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domingo, 24 de marzo de 2013

LAS TULERÍAS: redescubriendo un palacio en 3D

EL PALACIO DE LAS TULERÍAS
reconstitución virtual de un palacio histórico
 
 

Iniciado en la 2ª mitad del siglo XVI para la reina Catalina de Médicis a las afueras de la capital del Sena, y unido al viejo palacio del Louvre mediante una larguísima galería que bordea aún el muelle Norte del río, fue completado bajo el reinado de Luis XIV y ocupado en varias ocasiones por éste y sus sucesores, se convirtió en la residencia oficial de Luis XVI después de 1789. A raíz de la revolución, y durante el Consulado, el palacio volvió a recuperar su papel de residencia oficial del poder con Napoleón y en sede de la corte imperial. Después de 1814, con la restauración de los Borbones, siguió ostentando el rango de principal residencia de la monarquía a pesar de las dos revoluciones siguientes (la de 1830 y la de 1848), al ser nuevamente elegido por el último monarca francés Napoleón III. Fue este último emperador el que consiguió hacer realidad el sueño de sus antecesores: reunir en un único y vasto complejo los dos palacios históricos. La fecha de 1870, con la caída del IIº Imperio y la sublevación de los comuneros durante la ocupación prusiana, significó el final de una larga historia de 300 años cuando el palacio de Las Tulerías fue incendiado y finalmente arrasado durante la IIIª República.

A partir de grabados, fotografías y planos, se ha podido reconstruir virtualmente las estancias oficiales del desaparecido palacio, que sirvieron de marco de las monarquías borbónica y napoleónica. He aqui algunas de las muy logradas recreaciones del interiorismo del palacio de Las Tulerías:

 
Fachada del Palacio de Las Tulerías desde el Patio del Carrusel.
 
 
La Sala de los Guardias.


 
 
La Sala del Trono.
 


 
 
 
El Salón de Apolo, lugar de recepciones.
 
 
 
El Salón Luis XIV o comedor de diario, con la mesa dispuesta en su centro.

 
El Salón de Luis XIV o comedor de diario desde diferentes ángulos.
 

 
 
La Galería de Diana, antaño Galería de los Embajadores, que precedía los apartamentos reales e imperiales.
 
 

sábado, 12 de mayo de 2012

PALACIO DEL ELÍSEO -1-


UNA SEDE DE PODER:
EL PALACIO DEL ELÍSEO



Situado en el número 55 de la parisiense calle Faubourg-Saint-Honoré, del distrito VIIIº, el actual palacio fue el palacete del entonces Conde d'Évreux, quien encargó su diseño y construcción al arquitecto Armand-Claude Mollet, y cuyas obras se llevaron a cabo entre 1718 y 1722.

El Palacete u Hôtel d'Évreux nació a raíz de una burla del Regente Felipe II de Orléans cuando el Conde d'Évreux le solicitó la capitanería de las cazas de Monceaux:

-"Os la daré cuando yo mismo pueda entregárosla en vuestro palacete."

Retrato de Henri-Louis de La Tour D'Auvergne, Conde d'Évreux (1679-1753); obra de H. Rigaud.


Directamente afectado y a sabiendas de que no posee ninguna residencia que se adecúe a ese nombre en la capital del Sena, el Conde d'Évreux venderá al financiero John Law su condado de Tancarville por la suma de 732.000 libras. Con parte de esa fortuna (77.000 libras), compra una decena de hectáreas de terreno situado entre la actual calle del Faubourg-Saint-Honoré (entonces un simple camino que llevaba al pueblo del Roule) y el Grand Cours (actuales Campos Elíseos), un lugar de paseo creado por Colbert en las inmediaciones del Palacio de Las Tulerías. Por entonces, no hay otra cosa que huertos, bosques, jardines y explotaciones diversas en los alrededores pero, con el proyecto urbano de la futura avenida de los Campos Elíseos que se está fraguando, los solares serán rápidamente adquiridos por los aristócratas que desean abandonar el centro de la capital y sus angostas calles, y encargar a los arquitectos majestuosas residencias al gusto de aquellos años.

Para poder pagar la construcción de su lujoso palacete y asegurar su tren de vida de acuerdo con su rango, el Conde d'Évreux casará con la hija del financiero Antoine Crozat, cuya dote se eleva a la fabulosa cifra de 2 millones de libras. Él tiene entonces 32 años y ella 12. Se separará de la rica heredera el mismo día del baile ofrecido para la inauguración de su nueva residencia, el 14 de diciembre de 1720. El conde, que había especulado con el sistema de Law y la Compañía de las Indias, retiró el suficiente dinero para indemnizar a su suegro.

