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martes, 22 de octubre de 2019

EL CASO TARAKANOVA: un crimen de Estado.


LA PRINCESA TARAKANOVA
El Caso Tarakanova o el Crimen de Estado


París, 1772
Turbio asunto el de la Princesa Tarakanova que sacude los cimientos del trono de la emperatriz rusa Catalina II "la Grande" a lo largo de dos años, pero no el único aunque si el menos conocido de todos.
En 1772, aparece en París una hermosa y misteriosa mujer que se presenta entonces en sociedad con el nombre y el título de Aly Emetey, princesa Vladimir. De ella nada se sabe apenas, solo que afirma no haber conocido a sus padres, que fue raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer aparecida de la nada, en Ispahan, un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar su destino.
Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes, lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que ella es la hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna de Rusia, muerta diez años atrás (en 1762) y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto, el conde Alexei Razumovski.
Su hermosura y gran atractivo seducen y conquistan a un gran número de personalidades que acabarán por unirse a su causa, entre ellos el príncipe polaco Oginski y el conde francés de Rochefort-Valcourt, ambos perdidamente enamorados de ésta.
Sorprendentemente, y a causa de un sonado escándalo, la princesa Vladimir abandona Francia para instalarse en Alemania, donde conoce al príncipe de Limburg-Stirum, el cual se enamora y le propone en vano unirse a él en matrimonio. Intrigante o mujer de legítimas razones, su objetivo es nada menos el de pretender abiertamente al trono de todas las Rusias. Afirma con vehemencia que es hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna y del conde cosaco Alexei Razumovski -su esposo morganático desde 1750-, y de cuyo matrimonio habrían nacido dos hijos (niño y niña) según algunos, a los que se les impusieron los títulos de príncipe y princesa de Tarakanov. La emperatriz Elisabeth, supuesta madre de la pretendiente, está muerta desde 1762, y su marido morganático Alexei Razumovski se reunió con ella en 1771... y ella se hace llamar Tarakanova, aunque en verdad adoptó ese título después de hacerse pasar por la señorita Franck o la señorita Scholl. Sea como fuere, la supuesta princesa Tarakanova cuenta con numerosos partidarios prestos a ayudarla por odio a la zarina reinante Catalina II, y tiene la suerte de encontrarse en una situación que le favorece, puesto que desde 1773 un campesino llamado Pugatchev provoca levantamientos populares en las provincias y suscita el entusiasmo de muchas ciudades rusas al pretender ser nada menos que Pedro III, el asesinado esposo de Catalina II. Semejante asunto desestabiliza seriamente el gobierno de la emperatriz y, en ese ambiente de júbilo que rodea el ascenso del impostor, una mujer joven que se declara hija de la zarina Elisabeth tiene todas las posibilidades de ser creída. A contar también con los magnates polacos exiliados desde la partición del reino de Polonia en 1772 que, por legítimos resentimientos, intrigan contra Rusia y ven en la princesa Tarakanova, un excelente medio para destituir a Catalina II, a la cual odian profundamente por gobernar con mano de hierro una parte del territorio polaco. Mejor que urdir un asesinato a través del cual se desacreditarían ante el resto de Europa, optan por apoyar a una pretendiente al trono ruso. Uno de esos magnates polacos, el principe Karol Stanislaw Radziwill, será encargado de entrar en contacto con la Tarakanova...



