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martes, 3 de diciembre de 2013

Frase de Cine



Sofía Petrillo (Estelle Getty):

-"Se me ha dormido el trasero."

Dorothy Zbornak (Beatrice Arthur):

-"Ya. Entonces bajaremos la voz."

Frases de: Estelle Getty, actriz (1923-2008) y Beatrice Arthur, actriz (1922-2009) in "The Golden Girls / Las Chicas de Oro", NBC TV sitcom, Susan Harris, 1992.

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL COMPLOT DEL 23-F AL DESCUBIERTO

EL REY, SU AYUDANTE EL GENERAL ARMADA Y EL SOCIALISTA ENRIQUE MÚGICA DIERON EL "GOLPE" DEL 23-F CONTRA SUÁREZ, PERO TEJERO LES SALIÓ RANA Y NO ACEPTÓ LA "LISTA DE LOS 19"



La muerte del general Alfonso Armada, indultado por el Gobierno del socialista Felipe González tras cumplir solo 6 años de los 30 a los que fue condenado, no ha enterrado ni mucho menos la verdad histórica y judicial sobre el golpe de Estado del 23-F. Cada vez más historiadores, investigadores y testigos directos están desvelando que la asonada no se produjo como la contaron sus protagonistas, sino que fue el propio rey Juan Carlos, su ayudante desde 1955, Alfonso Armada (secretario de la Casa del Príncipe Juan Carlos y después, cuando su jefe era ya el monarca, secretario general de la Casa Real) y el dirigente socialista Enrique Múgica (PSOE) quienes urdieron un "Gobierno de concentración" para derrocar a Adolfo Suárez. El problema fue que el autor material, el coronel golpista Antonio Tejero, les salió rana. Y además un operador de TVE dejó encendida una cámara que puso al descubierto la opereta bufa. Para colmo, Armada no consiguió convencer a Tejero de que se le invistiera allí mismo presidente del Gobierno junto con dirigentes de AP, PSOE, PCE, "traidores" de UCD e independientes.

 
 


La médico del Congreso, doctora Carmen Echave, escuchó la conversación Armada-Tejero tras una puerta contigua y anotó los nombres que intentaban pactar. Los escribió en su propia agenda para no olvidarse. Es la conocida "lista de los 19", políticos y militares que, por fidelidad al rey, odio a Adolfo Suárez, ambición o las tres cosas juntas, estaban dispuestos a todo con tal de poder ocupar un sillón ministerial:

– Presidente: general Alfonso Armada
– Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)
– Vicepresidente para Asuntos Económicos: J.M. López de Letona (Banca)
–Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)
–Ministro de Defensa: Manuel Fraga Iribarne (Alianza Popular)
–Ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba (PSOE)
–Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD)
–Ministro del Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro
–Ministro de Obras Públicas: José Luis Alvarez (UCD)
–Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)
–Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE)
–Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)
–Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (presidente de la CEOE)
–Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)
–Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE)
–Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)
–Ministro de Autonomías y Regiones: general José Antonio Sáenz de Santamaría
–Ministro de Sanidad: Enrique Múgica Herzog (PSOE)
–Ministro de Información: Luis María Anson (presidente de la agencia Efe)



La fiabilidad del testimonio de la doctora Echave lo corrobora la periodista Victoria Prego, especializada en la Transición, y lo confirma el periodista Pablo Sebastián, que menciona como Fernando Alvarez de Miranda (UCD) y Alejandro Rojas Marcos (Partido Andalucista) supieron que Felipe González había dado el visto bueno a un "Gobierno de concentración nacional":



"¿Por qué Felipe González -como lo recuerda Fernando Alvarez de Miranda citando a Adolfo Suárez y lo ha confirmado Alejandro Rojas Marcos- prefería un Gobierno de concentración nacional presidido por un militar, como el que proponía Armada, en vez del Gobierno de Suárez? ¿Qué pasó entre Armada y Tejero cuando el coronel de la Guardia Civil con el que Armada había preparado el golpe, le negó a Armada su entrada en el Congreso secuestrado porque al parecer la lista del gobierno que traía el exgeneral incluía a socialistas y comunistas?".



El coronel Martínez Inglés incluye en su libro "La transición vigilada", retirado del mercado a los 15 días, las únicas declaraciones del general golpista Milans del Bosch sobre esos acontecimientos. Habían coincidido en la misma prisión y el coronel le prometió no divulgarlas hasta después de su muerte. Milans del Bosch dijo: "El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada".



Afirma que después el general Armada siguió teniendo mucha amistad con el rey, con quien hizo un pacto de silencio: "No acusó a su señor, se calló y estuvo solamente cinco años en la cárcel, después lo indultaron. Sin embargo, el general Milans, un hombre completamente distinto de Armada, no es un hombre de Palacio sino un militar más puro, fue engañado y abandonado, siguió en la cárcel durante nueve años".

El periodista Jesús Cacho también investigó este asunto en el libro "El negocio de la libertad’. Su colega Rafa Plaza afirma que Cacho lo había entregado a la editorial Plaza y Janés del grupo Berstelsmann, pero le dijeron que lo publicarían si mutilaba 50%. "No queremos problemas", le comentaron. Lo llevó entonces a la editorial Foca, y el libro ya va en la undécima edición, con 90 mil ejemplares vendidos.

Cacho concluye que "el rey participó en el 23-F, y menciona en el libro un informe escrito y firmado de puño y letra por el general Armada, que confirma lo anterior, así como la carta que escribió antes del juicio, en la cual el general le pide permiso al rey "por el honor de mis hijos y de mi familia, para utilizar, durante el consejo de guerra, parte del contenido de nuestra conversación, de la cual tengo nota puntual, mantenida días antes del golpe, a la vuelta de los reyes del entierro de la reina Federica de Grecia".



Otros tres testigos más, los coroneles Diego Camacho y Alberto Perote, junto con el propio jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, que fue despedido por el rey porque no admitía las continuas tropelías del monarca y se las recriminaba, han dejado testimoniado lo que saben. Con ellos habló o recabó su testimonio el catedrático Roberto Centeno:



"Los golpistas del 23-F fueron víctimas de la fatalidad: el teniente coronel Tejero, encargado de la toma de las Cortes, se negó a obedecer a Armada cuando supo que iba a formarse un Gobierno con socialistas y otras izquierdas de nombre. En una entrevista radiada la pasada semana con el señor Trevijano, el coronel Diego Camacho, del CESID, relató cómo sus jefes estaban dentro del golpe y cómo lo apartaron cuando lo denunció ante su superior el general Calderón, sin saber que formaba parte de la trama. Según este coronel, el Rey dio marcha atrás cuando Armada le comunicó por teléfono que Tejero iba por libre y no le obedecía".



"Además, el hecho de que la radio y la televisión continuaron transmitiendo, con un energúmeno pegando tiros al aire y el mundo entero viéndolo en directo, hacía el "golpe de timón" absolutamente infumable a nivel internacional". En otra entrevista realizada en la COPE por César Vidal al coronel Alberto Perote del CESID, que vivió en directo todo el asunto, al preguntarle qué habría pasado si Tejero hubiera obedecido y las cámaras hubieran sido desconectadas, su respuesta fue rotunda: "Armada habría salido del Congreso investido como presidente del Gobierno".

El jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, cuando fue expulsado de su puesto por el Rey, le contó a Trevijano cómo en el libro de visitas al monarca del día 11-F aparecía borrado el nombre de D. Alfonso de Borbón y en su lugar se había puesto el del general Armada, que se presentó de improviso en la Zarzuela, sin conocimiento de su capitán general. Y -continúa el general Fernández Campos- "tratándome como si fuera un soldado", ante mi sorpresa me exigió: "dígale que estoy aquí y vera cómo me recibe (el Rey) en el acto", lo que efectivamente sucedió.



Fernández Campos le contó también a Trevijano que, a las tres de la mañana del 24-F, ordenó a un capitán de servicio en la Zarzuela que se presentara en la agencia EFE y retirara el cable enviado por el Rey a Miláns del Bosch en el que le decía "que ya no podía dar marcha atrás". Se refería a la suspensión de la operación político-militar promovida por la Corona. Miláns del Bosch, que ya había sacado los tanques a la calle, no obedece al Rey al instante, por eso el mensaje del monarca en la televisión no puede emitirse hasta la madrugada. En el 23-F los militares pagaron el pato, todos los condenados menos uno eran militares, aunque en el golpe había mas civiles que militares: "Y con una dignidad y una lealtad digna de mejor causa todos mantuvieron la boca cerrada"

domingo, 1 de diciembre de 2013

Cita de la Semana



"Más vale decir siempre lo que le pesa a una sobre el corazón que guardar en él odios eternos."

Frase de: la Princesa Anne Marie Louise de Orléans, Duquesa de Montpensier (1627-1693), memorialista.

1817: CUANDO RUSIA ESTAFÓ A ESPAÑA

FERNANDO VII TIMADO POR RUSIA

 
Retrato del Rey Fernando VII de España (1784-1833), según Vicente López Portaña.


Conocido como ‘el rey Felón’ por sus adversarios y ‘el Deseado’ para sus partidarios, Fernando VII protagonizó varios de los momentos más nefastos como monarca absolutista y a pesar de haber gozado de una gran confianza por parte de los ciudadanos españoles en la primera parte de su mandato, no supo gestionar lo suficientemente bien los siguientes periodos tras recuperar el trono.

Por una parte, recibió como herencia una Armada española en la que su flota naval había prácticamente desaparecido a consecuencia de la batalla de Trafalgar que tuvo lugar el 21 de octubre de 1805, bajo el reinado de su padre, Carlos IV. La posterior Guerra de la Independencia (1808-1814) contra el Primer Imperio Francés terminó de dejar sin efectivos suficientes de buques y barcos de guerra.



La que había sido durante muchísimos años la Armada más poderosa y temida de todos los mares, se había quedado reducida en unos pocos barcos dañados e inoperativos.

Esto hizo que en 1817 se decidiese realizar la adquisición de una nueva escuadra marina, con la intención de enviar un importante contingente militar hasta las colonias españolas en América, en un momento en el que en muchas de ellas estaban estallando conflictos bélicos en busca de la independencia.

 
Retrato del ministro José-Vicente Vázquez de Figueroa y Vidal (1770-1855). 


A pesar de haber estado en guerra contra Francia hasta poco tiempo antes, se realizó una primera compra de barcos al país galo, siendo el mediador de esta transacción comercial el entonces ministro de Marina, y hombre de confianza de Fernando VII, José Vázquez de Figueroa. El acuerdo llegó a buen término y en agosto de ese mismo año ya estaban dispuestas en El Ferrol las primeras naves entregadas por los franceses.

 
Retrato del Conde Dmitriy Pavlovich Tatischev (1767-1845), Embajador del Zar Alejandro I de Rusia en la Corte de Madrid entre 1815 y 1821.


Pero los barcos adquiridos no eran suficientes para los planes que tenía el rey absolutista, llevándolo a querer adquirir una nueva remesa, esta vez a través del embajador de Rusia en España, un pérfido personaje llamado Dmitry Pavlovich Tatischev que hizo de intermediario entre Fernando VII y el zar Alejandro I.

Esta nueva flota de guerra que se adquiría a los rusos no tenía el visto bueno de Vázquez de Figueroa, quien avisó al monarca de las intenciones poco claras del embajador Tatischev y, sobre todo, por el carísimo acuerdo económico que se había alcanzado, estando en ese momento la nación española pasando una grave crisis económica (motivo por el que unos años antes [1812] se había creado la Lotería de Navidad, cuyo fin era recaudar más impuestos).
 
La oposición del ministro de Marina hizo que el rey se distanciase de éste (acabó destituyéndolo poco después) haciendo caso omiso Fernando VII a los avisos sobre las extrañas intenciones rusas.



Y así fue. Tras el pago inicial de un adelanto de los aproximadamente 70 millones de reales de vellón (una cantidad desorbitada para aquella época) que costaba la operación (y en el que un buen número de personas que intervinieron en dicha transacción se embolsaron suculentas comisiones), el 21 de febrero de 1818 llegaban al puerto de Cádiz la flota de barcos adquiridos a los rusos.

Lo que debía ser una fiesta y alegría por la adquisición se convirtió en estupor al comprobar el pésimo estado con el que llegaron los barcos. La mayoría tenían la madera con la que había sido realizados podrida, además de haber sido usados en varios conflictos marinos por la armada rusa.

Evidentemente se encontraban frente a una estafa en toda regla, algo que le recriminó el ministro José Vázquez de Figueroa al monarca, por lo que la relación entre ambos terminó por deteriorarse totalmente.
De todos los barcos recibidos tan solo uno pudo ser aprovechado, tras una importantísima inversión para repararlo por completo. El resto tuvieron que ser destruidos, no pudiéndose aprovechar prácticamente nada.

 
Retrato del Zar Alejandro I Pavlovich (1777-1825), Emperador de Todas las Rusias.


Los rusos se escudaron en que en el contrato firmado por ambas partes no se especificaba por ningún lado que lo barcos estarían (o deberían estar) en buen estado. A pesar de ello, el zar Alejandro I se comprometió a mandar tres fragatas de regalo, las cuales también llegaron en unas pésimas condiciones.

Esto provocó que Fernando VII desoyera el reclamo por parte de los rusos para pagarles el resto de lo acordado, pero al mismo tiempo debía evitar que la ciudadanía se le pusiera en contra a raíz de este tema (aunque en realidad ya lo estaba desde hacía bastante tiempo debido a su nula capacidad para reinar la nación) para ello tergiversó la historia en los diarios y mandó publicar que el acuerdo por la adquisición de la flota rusa había resultado todo un éxito.

En toda esta historia, José Vázquez de Figueroa fue el que peor salió parado, aunque, como apuntan los escritores Nikolay W. Mitiuckov y Alejandro Anca Alamillo en su libro "La escuadra rusa adquirida por Fernando VII en 1817" el Ministro de Marina tuvo mucha más culpa de lo sucedido que la que realmente se le dio, además de sostener que la estafa no lo fue tanto.

Artículo de Alfred López in 'Cuaderno de Historias' 01-10-2013

EL HOMBRE QUE INSPIRÓ A SIR ARTHUR CONAN DOYLE

ADAM WORTH, EL NAPOLEÓN DEL CRIMEN.



