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lunes, 18 de enero de 2016

ACTUALIDAD: Una Corona muy mal asesorada

FELIPE VI LA LÍA EN SU 1ª DECISIÓN POLÍTICA
COMO REY




Difícil contentar a todos pero aún más molestar a tantos. Los nuevos asesores de Zarzuela sustituyeron a los corruptos que rodeaban a su padre como con el cetro de todos los desmanes por bandera, pero no parecen haber estado muy atinados en su primera actuación. Si a Rafael Spottorno, jefe de gabinete del todavía rey Juan Carlos (tiene sueldo público para ejercer como tal), le piden 2 años de cárcel e inhabilitación por robar 235.000 euros con las tarjetas “black” de Caja Madrid (se niega a devolver más de 11.953) o a Javier Ayuso, hoy periodista-jefe en “El País” lo acusa el comisario Villarejo de corrupción, ahora es Jaime Alfonsín, jefe de la Casa de Felipe de Borbón, quien debería quedar inhabilitado por su torpeza. Aún mayor teniendo a su lado como jefe de Comunicación a un ex corresponsal parlamentario como Jordi Gutiérrez, tan ligado a Cataluña. Felipe VI no recibe a las autoridades democráticas catalanas y obviamente ERC se ha sentido ofendida por la inusual discriminación regia. Ha relegado a Albert Rivera (Ciudadanos) a la audiencia del jueves 21 con los partidos minoritarios, lo que ha generado cierto malestar en la formación naranja. Ha provocado escisiones artificiales en PP y PSOE y se ha guiado por las premuras al dividir a Podemos en cuatro grupos sin esperar la resolución de la Mesa del Congreso. Con todo ello, ha fragmentado en hasta 15 partidos lo que las urnas solo dejaron en 10. ¿Cabe mayor desatino en un acto que hasta ahora era meramente protocolario pero que quizás al ser el primero de la legislatura con cierto calado político es observado con lupa y a pesar de ello es relativamente fácil de superar?

Quizás llevado de un bondadoso afán pluralista tan acorde con los nuevos tiempos, Felipe VI ha “cuarteado” a todas las fuerzas parlamentarias. Así, ha ignorado que esta vez la navarra UPN se presentaba en coalición con el PP y le ha dado audiencia por sí sola. De esta forma, el presidente del partido, Javier Esparza, se ha apresurado a afirmar que será él y no ninguno de sus tres diputados, quien irá a la cita, quebrando a su vez otra tradición parlamentaria (solo van a Zarzuela los parlamentarios electos). El error se debe a que Felipe VI ha sido quien ha dado la opción a los partidos de elegir a su interlocutor, algo que antes se hacía mediante la tácita indicación de que al menos fueran diputados. Lo mismo ha ocurrido con Foro Asturias, el partido del inefable Alvarez Cascos, que iba coaligado con el PP, por lo que no sería extraño ver al célebre dinosaurio popular paseándose de nuevo por el Pardo. Felipe VI no ha citado sin embargo a Pedro Gómez de la Serna, diputado encuadrado en el Grupo Mixto tras su baja del PP, otra discriminación incomprensible ya que podría representar perfectamente a los corruptos expulsados de su partido y arengar desde ahí a los que todavía están dentro.

Pero no solo el Grupo Popular está algo molesto con Felipe VI por haberle birlado 5 diputados de golpe. A los socialistas les ha hecho lo mismo: Nueva Canarias iba coaligada con el PSOE (como los socialistas catalanes, vascos o gallegos) pero se ha encontrado con que Felipe VI también les cita por separado en la Zarzuela. Coalición Canaria, en cambio, sí era acreedora a ese derecho porque se presentaba en solitario. Sin duda la similitud de siglas contribuyó al trabalenguas y al lío posterior. En Podemos tampoco se explican el prematuro fraccionamiento regio, toda vez que la Mesa del Congreso decide el miércoles que según el actual reglamento (que puede modificarse por mayoría absoluta) los grupos del Congreso que no hayan competido electoralmente no pueden constituirse en grupos propios. El transfuguismo bochornoso y el flagrante fraude de ley en los que incurrieron IU, PNV y Coalición Canaria durante la hégira del bipartidismo –como moneda de cambio de apoyos al Ejecutivo– sí está permitido en el Senado por tratarse de una cámara que, aunque inoperante, superflua y derrochadora, es territorial. Si Felipe VI hubiera esperado al miércoles, podría haber pactado directamente con Pablo Iglesias una audiencia múltiple con los 4 portavoces y no esta evitable escisión, como ha hecho también con PP y PSOE.

Hay más agraviados con las audiencias reales, que suelen ser meramente protocolarias pero que Felipe VI ha estado a punto de convertir en un problema de Estado, quizás debido a su impericia guiada de buenas intenciones pluralistas: se niega a recibir al presidente electo de Cataluña y a la presidenta de la cámara autonómica. ¿Por qué? ¿A qué esta inquina si recibe sin problemas a la representante de EH-Bildu? Los efectos del “marianismo”, que tantos destrozos han causado a la unidad territorial española, nunca debieron traspasarse a la Zarzuela. El rey, que constitucionalmente no vota, jamás debe “preseleccionar” a sus interlocutores elegidos por las urnas, sean estos nazis, comunistas, nacionalistas, independentistas, animalistas o taurinos. Peligroso precedente que debe rectificar lo antes posible y que abona el sedimento antimonárquico que ya crece por sí solo y a sus anchas sin necesidad de autoayudas. Por otra parte, esta justificada autoexclusión de ERC solo le pone alfombra roja a otra “estrella” mediática que aterriza en las Cortes y que ha sido eclipsada por la potente irrupción de los diputados de Podemos: el nuevo portavoz Gabriel Rufián: republicano, parado, 33 años, hecho a sí mismo, que asegura que el único rey que le manda es su hijo pequeño.

Y el último de los perjudicados: Albert Rivera. ¿Pero qué le ha hecho el aseado y educado líder de Ciudadanos a Felipe VI para que lo relegue a la audiencia del jueves y no lo haya concentrado el viernes junto a Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy? Cuando todos los analistas políticos nacionales e internacionales coinciden que esta nueva España se dibuja a cuatro y las urnas así lo han refrendado; cuando los debates seguidos más masivamente en las televisiones así lo han certificado; cuando Rivera jamás ha dicho una palabra más alta que otra sobre la elección no directa del Jefe del Estado –y parte de sus bases sumamente racionales, intelectuales y formadas, callan pero no comulgan con ruedas de molino–… también ha sido objeto del desaire “felipista”. ¿Tanto costaba haber trabajado ese día en Zarzuela mañana y tarde –como la privilegiada minoría de los españoles que lo hacen todos los días, salvo los funcionarios– agrupando en la sesión matutina a Rivera e Iglesias y en la vespertina a Sánchez y Rajoy? No cayeron en esto los bien remunerados asesores regios, siempre más pendientes del buen apetito propio y de los faisanes, gatos y reses que campan a sus anchas por sus palacios, pagados con el erario público y a los que convendría que fuesen pensando en renunciar. Al menos hasta que España salga de la crisis y proporcione trabajo a todos sus ciudadanos.

in www.espiaenelcongreso.com
 

viernes, 25 de diciembre de 2015

ACTUALIDAD: La Oligarquía tiene miedo

Un Mensaje Real Que Trasluce Terror
 
 

Nooooooo, la cuestión catalana no iba a influir en las elecciones españolas. Iglesias, que se dio una castaña en las catalanas del 27 de septiembre por marrullear con la autodeterminación de Cataluña, ahora se la pone a Pedro Sánchez como conditio sine qua non para negociar, obligado por la señora Colau; él que, como se ve, manda mucho en su partido.

Nooooo, la cuestión catalana no iba a marcar la política española y ayer el rey Felipe V + I, dedicó casi todo su discurso a hablar de Cataluña sin mencionarla.

¿Se recuerda cuando Zapatero no podía pronunciar la palabra "crisis" ni Rajoy el nombre de "Bárcenas"? Pues el Borbón tiene el mismo lapsus neurótico: habla durante un cuarto de hora de Cataluña sin nombrarla. Quince minutos de un discurso plano,  insufrible, repleto de vulgaridades, anacolutos y simples necedades, solo para reflejar, sin advertirlo, el miedo que tiene la oligarquía española al proceso catalán hacia la independencia, la única ruptura real, republicana, radical que se avizora en un país lleno de revolucionarios de plató y reaccionarios de plasma.