Las Intrigas, 1774
A principios del año 1774, la supuesta pretendiente Tarakanova se traslada a Venecia, en cuyos aristocráticos salones es tratada como una personalidad de gran importancia, por no decir como si fuera una auténtica zarina rusa.
Desde el principio bien informada sobre la célebre "impostora Tarakanova", Catalina II acaba por perder paciencia ante semejante afrenta y decide hacerla traer a Rusia por cualquier medio. Empezará entonces a anudar, con el conde Alexis Orlov (Aleksei Orlov), los hilos de una trama ingeniosa para que la Tarakanova se meta en la boca del lobo y caiga en sus redes. Orlov es entonces comandante de la flota rusa en el Mediterráneo.
Alexis Orlov se encargará entonces de hacer correr el rumor de que ha caído en desgracia en San Petersburgo. La pretendiente, al oír la noticia y siempre en busca de nuevos y más numerosos apoyos, le envía entonces una misiva donde le relata sus orígenes imperiales...
La princesa Tarakanova ha enviado un correo al conde Orlov, comandante de la Flota Rusa en el Mediterráneo, tras enterarse de que éste ha caído en desgracia en San Petersburgo. En aquella carta, la Tarakanova le relata sus orígenes imperiales y le deja entrever que, si Orlov, persona non grata en Rusia, le ofrece su apoyo (que no es poco, sabiendo la influencia de los hermanos Orlov en San Petersburgo) en sus pretensiones de reclamar su herencia imperial, ella a cambio, le colmará de honores y prebendas. La pretendiente ha caído en la trampa de Orlov y Catalina II, y de una manera tan ingénua que sorprende...
Dado que la flota rusa se encuentra anclada en el puerto de Livorno y la supuesta princesa en Pisa, Orlov le propone que se conozcan. Fijan entonces un lugar neutro para una cita. En el momento del encuentro, el asunto adquiere proporciones de un flechazo recíproco; el conde parece caer rendido ante las hermosas prendas de la pretendiente. Orlov jurará defender y apoyar su causa, ofreciéndole el trono de Catalina II y, ni corto ni perezoso, con el corazón ardiente de pasión por ella, le pide su mano. Sorprendentemente, la Tarakanova parece estar prendida del conde, y accede gustosamente a contraer matrimonio con él, del mismo modo en que da su visto bueno para que la unión se celebre días más tarde en el buque de Orlov, es decir, en territorio ruso. Todo parece ir a pedir de boca... pero, es demasiado bonito para que sea real.
Apenas sube la princesa Tarakanova, vestida de novia con sus mejores galas, a bordo del buque insignia, el encantador y ardiente semblante de enamorado del conde Orlov se torna en una mueca cruel que, con sequedad, ordena que la arresten en nombre de Su Majestad Imperial Catalina II. Apresada por los soldados, es encerrada en un camarote y Orlov, que ya lo tenía todo minuciosamente planeado, ordena levar anclas y fijar rumbo a San Petersburgo.

La prisionera de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo
La princesa Tarakanova es llevada pues, hasta la desembocadura del Neva y de allí trasladada en bote, bajo una fuerte escolta, a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, erigida en medio del río que divide la capital de los zares desde Pedro I "el Grande", de manos del conde Orlov y siguiendo al dedillo las instrucciones dictadas por la propia emperatriz Catalina.
Encarcelada en una lúgubre celda de la fortaleza de San Petersburgo, Catalina II nombrará al Canciller Imperial, Príncipe Dimitri Galitzin (o Golitsyn), para presidir los interrogatorios de la prisionera, con el fin de sonsacarle toda la verdad. Pero la Tarakanova no hará más que darle la misma versión de los hechos, hechos que siempre sostuvo desde que se declaró hija de la difunta zarina Elisabeth I y del conde Razumovski. Vive en la vana esperanza de que, al final, sus carceleros la liberarán convencidos de su buena fe. Se equivoca. Su obstinación en repetir una y otra vez la misma historia le resultará nefasta. Como los interrogatorios no aportan pruebas concluyentes y no convencen a la emperatriz, ésta ordena que sea encerrada de por vida en la fortaleza. Su confinamiento es casi un emparedamiento: su celda, húmeda y lúgubre, con apenas luz exterior, contribuyen lentamente al empeoramiento de su estado de salud, y se declara la tuberculosis pocos meses después.
Ante tamaña crueldad, el propio Galitzin, conmovido por las horrendas condiciones de la Tarakanova, pide a Catalina II que suavice la pena de la prisionera, dando cuenta de que, si sigue así, morirá. La soberana se negará y la misteriosa princesa Tarakanova muere finalmente el 4 de diciembre de 1775, escupiendo su sangre.
Los diversos informes entregados a Catalina II, en base a los interrogatorios, no harán más que repetir la misma versión, una y otra vez, de la prisionera sobre su verdadera identidad: sostiene ser la hija de Elisabeth I Petrovna. Otros informes, éstos proporcionados por espías, darán otras versiones sobre la Tarakanova: uno afirmando que sería la supuesta hija del dueño de un cabaret de Praga, otro que lo sería de un panadero alemán, e incluso una judía polaca. Ninguna de esas hipótesis parece probable. Como no se puede excluír que los hijos secretos de la fallecida emperatriz Elisabeth con Razumovski, hayan existido, nadie puede hoy día afirmar que la Tarakanova no haya sido quien pretenda ser. Si se diera en efecto el caso, entonces Catalina II habría dejado morir expresamente a la legítima heredera del trono de Pedro I "el Grande".
Siempre quedará la duda...

Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova
Yelizaveta o Elisabeth Alekseyevna nació en 1753 y falleció el 4 de diciembre de 1775 en San Petersburgo. Se dio a conocer como pretendiente al trono de Rusia bajo el título de Knyaginya Vladimirskaya (Princesa Vladimir o Vlodomir), y bajo los seudónimos de Fräulein Frank, Fräulein Scholl o Madamoiselle Trémouille dependiendo de su ubicación del momento, como hija del conde Aleksei Grigorievich Razumovski y de Elisabeth I Petrovna Romanova, Emperatriz y Zarina de Rusia, que contrajeron matrimonio secreto en 1742.
Según el testimonio del Conde Waliszewski "...es joven, graciosa y muy bella; tiene los cabellos color ceniza, como Elisabeth (se refiere a la zarina Elisabeth I Petrovna), y los ojos de un color negroazules como los suyos..." . La breve descripción nos da a entender que la princesa es entonces una hermosa joven de cabellos rubio-ceniza y de mirada azul oscura, y que guarda cierto parecido físico con su supuesta progenitora imperial, de rasgos circasianos y veinteañera. Otros testimonios de personas que la conocieron, alabaron su cultura, su educación y sus gustos refinados propios de una persona de alta cuna. Hablaba con soltura el francés, el alemán, y conocía perfectamente el inglés, el italiano, el árabe y la lengua persa, que era mucho más de lo que solían conocer altos personajes contemporáneos.
Su "padrino" en la alta sociedad cosmopolita europea fue un anciano aristócrata, el Barón von Embs, al que la Tarakanova solía presentar como su pariente, sin especificar demasiado el grado. Por medio de ese barón, la supuesta princesa entró en contacto con importantes aristócratas polacos, prusianos, austríacos, italianos y franceses, entre los cuales caben destacar al príncipe Michal Kazimierz Oginski (1728-1800), "jefe" de aquellos magnates polacos exiliados que estaban abiertamente enfrentados a Catalina II de Rusia y a su "criatura", Estanislao II Augusto Poniatowski, rey electo de Polonia gracias a la imposición rusa.
Cuando el Príncipe Karol Stanislaw Radziwill entró en contacto con la princesa Tarakanova, ésta le mostró un documento que suponía acreditar sus orígenes imperiales. Se trataba, según se sabe, del supuesto testamento de Elisabeth I Petrovna, Emperatriz de Rusia, designando como heredera suya a Yelizaveta Alekseyevna, hija nacida de sus esponsales con Razumovski. Testamento que, por cierto, chocaba frontalmente con las disposiciones tomadas con anterioridad sobre la sucesión al trono ruso, en las que se designaba como zarevich a Pedro III de Holstein-Gottorp, sobrino carnal de la soberana y desposado con la princesa von Anhalt-Zerbst, más conocida como Catalina Alekseyevna (Catalina II).
Radziwill, pese a su fama de hombre desengañado y astuto, gran conocedor de las enmarañadas intrigas de todas las grandes cortes europeas, pareció no dudar un solo instante de la buena fe y sinceridad de la supuesta hija de la difunta emperatriz de Todas las Rusias. Como no, Radziwill, igual que Oginski y otros magnates polacos exiliados, creyó ver en aquella mujer un guiño de la Providencia para favorecer la causa polaca anti-rusa. La Tarakanova les proporcionaba el medio para matar dos pájaros de un tiro: intentar derrocar a la usurpadora Catalina II, reivindicando los derechos de la princesa al trono de los Romanov y, por otro lado, destronar al rey impuesto por ésta,  Estanislao II Augusto Poniatowski y proclamar la república aristocrática en Varsovia.