A aquellos a los que apasionan las novelas detectivescas, en las que se resuelven crímenes y el protagonista es todo un prodigio a la hora de atar cabos, sacar conclusiones de una manera aguda y magistral, para acabar señalando quién es el culpable, tenemos en el personaje de Sherlock Holmes al investigador perfecto para nuestro deleite.

Con toda probabilidad, aquellos que sois seguidores de ese tipo de novelas, bien sabréis que no sería lo mismo sin el antagonista de muchas de las mismas, un calculador y pérfido genio del crimen llamado James Moriarty.

Pero al igual que Arthur Conan Doyle, para crear al personaje de Sherlock Holmes, se inspiro en la figura de Joseph Bell (su profesor cuando cursaba la carrera de medicina en 1877), hizo lo propio con el del gran enemigo del detective fijándose en el perfil de uno de los criminales más brillantes de la época: Adam Worth.

Worth poseía una mente privilegiada y una inteligencia muy por encima de muchos de sus contemporáneos, lo cual utilizó para convertirse en un auténtico genio del crimen, que lo llevó a vivir una vida llena de lujos y excesos, hospedarse en los mejores hoteles, ser invitado a los más exclusivos palacios y rodearse de personajes de gran relevancia, todo ello gracias a su talento innato para engañar, robar y estafar a los demás.

Su carrera delictiva empezó a muy corta edad, si tenemos en cuenta que se escapó de su casa cuando tan solo contaba con diez años de edad. Era hijo de un humilde sastre prusiano que había emigrado con toda la familia a los Estados Unidos cuando Adam tenía cinco años.

A pesar de su corta edad viajó desde Massachusetts hasta Boston y posteriormente se trasladó a Nueva York, colocándose a trabajar de recadero, aunque lo que le ayudó a subsistir fue los pequeños robos y timos que realizó.

Tras estallar la Guerra Civil americana se alistó en el ejército (a pesar de que todavía le faltaba un año para la edad reglamentaria, falsificando el certificado) y era tal su habilidad dentro de la vida militar que en tan solo dos meses ya había sido nombrado sargento. Un año después fue herido en una de las batallas en las que participó, por lo que fue enviado a un hospital de la capital (en aquel tiempo llamada Georgetown) pero por un error burocrático se le dio por muerto, algo que supo aprovechar durante el resto de su vida.

Así que, sin cortarse un pelo, se alistaba con nombres falsos, se incorporaba a una unidad y una vez en destino tras cobrar la paga desaparecía llevándose cuanto de valor allí había. Solo tenía 18 años y ya era un prodigio del engaño y el enredo.

Fue por aquel entonces la época en la que los detectives de la agencia Pinkerton comenzaron a seguirle el rastro, siendo prácticamente imposible dar con él. Cuando llegaban a un lugar Adam Worth ya había huido de allí sin dejar rastro y con los bolsillos bien cargados de dinero.

Tras la guerra volvió a Nueva York donde se dedicó al refinado arte de robar carteras. Era tal su habilidad que en poco tiempo había formado una compacta banda de carteristas a quienes formó y controlaba para que le diesen la mayor parte de lo robado.

Su carrera delictiva iba cada vez a más, viendo que todavía podía dar golpes mejores, por lo que empezó a robar cajas fuertes. Fue intentando abrir una de éstas cuando fue sorprendido por la policía, detenido y enviado tres años a la prisión de Sing Sing, donde no estaría mucho tiempo encerrado, ya que logró escapar.

Cuando tenía 25 años (1869) contaba en su haber con la friolera de 1.866 bancos, empresas y comercios robados. También había organizado la fuga de varios importantes delincuentes de la época que estaban en prisión. Entre ellos un mujer que acabaría convirtiéndose en su esposa: Charles W. Bullard (más conocida como Piano Charley), famosa por su habilidad en abrir cajas fuertes.

Pero el cerco contra él era cada vez más estrecho y, tras varias ocasiones en la que estuvieron a punto de darle caza, decidió viajar rumbo a Gran Bretaña junto a su mujer, donde llegaron con una pequeña fortuna y haciéndose pasar por un rico matrimonio de petroleros de Texas, respondiendo él al nombre de Charles H. Wells.

Allí realizó varios robos y estafas, viajando por varias capitales europeas en las que cometió múltiples delitos con los más diversos nombres e identidades (el de Henry Judson Raymond, importante financiero, también lo usaría en varias ocasiones).

A su paso por París montaron un casino clandestino, ganando una inmensa fortuna, pero en 1873 los detectives de Pinkerton dieron con él y volvió a poner pies en polvorosa, dejado atrás a su esposa y regresando a Londres, donde invirtió parte de su capital en varias posesiones, entre las que se incluía el Western Lodge (una sociedad de socorro para las personas pobres y sin hogar), en el que participaban un gran número de personajes de la aristocracia británica con los que se mezcló e hizo truculentos negocios.

Muchos fueron los robos, estafas y engaños que llevó a cabo y con los que embaucó a un gran número de personas, realizándolo de una manera magistral, pero uno de los golpes más recordados fue el del robo de un valiosísimo cuadro de Thomas Gainsborough que representaba a la duquesa de Devonshire, ya que le recordaba a una novia que tuvo en sus tiempos de juventud.
En 1892 se enteró que su ex mujer había sido detenida y posteriormente fallecido en Bélgica, por lo que viajó hasta allí, aprovechando para organizar el robo de un carro brindado con dos socios que acababa de conocer. El golpe fue un fiasco y por culpa de ese terrible error Adam Worth fue capturado por las autoridades, ingresando en una prisión de máxima seguridad y donde estuvo encerrado hasta 1897.

Tras su salida de la cárcel viajó hasta Nueva York, donde contactó con Pinkerton y le hizo entrega del cuadro que había robado varias décadas atrás. Pero Adam Worth ya no tenía la habilidad de antaño, algo que lo llevó a dedicarse a cometer robos de escasa importancia y a beber de una manera exagerada, lo cual provocó que mueriera en 1902, a la edad de 58 años, totalmente solo, arruinado y alcoholizado.



Tan solo quedaba el recuerdo del que había sido un auténtico genio del crimen y al que bautizarían con el sobrenombre de ‘el Napoleón del crimen’, mismo mote que le otorgaría Arthur Conan Doyle a su personaje del profesor James Moriarty.

Artículo de Alfred López in 'Cuaderno de Historias' 29-11-2013.
 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

EL MISTERIO DE TUTANKAMON

 
 


CLEOPATRA VII, la última Reina de Egipto



MISTERIOS DE ASIA: La Gran Muralla de China



DOCUMENTAL: Alienígenas ancestrales / Extraterrestres y encubrimientos



DOCUMENTAL: Alienígenas ancestrales / Secretos de las Pirámides



DOCUMENTAL: Alienígenas ancestrales / Cultos mortales



lunes, 25 de noviembre de 2013

ESPAÑA: EL CREPÚSCULO DE UN REY

JUAN-CARLOS I : EL CREPÚSCULO DE UN REY
(documental en V.O.)
 
 

El 18 de Noviembre, el canal televisivo francés CANAL+ emitió este documental sobre la monarquía española que, sin dejar de ser correctísimo, pone en relieve la progresiva decrepitud de su imagen pública por culpa de los escándalos que han ido sucediéndose en su seno: las cacerías de elefantes en Bostwana, la presencia sospechosa de la supuesta amante del rey en las inmediaciones de La Zarzuela, los turbios negocios del yerno Iñaki Urdangarín, la silenciada anorexia de la princesa de Asturias, la cornamenta de la reina Sofía son abordados sin tapujos.