Solo ese miedo a la ruptura catalana, que la oligarquía no sabe cómo parar, explica la densa matraca de (y cito textualmente) la unidad, lo que nos une, lo que hemos hecho juntos, el ser y sentirnos españoles, distintas formas de sentirse español, nuestra nación (España, claro), nuestra cohesión nacional (española, claro), nuestro proyecto común de convivencia, el conjunto de los españoles, la voluntad de entendimiento de todos los españoles, superación de nuestras diferencias históricas, los intereses generales de la Nación (española, claro), todo el pueblo español, unidad y continuidad de España, íntima comunidad de afectos e intereses entre todos los españoles.

Un chorreo, un verdadero lavado de cerebro, una obsesión casi de psicópata, una monserga falsa e insufrible para contraponer una realidad sumisa y reiteradamente alabada (los españoles) a otra insumisa e insistentemente silenciada (los catalanes). Un delirio que no consigue ocultar el terror de esta oligarquía de incompetentes a que, por fin, reviente el invento del que han vivido durante años, siglos.

La facundia de Rajoy estaba en cada párrafo: la grandeza de España (dos veces) y la grandeza del Estado español. Solo le faltó decir al Monarca que esa grandeza se fundamenta en que los españoles son mucho españoles. Y, por supuesto, aparte de la facundia, el autoritarismo de raíz franquista y la amenaza bajo forma de advertencia de que la "ruptura de la Ley" solo nos traerá problemas. Esa Ley que lleva cuatro años administrada por un gobierno y un parlamento dominados por un partido corrupto al que los jueces consideran una asociación de supuestos malhechores y presidido por un presunto corrupto que se ha dedicado a saquear el país.

La corrupción aparece indirectamente mencionada en un renglón y medio, cosa que no está mal para el hermano de una infanta que en unos días se sentará en el banquillo, acusada de delitos contra la Hacienda Pública.

Y si de la corrupción no se habla, de la crisis, menos, salvo para mencionar una situación idílica que es lo contrario del desastre que ha perpetrado este gobierno de incompetentes y corruptos.

Un paseo proforma para hablar de Europa y remate de faena con vuelta a la indisoluble unidad de los hombres y las tierras de España del difunto caudillo Franco, en el fondo el inspirador último de este discurso.

Noooooooooooo la cuestión catalana no iba a influir en nada en la política española. 

¿De dónde sale este pánico atroz que de pronto aterroriza a la oligarquía? Lo ha revelado el subconsciente del amanuense del Rey: si Cataluña se va, ¿puede hablarse de la continuidad de España?
 
Ramón Cotarelo / in Palinuro.

viernes, 6 de noviembre de 2015

ALFONSO XIII, ese golfo que fue rey

EL BORBÓN CALAVERA Y VIVIDOR
 

 

Alfonso XIII financió el precedente del cine de suecas de José Frade y tuvo cinco hijos bastardos.

“La biografía de don Alfonso XIII está todavía oscurecida por la pasión”

-FERNANDO DÍAZ-PLAJA-

Alfonso XIII fue rey borbón, fumador y putero que hacía trampas en las apuestas de los galgos y tenía halitosis y el barman Emile del Hotel París de Montecarlo le puso su nombre a un cóctel hecho con ginebra y dubonet. Alfonso XIII financió pelis porno con putas del barrio chino de Barcelona que eran medio pandorgas y bigotudas y fue buen tirador de pichón y de pájara. Por lo demás, era prognato, su labio inferior obedecía a la gravedad, le barruntaba el hocico y tendía a perder dientes. Lo que le gustaba era hacer bastardos con las suripantas, jugar mal al bridge y ponerse uniformes de coracero como si fuera el káiser Guillermo mandando tropas en una guerra bonita y colonial. Alfonso XIII tuvo su guerra colonial en el moro, pero no le salió bonita porque se le llenó de muertos capaos y se la protestaron en casa y cuando los quintos morían en los blocaos del Rif él estaba en las playas de Deauville, jodiendo modistas. Apreció, sin embargo, que le dijeran el Africano, como a Escipión, igual porque le pareció postizo de reconquista en comparación con el Piernitas, que era como le llamaba el popular por enclenque. Su madre María Cristina, que te quiere gobernar, le decía Bubi, que tampoco es nombre de Miura. Alfonso XIII intuyó, en cambio, la campechanía borbónica y pensó que reinar era bajar al castizo, comerse un cocido con un simple y contarle dos chistes verdes, pero juraba la constitución por la mañana y por la tarde consentía la dictadura de Primo de Rivera. Al rey Manuel II de Portugal le aconsejó salir en los ecos de sociedad y meterse a sus súbditos en el bolsillo porque “en nuestros reinos no se reina por la tradición, sino por la simpatía y los actos personales del soberano”. Alfonso XIII fue simpático de oficio, pero sus actos personales eran los de un señorito un poco calavera que salía de noche al cañí a rendir una juerga de peleón y putas y esencialmente se conducía con el sentido de la superioridad natural de quien ha sido rey desde la niñez. Gregorio Marañón dijo que era un botarate educado entre faldas y sotanas y le vio hacer apuestas de mil duros por disparo en el tiro al pichón. Una tarde ganó sesenta mil pesetas porque no era mal tirador y en una cacería en Santa Cruz de Mudela, en Ciudad Real, cobró 450 perdices, 130 conejos y 40 liebres.
 
 
Alfonso XIII fue a buscarse novia al extranjero y le arreglaron una cita con la princesa Patricia de Connaught, que le rechazó por feo (según el historiador Juan Balansó) y porque le apestaba el pico a retrete por la halitosis y el rey se trajo a casa a Victoria Eugenia de Battenberg de trofeo de consolación, que era pechugona y rubia. La casó y le atinó siete aciertos que culminaron con irregular suerte y casi no perpetuó la estirpe porque le salieron dos hijos hemofílicos y uno sordo, pero enseguida le perdió el interés y se puso a merendar fuera de casa. Dejó preñadas a dos institutrices de los infantes, una de ellas era escocesa y sabía tocar el piano, y tuvo dos hijos con la actriz Carmen Ruiz Moragas y otro con Mélanie de Vilmorin que cuando creció se hizo botánico. Carmen Ruiz Moragas debutó en el María Guerrero y estuvo casada seis meses con el torero Rodolfo Gaona, el Califa de León, y el rey le puso un chalet en la avenida del Valle. La leyenda quiere que cuando murió en 1936 de cáncer de útero, se untó los labios de canela y el rey se los besó como el príncipe necrófilo de la Bella Durmiente, pero para entonces ya estaba casada con el periodista comunista Juan Chabás y se había hecho republicana. El rey brioso adornó su lista de queridas con abundamiento y pudo presumir entretenimientos con Celia Gámez y con la Bella Otero, con la marquesa de Craymayel, con Beatriz de Sajonia-Coburgo, con la viuda del duque de Fernán-Núñez y con la bailarina Carmen de Faya, que en un concurso hípico en San Sebastián le regaló sus zapatos de raso en un arranque de fetichismo y él le devolvió flores. Cuando se iba de putas usaba el nombre de Monsieur Lamy y le gustaban merinas y a medio lavar y encomendó al conde de Romanones la misión de encargarles a los hermanos Baños, propietarios de la productora Royal Films, el rodaje de pelis porno con rameras del barrio chino de Barcelona que salían enseñando los parruses selváticos y sin peinar y tocándole la flauta a un cura. El clero debió apreciarlas, en todo caso, porque tres de ellas (las películas, no las golfas) aparecieron sesenta años después en el monasterio de Moncada y hoy se conservan en la Filmoteca Valenciana.
 
En 1929 se mezcló en un asunto feo de galgos y mangantes y engordó la cartera con sus acciones de la sociedad la Liebre Mecánica, que recibía los réditos de las apuestas de las carreras de galgos organizadas por el Club Deportivo Galguero Español, una sociedad sin ánimo de lucro cuyos beneficios debían ir al fomento del galgo español y a la beneficencia en vez de al bolsillo de los jetas.
 
