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martes, 29 de septiembre de 2015

Anécdotas Históricas -276-



El 20 de marzo de 1549, Thomas Seymour, Lord Sudeley, era decapitado en el recinto de la Torre de Londres después de ser juzgado y encontrado culpable de alta traición contra el rey Eduardo VI. Su antigua pupila y objeto de sus libidinosos deseos, la Princesa Elizabeth, se limitó a sentenciar ante sus damas:

-"Hoy ha muerto un hombre con mucho ingenio, pero con muy poco juicio."

Anécdota de: Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda (1533-1603).

Anécdotas Históricas -275-



Siendo aún una joven princesa de 16 años, Elizabeth Tudor se vio implicada en el juicio por alta traición de su ambicioso tutor Thomas Seymour, Lord Sudeley, acusado de querer secuestrar al rey Eduardo VI y pretender casarse con ella para hacerse con el trono. Pero la princesa, tan inteligente como su padre el difunto rey Enrique VIII y quizás como su madre Anne Boleyn, sin perder su sangre fría, supo desvincularse del asunto ante las inquisidoras preguntas de Sir Robert Tyrwhitt quien, al cargo del interrogatorio, le preguntó si eran ciertos los rumores que afirmaban que ella y Seymour se habían casado en secreto o planeaban hacerlo.

-"¡Nunca me casaré, ni en Inglaterra ni fuera de Inglaterra, sin el consentimiento de Su Majestad el Rey, de Su Gracia (el Duque de Somerset) y del Consejo!" Dijo Elizabeth sin parpadear, recordando punto por punto las últimas voluntades expresadas en el testamento de su padre.

Anécdota de: Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda (1533-1603). 

jueves, 12 de julio de 2012

LADY JANE GREY, reina durante 9 dias

LADY JANE GREY
1537 - 1554


"la Reina de los Nueve Días"


Lady Jane Grey (1537-1554)
fue une de las 3 hijas de lady Frances Brandon, nieta del rey Enrique VII de Inglaterra, y de Henry Grey, duque de Suffolk, y en base a ese real parentesco figuraba como una más en la línea sucesoria al trono británico si venía a extinguirse la dinastía Tudor. Contra todo pronóstico, y por deseo testamentario de su primo y prometido el joven rey Eduardo VI, heredó de la corona cuando nunca pretendió a ella, convirtiéndose en el juguete clave de su suegro en sus pretensiones políticas. Lejos de tener el control de su vida, Jane Grey se vió envuelta en la lucha de poder entre facciones protestantes y católicas.

ficha técnica de Jane Grey

-Nace en Bradgate Manor, Leicestershire, en Octubre de 1537, hija de Lord Henry Grey (1508-1554) y de Lady Frances Brandon (1517-1559), Duques de Suffolk.

-Casada el 21 de Mayo de 1553 con Lord Guilford Dudley (1536-1554), hijo de John Dudley, duque de Northumberland, en Durham House (Londres). Sin hijos.

-Proclamada Reina de Inglaterra el 9 de Julio de 1553.

-Coronada el 10 de Julio de 1553.

-Gobierna a partir del 10 de Julio de 1553.

-Depuesta el 19 de Julio de 1553.

-Ejecutada el 12 de Febrero de 1554, en la Torre de Londres.

antecedentes familiares
Doble retrato de la princesa Mary de Inglaterra y su esposo Charles Brandon, 1er Duque de Suffolk.


Cuarta hija del rey Enrique VII de Inglaterra (1457-1509), el vencedor de Bosworth Field y sucesor de Ricardo III en 1485, y de Elizabeth de York (1466-1503), hija del rey Eduardo IV de Inglaterra y hermana del asesinado Eduardo V, la princesa Mary de Inglaterra (1496-1533), fue desposada en primeras nupcias con el rey Luis XII de Francia en 1514, de 34 años mayor que ella y que ya andaba por su 3er matrimonio, a instancias de su hermano el rey Enrique VIII para dejar bien atada la alianza anglo-francesa. La unión dinástica duró bien poco cuando Luis XII falleció en 1515, dejando a Mary viuda y sin hijos, al pretender cumplir con sus esfuerzos de obtener descendencia masculina de su joven consorte inglesa. Ésta andaba ya enamorada de un miembro de su séquito inglés, el hermoso Charles Brandon, duque de Suffolk (1484-1545), representante de Enrique VIII en la corte de Francia, y se sabe que ya mantenían relaciones adúlteras a espaldas del viejo Luis XII. Como Mary se había quedado viuda y sin hijos del fallecido rey, fue encerrada durante unos meses bajo estrecha vigilancia para comprobar si "la reina blanca" estaba o no en estado de buena esperanza del difunto. Sin embargo, las sospechas de infidelidad de ésta pusieron en pie de alarma a la madre del nuevo rey de Francia, Francisco I, el cual se había encaprichado de la hermosa Mary y amenazaba con romper su enlace matrimonial con la princesa Claudia de Francia, duquesa de Bretaña, hija del finado Luis XII y de Ana de Bretaña. La evidente relación amorosa de Mary con Charles Brandon, fue decisiva en la decisión de los franceses de devolver a ésta a su país de origen y que casara cuanto antes con su amante. El mismo año (1515), y con la bendición de su hermano Enrique VIII, Mary casaba con Charles y, dos años después nacía una hija, Lady Frances Brandon (1517-1559) -Francisca-.