 

sábado, 23 de noviembre de 2013

CURIOSIDADES -120-

"Las miserias de Jorge IV"


 
Caricatura del Príncipe de Gales según el dibujante James Gillray, en 1792.


El sedentario estilo de vida, la gula y la afición por las bebidas alcohólicas presentaron una dura factura a la salud del rey Jorge IV de Gran-Bretaña e Irlanda (1762-1830), al final de la década de 1820. Su excesivo gusto por los grandes banquetes y el consumo de alcohol sin moderación le convirtieron en un obeso, haciendo de él el blanco de las malvadas burlas de sus súbditos cuando aparecía públicamente, cosa que no ocurría con frecuencia.
En 1797, aún siendo Príncipe de Gales, su silueta se había deformado haciendo las delicias de los caricaturistas populares; su peso alcanzó entonces los 111 Kgs. En 1824, siendo ya rey de Gran-Bretaña, de Irlanda y de Hannover, su obesidad obligó a su modisto a ensanchar la talla de sus corsés al alcanzar una cintura de 130 cms.



Se cree que al acceder al trono, Jorge IV se había convertido en un adicto al láudano. Y con razón: padecía de gota, arterioesclerosis e hidropesía y, posiblemente, de porfiria como su padre Jorge III. Durante la década de su reinado (1820-1830), llegó a pasar con frecuencia largos días clavado en su cama, sufriendo espasmos y dificultades respiratorias que le asfixiaban cruelmente. Según los testimonios de la época, mostró incluso signos de inestabilidad mental hacia el final de su vida, aunque nunca llegó al grado de locura que aquejó a su progenitor.

Fallecería a las 03:30 de la madrugada del 26 de junio de 1830, en el Castillo de Windsor. Según el testimonio de uno de sus pajes, al que agarró de la mano mientras agonizaba, Jorge IV exclamó:

-"¡Buen Dios!¿Qué es esto?"

Para luego sentenciar resignado:

-"Chico, esto es la muerte."

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL MARQUÉS DE BALLEROY

 
Ascenso, caída y destierro de un cortesano


Jacques Claude Augustin de La Cour, Caballero de La Cour, IIº Marqués de La Cour o de Balleroy, Señor de Bazocque, du Tronquay, du Vernay y demás lugares (París, 20-01-1694 / Castillo de Balleroy, Normandía, 21-02-1773). Fue hijo de Jacques de La Cour, Ier Marqués de La Cour (ob.1725), consejero en el Parlamento de París, y de Charlotte Madeleine Émilie Le Fèvre de Caumartin (ob.1745).

 
Blasón de los Marqueses de La Cour de Balleroy.


Pertenecía a una familia de antigua nobleza normanda cuyas pruebas remontan hasta Ayulphe du Four y de su esposa Asseline, gracias a una carta de fundación de la Abadía de Ardennes cerca de Caen, redactada en 1138 (siglo XII), y en la que donaban su tierra de Ardennes para fundar allí la mencionada abadía, más siete acres de tierra de cultivo para el mantenimiento de la iglesia. Uno de sus hijos menores, Guérin du Four, fue el primer abad de Ardennes. El benjamín, Gaultier, se hizo monje.

Es Guillaume du Four, un descendiente directo de Colard du Four, segundo hijo de Ayulphe, quien adopta definitivamente el nombre de DE LA COUR como apellido familiar en el siglo XV. A partir de entonces, sus descendientes serán conocidos bajo ese nombre y como nobles poseedores de los señoríos de La Cour, du Maltot y de Silly entre otros.

La rama primogénita de los La Cour se extingue en la primera mitad del siglo XVII, siendo sucedida por la rama de los Señores du Buisson, de los cuales descienden los Marqueses de La Cour de Balleroy y cuyo marquesado fue creado en 1704.



Paje de la Pequeña Caballeriza del Rey en 1710, entró a formar parte de los Mosqueteros del Rey en 1712 y, en marzo de 1714, pasó a ser 'corneta' en el Regimiento de Bonnelles-Dragones. En mayo del mismo año, se convierte en coronel y propietario de un regimiento de Dragones a su nombre.



Recibido Caballero de la Real Orden Militar de San Luís en 1715, pasa a ser "maestro de campo" (jefe de regimiento) reformado del Regimiento de Orléans-Dragons en 1718. Posteriormente, ingresaría como 'Insignia' de la Compañía de Noailles de la Guardia-de-Corps del Rey en 1728, obteniendo el rango de maestro de campo de Caballería y 2ª Insignia el mismo año, de 1er Insignia en 1729, 3er Teniente en 1735, Brigadier de los Ejércitos del Rey en febrero de 1734, 2º Teniente en 1735, Gobernador (tutor) del Duque de Chartres -cargo que pierde en 1743, al casarse este último con la hija del Príncipe de Conti-, para luego pasar a ser Primer Caballerizo del Duque de Orléans a modo de compensación. En 1738, es ascendido al rango de mariscal de campo y, poco después, al de Teniente-General de los Ejércitos del Rey.



Durante la campaña de 1744 (Guerra de Sucesión Austríaca), se ilustró en las trincheras de Friburgo y en el asedio de Landau pero, la actitud que tuvo en Metz durante la enfermedad del rey Luis XV, arruinaron su crédito en la corte. El ministro d'Argenson cuenta los motivos:


"La causa de su caída en desgracia vino motivada por dos cosas: el horrible odio existente entre él y mi hermano, y la rencorosa venganza de Madame la Princesa de Conti a la primera propuesta de casar su hija con el Duque de Chartres, de la que Balleroy habló con harto desprecio. La boda se hizo pero permaneció en la mente de la princesa el insulto."
El castigo no se hizo esperar demasiado: el Rey lo exilió a sus tierras de Normandía, haciendo de él una víctima de las intrigas de la corte.

El Marqués de Balleroy fallecería desterrado en su tierra y castillo de Balleroy, en Normandía, en febrero de 1773 y a la edad de 79 años.

 
Maqueta a escala del Castillo de Balleroy, en Normandía.


A finales de 1719, se barajó su noviazgo con Mademoiselle de Boissy, su prima-hermana, cuyo padre (hermano de Madame de Balleroy) proponía una dote de 200.000 libras. Pero, al final, no hubo acuerdo y la joven entregó su mano al Presidente de Ségur.

El 2 de junio de 1720, casaba con Marie-Elisabeth de Goyon de Matignon (1696-1745), que aportaba una dote de 50.000 libras y que, según el Duque de Saint-Simon "no era joven y se aburría de no estar aún casada." Ese feliz evento no impidió que los Goyon-Matignon, por su lado, manifestaran estar poco satisfechos con esa unión. Era la segunda hija de Charles-Auguste, Conde de Gacé, Barón de Bricquebec, Mariscal de Francia, Gobernador de La Rochelle y de la región de Aunis, y de Marie-Élisabeth Berthelot de Pléneuf.

Convertido en 2º Marqués de La Cour al fallecer su padre en 1725, Jacques-Augustin se instaló con su esposa en París y frecuentó la flor y nata de la capital gracias al apadrinamiento de su primo d'Argenson.