Cuando se proclamó la República en 1931, el rey quemó su colección de fotos de chavalas en cueros, dejó a la familia en la cama, recibiendo pedradas y guardada por veinticinco alabarderos, y se escapó del Palacio Real por una puerta de retaguardia que daba al Campo del Moro. Se montó en un Hispano Suiza y llegó a Cartagena, se embarcó en el “Príncipe Alfonso”, al mando del capitán Manuel Fernández Piña, y puso rumbo a Marsella, donde llegó a las tres de la mañana y se quejó de que estuviesen cerradas las casas de putas. Valle Inclán dijo que el pueblo le echó por ladrón. Alfonso XIII hizo un exilio decadente de hoteles, casinos, safaris en Sudán y viajes a Hollywood con Douglas Fairbanks, al que le pidió que le presentase a Fatty Arbuckle, su cómico favorito, y cuando le dijo que no era una compañía conveniente desde que se le había muerto una corista de una peritonitis provocada por la introducción de una botella de champán por la escotilla, le contestó que eso le podía haber pasado a cualquiera. Encontró que el exilio engordaba y la libertad le pareció una lata porque tenía que bajar a por el periódico. Se compró un Bugatti y lo guiaba a ciento veinte por hora y en Viena mató a un peatón y se apostaba cien libras por mano en las mesas de Deauville jugando al chemin, una variante del bacarrá. Murió el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma, de una angina de pecho, atendido por el doctor Frugoni y por sor Inés, una monja navarra del valle de Echauri, abrazado al manto de la Virgen del Pilar y diciendo según unos: “¡Dios mío, España!”, y según otros pidiendo agua fría. Baroja le encontró esencialmente cursi y dijo que tenía los gustos de un señorito de la burguesía y que sus andanzas de colchón no tenían mérito porque eran facilísimas por su posición de sultán, y que “anduvo con una cupletista tonta que en Cuba, según dicen, estuvo liada hasta con los negros”. La inclusión de los negros cimarrones en la ecuación de don Pío igual le confundió y tenía en la cabeza al príncipe Alfonso de Borbón y Battenberg, el primogénito del rey, que renunció a sus derechos sucesorios para casarse con la cubana Edelmira Sampedro, que le decían la Puchunga, de la que se divorció para reincidir en el Caribe y volverse a casar con la modelo Marta Rocafort, natural de La Havana, con la que solo duró seis meses. Don Alfonso se consoló en Miami con una cigarrera de un boliche de alterne que se llamaba Mildred Gaydon y le decían la Alegre y a la que pidió casorio que no llegó a celebrar porque se mató, el pobre, estampándose en coche contra una cabina.
 
MARTÍN OLMOS

jueves, 13 de agosto de 2015

JUAN-CARLOS I, un retrato descarnado

JUAN CARLOS I
un retrato descarnado
 
 
 
En su filípica a las Fuerzas mal Armadas (según confesión de Pedro Morenés, ministro del ramo) y la Guardia Civil (que a pesar de su nombre es un estamento militar, porque en este reino todo lo oficial es falso), con motivo de la celebración de la pascua militar, su majestad el rey católico nuestro señor Felipe VI tuvo un recuerdo para su padre, el abdicado rey Juan Carlos I, que en su opinión reinó “siempre con el objetivo de prestar el mejor servicio a España. A él le dedico en este día el homenaje de gratitud y respeto que merece de todos nosotros”. Parece que Felipe es un buen hijo, pero o bien ignora las tropelías cometidas por su padre, o mal tiene una cara dura de cemento borbónico, por atreverse a decirnos esas palabras a quienes hemos sufrido su corrupto reinado.
 
   Ya en su primera filípica al ser proclamado rey, el 19 de junio de 2014, mientras sus matones nos apaleaban a los que intentábamos exhibir calladamente una bandera tricolor en la calle, tuvo la osadía de decirnos entre balbuceos: “Quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario.” Cierto que fue extraordinario, pero por su inmensa corrupción. Y si con esos homenajes quiere indicarnos que va a seguir su ejemplo, tenemos que hacer las maletas para exiliarnos, a no ser que le hagamos exiliarse a él, que no sería el primer Borbón en largarse a toda máquina, de tren o de barco.
 
   Un historial de esos envilecidos 36 años ha sido parcialmente resumido por Iñaki Errazkin en su último libro, Juan Carlos, un rey con antecedentes, que acaba de publicar Akal en Madrid, con 94 páginas. Muy pocas para todo lo que se puede contar de este escandaloso reinado, pero constituyen un memorial vomitivo de las tropelías perpetradas con total impunidad por el abdicado, como financiero, como putañero y como cazador, sus aficiones favoritas, a las que se dedicó alegando que en eso consiste reinar según su manera de entender el oficio.
 
Cómo nos ha borboneado
 
   No es una obra de investigación, sino de recopilación. El autor ha consultado libros, revistas, diarios y blogs en los que se revelan aspectos impropios de un jefe de Estado, protagonizados por el abdicado rey de España, antes de transferir sus poderes ilegítimos a su hijo pequeño. Un buen chico que le ha consentido reinar todo el tiempo que quiso, a diferencia de lo que él hizo con su padre, a quien arrolló en su carrera por alcanzar el trono, y solamente le permitió reinar después de morir. Tal vez fuera su venganza por haberle entregado al dictadorísimo cuando solamente tenía diez años, con el propósito de que lo educara a su imagen y semejanza. Así salió él de espabilado.
 
   El breve libro no es una biografía, aunque recuerda los datos esenciales en la vida borbónicamente regalada del designado sucesor a título de rey por el dictadorísimo, una vez que le juró lealtad a su exigua persona y fidelidad a sus leyes genocidas. El propósito de Errazkin ha consistido en reunir documentos demostrativos de los desmanes cometidos por el abdicado, que sigue reinando y goza de todos los privilegios aforados, con los que se convierte en irresponsable ante la justicia administrada en nombre del rey.
 
   La lectura de estas páginas provoca indignación. Es un recopilatorio abreviado de los chanchullos económicos que han convertido al abdicado en uno de los ricachones más potentes del mundo. Su padre, Juan, vivió a costa de los llamados nobles, que lo mantuvieron toda la vida para que no necesitara pegar golpe, y lo sostuvieron hasta el final, hasta pagar los gastos derivados de su internamiento en la clínica donde murió.
 
   Los italianos llaman il dolce far niente a esa vidorra sin tener que molestarse en hacer nada para ganarse el pan de cada día. Y encima los borbones comen mucho más que pan, viven en continuo festín a costa del pueblo. La verdad es que no se les puede censurar por ello, puesto que el pueblo lo aguanta. A quien hay que criticar es al pueblo consentidor.
 
   Cualquier vasallo de su majestad católica con un historial semejante al del abdicado, estaría condenado a tres mil años y un día de prisión mayor, por lo menos. Pero no se debe equiparar a los amos y a los siervos. Los amos cuentan con magistrados, fiscales, militares y policías a su servicio, todos ellos enemigos del pueblo al que muchos pertenecen. Los siervos tenemos la obligación de pagar impuestos y callar. O hacer la revolución.
 
Autor de 1.051 delitos comunes
 
   Cita el autor a Ramón Francisco Arnáu de la Nuez, antiguo agente del CESID (Centro Superior de Información de la Defensa, transformado desde 2002 en el Centro Nacional de Inteligencia, nombre adoptado para camuflar el espionaje, a semejanza de la criminal CIA gringa). En la actualidad se encuentra incomunicado en una mazmorra especial de la cárcel de Segovia, probablemente sujeto a la pared con argollas de hierro y alimentado solamente con pan y agua, como en la Edad Media. Nadie puede comprobarlo, porque está incomunicado. Pese a ello, se las ingenia para enviar mensajes a familiares y amigos, que los colocan en la red electrónica.
 
   Su expediente consta de 12.000 folios inculpatorios. Su delito es haber imitado a Zola, y lanzar un “¡Yo acuso!” contra el abdicado, tras haber ido investigando sus descomunales hazañas financieras, eróticas y golpistas. Lo acusa de haber cometido 1.051 delitos comunes. Y lo peor de todo es que los documenta. Un tipo meticuloso y detallista, que sería de gran utilidad en una democracia, pero aquí está considerado un peligro público al que es preciso encerrar. Como escribía el anónimo autor del Cantar de Mio Cid, otra víctima de la crueldad real en su tiempo, “¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!” Lamentablemente, en la historia de España no hay ni ha habido nunca buenos señores. Ni los habrá en la monarquía.
 
   Lo que no debemos tolerar es que el Libro Guinness de los records no incluya al abdicado como el mayor delincuente con más delitos en su historial. Se comprende porque se elabora en la pérfida Albión, como decía el dictadorísimo, en donde no perdonan que unos palurdos españoles le quitaran el brazo derecho a Nelson en la batalla de Santa Cruz de Tenerife, cuando intentaba colonizar las islas Canarias.
 
