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martes, 22 de octubre de 2019

EL CASO TARAKANOVA: un crimen de Estado.


LA PRINCESA TARAKANOVA
El Caso Tarakanova o el Crimen de Estado


París, 1772
Turbio asunto el de la Princesa Tarakanova que sacude los cimientos del trono de la emperatriz rusa Catalina II "la Grande" a lo largo de dos años, pero no el único aunque si el menos conocido de todos.
En 1772, aparece en París una hermosa y misteriosa mujer que se presenta entonces en sociedad con el nombre y el título de Aly Emetey, princesa Vladimir. De ella nada se sabe apenas, solo que afirma no haber conocido a sus padres, que fue raptada en Alemania y luego enviada a Persia. Siempre según esta mujer aparecida de la nada, en Ispahan, un príncipe le revela su identidad noble y la convence para que regrese a Europa a fin de conquistar su destino.
Rodeada de personajes sospechosos e intrigantes, lleva una vida extremadamente lujosa en París, Londres y Berlín, lugares donde se encargará de propagar el rumor de que ella es la hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna de Rusia, muerta diez años atrás (en 1762) y de su favorito cosaco con el que se casó en secreto, el conde Alexei Razumovski.
Su hermosura y gran atractivo seducen y conquistan a un gran número de personalidades que acabarán por unirse a su causa, entre ellos el príncipe polaco Oginski y el conde francés de Rochefort-Valcourt, ambos perdidamente enamorados de ésta.
Sorprendentemente, y a causa de un sonado escándalo, la princesa Vladimir abandona Francia para instalarse en Alemania, donde conoce al príncipe de Limburg-Stirum, el cual se enamora y le propone en vano unirse a él en matrimonio. Intrigante o mujer de legítimas razones, su objetivo es nada menos el de pretender abiertamente al trono de todas las Rusias. Afirma con vehemencia que es hija de la difunta emperatriz Elisabeth I Petrovna y del conde cosaco Alexei Razumovski -su esposo morganático desde 1750-, y de cuyo matrimonio habrían nacido dos hijos (niño y niña) según algunos, a los que se les impusieron los títulos de príncipe y princesa de Tarakanov. La emperatriz Elisabeth, supuesta madre de la pretendiente, está muerta desde 1762, y su marido morganático Alexei Razumovski se reunió con ella en 1771... y ella se hace llamar Tarakanova, aunque en verdad adoptó ese título después de hacerse pasar por la señorita Franck o la señorita Scholl. Sea como fuere, la supuesta princesa Tarakanova cuenta con numerosos partidarios prestos a ayudarla por odio a la zarina reinante Catalina II, y tiene la suerte de encontrarse en una situación que le favorece, puesto que desde 1773 un campesino llamado Pugatchev provoca levantamientos populares en las provincias y suscita el entusiasmo de muchas ciudades rusas al pretender ser nada menos que Pedro III, el asesinado esposo de Catalina II. Semejante asunto desestabiliza seriamente el gobierno de la emperatriz y, en ese ambiente de júbilo que rodea el ascenso del impostor, una mujer joven que se declara hija de la zarina Elisabeth tiene todas las posibilidades de ser creída. A contar también con los magnates polacos exiliados desde la partición del reino de Polonia en 1772 que, por legítimos resentimientos, intrigan contra Rusia y ven en la princesa Tarakanova, un excelente medio para destituir a Catalina II, a la cual odian profundamente por gobernar con mano de hierro una parte del territorio polaco. Mejor que urdir un asesinato a través del cual se desacreditarían ante el resto de Europa, optan por apoyar a una pretendiente al trono ruso. Uno de esos magnates polacos, el principe Karol Stanislaw Radziwill, será encargado de entrar en contacto con la Tarakanova...



Las Intrigas, 1774
A principios del año 1774, la supuesta pretendiente Tarakanova se traslada a Venecia, en cuyos aristocráticos salones es tratada como una personalidad de gran importancia, por no decir como si fuera una auténtica zarina rusa.
Desde el principio bien informada sobre la célebre "impostora Tarakanova", Catalina II acaba por perder paciencia ante semejante afrenta y decide hacerla traer a Rusia por cualquier medio. Empezará entonces a anudar, con el conde Alexis Orlov (Aleksei Orlov), los hilos de una trama ingeniosa para que la Tarakanova se meta en la boca del lobo y caiga en sus redes. Orlov es entonces comandante de la flota rusa en el Mediterráneo.
Alexis Orlov se encargará entonces de hacer correr el rumor de que ha caído en desgracia en San Petersburgo. La pretendiente, al oír la noticia y siempre en busca de nuevos y más numerosos apoyos, le envía entonces una misiva donde le relata sus orígenes imperiales...
La princesa Tarakanova ha enviado un correo al conde Orlov, comandante de la Flota Rusa en el Mediterráneo, tras enterarse de que éste ha caído en desgracia en San Petersburgo. En aquella carta, la Tarakanova le relata sus orígenes imperiales y le deja entrever que, si Orlov, persona non grata en Rusia, le ofrece su apoyo (que no es poco, sabiendo la influencia de los hermanos Orlov en San Petersburgo) en sus pretensiones de reclamar su herencia imperial, ella a cambio, le colmará de honores y prebendas. La pretendiente ha caído en la trampa de Orlov y Catalina II, y de una manera tan ingénua que sorprende...
Dado que la flota rusa se encuentra anclada en el puerto de Livorno y la supuesta princesa en Pisa, Orlov le propone que se conozcan. Fijan entonces un lugar neutro para una cita. En el momento del encuentro, el asunto adquiere proporciones de un flechazo recíproco; el conde parece caer rendido ante las hermosas prendas de la pretendiente. Orlov jurará defender y apoyar su causa, ofreciéndole el trono de Catalina II y, ni corto ni perezoso, con el corazón ardiente de pasión por ella, le pide su mano. Sorprendentemente, la Tarakanova parece estar prendida del conde, y accede gustosamente a contraer matrimonio con él, del mismo modo en que da su visto bueno para que la unión se celebre días más tarde en el buque de Orlov, es decir, en territorio ruso. Todo parece ir a pedir de boca... pero, es demasiado bonito para que sea real.
Apenas sube la princesa Tarakanova, vestida de novia con sus mejores galas, a bordo del buque insignia, el encantador y ardiente semblante de enamorado del conde Orlov se torna en una mueca cruel que, con sequedad, ordena que la arresten en nombre de Su Majestad Imperial Catalina II. Apresada por los soldados, es encerrada en un camarote y Orlov, que ya lo tenía todo minuciosamente planeado, ordena levar anclas y fijar rumbo a San Petersburgo.