La pareja tendrá ocho retoños:

-Charles-Auguste de La Cour, Conde de Balleroy (1721-1794), IIIer Marqués de La Cour en 1773, Coronel, Mariscal-de-campo y Teniente-General de los Ejércitos del Rey; c.c. Adélaïde Elisabeth Sophie de L'Espineau, Vda. de Pleurre. => con descendencia

-N. de La Cour (niña bautizada el 16-10-1722)

-Capitán Louis-Augustin de La Cour (1724-1785), Jefe de Escuadra de la Marina Real en Brest.

-Jean-François Paul Henri de La Cour, Vizconde de Balleroy (1726-1802), Jefe de Escuadra de la Marina Real.

-François-Auguste de La Cour, Caballero de Balleroy (1726-1794), Mariscal-de-Campo; hermano gemelo del anterior.

-Élisabeth Louise Éléonore de La Cour de Balleroy (1729- ? ), c.c. Anne-Simon Piarron, Señor de Chamousset.

-Louise Jacqueline alias Aimée-Louise de La Cour (1731- ? ), c.c. Marin de Boysleve, Señor de La Marouzière.

-Aimée-Louise alias Louise Jacqueline de La Cour (1751-1778), Mademoiselle de Balleroy. Fallece soltera.

MÚSICA: Georg Friedrich Haendel

 
 
Georg Friedrich Haendel (1685-1759)
 
 
LASCIA CH' IO PIANGA
Aria di "RINALDO"
1711
 
 


Cita de la Semana



"El hombre que se resigna a vivir como un gusano, pierde el derecho de protestar si lo aplastan."

Frase de: José Ingenieros aka Giuseppe Ingegnieri, médico, farmacéutico, criminólogo, psiquiatra, escritor y filósofo (1877-1925).

sábado, 16 de noviembre de 2013

CURIOSIDADES -119-

"Rey troceado, estofado y especiado"



Estamos en el año de gracia de 1422, en plena Guerra de los Cien Años. El rey Enrique V de Inglaterra (1387-1422) se encuentra guerreando en Francia desde inicios del año. Agotado por los rigores del asedio invernal de la ciudad de Meaux, el monarca inglés vuelve al Castillo de Vincennes en un estado de salud lamentable y, en consecuencia, fallece de disentería el 31 de agosto. Un problema se plantea entonces: ¿cómo repatriar el real cadáver a Inglaterra sin que se descomponga y huela horrores?

Los cirujanos dan entonces con la solución y se ponen manos a la obra: vacían al difunto de sus entrañas, lo despedazan literalmente en varios trozos y los mandan hervir durante horas. El caldo resultante del inaudito estofado será vertido en el cementerio de Vincennes. En cuanto al cadáver troceado y hervido, lo depositan en un cofre de plomo con multitud de especias y ungüentos perfumados para combatir el posible olor. De este modo, los restos de Enrique V viajaron hasta Inglaterra para ser sepultados con todos los honores en la londinense Abadía de Westminster.

Por lo visto, hicieron algo semejante con el rey Luis IX "el Santo" de Francia cuando hubo que repatriar su cadáver desde Túnez, donde había fallecido también de disentería ¿o fue de fiebre tifoidea? (25 de agosto de 1270). Hirvieron su cadáver en vino y especias...

CURIOSIDADES -118-

"Tacones Rojos"



París, 1662. El veinteañero Príncipe Felipe de Francia, Duque de Orléans y hermano del rey Luis XIV, da el tono en la corte en cuanto a moda se refiere. Hasta tal punto, que la menor de sus locuras estilísticas es inmediatamente imitada por todos los cortesanos. Entre todas las fantasías de "Monsieur", una jugará un papel capital en los códigos de la corte del Rey-Sol.

Felipe de Francia es un alegre joven que adora encanallarse en los bailes públicos parisinos pero, harto del protocolo impuesto por su real presencia, decide simplemente acudir con sus comparsas al Mercado de los Inocentes, donde allí nadie le reconoce y en el que puede divertirse sin ser importunado. En ese mismo mercado se encuentran los mataderos y, por sus calles colindantes, corren habitualmente riachuelos de sangre de buey, cerdo y cordero entre otras viandas comestibles, por lo que es inevitable ensuciarse los zapatos con el precioso líquido de la vida.

 
Retrato del Príncipe Felipe de Francia, Duque de Orléans (1640-1701), según Pierre Mignard.


Al volver al alba de su juerga en el barrio popular, se topa con un ujier de la cámara que le transmite la orden de presentarse en el Consejo del Rey. Antes de sentarse en el Consejo, Monsieur se asea un poco por encima pero no se acuerda de cambiar de zapatos, teniendo las suelas y tacones totalmente bañados en sangre, y se presenta de esta guisa ante todos los ministros y su hermano el rey.

Nada más salir del Consejo del Rey, ministros y cortesanos que se han fijado maravillados en los tacones encarnados de Monsieur, se lanzan en una loca carrera a contrarreloj a por los zapateros de la capital. Llueven los encargos y los primeros tacones rojos aparecen la misma noche, durante el Juego del Rey, para mayor sorpresa del divertido Duque de Orléans.

A partir de aquella noche, el tacón rojo se convirtió en el símbolo de la nobleza cortesana y fue inmediatamente adoptado por el rey, por todos los miembros de la familia real obviamente, y por los altos dignatarios de la corte. Luis XIV acabaría por restringir el uso del tacón rojo, convirtiéndolo en una prerrogativa de su persona, de los príncipes reales y de los Pares del Reino.

La moda y el uso de los tacones rojos, lanzada casualmente por el Duque de Orléans, se mantendría invariablemente hasta 1789, cuando estalló la Revolución Francesa.

MÚSICA: Henry Purcell

 
 
HENRY PURCELL (1659-1695)
 
The Funeral March for Queen Mary II
 
 


viernes, 15 de noviembre de 2013

Cita de la Semana



"Poned vuestra confianza en Dios, hijos míos, y guardad en sitio seco vuestra pólvora!"

Frase de: Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra e Irlanda (1599-1658).

miércoles, 13 de noviembre de 2013

REBECCA

REBECCA
 
 

Película en blanco y negro firmada por el director británico Sir Alfred Hitchcock en 1940 (EE.UU.), está basada en el best-seller homónimo de Daphne Du Maurier y, aparte de ser la 1ª versión adaptada de la novela para el cine es, de lejos, la mejor que se ha podido realizar hasta la fecha. "Rebecca" se ha convertirdo en uno de los más emblemáticos largometrajes del cine clásico y fue nominada para 11 Oscars, obteniendo finalmente dos de ellos: como mejor película y mejor fotografía. La tensión que se respira en ella, las caracterizaciones de los personajes principales, además del perfecto decorado que la enmarca, hacen de "Rebecca" una gran película digna de Hitchcock, laureado maestro de la intriga.