El hombre que sabe demasiado
 
   Arnáu de la Nuez es canario, nacido el 20 de octubre de 1963 en Las Palmas. Acosado porque sabía demasiado, solicitó asilo político en Lisboa, pero fue entregado a los esbirros borbónicos. Según cuenta en los informes remitidos a las instancias judiciales y políticas del reino (¡qué ganas de perder el tiempo!), el abdicado lleva 25 años cobrando comisiones por los barriles de crudo que el reino fascista de España compra al reino dictatorial de Arabia Saudita, y como intermediario de negocios se embolsó 3.800 millones de euros por bendecir la privatización de Repsol--YPF; otros 1.040 millones de dólares por la OPA de LUKoil, más 2.000 millones de pesetas que le entregó el financiero filibustero opusdeyero Javier de la Rosa de su chiringuito con KIO; por cierto: su hija menor, Gabriela, fue la amante oficial durante una temporada de Juan Gómez--Acebo y de Borbón, hijo mayor de Pilar de Borbón, hermana mayor del abdicado, así que todo queda en la familia, La relación de cobros improcedentes resulta mucho más amplia y larga, por lo que es preferible finalizarla aquí y ahora.
 
   Según Arnáu, el abdicado se sirve de La Caixa para blanquear su fortuna y colocarla a buen recaudo fuera de su reino. El superpresidente de las entidades del grupo La Caixa es su amigote Isidre Fainé, el que tiene empleada a la infame Cristina de Borbón en una sinecura en Ginebra, para que cobre mucho sin hacer nada, según la costumbre borbónica tradicional de la dinastía, desde aquel Felipe V que llegó a España montado sobre una guerra que destruyó a las gentes y a las tierras.
 
   No obstante, Fainé debiera ser más cauto, puesto que los amigotes del abdicado suelen terminar en la cárcel, un lugar al que no pueden ir a residir los miembros de la llamada familia irreal, debido a su inmunidad para jueces y fiscales servilones, pero del que no se libran sus compinches cuando dejan de serle útiles. Los borbones son así, como demuestra la historia.
 
   En Google puede encontrarse una variada información acerca de Francisco Ramón Arnáu de la Nuez, que merece la pena leer detenidamente.
 
El moro amigo
 
   Es comprensible, pues, que el abdicado posea una de las mayores fortunas del mundo. Es una hormiguita hacendosa para acumular pasta, y eso que al ser proclamado rey como sucesor de su padrino político el dictadorísimo no tenía en dónde caerse muerto. Pero era un vivo, mejor todavía, un vivales, así que empezó su reinado pidiendo limosna a moros y cristianos, “para el fortalecimiento de la monarquía”. Es conocida la desvergonzada carta que envió al entonces sha de Persia, proponiéndole que le regalase diez millones de dólares, calderilla para el tirano que ya tenía los días contados.
 
   La carta está reproducida en el libro de Jesús Cacho El negocio de la libertad (Madrid, Akal--Foca, 1999), muy bien documentado, tanto que el abdicado ha prometido “dar dos hostias” al autor si se le pone delante, según le oyó decir David Rocasolano, el primo preferido de la Leti, y así lo cuenta en el libro dedicado a la actual reina,Adiós, Princesa (Madrid, Akal--Foca, 2013).  Es de suponer que haya tomado precauciones, porque es sabido que el abdicado maneja la muleta como un matador de tronío.   
 
   Siempre citando otras referencias, Errazkin da buena cuenta de las cuentas acrecidas gracias a “la tradicional amistad con los pueblos árabes”, muletilla muy usada por otro matador, aunque sin trono ni tronío, el dictadorísimo genocida. Al tirano de Arabia Saudita le sacó cien millones de dólares por colaborar con los gringos durante la primera guerra del Golfo. Entre golfos andaba el juego, nadie lo duda. A los jeques, emires y demás fauna tiránica les sobra el dinero, de modo que no debe de remorder la conciencia a quienes los estafan, porque ellos estafan a sus pueblos.
 
El Urdangarin, estrella invitada
 
   Diego Torres, socio del yernísimo ladronísimo del abdicado en la fraudulenta empresa “sin ánimo de lucro” con el nombre griego de  Nóos (la antigua reina consorte es griega), publicó un libro con el seudónimo de Ricardo Grenville,Urdangarin y la Copa de Europa, en el que revela actividades delictivas del abdicado, en favor de los chanchullos organizados para robar con guante blanco, por su hija favorita y su yerno favorito. En una relación de robos y saqueos no podía faltar el inevitable Urdangarin como estrella invitada, porque su brillo es cegador en el firmamento de la delincuencia internacional.
 
   El 27 de agosto de 2007 el ahora abdicado, entonces en el trono, abandonó su palacio en Mallorca, en donde descansaba de su descanso habitual, para viajar a Marbella, en donde posee un palacio el príncipe saudí Salman, gobernador de Riad. Acudió con su barragana de entonces, la supuesta princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein, involucrada en los pinchazos morunos para ganarse la vida decentemente (además usa otros métodos).
 
   El viaje del rey católico para visitar al príncipe moro no tenía un carácter amistoso, sino económico: pretendía sacarle 110 millones de euros para patrocinar la celebración de la Copa América, uno de esos proyectos fantasiosos ideados por el Urdangarin y la Cristina con la complicidad del Torres. Este dato debiera tenerlo muy en cuenta el juez José Castro, que ha imputado al trío y cómplices, pero no al abdicado. Lo mismo que debiera considerar importante la reunión que el tristemente célebre Urdangarin mantuvo en el mismísimo palacio de La Zarzuela, residencia oficial del abdicado cuando no está de pendoneo por ahí, con los jerifaltes valencianos del partido que se dice Popular Francisco Camps y Rita Barberá con el único objeto de tratar sobre la organización de la misma Copa.
 
   Los reyes o emires o como se llame a los tiranos de las monarquías árabes han resultado en verdad los moros amigos del abdicado. Desde 2003 ha efectuado once viajes a la zona, el último en abril y mayo de 2014. Según las crónicas periodísticas, realizó esos viajes acompañando a empresarios españoles que desean negociar en esos países enriquecidos por los ingresos del petróleo, sin importarles que no respeten los derechos humanos. ¿Qué pinta un rey entre empresarios? Nada, a no ser que actúe a comisión.
 
Negocios muy cristianos
 
   Es sabido que el dinero no tiene nacionalidad ni religión, así que el rey católico también negocia a su manera con prepotentes cristianos. Por ejemplo, con el antes poderoso caballero don José María Ruiz Mateos, numerario de la secta satánica del Opus Dei, quien confesó (y después comulgó devotamente) haber entregado al abdicado “cientos de millones de pesetas”. Durante la presidencia del presunto socialisto Felipe González, uno de los grandes amigotes del abdicado, cayó en desgracia Ruiz Mateos, se le expropiaron sus empresas y fue encerrado en una mazmorra borbónica. Como asegura un refrán, así paga el diablo a quien bien le sirve. “Tóo pal pueblo”, declaró el hermano de Juan Guerra, que era vicepresidente de ese Gobierno, pero la verdad es que al pueblo solamente nos tocó pagar, pagar y pagar, mientras los beneficios se los repartían los de siempre.
 
   De otro opulento opusdeísta financiero, Javier de la Rosa, ya se ha comentado que pasó de íntimo del abdicado a preso común. Compartió módulo carcelario con otro financiero amigote del abdicado y de su padre, Mario Conde, famoso porque le brilla más el pelo que los zapatos. Se dice que guarda una bomba de relojería, con documentación comprometedora para el abdicado, pero no se atreve a publicarla de momento por miedo a las represalias. Se conoce que espera la pronta proclamación de la República.
 
   Dos primos que de tales no tienen nada, los albertos Alcocer y Cortina, han sido juzgados por varios delitos económicos, aunque no han ido a la cárcel porque una poderosa mano los protege. El abdicado favorece a quien quiere y abandona a quien le parece. Así, al milmillonario Juan Miguel Villar Mir, con una fortuna calculada en seis mil millones de euros, le concedió en 2011 el marquesado de Villar Mir “por su destacada y dilatada trayectoria al servicio de la Corona”, con pingües beneficios mutuos, “para sí y sus sucesores”. Su sucesora hija Silvia está casada con Javier López Madrid, uno de los ruidosos amigotes del actual rey Felipe VI. En cambio, Manuel de Prado y Colón de Carvajal, intendente real y celestino, fue dejado caer en una mazmorra cuando ya no era útil en sus oficios.
 