El Hôtel de Évreux, representado a vista de pájaro en los llamados Planes Turgot de 1734-1739.

Plano alzado y corte del Hôtel de Évreux en el siglo XVIII.



Como lo prometido es deuda, el Regente acudirá en persona al Hôtel d'Évreux para entregar al conde su nombramiento al frente de la Capitanía de Cazas de Monceaux, regalándole además 530 m2 de terreno para felicitarle por haber ganado el desafío.

El Conde d'Évreux morirá en su admirada residencia parisina en 1753, considerada como la mejor y más elegante casa de su tiempo. El mismo año, será el rey Luis XV quien comprará el palacete para convertirlo en la residencia de la Marquesa de Pompadour, su gran amiga y favorita, por la suma de 730.000 libras. Aunque los lugares encantan a la amante del rey y le llevan a acometer reformas, ampliaciones y redecoraciones, acaba por espaciar sus estancias tras la súbita muerte de su hija en 1754.

Detalle de un retrato de la Marquesa de Pompadour, Jeanne Antoinette Poisson-Le Normant d'Étioles (1724-1764); obra de F. Boucher.


Tras el deceso de la Marquesa de Pompadour, el edificio sirvió de escaparate a lo largo de un año para subastar todo el mobiliario y las obras de arte que había amasado y repartido en sus numerosas residencias la difunta. El Hôtel d'Évreux volvía a ser propiedad de la Corona y destinado a hospedar a los monarcas extranjeros de visita en Francia.

En 1773, nueve años después de la desaparición de la Marquesa de Pompadour, el palacete es adquirido por el banquero Nicolas Beaujon, quien desembolsa 600.000 libras y se instala entre sus muros a partir del 30 de noviembre de 1774. La residencia, degradada en el curso de esa lacuna de 9 años, llevan al banquero a rehabilitarla y redecorarla, encargando el grueso de las obras al arquitecto Étienne-Louis Boullée. Se hacen retoques interiores y se ensancha y alarga el edificio.

Busto del banquero Nicolas Beaujon (1718-1786); obra de Houdon.


El financiero, convertido en un inválido, conservará su palacete hasta agosto de 1786, momento en que lo vende al rey Luis XVI por la suma de 1.100.000 libras pese a la estimación inicial de 3 millones. El monarca le otorga una utilidad concreta: convertir el palacete en residencia para los embajadores extraordinarios y los soberanos extranjeros de visita oficial o privada en la capital.

El 21 de diciembre, Nicolas Beaujon fallece entre sus muros. El 25 de abril de 1787, todo el mobiliario y los elementos decorativos son vendidos en subasta pública.

Retrato al pastel de la Princesa Louise-Marie-Thérèse-Bathilde de Orléans, Duquesa de Borbón (1750-1822).


El mismo año de 1787, es la Duquesa de Borbón, hermana del Duque de Orléans, quien ya anda separada de su marido desde 1781 y cuya presencia en la corte de Versailles ha sido vedada por sus aventuras amorosas, la que compra al rey el palacete por la suma de 600.000 libras. Desde ese momento, la residencia es rebautizada como Hôtel de l'Élysée (Palacete del Elíseo), dada su vecindad con la avenida.

La dueña del lugar, apasionada de quiromancia, astrología y ciencias ocultas, da rienda suelta a sus aficiones en compañía de personalidades tan famosas como el Doctor Mesmer, por citar solo a una.

Durante la Revolución Francesa, la Duquesa de Borbón será apodada popularmente "la Ciudadana Verdad" por su adhesión al republicanismo y sus donaciones al directorio del distrito de los Capuchinos para asegurar la paz pública. Sin embargo, y por culpa de la huída a Austria de su sobrino el Duque de Chartres en 1793, será arrestada y encarcelada por orden de la Convención, y por espacio de año y medio en el Fuerte de Saint-Jean de Marsella. Milagrosamente salvada de la guillotina durante el Terror, sería liberada en 1795 obteniendo el permiso para volver a su residencia parisina. Durante su encarcelamiento, la Convención había requisado todos sus bienes. Tendría que esperar hasta enero de 1797 para que el Directorio le devolviera oficialmente su Palacete del Elíseo.

Dada su mala situación financiera, la Duquesa de Borbón se verá en la necesidad de alquilar los bajos a una pareja de empresarios flamencos, los Hovyn, que abrirán un establecimiento en el que se ofrecen bailes populares, juegos de salón, conferencias y conciertos públicos. Se organizan incluso exposiciones de pintura y escultura, y salones literarios. Aparte de esto, las "habitaciones privadas" son alquiladas para encuentros amorosos de una noche.

