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jueves, 29 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -198-

"Falsa Firma en Falso Testamento"



Cuando Carlos II de Austria, Rey de las Españas y de las Indias (1661-1700), último monarca Habsburgo reinante en Madrid exhalaba su último suspiro en el Real Alcázar de Madrid, el 1 de noviembre de 1700, toda la corte y el cuerpo diplomático allí reunidos esperaban con impaciencia que se anunciara el nombre del sucesor. Todos esperaban a que se pronunciara el nombre del sobrino del difunto, el Archiduque Carlos de Austria, segundo retoño del Emperador Leopoldo I, pero no fue así. En vez del archiduque, un alto dignatario castellano dejó claramente entender al Conde von Harrach que, el elegido era el Príncipe Felipe de Francia, duque de Anjou, nieto de Luis XIV y sobrino-nieto de Carlos II, gran rival del pretendiente Habsburgo. Y todo eso en un sentido abrazo con el atónito representante de la Corte de Viena, añadiendo su alegría al despedirse para siempre de la Casa de Austria. Las consecuencias de esa supuesta "real designación" por parte del último Austria, son de sobras conocidas: la Guerra de Sucesión Española, en la que se enfrentaron las potencias europeas para defender a sus respectivos candidatos, a sangre y fuego.

La primera víctima cobrada por ese conflicto que venía cociéndose desde antes de la muerte del rey, entre las cortes de Madrid, Versailles, Viena y Roma, fue un inocente niño de 7 años de edad: el Príncipe heredero José Fernando Leopoldo de Baviera (1692-1699), hijo del primer matrimonio del Elector Maximiliano II Manuel de Baviera con la Archiduquesa María-Antonia de Austria, hija del Emperador Leopoldo I y de la Infanta de España Margarita Teresa de Austria. Esta última era la hermana mayor de Carlos II de las Españas y, como él, hija del segundo matrimonio del rey Felipe IV con Mariana de Austria. Puesto que era el sobrino carnal del rey de las Españas, José Fernando Leopoldo de Baviera estaba llamado a sucederle en Madrid, cosa que no arreglaba para nada a dos monarcas como Luis XIV y Leopoldo I, ansiosos por repartirse los golosos despojos de la monarquía hispánica. Como Viena y Versailles ya se habían ocupado en repartirse el imperio moribundo de Carlos II, el sobrino molestaba y amenazaba con echar al traste con sus planes secretos. Sin dudarlo un instante, una mano a sueldo de Leopoldo I o de Luis XIV, obró para despejar el camino a otros dos pretendientes y envenenó al pequeño príncipe. El Elector de Baviera no tuvo dudas al respecto: su hijo y sano heredero, repentinamente preso de ataques de epilepsia, vómitos y pérdidas de conocimiento, había sido asesinado para servir los intereses de sus dos vecinos. Se trataba a todas luces de un crimen de Estado. Aún está por descubrir quién se escondía tras ese infame asesinato político.

Mucho se habló de las cavilaciones de Carlos II a la hora de decidirse por uno u otro pariente que solventara su problema sucesorio al carecer de descendencia de sus dos sucesivas consortes, y de la intervención papal a favor del pretendiente francés. La corte misma se dividió entre partidarios del Borbón y del Austria. El testamento levantó sospechas, pero la guerra terminó cuando el Austria enterró a su padre y a su hermano y, él mismo último Habsburgo de Viena, se aupó hasta el trono imperial de sus antecesores. Felipe V pudo entonces reinar indiscutiblemente en Madrid y fundar su dinastía después de renunciar a sus derechos al trono galo.



Sin embargo, y a los albores del siglo XXI, el famoso testamento de Carlos II "El Hechizado" fue detenidamente examinado por expertos grafólogos e historiadores, y su veredicto ha puesto en entredicho la legitimidad del primer Borbón y de todos sus sucesores. Considerando el estado de salud en el que se encontraba el moribundo, encamado y delirante, los expertos ponen el acento sobre la firma del rey: tal y como aparece, y a decir de los grafólogos, fue el testamento rubricado por una persona incorporada que no tumbada. Dicho claramente, resulta imposible que Carlos II sea el autor de dicha firma. Por otro lado, y para colmo, parece ser que el testamento en si sea falso de cabo a rabo. Los investigadores italianos Monaldi y Sorti, que husmearon entre los viejos documentos del archivo del Quai d'Orsay de París (sede de la Cancillería) y de la Biblioteca Marucelliana de Florencia, descubrieron que había sido fabricado enteramente por cuenta del rey Luis XIV de Francia. Todo un secreto de Estado desempolvado que ha forzado a los autores de Secretum, donde Monaldi y Sorti desvelan el fraude, a exiliarse a Viena al verse perseguidos y saboteados por el mismísimo Vaticano y, obviamente, por Madrid.

jueves, 21 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -181-

"Madame Lucifer"



Francisca María de Borbón, más conocida como Mademoiselle de Blois (1677-1749), hija legitimada del rey Luis XIV y de la Marquesa de Montespan, era grande, majestuosa, pese a un pequeño defecto de caderas. Tenía el cutis fresco, un busto perfecto, cabellos castaños, escasas cejas, dientes largos y mejillas caídas que llevaron a decir a Madame la Princesa Palatina, su suegra, la siguiente observación en el curso de la boda: "El rostro de mi nuera se parece como dos gotas de agua a un culo."

Sus mejillas llegaron incluso a inspirar una cancioncilla burlona escrita por su propia hermana, la Duquesa de Borbón:

"¡Bella princesa!
Dónde las otras tienen narices
¿Por qué vos ponéis las nalgas?
¡Bella princesa!"

Ingeniosa y un tanto cínica, la entonces futura Duquesa de Chartres declaró poco antes de su boda con Felipe II de Orléans: "¡Poco me importa que él me quiera mientras se case conmigo!"

Sujeta a frecuentes ataques de cólera o de mal humor que acababan muy a menudo en migrañas (verdaderas o fingidas), dotada de un orgullo desmesurado, justamente apodada por su marido "Madame Lucifer", no toleraba que le recordasen que era la hija de la Marquesa de Montespan: "Era nacida de Luis XIV y eso era todo, como Minerva de Júpiter" recordaba el Duque de Saint-Simon en sus memorias y añadiendo que "...era Infanta de Francia hasta sentada en su silla oradada".
De hecho, detestaba a su madre porque ésta, tan hermosa en su juventud, nunca le perdonó que naciera tan fea, y se valía de su partida de nacimiento en la que tan solo figuraba como padre el rey para relegarla a las tinieblas del olvido*.

Su ociosa vida no era otra que la de una permanente perezosa, por lo que la princesa vivía habitualmente encerrada en su alcoba tumbada en un canapé y rodeada por sus damas de honor que, sea dicho de paso, eran auténticos cardos borriqueros. Su suegra lo atestigua en una de sus numerosas cartas: "Se ha hecho fabricar un canapé sobre el cual permanece tumbada cuando juega al lansquenet (...) juega tumbada, come tumbada, casi toda su vida la pasa tumbada."

Felipe II de Orléans, que siempre observó un exquisito comportamiento hacia ella, le rendía visita a diario. Si desde su canapé tapizado de blanco y oro fruncía el cejo (lo que solía pasar con frecuencia), él se inclinaba y abandonada sus aposentos. Cuando el humor de "Madame Lucifer" mejoraba, el duque se quedaba a su lado y se permitía bromear sobre sus defectos, bromas a las que ella respondía alegremente con otras sobre él. Nunca se atormentó ni sintió celos por las innumerables infidelidades del Duque de Orléans que, por otro lado, le hizo nada menos que ocho hijos para cumplir con su deber de esposo.