La prisionera de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo
La princesa Tarakanova es llevada pues, hasta la desembocadura del Neva y de allí trasladada en bote, bajo una fuerte escolta, a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, erigida en medio del río que divide la capital de los zares desde Pedro I "el Grande", de manos del conde Orlov y siguiendo al dedillo las instrucciones dictadas por la propia emperatriz Catalina.
Encarcelada en una lúgubre celda de la fortaleza de San Petersburgo, Catalina II nombrará al Canciller Imperial, Príncipe Dimitri Galitzin (o Golitsyn), para presidir los interrogatorios de la prisionera, con el fin de sonsacarle toda la verdad. Pero la Tarakanova no hará más que darle la misma versión de los hechos, hechos que siempre sostuvo desde que se declaró hija de la difunta zarina Elisabeth I y del conde Razumovski. Vive en la vana esperanza de que, al final, sus carceleros la liberarán convencidos de su buena fe. Se equivoca. Su obstinación en repetir una y otra vez la misma historia le resultará nefasta. Como los interrogatorios no aportan pruebas concluyentes y no convencen a la emperatriz, ésta ordena que sea encerrada de por vida en la fortaleza. Su confinamiento es casi un emparedamiento: su celda, húmeda y lúgubre, con apenas luz exterior, contribuyen lentamente al empeoramiento de su estado de salud, y se declara la tuberculosis pocos meses después.
Ante tamaña crueldad, el propio Galitzin, conmovido por las horrendas condiciones de la Tarakanova, pide a Catalina II que suavice la pena de la prisionera, dando cuenta de que, si sigue así, morirá. La soberana se negará y la misteriosa princesa Tarakanova muere finalmente el 4 de diciembre de 1775, escupiendo su sangre.
Los diversos informes entregados a Catalina II, en base a los interrogatorios, no harán más que repetir la misma versión, una y otra vez, de la prisionera sobre su verdadera identidad: sostiene ser la hija de Elisabeth I Petrovna. Otros informes, éstos proporcionados por espías, darán otras versiones sobre la Tarakanova: uno afirmando que sería la supuesta hija del dueño de un cabaret de Praga, otro que lo sería de un panadero alemán, e incluso una judía polaca. Ninguna de esas hipótesis parece probable. Como no se puede excluír que los hijos secretos de la fallecida emperatriz Elisabeth con Razumovski, hayan existido, nadie puede hoy día afirmar que la Tarakanova no haya sido quien pretenda ser. Si se diera en efecto el caso, entonces Catalina II habría dejado morir expresamente a la legítima heredera del trono de Pedro I "el Grande".
Siempre quedará la duda...

Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova
Yelizaveta o Elisabeth Alekseyevna nació en 1753 y falleció el 4 de diciembre de 1775 en San Petersburgo. Se dio a conocer como pretendiente al trono de Rusia bajo el título de Knyaginya Vladimirskaya (Princesa Vladimir o Vlodomir), y bajo los seudónimos de Fräulein Frank, Fräulein Scholl o Madamoiselle Trémouille dependiendo de su ubicación del momento, como hija del conde Aleksei Grigorievich Razumovski y de Elisabeth I Petrovna Romanova, Emperatriz y Zarina de Rusia, que contrajeron matrimonio secreto en 1742.
Según el testimonio del Conde Waliszewski "...es joven, graciosa y muy bella; tiene los cabellos color ceniza, como Elisabeth (se refiere a la zarina Elisabeth I Petrovna), y los ojos de un color negroazules como los suyos..." . La breve descripción nos da a entender que la princesa es entonces una hermosa joven de cabellos rubio-ceniza y de mirada azul oscura, y que guarda cierto parecido físico con su supuesta progenitora imperial, de rasgos circasianos y veinteañera. Otros testimonios de personas que la conocieron, alabaron su cultura, su educación y sus gustos refinados propios de una persona de alta cuna. Hablaba con soltura el francés, el alemán, y conocía perfectamente el inglés, el italiano, el árabe y la lengua persa, que era mucho más de lo que solían conocer altos personajes contemporáneos.
Su "padrino" en la alta sociedad cosmopolita europea fue un anciano aristócrata, el Barón von Embs, al que la Tarakanova solía presentar como su pariente, sin especificar demasiado el grado. Por medio de ese barón, la supuesta princesa entró en contacto con importantes aristócratas polacos, prusianos, austríacos, italianos y franceses, entre los cuales caben destacar al príncipe Michal Kazimierz Oginski (1728-1800), "jefe" de aquellos magnates polacos exiliados que estaban abiertamente enfrentados a Catalina II de Rusia y a su "criatura", Estanislao II Augusto Poniatowski, rey electo de Polonia gracias a la imposición rusa.
Cuando el Príncipe Karol Stanislaw Radziwill entró en contacto con la princesa Tarakanova, ésta le mostró un documento que suponía acreditar sus orígenes imperiales. Se trataba, según se sabe, del supuesto testamento de Elisabeth I Petrovna, Emperatriz de Rusia, designando como heredera suya a Yelizaveta Alekseyevna, hija nacida de sus esponsales con Razumovski. Testamento que, por cierto, chocaba frontalmente con las disposiciones tomadas con anterioridad sobre la sucesión al trono ruso, en las que se designaba como zarevich a Pedro III de Holstein-Gottorp, sobrino carnal de la soberana y desposado con la princesa von Anhalt-Zerbst, más conocida como Catalina Alekseyevna (Catalina II).
Radziwill, pese a su fama de hombre desengañado y astuto, gran conocedor de las enmarañadas intrigas de todas las grandes cortes europeas, pareció no dudar un solo instante de la buena fe y sinceridad de la supuesta hija de la difunta emperatriz de Todas las Rusias. Como no, Radziwill, igual que Oginski y otros magnates polacos exiliados, creyó ver en aquella mujer un guiño de la Providencia para favorecer la causa polaca anti-rusa. La Tarakanova les proporcionaba el medio para matar dos pájaros de un tiro: intentar derrocar a la usurpadora Catalina II, reivindicando los derechos de la princesa al trono de los Romanov y, por otro lado, destronar al rey impuesto por ésta,  Estanislao II Augusto Poniatowski y proclamar la república aristocrática en Varsovia.