Sinopsis: Una joven y humilde, a la par que torpe dama de compañía de una rica viuda norteamericana (Mrs. Van Hopper), de vacaciones en Monte-Carlo, conoce casualmente a un rico y viudo aristócrata inglés (Max De Winter) que se aloja en el mismo gran hotel que ellas. Entablan una relación y la joven acaba enamorándose rápidamente del misterioso caballero. Se despide sin previo aviso de su empleo y ambos se casan de inmediato. De regreso a Inglaterra y convertida en la flamante Sra. De Winter, descubrirá Manderley, la espléndida mansión isabelina de su marido erguida frente al mar, y conocerá a la tenebrosa e intimidatoria ama de llaves (Mrs. Danvers) que rige el servicio doméstico del lugar. Inexperta en su nuevo papel de señora de Manderley -que le va demasiado grande-, pero bien acogida por su cuñada (Beatrice De Winter) y el marido de ésta (Major Giles Lacy), así como por el apoderado de la finca (Frank Crawley), se sentirá constantemente incomodada por la fría mirada de la ama de llaves, que sigue comparándola despectivamente con la difunta e idealizada primera mujer de Max, Rebecca De Winter, cuyo recuerdo ésta atesora con una obsesiva a la par que enfermiza devoción. Pese a haber encontrado ésta la muerte en extrañas circunstancias, el recuerdo de Rebecca -la gran ausente de la película- cual sombra indeleble, sigue extraordinariamente vivo en Manderley y todo le recuerda a ella, hasta tal punto que la joven señora se siente continuamente en desventaja, además de verse comparada y juzgada por los que la rodean...

La película tiene una duración de 130 minutos, fue producida por David O. Selznick y los actores principales que intervienen en ella son:

-Laurence Olivier (Max De Winter)

-Joan Fontaine (Señora De Winter)

-Judith Anderson (Mrs. Danvers, ama de llaves)

-Gladys Cooper (Beatrice De Winter, Mrs. Lacy)

-Nigel Bruce (Major Giles Lacy)

-Reginald Denny (Frank Crawley)

-Florence Bates (Mrs. Van Hopper)

-George Sanders (Jack Favell)

-C. Aubrey Smith (Coronel Julyan)

-Leo G. Carroll (Doctor Baker)

"REBECCA" (USA, 1940) versión doblada al castellano: 
 



"REBECCA" versión original (V.O. inglés):

 

viernes, 8 de noviembre de 2013

PARÍS, 1684: El Caso de la Princesa Asesina

LA DAMA SANGUINARIA



Si los Británicos tuvieron a un hombre que aterrorizaba a las mujeres de mala vida con Jack "el Destripador", los Franceses también tuvieron a su asesino en serie, con la diferencia de que se trató de una mujer que masacraba únicamente a los hombres de buena familia, y que sobrepasó ampliamente el número de asesinatos cometidos por el serial killer de White Chapel. La única semejanza que puede existir entre ambos psicópatas parece ser la nacionalidad: los dos eran ingleses.

París, Año de Gracia de 1684. Los Parisinos llevan 2 meses encerrándose a cal y canto en sus casas al correr por las calles un escalofriante rumor: una bellísima mujer estaría tras las misteriosas desapariciones aún por resolver de 26 jóvenes muchachos pertenecientes a ricas familias de la capital, todos ellos de entre 17 y 25 años de edad.

Algunos piensan que es una princesa que padece del hígado y que, para curarse, toma baños de sangre joven y rica en testosterona; otros apuntan hacia los proveedores de colonos hacia las Américas; en otros círculos, se difunde que los culpables son los Judíos y que éstos utilizan la sangre cristiana para sus extraños rituales del Sabbat.

El temor de la gente de la capital, que va in crescendo y amenaza con provocar alguna que otra caza popular de brujas contra la comunidad Judía o contra quien pareciera sospechoso, empuja al rey Luis XIV a tomar cartas en el asunto. Para ello, no duda en utilizar a su mejor sabueso, el famoso Gabriel Nicolas de La Reynie, Teniente-General de la policía de París. Este último delega la investigación del caso al policía Lecoq, su más eficaz inspector, y ése mismo envía a su propio hijo, de nombre Exupère, a patrullar por las calles más de moda de la capital y, sobretodo, para servir de anzuelo.

 
Retrato de Gabriel Nicolas de La Reynie, Tnte. General de la Policía de París.


Disfrazado de joven pimpollo-gentilhombre guarnecido con una bolsa repleta de luises, Exupère Lecoq se pasea por calles y plazas en busca de la sospechosa ideal. Con espléndido aspecto de noble acaudalado, frecuenta los jardines de Las Tulerías, del Palacio de Luxemburgo, el Palais-Royal, ... dónde lo más granado de la capital suele mostrarse. Tras cinco días de paseos, se topa por fin con una bellísima dama acompañada de su "dueña" en los jardines de Las Tulerías. Después de algunos intercambios galantes, en las que Lecoq Hijo declara su violenta pasión por ella, éste recibe las confidencias de la acompañante quien le explica que su señora, en realidad, es una rica princesa polaca que responde al nombre de Jabirouska . Fijan una cita para esa misma noche, a las 21 horas, frente a la iglesia de Saint-Germain-L'Auxerrois.

Por fin de noche, el disfrazado Exupère Lecoq en ingénuo caballero es conducido por la dama de compañía de la princesa hasta la calle des Orfèvres e introducido en una casita, dónde es recibido "discretamente" por la galante princesa. Se deja seducir por ella a la luz de los candelabros; tanto que, casi olvida su misión al caer bajo el embrujo de esta hermosa Circe. En un momento dado, la dama se ausenta del salón con el pretexto de refrescarse (en realidad, iba a avisar a sus 4 cómplices que estuvieran preparados para asesinar al suspirante). Lecoq Hijo aprovecha entonces su ausencia para inspeccionar la estancia ricamente decorada. Tras unos paneles, descubre horrorizado una decena de cabezas cercenadas recién embalsamadas y dispuestas sobre bandejas de plata.

Lecoq Padre, que esperaba fuera con sus agentes una señal de su hijo para entrar en tropel en el domicilio de la asesina, procede in extremis al asalto. Al oír el escándalo, la supuesta princesa irrumpe en la estancia con sus cuatro esbirros pero son inmediatamente apresados. Lo que descubren entre sus muros es realmente macabro: no solo encuentran cabezas cortadas, sino también cuerpos mutilados, miembros amputados por decenas. La dama, su "dueña" y los esbirros son inmediatamente arrestados, encarcelados, sometidos a tortura sin contemplaciones. Se descubre el motivo de semejante carnicería: el dinero. La distinguida dama, que se hacía pasar por princesa, no era más que una vulgar charcutera que comerciaba con los cadáveres de sus víctimas y se llenaba los bolsillos vendiéndolos a los estudiantes de medicina (las clases de anatomía humana eran, en esa época, poco tolerados y solo disponían de un cadáver al año para estudiarlo); en cuanto a las cabezas cercenadas, las vendía a muy buen precio a los frenólogos del otro lado del Rhin.

La falsa princesa devora-hombres afirmaba ser en realidad una noble inglesa de rancio abolengo que respondía al nombre de Lady Olympia Guilfort. Pero no era otro que uno de sus muchos alias. Lo único cierto al parecer fue su nacionalidad. Aristócrata o no, la Justicia Francesa la miró como lo que era: una vil asesina que encima sacaba pingües beneficios de sus crímenes. Mientras sus 5 cómplices fueron condenados a muerte y ejecutados públicamente poco después, ella desapareció en extrañas circunstancias.

 
Retrato del Príncipe Felipe de Francia, Duque de Orléans (1640-1701).


Más tarde se supo que, al comentar el caso el rey a su hermano el Duque de Orléans y a otros altos personajes de su corte, uno de ellos fraguó en su enfermiza mente la idea de sacar a la asesina de su celda para invitarla a cenar. El autor de semejante idea no era otro que el Caballero de Lorena, favorito de Monsieur, hermano del rey, quien consiguió convencer al príncipe que cenar con una asesina sería tremendamente divertido. Después de las protestas iniciales del Duque de Orléans, éste acabó autorizando la comedia y dejó a su favorito la organización de tan extraña velada.

 
Retrato del Caballero Philippe de Lorena-Armagnac (1642-1705).


Sacada de su celda bajo un falso pretexto y gracias a una orden rubricada por el príncipe, la pseudo-princesa asesina fue trasladada en carroza a una casa de campo a las afueras de la capital. Allí, fue recibida por el Duque de Orléans, el Caballero de Lorena y el Marqués d'Éffiat. Los cuatro cenaron y se divertieron a placer hasta que, tras observar al tenebroso personaje, el Duque de Orléans sentenció que era menester enviarla a La Bastilla y dejar que la Justicia Real se encargase de ella. El Caballero de Lorena opinaba que lo mejor era trasladarla en secreto a Bruselas o a La Haya y dejarla libre, como justo pago a ese divertimento. Harto y aburrido, el príncipe se marchó, dejando a la asesina en compañía de su favorito y del marqués quienes pretendían coronar la extraña velada con una pequeña orgía sexual a tres. El caso es que la dama en cuestión no se creyó las promesas de sus dos compañeros: los emborrachó a conciencia y, cuando ya habían caído en la mayor de las somnolencias, aprovechó para escapar de sus viciosos captores. Lo hizo tan bien que nunca más se supo de ella.

Desvanecida la asesina, se tapó el asunto para evitar el escándalo y se dijo que ésta había muerto en su celda de La Bastilla la misma noche de su traslado.

Cita de la Semana



"El lema del verdadero político es, ser bueno en todo, no servir para nada."

Frase de: Pierre Dac alias André Isaac, humorista y actor (1893-1975).

CURIOSIDADES -117-

"Calle sin pelos en la lengua"



La parisina Rue du Pélican (Calle del Pelícano), situada en el 1er arrondissement de la capital francesa, lleva un nombre que no es más que el fruto de una intencionada deformación de su nombre original. Remontando hasta el siglo XIV, esa calle que se encontraba a las afueras de las murallas de tiempos del rey Felipe II Augusto, se llamaba llanamente Rue du Poil au Con (literalmente: Calle del Pelo al Coño), por la sencilla razón de que, desde el siglo XI, en ella se venía ejerciendo la prostitución regulada y autorizada por el rey San Luis IX desde 1256.



De "Rue du Poil au Con" pasó a llamarse "Rue du Pélican" por deformación pudorosa. Cuando sobrevino la Revolución (1792), la rebautizaron como "Rue Purgée" (Calle Purgada) y luego "Rue de la Barrière des Sergents" (Calle de la Barrera de los Sargentos) en 1800. Bajo el reinado de Napoleón I, en 1806, recuperó su nombre de "Rue du Pélican" de forma definitiva.

Actualmente, es una estrecha callejuela paralela a la conocida Rue de Rivoli, muy cercana al Palais-Royal y al Palacio del Louvre (Riba Derecha).

 

lunes, 4 de noviembre de 2013

CARLOTA-JOAQUINA: La Arpía de Queluz


Carlota Joaquina de Borbón
Infanta de España, Princesa de Beira y de Brasil
Reina de Portugal y de Los Algarves
1775 - 1830
 
 
 

Carlota Joaquina de Borbón y Parma, Infanta de España (1775-1830), fue la hija primogénita de los reyes de España Carlos IV y María-Luisa de Parma, entonces Príncipes de Asturias.

Aún niña, figuró ya en el ajedrez de las políticas matrimoniales y dinásticas. Prueba de ello fue que su abuelo paterno, el entonces rey Carlos III, dispuso entregarla en matrimonio al segundogénito de los reyes María I y Pedro III de Portugal, el Infante don Juan, entonces Señor del Infantado y que venía en segundo lugar como pretendiente de la corona lusa después de su hermano José, Príncipe de Beira y de Brasil, duque de Braganza (1761-1788).

 
Retrato del Infante Don Juan de Portugal, Señor del Infantado (1767-1826), luego Príncipe de Beira y de Brasil al convertirse en el presunto heredero del trono luso.
 
 
Retrato de la Infanta Carlota-Joaquina de España, Princesa de Beira y de Brasil (1775-1830), según G. Troni.

 

Con apenas 10 años de edad, la Infanta Carlota Joaquina de España fue casada el 8 de mayo de 1785 con el infante portugués. Tres años más tarde, su cuñado el heredero de la Corona, fallecía de viruelas sin descendencia de su tía y esposa la Infanta Mª Francisca Benedicta de Portugal; esto supuso para Carlota Joaquina y su marido Juan, convertirse en los nuevos pretendientes con los títulos de Príncipes de Beira y de Brasil, y duques de Braganza. A esto se sumó, en 1786, las primeras crisis de inestabilidad mental de la reina María I, afectada por las defunciones de su marido ( y tío ), el rey consorte Pedro III, y de su heredero primogénito José, por lo que el príncipe Juan asumió las riendas del Gobierno de la monarquía lusa en calidad de regente. La regencia fue finalmente confirmada en 1792, cuando la reina María I empeoró aún más si cabe, afectada por los acontecimientos de la Revolución Francesa.

 
 
Retrato de Doña Maria I "la Loca" (1734-1816), Reina de Portugal, de Los Algarves y de Brasil entre 1777 y 1816; según Giuseppe Troni, 1783.


Este viraje de acontecimientos convino perfectamente al carácter ambicioso y a menudo violento de Carlota Joaquina. Desde entonces, y aún adolescente, siempre procuró entrometerse en los asuntos de Estado, buscando influenciar las decisiones de su esposo. Tal era su nivel de dominancia que pronto empezó a despreciar a don Juan, recurriendo a menudo al chantaje, a la intriga y a la presión conyugal siempre que no conseguía de éste lo que se había fijado obtener. Toda esta situación metió a la Casa Real Portuguesa en una situación de auténtica anarquía que, eventualmente, traspasó el ámbito cortesano para llegar a oídos del pueblo llano.

Obviamente, la princesa española no era un ejemplo modélico. Vivo retrato de su madre, tanto en lo físico como en lo moral, estuvo muy lejos de ser una mujer agraciada y querida. Aquejada de una cojera, al tener una pierna más corta que la otra, tenía además el tronco torcido por una malformación ósea en la espalda, dándole un aspecto de tener un hombro más alto que otro. Cuenta un historiador portugués (Octavio Tarquinio de Sousa) que era una mujer horrenda, huesuda, con una espalda desnivelada, de mirada hundida, de boca de rictus cruel y desdeñosa, con un cutis áspero y afeado por las cicatrices de la varicela y una proeminente nariz rojiza. Pequeña como una enana y patizamba, la describe como un alma ardiente, ambiciosa, inquieta, llena de pasiones, exenta de escrúpulos y con impulsos sexuales desbordantes.



Ver un retrato suyo en la madurez, nos recuerda terriblemente a su progenitora...

Fue tan querida entre sus súbditos, que llegaron a concederle el apodo de "La Arpía de Queluz"; lo de arpía lo dice todo, en cuanto a lo de "Queluz", es alusivo al palacio versallesco en el cual residía, el Palacio Real de Queluz, y que fue su residencia asignada hasta su temprana muerte a la edad de 54 años.

 
El Palacio de Queluz, la residencia real que pretendía emular a Versailles.


Porque se vió repetidas veces apartada de las decisiones claves, en las que se emperraba intervenir e inmiscuirse a todas horas, Carlota Joaquina formó a su alrededor, por despecho, toda una camarilla de nobles portugueses afines a sus ambiciones de poder y deseos intervencionistas en el Gobierno de la monarquía lusa, que conformaron su propio partido secreto. El objetivo de ese partido conspirador era el de conseguir apartar del poder al Príncipe-regente Juan, hacerse con su persona y declararlo incapaz de cuidar de los asuntos de Estado, igual que su madre la reina, que había perdido totalmente la chaveta.

Pese a las precauciones, en 1805, el famoso partido secreto "Carlotista" fue descubierto, sus miembros arrestados y acusados de conspirar contra el regente y su gobierno. El Conde de Vila Verde, ministro de Estado, inició la apertura de una investigación judicial rigurosa y el encarcelamiento de todos los implicados, y la princesa-regente no pagó más caro su "crimen de lesa-majestad" gracias a que don Juan, deseoso de evitar un escándalo público, se opuso a su encarcelamiento, prefiriendo confinarla en el Palacio Real de Queluz, disponiendo que él mismo se instalaría en el Palacio-Monasterio de Mafra (El Escorial portugués) para vivir separado de ella.

 
Retrato del Príncipe-Regente Don Juan VI de Portugal (1767-1826); obra de Domingos Sequeira, 1802.


Pocos años después (1807), el Príncipe-regente tuvo que organizar la huída de toda la Familia Real a Brasil, ante la inminente invasión de los ejércitos franceses de Napoleón. Pese a la caída del Imperio Napoleónico en 1814, Juan VI no consideró oportuno regresar a Portugal hasta que fue obligado por una revolución en 1820, que exigía su regreso y el de toda la familia real a Lisboa.

En 1816, tras la oportuna defunción de su madre y predecesora en el trono, Juan VI asumió el título de rey.

Opuesta abiertamente a la Revolución liberal de Oporto, acontecida el 24 de agosto de 1820, Carlota Joaquina fue la figura más notable del país a rehusar jurar la Constitución de 1822, juntamente con el cardenal-arzobispo de Lisboa, Carlos da Cunha e Menezes.

En consecuencia de ese gesto, que la convirtió en la figura de proa del partido reaccionario, la reina fue exiliada otra vez a Queluz, viviendo una vez más separada físicamente del rey Juan VI -quien eligió residir en el Palacio de Bemposta, en Lisboa-, y desde dónde siguió ejerciendo una intensa actividad política, promoviendo varias conspiraciones para derrocar a su marido y suspender la Constitución.

 
Retrato de Don Miguel de Braganza, Infante de Portugal (1802-1866).


Su residencia se convirtió en el principal foco de intrigas absolutistas, y a la reina se le imputa la enorme responsabilidad en los proyectos de los principales levantamientos reaccionarios de 1820, la Vilafrancada de 1823 y la Abrilada de 1824, tres intentonas de abolir el régimen constitucional, deponer al rey Juan VI y colocar en el trono al Infante don Miguel, hijo predilecto de Carlota Joaquina.

Tras "la Vilafrancada" de 1823, el rey acabó por suspender la constitución, prometiendo no obstante convocar en breve nuevas elecciones con el fin de redactar un nuevo texto constitucional. En ese intervalo de tiempo, Juan VI cohabitó nuevamente con la reina durante algunos meses, en paz y harmonía.



Poco después, el entendimiento de la real pareja se deshizo después de la Abrilada de 1824, cuando el Infante don Miguel intentó posesionarse del trono y venir en auxilio de su madre, auténtica jefa del partido absolutista en Portugal. Con el apoyo y respaldo de los embajadores de Francia y de Gran-Bretaña, Juan VI marchó a la guerra contra su hijo. Las consecuencias no sorprendieron: el Infante Miguel fue degradado y privado de su cargo de generalísimo del Ejército, y exiliado; en cuanto a su esposa, decretó que fuese desterrada para siempre en el palacio de Queluz, no debiendo más nunca reaparecer en la corte.



En 1826, sintiéndose con un pie en la tumba, el enfermo rey Juan VI (tal vez porque venían envenenándole con arsénico) nombró un consejo de regencia para que asumiera las riendas del gobierno tras su muerte, y el cual debía encargarse escoger al heredero del trono portugués, siendo presidido por su hija la Infanta Isabel María de Braganza. Hoy en día, se pone en tela de juicio, con dudas razonables, que el documento dispuesto por Juan VI fuera auténtico, ya que el monarca (según afirman los médicos y estudiosos actuales que analizaron sus vísceras encontradas en una urna de porcelana china, sepultada bajo una losa de los Infantes de Palhavâ, en el panteón real del Monasterio de San Vicente de Fora, y la grafología de su firma) ya se encontraba muerto en aquella fecha, y que le retiraba (o le retiraban?) de este modo a su mujer, Carlota Joaquina, la prerrogativa que desde siempre en la historia lusa le correspondía a una reina-viuda: el ejercicio de la regencia del reino durante la minoría de edad o ausencia del heredero de la Corona.

 
Retrato del Emperador Don Pedro I de Brasil (1798-1834).


El trono, finalmente, fue cedido a su hijo Pedro I, entonces emperador de Brasil, con el ordinal de Pedro IV de Portugal, con tal de evitar que Brasil se separase de la metrópoli. Sin embargo, y a imagen y semejanza de España, Portugal sufrió de una guerra civil entre Pedro IV y su hermano Miguel, pretendiente absolutista. La situación siguió siendo frágil tras la abdicación de Pedro IV en favor de su hija y heredera la reina María II.

 
Retrato de la Reina María II da Gloria de Portugal (1819-1853); obra de John Simpson, 1839.


En 1828, el derrocamiento de María II y la subida al trono de Miguel I como rey absoluto de Portugal, coronaron los esfuerzos de la reina-viuda Carlota Joaquina, que tanto había conspirado para que llegase a ceñir su hijo predilecto la corona. Pero la felicidad materna fue de corta duración y no pudo auxiliarle en la tarea de gobernar, pues falleció súbitamente (se sospecha que se suicidó) el 7 de enero de 1830. Cabe reseñar que Miguel le pagó con manifiesta ingratitud, olvidándose oportunamente darle término al destierro de su madre cuando ciñó la corona, causando en ésta un hondo y tremendo disgusto, amén de la consecuente amargura y desilusión.

La posteridad acusa a la reina Carlota Joaquina como instigadora de la muerte, por envenenamiento, de su marido el rey Juan VI. Según los historiadores lusos, ésta le habría suministrado naranjas envenenadas con arsénico inyectado, haciendo que Juan VI enfermase y muriese a fuego lento.