(*)_Teniendo en cuenta que la Marquesa de Montespan era una mujer casada y que había tenido hijos adulterinos con Luis XIV, no podía figurar en ningún caso como la madre en las partidas de nacimiento de sus bastardos.

martes, 5 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -179-



"Sentido de Familia"

El Príncipe Honorato III de Mónaco, también Duque de Valentinois con Paridad Francesa (1720-1795) fue considerado como un miembro más de la familia real francesa al ser el biznieto del rey Luis XIV, igual que su primo el rey Luis XV. En lugar de residir habitualmente en su principado, vivió la mayor parte de su vida en Versailles y en París, disfrutando de los honores debidos a un pariente del monarca. Tanto es así que, para recalcar su pertenencia a la 'gloriosa' dinastía Capetiana, promulgó una Ley Sucesoria en la que, si viniera a extinguirse el linaje de los Grimaldi, la corona monegasca sería naturalmente heredada por el rey de Francia, cosa que nunca llegó a suceder. En cualquier caso, su esposa Maria-Caterina de Brignole-Sale, le abandonó para vivir en concubinato con otro primo suyo, el Príncipe Luis V José de Condé, jefe de una rama secundaria de la Casa de Borbón. Una vez viuda en 1795, pudo contraer matrimonio con su amante.

jueves, 20 de noviembre de 2014

UN MONSTRUO LLAMADO BORBÓN

EL DUQUE DE BORBÓN
alias
EL SIMIO VERDE
 
 

La corte del rey Luis XIV de Francia estuvo poblada de personajes notables, cuyos nombres han sido rescatados del olvido gracias a los historiadores y memorialistas contemporáneos. Unos más sobresalientes que otros, unos más despreciables que respetables, como los hubo miserables y magníficos en muchos aspectos. En este caso concreto, y si nos referimos a los miembros de la Casa Real, hubo uno que sobresalió no solamente por sus vicios y sus malas maneras, sino por su crueldad mental y su pronunciada sociopatía. Fue el terror de la corte, de los burdeles y el martirio de su familia. Era tan feo, detestado y temido, que los cortesanos le apodaron "el simio verde" y le rehuían espantados con solo verle a lo lejos.

Louis III de Bourbon-Condé, VIº Príncipe de Condé y Príncipe de La Sangre, XIIIº Duque de Bourbon, VIIIº Duque de Montmorency, Xº Duque de Guisa, Vº Duque de Bellegarde, VIº Duque d'Enghien y d'Albret & Par de Francia, XXVº Conde de Sancerre y XXIIIº Conde de Charolais, Señor de Chantilly (Nacido en el Hôtel de Condé, París, 18-10-1668 / Fallecido en el Pont-Neuf, París, 12-03-1710 ?). Fue el yerno del Rey Luis XIV además de ser el nieto del "Gran Condé" y heredero de su casa entre 1686 y 1709 con el título de Duque d'Enghien, aunque en realidad se le conocía bajo el título de Duque de Borbón, ya que llevó éste casi toda su vida. Dedicado al oficio de las armas, fue agraciado con el rango de coronel del Regimiento Bourbon-Infantería (1686), ascendido a mariscal-de-campo (1690), luego a teniente-general (1692) y finalmente Gobernador de Borgoña y Gran Maestre de Francia a la muerte de su padre (1709). Luis XIV le concedió el honor de ingresar en la Orden del Espíritu Santo en 1686, sin embargo perdió el título familiar y cortesano de "Monsieur le Prince" a favor del Duque de Orléans convertido en Primer Príncipe de La Sangre y presunto heredero al trono como representante de la rama Borbón-Orléans, que ocupaba el 2º lugar en la sucesión a la Corona después de la rama primogénita reinante.



Se le conocía en la corte con el título de "Monsieur le Duc" (Señor Duque), por poseer el ducado de Borbón, siendo hijo del entonces Duque de Enghien y de Albret, Enrique III Julio de Borbón, futuro Vº Príncipe de Condé, y de la Princesa Palatina del Rhin Ana-Enriqueta de Baviera-Palatinado-Simmern.

En 1685, contrajo matrimonio con una de las hijas legitimadas del Rey Luis XIV y de la Marquesa de Montespan: Luisa-Francisca de Borbón, conocida con el nombre de "Mademoiselle de Nantes" (1673-1743), y de la cual tendría nada menos que 9 retoños; a destacar entre éstos: el futuro VIIº Príncipe de Condé Luis IV Enrique (también conocido como Luis-Enrique I de Condé), Carlos, conde de Charolais, Luis, conde de Clermont, y Luisa-Elisabeth.

Tiene por hermanos a Ana-Luisa, duquesa du Maine, a María-Ana, duquesa de Vendôme, y a Maria-Teresa, princesa de Conti.

Casado a sus 17 años, se convierte en 1686, a la muerte de su abuelo el "Gran Condé", en el presunto heredero de la Casa de Condé, con el título de duque de Enghien, teniendo 18 años. Participa en 1692 en la batalla de Steenkerque y, el mismo año, a la edad de 24 años, se convierte en padre.

UN MONSTRUO

 
Presunto retrato de Enrique III Julio de Borbón, 5º Príncipe de Condé (1643-1709), hijo del "Gran Condé" y padre del Duque de Borbón, nuestro infame protagonista.


Tan joven y con tan solo 17 años, se muestra increíblemente violento, colérico, brutal, morboso, con un mal disimulado apetito por el sufrimiento ajeno. Sin embargo, nada se dejó al azar para transformar en príncipe modelo al sombrío y secreto vástago de Enrique III Julio de Borbón-Condé, el demente, y de Ana-Enriqueta de Baviera-Palatinado-Simmern, la mártir. Sacado a los 7 de entre los faldones de las mujeres, siguió hasta los 15 las enseñanzas de los padres Jesuitas que, desde tres generaciones, forman a los herederos de la Casa de Condé. En su prestigioso Colegio de Clermont, poseía, como todos los internos, una habitación pero no residía en ella y se hacía llevar a clase dos veces al día. Le impartían lecciones de Historia Antigua y geografía, la grandeza de su país y su sitio en el Mundo, el latín, el griego, y algo de física. Nada de deporte, aún menos clases de música. Un secretario tomaba notas en su lugar, con tal de que los deberes no le cansasen ni le aburriesen. De vuelta al palacete del Petit-Luxembourg, donde residía su familia, encontraba prestos para secundarle en sus esfuerzos o para distraerle si así lo deseaba, a dos preceptores jesuitas, un profesor de caligrafía, un profesor de baile y cantidad de oficiales subalternos deseosos de prepararle sus deberes y cálculos. Tantas disposiciones aportaron, sin embargo, pocos frutos; el joven príncipe se encuentra a menudo aquejado de una salud delicada, siendo nervioso, irritable en exceso, y poco dispuesto a la concentración más allá de un momento sobre un mismo tema o materia.

 
Retrato de la Princesa Palatina Ana-Enriqueta de Baviera-Simmern, 5ª Princesa de Condé (1648-1723), la desafortunada consorte de un demente y martirizada madre de un psicópata; obra de Pierre Gobert.


Sus enfermedades y sus deformidades físicas le sirven de excusa para ser perezoso. Tiene los hombros desiguales, y le tuvieron que poner botines especiales ya que el peso de su propio cuerpo tendía a arquearle las piernas.

Se le perdonaban sus exigencias y su malignidad. Sus hermanas y sus criados se dejaban torturar por él sin atreverse a corregirle, sufriendo que les pegase, les escupiera todo tipo de insultos a la cara y que los maltratase tanto física como mentalmente. Tan solo respetaba a su madre, piadosa y dulce, noble en su desgracia, y a Monseñor el príncipe Luis II de Condé, su abuelo.

 
Retrato de Luis II "el Grande" de Borbón, 4º Príncipe de Condé (1621-1686), más conocido como "el Gran Condé" por sus gestas militares, fue el abuelo del Duque de Borbón; obra de Justus Van Egmont.