Aleksei Grigorievich Razumovski
Nacido el 17 de marzo de 1709, cerca de Tchernigov y muerto el 6 de julio de 1771, en San Petersburgo, Aleksei Grigorievich Razumovski (o Razumovsky) era un joven pastor, hijo de un humilde granjero cosaco. Empezó cantando en el coro de la iglesia de su localidad, donde fue descubierto por un cortesano de la emperatriz Ana I que estaba de paso en una misión diplomática a Hungría, el coronel Vichnevsky, al que le encantaron sus capacidades vocales y le propuso que se trasladara con él a San Petersburgo. Dado que era guapo y ambicioso, Razumovski no dudó en marcharse con él para ampliar sus horizontes (1731), y fue prontamente colocado en el coro ucraniano de la capilla palatina de San Petersburgo.
Su prestanza, talento y gran belleza física impactarían a la gran-duquesa Elisabeth Petrovna, hija del zar Pedro I "el Grande", quien le daría un puesto en la corte en 1732. Tras la deportación del favorito de Elisabeth, Aleksei Shubin, Razumovski reemplazó a éste en sus funciones de alcoba. Al perder su hermosa voz, fue nombrado para el puesto de intérprete de bandurria en la corte imperial, además de ser el supervisor de las residencias de la gran-duquesa. Durante el periodo de la regencia de Ana Leopoldovna, sería nombrado kammerjunker (ayuda de cámara).
Importante sería el papel desempeñado por Razumovski durante la revolución palaciega del 25 al 26 de noviembre (6-7 de diciembre) de 1741, que elevaría hasta el trono a la gran-duquesa Elisabeth Petrovna con el consiguiente derrocamiento del niño-zar Iván VI y de su madre la regente. Tras el golpe de Estado, Elisabeth I Petrovna le nombraría teniente-general, y el mismo día de su coronación, firmaría su nombramiento de mariscal de la corte imperial. Entre otros honores y prebendas que le llovieron, Razumovski sería armado caballero de las ordenes de San Andrés y de San Alejandro Nevski, y dotado con numerosas fincas señoriales en las cercanías de Moscú principalmente. Todo aquello sirvió, sin duda, para colmar sus ansias de fortuna y honores, y aplacar cualquier ambición política latente.
Según las especulaciones de los historiadores, Razumovski se casaría secretamente con la emperatriz en una iglesia rural de Perovo (hoy localidad que forma parte de Moscú), en otoño de 1742. Dos años más tarde, sería elevado al rango condal por el Emperador del Sacro Santo Imperio Romano y Germánico Carlos VII Alberto de Baviera (Reichsgraf), y hecho conde ruso el mismo año. En 1745-1748-1756, siguieron los sucesivos nombramientos: capitán de la Guardia-de-Corps, teniente-coronel y mariscal de campo (general de brigada).
Durante el reinado de Elisabeth I, Razumovski tendría una posición privilegiada en el seno de la corte pese a la creciente rivalidad del joven conde Ivan Shuvalov, en los últimos años. Sus aposentos en el Palacio de Verano comunicaban directamente con los de Elisabeth I, lo que le otorgaba el privilegio de tener acceso a ella a cualquier hora. Bajo su batuta, la vida de la corte imperial siempre estuvo amenizada con un sinfin de eventos musicales. En 1744, la emperatriz visitaría el pueblo natal de su marido, que convertiría en finca solariega de la familia Razumovski.
Aunque nunca estuvo interesado en los asuntos del Gobierno, Razumovski fue el principal apoyo y valedor del canciller Bestuchev-Rjumin y, a instancias suyas, se restauró el cargo de hetman de Ucrania del cual fue beneficiario su hermano Kyril Razumovski, entonces presidente de la Academia Rusa de Ciencias con solo 18 años de edad.
Antes de fallecer, la emperatriz hizo prometer a su sobrino y sucesor, Pedro III, que no exiliara o deportara a sus favoritos y amigos del momento. Tras expirar Elisabeth I Petrovna, Razumovski renunció a todos sus cargos y se mudó del Palacio de Invierno a su residencia privada del  Palacio Anichkov, regalo de su difunta esposa y soberana, llevando una vida discreta y retirado de la vida social.
Al acceder al poder Catalina II en 1762, tras el destronamiento y posterior asesinato de Pedro III, Razumovski recibió la oferta de ésta de verse titulado "Alteza Imperial", distinción que rehusó. Sin embargo, si accedió al requerimiento de Catalina de que destruyera todos los documentos que probasen su unión matrimonial con la emperatriz Elisabeth. ¿Cuales eran las razones de tal requerimiento imperial? y ¿por qué accedió Razumovski a complacerlo?
Razumovski fallecería tranquilamente en su palacio Anichkov el 17 de julio de 1771, recibiendo sepultura en la catedral de la Anunciación de Aleksandro-Nevskaya Lavra.
La cuestión sobre la posteridad habida entre Razumovski y Elisabeth I Petrovna sigue abierta. Actualmente, se sabe que hubieron dos niñas ( y no un niño y una niña) conocidas bajo el nombre de Tarakanova. Una de ellas, Augusta Alekseyevna Tarakanova, se hizo monja y llevó el nombre de Dosifeya, siendo posteriormente sepultada en la cripta familiar de los Romanov, mientras que la otra, Yelizaveta Alekseyevna Tarakanova, sería secuestrada en Livorno por el conde Aleksei Grigorievich Orlov, y encarcelada en San Petersburgo en febrero de 1775.