Retrato de Lady Frances Brandon, 3ª Marquesa de Dorset y Duquesa de Suffolk / Abajo, retrato de Henry Grey, 3er Marques de Dorset y Baron Ferrers of Groby, Duque de Suffolk.



La hija de ambos, lady Frances Brandon, casaría a su vez con el apuesto Lord Henry Grey (1508-1554) en 1534, al cual transmitiría en herencia el ducado de Suffolk a la muerte de su padre en 1545, y daría tres hijas. A falta de herederos varones, las 3 niñas recibieron la más cuidada de las educaciones que se pudieran dar a unas muchachas que entraban automáticamente, y por derecho de cuna, en el orden sucesorio dinástico de la Casa Real Británica. También hay que decir que Frances Brandon se ocupó personalmente de esta educación y que se reveló como más puntillosa y severa que su marido en esas cuestiones, utilizando cuantas veces era requerido el látigo cuando éstas dejaban despuntar su natural rebeldía adolescente y su fuerte carácter. No se escatimaron medios en la instrucción de las muchachas, como tampoco se deshechó la formación humanista lanzada por Thomas More y Erasmo de Rotterdam, en esos albores del siglo XVI.

Frances Brandon era una mujer severa y orgullosa, consciente de su real ascendencia y de su papel en el tablero dinástico de Inglaterra. Por ello se preocupó de educar férreamente a sus hijas sin olvidar convertirlas en pozos de esa sabiduría necesaria por si la Providencia viniera a interesarse por ellas y destinarlas a desempeñar papeles claves en el escenario político. Intimamente le parecía remota la idea de que sus hijas pudieran un día alzarse por encima de la condición social a la que se encontraban relegadas. Se debía de tener en cuenta que Inglaterra entraba en esa crisis cismática provocada por el encaprichamiento del rey Enrique VIII con Ana Bolena y la negativa de Roma a proceder a la anulación de su matrimonio con la Infanta Catalina de Aragón, madre de la princesa de Gales. Desde 1533 se había consumado el espaldarazo de Enrique VIII a Roma al contraer matrimonio con Ana Bolena, y al recluír a Catalina de Aragón... Por si fuera poco, había declarado bastarda a la princesa de Gales, que permanecía alejada de Londres en su confinamiento en el castillo de Ludlow. En tan solo 3 años, las circunstancias se hicieron más oscuras al enviar al cadalso a Ana Bolena con falsas acusaciones y volviendo a declarar bastarda a su otra hija Elizabeth. En 1536, aún tibio el cadáver de Ana Bolena, Enrique VIII casaba por 3ª vez con lady Jane Seymour y, al año siguiente nacía el tan ansiado heredero varón...

de Eduardo VI a Jane I


Nació entonces el principito, el ansiado heredero varón del irascible y por fín satisfecho Enrique VIII, concebido a base de dos fracasos matrimoniales anteriores que costaron el confinamiento de por vida a Catalina de Aragón y la cabeza de Ana Bolena que, irónicamente dieron a luz a dos futuras soberanas cuyos contrastes serían tan dispares como la noche y el día. La tercera consorte de Enrique VIII, lady Jane Seymour, hermana de Edward Seymour, Conde de Hertford y Duque de Somerset (1500-1552), murió de sobreparto, víctima de esas fiebres infecciosas que acechaban a cualquier parturienta por falta de higiene de las comadronas y galenos que desconocían la esterilización del instrumental quirúrgico de entonces.

Retrato de la Princesa Maria de Inglaterra, alias "Lady Mary Tudor", unica hija habida entre Enrique VIII y Catalina de Aragon; retrato fechado en 1544, y atribuido al Maestro John.