Si todas aquellas lombrices, que reptan a los pies del Rey Luis XIV, creen que irá en contra de su naturaleza para complacer a los poderosos, se equivocan. Siempre aparece en la corte con una actitud ostensiblemente hostil: se precipita con violencia a través de los salones y cámaras, partiendo a los grupos y asambleas como una proa desgarrando las aguas, sea entrando como saliendo de ellas, con riesgo de darse porrazos contra los que se cruzan en su camino, imparable. El enano ni siquiera tiene figura para comprar el perdón ajeno por su comportamiento incivilizado y exento de cortesía. Considerablemente más pequeño que el más enano de los hombres, aparece gordo sin ser obeso, la cabeza enorme, la faz nada agraciada, afeada y de semblante terrorífico, con un cutis amarillento, de un amarillo lívido, con expresión furiosa e infernal. Con esto, tan contrahecho... que tiene joroba tanto por delante como por detrás. Tan feo es que los cortesanos de Versailles le apodan "el Simio Verde". Tiene una cara que delata sus vicios, y sus maneras son más propias de un convicto que las de un príncipe. Resulta su semblante tan repulsivo, y su carácter tan insufrible, que ninguna dama en su sano juicio, por mucha gloria que conllevase unirse a él, desearía vivir bajo su dependencia. Provocaba el temor y el asco, más que el respeto en sus interlocutores. Dicen que es ciertamente orgulloso, audaz, con ingenio, con lectura, algunos restos de una excelsa educación, de buenas maneras y alguna que otra gracia cuando quiere. Pero la maldad exhala por todos los poros de su cuerpo, como el sudor baña la frente del moribundo, y el mundo no se fía de él. En París, las prostitutas le temen más que la propia sífilis. Insultos y crueles comentarios salen a borbotones de su boca, para divertirse y para complacer su enorme orgullo que no parece tener cabida en su cuerpo. Azota, muerde, araña, gustando mezclar el olor de la sangre con la de sus eyaculaciones. Su ferocidad pasa por ser una virtud de su grandeza, y su cualidad de príncipe de la Sangre le protegen mejor que cualquier coraza. El Rey jamás dejará que arrastren a su yerno ante un tribunal. Que violase o asesinase en plena calle, se daría pronta orden para acallar el asunto y cerrar el caso. Tan solo se enfrentaría a una real reprimenda o a un breve exilio en sus tierras. Cuando el Rey no requiere de su presencia, reside en su castillo de Saint-Maur, donde se estableció a partir de 1694, para huír del agobiante mundillo de Chantilly. Allí reinan golpes, malos tratos, insultos, y hay que acostumbrarse o cambiar de protector...

EL ASESINO

 
Cuadro reproduciendo parcialmente el Hotel de Condé y sus jardines, residencia parisina de los Príncipes de Condé y hoy desaparecido.


De hecho, viola y asesina, no en plena calle, pero si a plena luz del día. Un día, en el burdel de La Chevalier, las complacencias de una putita no parecieron contentarle; sacudió a la chica, propinándole una paliza para reblandecerla y volvió a cabalgarla. Pero la cosa no pareció ir a su gusto; la prostituta tenía el temperamento tan generoso que, en ella, el duque no parecía sentir nada:


-"¡Ah! esto, descarada, de dónde sacas esta gruta en la cual uno se pierde? ¡Tu empleo consiste en calentar y alentar los ardores, y tú los ahogas en una marisma! ¿Sabes tu lo que cuesta el no satisfacerme?"


Y la chica palidece bajo el violento carmín que maquilla sus mejillas: "Mi Señor, por Dios..."

Y el enano, transfigurado en un demonio liliputiense con rictus sardónico, empezó a vomitar insultos mientras ella, que aún no tenía 15 años, le miraba totalmente petrificada. Blasfemando, babeando como un animal rabioso, desgarrando cojines y dispersando las plumas, parecía cual zorro destrozando un gallinero. Ese enano contrahecho, de color limón podrido, el culo al aire bajo su corta camisa, las piernas lívidas, pastosas, el vientre hinchado y los pies como garras, gritó:

-"¡Ningún perdón para las malas obreras! ¡Voy a educarte a mi modo!"

Al Duque de Borbón siempre le gustaba encanallarse en compañía, siempre temeroso de que le diera un patatús ya que solían darle a menudo, y por eso exigía que hubiese gente a su alrededor en sus momentos más íntimos. Así que sus dos comparsas, que andaban trajinando tranquilamente con sus respectivas putillas en los dos divanes dispuestos en los ángulos de la habitación, tuvieron que detenerse y atender a las órdenes del príncipe:

-"¡Agarrad fuertemente a esta señorita! ¡Lo que pienso meterle, al menos, ella lo notará!"

Y el duque metió en la vagina de la chica, prontamente atada de pies y manos a las columnas de la cama, un enorme petardo con la mecha encendida. La desgraciada lo notó tan bien que reventó, aunque le hicieron falta tres largas horas para rendir su último aliento, el vientre reventado y vaciándose de toda su sangre.

Sin inmutarse, el yerno del Rey, encantado de su fechoría sangrienta, regresó a Versailles para acostarse con su deliciosa esposa, festejando al día siguiente su 18º cumpleaños y su primer aniversario de boda. El asunto tuvo una escandalosa repercusión, hasta llegar a oídos del propio monarca...

LA BODA


 
Retrato de Luisa-Francisca de Borbón, Mademoiselle de Nantes, 13ª Duquesa de Borbón (1673-1743), futura 6ª Princesa de Condé, hija natural legitimada del rey Luis XIV y de la marquesa de Montespan.


Los Condé habían apostado y puesto sus esperanzas sobre Luisa-Francisca de Borbón, Mademoiselle de Nantes, hija legitimada del Rey, desde que el Príncipe de Conti se casara con su hermana, Mademoiselle de Blois. Luis III de Borbón tiene entonces 17 años cumplidos; su inclinación por la mala vida es tan notoria que, si se espera demasiado para casarle, acabará por perder toda reputación y el Rey desestimará su candidatura. De este modo, Luis II, Príncipe de Condé, asedia al monarca tan estrechamente como si la salvación del Reino dependiese de su aprobación. Su insistencia, sus buenas maneras, sus halagos, su servilismo dan mucho de que hablar en la corte. Parece que el tiempo en que los príncipes altaneros intentaban desbancar las prerrogativas del Rey, haya pasado a mejor vida... Obviamente, el "Gran Condé" esperaba borrar, mediante este matrimonio, la mala impresión que el recuerdo de la Fronda ha dejado un poso amargo en el ánimo del Rey.

La prometida mira asombrada al hombre con el cual le acaban de casar. El Duque Luis III de Borbón bizquea de un ojo y, bajo el otro, una enorme verruga peluda ha aparecido. De asco, la joven princesa se sobresalta, soltando la mano del marido. En el gesto, cae de su 4º dedo el anillo de oro cincelado, se desliza, cae en la alfombra y rueda sobre el pavimento de mármol de la capilla. Los murmullos estallan entre los presentes. Sacerdotes y servidores se precipitan sobre la alianza cual halcones sobre su presa. Luis III retoma la mano furtiva y, deslizando sus dedos hasta la muñeca, más arriba aún, bajo las mangas de encajes, pellizca el brazo de la novia hasta amoratarlo. Luisa-Francisca intenta apartarse sin llamar demasiado la atención de los demás; pero él la retiene con fuerza. Enormes lágrimas en sus ojos, la princesa se muerde los labios en un intento para no gritar de dolor. Luis III, con un rictus en los labios, de su mano derecha le pasa el anillo.

 
Retrato del Rey Luis XIV de Francia y de Navarra (1638-1715), en un grabado coloreado de finales del siglo XVII.


La noche de bodas no será más que una comedia. La flamante Duquesa de Borbón aún es una chiquilla, una niña. Tras la ceremonia religiosa, todo el mundo tiene que asistir a un concierto y, luego, asistir a la Cena del Rey. Se ha dado orden que no se consuma el matrimonio inmediatamente: habrá que esperar a que la hija del Rey cumpla sus 13 años, a menos que sus primeras menstruaciones aparezcan antes de lo esperado. Desflorar a una cría no es nada, pero someter su cuerpo a los rigores del sexo antes de que pueda procrear, la dejarían estéril. Se recomienda al novio la abstinencia. El duque se desnudará en el salón del Gran Apartamento, al final de la galería. Su Majestad le entrega la camisa de dormir y, de pasada, constata con estupor sus deformidades. De acuerdo con su nuera, la Delfina, el Rey y ella llevan a los novios hasta la cama nupcial. Se echan las cortinas, se cierran las puertas para, enseguida, reabrirlas, sacar a los recién casados del nido y llevarlos, cada uno por su lado, a sus respectivos aposentos.