En este negocio tan diverso, la Duquesa de Borbón se embolsa 18.000 libras por año; los muebles son alquilados por la suma de 3.200 y, por 8.000 libras de más, la pareja puede organizar fiestas campestres en los jardines.

El golpe de Estado del 18 fructidor del Año V, dirigido sobretodo contra los monárquicos, lleva al exilio a la Duquesa de Borbón fuera de Francia; ella, junto con su cuñada y su primo el Príncipe de Conti, son llevados hasta la frontera española para que se instalen en Barcelona. La Duquesa no volverá a París hasta pasados diecisiete años y tras la caída del Ier Imperio.

El Directorio vende entonces el palacete de la duquesa como bien nacional y anula el contrato de alquiler de los Hovyn. Estos últimos conseguirán comprar la residencia gracias a la ayuda de un avalador que les adelanta la suma de 10.300.000 libras, pero por la cual tan solo pagan un tercio.

El matrimonio Hovyn se desharía de su negocio el 19 de junio de 1798, vendiendolo a un tal Ribié, antiguo director de teatro que, a su vez, lo vende en 1801 al heladero italiano Velloni. El mobiliario fue embargado el 13 de marzo del mismo año. Pero la hija de los Hovyn, Julie Marie Liévine Hovyn, recompra diferentes partes de la propiedad y abre diversos locales que dan a la calle y que se convertirán en tiendas de vinos, restaurantes y mercerías; divide también el 1er piso del palacete en quince apartamentos que alquila por 300 y 900 Francos, dándole una renta anual de 14.660 Francos. Un apartamento de ocho estancias sería incluso alquilado por 1.200 Francos a Madame de Lavaulx, con derecho a los jardines.

En 1799, el Consulado pone un término a esos dislates. El cuñado de Napoleón Bonaparte, Joachim Murat, compra la propiedad a la hija de los Hovyn el 6 de agosto de 1805, por 570.000 Francos. Dada la degradación del palacio, Murat tendrá que encargar importantes y costosas obras de reacondicionamiento, restauración y redecoración. Entre sus paredes se instalará con su esposa Carolina Bonaparte. El palacete pasa al estatus de palacio al recuperar su esplendor de antaño.

Retrato del Príncipe Joachim Napoleón Murat, Gran Duque de Berg (1767-1815), Rey de Nápoles.


Cuando Murat se convierte en el nuevo rey de Nápoles, deberá abandonar su Palacio del Elíseo al Estado el 15 de julio de 1808, asi como todo su mobiliario. Napoleón I y Josefina de Beauharnais ocuparán el Elíseo hasta la Campaña de Francia. Más tarde, tras el divorcio de la imperial pareja, el palacio sería ofrecido a la ex emperatriz como residencia oficial, junto con los castillos de Malmaison y de Navarre. Napoleón I se lo intercambiará por el Palacio de Laeken, en Bruselas, el 13 de febrero de 1812. La nueva consorte del Emperador, Maria-Luisa de Austria, sería instalada en la primera planta junto con su hijo el rey de Roma.

En 1814, tras el desastre imperial, es el zar Alejandro I Pavlovich quien se hospeda entre sus muros para, luego, cedérselos al vencedor de Waterloo, el Duque de Wellington... Con el retorno de los Borbones, la Duquesa de Borbón reclamará la devolución de su antigua propiedad, pero Luis XVIII se la denegará ofreciéndole en compensación el Hôtel de Matignon o el de Valentinois.

Retrato del Príncipe Charles Ferdinand de Francia, Duque de Berry (1778-1820).


El Palacio del Elíseo se convertirá en la residencia oficial de los Duques de Berry en diciembre de 1815. El sobrino carnal del rey Luis XVIII y su esposa Maria-Carolina de las Dos-Sicilias, se instalarían definitivamente en 1816. El 13 de febrero de 1820, el Duque de Berry sería asesinado a la salida de la Ópera, por un obrero llamado Louvel. La Duquesa, desmayada y con el vestido salpicado de la sangre de su esposo, es llevada a toda prisa de vuelta al palacio. Tras unos meses deprimentes, la viuda abandona el lugar para instalarse en Las Tulerías, donde daría a luz al hijo que esperaba de su marido. El 15 de abril, se cubrían con sábanas todo el mobiliario del Elíseo y quedaba desafectado por espacio de 28 años.

En las casi tres décadas que van desde 1820 a 1848, el Palacio del Elíseo no tiene un destino concreto; en ocasiones, serviría ocasionalmente de residencia a los monarcas extranjeros de visita oficial en Francia.