La mordida que no cesa
 
   El expresidente de la compañía petrolera francesa Elf, acusado de fraude, manifestó ante el juez haber entregado 55 millones de euros al abdicado cuando todavía no lo estaba, como soborno para que hiciera valer su valiosa (y tanto) opinión a favor de la compañía. Se ignora si actuó por patriotismo el abdicado, aunque no parece aceptable suponerlo, cuando telefoneó al presidente mexicano Vicente Fox para interceder por la empresa hotelera española Riu, que no quería demoler los tres pisos de más construidos ilegalmente en uno de sus edificios en la turística Cancún. El tal Fox es otro pájaro de cuenta; el Congreso de su país investigó el origen de los mil millones de pesos conseguidos ilícitamente, en parte con el narcotráfico. No hace falta decir que se entendieron muy bien los dos jefes, y que los tres pisos se quedaron donde estaban.
 
   La misma incógnita se presenta al saber que el abdicado presionó al entonces jefe del Gobierno español, el inepto socialisto Rodríguez Zapatero, para que el Gobierno aprobase la entrada de la petrolera rusa LUKoil en el accionariado de Repsol: seis veces al día llegó a telefonearle. Claro que en el negocio intervenía como comisionista la famosa Corinna, con la que no sabemos qué relación prima, si la financiera o la sexual.
 
   Dedica Errazkin tres páginas a comentar los extraños manejos sucedidos con la herencia del duque de Hernani, título que el abdicado traspasó a su hermana menor Margarita, al mismo tiempo que, al parecer, se traspasaba a sí mismo la colección de 681 cuadros, de incalculable valor por ser piezas únicas de grandes pintores, reunida por el finado. Interpuesta demanda contra él por el sobrino y heredero presunto del duque, fue multado el demandante por ofensas al rey. El entonces secretario general de la Casa de Su Majestad, el general Sabino Fernández Campo, ordenó y mandó militarmente a los directores de los medios de comunicación que ignorasen el tema. El único periodista que osó incumplir la prohibición, Antonio Hernando, falleció muy accidentalmente cuando practicaba la pesca submarina, un deporte de mucho riesgo en el que era un verdadero profesional. Pero se arriesgó demasiado. Los borbones traen mala suerte.
 
   En resumen: según calcula la revista Forbes, la fortuna personal del abdicado asciende a 1.800 millones de euros. Y todos se los ha ganado él solito con su esfuerzo y su obsesión ahorradora, porque no se gasta el dinero más que en hacer regalos a sus barraganas.
 
Juego de camas
 
   Y así entramos en otro capítulo demoledor para el juicio que el abdicado merecerá a los historiadores de su reinado. Probablemente será conocido en los tratados de historia con el sobrenombre de El Putañero. Este asunto no debiera importar más que a su resignada cónyuge, Sofía Pasaportodo, si no fuera porque nos ha costado muchos millones de pesetas y euros a los vasallos, unos dilapidados en regalos a las concubinas, y otros gastados en sobornos para que las mismas depusieran sus amenazas de chantaje.
 
   Según relata Andrew Morton en su bien documentado ensayo Ladies of Spain (Madrid, La Esfera de los Libros, 2013), inexplicablemente traducido al castellano dejando su título original en inglés, el abdicado disfrutó a lo largo de su crapuloso reinado de un harén de mil quinientas rameras sucesivas, cifra que ni los tiranos árabes pueden igualar. Como se entere un tal cardenal electo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, va a excomulgar al poliadúltero, aunque es posible que no se entere, y de esa manera se evitará los problemas derivados de topar con la realeza.
 
   Tampoco su tatarabuela la reina Isabel II gozó de tal número de amantes, a pesar de estar considerada la mayor golfa de la historia de España. Lo fue  tanto que los militares de su tiempo organizaron la Gloriosa Revolución en setiembre de 1868 y la expulsaron a Francia. Aquellos militares defendían la honra de España, porque pertenecían al pueblo.
 
   Hemos tenido que comprar las cursis y ridículas cartas que el abdicado escribió a Olghina di Robilant, una condesa italiana tan aprovechada que después de venderlas las publicó en Italia y en España. Los lacayos del entonces rey ignoraban que existen fotocopiadoras. Asegura que comparte a su hija Paola con el abdicado, pero la muchacha no ha reclamado una pensión hasta ahora. Quizá le avergüence tener ese padre y prefiera olvidarlo.
   En cambio, los que sí reclaman una prueba de paternidad al abdicado son Albert Solà e Ingrid Sartiau. Se han hecho un análisis de ADN con el resultado de tener un progenitor común, que no pueden ser las respectivas madres que los parieron en países distintos. El abdicado se niega a rebajarse hasta el punto de consentirlo. Según el citado exagente del CESID Arnáu de la Nuez, se le conocen al menos cinco hijos bastardos. Con mil y quinientas odaliscas a su servicio no son muchos bastardos. Seguramente aparecerán más. Preparemos la cartera, el que todavía la tenga.
 
De esos polvos salen estos fondos
 
   La barragana que nos ha costado más cara, por ser la más cuca, se llama Margarita García, pero atiende por al alias artístico de Bárbara Rey, muy adecuado. Se la celestineó el entonces presidente Adolfo Suárez, que deseaba contar con una espía adicta en la cama real, y él perdió la cabeza (en sentido figurado, no en la guillotina hasta ahora). Pero ella decidió montar su propio negocio, así que grabó en vídeo los saltos del tigre que hacía su amante, y las conversaciones políticas que le sonsacaba. Los borbones se consideran tan intocables que no toman ninguna precaución para sus aventuras sexuales extramatrimoniales, al parecer ni siquiera utilizan preservativo, y por ello después pasa lo que pasa, para beneficio de barraganas y bastardos. Ellos son irresponsables, y además pagamos los vasallos.
 
   Los vídeos, según se cuenta en los mentideros, parecen una versión íntegra no censurada de La Bella y la Bestia. Para que no los exhibiera en un cine porno, a la apodada Bárbara, que lo es, hubo que pagarle una pensión mensual, a cargo de los fondos reservados del Ministerio de la Presidencia, que según se comenta en los citados suma dieciocho millones de pesetas, y por fin comprarle el material gráfico, más bien pornográfico, se dice que por cuatro millones de dólares, aunque autores hay que multiplican esas cifras. Una cuidada documentación se encuentra en el ensayo Un rey golpe a golpe (Navarra, Miatren–-Kalegorria, 2001) firmado por Patricia Sverlo, seudónimo empleado por Rebeca Quintáns para evitarse las complicaciones judiciales inherentes a quienes escriben sobre la familia irreal. Los vasallos pagamos las diversiones de los reyes. Para eso estamos.
 
   Sin embargo, no todas las barraganas han tenido tanta suerte. Por ejemplo, la actriz porno Sandra Mozarowsky, hija de padre ruso, que tras su aventura con el entonces rey murió defenestrada el 14 de setiembre de 1977, a los 18 años; se dice en esos mentideros siempre bien informados que se hallaba embarazada, aunque no se explica de quién.
 
   También era ruso el padre de otra actriz porno, conocida como Nadiuska porque su nombre es impronunciable en castellano; la casaron con un chatarrero, matrimonio de conveniencia después anulado, y ahora a sus 62 años está internada en un sanatorio porque padece esquizofrenia, según dice el diagnóstico médico. No es para menos.
 
   Y dejemos aquí el relato, porque para recordar a las mil y quinientas se  necesita un volumen como los del Espasa. Está claro que el abdicado padece el síndrome de la incontinencia sexual, característico de la dinastía borbónica, en hombres y mujeres. La única mujer que no soporta es la legítima esposa, quizá porque sea alérgico a todo lo legal. Según cotilleo del general Sabino Fernández Campo, testigo presencial, llegó a tirarle un plato a la cara durante una discusión mantenida en la mesa. Y tiene buena puntería el abdicado, o al menos la tenía en sus buenos años, puesto que en sus últimos discursos reales quedó demostrado que ya no ve tres en un elefante.
 
Caza mayor, caída superior
 
   Debido a ello se cayó por las escaleras al salir de una habitación a las cuatro de la madrugada del 13 de abril de 2012 en Botsuana, adonde acudió para cazar elefantes, acompañado por su última barragana, la apuesta supuesta princesa Corinna. Entre que no ve y que la noche africana es negra, y que a saber lo que estuvo haciendo, se pegó un traspiés mayestático y se fracturó la cadera derecha en tres tristes trozos. Después declaró urbi et orbi que se había equivocado, y prometió que no repetiría tales aventuras. Las cinegéticas, quería decir, no las eróticas, porque a la Corinna le puso un chalé con criados, conductores y guardaespaldas, a costa de los fondos reservados, como es natural. De cacería era preferible que no saliera, en beneficio de los guías y ojeadores, más aún que de los elefantes.
 