Como la única hija superviviente de Catalina de Aragón, María, a la sazón confinada en el castillo galés de Ludlow, había sido declarada bastarda y privada de su título de Princesa de Gales, en su esplendidez habitual y su mala memoria, Enrique VIII otorgó el título de los herederos del trono a su nuevo hijo al que impuso el nombre de Eduardo. La difunta Jane Seymour había, en vano, intentado reconciliar al padre con la hija. Ahora, el abismo se había agrandado con ese otro nacimiento. Lo mirara desde cualquier punto de vista, la ex-princesa de Gales consideraba tanto a la hija de Ana Bolena y al hijo de Jane Seymour, como unos bastardos y los odiaba con esa rabia amarga tan bien alimentada por su padre, del mismo modo que daba por responsable de la infeliz muerte de su madre a éste.

Habría de esperar a que su padre, cada vez más obeso y tiránico, casara en 1543 con lady Katherine Parr, para que se procediera a instancias de esta última, a un acercamiento entre padre e hija. En tan espinosa reconciliación, la nueva consorte real supo demostrar un tacto y una diplomacia tan encomiables como provechosos para las partes interesadas. Dedicó todos sus esfuerzos en recomponer los lazos familiares y que Enrique VIII volviera sobre sus declaraciones de bastardía que afectaban a sus dos hijas: María y Elizabeth, y les devolviera a ambas el rango de princesas reales.



Muerto en 1547 Enrique VIII, el niño Eduardo VI subió al trono con la clara intención de proseguir con las medidas que afectaban la vida religiosa de su país, frutos de la sonada ruptura entre Londres y Roma. Se afianzaba por tanto la Reforma Protestante que, a diferencia del luteranismo o del calvinismo reinante en diversos países del Viejo Continente Europeo, tomaría tintes propios y hasta nombre propio: el anglicanismo. Desgraciadamente, la frágil salud de Eduardo VI hacía prever un reinado bastante corto, ya que pronto se reveló en él un mal tan temible como incurable: la tuberculosis. Andaba, además, dominado por su adorado tío materno, el hermoso Edward Seymour, 1er Conde de Hertford y flamante 1er Duque de Somerset, que había convertido en Lord Protector de Inglaterra, lo que equivalía a delegar en él todo el poder de la mismísima corona. Su hermano Thomas casó, para colmo, con la viuda del difunto Enrique VIII, Katherine Parr, que ya andaba enamorada de él aún en vida del rey... y por poco le fue de que el desconfiado soberano, siempre andando con sospechas, le diera el mismo pasaporte que a sus antecesoras coronadas.

Retrato de Edward Seymour, 1er Conde de Hertford y 1er Duque de Somerset (h.1506-1552)./ Abajo, retrato de Thomas Seymour, 1er Lord Seymour de Sudeley (1508-1549).



Ya en vida de su hermana Lady Jane Seymour, los hermanos Edward y Thomas habían gozado de la real protección de Enrique VIII. Incluso después de la muerte de su hermana la reina al dar a luz al futuro Eduardo VI, éstos siguieron manteniendo su privilegiada posición en la corte. Uno y otro ascendieron y acumularon cargos, títulos y prebendas gracias a la generosidad de Enrique VIII. Y, pese a la muerte del monarca en 1547, Edward y Thomas siguieron en el candelero cortesano, aunque el primero tuvo más fortuna al hacerse con las riendas del poder y gobernar el destino de Inglaterra; un triunfo que Thomas Seymour encajó bastante mal, ciertamente, y que le llevó a urdir un golpe de Estado contra su hermano.

Lady Jane Grey, siempre ensimismada en sus sabias lecturas, devorando las obras de Sir Thomas More y de Erasmo de Rotterdam, estaba siendo barajada como la novia ideal para el joven rey Eduardo VI. A éste no le desagradaba la idea, y en cuanto a Jane, lo único que le unía al rey era un afecto propio de prima a primo, un óptimo entendimiento, pero ni un solo instante rozó por su mente la perspectiva de convertirse en reina consorte de Inglaterra, aunque no le faltaban cualidades para ello...