En 1848 y bajo la joven IIª República, tras ganar las elecciones presidenciales, Luis Napoleón Bonaparte es curiosamente instalado en el Palacio del Elíseo, escogido como su residencia oficial y permanente en la capital. Al tercer año de su mandato, el Príncipe-Presidente urdirá su golpe de Estado (diciembre de 1852) proclamando el IIº Imperio y la caída del régimen republicano.

jueves, 15 de marzo de 2012

EL DUQUE DE MORNY

CHARLES AUGUSTE DE MORNY
DUQUE DE MORNY
1811 - 1865



Charles Auguste de Morny, conde luego duque de Morny (1811-1865) fue un financiero y un político francés, medio-hermano del emperador Napoleón III, y un bulímico de la política y de las finanzas.

Su nombre de pila fue también el de otro fascinante y extraordinario personaje del siglo XIX: el príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, y no se puede decir que sea esa una coincidencia fruto del azar, puesto que la vida de Morny fue movida, a imagen y semejanza de su presunto padre natural.

Tendremos en cuenta su sorprendente ascendencia, que se complacía en definir sin complejos y con mucho sentido del humor con esas palabras: "En mi linaje, somos bastardos de madre a hijo desde hace tres generaciones. Soy el bisnieto de un rey, el nieto de un obispo, el hijo de una reina y el hermano de un emperador."

Retrato de Hortense de Beauharnais, Reina de Holanda (1783-1837), consorte de Luis I Bonaparte, rey de Holanda e hija de Josefina de Beauharnais, Emperatriz consorte de los Franceses. Hija adoptiva de Napoleón I, se convirtió también en su cuñada al casar con su hermano Luis.


Su partida de nacimiento le sitúan en París, el 21 de octubre de 1811. En realidad, su madre no era otra que la reina Hortensia (nacida De Beauharnais), consorte de Luis I Bonaparte, rey de Holanda. Si su tercer hijo fue Luis Napoleón Bonaparte -el futuro Napoleón III, emperador de los Franceses-, Charles Auguste de Flahaut, futuro duque de Morny, figuraba como el cuarto. Lejos de ser un Bonaparte, Morny no era sino el fruto de un desliz de la reina Hortensia de Holanda con el apuesto conde Charles de Flahaut de La Billarderie. Eso explicaría también por qué la reina prefirió parir al bastardo en Suiza y no en París, por discreción y decoro. En cuanto al Sr. Demorny, intermediario que prestó su apellido al bastardo, desapareció rápidamente después de haber convenientemente dado su nombre a cambio de una buena suma; poco después, el apellido Demorny se convirtió en De Morny y luego en el título nobiliario de "duque de Morny".

El Conde Charles de Flahaut (1785-1870), amante de la reina Hortensia y padre natural del Duque de Morny era, a su vez, hijo natural del Príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord y de Adélaïde Filleul, Condesa de Flahaut de La Billarderie.


Su padre natural, el conde Charles de Flahaut, tampoco era hijo del Conde de Flahaut de La Billarderie, aristócrata de treinta y siete años más viejo que su encantadora esposa, Adélaïde Filleul, condesa de Flahaut, conocida en la sociedad de la época por ser la amante de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, Obispo de Autun. Entonces las infidelidades se hacían públicas...

Retrato de Adélaïde Filleul, Condesa de Flahaut de La Billarderie (1761-1836) con su hijo Charles, habido con su amante el entonces obispo de Autun, Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord; obra de E. Vigée-Lebrun.


El complaciente y cornudo Conde de Flahaut no tuvo reparos en reconocer al bastardo como hijo suyo, dándole sus apellidos, a menos que fuera engañado o que no se le pidió su expreso permiso a la hora de inscribir al niño en el registro.

Finalmente, para llegar a la tercera generación, decir que Adélaïde Filleul, condesa de Flahaut, era hija de Irene du Buisson de Longpré, rica mujer que dividía salomónicamente sus noches entre su marido, un comisario en vinos, con un potentado recaudador de impuestos y con... el mismísimo rey Luis XV de Francia. De ahí que el duque de Morny pudiera presumir de su real ascendencia.

Beneficiario de tan brillante procedencia, resulta fácil comprender que Morny se haya atribuido, sin escrúpulo alguno, una partícula transformando así su presumible apellido original y añadiendo nada menos que el título de conde y de duque, pese a que la ascendencia real quedaba por demostrarse tenida cuenta de los eclécticos gustos de Irene du Buisson de Longpré.