   La afición por matar animales tiene antiguas raíces en el ahora abdicado, que al dejarse llevar por ella demuestra su desprecio total por la conservación de la naturaleza y de la fauna. Según confidencia de su amigo Juan José Macaya, cuando el abdicado era niño se entretenía matando gallinas, así como otros juegan a las canicas. Y de mayor mantuvo la afición, con animales de mayor envergadura. Por eso el 28 de febrero de 2004 mató un gran ejemplar de bisonte europeo, especie en extinción, en una reserva natural en Polonia. Entre el 8 y el 10 de octubre del mismo año mató diez osos y un lobo e hirió a otros varios en Covasna (Rumanía); se trataba de la especie de ursus arctos, protegida por la Convención de Berna de 2001. Protegida, pero no de reyes valientes que no le temen a nada. A nada legal.
 
   El oso más famoso de cuantos ha matado tenía nombre propio, Mitrofán. Se lo prepararon en agosto de 2006 en Vologda (Rusia), emborrachándolo con miel y vodka, para que su real persona no estuviera en peligro nunca, que él es valiente, pero precavido. Lo denunció un guarda forestal en carta publicada en un periódico ruso. A un periódico vasco, Deia, publicar la noticia le costó una denuncia por “injurias al rey”.
 
   Para exhibir adecuadamente sus trofeos venatorios, el entonces rey se hizo construir un pabellón de caza en terrenos de El Pardo, entre 2007 y 2009. Costó 3,4 millones de euros, pagados por el Patrimonio Nazional, que es patrimonio borbónico. A lo único que tenemos acceso los vasallos es a pagar los costes de las diversiones reales. Nos lo merecemos. Y menos mal que no tuvo la ocurrencia de cazarnos a nosotros.
 
El mayor delincuente
 
   Errazkin aborda otros temas en Juan Carlos, un rey con antecedentes, como la muerte por disparo de Alfonso de Borbón cuando jugaba con su hermano Juan Carlos y con una pistola, propiedad del superviviente, asunto polémico porque el padre de ambos prohibió que se hiciera la autopsia al cadáver, como es reglamentario en los casos de muertes no naturales. El asunto ha dado pie a muchas cábalas y cavilaciones.
 
   Asimismo cita lo que cuenta Arnáu de la Nuez, respecto a la participación del abdicado en reuniones conspiratorias con varios jefes militares y seis civiles, en un piso de la madrileña calle del General Cabrera, en las semanas previas al histórico 23 de febrero de 1981. Se ignora, aunque se sospeche, quién era el “elefante blanco” aquel día. Le gustan tanto los elefantes al abdicado que algunos piensan en él, sin ninguna prueba, claro es. También sobre esta cuestión existe abundante bibliografía a disposición de los incrédulos en los informes oficiales.
 
   Y por todo lo dicho y lo demás que se encuentra en el ensayo, puede calificarse a Juan Carlos de Borbón como el mayor delincuente de España, y tal vez de Europa; de otros continentes no se debe apostar. Y éste es el modelo que se propone seguir su hijo y sucesor Felipe VI, quien además ha aportado a la dinastía a una mujer con pasado borrascoso por vicioso, que tiene ahora mismo a su padre, su tía y su abuelita encausados en un Juzgado asturiano, una broma pesada para los otrora príncipes de Asturias. Esta familia irreal no se priva de nada, porque el pueblo lo soporta todo.
 
   Comprueben lo documentado que está el ensayo, leyéndolo antes de que lo secuestren. Y repitan como los revolucionarios de 1868: ¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!
 
Autor: Arturo del Villar, a propósito del ensayo de Iñaki Errazkin Juan Carlos, un rey con antecedentes
 
Fuente: http://fresdeval.blogspot.com.es/2015/01/el-mayor-delincuente-de-espana.html

lunes, 29 de junio de 2015

ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA: 10 puntos aclaratorios

DIEZ RAZONES POR LAS QUE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA
 
 

1. La Jefatura de Estado la impuso la dictadura franquista
El franquismo fue un régimen a todas luces ilegal, porque surgió de un golpe de Estado contra la República Legalmente constituida en democracia. El príncipe Juan Carlos, tras jurar lealtad al genocida Franco y a las leyes franquistas, sería designado por el dictador como su sucesor.
 
 
 


2. La Jefatura de Estado no es electa 
La monarquía es vitalicia y se hereda de padres a hijos como si fuera un cortijo de ferias, por lo tanto tiene un caracter profundamente antidemocrático, además de tener una total opacidad y descontrol de las cuentas que le asigna el estado para su mantenimiento. Tras la abdicación del rey Juan Carlos, en apenas 15 días, se realizó una 'Coronación Expres' de Felipe VI pactada por el bipartidismo y sin contar con la aprobación del pueblo.
 
 
 

3. Las cuentas del Estado las lleva Alemania. 
El gobierno no consulta al pueblo las decisiones importantes mediante referéndum y sigue las directrices económicas que marca Angela Merkel desde Bruselas. Se habla incluso de que España es una provincia de Alemania. 
 
 
 

4. La justicia no es igual para todos. 
El poder judicial es partidista porque lo eligen los partidos políticos. Carece de independencia y permite que la figura del rey sea inviolable. La justicia da privilegios e indulta a los grandes ladrones, lo que genera desigualdades y crea ciudadanos de primera, segunda y tercera. 

Respecto a los Derechos Humanos, España es el segundo país del mundo tras Camboya en número de desaparecidos con más de 140.000 personas cuyos restos no han sido recuperados ni identificados. La apología del franquismo es legal y la Ley de Amnistía de 1977 impide juzgar a los criminales franquistas.
 
 
 

5. La soberanía nacional no reside en el pueblo.
La democracia se limita a votar cada 4 años a algunos representantes políticos. Lo que se significa como una carta en blanco para que los políticos maniobren a su antojo, sin que el ciudadano tenga herramientas útiles (Referéndum vinculantes, ILP's sin la correspondiente censura del congreso y senado) para poder cambiar las negligencias políticas.
 
 
 

6. Recorte de libertades. 
La ley mordaza aprobada recientemente por el gobierno, es una vulneración total de las libertades esenciales en democracia como son la libre expresión, la información o el derecho a manifestarse. Lo que da pie a la criminalización de la protesta social. Otro claro ejemplo es la limitación del derecho a decidir de las mujeres sobre el aborto. 
 
 
 

7. La Constitución es papel mojado 
La Constitución de 1978 es el documento oficial que más artículos incumple, se ha convertido en un papel mojado, incapaz de garantizar los derechos ciudadanos elementales: salud y educación públicas, derecho a techo, salarios o pensiones dignas. Además de ser un documento cerrado, que da privilegios a la monarquía que nadie eligió por referéndum y que vino impuesta por la dictadura anterior. 

8. El sistema electoral es fraudulento. 
El reparto de los votos es desproporcionado, los grandes partidos están sobrerepresentados, es decir, tienen más diputados de los que les corresponden, todo a costa de los partidos minoritarios, lo que facilita un bipartidismo político. Las reglas del juego no son iguales para todos, es como jugar una partida con las "cartas marcadas". 
 
 
 

9. La Corrupción se ha institucionalizado 
En España no dimite nadie por corrupto. En muchos casos hemos visto que en las listas electorales participaban políticos imputados en múltiples casos de corrupción. Por si esto fuera poco, la corrupción ha salpicado a la monarquía. 

10. Las Listas electorales son cerradas 
Los votantes no tienen la opción de elegir a un representante, sino que tienen que elegir una lista cerrada de representantes. Esto no sucedía durante la II República donde las listas eran abiertas. Por otra parte, los diputados y senadores están sometidos a la disciplina de partido, sin tener en muchos casos libertad de voto.

Luis Egea


sábado, 6 de junio de 2015

Anécdotas Históricas -273-



El entonces rey Juan-Carlos I de España, como rezaba la tradición, solía acudir anualmente a la inauguración de la Feria del Libro en Madrid. En una ocasión, dando rienda suelta a su homofobia y con su habitual desparpajo, entró en la caseta de la Asociación de Gays y Lesbianas y soltó a los allí presentes:

-"¿Aquí sólo publicáis libros de mariquitas?"