La unión no se consumaría hasta 1686, pero una epidemia de viruelas hace estragos entre cortesanos y príncipes. No pudiendo llevarse a la Princesa de Conti, la Muerte se venga llevándose a Luis-Armando I de Borbón, Príncipe de Conti. A punto de fallecer estuvo también la Duquesa de Borbón, contagiada de viruelas. Para evitar cualquier contagio, su marido rehuye su habitación y no se quita jamás el pañuelo que aprieta bajo sus narices. Durante el día sale de cacería para combatir el contagio con el aire puro y el esfuerzo físico. Es su abuelo quien cuidará de ella, y quien caerá víctima de viruelas... La Duquesa de Borbón escapará de las garras de la Muerte.

MILITAR Y CORNUDO

 
Retrato de Luis III de Borbón-Condé, 13º Duque de Borbón (1668-1710); obra de H. Rigaud.


Luis III de Borbón se distinguirá durante las batallas de la Liga de Augsburgo, y en particular en Steenkerque y en Neerwinden.

 
Retrato de Francisco-Luis de Borbón, 4º Príncipe de Contí (1664-1709), primo del Duque de Borbón y amante de su esposa, según H. Rigaud.


En 1692, en la batalla de Steenkerque, da muestras de valía: es él quien dispondrá las tropas en orden de batalla, contribuyendo al éxito de las tropas del Mariscal-Duque de Luxemburgo. Pese a esa mención, y a su retorno a Versailles, los honores de la victoria honran a su primo, el Príncipe de Conti. Éste tiene a todas las damas a sus pies, incluída la esposa de Luis III de Borbón. Celoso, este último deja preñada, año tras año, a su esposa para disuadirla de tener amantes. Los rumores circulan... Francisco-Luis de Borbón-Conti parece haber obtenido algún que otro encuentro con la Duquesa de Borbón. Dado que no puede capturarle y someterle a tormento, ordena a sus numerosos espías que le sigan de cerca noche y día...

LA MUERTE

 
Retrato del Gran Delfín Luis de Francia (1661-1711); obra de H. Rigaud.


Luis III poseía todas las cualidades necesarias para dejarle entrever su porvenir y el de sus hijos, en la mayor de las esperanzas: el rango, el genio militar, el gusto por los asuntos públicos... Su esposa decidió entonces acercarle al Delfín. Poco a poco, parecía dibujarse la figura del próximo reinado, y sonreír a los Condé. Luisa-Francisca pensaba gobernar al Delfín y, gracias a esa influencia, su marido podría hacerse con el control de los ejércitos y del Estado. Era, desde luego, contar sin la Parca.

Desde hacía dos años, un tumor venía devorándole el cerebro, provocándole insufribles e indescriptibles migrañas oftálmicas hasta el punto de querer arrancarse los ojos. Perdió gusto por sus bacanales subidas de tono, y cada vez parecía menguar su razonamiento. Durante un tiempo, para contentar a sus médicos, se avino a tomar únicamente leche de vaca, cinco veces al día, y un día a la semana leche de burra. Pero se asqueó a fuerza de vómitos y volvió a sus comidas habituales.

 
Grabado del siglo XVIII reproduciendo el Pont-Neuf o Puente Nuevo de París, dominado por la estátua ecuestre del rey Enrique IV.


Fallecería en pleno carnaval, haciendo horribles muecas, mientras cruzaba el Pont-Neuf en su carroza, el 12 de marzo de 1710*. Un año atrás, su demente padre había pasado a mejor vida, convirtiéndole en el 6º príncipe de Condé. Viuda la Duquesa de Borbón, se encuentra finalmente libre y con ganas de llevar adelante sus intrigas para alcanzar el poder a través de su hijo y heredero.

(*)_Distintas fuentes dan distintas fechas de su fallecimiento. Unas lo sitúan el 12 de marzo, otras el 4 de mayo o el 11 de octubre.

domingo, 16 de noviembre de 2014

LULLY, un genio florentino en Versailles


JEAN-BAPTISTE LULLY

SUPERINTENDENTE DE LA MÚSICA DEL REY



Jean-Baptiste Lully, nacido Giovanni Battista Lulli en Florencia el 28 de noviembre de 1632 y fallecido en París el 22 de marzo de 1687, fue un compositor francés de origen florentino en el período barroco que desempeñó el cargo de superintendente de la Música Real durante el reinado de Luis XIV de Francia.

Por sus dones de músico y de organizador, asi como de cortesano e intrigante, Lully dominó el conjunto de la vida musical francesa siendo el orígen de varias formas que concibió y organizó: la tragedia lírica, el gran motet y la obertura a la francesa. Su influencia sobre toda la música europea de su época fue grande y numerosos son los que le deben algo, de un modo u otro... Henry Purcell, Georg Friedrich Haendel, Johann Sebastian Bach y Jean-Philippe Rameau se cuentan entre ellos.

Hijo de una pareja de molineros florentinos, Maldo Lulli y Caterina del' Sera, es descubierto en 1645 por el príncipe Roger de Lorena-Guisa, caballero de Malta (1624-1653). Se lo lleva consigo a Francia en 1646, consiguiendo empleo como "chico" de cámara al servicio de la Gran Mademoiselle, Duquesa de Montpensier, que deseaba perfeccionar sus conocimientos del idioma italiano.

 
Retrato de la Princesa Anne-Marie-Louise de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693).


A la edad de 13 años, manifestando serias disposiciones para la música, aprendió a tocar el violín, la guitarra y el clavicémbalo, demostrando ser un excelente bailarín, por lo que pronto se unió a la Gran Banda de los Violines del Rey, compuesta por 24 instrumentos. En 1653, Lully bailó con el rey Luis XIV en el Ballet de la Nuit. Poco después, obtuvo la dirección de la Banda de los Pequeños Violines.

Cortesano aplicado y hábil empresario, se convirtió en el primer compositor de la corte, y sus arias y ballets consagraron su reputación. Respaldado por Luis XIV, fue nombrado compositor de la Cámara y, finalmente, superintendente de la Música Real.

Naturalizado francés en 1661, casó meses más tarde con Madeleine Lambert, hija del director de la Música de la Duquesa de Montpensier. Tuvieron 6 hijos: 3 varones y 3 hijas. Una de ellas, Catherine-Madeleine Lully, casaría en 1684 con Jean-Nicolas Francine, sucesor de Lully al frente de la Real Academia de Música.

 
Retrato del dramaturgo y comediógrafo Jean-Baptiste Poquelin aka Molière (1622-1673).


A partir de 1664, Lully trabajó regularmente con Molière, creando el género de comedia-ballet sin por ello renunciar a los ballets de la corte. Después de una fructífera colaboración, Lully y Molière se enfadaron y se convirtieron en enemigos irreconciliables en 1671.

Desde 1672, Lully se hizo con el privilegio de la Real Academia de Música. Colmado de honores y riquezas, compuso una tragedia musical al año y eclipsó, gracias al favor real, a todos los demás compositores dramáticos de su época como Marc-Antoine Charpentier, André Campra y Louis-Nicolas Clérambault. En 1681, Lully llegaba al zénit de su carrera convirtiéndose en secretario del Rey.

 
Retrato del rey Luis XIV de Francia y de Navarra (1638-1715).


Pese a tener esposa y seis hijos, fue conocida y muy criticada su pronunciada inclinación por los de su sexo. Para colmo, Luis XIV tenía en horror lo que entonces se llamaba el "vicio italiano"; lo toleraba a duras penas ya que su propio hermano Felipe, duque de Orléans, era uno de los más notables homosexuales de la corte y el gran protector de los que eran perseguidos por sus aficiones sodomitas. Pero, cuando en 1685 las relaciones entre Lully y Brunet, joven y hermoso paje de la Capilla Real, fueron destapadas públicamente, el favor del Rey menguó hasta el punto de negarse a asistir al estreno de su última ópera Alcide, en 1686.

