que había que silenciar y abatir por la camarilla de Baltasar de Zúñiga y el Conde de Olivares, el duque fue detenido y encarcelado sin brindarle jamás la oportunidad de tener un juicio justo.

De prisión en prisión, el Duque de Osuna nunca volvería a recobrar la libertad ni ser rehabilitado. El 24 de septiembre de 1625, fallecía enfermo y abatido por su suerte.

De su matrimonio con Catalina Enríquez de Ribera y Cortés de Zúñiga, hija de los Duques de Alcalá de los Gazules, tuvo dos hijos:

-Juan Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1598-1656), IVº Duque de Osuna, G.E.

-Antonia Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1610-1648), c.c. Francisco Fernández de Castro, IXº Conde de Lemos, G.E.

De sus deslices extramatrimoniales, tuvo 4 hijos ilegítimos: dos hijas y dos varones.

miércoles, 11 de enero de 2012

EL HECHIZAMIENTO DE BLAISE PASCAL



Clermont, Francia, año 1624. En la mansión digna de un gran notable de provincias, viven los Pascal y acaban de tener un hijo varón, Blas, que ya ha cumplido su 1er año.

La Señora Pascal es una mujer joven, dotada de mucho ingenio, piadosa y muy caritativa. Con regularidad distribuye limosnas a mujeres pobres de la ciudad de Clermont, que recibe semanalmente en su domicilio para proporcionarles comida, ropa y un poco de dinero. Entre esas mujeres, hay una reputada ser bruja y, a pesar de los persistentes rumores, la Señora Pascal hace oídos sordos puesto que no cree en esas maledicencias. No es crédula y continúa acogiendo en su casa a la supuesta diabólica.

Sin embargo, el pequeño Blas Pascal no tiene una buena salud y va empeorando a medida que pasa el tiempo. Por lo visto ha caido en una especie de languidez que lo va consumiendo lentamente y amenaza seriamente su vida. Su decaimiento va acompañado de dos reacciones por lo menos extraordinarias: no soporta la visión del agua... Sea en un vaso o ver como se sirve, le provoca automáticamente terribles convulsiones. La 2ª peculiaridad: no tolera ver a sus padres juntos. Puede abrazar a su padre, recibir caricias de su madre pero, desde el momento en que ve a sus progenitores juntos cerca de él, empieza a sufrir violentos ataques de cólera, grita, se agita con una sorprendente violencia, se sofoca y se ahoga.

De camino a su 2º cumpleaños, su estado ha ido empeorando paulatinamente y los ataques se hacen cada vez más peligrosos para su salud, ya muy decaída, y amenazan con provocarle la muerte! Los médicos no encuentran explicaciones a sus males y han desistido en sus vanos intentos de curarle con fármacos, sangrías y purgas (lo cual, sea dicho de paso, empeora sensiblemente su ya fenecida salud física).

Redoblan entonces los persistentes rumores entre las gentes y los pobres de la ciudad que la "bruja" es la culpable de los males del pequeño hijo de los Pascal. Pronto se le acusa abiertamente de haber hechizado al niño... Para cortar por lo sano, el Señor Esteban Pascal convoca en su gabinete de trabajo a la supuesta "bruja" con el fin de esclarecer el asunto que va tomando proporciones bastante peligrosas. La mujer protesta con vehemencia ante el padre al comunicársele de lo que se le acusa, achacando a "mentiras" y "envidias" de las demás gentes todo lo que se viene rumoreando sobre ella. Asaltado por la duda, el Señor Pascal le previene que si esos rumores llegaran a comprobarse, él mismo se encargaría de hacerla colgar! Ante su sorpresa, la mujer se lanza a sus pies, abraza sus rodillas:

-Pues si, es cierto! He hechizado a su hijo. Pero la culpa es vuestra! No quisisteis ocuparos de mi juicio cuando os lo pedí! Pues me he vengado!... Ahora bien veo que amáis tiernamente a vuestro hijo. Y apenada me veis tener que deciroslo... Pero el mal que he echado, es el de la muerte!

-¿Como? ¿Hace falta pues que muera mi hijo?

- Si no me denunciáis, no morirá. Puedo salvarle. Puedo desviar el maleficio sobre otro.

Entonces, el honesto Esteban Pascal respondió:

-Mejor quisiera que muriera mi hijo, antes que hacer morir a otra persona.

-Escuchad, puedo echar el mal sobre una bestia.

Y ante la propuesta, el magistrado propuso entonces a la bruja uno de sus caballos.

-¡No hace falta hacer tanto gasto! Un gato bastará.