Aleksei Grigorievich Razumovski
Nacido el 17 de marzo de 1709, cerca de Tchernigov y muerto el 6 de julio de 1771, en San Petersburgo, Aleksei Grigorievich Razumovski (o Razumovsky) era un joven pastor, hijo de un humilde granjero cosaco. Empezó cantando en el coro de la iglesia de su localidad, donde fue descubierto por un cortesano de la emperatriz Ana I que estaba de paso en una misión diplomática a Hungría, el coronel Vichnevsky, al que le encantaron sus capacidades vocales y le propuso que se trasladara con él a San Petersburgo. Dado que era guapo y ambicioso, Razumovski no dudó en marcharse con él para ampliar sus horizontes (1731), y fue prontamente colocado en el coro ucraniano de la capilla palatina de San Petersburgo.
Su prestanza, talento y gran belleza física impactarían a la gran-duquesa Elisabeth Petrovna, hija del zar Pedro I "el Grande", quien le daría un puesto en la corte en 1732. Tras la deportación del favorito de Elisabeth, Aleksei Shubin, Razumovski reemplazó a éste en sus funciones de alcoba. Al perder su hermosa voz, fue nombrado para el puesto de intérprete de bandurria en la corte imperial, además de ser el supervisor de las residencias de la gran-duquesa. Durante el periodo de la regencia de Ana Leopoldovna, sería nombrado kammerjunker (ayuda de cámara).
Importante sería el papel desempeñado por Razumovski durante la revolución palaciega del 25 al 26 de noviembre (6-7 de diciembre) de 1741, que elevaría hasta el trono a la gran-duquesa Elisabeth Petrovna con el consiguiente derrocamiento del niño-zar Iván VI y de su madre la regente. Tras el golpe de Estado, Elisabeth I Petrovna le nombraría teniente-general, y el mismo día de su coronación, firmaría su nombramiento de mariscal de la corte imperial. Entre otros honores y prebendas que le llovieron, Razumovski sería armado caballero de las ordenes de San Andrés y de San Alejandro Nevski, y dotado con numerosas fincas señoriales en las cercanías de Moscú principalmente. Todo aquello sirvió, sin duda, para colmar sus ansias de fortuna y honores, y aplacar cualquier ambición política latente.
Según las especulaciones de los historiadores, Razumovski se casaría secretamente con la emperatriz en una iglesia rural de Perovo (hoy localidad que forma parte de Moscú), en otoño de 1742. Dos años más tarde, sería elevado al rango condal por el Emperador del Sacro Santo Imperio Romano y Germánico Carlos VII Alberto de Baviera (Reichsgraf), y hecho conde ruso el mismo año. En 1745-1748-1756, siguieron los sucesivos nombramientos: capitán de la Guardia-de-Corps, teniente-coronel y mariscal de campo (general de brigada).
Durante el reinado de Elisabeth I, Razumovski tendría una posición privilegiada en el seno de la corte pese a la creciente rivalidad del joven conde Ivan Shuvalov, en los últimos años. Sus aposentos en el Palacio de Verano comunicaban directamente con los de Elisabeth I, lo que le otorgaba el privilegio de tener acceso a ella a cualquier hora. Bajo su batuta, la vida de la corte imperial siempre estuvo amenizada con un sinfin de eventos musicales. En 1744, la emperatriz visitaría el pueblo natal de su marido, que convertiría en finca solariega de la familia Razumovski.
Aunque nunca estuvo interesado en los asuntos del Gobierno, Razumovski fue el principal apoyo y valedor del canciller Bestuchev-Rjumin y, a instancias suyas, se restauró el cargo de hetman de Ucrania del cual fue beneficiario su hermano Kyril Razumovski, entonces presidente de la Academia Rusa de Ciencias con solo 18 años de edad.
Antes de fallecer, la emperatriz hizo prometer a su sobrino y sucesor, Pedro III, que no exiliara o deportara a sus favoritos y amigos del momento. Tras expirar Elisabeth I Petrovna, Razumovski renunció a todos sus cargos y se mudó del Palacio de Invierno a su residencia privada del  Palacio Anichkov, regalo de su difunta esposa y soberana, llevando una vida discreta y retirado de la vida social.
Al acceder al poder Catalina II en 1762, tras el destronamiento y posterior asesinato de Pedro III, Razumovski recibió la oferta de ésta de verse titulado "Alteza Imperial", distinción que rehusó. Sin embargo, si accedió al requerimiento de Catalina de que destruyera todos los documentos que probasen su unión matrimonial con la emperatriz Elisabeth. ¿Cuales eran las razones de tal requerimiento imperial? y ¿por qué accedió Razumovski a complacerlo?
Razumovski fallecería tranquilamente en su palacio Anichkov el 17 de julio de 1771, recibiendo sepultura en la catedral de la Anunciación de Aleksandro-Nevskaya Lavra.
La cuestión sobre la posteridad habida entre Razumovski y Elisabeth I Petrovna sigue abierta. Actualmente, se sabe que hubieron dos niñas ( y no un niño y una niña) conocidas bajo el nombre de Tarakanova. Una de ellas, Augusta Alekseyevna Tarakanova, se hizo monja y llevó el nombre de Dosifeya, siendo posteriormente sepultada en la cripta familiar de los Romanov, mientras que la otra, Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova, sería secuestrada en Livorno por el conde Aleksei Grigorievich Orlov, y encarcelada en San Petersburgo en febrero de 1775.