jueves, 5 de marzo de 2015

EL SECRETO PERDIDO DE CATALINA II

 
EL BOUDOIR ERÓTICO DE LA ZARINA
 


Fue durante el cruento conflicto de la IIª Guerra Mundial cuando, en el fabuloso palacio imperial de verano de Tsarskoye Selo, el Palacio Catalina o Palacio Pushkin, a pocos kilómetros de San Petersburgo, los soldados del Soviet descubrieron asombrados una cámara secreta en los antiguos aposentos de la sexoadicta zarina Catalina II "La Grande" (1729-1796), completamente decorada y amueblada con temas francamente pornográficos: muebles, enseres, cuadros, tapices, paredes y gran diversidad de objetos que recreaban escenas sexuales explícitas y sexos tallados, esculpidos, cincelados y pintados. Maravillados por esa profusión de falos, mamas y vaginas, los soldados, en vez de arremeter contra esas imágenes, se dedicaron a inmortalizarlas haciendo una docena de fotografías para documentar su inesperado descubrimiento.





Por desgracia, durante esa guerra, parte de ese archivo fotográfico desapareció por culpa del fuego y, para colmo, en la década siguiente de 1950 y bajo el tiránico gobierno de Iosif Stalin, la habitación secreta de la emperatriz fue totalmente (en 1944) desmantelada, vaciada y su mobiliario destruído o apartado de las miradas. El personal del Museo del Ermitage fue testigo de esa desaparición, confirmando décadas después que, aunque eliminada de su antiguo emplazamiento, la habitación secreta existió realmente y apuntando que también hubo un "boudoir" decorado del mismo modo para el amante de la zarina, el Príncipe Platón Zubov, que también formó parte de la "quema" stalinista. Que la colección de arte erótico perteneciente a Catalina II fue debidamente catalogada en la década de 1930, y que el catálogo en cuestión también se perdió durante la guerra, y que dicha colección fue destruída en 1950. Solo queda, a modo de testimonio de su existencia, una exigua selección de fotografías que se salvaron milagrosamente de la destrucción.

 
Fotografía parcial de la fachada del Palacio Catalina-Pushkin, en Tsarskoye-Selo. 
 
 
 
 

Aleksander Benua, que trabajó en el Ermitage, había enseñado a la entonces élite intelectual de San Petersburgo su "colección de curiosidades no oficialmente existente", consistente en reproducciones en cera de los falos del Príncipe Grigori Potemkin y de Vassily Rozanov, supuestamente "dañados" por el uso y abuso de dedos sudorosos. Por lo visto, muchas de las citas sexuales de la soberana con sus amantes se produjeron en los baños de la sauna que se encontraba en la planta baja del Palacio de Invierno.



Un ebanista francés, Dominique Roitel, recrea desde entonces reproducciones fidedignas de algunos muebles eróticos que pertenecieron a Catalina II.

lunes, 3 de marzo de 2014

Anécdotas Históricas -238-



El entonces Príncipe Heredero Federico de Württemberg (1754-1816) -futuro Duque Federico III y luego Rey Federico I de Württemberg-, contrajo matrimonio a sus 25 años de edad con la Duquesa Augusta Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel (1764-1788), de 15 y sobrina carnal del rey Jorge III de Gran-Bretaña. Sin embargo, la vida conyugal resultó ser un infierno para la joven: aparte del detalle de que su marido era bisexual y andaba siempre rodeado de una camarilla de jóvenes aristócratas que compartían sus mismos gustos, éste la maltrataba día si y día también.



A pesar de que el matrimonio no era un lecho de rosas, la joven Princesa de Württemberg le dio 4 hijos y le siguió hasta San-Petersburgo cuando su cuñada, Sofía Dorotea, fue casada en 1782 con el Gran Duque Pablo Petrovich, heredero de la Emperatriz Catalina II de Rusia.

Es en el curso de una segunda visita de la pareja principesca en Rusia, en diciembre de 1786, cuando se produce un sonado escándalo. Harta de los malos tratos de su terrible marido de 2,11 metros de estatura, la pobre Princesa de Württemberg aprovecha la ocasión para correr despavorida hasta los aposentos imperiales e implorar a Catalina II su protección y asilo. Sin dudarlo un solo momento, y quizás recordando el calvario que ella misma había sufrido con el difunto Pedro III, la Emperatriz la consoló otorgándole toda su protección y asilo en San-Petersburgo.



