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Mostrando entradas con la etiqueta Elisabeth en Baviera. Mostrar todas las entradas
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sábado, 23 de mayo de 2015

CURIOSIDADES -182-

"Cabellera Imperial"



La que fue Duquesa Elisabeth en Baviera (1837-1898), desdichada consorte del Emperador Francisco-José I de Austria y más conocida como "Sissí", poseía una fabulosa cabellera castaña que le llegaba hasta los tobillos. Esa impresionante cabellera demandaba, sin embargo, unos cuidados poco comunes. Lavados una vez al mes (cada 3 semanas), los cabellos de la emperatriz eran responsabilidad exclusiva de su peluquera Fanny Angerer, que también ejercía su oficio en el Teatro Imperial de Viena. Levantada a las 5 de la mañana, Sissí se sometía al ritual diario de su baño en agua fría (para conservar su lozanía) que combinaba también con baños en litros de aceite de oliva templado para darle suavidad a su piel. Una vez limpia, y ante su tocador y en bata, entraba su peluquera para peinar su abundante cabellera, un trabajo que requería hasta 2 horas diarias. Cuando tocaba lavarlos, la peluquera le aplicaba una mascarilla hecha a base de huevo y coñac, y debía permanecer con ésta durante todo el día hasta el aclarado final. Ese día, la emperatriz no tenía agenda y no abandonaba sus aposentos para dedicarlo exclusivamente a sus cuidados.

Otra curiosidad sobre la reina-emperatriz, aparte de su anorexia y su obsesión por estar delgada, es su extrema coquetería a la hora de abordar su imagen. Tras cumplir los 30 años de edad, prohibió tajantemente que se le hicieran fotografías; no deseaba que la posteridad la recordase envejecida sino eternamente joven y bella. Después de los treinta, Sissí no salía al exterior de sus residencias de otro modo que con la cara cubierta por un velo o tapándola parcialmente con su abanico.

jueves, 30 de octubre de 2014

CURIOSIDADES -158-

"Ménage-à-Trois Imperial"



Todo el mundo conoce de sobras el flechazo entre el joven emperador Francisco-José I de Austria, rey de Hungría y de Bohemia (1830-1916) y su hermosa prima-hermana la duquesa Elisabeth en Baviera (1837-1898) alias Sissí, en la residencia imperial de verano en Bad Ischl (1853), y que un año más tarde culminó en boda.



La felicidad conyugal se quebró después de la luna de miel imperial: Sissí chocaba frontalmente con su suegra y tía materna, la archiduquesa Sofía, y con el envarado protocolo de la corte vienesa y, según las propias palabras de la flamante emperatriz consorte, despertó bruscamente de su sueño romántico para enfrentarse a un ambiente abiertamente hostil. En consecuencia, la pareja imperial se distanció tras el nacimiento de dos hijas y un hijo: Gisela, María-Valeria y Rodolfo. Francisco-José I, siempre ocupado con asuntos de Estado, y Sissí presa de depresiones nerviosas crónicas, dificultaron la cohabitación. Para huir del agobiante y envarado ambiente de la capital, la emperatriz decidió alejarse viajando de manera incesante y el emperador, aún muy enamorado de ella, acabó por dejarla libre diciéndole:

-"Prefiero saberte feliz lejos de mi, que desgraciada a mi lado."




Sin embargo, antes de ausentarse de manera intermitente y sin restricciones, Sissí eligió para su marido a una "pequeña amiga" que pudiera ofrecerle buena compañía mientras ella viajaba. La escogida fue la conocida actriz vienesa Katharina Schratt (1853-1940), una dama de físico totalmente opuesto al de la emperatriz, afectada por una inusual delgadez. El arreglo fue tan bien organizado y discreto, que ningún vienés supo de la verdadera naturaleza de la relación entre el monarca y la famosa actriz, instalada en una casa que se encontraba al lado de la glorieta del Palacio de Schönbrunn. 

jueves, 26 de julio de 2012

LAS JOYAS DE SISSÍ

LAS JOYAS DE SISSÍ



Una de las joyas "Star Sissi", que la emperatriz de Austria solía llevar prendidas en su peinado, robada en 1998 y que fue devuelta al Tesoro Imperial de los Habsburgo-Lorena, del Palacio de La Hofburg (Viena), en agosto de 2008 por el Gobierno Canadiense. / Abajo, detalle del famoso retrato de la Emperatriz Elisabeth "Sissi" de Austria (1837-1898), realizado en 1865 por Franz-Xavier Winterhalter, con sus estrellas prendidas en su hermosa cabellera.



En agosto de 2008, la prensa escrita y televisiva austríaca anunciaban la recuperación de la "Star Sissi" de diamantes que antaño perteneció a la más famosa de las emperatrices del siglo XIX: Elisabeth zu Bayern, Kaiserin von Oesterreich (Elisabeth en Baviera, Emperatriz de Austria), consorte del kaiser Francisco-José I, penúltimo soberano del Imperio Austro-Húngaro, que vivió entre 1837 y 1898.

Robada en 1998, en el curso de la exposición consagrada al centenario del asesinato de Elisabeth Amelia Eugenia von Wittelsbach, Duquesa en Baviera, más conocida bajo el apodo familiar de Sissi, la estrella ha sido finalmente restituida al Estado Austríaco por el gobierno de Canadá, dónde finalizó recientemente el juicio contra el ladrón de 35 años de edad.

Pese a que las estrellas de diamantes (que conforman una diadema si se desea o como broches por separado) fueron en su día puestas tras un cristal blindado, el ladrón canadiense consiguió dar el cambiazo reemplazando una de las joyas por una imitación. Un agente de seguridad se percató accidentalmente del subterfugio.

La estrella de Sissi no fue encontrada hasta un año después, gracias a las investigaciones llevadas a cabo en Canadá, a partir del robo cometido en un banco canadiense. De este modo, y por un casual, la policía descubrió el paradero de la "Star Sissi" en Winnipeg (en la provincia canadiense de Manitoba), en el domicilio de la abuela de uno de los sospechosos.



Retrato de Elisabeth, Emperatriz de Austria (1837-1898), según Georg Raab, 1875. / Abajo, el "set" de diamantes y rubíes de Sissi, compuestos por una diadema, una gargantilla y un broche pectoral, cuyas gemas pertenecieron a la reina Maria-Antonieta de Francia y a su hija Maria-Teresa, Duquesa de Angulema.



La emperatriz Elisabeth de Austria poseía una hermosa y admirada cabellera que decoraba a menudo, para las grandes ocasiones, con diademas y joyas que han sido inmortalizadas en sus retratos, cual catálogo de alhajas imperiales de la época. Un buen ejemplo es el retrato de Sissi con su diadema, gargantilla y broche de diamantes y rubíes, realizado por el artista Georg Raab en 1875. Y resulta curioso comprobar la trayectoria de dichas alhajas: habían pertenecido nada menos que a la reina Maria-Antonieta de Francia, que se los dejó en herencia a su hija mayor Madame Royale (la Princesa Maria-Teresa Carlota de Francia), posteriormente casada con el primogénito de su tío el conde de Artois (el rey Carlos X), Luis XIX de Francia, duque de Angulema y delfín de Francia, que reinó cinco minutos antes de abdicar. Al morir en el exilio, la duquesa de Angulema lo legó a sus parientes Habsburgo-Lorena. De ahí que pasaran a formar parte del joyero de la emperatriz Elisabeth de Austria.