Anécdota de: Juan-Carlos I de Borbón y Borbón-Dos-Sicilias, Rey de España (n.1938).

domingo, 5 de abril de 2015

CARLOS III, REY DE LAS ESPAÑAS


CARLOS III, EL REY REFORMADOR

1716 - 1788
 
 

Obsesionado por la locura hereditaria de sus predecesores en el trono, Carlos se caracterizó por ser el monarca de la dinastía Borbón más equilibrado, tranquilo e insulso del siglo XVIII. Bien entrenado y formado por su paso por los tronos de Parma y de Nápoles, llegó a Madrid como un rey ilustrado y reformador con "tablas" en el arte de gobernar para el pueblo pero sin el pueblo. Soberano meapilas sin caer en la beatería extrema, muy celoso de su poder absoluto, modernizador muy moderado, hombre poco agraciado de costumbres invariables y de una sola mujer, Carlos III fue un gobernante bienintencionado más grisáceo que brillante.



El 20 de enero de 1716, entre las tres y las cuatro de la madrugada, en el viejo, inmenso y destartalado Alcázar, nacía el niño que con el paso de los años iba a ser investido como rey de las Españas con el nombre de Carlos III. Fruto del matrimonio de Felipe V con su segunda esposa, la parmesana Isabel de Farnesio, mujer de fuerte personalidad y opinión política propia, el nuevo infante venía al mundo con pocas posibilidades de ser proclamado rey de la vasta Monarquía hispana.

 
Retrato de Don Carlos de Borbón y Farnese, Infante de España (1716-1788); obra de Jean Ranc, 1724.


Su infancia transcurrió dentro de los cánones establecidos por la familia real española para la educación de los infantes. Hasta la edad de los siete años fue confiado al cuidado de las mujeres, siendo su aya la experimentada María Antonia de Salcedo, persona a la que siempre guardó gratamente en su recuerdo. Después tomaron el relevo los hombres, comandados por el duque de San Pedro y un total de catorce personas que iban a conformar el cuarto del infante. El niño "muy rubio, hermoso y blanco" del que nos habla su primer biógrafo coetáneo, el conde de Fernán Núñez, gozó durante su primera infancia de buena salud, amplios cuidados y una enseñanza rutinaria dentro de lo que se estilaba en la corte española. Además de las primeras letras, Carlos recibiría una educación variada propia de quien el día de mañana podía ser un futuro gobernante. Así, la formación religiosa, humanística, idiomática, militar y técnica se combinaría durante años con la cortesana del baile, la música o la equitación para ir forjando la personalidad de un joven de buen y mesurado carácter, solícito a las sugerencias paternas y educado en la convicción de la evidente supremacía de la religión católica. También fue en su más tierna infancia cuando Carlos se aficionó a la caza y a la pesca, pasiones, especialmente la primera, que nunca abandonaría a lo largo de su vida.

 
Retrato del Infante Carlos de Borbón en 1729, por Jean Ranc.


Pronto el infante Carlos empezó a entrar en los planes de la diplomacia española y en las cábalas de Isabel de Farnesio, estas últimas destinadas a dar a su primogénito una posición acorde con su rango real. En la política internacional de los gobiernos felipinos, alentada por el irredentismo italiano que anidaba en la Corte madrileña desde que las cláusulas más lesivas del Tratado de Utrecht (1714) habían dejado a España fuera de la península transalpina, Carlos iba a revelarse como una pieza importante. Tras numerosas vicisitudes bélicas y diplomáticas en el complicado cuadro europeo, se presentó la ocasión propicia para que Carlos pudiera alcanzar un sillón de mando en Italia. La misma tuvo lugar con la muerte sin descendencia, en 1731, del duque Antonio de Farnesio, precisamente el día en que Carlos cumplía quince años, lo que propició que el joven infante fuera encauzado hacia los caminos de Italia. Primero se asentaría en los pequeños pero históricos ducados de Toscana, Parma, Plasencia, donde permanecería muy poco tiempo, pues los acontecimientos bélicos derivados de la cuestión sucesoria de Polonia lo condujeron finalmente a ser proclamado rey de las Dos Sicilias el 3 de julio de 1735 en Palermo, contando tan solo con diecinueve años de edad.

 
Retrato de Carlos I de Borbón, Duque de Parma, Piacenza y Guastalla (1716-1788); obra de G.M. Delle Piane, 1732.
 
 
Retrato de Carlos VII de Borbón, Rey de Nápoles y de Sicilia (1716-1788); obra de Giuseppe Bonito, entre 1738 y 1740.
 


Nápoles no fue para Carlos un destino intermedio en espera del gran reino de España. Allí vivió un cuarto de siglo, allí emprendió una política reformista en un complicado país dominado por las clases privilegiadas y allí constituyó, con su amada esposa María Amalia, una familia numerosa de trece hijos, siete mujeres y seis varones. Durante su reinado napolitano, Carlos configuró definitivamente su carácter y su modelo de reinar, siempre ayudado por su consejero personal Bernardo Tanucci y siempre tutelado por sus padres desde Madrid. En términos generales aprendió a ser un rey moderado en la acción de gobierno, un soberano que supo animar una política reformista que sin acabar con todos los problemas que sufría el abigarrado pueblo napolitano y sin menoscabar los poderes esenciales de la nobleza, al menos sí consiguió que el reino se consolidara como tal, que fuera cada vez más italiano y que tuviera una cierta consideración en el concierto internacional.


 
Retrato de Fernando VI de Borbón (1713-1759), Rey de las Españas y de las Indias entre 1746 y 1759.


Cuando ya pensaba que su destino último era Nápoles, la muerte sin descendencia de su hermanastro Fernando VI lo condujo de vuelta a su patria de nacimiento. Carlos cumplió así con unos designios testamentarios que en buena parte él consideraba dictados por la Divina Providencia. Dejando como rey de las Dos Sicilias a su hijo Fernando IV y siendo despedido con afecto por el pueblo, embarcó rumbo a Barcelona, donde el calor popular vino a demostrar que las heridas de la Guerra de Sucesión cada vez estaban más cicatrizadas.

El rey que Madrid recibió el 9 de diciembre de 1759, en medio de una incesante lluvia, era un monarca experimentado y maduro, como gobernante y como persona, lo cual representaba una cierta novedad en la historia de España. En estos primeros tiempos madrileños, Carlos vivió una experiencia familiar agradable y otra amarga. La primera se produjo por la designación de su primogénito, el futuro Carlos IV, como heredero de la corona española, sobre lo cual existían algunas dudas dado que había nacido fuera de España. El segundo, fue la desaparición de su esposa, que con la salud quebradiza y con cierta nostalgia napolitana no pudo superar el año de estancia en España. Esta muerte afectó seriamente a Carlos, que ya no volvería a desposarse nunca más pese a algunas insistencias cortesanas.

 
Retrato ecuestre de Don Carlos III de Borbón, Rey de las Españas y de las Indias (1716-1788).
 
 
Retrato de la Princesa Electriz María-Amalia de Sajonia, Princesa Real de Polonia y Lituania, ex Reina de Nápoles y de Sicilia, Reina consorte de las Españas y de las Indias (1724-1760); obra de G. Bonito, circa 1738-1740.
 
 
Retrato de Don Carlos Antonio de Borbón y Sajonia, Príncipe Real de Nápoles y de Sicilia, XXVIIIº Príncipe de Asturias y Heredero de la Corona Española (1748-1819); obra de Lorenzo Tiépolo.
 
 

El monarca que España iba a tener en los próximos treinta años mantendría una misma tónica de comportamiento en su vida personal. Según todos los datos recogidos por sus biógrafos, era una persona tranquila y reflexiva, que sabía combinar la calma y la frialdad con la firmeza y la seguridad en sí mismo. Cumplidor con el deber, fiel a sus amigos íntimos, conservador de cosas y personas, era poco dado a la aventura y no estaba exento de un cierto humor irónico. Dotado de un alto sentido cívico en su acción de gobierno, tenía en la religión la base de su comportamiento moral, lo que le llevaba a sustentar un acusado sentido hacia los otros y una cierta exigencia sobre su propio comportarse, que concebía siempre como un modelo para los demás, fueran sus hijos, sus servidores o sus vasallos.