Las protestas del gigantesco Príncipe de Württemberg no impresionaron en absoluto a la Zarina y ésta ordenó que abandonase Rusia en el acto. La decisión de la soberana fue inapelable pese a las protestas de su nuera, la ahora Gran Duquesa María Feodorovna, por el indebido trato dispensado a su hermano. Catalina II fue tajante con la hermana de Federico:

-"No soy yo la que cubre al Príncipe de Württemberg de oprobio; al contrario, trato de sepultar todas sus abominaciones y es mi deber suprimir cualquier otra en el futuro."

La Princesa Augusta nunca volvería a ver a su maltratador gracias a su protectora. Un año y 9 meses después moriría desangrada por culpa de un complicado parto.

Anécdota de: Augusta Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel-Bevern, Princesa de Württemberg (1764-1788), Catalina II, Emperatriz de Rusia (1729-1796) y de Sofía-Dorotea de Württemberg, Gran Duquesa María Feodorovna de Rusia (1759-1828).

viernes, 7 de febrero de 2014

CATALINA II DE RUSIA

CATALINA II "la Grande"
EMPERATRIZ AUTÓCRATA DE RUSIA
1729 - 1796
 
 
Nacida el 21 de abril de 1729 en Stettin, Pomerania, y fallecida de un infarto el 6 de noviembre de 1796, en San-Petersburgo, Rusia, fue bautizada con los nombres de Sofía Augusta Federica, Princesa von Anhalt-Zerbst (de la Casa de Ascania), y apodada familiarmente "Figchen". Era hija del Príncipe Christian-Augusto von Anhalt-Zerbst y de la Duquesa Johanna-Elisabeth de Holstein-Gottorp-Eutin, hermana del rey Adolfo-Federico I de Suecia, del Príncipe-Obispo de Lübeck y del Duque de Oldenburgo.



En 1744, la entonces emperatriz Isabel I Petrovna la escoge como futura esposa de su sobrino y heredero, el zarevich Carlos Pedro Ulrico, duque de Holstein-Gottorp que, además, era primo de ésta. Convertida a la fe ortodoxa, fue rebautizada con el nombre de "Catalina Alexeievna". El matrimonio se tradujo en un completo fracaso: el zarevich presentaba abiertamente a su amante y Catalina atrajo a su alrededor a muchos partidarios y simpatizantes. A esto se unía la disparidad de intereses y caracteres: Catalina leía a Voltaire y a Montesquieu, se interesaba por la cultura y los asuntos de su país adoptivo, mientras que Pedro, personaje excéntrico y pueril, mostraba un total desprecio por todo lo ruso y su incondicional admiración hacia el rey Federico II "el Grande" de Prusia y todo lo alemán.

Para que la pareja pudiera engendrar un heredero, Catalina tuvo que emborrachar a Pedro para llevarle a una mesa de intervención quirúrgica, con el fin de zanjar su problema con una oportuna circuncisión.

 
Retrato del Zar Pedro III Feodorovich, Emperador de Rusia (1728-1762).


El 28 de junio de 1762, a favor de un golpe de Estado urdido por el conde Orlov que destronó a su marido el zar Pedro III, Catalina Alexeievna fue inmediatamente catapultada al trono ruso.


Personalidad

 
En su infancia, fue ignorada por su madre quien se preocupó más por sus hijos varones. Sin embargo, el interés que suscitó en la corte prusiana cuando Elisabeth I Petrovna buscaba una novia para su sobrino y sucesor, cambiaron las relaciones entre madre e hija. El rey Federico II de Prusia intervino sutilmente en el asunto y propuso a la princesa von Anhalt-Zerbst como una "buena oportunidad", debida a su relativa insignificancia en el ajedrez europeo.

Sofía-Federica-Augusta von Anhalt-Zerbst no era una gran beldad, pero tenía tal encanto que conquistaba sin demasiada dificultad a sus interlocutores, fuesen hombres o mujeres; enormemente curiosa y ávida por aprender, gozaba del don del ingenio verbal, una de las más reverenciadas virtudes del siglo XVIII, algo de coquetería y ansias de agradar a los demás.

Si hay un rasgo característico en el físico de Catalina II, fue su perfil griego, noble y su majestuoso porte. Quizá su peor defecto consistió en ser emprendedora y llena de buenas e innovadoras ideas que, a la larga, se traducían en un pronto hastío y un cambio de parecer que la hacían voluble. Adherida a las ideas de la Ilustración más a título personal que a título de soberana, Catalina II supo ver que el pueblo ruso no estaba preparado para ser "liberado" y que tan solo podía ser gobernado con mano dura.

También habría que reseñar sus ansias de amor, puede que por las carencias sufridas en su infancia como en su adolescencia, al estar casada con un hombre que la menospreciaba; cada vez que tuvo una aventura sentimental, lo vivió como un primer flechazo: Saltykov, Orlov y Potemkin fueron sus grandes amores, pero no los únicos ya que la lista es más extensa. Catalina II no sabía vivir sin pasiones carnales.

Desde su llegada a Rusia y tras su conversión a la fe ortodoxa, Catalina II, tuvo empeño en rusificarse pese a su orígen alemán. Si bien aprendió a hablar el ruso, a leerlo y a escribirlo, nunca pudo deshacerse de su áspero acento germano.


Política Interior

 
Basado sobre los pensamientos de los enciclopedistas y filósofos franceses, Catalina II hizo establecer un programa de reformas para modernizar el Estado Ruso. Una comisión legislativa representando a todas las clases sociales, excepto a los siervos, fue instituida pero prontamente disuelta antes de que fuera efectiva, quizás porque Catalina II se había vuelto repentinamente conservadora tras la revuelta de Pugachev (1773-1774).