Retrato de Adélaïde Filleul, Condesa Vda. de Flahaut de La Billarderie (1761-1836), convertida en Condesa de Souza tras casarse con un diplomático portugués.


Educado por su abuela paterna, la condesa Adélaïde de Flahaut, viuda y convertida tardíamente en la esposa de un diplomático portugués, el Señor De Souza, el joven Morny inaugura su carrera en tiempos de la Monarquía de Julio (1830-1848), como brillante oficial enrolado para la conquista de Argelia.

Retrato de Charles Auguste de Morny, 1er Duque de Morny (1811-1865).


Rápidamente hastiado de la vida militar, se lanza en la fabricación de azúcar de remolacha al comprar una empresa azucarera de Clermont, que le sirve simultáneamente de trampolín para entrar en la vida política al hacerse elegir diputado del Puy-de-Dôme en 1842. Reelegido en 1849, entra en contacto con su medio-hermano el príncipe Luis Napoleón Bonaparte, recientemente elegido Presidente de la IIª República Francesa.

Retrato de Napoleón III (1808-1873), Presidente de la IIª República entre 1848 y 1852, Emperador de los Franceses entre 1852 y 1870; obra de Alexandre Cabanel, c.1865.


No se puede afirmar que entre ambos exista una perfecta sintonía, pero el presidente aprecia el dinamismo del diputado, que le empuja a ampliar sus poderes aprovechando la baza de su popularidad. De hecho, Morny será el hombre clave del Golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851. Singular paralelismo: su abuelo, Talleyrand, había sido el instigador del Golpe del 18 de Brumario (2 de diciembre de 1799).

Sus servicios se ven recompensados con la cartera ministerial del Interior, que abandonará casi de inmediato... (2 de diciembre de 1851 hasta el 22 de enero de 1852). Curiosamente, Morny es un Orleanista de corazón y de sentimiento, y no aprecia en absoluto la ingerencia de la República, que ha secuestrado los bienes de la familia de Orléans.

Bajo el IIº Imperio, su papel político no conserva más que el aspecto representativo, asumiendo con eficacia el cargo de presidente del cuerpo legislativo. Esa función le permite, además, lanzarse en asuntos financieros, implicándose en múltiples empresas; el simple hecho de aparecer en cualquier negocio parece atraer a todos los inversores y los capitales, aunque muchas veces sus métodos sean discutibles.



De su mano surgirá Deauville, Le Vésinet, lanzará la carrera de la actriz Sarah Bernhardt y tomará bajo su protección a Alphonse Daudet, al que confiará el secretariado de sus negocios financieros. Su desaparición prematura, en 1865, le ahorrará ser testigo del desmoronamiento del IIº Imperio y de la caída de su medio-hermano. Fallece de un cáncer de páncreas, entonces desconocido por los médicos.

Retrato de la Princesa Sofía Sergeïevna Trubetzkaya (1838-1876), Duquesa de Morny; obra de F.X. Winterhalter.


En 1857 (7 de enero), contrajo matrimonio en San Petersburgo con una linajuda y rica aristócrata rusa, la princesa Sofía Sergeïevna Trubetzkaya, hija del príncipe Sergeï Trubetzkoy y de la condesa Ekaterina Moussin-Pushkina. Cuatro hijos nacerán de dicho matrimonio:

-Charlotte de Morny (1858-1883), casada en 1877 con José Osorio y Heredia, Conde de La Corzana -con descendencia-.

-Auguste de Morny, 2º Duque de Morny (1859-1920), casado en 1886 con Carlota de Guzmán y Ybarra -con descendencia-.

-Serge de Morny, Conde de Morny (1861-1922), oficial del Ejército, -soltero-.

-Sophie de Morny (1863-1944), casada en 1881 con Jacques Godart, Marqués de Belbeuf -sin descendencia-.

De su relación extramatrimonial con la Condesa Le Hon, tuvo a:

-Léopoldine Le Hon (1838-1931), casada en 1858 con el Príncipe Stanislaw August Poniatowski, con el que tuvo 3 hijos y, de entre su descendencia, se cuenta al Príncipe Michel Poniatowski, antiguo ministro del Interior durante el gobierno del Primer Ministro Raymond Barre (década de 1970), y a la Princesa Sarah Poniatowski, esposa del cantante francés Marc Lavoine.

domingo, 26 de febrero de 2012

PARIS 1887: Venta de los diamantes de la Corona





UNA CATASTROFE NACIONAL
La Venta de los Diamantes de la Corona Francesa





París, 1887

En este período en el cual la inalienabilidad de las obras conservadas en las colecciones públicas están amenazadas, puede ser útil recordar, con la ayuda de los trabajos de Bernard Morel, la lamentable venta de los Diamantes de la Corona Francesa organizada por el Estado en 1887, durante la IIIª República. Ésta amputó vertiginosamente el patrimonio nacional galo.