jueves, 29 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -198-

"Falsa Firma en Falso Testamento"



Cuando Carlos II de Austria, Rey de las Españas y de las Indias (1661-1700), último monarca Habsburgo reinante en Madrid exhalaba su último suspiro en el Real Alcázar de Madrid, el 1 de noviembre de 1700, toda la corte y el cuerpo diplomático allí reunidos esperaban con impaciencia que se anunciara el nombre del sucesor. Todos esperaban a que se pronunciara el nombre del sobrino del difunto, el Archiduque Carlos de Austria, segundo retoño del Emperador Leopoldo I, pero no fue así. En vez del archiduque, un alto dignatario castellano dejó claramente entender al Conde von Harrach que, el elegido era el Príncipe Felipe de Francia, duque de Anjou, nieto de Luis XIV y sobrino-nieto de Carlos II, gran rival del pretendiente Habsburgo. Y todo eso en un sentido abrazo con el atónito representante de la Corte de Viena, añadiendo su alegría al despedirse para siempre de la Casa de Austria. Las consecuencias de esa supuesta "real designación" por parte del último Austria, son de sobras conocidas: la Guerra de Sucesión Española, en la que se enfrentaron las potencias europeas para defender a sus respectivos candidatos, a sangre y fuego.

La primera víctima cobrada por ese conflicto que venía cociéndose desde antes de la muerte del rey, entre las cortes de Madrid, Versailles, Viena y Roma, fue un inocente niño de 7 años de edad: el Príncipe heredero José Fernando Leopoldo de Baviera (1692-1699), hijo del primer matrimonio del Elector Maximiliano II Manuel de Baviera con la Archiduquesa María-Antonia de Austria, hija del Emperador Leopoldo I y de la Infanta de España Margarita Teresa de Austria. Esta última era la hermana mayor de Carlos II de las Españas y, como él, hija del segundo matrimonio del rey Felipe IV con Mariana de Austria. Puesto que era el sobrino carnal del rey de las Españas, José Fernando Leopoldo de Baviera estaba llamado a sucederle en Madrid, cosa que no arreglaba para nada a dos monarcas como Luis XIV y Leopoldo I, ansiosos por repartirse los golosos despojos de la monarquía hispánica. Como Viena y Versailles ya se habían ocupado en repartirse el imperio moribundo de Carlos II, el sobrino molestaba y amenazaba con echar al traste con sus planes secretos. Sin dudarlo un instante, una mano a sueldo de Leopoldo I o de Luis XIV, obró para despejar el camino a otros dos pretendientes y envenenó al pequeño príncipe. El Elector de Baviera no tuvo dudas al respecto: su hijo y sano heredero, repentinamente preso de ataques de epilepsia, vómitos y pérdidas de conocimiento, había sido asesinado para servir los intereses de sus dos vecinos. Se trataba a todas luces de un crimen de Estado. Aún está por descubrir quién se escondía tras ese infame asesinato político.

Mucho se habló de las cavilaciones de Carlos II a la hora de decidirse por uno u otro pariente que solventara su problema sucesorio al carecer de descendencia de sus dos sucesivas consortes, y de la intervención papal a favor del pretendiente francés. La corte misma se dividió entre partidarios del Borbón y del Austria. El testamento levantó sospechas, pero la guerra terminó cuando el Austria enterró a su padre y a su hermano y, él mismo último Habsburgo de Viena, se aupó hasta el trono imperial de sus antecesores. Felipe V pudo entonces reinar indiscutiblemente en Madrid y fundar su dinastía después de renunciar a sus derechos al trono galo.