Reorganizó la administración provincial, otorgando al Gobierno mayor control sobre las zonas rurales para combatir cualquier foco de revuelta campesina. En 1785, Catalina II creó una Carta Magna que permitía a los nobles presentar sus peticiones al monarca, además de otorgarles mucho más poder y derechos. Impulsó la colonización de Alaska, de los Alemanes del Volga y de los territorios conquistados.

Bajo su reinado, Rusia se convirtió en el primer productor mundial de hierro y de cobre, contando más de 200 fábricas, talleres y manufacturas. La producción industrial había doblado en poco tiempo y el valor del comercio interior y exterior se había triplicado. Los Estados occidentales se vieron entonces forzados a acoger a Rusia en el "Concierto Europeo".


Asuntos Externos



 
Retrato del Conde Nikita Ivanovich Panin (1718-1783), Ministro de Asuntos Exteriores, según A. Roslin.


El ministro de Asuntos Extranjeros, Conde Nikita Panin, ejerció una influencia considerable. Gastó considerables sumas de dinero para crear el "Acuerdo del Norte" entre Rusia, Prusia, Polonia, Suecia y Gran-Bretaña, con el fin de hacer contrapie a la liga de los Borbón-Habsburgo. Cuando se percataron de que semejante plan no podía funcionar, Panin fue despedido en 1781.

En 1764, Catalina II impuso a su ex-amante el conde Estanislao Augusto Poniatowski, como nuevo soberano "títere" de Polonia. Tras aquella magistral jugada, Rusia se anexionó grandes regiones de Polonia en los años 1772, 1793 y 1795.

Catalina II hizo de Rusia una potencia dominante en el Oriente Medio, tras la primera guerra contra el Imperio Otomano (Turquía). Incluso intentó despedazar el territorio turco a imagen y semejanza de Polonia, pero no obtuvo un éxito determinante. Se anexionó Crimea en 1783, nueve años después de que obtuviera su independencia. El Imperio Otomano declaró la 2ª guerra ruso-turca en 1787, terminándose en 1792 con el Tratado de Jassy.

También intervino la soberana como mediadora en el conflicto sucesorio de Baviera (1778-1779), entre Prusia y Austria. En 1780 montó un grupo naval armado con la finalidad de defender los navíos independientes de las agresiones británicas durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos.

Entre 1788 y 1790, Rusia se vió envuelta en una guerra contra la Suecia de su primo el rey Gustavo III, quien intentaba recuperar los territorios perdidos en 1720. Tras la batalla de Svensksund, en Finlandia, entre el 9 y 10 de julio de 1790, un tratado de paz ruso-sueco fue firmado.

Al término de su reinado, Catalina II había agrandado el territorio ruso con 518.000 Km2 de tierra.


Arte y Cultura





Catalina II se presentó como una auténtica mecenas de las artes, la literatura y de la educación rusas, basándose en la Enciclopedia de Diderot y de D'Alembert. A ella se debe la fabulosa colección de cuadros y esculturas que conforman hoy lo mejor del Museo del Hermitage. Supo, incluso, convencer al matemático Leonhard Euler para que regresara a Berlín.

Sin embargo, cuando Radishchev publicó su "Viaje de San-Petersburgo a Moscú", en 1790, presentando las deplorables condiciones de vida de los siervos rusos, éste fue exiliado a Siberia.


Vida Personal





Como muestra de su valentía, y con tal de introducir en Rusia la vacunación contra la viruela, fue la primera en ofrecerse para dar ejemplo a los demás.

Catalina II era de sobras conocida por su apetito sexual y por sus numerosos amantes masculinos. Ella misma hizo construir y decorar una estancia secreta llena de pinturas y esculturas pornográficas, con escenas incluyendo la violación, la pedofilia y la zoofilia. También se encontraban consoladores gigantes, especialmente realizados por un artesano que decoraba las iglesias. Sin embargo, la leyenda según la cual habría fallecido tras hacerse penetrar por un caballo, parece no tener fundamento. En realidad, Catalina II murió tras sufrir un ataque al corazón en su trasalcoba. Se apagaría el 6 de noviembre de 1796 sin haber recuperado el conocimiento.

miércoles, 20 de marzo de 2013

SHUVALOV: el Padre de la Cultura Rusa


IVAN IVANOVICH SHUVALOV
1727-1797
 
 
"Padre de la Cultura Rusa"

Nacido en 1727, Ivan Ivanovich, conde Shuvalov, hace su aparición en el escenario público gracias a su presentación en la corte de la cuarentona emperatriz Elizaveta I, la cual se prendó de él en 1749. Tenía entonces 22 años de edad y un físico agradable que fueron la clave de su éxito para entrar a formar parte del restringido círculo de la zarina. En aquel mismo año, Elizaveta o Isabel I, que bien podría ser su madre al doblarle la edad, lo tomó como amante sin por ello deshacerse de su amado pastor cosaco y tañedor de laúd, Razumovski. Su ascenso hasta la alcoba imperial levantó ampollas en el canciller Bestuzhev-Rjumin, quien temía que las consecuencias para Razumovski y él fueran una caída en desgracia. Para subsanar el contratiempo, presentó a Isabel al joven y hermosísimo Beketov, hechura suya con apenas 18 años de edad. Si bien la jugada del canciller pareció afortunada, al ser admitido por la emperatriz (que le cubrió de riquezas) y nombrado ayudante de Razumovski, con alojamiento en palacio, el crédito del conde Shuvalov ni siquiera se resintió de la recién incorporación del flamante "juguete sexual". Isabel I, pasmosamente ecuánime hasta en sus más íntimos asuntos de alcoba, se las ingenió para arreglarselas con sus tres amantes: Razumovski, Shuvalov y Beketov, formando un inusual cuarteto de lo más armonioso.