Retrato del rey Francisco I de Francia (1494-1547); composición de Andelot.


La colección de los Diamantes de la Corona fue constituída de manera deliberada en 1530, por el rey Francisco I, quien aisló un pequeño grupo formado por 8 piedras que estaban en su posesión y a las que declaró inalienables. En el inventario de entonces, se precisó que las piedras estaban engarzadas en diversos anillos del rey Francisco y que las donaba a sus sucesores en el trono de Francia, exigiendo que a cada accesión de los reyes, éstas fueran inventariadas y descritas según su peso, talla y color en presencia del monarca.

El rubí Côte-de-Bretagne (Costa de Bretaña), de la colección de los Diamantes de la Corona, es en realidad una espinela de 107,88 quilates que formaba parte de la dote de la Duquesa Ana de Bretaña, esposa del rey Luis XII de Francia y suegra de Francisco I. Integrada en la colección de los Diamantes de la Corona en 1530, la piedra sería tallada en forma de dragón en 1750 por el joyero de Luis XV, para formar parte de uno de los dos joyeles concebidos para decorar la venera de la Orden del Toisón de Oro, junto con los diamantes "Bazu" y "Grand Bleu de France" -el actual diamante Blue Hope- y otras piedras preciosas (reproducción a pie de texto). Actualmente, forma parte de las Joyas de la Corona expuestas en la Galería de Apolo, del Museo del Louvre (París).

Insignia de la Orden del Toisón de Oro del rey Luis XV, creada en 1750; el joyel reúne dos importantes diamantes de la Corona: el "Bazu" y el "Grand Bleu de France", a un extremo y otro del rubí "Côte-de-Bretagne" tallado en forma de dragón.

Luis XIV, rey de Francia (1638-1715).



Este primitivo fondo de piedras preciosas, del que tan solo subsiste el rubí Côte-de-Bretagne (Costa de Bretaña) hoy día, fue considerablemente aumentado por los sucesivos reyes que vinieron después de Francisco I y, particularmente, por Luis XIV, quien compró por valor de 3 millones de libras de entonces (una gran fortuna) gran cantidad de diamantes y piedras preciosas entre las que podemos citar el Gran Zafiro o Zafiro Rúspoli y el Diamante Azul o Bleu de France, de siniestra fama, belleza y color.

El Gran Zafiro Luis XIV o Zafiro Rúspoli, es una gema peculiar de 6 facetas que forma parte de los Diamantes de la Corona desde el reinado de Luis XIV, después de pertenecer a la eminente familia italiana de los Príncipes Ruspoli. / Abajo, el que fuera antes de 1792 el Gran Diamante Azul alias Azul de Francia o Bleu Tavernier, el más preciado y peculiar diamante de la Colección Real Francesa que Luis XV llevaba engastado en el joyel de la Orden del Toisón de Oro, por su color azul profundo. Robado en 1792, tallado de nuevo para evitar que fuera reconocido y reclamado por Francia, el diamante menguó hasta pesar 44, 50 quilates y pasó entre distintas manos, siendo rebautizado como Blue Hope y cosechando, entre sus sucesivos dueños, ruinas y tragedias hasta que el norteamericano Harry Winston lo adquirió y lo cedió a la Smithsonian Institution, Washington D.C. (EE.UU.)



Las piedras fueron, en ciertas ocasiones, empeñadas pero siempre recuperadas. El fabuloso tesoro de la Corona se vio seriamente mermado tras el célebre robo del Guarda-Mueble, ocurrido durante la semana del 11 al 17 de septiembre de 1792 en París, dónde se conservaba habitualmente. Pero fue nuevamente aumentado bajo Napoleón I, de tal modo que constaban en 1814, 65.072 piedras y perlas de todos los tamaños, la mayoría montadas en alhajas y joyeles; se contaron entonces 57.771 diamantes, 5.630 perlas y 1.671 piedras preciosas (424 rubís, 66 zafiros, 272 esmeraldas, 235 amatistas, 547 turquesas, 24 camafeos, 14 ópalos y 89 topacios).

La corona del rey Luis XV trona en una de las vitrinas de la Galería de Apolo del Palacio del Louvre, rodeada por diversas joyas de la Corona que han sido recuperadas después de la Revolución Francesa y de otras de posterior creación.

"La Galería de Apolo" en el Palacio del Louvre alberga, desde finales del siglo XIX, las Joyas de la Corona Francesa y sus tesoros; pintura de finales del siglo XIX.