 
Retrato del Gran Delfín Luis de Francia (1661-1711).


No obstante, consiguió el favor del Gran Delfin, ante quien estrenó su última pastoral Acis y Galatea el mismo año.

La causa de la muerte de Jean-Baptiste Lully fue particularmente curiosa, ya que se originó en un accidente mientras dirigía el ensayo de un Te Deum que debía tocarse en la corte para celebrar la recuperación del Rey tras una enfermedad. No consiguiendo obtener lo que quería de los músicos, Lully, con su característico temperamento explosivo, se puso furioso y se golpeó violentamente un dedo gordo del pie con su "bastón de dirección" (larga y pesada vara engalanada con lazos anudados y un pomo de plata ricamente decorado, que servía para dar el compás o cadencia golpeando el suelo). La herida se infectó y, pese a una amputación, la gangrena se propagó al resto de su cuerpo hasta infectar gran parte de su cerebro.

Pese a su fallecimiento, Lully permaneció en la memoria como el verdadero creador de la ópera francesa. Había compuesto 14 tragedias líricas y más de 20 motetos entre los cuales destaca su famoso Te Deum de 1677, así como 11 motetos de un estilo más italiano.

Admirado por los músicos de su época, sus obras siguieron escuchándose en la corte sin discontinuidad hasta la Revolución de 1789. Su influencia fue inmensa en Francia, sobretodo sobre sus compatriotas como François Couperin, Marin Marais, Michel-Richard Delalande y Jean-Philippe Rameau. Muchos de sus alumnos contribuyeron a la difusión de su estilo en el extranjero, tanto en Inglaterra como en Alemania e Italia. Su orquesta se había convertido en un modelo de perfección por su disciplina y ritmo, por lo que su papel en la historia de la música instrumental del siglo XVII es considerable. De hecho, se le sigue admirando como el fundador de la orquesta moderna.

Fanfarria para el Carrusel Real (1662) / Primera pieza para trompetas, timbales y oboes:


lunes, 27 de octubre de 2014

FRANCIA 1648-1652: Las Dos Frondas


LAS DOS FRONDAS
 



A inicios del reinado de Luis XIV, siendo Ana de Austria regente de Francia y el Cardenal Jules de Mazarin (Giulio Mazarino) -discípulo y sucesor del Cardenal de Richelieu-, primer ministro, estalló la llamada "Fronda Parlamentaria". Los magistrados, aprovechando la minoría de edad del monarca, intentaron limitar el poder de la Corona Francesa. París se sublevó, llenando sus calles de barricadas. Los representantes de la capital retenían casi prisioneros a la regente y a sus dos hijos, el rey Luis XIV y el duque de Anjou, en el Palais-Royal. La tensión fue tan fuerte que, aprovechando un momentáneo despiste, la Familia Real huyó junto a la Corte a Saint-Germain-en-Laye, en plena noche y con lo puesto. Mazarin, por su lado, tuvo que abandonar Francia momentáneamente para refugiarse en lugar seguro y, desde su exilio, siguió dirigiendo las negociaciones con los rebeldes parisinos. Hábil y astuto, supo darle la vuelta al asunto y, con paciencia, esperó que los parisinos se cansasen del desorden y se percatasen de que solo eran el juguete y peón de las ambiciones de los magistrados. Desacreditados éstos, el 11 de marzo de 1649 se firmaba la paz en Rueil, entre Ana de Austria, Mazarin y el presidente del Parlamento, Mathieu Molé, significando así el fin de la "Fronda Parlamentaria". Los magistrados renunciaban a limitar el poder real y a inmiscuirse en los asuntos de Estado, recuperando sus prerrogativas de ejercer la Justicia y la misión de dar constancia y legalidad a los Edictos Reales.





La Fronda Parlamentaria




 
Procedentes de la burguesía, los magistrados, como hemos señalado, ejercen en nombre del Rey la Justicia y legalizan los Edictos Reales, que se encargan de aplicar jurídicamente. Estos magistrados, por norma, compran sus cargos, lo que les pone normalmente a salvo de las sanciones reales (el rey no puede desposeer a un magistrado de su cargo).



En 1648, Francia está gobernada por la regente Ana de Austria, madre del joven monarca Luis XIV (de 9 años), que se beneficia de los útiles a la par que hábiles consejos del Cardenal Jules de Mazarin.

El país se encuentra en guerra contra los Habsburgo de Madrid y de Viena, y ese esfuerzo bélico demanda aumentos de impuestos. Huelga decir que esa medida provoca el alzamiento de las clases privilegiadas.



El 13 de mayo de 1648, el Parlamento de París invita a sus colegas de provincias a reformar lo que ellos estiman como abusos del Estado. A iniciativa del consejero Pierre Broussel y de Paul de Gondi, cardenal de Retz y coadjutor del arzobispo de París, propone una unión con la Corte de Cuentas, el Gran Consejo y la Corte de Ayudas para ejercer un mejor control del poder de la Corona. La regente finge someterse a esa decisión parlamentaria antes de ordenar el arresto de Broussel, jefe de los rebeldes, y cuya integridad (un hecho rarísimo para la época) le vale una inmensa popularidad entre los parisinos.



Ante la noticia del arresto de Broussel, el 26 de agosto, París se subleva en el curso de la llamada "Jornada de las Barricadas". La regente debe entonces liberar a sus prisioneros, pero su humillante "derrota" es de corta duración.

En otoño, Francia gana la guerra en el extranjero y firma el Tratado de Westfalia. Mazarin y la regente tienen, desde entonces, las manos libres para acabar con la Fronda Parlamentaria.



El 5 de enero de 1649, con el joven rey Luis XIV y Felipe de Anjou, se instalan de improvisto en el Real Sitio de Saint-Germain-en-Laye mientras que el ejército real, mandado por Luis II de Borbón, Príncipe de Condé "el Gran Condé" (vencedor de la batalla de Rocroi en 1643), asedia la capital francesa.

Los parlamentarios, que tienen muchos privilegios gracias a la monarquía, no desean realmente que se produzca una revolución a gran escala. Temen perder sus privilegios y prebendas emanados de la Corona. El presidente del Parlamento, Mathieu Molé (Conde Molé por gracia del rey), lanza entonces a sus colegas:

"¡Hacéis el juego de los Príncipes, esta fronda no es la vuestra!"

Tras duras liberaciones, se rinden finalmente y deponen las armas a pesar del odio que sienten por el italiano Mazarin.

En virtud de la Paz de Rueil, los rebeldes parlamentarios son generosamente amnistiados, mientras que Paul de Gondi recibe el capelo cardenalicio.

La Fronda de los Príncipes



El cardenal de Mazarin y la regente deben entonces enfrentarse a la rebeldía de los príncipes (La Fronda de los Príncipes), mucho más violenta y que arrastra a casi toda la alta nobleza en el sendero de la revuelta.

Tras tomar partido por el rey contra los parlamentarios, el príncipe de Condé, manifiestamente descontento de que Mazarin se mantenga en el poder, reanuda las intrigas con otros grandes señores: su hermano el príncipe de Conti, el duque y la duquesa de Longueville, el cardenal de Retz,...

Arrestado, Condé es encerrado en el castillo de Vincennes a lo largo de 13 meses. Ante la anarquía galopante, Ana de Austria debe liberarle y fingir que se separa del cardenal de Mazarin.

Libre, Condé encabezará a los rebeldes y el ejército de éstos. El 2 de julio de 1652, se enfrenta al ejército real mandado por su gran rival el Vizconde de Turenne, bajo las murallas de París. Derrotado, debe su salvación a los disparos de los cañones de La Bastilla, ordenados por su prima la Duquesa de Montpensier, y gracias a la cual consigue refugiarse en la capital. Pero sus torpezas y su alianza con los españoles le traerán el abandono de sus partidarios y el regreso a Francia de Mazarin. Condé, únicamente acompañado por algunos fieles, se refugiará en los Países-Bajos Españoles ofreciendo su espada al rey Felipe IV de España. Luis XIV ordenará la confiscación de sus bienes y pondrá precio a su cabeza.