 
Retrato de Elizaveta I Petrovna (1709-1762), Emperatriz de Rusia entre 1741-1762.


La decisiva intromisión de Pedro Shuvalov, tío del favorito, acabaría por romper ese cuarteto amoroso al inducir a Beketov a aplicarse cierta pomada en la cara que, según le dijo, le conservaría la piel fresca y lozana. El efecto contrario no se hizo esperar cuando le produjo a Beketov una violenta erupción cutánea, y los Shuvalov se apresuraron a asegurar a Isabel I que el joven padecía una enfermedad venérea. Horrorizada, Isabel se distanció, refugiándose en Tsarskoye Selo para entregarse a la oración, mientras el pobre Beketov era conminado a hacer las maletas y abandonar de inmediato el palacio de Invierno. Con semejante golpe, los tíos Shuvalov, Pedro y Alejandro, se convirtieron en los árbitros supremos de la corte rusa. Pedro se encargó de la cartera de asuntos internos, embolsándose millones e introduciendo monopolios comerciales. Fundó cajas de ahorro, reformó la moneda y mejoró la artillería rusa. En cuanto a Alejandro Shuvalov, éste se convirtió en el temible Inquisidor Principal de la Cancillería Secreta. Decían las gentes de él que sus facciones se contraían nerviosamente, en consecuencia de su cometido de torturador. Afotunadamente, el conde Iván Ivanovich Shuvalov se reveló de mejor pasta que sus tíos. Aparte de iniciar una loable carrera militar, llegando a ser teniente general, se erigió en un generoso protector de jóvenes escritores que pugnaban por abrirse camino, manteniendo correspondencia con Voltaire, y sugiriendo a la emperatriz la feliz idea de fundar la Universidad de Moscú en 1755, y la Academia de Bellas Artes de San Petersburgo en 1757, participando activamente en ambas fundaciones. Se puede decir que la beneficiosa influencia de Shuvalov sobre Isabel I de Rusia, fue todo un triunfo más teniendo en cuenta que la soberana, aparte de ser ostentosamente inculta, estaba convencida de que la lectura era perjudicial para la salud. En contrapartida, Shuvalov fue agraciado con ascensos militares y condecorado con la Orden Imperial de San Alejandro Nevski. Se convirtió en el reconocido mecenas de las artes y ciencias rusas, asociando su nombre a la eclosión cultural de Rusia a imagen y semejanza de la Europa Occidental, en la 2ª mitad del siglo XVIII.

 
Retrato de Catalina II "la Grande" (1729-1796), Emperatriz de Rusia entre 1762 y 1796.


La repentina muerte de Isabel I en 1762, obligó a Shuvalov a tomar sus distancias con el nuevo reinado que se iniciaba con Pedro III, que menospreciaba la cultura alabando la vida de los cuarteles militares. Abandonó pues su país para iniciar una gira europea larga de 14 años, residiendo principalmente en Francia y en Italia, donde completó su extensa cultura cosmopolita. No volvería a Rusia hasta 1777, donde le fue dispensada por Catalina II "la Grande", la mejor de las acogidas. El mismo año de su regreso triunfal a San Petersburgo, se vió agraciado con el cargo de Gran Chambelán de la Corte Imperial y condecorado con las órdenes de San Vladimiro y de San Andrés, además de conservar hasta su muerte, en 1797, la imperecedera fama de ser el más culto y generoso mecenas de su país. Fallecería a la edad de 70 años.

lunes, 26 de noviembre de 2012

CURIOSIDADES -86-

"Mi imperio por un hombre!"



Poquísimas mujeres, y mucho menos reinas y emperatrices como Catalina II "la Grande" de Rusia (1729-1796), gastaron tanto oro en la historia para satisfacer sus ansias de amor y pasión. Catalina II no tenía medida en cuanto a asuntos de corazón se refiere; gastó en ellos sin contar.

Teniendo en cuenta que el presupuesto anual del Estado Imperial Ruso era entonces de 70 millones de rublos, la emperatriz repartió y regaló, literalmente, 92 millones a sus amantes a lo largo de su reinado. Si eso no es generosidad,...

miércoles, 21 de noviembre de 2012

CURIOSIDADES -85-


"NADA COMO EL CALOR HUMANO"

Durante lo más crudo del invierno báltico, la vida en el Palacio Imperial de San-Petersburgo era una auténtica tortura para sus ocupantes y, sobretodo, para la Emperatriz Catalina II. Para subsanar el temor de la zarina a morirse de hipotermia, cada noche se destinaba una parte de su guardia-de-corps a velar por su sueño. A los guardias, una vez dispuestos dentro del dormitorio imperial, el coronel les ordenaba escuetamente:

-"¡Respirad bien calentito!"

La idea era que, llenando la habitación de la zarina con todos aquellos fornidos y apuestos guardias, se mantuviera el calor de la estancia con sus alientos, evitando así que Catalina II amaneciera congelada.

domingo, 19 de junio de 2011

KURAKIN, el Príncipe Diamante

ALEKSANDR BORISOVICH,
PRÍNCIPE KURAKIN
1752 - 1818

"el Príncipe Diamante"

Retrato del Príncipe Aleksandr Borisovich Kurakin (1752-1818), según Brompton.


Aleksandr Borisovich, Prí­ncipe Kurakin (1752-1818), Hijo del prí­ncipe Boris Leonti Alexandrovich Kurakin -fallecido en 1764- y de la condesa Elena Semyonova Apraksina, es compañero de estudios del entonces hijo y heredero de la emperatriz Catalina II "la Grande", el gran-duque Pablo de Rusia, con el cual empezará su educación. Gracias a la costumbre cosmopolita imperante entonces en la Europa dieciochesca, acabará completando sus estudios en la Universidad de Leyden, en las Provincias Unidas, siguiendo una tradición inaugurada por el entonces emperador Pedro I "el Grande", el cual ya recomendaba entonces la formación de los hijos nobles rusos en los Paí­ses-Bajos y en otros países europeos con prestigiosas universidades.


Retrato del Príncipe Kurakin, según Alexandre Roslin.

De vuelta a San Petersburgo, Kurakin será nombrado Senador Imperial en 1775, obteniendo en 1778 el cargo de chambelán de la corte y recibiendo su nominación de Procurador Jefe del Senado Ruso. Sin por ello renunciar a sus nuevas dignidades palatinas y públicas, Alejandro Borisovich Kurakin formará parte del séquito del gran-duque Pablo en su gira por Europa debido a la estrecha amistad que le une al heredero del trono, quien le llama cariñosamente "mi alma".


Retrato del Gran Duque Pablo Petrovich de Rusia (1754-1801), en 1780 según Levitzky.

Desgraciadamente, la amistad de Kurakin con el gran-duque heredero es mal vista por Catalina II quien, usando de pequeños pretextos, lo exilia lejos de la corte, confinándolo en sus posesiones de Nadezhdino, en la provincia de Saratov. Su lejanía no impide, afortunadamente, que mantenga con Pablo una estrecha relación epistolar que durará hasta la muerte de la emperatriz en 1796. En esa fecha, y ya proclamado zar y emperador Pablo I, Kurakin será llamado a su lado para ocupar un puesto de importancia en la corte rusa. El emperador le colmará entonces de todos los honores posibles nombrándole consejero secreto y personal, miembro del Consejo Imperial y vice-canciller de Rusia, premiándole con las más altas condecoraciones de las órdenes de San Vladimiro y de San Andrés (caballero Gran-Cruz de 1er grado). No contento con ello, Pablo I le regalará un suntuoso y enorme palacio en San Petersburgo a modo de residencia, y extensas propiedades en Astrakhan con 4.000 siervos. El fastuoso tren de vida, las aventuras femeninas y el desmedido amor por los diamantes del príncipe Kurakin le transforman en un cortesano popular al que ya entonces se conoce bajo el apodo de "el Prí­ncipe Diamante".

Retrato de Aleksandr Borisovich Kurakin en 1797, según la pintora Elisabeth Vigée-Lebrun.


Caído en desgracia en 1798, Kurakin se retira en Moscú por espacio de 3 años. Las paranoias del monarca, cada vez más delirantes y rayanas en la locura, transforman su vieja amistad por Kurakin en auténtica aversión por el mero hecho de sospechar que no aprueba la avalancha de decretos imperiales tan excéntricos como abusivos. En realidad, Pablo I ya no está en sus cabales, tal y como escribirí­a en sus cartas al Gobierno de Londres el entonces embajador británico en San Petersburgo, Lord Whitworth. Tras cerrar a cal y canto las fronteras de su Imperio, Pablo I arremeterá contra cualquier publicación extranjera (más si es francesa) imponiendo una férrea censura hasta en los salones aristocráticos de la capital donde antes se alababan y leían a los filósofos franceses. Irá hasta regular en los más nimios detalles el reglamento protocolario y la vida diaria de su corte, fijando la cantidad de caballos permitidos para una carroza o una calesa, la vestimenta y las joyas que se han de llevar, todo eso y más a golpe de decretazo inapelable. En consecuencia se atrae las iras populares, de la nobleza y de la propia iglesia ortodoxa, convirtiéndole en el monarca más odiado y temido de la historia rusa desde el reinado de Ana I.

Retrato del zar Pablo I Petrovich (1754-1801), Emperador de Todas las Rusias entre 1796 y 1801, según Shubin.


Consciente de su impopularidad y temeroso de ser ví­ctima de una conspiración, Pablo vive entonces recluído en su palacio-fortaleza de San Miguel, lo que no evitará que un complot llevado a cabo por sus más allegados consejeros, y con el acuerdo del gran-duque heredero Alejandro, acabe con su vida en 1801, al ser asesinado.


Retrato del Príncipe Aleksandr Borisovich Kurakin (1752-1818), con el hábito de Caballero de la Orden Imperial de San Andrés en 1799, según Borovikovsky.

Con el asesinato de Pablo I, Kurakin podrá regresar a San Petersburgo llamado por el emperador Alejandro I, el cual le devolverá su cargo de vice-canciller y, además, nombrándole canciller de las Ordenes Rusas, abriéndole las puertas de una brillante carrera diplomática.

Presente en el Tratado de Tilsit, junto al emperador, es finalmente destinado a encabezar la importante embajada rusa en Parí­s, embajada que desempeñará con éxito entre 1809 y 1812. Interrumpidas las relaciones amistosas con Francia en 1812, es llamado a San Petersburgo y, poco después, estalla la guerra. Durante la invasión francesa en Rusia, con la caída de Moscú a manos enemigas, Kurakin sigue al emperador en todos sus desplazamientos hasta el final de las hostilidades.

De su estancia de 3 años en Parí­s, Kurakin dejará redactadas unas interesantes "Memorias".Hombre conocido por su vanidad, su fastuosidad, su desmedido amor a los diamantes (que compra a kilos), y con fama de terrible mujeriego, Alexander Borisovich Kurakin nunca juzgó oportuno casarse, aunque eso no le impidió tener nada menos que 70 hijos ilegí­timos!

Falleció a sus 66 años de edad después de haber disfrutado mejor que nadie de la vida y de los placeres que le ofrecía su posición social.