Puestos a buen recaudo durante la guerra franco-prusiana de 1870, los Diamantes de la Corona fueron expuestos, con gran éxito, durante la Exposición Universal celebrada en París en 1878, y nuevamente en la Sala de los Estados del Museo del Louvre en 1884. Sin embargo, sobre las Joyas de la Corona ya planeaba una amenaza, no por una cuestión de necesidad pecuniaria del Estado sino por el odio que los republicanos le tenían a la monarquía. La IIIª República, aún frágil y temerosa de una más que probable restauración borbónica, quiso privar para siempre a los pretendientes de la posibilidad de utilizar, en un futuro hipotético, los Diamantes de la Corona. El más tenaz de los adversarios de la monarquía, fue el diputado Benjamin Raspail. En 1878, éste presentó ante la Cámara una moción pidiendo la venta de las alhajas reales e imperiales; moción que fue aprobada finalmente en 1882, por 342 votos a favor y 85 en contra. El mismo año, fue nombrada una comisión de expertos encargados de preparar la venta. No obstante, la comisión propuso y obtuvo el permiso para conservar algunas piedras y perlas emblemáticas que fueron cedidas al Museo del Louvre, como el gran diamante El Regente y el rubí Côte-de-Bretagne, al Museo de Historia Natural y a la Escuela de Minas.

El gran diamante conocido como El Regente, de 140,50 quilates y tallado en cojín redondeado, fue adquirido a inicios del siglo XVIII por el Duque Felipe II de Orléans, a la sazón Regente de Francia durante la minoría de edad del rey Luis XV, de ahí su nombre. En 1722, el diamante fue engarzado en la parte frontal de la corona real para la coronación de Luis XV en Reims. Napoleón I lo mandó engarzar en la empuñadura de su espada para su consagración en Notre-Dame en 1804.


Tras las discusiones que se desarrollaron en el seno del Senado, la ley de alienación fue aprobada en diciembre de 1886 y publicada en el Boletín Oficial el 11 de enero de 1887, con las firmas de Jules Grévy, Presidente de la República, y de Sadi Carnot, ministro de Hacienda: "Los diamantes, las piedras y joyas formando parte de la colección llamada Diamantes de la Corona (...), serán vendidas en subasta pública. El producto de esta venta será convertido en rentas sobre el Estado." Rezaba la resolución.

Retrato del rey Luis XVIII de Francia (1755-1824), en un lienzo fechado en 1822.

Retrato de la Princesa Maria-Teresa Carlota de Francia, Duquesa de Angulema y Delfina de Francia (1778-1851), según el Barón Antoine Jean Gros, 1815.



En ese momento, la colección, que se hallaba conformada por 77.486 piedras y perlas, comprendía dos grupos de joyas: el primero y más antiguo, que databa de la Restauración, y el segundo compuesto bajo el IIº Imperio. La Monarquía de Julio nunca los utilizó ya que poseía sus propias alhajas particulares y eran bienes privados.

En los inicios de la Restauración, el rey Luis XVIII hizo reconvertir para sus sobrinas, la duquesa de Angulema y la duquesa de Berry, las alhajas confeccionadas para la emperatriz Maria-Luisa, segunda esposa de Napoleón I. De este modo, la venta de 1887 comprendía el conjunto de diamantes y rubís, el conjunto de zafiros y diamantes, el conjunto de turquesas y diamantes y la diadema de esmeraldas y diamantes ejecutadas para esas princesas y que habían sido utilizadas por la emperatriz Eugenia.

Retrato de Eugenia de Montijo, Emperatriz de los Franceses (1826-1920), según Etienne Billet, copia del original de F.X. Winterhalter fechado en 1853.


En cuanto a las alhajas constituídas bajo el IIº Imperio, éstas desbordaban la imaginación por su opulencia; aprovechando la Exposición Universal de París en 1855, Napoleón III encargó a los mejores y afamados joyeros de la capital, un sinfín de magníficas joyas: una corona imperial para el emperador (su montura de oro sería desguazada y fundida en 1887), otra corona para la emperatriz y varias diademas, collares, brazaletes, broches y cinturones cuajados de diamantes, perlas y piedras de color. A éstas se añadieron más en los años siguientes: la peineta de diamantes (1856), la diadema rusa (1864), la diadema griega (1867),...