El rey vuelve entonces a la capital pero, en recuerdo de aquellos traumáticos años de inseguridad, Luis XIV conservará en su corazón y mente un tenaz resentimiento hacia los parisinos. Más tarde optará por abandonar el Palacio del Louvre, residencia oficial de la corte desde hace 4 siglos, para construir un nuevo palacio en Versailles, donde su padre y predecesor Luis XIII, tenía un pequeño castillo de caza.

La monarquía francesa saldrá, de esas desventuras, reforzada, mientras que en Inglaterra triunfará la revolución ejecutando a su rey Carlos I, instaurando una república dictatorial. Francia evolucionará hacia una monarquía absoluta e Inglaterra, paralelamente, hacia una monarquía constitucional.

miércoles, 13 de agosto de 2014

EL CONDE DE VERGENNES: o la rocambolesca historia de una familia

LOS CHEVIGNARD DE CHAVIGNY
o la historia de una suplantación de identidad
 
 

Charles Gravier, conde de Vergennes, nació en Dijon el 29 de diciembre de 1719, su familia habiéndose ilustrado tanto en Borgoña como en los grandes empleos parisinos. Había surgido de la oscuridad gracias a las intrigas exentas de delicadeza del vecino de un anciano embajador de alto linaje, primo de los Rohan, el conde de Chavigny. Este gentilhombre terminaba tristemente sus días tras enterrar a sus dos hijos y, con la cabeza un poco perdida, sucumbía bajo el peso de los años y las deudas. Entre los acreedores de ese señor, figuraba el vecino llamado Pinchon, procurador de la ciudad burgunda de Beaune muy versado en las escrituras. Este señor Pinchon tenía a cargo dos sobrinos que respondían al nombre de Philippe y Anne-Théodore Chevignard*. Por supuesto, amaba el dinero y buscaba los medios para asegurar el porvenir de sus pupilos y, como prestaba mucho al conde de Chavigny, consiguió hacerse reembolsar los préstamos mediante la cesión de la tierra y señorío de Besvres.

Aún fresca la tinta de las actas notariales, el conde de Chavigny exhaló su último suspiro sin dejar herederos cercanos. Chevignard, Chavigny..., la tentación era demasiado fuerte. Desde el momento en que sus dos sobrinos poseían un feudo de la ilustre casa, la suplantación se ponía en bandeja.

Monsieur Pinchon, al precio de algunas alteraciones en las actas, envió, bajo el usurpado nombre de Chavigny, a sus dos protegidos al afamado Colegio de Clermont dónde los jesuitas formaban a la más brillante juventud del Gran Siglo Francés. Puestos al corriente o no en ese secreto asunto de suplantación, los maestros jesuitas dan a conocer y promueven el reconocimiento de los dos alumnos Chevignard alias "de Chavigny", y el Príncipe de Soubise no es el último en consolar y patrocinar a los supuestos dos hijos de su difunto primo el conde de Chavigny. En Versailles, se recuerda con cierto remordimiento al pobre difunto al que habían dejado irse sin pensión ni favores. Luis XIV, a instancias del Príncipe de Soubise, intenta compensar a los dos herederos colmándoles con su protección y favor: Philippe, el mayor, ingresa en el clero y es provisto de la abadía de Bellefontaine, que le aporta una renta de 20.000 libras; en cuanto al menor, Théodore, llamado "el Caballero de Besvres", es promovido corneta en el regimiento de los gendarmes de la Casa del Rey.

A sabiendas de que el favor engendra la envidia, y porque quizá el abate de Chavigny se ha mostrado demasiado a sus anchas en la corte, algunos cortesanos se pusieron a investigar quién era ese "abate de Chavigny", buscando cualquier cosa que pudiera servir para meterle palos en las ruedas. La superchería de Pinchon fue finalmente descubierta y desvelada al Rey quien, casi de inmediato, les expulsa de la corte y borra de la lista de pensiones. Si el monarca concede, y se sabe, la venta y reventa de erecciones de feudos (de ahí la ridiculización de los marqueses de reciente cuño, esos nuevos ricos de la época, de mano del gran dramaturgo Molière), no tolera en absoluto que un subterfugio como el de Pinchon perjudique la dignidad del segundo orden y al Tesoro Real.

 
Retrato de Jean-Baptiste Colbert de Torcy, 1er Marqués de Torcy (1665-1746), Ministro de Asuntos Exteriores entre 1696 y 1715; óleo de Hyacinthe Rigaud.


No queda más remedio a los dos hermanos Chevignard que hacer sus baúles para huír y llevar a Holanda su falsa identidad y su auténtica falta de medios. Pero la suerte les sonríe de nuevo cuando el marqués de Torcy, excelente representante de la tribu de los Colbert y ministro en funciones, que ya había reparado en el supuesto Caballero de Besvres, decide enrolarle junto con su hermano el ex-abad de Bellefontaine, entre su pléyade de corresponsales en el extranjero que sería inapropiado aunque conforme a la realidad tildar de espías.

De este modo, los hermanos Chevignard se ven convertidos en espías de Su Cristianísima Majestad el Rey de Francia y de Navarra.

Luis XIV fallece el 1 de septiembre de 1715 en Versailles, y es trasladado a su última morada de Saint-Denis, sucedido por un niño-rey de cinco años de edad llamado Luis XV, y los hermanos Chevignard siguen trabajando en la sombra por cuenta del Regente Felipe II de Orléans. Lo que viene después justificará la reflexión del ministro Guizot: "¿Queréis novelas? ¡Leed la historia!".


Los Hermanos Chevignard, espías de Su Majestad y la rocambolesca aventura del armario

 
Retrato de Anne-Théodore Chevignard de Chavigny, alias "Conde de Chavigny", 1er Conde de Toulongeon y Señor de Besvres (1687-1771).

Instalados en La Haya, los Chevignard se han hospedado en un hostal donde Philippe**, aquejado de una enfermedad de languidez, se beneficia de los cuidados generosamente dispensados por una sirviente. Théodore recompensará a la devota sirviente: le brinda su amistad, su reconocimiento y, finalmente, la tomará entre sus brazos.

Un día en que se están prodigando caricias y besos, la dueña del hostal irrumpe en la habitación de los enamorados y ordena que se disponga, en un cuarto de hora, lo necesario para dar de cenar a dos diplomáticos extranjeros que acaban de llegar. La señora apenas ha abierto la puerta de la habitación para dejar pasar a los dos caballeros, que la del armario se cierra sobre Théodore. Estando la cena servida, los dos importantes que se han quedado solos no pierden el tiempo en cumplidos y empiezan a entablar una curiosa conversación: ¿qué hacer para obligar al duque de Orléans a renunciar a la regencia en favor del duque de Maine y, a través de éste, promover la coronación del Rey Felipe V de España si el joven Luis XV, de salud tan delicada, viniera a morir?

Para Théodore, no hay duda, se trata de un complot contra la seguridad del Estado... En realidad, las primeras negociaciones a las que ha asistido secretamente agazapado en el armario Théodore "de Chavigny", no son más que los inicios de la conspiración del príncipe de Cellamare, embajador de España en París, con la complicidad de los duques de Maine.

 
Retrato del Príncipe Felipe II, Duque de Orléans (1674-1723), Regente de Francia entre 1715 y 1723; óleo de Hyacinthe Rigaud.