En cuanto a su apariencia personal, bien puede decirse que no era nada agraciado. Bajo de estatura, delgado y enjuto, de cara alargada, labio inferior prominente, ojos pequeños ligeramente achinados, su enorme nariz resultaba el rasgo más distintivo de toda su figura. A todo ello había que añadir un progresivo ennegrecimiento de su piel a causa de la actividad física de la caza, práctica cinegética que continuadamente realizaba no solo por motivos placenteros, sino como una especie de terapia que él consideraba un preventivo para no caer en el desvarío mental de su padre y de su hermanastro. El retrato con armadura pintado por Rafael Mengs confirma los rasgos físicos del Carlos maduro y la pintura de Goya, presentándolo en traje de caza, con una leve sonrisa en los labios entre burlona y bondadosa, lo ha inmortalizado como un rey campechano y poco preocupado por la elegancia en el vestir.

 
"El Almuerzo del Rey Carlos III ante su corte" obra de Luis Paret.


A pesar de residir en la Corte (no realizó ningún viaje fuera de los Sitios Reales), era un mal cortesano, al menos en los usos y costumbres de la época. No le divertían los grandes espectáculos, ni la ópera ni la música. Su vida era metódica y rutinaria, algo sosa para lo que su posición privilegiada le hubiera permitido. Se despertaba a las seis de la mañana, rezaba un cuarto de hora, se lavaba, vestía y tomaba el chocolate siempre en la misma jícara mientras conversaba con los médicos. Después oía misa, pasaba a ver a sus hijos y a las ocho de la mañana despachaba asuntos políticos en privado hasta las once, hora en la que se dedicaba a recibir las visitas de sus ministros o del cuerpo diplomático. Tras comer en público con rutina y frugalidad - en verano dormía la siesta pero no en invierno - invariablemente salía por las tardes a cazar hasta que anochecía. Vuelto a palacio departía con la familia, volvía a ocuparse de los asuntos políticos y a veces jugaba un rato a las cartas antes de cenar, casi siempre el mismo tipo de alimentos. Después venía el rezo y el descanso. A diferencia de otras cortes europeas del momento, la carolina se comportó siempre con una evidente austeridad. Quizá esta vida rutinaria fue en parte la que le permitió ser un rey con excelente salud, pues salvo el sarampión de pequeño no tuvo importantes achaques hasta semanas antes de su muerte.

 
Retrato de Don Carlos III, Rey de las Españas y de las Indias (1716-1788), en traje de caza; obra de Francisco de Goya.


Carlos fue un rey muy devoto, con un sentido providencialista de la vida ciertamente acusado. Su pensamiento, su lenguaje y sus actos estuvieron siempre impregnados por la religión católica. Aunque no puede decirse que fuera un beato, resultó desde luego un creyente fervoroso, con gran devoción por la Inmaculada Concepción y por San Jenaro (patrón de Nápoles). De misa y rezo diarios, era un hombre preocupado por actuar según los dictados de la Iglesia para conseguir así la eterna salvación de su alma, asunto que consideraba de prioritario interés en su vida. Esta profunda religiosidad, sin embargo, no fue obstáculo para dejar bien sentado que, en el concierto temporal, el soberano era el único al que todos los súbditos debían obedecer, incluidos los eclesiásticos.

Estaba profundamente convencido de la necesidad de practicar su oficio de rey absoluto al modo y manera que reclamaban los tiempos. Cualquier opinión acerca de que era un mero testaferro de sus ministros debe ser condenada al saco de los asertos sin fundamentos. Él era quien elegía a sus ministros y quien supervisaba sus principales acciones de gobierno, y si bien tenía querencia por mantenerlos durante largo tiempo en sus responsabilidades, no dudaba tampoco en cambiarlos cuando la coyuntura política así se lo daba a entender. Lo que sí hacía era trasladarles la tarea concreta de gobierno. Una labor para la que requería ministros fieles y eficaces, técnicamente dotados y con claridad política suficiente como para comprender que todo el poder que detentaban procedía directa y exclusivamente de su real persona. Escuchaba mucho y a muchos, era difícil de engañar y los asuntos realmente importantes los decidía personalmente. Su correspondencia con Tanucci y los testimonios de grandes personajes del siglo atestiguan que podía pasarse una parte del día cazando, pero que los principales asuntos de Estado solía llevarlos en primera persona y con conocimiento de causa. Carlos siempre mantuvo el timón de la nave española y siempre fue él quien fijó su rumbo. Así lo pudieron constatar personajes políticos de la talla de Wall, Grimaldi, Esquilache, Campomanes, Floridablanca o Aranda, entre otros.

 
Retrato de Don Carlos III (1716-1788), Rey de las Españas y de las Indias entre 1759 y 1788; obra de Anton Raphael Mengs.


Comandando estos hombres, y con la experiencia siempre presente de lo que había acometido ya en Italia, trazó un plan reformista heredado en gran parte de sus antecesores, un plan que buscaba favorecer el cambio gradual y pacífico de aquellos aspectos de la vida nacional que impedían que España funcionara adecuadamente en un contexto internacional en el que la lucha por el dominio y conservación de las colonias resultaba un objetivo prioritario de buena parte de las grandes potencias europeas, en especial de Inglaterra, que fue la mayor enemiga de Carlos debido a sus aspiraciones sobre los territorios españoles en América. Una política de cambios moderados y graduales en la economía, en la sociedad o en la cultura, que no tenía como meta última la de finiquitar el sistema imperante, que Carlos consideraba básicamente adecuado, sino dar a la Monarquía un mejor tono que le permitiera ser más competitiva en el marco internacional y mejorar su vida interna, fines ambos que eran vasos comunicantes en el pensamiento carolino. Así pues, Carlos fue un actor principalísimo, el "nervio de la reforma", en la continuidad del regeneracionismo inaugurado por su dinastía desde las primeras décadas del siglo: no se inventó la reforma de España, pero estuvo sinceramente al frente de la misma durante la mayor parte de su reinado. Sin ser un intelectual, su educación le llevó a la profunda creencia de que el más alto sentido del deber de un monarca era engrandecer la Monarquía y mejorar la vida de su pueblo. Y ese profundo convencimiento lo animaría a liderar una renovación del país a través de una práctica a medio camino entre el idealismo moderado y el pragmatismo político.

Como es natural, la edad fue mermando en Carlos sus ímpetus de gobierno. En los últimos años de su vida, su progresiva pérdida de facultades lo condujeron a delegar cada vez más la tarea de gobernar en manos del conde de Floridablanca, que llegó a convertirse en su verdadero primer ministro. Tras cincuenta años de reinado, entre Nápoles y España, aunque no perdía el hilo de las cuestiones fundamentales, el rey fue comprendiendo que ya no era el de antes. De hecho, en el crepúsculo de su vida, se encontró bastante solo. Ya no tenía esposa, la mayoría de sus hermanos habían muerto, las relaciones con su otrora fraternal hermano Luis eran precarias, las que mantenía con su hijo Carlos, el futuro heredero, no eran demasiado fluidas, y sin duda resultaban tensas las existentes con su hijo Fernando, rey de Nápoles. Además, en 1783, había muerto su viejo amigo Tanucci y cinco años más tarde el mazazo de la muerte de su querido hijo Gabriel y de su esposa fue el principio del fin para Carlos: "Murió Gabriel, poco puedo yo vivir", anunció con cierta premonición. Y, en efecto, Carlos no se equivocaba. Aquel iba a ser su último invierno. Tras una breve enfermedad, el 14 de diciembre de 1788, fallecía sin aspavienteos, sin espectáculo, con sobriedad, y sin locura alguna, lo que debió ser para él un íntimo alivio.

 
Vista del Palacio Real de Madrid en la segunda mitad del siglo XVIII.


Desde luego, el reformismo moderado que siempre practicó en política no sirvió para arreglar definitivamente los profundos problemas que albergaban los dos reinos que tuvo que gobernar. No fueron pocas, incluso, las contradicciones existentes en la política carolina en parte propiciadas por el carácter y el ideario real y en parte por un mundo cambiante que se debatía entre lo nuevo y lo viejo, entre la fuerza de las innovaciones y el peso de la tradición. En el caso de España, no todas las enfermedades estaban sanadas cuando desapareció, pero, como ocurrió en Nápoles treinta años antes, bien puede decirse que su salud era mejor que al principio de su reinado. Al menos, en España pudo cumplir con lo que fue una de sus promesas más queridas: que nadie extirpara del cuerpo de la Monarquía ninguna de sus partes. En el complicado intento de mantener y renovar una Monarquía instalada en el Viejo y el Nuevo Mundo, bien puede afirmarse que Carlos III se apuntó más logros en su haber que deficiencias en su deber.