La subasta tuvo lugar en el mismo Louvre, en la Sala de los Estados, y en el curso de nueve sesiones celebradas entre el 12 y el 23 de mayo de 1887. Fue un fracaso financiero en toda regla. La aparición de tal cantidad de piedras y alhajas en el mercado, no hizo sino devaluarlas. La procedencia histórica de las piezas subastadas, tan comercialmente importante en la actualidad, no fue tomada en cuenta. La colección vendida estaba entonces estimada en 8 millones de Francos Oro. Su precio de salida fue de 6 millones... El Estado habiendo pagado 293.851 Francos para organizar la subasta, la ganancia limpia se tradujo en no más de 6.927.509 Francos. Decepcionante desde el punto de vista financiero, la venta fue desastrosa en el plano histórico, mineralógico dada la alta calidad de algunas piedras que ya no se encuentran, y en el plano artístico al desaparecer tantas obras de arte de la joyería francesa. Todo pareció conjurarse para que las piedras perdieran su identidad: para facilitar su compra, los elementos de los conjuntos de la Restauración fueron vendidos por separado, las decoraciones de Napoleón III fueron desmontadas, los conjuntos diseminados...

Fotografía de parte de los diamantes de la Corona subastados en 1887, en los que se encuentran la diadema griega, broches, pendientes, brazaletes y collares de la emperatriz Eugenia, y cuatro broches conformados con los famosos diamantes "Mazarino".



Los compradores fueron, esencialmente, joyeros de prestigio como Boucheron, los hermanos Bapst, Tiffany's, que acabaron por desmontar la mayor parte de las alhajas para reutilizar las piedras.

Objetivo: recuperar las Joyas de la Corona
No queda más que el esfuerzo de recordar lo que fue ese tesoro que acompañó la Historia de Francia. Es una misión que se ha fijado el Louvre: reintegrar en sus colecciones nacionales las joyas que pueden haber sobrevivido al desgüace y a la diseminación, siempre que sea posible. Algunas operaciones fueron felices, desde luego, y podemos citar algunas:



-El famoso par de brazaletes que formaban parte del conjunto de rubís y diamantes de la Duquesa de Angulema, comprada por Tiffany's por la suma de 42.000 Francos, fue legada al Museo del Louvre por un gran coleccionista, el Sr. Claude Menier, en 1973.




-La corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, que le fue devuelta a cambio del valor equivalente de diferentes piedras que Napoleón III había comprado de su bolsillo y entregadas al fondo de los Diamantes de la Corona, fue donada al Louvre en 1988 por el Sr. Roberto Polo.



-La hermosa diadema de perlas y diamantes confeccionada por Lemonnier para la emperatriz el año de su enlace (1853), vendida por 78.100 Frcs. en 1887, fue adquirida en 1890 por el Príncipe Albrecht von Thurn-und-Taxis, para su boda con la Archiduquesa Margarita de Austria, y conservada por sus descendientes hasta la venta en subasta de la fabulosa colección Thurn-und-Taxis en Ginebra en 1992, y adjudicada a la sociedad Los Amigos del Louvre.



-El elegante conjunto de oro y mosaicos romanos ejecutado por François-Regnault Nitot, joyero del emperador para Maria-Luisa de Austria en 1810, vendido por 6.200 Frcs. en 1887, fue adquirida por la sociedad anteriormente citada en una subasta pública del 2001.



-La diadema de esmeraldas y diamantes de la Duquesa de Angulema, que había sido vendida por 45.900 Frcs. y milagrosamente preservada de la destrucción, se encontraba en una colección inglesa cuando el Museo del Louvre la adquirió.

-La diadema de rubís y diamantes, también de la Duquesa de Angulema, sigue estando en manos privadas. Fue, sin embargo, prestada por Pierre Verlet al Museo del Louvre para la exposición Diez Siglos de Joyería Francesa, en 1962.



-El suntuoso broche en forma de nudo con dos borlas de diamantes, que perteneció a Eugenia de Montijo y que Napoleón III encargó al joyero Kramer en 1855, fue perseguido en una primera subasta de Sotheby's celebrada en Londres en 2002, aunque en vano pese a la ayuda de un importante mecenas. Poco después, la alhaja imperial volvió a salir al mercado en otra subasta celebrada en Christie's (Nueva York) y fue finalmente adjudicada al representante del Museo del Louvre, que pagó por la fabulosa joya nada menos que 6 millones de €uros.



-Un cofrecillo con la miniatura del rey Luis XIV con 78 diamantes engarzados en su montura, procedente de la colección privada del diseñador Yves Saint-Laurent y considerada una pieza rarísima (solo han llegado a nuestros días 3 cajas de las 300 que se estiman fueron fabricadas en el siglo XVII), fue subastada en la sala Christie's de París en 2009, adquiriéndola el Museo del Louvre por la friolera de 481.000 €.