Puesto que la "empresa" debe ejecutarse con todo detalle y en el mayor de los secretos, los dos caballeros deciden que lo mejor es volver a citarse alrededor de la misma mesa y en la misma habitación. Théodore, por su parte, obtendrá de su amante el favor de esconderse en el armario para cada una de esas entrevistas secretas. Al final, cuando ya ha acumulado toda la información necesaria para redactar su dossier sobre el proyecto que inspira, en provecho de Felipe V de España, el cardenal Alberoni, y considerando la gravedad del asunto, escribe al Regente para solicitar una entrevista con el objetivo de revelarle la conspiración que se trama y que pone en peligro el Estado Francés. Una segunda y luego una tercera carta son enviadas por Théodore a París, pero no obtienen respuesta. Decidido, Théodore cruza la frontera para llegar hasta París, yendo del castillo de Vincennes al Palais-Royal, del Palais-Royal a Versailles dónde, algunas veces, el Regente pasea al pequeño Luis XV. Finalmente, el Señor de Chavigny ve abrirse las puertas del despacho del Regente. Éste encuentra su historia poco seria, preguntándose dónde ha conseguido el señor de Chavigny semejantes informaciones. No pudiendo explicar sus rocambolescas estancias en el armario mágico, Théodore señala sus relaciones, recuerda su presencia en el congreso de Utrecht. En absoluto convencido, Felipe II de Orléans le pide que se retire y le prohibe de paso que vuelva a La Haya. En ese mismo momento, Théodore decide jugarse la última carta y suplica al Regente que le mande encerrar en La Bastilla y que le retenga allí de por vida si todo lo que ha desvelado no es corroborado. Su Alteza Real acepta el trato y Chavigny no ha pasado aún su tercera semana en una celda de La Bastilla cuando se descubre la conspiración del embajador español Cellamare, conducida por la intrigante duquesa de Maine. El duque de Orléans consigue desbaratar con astucia la intriga española, libera al prisionero, le confía importantes misiones tan eficazmente cumplidas que "el Señor Conde de Chavigny", que por fin ha dejado de ser Chevignard***, se convierte en embajador de Su Cristianísima Majestad Luis XV.


Vergennes, el sobrino aventajado de Chavigny

El primo-hermano del flamante conde de Chavigny, Jean Chevignard de Charodon, se había labrado una buena carrera y una posición al conseguir casar a su hija Anne-Marie-Françoise con un consejero de la Cámara de Cuentas del Parlamento de Dijon, Charles Gravier, Señor de Vergennes. Dos hijos nacen de esa unión y al segundo se le impone el mismo nombre del padre, Charles, en la pila bautismal. Infancia seria, adolescencia estudiosa pese a las tentaciones que ofrece una ciudad donde se multiplican los espectáculos, los conciertos, los bailes y se escarcia el buen vino, el caballero de Vergennes acaba de presentar dos tesis, una en derecho canónico y la otra en derecho civil, cuando su tío Chavigny le invita a secundarle en su embajada de Lisboa. Oferta aceptada con alegría, el joven caballero de Vergennes hace allí su "bautizo diplomático", seguido de una instructiva estancia en Frankfurt y un retorno a orillas del Tajo que constituyen un sólido aprendizaje.

Su claridad y perspicacia en un informe sobre un diferente hispano-luso enviado a Francia, provocan el entusiasmo del ministro de Asuntos Exteriores, conde d'Argenson, quien le manda a Treveris, a Hannover. Allí, consigue retrasar cuanto sea necesario la designación del archiduque José de Austria como rey de los Romanos... La alteza imperial no recibirá el título que le otorga la sucesión imperial hasta que Francia lo considere necesario.

 
Retrato de Charles Gravier, Caballero de Vergennes (1717-1787), Embajador de Francia en Constantinopla; óleo de Antoine de Favray.


El caballero de Vergennes (1) se ha enfrentado con fortuna a todos los diplomáticos europeos; conocedor del más nimio principículo, maniobra con sutileza. ¿Su cualidad primordial? practica la alta política sin ignorar los recursos de unos y de otros. Ministro plenipotenciario, conoce también el oficio consular. Es una enciclopedia viva que maneja y domina perfectamente la genealogía, la geografía, la geología... con esa simplicidad de hombre comedido y una lentitud calculada. Está tan a sus anchas en Europa que le envían a Constantinopla para encabezar allí la delegación francesa. En territorio Otomano, donde es decano del cuerpo diplomático, Vergennes desvela el talón de aquiles de la Sublime Puerta, siente una real simpatía por los Turcos y consigue mantener al Sultán en la neutralidad, inquieto por la alianza franco-imperial ya que está tradicionalmente enemistado con la Casa de Austria.

 
Retrato del Conde Étienne-François de Choiseul-Stainville, 1er Duque de Choiseul-Amboise (1719-1785), Secretario de Estado, Ministro de Asuntos Exteriores, de la Marina y de la Guerra; óleo de Louis-Michel Van Loo.


Sin embargo, fracasa en el asunto polaco que el ministro Choiseul le ha encomendado, cuando la gran y golosa Catalina II de Rusia instala en el trono electivo a su antiguo suspirante, Estanislao II Augusto Poniatowski. Pese a sus gestiones, la guerra es declarada y el duque de Choiseul llama a Vergennes a consulta en Versailles, sin darle más misiones. Según el ministro, el caballero de Vergennes ha comprometido la dignidad de su cargo al desposarse con la viuda de un médico de Péra, condenándole al retiro forzoso.

 
Retrato de Emmanuel-Armand de Vignerot Du Plessis de Richelieu, 8º Duque d'Aiguillon (1720-1788), Secretario de Estado, Ministro de Asuntos Exteriores y de la Guerra.


Choiseul cae, reemplazado por el duque d'Aiguillon quien, muy por encima de los excesos de las exigencias nobiliarias, se otorga el doble placer de reparar una injusticia cometida por su predecesor y de reintegrar en la carrera diplomática a uno de sus mejores ornamentos. Luis XV encantado por la idea, Vergennes es destinado en Suecia para ayudar al rey Gustavo III a restaurar la autoridad real caída en girones. Para ello, el flamante embajador tendrá que partir para Estocolmo sin su esposa pero será desde entonces saludado con el título de Conde de Vergennes. Trabajando en perfecta harmonía con Luis XV y d'Aiguillon, el diplomático ayudará a Gustavo III a recuperar todas sus prerrogativas. Artífice del mayor éxito de la política exterior de finales del reinado de Luis XV, acabará por reemplazar al duque d'Aiguillon al frente del ministerio de Asuntos Exteriores tras su forzada dimisión, y le demostrará su gratitud y reconocimiento al declarar su inocencia durante el asunto de Guines.

Mal visto por Maria-Antonieta, porque considera la alianza con el Imperio como una cooperación razonada y no como una historia de amor, es apreciado por Luis XVI por su calma, su precisión, su rigor, y en quien reconoce algunos de sus rasgos. Vergennes permanecería al frente del ministerio hasta su muerte, acaecida en 1787.

Notas Aclaratorias:

(*)_Philippe y Anne-Théodore Chevignard eran hijos del procurador Théodore Chevignard y de Jeanne Pourcher, nietos de Pierre Chevignard, notario y alcalde de la ciudad de Beaune entre 1592 y 1667, y de Vivande Parisot. La familia Chevignard poseía el rango de "escuderos", perteneciendo por tanto al estamento noble, y varios de sus miembros estuvieron al frente de la alcaldía del municipio burgundo de Beaune. Deberíamos precisar que Théodore Chevignard "Padre" fue procurador alternativo del Rey en el granero de sal de Beaune y de Chagny, ejerciendo como tal entre 1627 y 1678; se desconocen las fechas de nacimiento y óbito del progenitor de Philippe y Anne-Théodore.

El hermano de Théodore y tío de Philippe y Anne-Théodore, Regnault o Renaud Chevignard (1624-1717), casado con Marguerite Lorenchet (1634-1669) fue padre de Blaise Chevignard (1657-1699) y del tesorero Jean Chevignard, Señor de Charodon (1669-1750) suegro, a partir de 1718, de Charles Gravier, Señor de Vergennes, consejero en la Cámara de Cuentas de Dijon.

(**)_Philippe o Philibert Chevignard "de Chavigny" (1684-1745), abad de Bellefontaine, tras ser privado de su abadía y rentas, contrajo más tarde matrimonio con Françoise Bonaventure Jobelot de Montureux (1703-1758), de la que nació una niña llamada Jeanne-Claude Chevignard de Chavigny (1727-1784), casada el 30 de mayo de 1746 con Jean Gravier de Vergennes, marqués de Vergennes y diplomático (1718-1794), hermano mayor del conde de Vergennes, y al que le dio 7 retoños.