Sin embargo, y a los albores del siglo XXI, el famoso testamento de Carlos II "El Hechizado" fue detenidamente examinado por expertos grafólogos e historiadores, y su veredicto ha puesto en entredicho la legitimidad del primer Borbón y de todos sus sucesores. Considerando el estado de salud en el que se encontraba el moribundo, encamado y delirante, los expertos ponen el acento sobre la firma del rey: tal y como aparece, y a decir de los grafólogos, fue el testamento rubricado por una persona incorporada que no tumbada. Dicho claramente, resulta imposible que Carlos II sea el autor de dicha firma. Por otro lado, y para colmo, parece ser que el testamento en si sea falso de cabo a rabo. Los investigadores italianos Monaldi y Sorti, que husmearon entre los viejos documentos del archivo del Quai d'Orsay de París (sede de la Cancillería) y de la Biblioteca Marucelliana de Florencia, descubrieron que había sido fabricado enteramente por cuenta del rey Luis XIV de Francia. Todo un secreto de Estado desempolvado que ha forzado a los autores de Secretum, donde Monaldi y Sorti desvelan el fraude, a exiliarse a Viena al verse perseguidos y saboteados por el mismísimo Vaticano y, obviamente, por Madrid.

domingo, 21 de julio de 2013

ACTUALIDAD: España no es país para historiadores

España impide a los historiadores investigar en sus archivos

300 investigadores piden al Gobierno que desbloquee de inmediato el acceso a la documentación diplomática española de carácter histórico y que desclasifique los 10.000 documentos militares de los años 1936 a 1968
Alejandro Torrús / Madrid 12/07/2013 para PÚBLICO.ES


España tampoco es lugar para historiadores. El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación mantiene clasificada como "secreta" y "reservada" desde 2010 la práctica totalidad de su documentación incluyendo los fondos históricos de su archivo compuestos por papeles diplomáticos del siglo XV al XX, mientras que el Ministerio de Defensa canceló en mayo de 2012 1a publicación de 10.000 documentos que estaban listos para su desclasificación.

La conclusión es contundente: "En España es imposible, a día de hoy, llevar a cabo una investigación histórica completa que tenga en cuenta algún aspecto internacional", señala a Público David Jorge, investigador y profesor de la Universidad de Wesleyan (Connecticut).



En términos prácticos, el Estado español impide a los profesionales de la investigación histórica realizar investigaciones de temáticas tan diversas como la represión franquista, las negociaciones para la liberación de los españoles secuestrados en Malí y Somalia, las relaciones entre la dictadura de Primo de Rivera y la Sociedad de Naciones o la política del Protectorado español en Marruecos. "Es una cuestión de salud democrática . Me pregunto a qué tiene miedo el Estado para impedir la investigación", incide David Jorge.

La situación se hace más dramática cuando se compara a España con los países de su alrededor. Ningún otro país ha bloqueado el acceso a documentación histórica que data de los siglos XVI al XX. Una decisión que ha motivado graves problemas en numerosas investigaciones históricas (muchas de ellas financiadas, paradójicamente, con dinero público), pero que también atenta, asegura David Jorge, contra "los principios de transparencia" que se le presuponen a un Estado democrático de derecho.

Para pedir el fin de esta situación de bloqueo que arrancó en 2010, y que aún no tiene fecha de solución, alrededor de 300 investigadores, entre los que se encuentran Ángel Viñas, Jean-Marc Delaunay, Helen Graham y Ángeles Egido León, así como personalidades del mundo de la cultura como la escritora -y ex directora de la Biblioteca Nacional de España- Rosa Regàs, han dirigido una petición al Gobierno y a los grupos parlamentarios del Congreso y el Senado para exigir que se desbloquee de inmediato el acceso a la documentación diplomática española de carácter histórico y se garantice el acceso a los 10.000 documentos militares de los años 1936 a 1968 que el ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha decidido retener pese a estar listos para su desclasificación desde 2011.