Y le hizo dar un gato. Al salir, la bruja se cruza con dos monjes capuchinos que van a visitar a la señora Pascal para consolarla, y de sobras conocen la reputación de la mujer. Uno de ellos acaricia al gato diciendo:

-Buena mujer, ¿vais ha hacer otro de vuestros maleficios?

Acto seguido la bruja tira al gato por la ventana con tanta violencia que la pobre bestia revienta sobre el pavimento del patio de la casa, y vuelve a pedir otro gato al señor Pascal, quien le hace dar otro. Sin duda porque un animal tocado por un monje ya no es adecuado para una operación mágica...

Tengamos en cuenta que esta conversación, por lo menos sorprendente, fue mantenida por un eminente y cultivado hombre. Esteban Pascal era un notable magistrado, presidente de la Corte de Ayudas (Cour des Aides) en Clermont. Gozaba de la simpatía del Cardenal de Richelieu, primer ministro del rey Luis XIII. Era además un físico y un matemático de cierto prestigio, que se carteaba con toda la sociedad científica de su siglo.

Al caer la noche, la bruja vuelve al domicilio de los Pascal. Explica al magistrado que le es menester un niño de menos de 7 años de edad para ir a coger, antes del alba, nueve hojas de tres distintas clases de hierbas. El señor Pascal propone entonces la hija pequeña de su boticario, que será encargada de recoger las hierbas.

A las 7 de la mañana, la bruja vuelve a casa de los Pascal con un cataplasma elaborado con las hierbas recogidas, indicando que hay que aplicarlo sobre el vientre del pequeño Blas. Se procede pues a la aplicación del cataplasma y el padre marcha, confiado, al palacio de Justicia.

Cuando vuelve a su casa, a eso del mediodía, encuentra a su mujer y criados llorando desconsolados. Blas Pascal ha muerto en su cuna. Terriblemente entristecido y con lágrimas de rabia en sus ojos, sale de la habitación de su hijo fallecido y se topa con la bruja. Le propina tan violentamente la bofetada que la mujer cae al suelo, pero esta se levanta:

-No os enojéis. Olvidé deciroslo esta mañana. Vuestro hijo parecerá muerto hasta la medianoche. A las doce resucitará!

El niño no tenía aliento, su pulso era imperceptible, y se iba enfriando. Como la esperanza siempre es lo último que se pierde, el padre recomendó que no le amortajaran ni le pusieran en un ataúd... Había que esperar.

Todo el día y toda la noche, el matrimonio veló el cuerpo aparentemente sin vida de su pequeño Blas. Finalmente, entre las 12 y la 1 de la noche, se estremecieron al ver a su hijo bostezar. Inmediatamente le cogieron, le hicieron friegas y le calentaron para reanimarle, dándole vino azucarado. Sin embargo, el pequeño Blas no parece consciente y sigue sin abrir los ojos. Por fin, sobre las 6 de la mañana, abre los ojos y, al ver a sus padres juntos e inclinados sobre su cuna, vuelve inmediatamente a sufrir esas horrendas convulsiones. Constatan amargamente que no se ha curado.

A pesar del pesimismo, y tras varios días, observarán lentos progresos en la salud de su hijo. Acabará por jugar entre los brazos de su madre con un vaso de agua... Al cabo de 2 semanas, soporta muy bien y hasta con sonrisa incluída, la presencia de sus padres juntos delante de el. Al cabo de 3 semanas, su languidez remite y desaparece. Retoma paulatinamente fuerzas y su salud física evoluciona favorablemente. Blas Pascal vivirá.

¿Curado por completo? Hay dudas. Blas Pascal, el famoso matemático autor de "Pensamientos", fallecería a sus 39 años de una enfermedad inexplicable aún hoy día. A lo largo de su corta vida se quejó de constantes malestares extraños: sensación de vacío en el costado, alucinaciones y migrañas oftálmicas. En 1954, el Doctor Torlais, avanzó la hipótesis de que su muerte fue ocasionada por un cáncer gástrico con metastasis intestinales y de meninges.

Dicho relato, por lo menos increíble, fue escrito por una mujer de toda confianza, Margarita Périer, su sobrina, que profesó en el Convento de Las Solitarias de Port-Royal, siendo hija de Gilberte, hermana menor de nuestro protagonista. El relato lo tiene pues de 1ª mano y nunca fue rebatido.

A sus 11 años, Blas Pascal escribió un tratado sobre la vibración de los sonidos... A los 12, inventando sin duda la geometría, encuentra la 32ª propuesta de Euclides. A los 16, escribe su "Ensayo sobre los cónicos", que supuso una auténtica humillación para Descartes!


in "Historias Mágicas de la Historia" de Louis Pauwels y Guy Breton, 1977.