(***)_Anne-Théodore Chevignard de Chavigny (1687-1771), nació el 3 de abril de 1687. Inicialmente conocido como el "Caballero de Besvres" antes de descubrirse el engaño, fue autorizado a tomar el nombre de "De Chavigny" añadido a su apellido paterno a razón de sus eminentes servicios diplomáticos, y luego recompensado con el señorío de Toulongeon que sería erigido en condado el 5 de mayo de 1757 por el rey Luis XV. Se le consideró como uno de los más grandes políticos y más hábiles negociadores del siglo XVIII. Enviado extraordinario en Inglaterra, en Italia y en España, fue sucesivamente ministro plenipotenciario en la Dieta Imperial de Ratisbona, embajador del Rey en Gran-Bretaña en 1731, en Dinamarca, en Baviera, en Portugal, en Venecia y en Suiza. Retirado en 1751, fue nombrado gobernador de Beaune con un sueldo de 14.000 libras, cargo que desempeñó hasta su muerte. Falleció soltero.



(1)_Charles Gravier, caballero y luego conde de Vergennes, nació el 29 de diciembre de 1719 en Dijon y falleció el 13 de febrero de 1787 en Versailles, a la edad de 67 años. Era el hijo menor de Charles Gravier, Señor de Vergennes (1693-1745) y de Anne-Marie-Françoise Chevignard de Charodon (1694-1720). Sus abuelos paternos fueron Charles Gravier, Señor de Vergennes (1654-1733) y Anne Garnier (c.1657-1732), mientras que sus abuelos maternos fueron Jean Chevignard, Señor de Charodon y de La Grande-Dame-Guye (1669-1750) y Françoise Vaillant (+1715). Su hermano mayor fue Jean Gravier, 1er Marqués de Vergennes (1718-1794), presidente de la Cámara de Cuentas del Parlamento de Dijon y embajador en Venecia.

Inició su carrera como consejero de Asuntos Exteriores de la embajada francesa en Portugal, bajo su tío Anne-Théodore Chevignard de Chavigny, conde de Toulongeon, para luego ser destinado como embajador en Alemania de 1750 a 1754, en Constantinopla de 1755 a 1768 y en Suecia de 1771 a 1774. Nombrado ministro de Asuntos Exteriores por el rey Luis XVI el 21 de julio de 1774, se mantuvo en el cargo hasta su muerte en 1787. Convenció al rey para intervenir en la Guerra de Independencia Americana, apoyando y financiando a los insurgentes de las 13 colonias contra Gran-Bretaña. La guerra concluyó en 1783, firmándose los tratados de Versailles y París.



Charles Gravier, conde de Vergennes contraería matrimonio con Anne Duvivier-Testa (1730-1798), natural de Istanbul, hija de Henri Duvivier y de Maria Buló, viuda en primeras nupcias de Francesco Testa (c.1720-1754), médico afincado en Péra, antigua colonia genovesa vecina de Constantinopla, que le daría dos hijos varones:

-Constantin Gravier, 2º Conde de Vergennes (1761-1832)

-Louis-Charles Joseph Gravier, Vizconde de Vergennes (1765-1821)

Francesco Testa, primer marido de la condesa de Vergennes, era primo de otro Francesco Testa (1717-1787) "doctor physicus" de la Universidad de Viena y médico particular del conde de Vergennes. La familia Testa era propietaria del "Palacio de Venecia", que alquilaba como sede diplomática a la Serenísima República Veneciana, asi como de la reliquia de la "Santa Espina". Sus miembros eran "drogmans" (intérpretes) al servicio de las potencias europeas en territorio otomano.

Por otro lado, citar que varios autores han mencionado la ascendencia Comneno de la condesa de Vergennes, a través quizá de los Comneno de Chambéry (Saboya) o de los Comneno de Péra (?). Anne Duvivier, Viuda Testa y condesa de Vergennes nació el 27 de enero de 1730 en Istanbul, fue bautizada el 28 en Péra y falleció el 10 de septiembre de 1798 en Hamburgo a la edad de 68 años, siendo sepultada el 12 en el cementerio de Altona (Alemania). Su padre era natural de Chambéry y su madre de Péra.

El hijo mayor de los condes de Vergennes, Constantin Gravier, 2º conde de Vergennes (1761-1832), nació en Constantinopla el 1 de noviembre de 1761. Destinado a la carrera militar, fue oficial de las Guardias Francesas y ministro plenipotenciario en Coblenza en 1787. Durante la Revolución Francesa, emigró para servir como oficial en el Ejército de los Príncipes. Contrajo matrimonio en 1781 con Louise-Jeanne-Marie Catherine de Lentilhac de Sédières (1762-1788), que solo le dio dos hijas: Anne-Caroline-Constance Gravier de Vergennes (1782-1795) y Anne-Marie Philippine Claudine Gravier de Vergennes (1784-1796), muertas antes de la edad adulta. Se volvería a casar nuevamente el 10 de noviembre de 1803 con Claire-Philippine Caroline de Reculot (1786-1864), hija de los condes de Reculot y madre de dos hijos que no sobrevivieron al padre: Charles Pierre Gabriel Gravier de Vergennes (1805-1821) y otro varón nacido muerto en 1807.

El hijo menor de los condes de Vergennes, Louis Charles Joseph Gravier, vizconde de Vergennes (1765-1821), también nació en Constantinopla el 17 de marzo de 1765 y falleció en París el 25 de febrero de 1821. Casó en 1784 con Claire Gabrielle Pinel de La Palun (1767-1800), de la que tuvo 5 hijas. Poco antes de su muerte, contrajo nuevas nupcias con Marie Ledoux.

lunes, 12 de mayo de 2014

CLAGNY: La residencia de la Marquesa de Montespan


EL CASTILLO DE CLAGNY
 
El Castillo de Clagny, cuyos planos fueron dibujados por el arquitecto Jules Hardouin-Mansart para la favorita de Luis XIV, la Marquesa de Montespan, estaba situado al Noreste del Palacio de Versailles. Su construcción iniciada en 1674, terminó en 1680. Clagny fue un regalo de despedida del rey a su amante caída en desgracia tras el sórdido "Caso de los Venenos", y la repentina e inexplicable muerte de la Duquesa de Fontanges, su sucesora supuestamente envenenada. Años antes de su muerte, acaecida en 1707 mientras estaba haciendo una cura termal en la estación balnearia de Bourbon-L'Archambault, la Marquesa de Montespan cedió, reservándose el usufructo, la propiedad del Castillo de Clagny a su hijo Luis-Augusto de Borbón, Duque du Maine, como regalo de boda al contraer éste matrimonio con una nieta del Príncipe de Condé.

 
Retrato de la Marquesa de Montespan recostada en un diván, en la Gran Galería de su Castillo de Clagny. / Abajo, recreación en 3D del Castillo de Clagny con sus jardines, a vista de pájaro.




Clagny, junto con las otras residencias de los Duques du Maine (Sceaux, Montrond y Châtenay), fue escenario de grandes fiestas, divertimentos musicales, bailes de máscaras y suntuosas recepciones dignas del "Grand-Siècle" francés hasta la muerte del duque (1736). Viuda la Duquesa du Maine y no pudiendo mantener el mismo dispendioso tren de vida, tuvo que renunciar a los fastos de antaño y deshacerse de su castillo de Montrond, cuyos costes de mantenimiento se habían hecho excesivos, y finalmente hasta se vio obligada a alquilar su palacete parisino a un financiero. La Duquesa, retirada en París, fallecería en 1753. La propiedad de Clagny pasa entonces a sus hijos, el Príncipe de Dombes y el Conde d'Eu pero, muertos éstos sin herederos, el castillo revierte naturalmente a la Corona en 1766.




La fabulosa mansión, que había tenido un coste estimado en no menos de 2 millones de libras y empleado a 1.200 obreros, fue finalmente víctima de la negligencia de Luis XV. Abandonado y sin destino preciso, acabó siendo demolido en 1769. Parte de sus piedras, recuperadas, fueron destinadas para la construcción de un convento fundado por la reina María Leszczýnska y la edificación de palacetes nobiliarios en las inmediaciones de Versailles.


Videos 3D del Castillo de Clagny con fuegos artificiales: