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domingo, 28 de septiembre de 2014

MARÍA DE MÉDICIS, REINA DE FRANCIA

MARÍA DE MÉDICIS,
REINA DE FRANCIA Y DE NAVARRA 
1573 - 1642
 
 
La segunda consorte de Enrique IV de Francia

Nacida en Florencia en 1573, María de Médicis era hija del gran-duque Francisco I de Toscana y de la archiduquesa Juana de Austria (su 1ª esposa). Rica princesa casadera italiana, fue su tío el cardenal Fernando de Médicis, a la sazón legado del Papa, quien la propuso entre las tantas candidatas que se barajaban para el recién divorciado rey Enrique IV de Francia, desde su anulación matrimonial con Margarita de Francia en 1599. Huelga decir que las negociaciones fueron duras y no exentas de tensiones entre Florencia y París; mientras los diplomáticos franceses entablaban las conversaciones con los representantes de los grandes-duques toscanos, Enrique IV andaba con la idea de convertir a su favorita en su próxima esposa. Gabrielle d'Estrées, la amante oficial en cuestión, ya había parido unos cuantos retoños reales que el rey quiso legitimar otorgándoles el apellido Borbón y derechos sucesorios a la Corona si viniera a faltar. En consecuencia, se abrió una crisis entre el monarca y sus ministros, que acogieron las legitimaciones con gran frialdad e indignación, alzando la voz el principal de todos ellos, el duque de Sully, que intentaba convencer al rey de no cometer semejante tontería más teniendo en cuenta que los súbditos franceses eran reacios a cualquier idea de poner a una puta del rey en el trono.

 
Retrato del Rey Enrique IV de Francia y de Navarra (1553-1610); según F. Pourbus II.


Los Médicis hicieron la oferta aún más tentadora con una más que sustanciosa dote si Enrique IV aceptaba tomar la mano de la princesa María. Quedaba, además, una notable deuda pendiente que Francia había contraído en esos tiempos aciagos de la guerra civil y religiosa, con el gran-duque de Toscana. La oferta toscana era immejorable: los Médicis ofrecían el mejor medio para liquidar esa deuda con parte de la sustanciosa dote de la princesa. Pero el asunto amenazaba con no llegar a buen puerto mientras estuviera de por medio la favorita real Gabrielle d'Estrées, y las conversaciones adquirieron un tono desagradable entre las dos cancillerías:

-¿Cuando llegará vuestra gorda banquera?- preguntaba la favorita al rey, con tono altivo.

-¡Cuando haya echado a todas las putas de palacio! -respondía el rey hastiado.

Gracias a una comida en casa del banquero italiano Zamet, a la cual fue invitada la bella Grabrielle d'Estrées, se produjo el fatal desenlace que liberó al rey Enrique IV de su promesa infantil de casarse con ella si le daba otro hijo varón. Muerta la rival, probablemente envenenada por una naranja y a instancias del clan Médicis, se allanaba el camino de la princesa María para convertirse en la 2ª esposa del monarca galo. Las últimas discusiones giraron en torno a la sustanciosa dote de la italiana, reclamando los embajadores galos más dinero y cerrando el trato con varios millones a su favor. Claro está, Francia se comprometió con Florencia a restar de esa fabulosa dote, la suma de la cual era deudora con las arcas florentinas, lo que equivalía a no pagar nada.

 
Retrato de Catherine Henriette de Balzac d'Entragues, Marquesa de Verneuil (1573-1633).


En diciembre de 1600, tras un penoso viaje bajo todo tipo de inclemencias meteorológicas, la princesa María de Médicis llegó a las puertas de la ciudad francesa de Lyon, donde la esperaban la corte y el rey Enrique IV. La boda religiosa se celebró el 17 del mismo mes, en la catedral de San Juan de Lyon: Enrique IV contaba entonces 47 primaveras y la novia 27. El matrimonio se consumó la misma noche. El monarca encontró a su nueva mujer demasiado recatada, rolliza y poco inteligente. Mayores disgustos vendrían después. En cualquier caso, María de Médicis fue puesta frente a lo que le esperaba en la corte: la perpétua presencia de la nueva favorita real, marquesa de Verneuil. Ni corto ni perezoso, Enrique IV las presentó y, ante la tibieza de la marquesa de Verneuil para hacer la conveniente reverencia ante la reina, éste la doblegó con una sola mano en su hombro hasta ponerla de rodillas. Ni qué decir que aquella escena resultó harto humillante para María de Médicis.



A principios del año 1601, los reyes hacían su entrada oficial en París. Instalada de noche en el palacio del Louvre, María de Médicis tuvo la sensación de ser objeto de alguna broma de mal gusto al descubrir sus nuevos aposentos en penumbra, con escasos muebles ajados y polvorientos. Nada que ver con la esplendidez de la corte florentina. Pero la reina no tardó en ponerse manos a la obra en su misión de dar descendencia al rey: el 27 de septiembre de 1601, paría en el real sitio de Fontainebleau a su primer hijo, el Delfín Luis (futuro Luis XIII). Tras el tan esperado heredero del trono, siguieron Elisabeth, futura reina de España, Christine, futura duquesa de Saboya, Nicolas, duque de Orléans, Gaston, duque de Anjou (y futuro duque de Orléans), y Henriette-Marie, futura reina de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia.

 
Retrato de Leonora Dori Galigai, Condesa de Penna y Marquesa d'Ancre (1571-1617), la Camariera de la Reina María de Médicis y su gran confidente, casada con el aventurero Concino Concini.


Pero las pretensiones de María de Médicis iban más allá de su papel de esposa y madre: ambicionaba meter las narices en los asuntos de Estado. Pero al llegar a Francia, ha traído consigo a todo un séquito de italianos aventureros que pretenden meter las zarpas en los asuntos de la corte, levantando no pocas ampollas entre los franceses y provocando el descontento del rey, que no aprecia a esos intrigantes que pretenden medrar a la sombra de la reina. Dos de ellos, Leonora Dori Galigaï, hermana de leche de María de Médicis, y Concino Concini, sobresalen por su oportunismo y por provocar no pocos altercados matrimoniales entre el rey y la reina. Enrique IV los desprecia y sabe cuales son sus pretensiones, exige que su mujer se separe de ellos y los devuelva a Florencia. Finalmente, y tras inenarrables escenas por parte de la reina, la Galigaï y Concini consiguen, no solo permanecer al servicio de la regia consorte, sino que además obtienen el permiso de casarse bajo la condición que, después, abandonen Francia. La condición última nunca se produciría... De hecho, María de Médicis se halla totalmente dominada por esos dos personajes de orígenes más que sospechosos, y entra en una especie de guerra sorda contra la favorita de su marido, la marquesa de Verneuil (Henriette de Balzac d'Entragues), considerándose permanentemente humillada por su presencia hasta en su propia casa. Las discusiones entre el rey y la reina por la presencia de la marquesa son memorables: María de Médicis hace en ellas gala de su iracundo histerismo, agriándose día a día. Harto, Enrique IV prefiere huír de esas embarazosas escenas yéndose de caza o consolándose con la marquesa de Verneuil.



Pero María de Médicis conseguirá finalmente su objetivo cuando, en 1610, Enrique IV se está preparando para entrar en guerra contra el Imperio. El rey dispone que, en su ausencia, María se ocupe de la regencia asistida por el consejo de ministros (limitando así sus decisiones), consciente de sus limitaciones intelectuales y políticas. Para ello, María exige a Enrique que se la corone en la abadía de Saint-Denis, idea que parece por lo menos absurda y supérflua al monarca. Pero, para tener la fiesta en paz (y a pesar de sus malos presentimientos), Enrique IV cede y se la corona el 13 de mayo de 1610.



Al día siguiente, 14 de mayo, el rey abandona en carruaje abierto el Palacio del Louvre para trasladarse al Arsenal, sede del ministro Sully, para visitarle. La comitiva real queda bloqueada en la calle de La Ferronnerie, cerca de una taberna-hostal llamada "Al Corazón Real atravesado", al producirse un embotellamiento de carros. El momento es aprovechado por un iluminado llamado François Ravaillac, para asestar dos brutales puñaladas al rey mientras éste andaba conversando con sus acompañantes los duques de Epernon, de La Force y de Roquelaure. El regicida es inmediatamente apresado por la guardia real, con orden de no matarle y de llevarle a prisión para someterle a interrogatorio.

Al principio, el rey piensa que han sido heridas sin gravedad pero, al escupir sangre a borbotones, se descubre que uno de los golpes ha seccionado la carótida y que empieza a desangrarse de forma alarmante. Corriendo y deprisa, el carruaje da la vuelta para volver a palacio y trasladan al monarca a su pequeño cuarto del 1er piso, tendiéndole sobre su sofá. Poco después, Enrique IV rinde su último suspiro.



Ante semejante tragedia, María de Médicis se muestra más fuerte que su propio dolor. Con el apoyo del intrigante duque de Epernon (sobre quien recaerán sospechas de haber estado detrás del regicidio), María de Médicis se presenta ante el Parlamento reunido en urgencia exigiendo que se la reconozca regente de Francia en nombre de su hijo el joven Luis XIII, con todos los poderes. De nada valdrán las disposiciones de Enrique IV sobre las condiciones de la regencia si viniera a fallecer antes de que su heredero llegase a la edad de gobernar (13 años). Del consejo de regencia echará progresivamente a todos los fieles servidores del difunto rey, empezando por el duque de Sully, que sigue siendo protestante. Ante la antipatía de la reina, Sully prefiere dimitir y salir del gobierno con honores en 1611. Su tarea ha acabado con un balance más que loable: las arcas del Estado están a rebosar de oro. María de Médicis, para comprar adhesiones entre los Grandes del Reino (que ya empiezan a darle problemas), saqueará el Tesoro concediendo pensiones astronómicas.


 
El Palacio de Luxemburgo en 3D, hoy día sede del Senado de Francia.
 
 
Retrato de Concino Concini, Conde de Penna, 1er Marqués d'Ancre, Mariscal de Francia (1569-1617), gran favorito y valido de la Reina-Regente.
 

En 1612, ordena la construcción del Palacio de Luxemburgo, en la orilla izquierda del Sena (actual palacio del Senado), inspirado en el Palacio Pitti de Florencia. Lejos de ocuparse de sus hijos, deja a éstos en manos de los criados de la Casa Real. Pone en el consejo a su favorito y valido Concino Concini, al que colmará de oro, cargos y prebendas, concediéndole el marquesado de Ancre y el bastón de mariscal de Francia sin haber pisado jamás un campo de batalla, lo que provoca la ira de todos los mariscales y generales del reino. El favor de Concini provocará, además, que la alta nobleza se subleve y se una a los príncipes de Condé, que lideran al partido de los Grandes descontentos.



El viraje político de la regencia interrumpe la política exterior que se iba llevando a cabo con el difunto rey. Católica y pro-romana, María de Médicis inicia conversaciones de paz con el emperador y el rey de España y, para sellar las cordiales relaciones entre Madrid, Viena y París, inicia los trámites para casar a sus dos primeros hijos (Luis XIII y Elisabeth) con los del rey Felipe III de España (el príncipe de Asturias, futuro Felipe IV, y Ana). La doble boda soliviantará aún más a los Grandes de Francia, que se oponen a esa doble unión dinástica. A eso se añade la ingerencia de Concini en los asuntos de Estado, librándose descaradamente al pillaje del Tesoro Real, lo que hace empeorar aún más las tensiones entre la regente y la nobleza y el pueblo. Para intentar calmar los ánimos, la corte se traslada en 1614 a Burdeos donde la regente convoca los Estados Generales. Sin embargo, el resultado deja mucho que desear y los enfrentamientos empeoran. Una semana antes, Luis XIII había cumplido su mayoría de edad y le habían consagrado y coronado rey en Reims (20 de octubre de 1614), pero el joven monarca inexperto dejaba en manos de su madre las riendas del poder, sin duda presionado por ésta y el valido Concini.

 
Retrato del Obispo de Luçon, Armand-Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642), futuro Cardenal-Duque de Richelieu y principal ministro de Francia.


Lo único que se puede reconocer de bueno en la gerencia de la reina-regente, es el haber dado un puesto de secretario de Estado al obispo de Luçon (Armand-Jean du Plessis de Richelieu, futuro cardenal de Richelieu), bajo la férula de los Concini.

 
Retrato del joven Rey Luis XIII de Francia y de Navarra (1601-1643); según Frans Pourbus II, fechado en 1616.
 
 
París, 24 de abril de 1617: el Marqués d'Ancre es abatido a pistoletazos a las puertas del Palacio del Louvre, y rematado a cuchilladas por la guardia capitaneada por el Marqués de Vitry.
 

Harto de las contínuas humillaciones infligidas por los Concini y por su madre, Luis XIII acabará por reunir en su entorno a los descontentos y a cristalizar una conspiración que libre a Francia de ese desgobierno. Con su acuerdo, aunque no de palabra, ya que Luis XIII era un hombre bastante parco, dió luz verde a que se detuviera a Concini y a la mujer de éste, la odiosa Leonora Galigaï, y en caso de resistirse, darles muerte. Así se forjó el Golpe de Estado del rey, desbancando al valido y a su madre de un solo golpe. Evidentemente, Concino Concini fue abatido a balazos sobre el puente que daba acceso al Palacio del Louvre; su mujer fue arrancada de su cama (bajo cuyo colchón escondía docenas de sacos de oro y joyas) y llevada a prisión para ser puesta a disposición de la Justicia. La acusaron de practicar magia. Mientras su marido fue enterrado casi en el anonimato, luego desenterrado por la turba y descuartizado en medio de una sanguinaria orgía popular, Leonora fue formalmente acusada de brujería, sus bienes confiscados y condenada a decapitación, para luego ser quemada y sus cenizas echadas a los cerdos.



En cuanto a la regente, sorprendida por el golpe de su hijo, se desentendió de la suerte de Leonora Galigaï y, muerta de miedo, fue encerrada a cal y canto en sus aposentos con la prohibición de poder comunicarse con Luis XIII, y de salir de ellos. Fue finalmente exiliada a Blois por orden del rey, y en su exilio, la reina se fue acompañada por el obispo de Luçon, también caído en desgracia por haber sido un protegido de ésta y de los Concini. Poco tiempo después, Richelieu servirá de mediador entre madre e hijo, y artífice de una frágil reconciliación que se iniciará tras una guerra entre los partidarios del rey y de la ex-regente.

A pesar de la buena voluntad de Luis XIII, María de Médicis no podía contentarse con el papel de reina-madre y se implicó en distintas conspiraciones a favor de su hijo preferido Gastón, duque de Orléans. Harto de las intrigas maternas, el rey, bien servido por el cardenal de Richelieu, exilió definitivamente a su madre fuera de Francia. Huída a los Países-Bajos con lo puesto, María de Médicis erró hasta morir miserablemente en la ciudad alemana de Colonia en 1642.

lunes, 7 de noviembre de 2011

LA CONSPIRACION DE CINQ-MARS

Conspiración y Muerte del Marqués de Cinq-Mars



Retrato de Henri Coiffier de Ruzé d'Effiat, Marqués de Cinq-Mars (1620-1642)

El Cardenal-duque de Richelieu vivía en una permanente angustia de una sedición de los Grandes del Reino. El éxito de un complot le habría, irremediablemente, llevado a su caída en desgracia, véase también a su asesinato a manos de sus enemigos.

Puesto que los acontecimientos de los años pasados así lo probaban, su temor no tenía nada de obsesión paranoica. La última revuelta en aquellas fechas, había sido protagonizada por el Duque de Bouillon, el Duque de Guisa y Luis de Borbón, Conde de Soissons.

Financiado por España, el ejército de los conspiradores, ayudado por 7.000 hombres del Emperador Romano, había derrotado al del rey, mandado por el mariscal de Châtillon, cerca de Sedan el 6 de julio de 1641. La batalla se recordaría como la "del Bosque de La Marfée".

Retrato de Luis de Borbón, Conde de Soissons (1604-1641).


Durante algunas horas, el cardenal de Richelieu se creyó perdido hasta que un mensajero le dió la noticia que el Conde de Soissons, había sido muerto de un pistoletazo en la frente. ¿Escaramuza de último minuto?¿asesinato? Nadie lo supo. A menos que se trate de un accidente: el conde tenía la mala costumbre de levantar la visera de su casco con el cañón de su pistola.


Retrato de Frédéric-Maurice de La Tour d'Auvergne, IIº Duque de Bouillon & Príncipe de Sedan (1605-1652).

Decapitada la conspiración, el Duque de Bouillon, hermano mayor del Vizconde de Turenne (futuro mariscal), ofreció su sumisión y el rey Luis XIII le perdonó. El favorito real, el joven y hermoso Marqués de Cinq-Mars, había intervenido en su favor. Cuan importante debió de sentirse entonces el marqués, al interceder de esta manera ante el soberano francés para salvar al príncipe soberano de Sedan, sobrino del príncipe Mauricio de Nassau-Orange (estatúder de Holanda) y nieto del célebre Guillermo I "el Taciturno" de Orange!

Una conspiración en marcha


Retrato del Cardenal Armand-Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642), 1er Duque de Richelieu y de Fronsac, Primer Ministro del rey Luis XIII de Francia; obra de Philippe de Champaigne.

Una vez más, la Providencia vino a socorrer al Cardenal de Richelieu. Aún estando el inminente peligro apartado, los hilos de una nueva conspiración empezaban ya a tejerse.

Convertido en rival y enemigo del cardenal, el Marqués de Cinq-Mars, por su posición de favorito, no debía tardar en ser contactado por los opositores del primer ministro.

Entre los conjurados, reencontrábamos al inevitable Gastón, duque de Orléans, hermano del rey y saludado con el título de "Monsieur". También estaba Louis d'Astarac, marqués de Fontrailles, la mismísima reina Ana de Austria, consorte del soberano, y François-Auguste de Thou, joven consejero en el Parlamento de París y devoto amigo de la reina. No olvidemos al Duque de Bouillon, que también se unió a éstos, haciendo gala de su majestuosa ingratitud. En resumen, he aquí un buen ramillete de conspiradores incorregibles.

Sin ser el instigador del complot, Cinq-Mars se convertiría en la piedra angular y peón de éste.

Las tentativas personales del marqués para desprestigiar al cardenal a ojos del rey, eran bastante inciertas. Un día que Luis XIII se quejaba de la pesada tutela de su primer ministro, Cinq-Mars espetó:

-"Sire, sois el dueño. ¿Por qué no lo despide?"

-"Hermoso amigo, no vaya usted tan aprisa! El cardenal es el más grande servidor que Francia tuvo jamás. No sabría estar sin él. El día en que se declarase contra vos, ni siquiera yo podría conservaros."

Quedaba así patente la confianza, la estima y la sumisión del rey a su primer ministro, aún intactas, y el favorito habría hecho bien en desconfiar de esa respuesta.

Retrato del Príncipe Gastón de Francia, "Monsieur" Duque de Orléans y de Montpensier (1608-1660), hermano menor del rey Luis XIII de Francia y presunto heredero del trono hasta 1638; pastel de Nanteuil.


En el curso de un encuentro privado en casa del Duque de Chaulnes, en agosto de 1641 en Amiens, Gastón de Orléans dejó caer esas caritativas palabras:

-"Ah! si el cardenal pudiese morir, seríamos tremendamente felices!"

El Marqués de Fontrailles, auténtico inspirador del complot, respondió:

-"Vuestra Alteza tan solo ha de darme su consentimiento y encontrará de sobras gente que lo aparten de su presencia!"

Cinq-Mars y Gastón de Orléans no planeaban llegar tan lejos! Sin embargo, no sin temores y reticencias, la idea de enviar al cardenal ad patres se insinuó en la mente de algunos de los conjurados.

Sin duda Cinq-Mars se dejó influenciar por sus antiguos camaradas de la Guardia Real, el Conde de Tréville (o Troisville), los señores de Tilladet, de La Salle y Des Essarts, que no habrían tenido escrúpulos a la hora de utilizar ese expeditivo modus operandi.

Retrato de François Auguste de Thou (1607-1642), amigo del Marqués de Cinq-Mars.


Pero, cuando hizo saber de sus intenciones a su amigo François-Auguste de Thou, éste le replicó que era enemigo de la sangre y que, por su ministerio, jamás derramaría ni una sola gota.

En noviembre de 1641, bajo la instigación de Fontrailles, Gastón de Orléans retomó contacto con el Marqués de Cinq-Mars. Este último explicó que todas sus trifulcas con el rey, de las cuales toda la Corte se complacía en comentarlas, no eran más que maniobras destinadas a engañar al Cardenal de Richelieu.

Presumiendo de su influencia, aseguró que el rey deseaba fervientemente la paz y estaba dispuesto a separarse de su primer ministro. El Duque de Orléans quiso entonces asegurarse de la resolución de su hermano el rey, e interrogó al favorito:

-"¿Habéis propuesto al Rey la ruina de Su Eminencia el Cardenal?"


-"No he querido hacer nada sin estar seguro de vuestra protección."

Nada avaro en promesas, Orléans animó al conspirador a seguir adelante. Por otro lado, el hermano del rey buscaba el apoyo de su cuñada Ana de Austria. Prometió que, pasara lo que pasara, nunca revelaría que ella estuviera al corriente de sus intenciones. No se sabe qué prometió Ana de Austria, pero supo convencer a François de Thou para que se asociara a la conspiración.

El Tratado de la traición

La ejecución del proyecto implicaba muchos peligros y, en caso de fracaso, había que asegurar una sólida retirada. François de Thou se puso entonces en contacto con el Duque de Bouillon, entonces destinado en la provincia del Limosín. Recién perdonado por el rey, el duque dudó.

Una carta del Cardenal de Richelieu llegó entonces, encargándole de ponerse al frente de los ejércitos de Italia. La noticia decidió al Duque de Bouillon para personarse en la corte, donde el Marqués de Cinq-Mars le informó de los avances de su proyecto. Juzgando que la plaza fuerte de Sedan no estaba capacitada para sostener el asedio de los ejércitos reales, estimó que el apoyo de un ejército extranjero era necesario.

Gastón de Orléans y el duque de Bouillon, por mediación del Marqués de Cinq-Mars, dieron por terminada la vieja querella que les oponía y los conjurados se pusieron de acuerdo para llevar a cabo sus cosas. Redactaron un proyecto de tratado con el enemigo, el rey Felipe IV de España, en guerra contra Francia desde el 19 de mayo de 1635. François de Thou no participó en su elaboración.

Retrato de Felipe IV de Austria (1605-1665), Rey de las Españas & de las Indias entre 1621 y 1665; según Velázquez en 1640.


El tratado preveía que Felipe IV aportara 12.000 soldados, 6.000 jinetes y 400.000 escudos para pagar el sueldo de un ejército levado en Francia y un destacamento para Sedan.

Gastón de Orléans, por su lado, se comprometía a firmar la paz en nombre de Francia y cada país restituiría las ciudades conquistadas. Francia renunciaría a sus alianzas con Suecia y con los príncipes alemanes protestantes. Bien mirado, se puede decir que se ofrecía la victoria en bandeja de plata a España.

Toda molestia mereciendo un salario, el rey de España se comprometía a conceder una pensión anual de 120.000 escudos a Gastón de Orléans, y una de 40.000 escudos al Duque de Bouillon y al Marqués de Cinq-Mars.

El tratado estipulaba también que "el Serenísimo Duque de Orléans o aquellos que marcharan en su partido, se comprometían a librar un punto fortificado o una plaza fuerte entre aquellas que escogiera Su Católica Majestad, de manera que, en caso de revés militar, el ejército extranjero, por medio del mencionado tratado, entrado en territorio francés, pudiese encontrar en éstas refugio. Monseñor el Duque de Orléans se compromete a iniciar los movimientos de las tropas a partir del momento en que las tropas de Sus Católicas e Imperiales Majestades, hayan cruzado el Rhin para penetrar en Francia."

Leyendo esto, se calibra perfectamente la gravedad de la traición en la cual se había tirado de cabeza el frívolo Henri d'Effiat, marqués de Cinq-Mars, por el amor de una princesa de la Casa de Gonzaga (a la que pretendía desposar pasando por encima de la diferencia de rangos).

El texto precisaba: "Declaramos unánimamente que no tomamos en esto ninguna medida contra Su Cristianísima Majestad (Luis XIII) y en perjuicio de sus Estados, ni contra los derechos y autoridad de la Cristianísima Reina reinante (Ana de Austria), y que tendremos el deseo de mantenerlos en todo lo que les pertenece."

Obviamente, la conspiración iba dirigida contra el cardenal-duque de Richelieu.

Con el sulfuroso escrito cosido en sus trajes, el Marqués de Fontrailles se encargó de la delicada misión de negociar con el Conde-Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV de España.

El 13 de marzo de 1642, el tratado era firmado y el marqués volvió a Francia, llevando encima una carta del rey de España para el Duque de Orléans. La temible policía del cardenal andaba ya tras los pasos del conspirador, pero perdió su rastro en el camino de vuelta y Richelieu debió de sospechar que se estaba tramando algo sin tener pruebas fehacientes...

Por los caminos del Rosellón

"Cuando los franceses tomen Arras, las ratas cazarán los gatos", se decía entonces. Pero es lo que se produjo efectivamente el 9 de agosto de 1640. La ciudad del condado de Artois cayó en manos galas.

Esta victoria se sumaba a otras que venían a aligerar la presión española al Norte del reino de Francia.

Por otro lado, la Lorena había sido invadida después de la traición del duque Carlos IV, durante el episodio de La Marfée. Alemania, arrasada por la Guerra de los Treinta Años, deseaba la paz (que tendrá que esperar 7 años más). El gobernador de los Países-Bajos Españoles, el cardenal-infante Don Fernando de Austria, hermano de Felipe IV de España y de Ana de Austria, acababa de rendir su último suspiro. Inglaterra se hallaba ocupada en la revuelta de los Escoceses. Gracias a las victorias del Conde de Harcourt y a la diplomacia de Giulio Mazarini (discípulo de Richelieu), la Duquesa de Saboya recuperaba para sí la regencia saboyana.

Retrato del Cardenal Giulio Mazarini (1602-1661), según un pastel de B. Vaillant.


Estos despejes dentro de la situación política y militar permitían al rey y a su ministro acudir en auxilio de los catalanes, que se habían sublevado contra Madrid. Las cortes catalanas habían, en efecto, votado la deposición del rey Felipe IV y elegido al rey Luis XIII como nuevo Conde de Barcelona, el 23 de enero de 1641!

La situación de España se había vuelto tan crítica que, además, se enfrentaba a una rebelión portuguesa debidamente financiada y apoyada por Richelieu.

El 3 de febrero de 1642, dos cortejos, separados por cuestiones de intendencia, tomaban camino hacia el Rosellón para asediar la ciudad de Perpiñán: en uno se encontraba el cardenal de Richelieu, en el otro el rey Luis XIII y su favorito, Cinq-Mars.

Una confianza quebradiza

Retrato de Luis XIII "el Justo" (1601-1643), Rey de Francia y de Navarra entre 1610 y 1643, según Philippe de Champaigne.

Durante el viaje, el favorito usó de toda su influencia para intentar quebrar la confianza de Luis XIII, asegurando que solo Richelieu representaba un insalvable obstáculo para concluir la paz.

Por vez primer, el rey iba a actuar a espaldas de su ministro, autorizando secretamente al marqués de Cinq-Mars y a De Thou a corresponder con Roma y Madrid para intentar concluír un tratado de paz. Pero ese razonable proyecto tan solo era obra de François de Thou.

En el curso de una conversación durante la cual el rey se quejaba de ser el "esclavo" del cardenal, Cinq-Mars exclamó:

-"¡Echadle!"

Luis XIII contestó que no era tan sencillo hacer eso.

El favorito, perdiendo la compostura, sugirió entonces:

-"El camino más corto y rápido es mandar que lo asesinen cuando acuda a los aposentos de Vuestra Majestad, dónde los guardias del cardenal no entran!"

Sorprendido, el rey quedó brevemente mudo y luego respondió:

-"El cardenal es hombre de la Iglesia, sería excomulgado."


Retrato de Jean Arnaud de Peyre, Conde de Troisville, Capitán de los Mosqueteros y más conocido como "el Conde de Tréville" gracias a la novela de Alexandre Dumas.

El Conde de Tréville, capitán de los Mosqueteros a caballo, asistía a la conversación y tomó la palabra:

-"Si tengo el permiso de Vuestra Majestad, no dudaré e iré a Roma para obtener la absolución donde estoy seguro de ser bien recibido."

Si damos crédito al Marqués de Montglat, que transcribió esta conversación, el rey omitió contestarle.

Ciertamente, Luis XIII gustaba quejarse en privado del cardenal de Richelieu, y le criticaba a menudo. Quizás pensase que, de este modo, difuminaba su imagen de soberano supeditado a las directrices del ministro todopoderoso. Pero se duda seriamente que hubiese realmente pensado en dejar que se asesinase a su ministro.

Fuertes de la más que ambigua actitud del rey, los conjurados tomaron sus palabras por un acuerdo tácito, y resolvieron poner en marcha su proyecto en Lyon, donde la corte llegó el 17 de febrero de 1642.

Cinq-Mars se encontraba junto al rey en sus aposentos mientras que sus compañeros, los señores de Tréville, des Essarts, de Tilladet y de La Salle, se apostaban en la antecámara real. Pero Richelieu se presentó acompañado de su capitán de guardia, contrariamente a la costumbre establecida.

¿Le falló la determinación ante la presencia del capitán, fue disuadido por el rey o simplemente estaba intimidado por la púrpura cardenalicia del imperioso ministro?

Se sabe que, al aparecer la eminencia, el marqués se retiró de los aposentos reales sin haber llevado a cabo su cometido, y mandó fuera a sus acompañantes.

Gastón de Orléans, invitado por Cinq-Mars a participar en el evento, no se presentó. Sin duda esa ausencia menguó la voluntad del favorito. La ocasión fallida no debía presentarse nunca más y, el 23 de febrero, el cortejo se puso en marcha.

El Soplo Anónimo


Retrato de la Infanta Ana de Austria, Reina de Francia y de Navarra (1601-1666), consorte de Luis XIII y hermana de Felipe IV de España.

Llegado a Narbona, Richelieu, que estaba entonces con sus 57 primaveras, cayó repentinamente enfermo. Dada la gravedad de su estado, el cardenal tuvo que dejar al rey y al favorito continuar el camino hacia Perpiñán sin él.

Por carta, el rey aseguraba como de costumbre a su ministro el afecto de siempre. Sin embargo, el cardenal atravesaba sus peores días de angustia. Temía que el monarca le abandonase y muchas razones le llevaban a creer que así ocurriría un día u otro. Tras un doloroso episodio, tanto moral como físico, el cardenal decidió reanudar su marcha pero regresando a la capital, anticipando el retorno del rey que, también, cayó enfermo.

En el momento en que se encontraba en Arles, Richelieu recibió, el 11 de junio, un mensaje de la más alta importancia:

-"¡Traedme un caldo!¡ Estoy confuso!" , espetó al leerlo.

No era de extrañar, pues se trataba de una copia del famoso tratado confeccionado por el Marqués de Fontrailles. Por fin la prueba estaba en sus manos!

Mandó a Charpentier, su secretario, que leyera el infame documento y le ordenó que hiciera varias copias.

¿Quién dió el soplo y envió la copia del tratado al cardenal? Permanece siendo un misterio, pero hay indicios de que fuera la mismísima reina Ana de Austria, la que asestó el mortal golpe a la conjura. Se puede intentar comprender su gesto. El estado de salud del rey, aunque tan solo con 41 años de edad, y la corta edad del pequeño Delfín Luis de Francia, nacido el 5 de septiembre de 1638, permitían pensar que pronto todo conduciría a una época de regencia en Francia.

Por otro lado, el alejamiento del Duque de Bouillon en Italia, las tergiversaciones de los conjurados y las advertencias de Fontrailles, convencido de que el rey y Cinq-Mars ya no se encontraban en buenas relaciones, auguraban un mal final para la conspiración. Para colmo, todo París andaba pasándose copias del tratado bajo capa y hasta la princesa de Gonzaga, por la que suspiraba tanto el marqués de Cinq-Mars, estaba al corriente del triste "affaire".



Aunque Luis XIII aseguraba sus repetidas visitas a la alcoba de la reina, cumpliendo puntualmente con su deber conyugal, sus relaciones con Ana de Austria eran malas. Sabía que, como el caso de las "Cartas Españolas" lo había probado (en agosto de 1637), la reina era capaz de mantener secreta correspondencia con el enemigo, y la amenazaba regularmente de separarla de sus hijos.

Retrato de la reina Ana de Austria con su primogénito el Delfín, futuro Luis XIV.


¿Qué peso habría tenido entonces una princesa española sin la tutela del heredero del trono de Francia? Al traicionar a los conjurados, la reina daba pruebas a su esposo, así como al cardenal de Richelieu, de su deseo de reconciliarse y de consolidar el futuro de la monarquía (lo que entrañaba también la integridad del reino frente a España y Austria). De un solo golpe, también apartaba a su cuñado Gastón de Orléans de la regencia.

Si ese fue su pensamiento, el porvenir acabó por darle toda la razón. Se sabe que, poco después de haber sido informado del tratado, Luis XIII escribió una carta a su esposa para asegurarle su afecto y prometerle que jamás le quitaría a sus hijos.

El arresto de los conjurados


Retrato de Henri Coiffier de Ruzé d'Effiat, Marqués de Cinq-Mars (1620-1642).

El 12 de junio de 1642, el Conde de Chavigny, secretario de Estado para los Asuntos Exteriores, llegó a Narbona portador de un mensaje de Richelieu para el Señor Sublet de Noyers, secretario de Estado para La Guerra. Los dos ministros se personaron ante el rey, sorprendiéndole conversando con el marqués de Cinq-Mars. Tomando del brazo al rey, Chavigny apartó al marqués con un tono autoritario alegando que tenía que entretener a Su Majestad de una importante noticia.

Retrato de Claude Bouthillier, Señor y 1er Conde de Chavigny (1581-1652), Secretario de Estado para Asuntos Exteriores.


Los tres hombres se retiraron para hablar en secreto y, en el curso de la audiencia privada, Luis XIII se dejó convencer para firmar el arresto de los señores de Cinq-Mars, de Thou y de Bouillon.

Uno se puede hacer idea de la incredulidad del monarca en ese momento, preguntando más tarde si no se habían confundido de persona al implicar al marqués de Cinq-Mars. Richelieu, con copia en mano de ese tratado, se había anticipado a las reticencias del soberano ordenando a Chavigny convencerle de que se arrestase a Cinq-Mars en primera instancia, y que si las acusaciones eran falsas, se le liberaría poco después.

El mismo día, François de Thou fue arrestado. El día siguiente y tras intentar huír, fue el turno del marqués de Cinq-Mars. Parece ser que, asaltado por los remordimientos, Luis XIII intentó prevenirle de que su vida peligraba.

A pesar de sus dudas, el rey no podía deshacerse de su amistad con el favorito.

En el momento de su ingreso en la fortaleza de Montpellier, donde fue inicialmente encarcelado, Cinq-Mars murmuró:

-"¿Y pues?¿Hay que morir a los 22 años?¿Hay que conspirar contra su patria desde tan temprana edad?"

El mismo 12 de junio, el rey mandó a Casale, en Italia, al señor de Castellan para que arrestase al Duque de Bouillon. Buscando huír, los soldados descubrieron al duque escondido en una granja de alfalfa. Se puede decir que fue un momento poco glorioso para ese orgulloso militar. El duque fue encarcelado en la lúgubre fortaleza de Pierre-Scize, en Lyon.

En cuanto al marqués de Fontrailles, éste había olido que las cosas se ponían feas mucho antes de que se descubriera el complot, y se había refugiado en el extranjero. Antes de partir, había hecho advertencias a Cinq-Mars y al duque de Orléans. El favorito no quiso oír sus consejos; estaba enamorado de la princesa María de Gonzaga y manifestaba la típica imprudencia de la juventud.

Las declaraciones del Duque de Orléans



No contento con los arrestos, el cardenal juzgaba de suma importancia someter a interrogatorio al Duque de Orléans. Usando de un estratagema, Luis XIII impidió que tomara éste el camino de la huída, invitándole a tomar el mando del ejército de Champaña. Sensible a ese gesto de confianza, Gastón de Orléans cayó en la trampa y permaneció dentro del país.

Mediante una segunda carta, el rey informaba a su hermano del arresto de Cinq-Mars, con pretexto de sus "insolencias". Gastón de Orléans escribió entonces una carta al cardenal de Richelieu:

"Primo mío, el Rey mi Señor me ha hecho el honor de escribirme cual ha sido finalmente el efecto del ingrato Monsieur le Grand (Cinq-Mars, llamado "Monsieur le Grand" por su cargo de Caballerizo Mayor del Reino). Es el hombre del Mundo más culpable de haberos decepcionado después de tantas bondades. Las gracias que recibía de Su Majestad me han hecho desconfiar de él y de todas sus actitudes. Asi es pues, primo mío, que conservo por Vos mi estima y mi amistad enteras."

Huelga hacer cualquier tipo de comentario al respecto.

El 28 de junio, Luis XIII y Richelieu debían reencontrarse en Tarascón para una primera entrevista tras muchos meses de separación. No fue sin duda un banal espectáculo que el de asistir al reencuentro de estos altos personajes del Estado, tan enfermo el uno como el otro, y estirados en dos camas puestas para este fin. Únicamente asistieron al evento los ministros Chavigny y Sublet de Noyers, fieles servidores del cardenal. Naturalmente, el cardenal comprendió que el rey había traicionado su confianza durante los últimos meses. Habló pues con firmeza y amargura.

A tres contra uno, el rey capituló y otorgó plenos poderes a su primer ministro para arreglar el proceso judicial de los conjurados y los asuntos militares del Rosellón. Era entonces indispensable que Gastón de Orléans admitiera su culpabilidad en el triste asunto.

Chavigny, enviado del cardenal, previno al hermano del rey que todo se sabía de su implicación y que nadie respondía de su cabeza para salvarla, al haber cometido semejante crimen contra el rey y el reino.

Aterrorizado, el duque de Orléans envió misivas al monarca y al cardenal, y también a su propio confesor el abad de La Rivière, para que testimoniara en su favor ante ellos. Luis XIII respondió que su clemencia dependía de si le explicaba todo cuanto había que saber sobre el asunto.

Mientras tanto, todas las personas comprometidas en el complot empezaron a hablar de buena gana dando asombrosos detalles de toda la operación. De este modo, Richelieu supo del intento fracasado de su asesinato a manos del marqués de Cinq-Mars y de sus amigos en Lyon.

Por su parte, Luis XIII se encontraba sometido a una presión psicológica organizada sutilmente por el Cardenal y destinada a inclinar la balanza real a su favor y en contra, obviamente, de Cinq-Mars. No se omitieron detalles, como la famosa respuesta del favorito cuando le preguntaron por la mala salud del rey durante el asedio de Perpiñán: -"¡Se retrasa!"

El proceso de los conjurados

Dada la presencia del Duque de Bouillon en Pierre-Scize y de Gastón de Orléans en Annecy, refugiado en las posesiones de su hermana Cristina, Duquesa Regente de Saboya, el Cardenal de Richelieu escogió la ciudad de Lyon para abrir allí el proceso judicial.

Se personó allí en barco, remontando por el río Ródano, llevando consigo y bajo escolta a François de Thou. Tras una tentativa frustrada de evadirse, el Marqués de Cinq-Mars fue transportado en carroza y rodeado por 600 guardias, desde Montpellier hasta la fortaleza de Pierre-Scize.

Los primeros interrogatorios no dieron resultados, ya que Cinq-Mars y De Thou se obstinaron a negarlo todo de forma sistemática.

Dado que el documento original del tratado había desaparecido, era indispensable que una copia fuese autentificada. A la espera del primer ministro, la comisión extraordinaria encargada del juicio y presidida por Pierre Séguier, canciller de Francia, se encontró con Gastón de Orléans en la localidad de Villefranche-sur-Saône el 29 de agosto de 1642.

Giulio Mazarini había obtenido la clemencia del rey para el Duque de Orléans y la restitución de sus posesiones en contrapartida del reconocimiento del tratado. Pero Gastón rehusó de forma categórica un careo con Cinq-Mars, lo que no le impidió revelar en veinte artículos todo lo que sabía y autentificar la copia del tratado. Añadió que fue solicitado por Cinq-Mars para unirse a los conspiradores y para colaborar en la caída del cardenal. Si el hermano del rey hacía, por norma, gala de gran arrojo y valentía en los campos de batalla, en ese momento mostraba una vez más su lamentable cobardía en los asuntos políticos.

Era entonces corriente, ver políticamente necesario, perdonar a los Príncipes de la Sangre, pero la actitud de Gastón de Orléans hacia los demás conjurados tuvo que herir sensiblemente a muchas conciencias:

"....y porque Monsieur estaba desgraciadamente envuelto en este asunto que los hizo perecer, hasta el punto que se ha creído que su sola confesión hecha ante el Señor Canciller fue la que más los inculpó, y que fue causa de sus muertes. El acomodamiento de Monsieur (Gastón de Orléans) se hizo, y volvió a París bajando a mis aposentos tan alegre y dicharachero como si los señores de Cinq-Mars y De Thou no se hubiesen quedado por el camino. Admito que no pude verle sin pensar en ellos, y que en mi alegría sentí que la suya me daba pena."

Así lo atestigua en sus "Memorias" la Duquesa de Montpensier, la mismísima hija de Gastón de Orléans que, en aquella época, contaba ya 15 años de edad.

El Duque de Bouillon tampoco demostró ser más valiente y olvidó su palabra dada. En su careo con el Marqués de Cinq-Mars, declaró desconocer todo acerca del famoso tratado y explicó que solo habría librado la plaza de Sedan al enemigo en el caso de que muriera el rey. Todo lo demás era responsabilidad del marqués. Para salvar su cabeza, el duque aceptó ceder la plaza de Sedan que su padre había heredado de su primera esposa, Charlotte de La Marck.

El golpe de gracia fue dado por el rey en persona el 6 de agosto. Escribió al canciller Séguier:

"... pues ese impostor y calumniador, el mayor que nunca hubo, no olvidó nada de todo lo que pudo hacer para disponerme contra mi Primo el Cardenal de Richelieu. Pero, cuando sobrepasó los límites hasta llegar al extremo de proponerme que me deshiciera de mi Primo, ofreciéndose para hacerlo, tuve en horror esos malos pensamientos y los odié, de manera que, al no encontrar mi apoyo para sus temibles planes, se puso en contacto con el Rey de España contra mi persona y mi Estado por desespero de no poder conseguir lo que deseaba."

Ese escrito fue arrancado del rey por el Conde de Chavigny y el Señor de Noyers. Pero, ¿qué tenía que esconder el escrupuloso Luis XIII para comportarse de tal manera? La suerte del Marqués de Cinq-Mars estaba echada, pero los cargos fallaban contra François de Thou.

Richelieu perseguía a De Thou con un odio mal comprendido por los historiadores. Haciendo gala de un encarnecimiento indigno de un gran ministro que hacía temblar Europa, usó de un miserable estratagema.

El 10 de septiembre, por medio del Barón de Laubardemont, hombre de confianza de Richelieu y miembro de la comisión, el cardenal hizo creer a Cinq-Mars que De Thou había confesado su total implicación en la trama. Si quería evitar la tortura y salvar la cabeza, tan solo tenía que firmar un documento confirmando así todo lo dicho por su amigo. Obviamente era una mentira, pero Henri de Coiffier de Ruzé d'Effiat, Marqués de Cinq-Mars, cayó de lleno en la trampa.

El 12 de septiembre, de buena mañana, el juicio celebró su comienzo con un careo entre François de Thou, sus "supuestas confesiones" y el Marqués de Cinq-Mars. El favorito, en un gesto que le honra, tomó entonces la defensa de su amigo, explicando que este último había hecho todo lo posible para disuadirle de llevar a cabo ese proyecto, cuando fue informado de la existencia del tratado con los españoles. Pero ya era demasiado tarde.

El hermoso e inconsciente Marqués Henri de Cinq-Mars fue condenado a la pena capital por unanimidad, y su amigo François de Thou por 12 votos contra 2. El cardenal acababa apenas de dejar la ciudad de Lyon cuando recibió la noticia en Lentilly. Al mismo tiempo, como una buena noticia nunca llega sola, Richelieu se enteraba que Perpiñán había capitulado el 9 de septiembre.

El final



El mismo día, a finales de la tarde, los condenados fueron llevados desde el palacio de Justicia hasta el lugar de su suplicio, en la plaza des Terreaux. Contrariamente a la costumbre observada para esas ocasiones, no fueron en un carro sino en carroza!

Cinq-Mars se sorprendió del trato del cual eran objeto, preguntándose por qué no les habían maniatado y llevados en un carro como les correspondía normalmente a los reos. Divertido, preguntó: -"¿Cómo señor, nos llevan en carroza?¿Es así como nos vamos al Paraíso?"

Un testigo apuntó en su diario que el marqués iba elegantemente vestido, llevando un traje en tela de Holanda, de color pardo y cubierto con pasamanería de encaje de oro ancho de dos dedos, y un sombrero de ala ancha negro.

El patíbulo tampoco era el esperado. En lugar del tradicional tronco tallado, se había puesto una columna de madera alta de 3 pies y encajada en el estrado. Los condenados debían abrazarse a ella, apoyando las rodillas en un pequeño banco. Este insólito patíbulo había sido reclamado por un ejecutor ocasional que reemplazaba al oficial de turno que estaba en cama al haberse quebrado una pierna.

El mismo testigo relata:

"...el ejecutor seguía la carroza a pie, era un hombre de edad avanzada, contrahecho, vestido como un mano de obra que asiste a los masones y que jamás había realizado ejecución alguna, aparte de manejar el hacha, de la cual tuvo que servirse ya que no había otro ejecutor, estando el de Lyon con la pierna rota..."

La carroza llegó en la plaza donde una considerable muchedumbre se agolpaba para asistir a la ejecución capital. Bajó primero el Marqués de Cinq-Mars del coche. Tres trompetas impusieron el silencio y se dió lectura de la condena. François de Thou quedó en la carroza.

Cinq-Mars subió dignamente las escaleras del estrado. Padeciendo los preparativos, recitó el "Salve Regina" con su confesor y rehusó que le vendasen los ojos. Arrodillado y abrazado a la columna, espetó al verdugo:

-"¿Y bien?¿a qué esperas?"


Lyon, Plaza des Terreaux, 12 de septiembre de 1642: el Marqués de Cinq-Mars y su amigo el Sr. de Thou son decapitados.

El hacha no cortó de buenas a primeras la cabeza del cuello. El espectáculo fue horrendo. El marqués, con la cabeza casi colgando, hizo ademán de levantarse. El verdugo tuvo que dar la vuelta alrededor de su víctima para cogerle por los cabellos y terminar su oficio. La cabeza rodó hasta los pies del patíbulo de donde fue lanzada al estrado por un testigo. Ese macabro incidente debía ser frecuente...

El cuerpo decapitado del marqués fue apartado, arrastrado hasta un rincón y cubierto por una lona. Le llegó el turno a François de Thou, quien subió sin vacilar las escaleras del patíbulo, perdonó y abrazó al ejecutor. Impresionado por la abundante sangre de su amigo, aceptó que le vendasen los ojos. Fue recitando el "In Manus Tuas" cuando el pobre De Thou recibió el primer golpe de hacha del verdugo en el cráneo. El ejecutor aficionado se mostró aún más torpe que antes y, bajo los silbidos de la muchedumbre, tuvo que rematarle de 4 golpes para decapitarle!

Siniestro eco de la Historia, esta ejecución respondía a la del Conde de Chalais, realizada en Nantes en 1626, y en la cual el verdugo, también novato, tuvo que rematar al condenado con más de una decena de golpes para cumplir con su cometido.

CONSECUENCIAS:



La noticia de la muerte del Marqués de Cinq-Mars hizo la vuelta del país y produjo una viva emoción. La impopularidad del cardenal de Richelieu llegó entonces a un nivel alarmante. Sin embargo, el cardenal aún no había acabado con sus enemigos. Exigió el despido de los capitanes comprometidos, y cuya presencia en el entorno del rey le inquietaba no sin razón. Muy reticente, Luis XIII se negó a ceder, sobre todo en el caso del Conde de Tréville al que tenía en muy alta consideración, confianza y estima. Finalmente tuvo que ceder...

La madre del marqués de Cinq-Mars, la Marquesa d'Effiat (viuda del mariscal), fue exiliada en Touraine. Su hermano fue privado de sus beneficios de abad y el castillo de Cinq-Mars fue arrasado hasta los cimientos.

Retrato de la Princesa Luisa María de Gonzaga de Nevers (1611-1667), hija del Duque Carlos III de Nevers y de Rethel -luego Duque Carlos I de Mantúa- y esposa del rey Ladislao IV de Polonia.


En cuanto a la princesa Luisa María de Gonzaga, Richelieu le hizo saber con perfidia, cuando ella reclamó los recuerdos y las cartas depositadas en la carta perteneciente a su enamorado, que se había encontrado tantas cartas y mechones de pelo de diferentes mujeres que era menester que enviase ella misma uno de sus propios mechones y una carta escrita por ella para distinguir cuales eran las suyas.

Luisa María de Gonzaga se consoló casando con el rey Ladislao IV de Polonia...

Siguiendo una estrategia habitual para deshacer las crisis, Richelieu presentó al rey su dimisión que, obviamente, Luis XIII rehusó aceptar. Entonces el cardenal se mostró exigente sobre la actitud a la cual debía conformarse entonces el monarca. Se puede decir que Richelieu chantajeó moralmente al rey divulgando cosas horribles supuestamente confesadas por el difunto marqués de Cinq-Mars, declaraciones que, por cierto, nunca fueron escritas por orden del Canciller Séguier.

Se puede afirmar que, a raíz de ese triste asunto, la inquebrantable confianza entre el rey y el cardenal se resquebrajó. El cambio se hizo notar sensiblemente en la correspondencia después del juicio de Lyon: los gestos y muestras de afecto desaparecieron.

El 4 de diciembre del mismo año de 1642, el cardenal de Richelieu falleció, casi tres meses después de la ejecución capital del marqués de Cinq-Mars, su antiguo protegido. La noticia hizo reguero de pólvora por toda Europa e inspiró al Papa Urbano VIII esa curiosa frase:

"Si hay un Dios, lo pagará! Pero si no hay Dios, menudo hombre!"

Luis XIII fallecería cinco meses después, el 14 de mayo de 1643, designando en su cama de moribundo a Ana de Austria como regente del reino de Francia (20 de abril), debidamente asesorada por un consejo formado por Gastón de Orléans, el Príncipe de Condé, el Cardenal de Mazarin, el Canciller Séguier, Bouthillier de Chavigny y el Conde de Chavigny (hijo del anterior).

jueves, 7 de julio de 2011

CRONOLOGÍA DE LOS PRÍNCIPES DE MÓNACO

Cronología de los reinados de los soberanos monegascos



Dinastía de Grimaldi
Señores de Mónaco, de Gagnes y de Antibes

-Francisco I "Malizia" Grimaldi, ob.1309, 1er Señor de Mónaco de 1297 a 1301

-Rainiero I Grimaldi, ob.1314, Señor de Gagnes de 1301 a 1314

-Gaspar I, ob.1331, Señor de Gagnes de 1314 a 1331

-Gabriel I, ob.1342, Señor de Gagnes de 1331 a 1342

-Antonio I, ob.1358, Señor de Gagnes de 1342 a 1358 -fundador de la Rama de Gagnes-

-Carlos I, ob.1363, 2º Señor de Mónaco de 1301 a 1357 (destronado)

-Rainiero II, ob.1407, Señor de Menton y 3er Señor de Mónaco de 1363 a 1407

-Ambrosio I, ob.1433, 4º Señor de Mónaco de 1407 a 1433

-Antonio I, ob.1423, 5º Señor de Mónaco de 1407 a 1423 (en co-reinado con su hermano)

-Antonio II, ob.1427, 6º Señor de Mónaco de 1423 a 1427 (en co-reinado con su tío)

-Juan I, ob.1454, 7º Señor de Mónaco de 1433 a 1454

-Catalano I, ob.1457, 8º Señor de Mónaco de 1454 a 1457

-Claudina I, ob.1515, 9ª Señora Hda. de Mónaco de 1457 a 1515

-Lamberto I Grimaldi, Señor de Antibes, ob.1494, 9º Señor consorte de Mónaco (esposo de la anterior)

Dinastía Grimaldi / Rama de Gagnes-Antibes

-Juan II Grimaldi, ob.1505, 10º Señor de Mónaco de 1494 a 1505 (asesinado)

-Luciano I, ob.1523, 11º Señor de Mónaco de 1505 a 1523 (asesinado)

1525: El Emperador Carlos V reconoce la soberanía de los Grimaldi sobre Mónaco.


El Señorío de Mónaco se convierte en protectorado de España.

-Agustín I, Obispo de Grasse, ob.1532, 12º Señor de Mónaco de 1523 a 1532

-Honorato I, ob.1581, 13º Señor de Mónaco de 1532 a 1581

-Carlos II, ob.1589, 14º Señor de Mónaco de 1581 a 1589

-Hércules I, ob.1604, 15º Señor de Mónaco de 1589 a 1604

1612: Mónaco se erige en Principado

1642: Mónaco se desmarca de España y pasa a ser protectorado de Francia / Luis XIII de Francia concede el ducado de Valentinois con paridad francesa al Príncipe Honorato II de Mónaco, además del marquesado des Baux, el condado de Carladez y otros señoríos. 




Dinastía Grimaldi
Príncipes Soberanos de Mónaco


-Honorato II, ob.1662, 16º Señor en 1604 y 1er Príncipe de Mónaco de 1612 a 1662

-Luis I, 1642-1701, 2º Príncipe de Mónaco de 1662 a 1701

1688: el rey Luis XIV de Francia reconoce oficialmente Mónaco como principado soberano.

-Antonio I, 1661-1731, 3er Príncipe de Mónaco de 1701 a 1731



1731: extinción de la línea directa de los Grimaldi por los varones tras la muerte del Príncipe Antonio I / la sucesión monegasca es asegurada por el yerno del difunto, Jacques de Goyon-Matignon, Conde de Thorigny que, al casar con la princesa heredera Luisa-Hipólita de Mónaco, adopta el apellido dinástico y las armas de la Casa Grimaldi como suyos / Asume el poder efectivo la Princesa Luisa-Hipólita.



-Luisa-Hipólita I, 1697-1731, 4ª Princesa de Mónaco de 1731 a 1731

-Jaime I, Conde de Thorigny, 1689-1751, 5º Príncipe de Mónaco de 1731 a 1733 (esposo de la anterior)

1731-1733: a la muerte de la princesa Luisa-Hipólita, su viudo Jaime I de Mónaco asume el gobierno del principado en nombre de su heredero Honorato III, hasta que cumpla los 13 años de edad.


Casa de Grimaldi-Goyon-Matignon


-Honorato III, 1720-1795, 6º Príncipe de Mónaco de 1731 a 1793 (destronado / prisionero)

Revolución Francesa de 1789 a 1799 / Invasión y ocupación Francesa de Mónaco en 1793.


Abolición de la monarquía Monegasca / Mónaco es integrado en el departamento francés de los Alpes-Marítimos, 1793-1814 / Encarcelamiento del Príncipe Honorato III en París y confiscación de todas sus posesiones que son incluídos en la lista de los Bienes Nacionales / Saqueo del Palacio Principesco de Mónaco y venta de sus tesoros artísticos.

1795: fallece el Príncipe Honorato III / Le sucede como pretendiente su hijo y heredero el príncipe Honorato IV.




Iª Restauración en 1814 / Mónaco recupera su independencia y su monarquía.

1814-1819: regencia del Príncipe Hdo. Honorato V en nombre de su padre Honorato IV, demasiado enfermo para ocuparse de los asuntos del principado.

-Honorato IV, 1758-1819, 7º Príncipe de Mónaco de 1814 a 1819

-Honorato V, 1778-1841, Regente en 1814, 8º Príncipe de Mónaco de 1819 a 1841

-Florestán I, 1785-1856, 9º Príncipe de Mónaco de 1841 a 1856

-Carlos III, 1818-1889, 10º Príncipe de Mónaco de 1856 a 1889



1858: Carlos III de Mónaco funda la Orden de Caballería de San-Carlos.

1861: Cesión a Francia de los territorios monegascos de Menton y de Roquebrune.

1863: Carlos III otorga al empresario Louis Blanc la concesión de los "Baños de Mar" y el permiso para abrir un casino en Monte-Carlo / Creación de la Sociedad de los Baños de Mar.

1869: el Príncipe Heredero Alberto contrae matrimonio con la hija de los Duques de Hamilton y nieta de los Grandes Duques de Baden, Lady Mary Victoria Douglas-Hamilton; la princesa Hda. Mary Victoria de Mónaco abandona su marido 5 meses después de la boda y embarazada.

1870: la princesa Hda. de Mónaco da a luz en Baden-Baden al príncipe Luis -futuro Luis II-.

1880: el Príncipe Alberto concede el divorcio a su consorte Lady Mary Victoria Douglas-Hamilton, y consigue la custodia del único hijo habido del matrimonio: el príncipe Luis / la ex-esposa de Alberto se casa nuevamente con el conde y luego príncipe húngaro Tasziló Festetics.


-Alberto I, 1848-1922, 11º Príncipe de Mónaco de 1889 a 1922

1889: Alberto I contrae matrimonio con la Duquesa Vda. de Richelieu, la norteamericana Mary-Alice Heine / Fundación del Instituto Oceanográfico de Mónaco y construcción de su sede en el principado por iniciativa de Alberto I.

1902: Alberto I de Mónaco concede el divorcio a su 2ª esposa Mary-Alice Heine, de la que no ha tenido hijos.



Crisis dinástica y política con Francia en 1911-1919 / Conflicto de Sucesión Monegasca ante la posibilidad de que, a la muerte de Luis II, la corona recaiga en la Casa Ducal de Urach, perteneciente a la Casa Real de Württemberg y de nacionalidad alemana / Ola de germanofobia en Francia y Gran-Bretaña.

1914-1918: Iª Guerra Mundial / Francia, Gran-Bretaña y Rusia declaran la guerra al Emperador Guillermo II de Alemania y al Emperador Francisco-José I de Austria / Mónaco se declara neutral.

1917: Revolución Rusa / Caída del Emperador Nicolás II de Rusia / Rusia se retira del conflicto y firma la paz con Alemania por separado / Entrada de EE.UU. en el conflicto mundial en apoyo al bloque franco-británico-italiano.

1918: Mónaco firma con Francia un acuerdo sobre la cuestión dinástica monegasca; la sucesión al trono de Mónaco no podrá recaer en pretendientes de nacionalidad alemana so pena de que el principado sea anexionado por Francia / 11 de noviembre: firma del armisticio franco-alemán / Alemania derrotada por los Aliados / Abdicación del kaiser Guillermo II y hecatombe general entre las monarquías germanas y austro-húngara.



1919: el Príncipe Alberto I de Mónaco reconoce a la hija natural de su heredero como su nieta legítima, otorgándole el apellido Grimaldi y apta a la sucesión monegasca, concediéndole oficialmente el título de "Duquesa de Valentinois" / Se zanja el problema sucesorio de Mónaco en perjuicio de los otros herederos legítimos del principado (las Casas de Urach, de Caumont-La Force y de Chabrillan), cuyas protestas son elevadas hasta la Presidencia Francesa / Francia respalda oficialmente la decisión del Príncipe Alberto I de Mónaco en la cuestión sucesoria. 

1920: la princesa Carlota Grimaldi, Duquesa de Valentinois, contrae matrimonio con el Conde Pierre de Polignac, súbdito francés que, formalmente, renuncia a sus apellidos y adopta el de Grimaldi, convirtiéndose en "S.A.S. el Príncipe Pierre de Mónaco".

-Luis II, 1870-1949, 12º Príncipe de Mónaco de 1922 a 1949

1924: el Conde Guillermo de Württemberg, Duque de Urach (proclamado rey Mindaugas II de Lituania en 1918), renuncia formalmente para sí y sus hijos a sus derechos dinásticos sobre Mónaco a favor de otro pretendiente: Aynard Guigues de Moreton, Marqués de Chabrillan.

1925: el Marqués de Chabrillan reivindica oficialmente derechos al trono monegasco.

1933: Luis II sanciona el divorcio de su heredera Carlota y de su yerno Pierre de Polignac.

1939-1945: IIª Guerra Mundial / Francia es derrotada y en parte ocupada por los alemanes de Hitler / Mónaco se proclama neutral pero, en realidad, acuerda una colaboración financiera con el régimen nazi de la que el principado y el IIIer Reich sacan grandes beneficios económicos / Luis II, inquietado por el avance del ejército italiano, opera un acercamiento con el Gobierno de Vichy para evitar la ocupación italiana y acuerda un censo de judíos afincados en el principado para las deportaciones a campos de concentración alemanes.

-Carlota Grimaldi, 1898-1977, Princesa Hda. de Mónaco en 1919, Duquesa de Valentinois (hija natural de Luis II, legitimada en 1919 / renuncia en 1944)

1944: Renuncia de Carlota Grimaldi al trono monegasco en favor de su hijo Rainiero, Marqués des Baux / el Príncipe Heredero Rainiero se enrola voluntariamente en el ejército francés para luchar contra los alemanes.

1946: Luis II de Mónaco contrae matrimonio con la actriz francesa Ghislaine Dommanget.

Casa de Grimaldi-Polignac

-Rainiero III, 1923-2005, 13º Príncipe de Mónaco de 1949 a 2005



1956: Rainiero III de Mónaco casa con la famosa actriz norteamericana Grace Kelly.

1982: Fallece, tras un accidente de automóvil, la Princesa Grace de Mónaco.



-Alberto II, 1958-...., 14º Príncipe de Mónaco de 2005 a actualmente

2011: Alberto II de Mónaco casa con la ex-nadadora sudafricana Charlene Wittstock.