Moratinos, en el origen





La clasificación del archivo de Exteriores fue descubierto por los investigadores Álvaro Jimena Millán y Carlos Sanz Díaz, del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, cuando en en marzo de 2011 solicitaron autorización al Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores para consultar documentación en relación a sus investigaciones de carácter académico. Jimena trató de acceder a los informes sobre las relaciones de España con China, Japón y Filipinas de 1975 a 1982. Sanz investigaba las relaciones relaciones hispano-alemanas entre 1970 y 1982.

La contestación fue la misma para los dos. "Recibimos una negación por escrito en las que se nos decía que esa documentación era secreta en función de una acuerdo del Consejo de Ministros del 15 de octubre de 2010, que no estaba publicado", explica Sanz a Público. El acuerdo secreto al que remitió Exteriores fue tomado en el Consejo de Ministros de 15 de octubre de 2010, con Zapatero de presidente. En él se otorgó la clasificación de secreto a todo documento relacionado con 17 materias comprendidas en un listado tan genérico que blinda prácticamente cualquier dato que afecte a las relaciones diplomáticas.


La promesa incumplida de Margallo





En junio de 2012, el actual ministro de Exteriores José-Manuel García Margallo aseguró que revisaría el acuerdo alcanzado por el Ejecutivo de Zapatero para determinar con mayor precisión las materias que afectan a la seguridad y defensa nacional procediendo, después, a poner a disposición de los investigadores todos aquellos documentos que no afectaran a la seguridad nacional.

Sin embargo, muy lejos de solucionar la situación, la acción del Ministerio de Margallo ha dado otra vuelta de tuerca al asunto. En septiembre de 2012, Exteriores cerró el acceso a su Archivo General y dispersó sus fondos entre el Archivo Histórico Nacional y el Archivo General de la Administración sin comunicar si esos fondos serán algún día consultables de nuevo, y en su caso cuándo y en qué condiciones.


Libertad de información


El profesor de Historia de la Universidad Complutense de Madrid Carlos Sanz considera que el problema generado por la opacidad del Estado respecto a sus archivos va más allá que los daños ocasionados a los "innumerables proyectos de investigación en marcha". "Se trata del daño a la imagen y el prestigio del país más allá de nuestras fronteras, así como de la degradación de la calidad de la democracia española que se derivan de unas decisiones que nos alejan de los estándares europeos e internacionales de protección de derechos democráticos básicos como el de libertad de información e investigación", sentencia Sanz.


 

miércoles, 1 de junio de 2011

ANTOINE ROSSIGNOL & EL GRAN CÓDIGO DEL REY



ANTOINE ROSSIGNOL
& EL GABINETE NEGRO




En Francia, desde el siglo XVIII, la palabra "rossignol" (ruiseñor), se convirtió en una palabra coloquial para expresar la idea de una clave o de un juego de llaves "passe-partout" para abrir cualquier cerradura, y no por culpa del pájaro sino por que Antoine Rossignol fue uno de los mejores expertos en códigos y descifrados, fuese para encriptar o para descifrar las comunicaciones secretas de su tiempo. Su hijo y su nieto siguieron la tradición y estuvieron a sueldo de la Corona Francesa de por vida.


Natural de la ciudad de Albi, Antoine Rossignol nació en 1600 y murió en 1682. Su infancia y adolescencia siguen siendo una incógnita, por la falta de información disponible sobre el personaje que nos interesa. Sin embargo, aparece en escena durante el sitio de la ciudad de Réalmont, villa hugonota (protestante) que se ha sublevado contra la autoridad real, y cuyo asedio es dirigido por el Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé. Sus soldados interceptan un correo cifrado de los rebeldes hugonotes y piden a Antoine Rossignol, entonces un matemático de 26 años de edad, que tenía la reputación de ser un goloso de códigos secretos, que descifre la misiva de los sitiados. En pocas horas, Rossignol desvela el contenido del mensaje interceptado y lo traduce para llevarlo al Príncipe de Condé; revela entonces las dificultades de los sitiados para conseguir munición con el que poder continuar la resistencia, ya que se habían quedado sin pólvora y sin balas...


Retrato del Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé (1588-1646).

Al día siguiente, el Príncipe de Condé envía a un grupo de soldados con un oficial al frente y portador de un mensaje para el gobernador de Réalmont. Sin florituras, el representante del Príncipe de Condé pone las cartas sobre la mesa y le hace saber que están al corriente de que se han quedado sin municiones y exigen, de paso, una rendición inmediata si no quieren sufrir un asalto en toda regla. Desarmados, los hugonotes capitulan y abren las puertas de la ciudad al ejército de Condé.


Retrato del Cardenal Armand-Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642), Primer Ministro de Francia.


Este hecho llamó poderosamente la atención del primer ministro de Luis XIII, el Cardenal de Richelieu, que encontraba en el cifrado un medio de gran utilidad para sus actividades diplomáticas y de espionaje. Y, cuando Rossignol volvió a lucirse al descifrar otra misiva encriptada de los protestantes rebeldes de La Rochelle, en 1628, el cardenal no dudó un instante para asegurarse sus servicios.


El Servicio Secreto de Luis XIV


Retrato del rey Luis XIV de Francia (1638-1715), grabado por Van Schuppen en 1675.

Convertido en un precioso servidor de la Corona y del Estado, Antoine Rossignol mejoró el sistema de cifrado por sustitución, utilizado en la Corte gala para sus correos. El nuevo sistema, bautizado como "nomenclatura", consistía en un sistema híbrido entre código y cifrado llamado "sistema de repertorios". Palabras particularmente importantes entraban en el código, antes que enunciarlas, mientras que la mayoría del mensaje estaba sencillamente cifrado. Ese método de sustitución, basado en un diccionario cifrado, ponía en correspondencia palabras enteras y particularmente importantes (nombres de personalidades, de lugares, etc...) con su equivalente codificado. Lo revolucionario del sistema Rossignol, era sobretodo que el receptor del mensaje cifrado necesitaba de dos índices (dos diccionarios) para descifrar completamente la misiva.




Durante el reinado de Luis XIV, Rossignol y su hijo Bonaventure, asociado al trabajo paterno y a sueldo de la Corona, estuvieron trabajando tanto en su residencia señorial de Juvisy, a las afueras de París, como en un despacho contiguo al gabinete privado del Rey en el Palacio de Versailles. Para él, los Rossignol padre e hijo concibieron "le Grand Chiffre" (La Gran Cifra), también conocido como "la Gran Cifra de Luis XIV". Lo dominaron hasta el punto de que no dudaron un solo instante a la hora de codificar todas las cartas, notas de servicio y archivos de Estado. Dado el gusto de los Rossignol y del Rey por los secretos, se creó en Francia el célebre "Cabinet Noir" (Gabinete Negro), fundado bajo el ministerio del Marqués de Louvois y que fue tan eminente que su nombre sería prontamente traducido al inglés como "The Black Chamber", convirtiéndose en el término internacional para todos los servicios de códigos de otros países.


Cuadro representando la visita del rey Luis XIV al Castillo de Juvisy, a mediados del s. XVII.


Antoine Rossignol, Consejero Privado de Su Majestad, falleció en diciembre de 1682, a la edad 82 años según "Le Mercure de France" (el primer periódico oficial francés del siglo XVII) en su mansión de Juvisy. Su pensión anual de 12.000 libras pasó entonces a su hijo y sucesor en el cargo (al frente del Gabinete Negro), Bonaventure Rossignol. De hecho, Bonaventure y su hijo Antoine-Bonaventure (nieto del difunto), fueron promovidos ambos al puesto de presidente de la Corte de Cuentas.



El Código Indescifrable descifrado


Fotografía de Étienne Bazeries (1846-1931), Jefe del Dpto. Militar de Criptografía de la IIIª República Francesa.

Cuando el nieto falleció, el gran código o "Grand Chiffre" murió con él, llevándose a la tumba las claves para descifrar todos los papeles de Estado que estaban clasificados como secretos. Sin claves y sin las bases del concepto, Étienne Bazeries, oficial del Ejército Francés de la IIIª República al frente del departamento militar de criptografía, necesitó tres largos años de árdua investigación para conseguir las claves de los Rossignol (1890). Lo realmente increíble de esta anécdota, es que tanto la IIIª República como los regímenes que la precedieron y que surgieron después de la Revolución Francesa, no pudieron leer los archivos diplomáticos franceses de la época hasta después de 1890.