Las ambiciones y las sórdidas maquinaciones de Thomas Seymour acabaron por levantar ampollas en el bando rival capitaneado por el influyente John Dudley, duque de Northumberland, que también acariciaba la idea de hacerse con el poder y deshacerse del todopoderoso duque de Somerset. El Consejo Privado de Su Majestad fue entonces advertido sobre los oscuros negocios de chantaje llevados a cabo por Thomas. Lord Seymour, en vez de defenderse ante el Consejo de las acusaciones que se virtieron contra él, planeó secuestrar al rey y fue pillado in fraganti por la guardia real. Encerrado en la Torre de Londres, ni siquiera su hermano, que se negó a firmar su sentencia de muerte, pudo intervenir en su favor. Su ejecución se llevó a cabo en marzo de 1549.

Somerset molestaba demasiado y se convirtió en el siguiente objetivo de sus enemigos, que se encargaron a conciencia de hacerle caer en desgracia acusándole también de alta traición. Su crimen: haber fracasado estrepitosamente en la guerra contra Escocia, aliada de Francia... También se había atraído las antipatías del rey, quien le culpó de haberle obligado, indirectamente y "por ley", a firmar la condena a muerte de su tío Lord Thomas Seymour. De todos modos, su sobrino Eduardo VI ya no podía hacerle de valedor, ni menos protegerle de las acusaciones del duque de Northumberland, al encontrarse ya bastante enfermo y en manos de los galenos. Northumberland se encargó de llevar ante el tribunal a Somerset, acusado de traición. Encontrado culpable, Somerset fue llevado al cadalso la mañana del 22 de enero de 1552 y decapitado.

John Dudley (c.1502-1553), Vizconde Lisle, 1er Conde de Warwick y 1er Duque de Northumberland.


Eliminado el gran rival, el duque de Northumberland pudo hacer y deshacer a su antojo, erigiéndose como Lord Protector de Inglaterra, arrancando su nominación de las moribundas manos del pobre Eduardo VI, que los galenos mantenían en vida clavado en su lecho y entre terribles sufrimientos.

En vista de la degradada salud del rey, Northumberland, hombre fuerte del momento, usó de su enorme influencia y poder para obtener la mano de Lady Jane Grey para uno de sus hijos, Guilford Dudley (1536-1554), haciendo relucir ante los ojos de los padres de aquella, la posibilidad de heredar la corona de manos de Eduardo VI si jugaban bien sus cartas. La alianza entre Northumberland y los duques de Suffolk se sellaría entonces con el matrimonio de sus hijos, con la promesa de subirlos al trono de Inglaterra menospreciando el orden sucesorio dispuesto por Enrique VIII antes de fallecer, donde dejaba bien claro que, si falleciera sin hijos Eduardo VI, la corona revertiría automáticamente a su primogénita María y, después de ésta, a Elizabeth...



La boda entre lady Jane Grey y lord Guilford Dudley se celebró finalmente en Durham House, en Londres, el 21 de mayo de 1553. Ni uno ni otro sentían atracción alguna y la boda tan solo respondía a la maniobra política y al juego de alianzas de los padres de ambos jóvenes. Es más, la duquesa de Suffolk tuvo que echar mano del látigo para que su hija se doblegara y aceptara de buen grado casarse con el hijo del duque de Northumberland. Marido y mujer al fin y al cabo, no dejaban de ser unos perfectos extraños y aprendieron en su luna de miel a conocerse.

Tras asediar sin tregua al moribundo Eduardo VI, Northumberland arrancó el testamento en el cual el pobre soberano de 16 años designaba a su amada prima Lady Jane Grey, como legítima sucesora suya y garante de la continuidad de la Iglesia Anglicana en su país, con tal de evitar que María, que permanecía siendo católica y fiel al Vaticano, subiese al trono y llevara a cabo su deseo de devolver Inglaterra al catolicismo.

Fue pues por expreso deseo de Eduardo VI que Lady Jane Grey se vió catapultada al trono y a ceñir una corona que ella no ambicionaba. Muerto Eduardo VI, el Consejo Real, respaldando el golpe de Estado del duque de Northumberland, ofrecía la corona a Jane Grey el 9 de Julio de 1553, con el apoyo unánime del clero reformado de la nación. Al día siguiente fue públicamente proclamada reina de Inglaterra (10-VII-1553) como Juana I y coronada el mismo día. Su marido, Guilford, rehusó formar parte de esa "mascarada" y rechazó la corona, conformándose con tener el papel de mero consorte.

Pese a las maniobras del duque de Northumberland y al respaldo del Consejo Real y del clero anglicano, el pueblo inglés y la mayoría de la aristocracia nacional rechazaba a la joven soberana impuesta, dando por sentado que la corona pertenecía naturalmente a la primogénita de Enrique VIII, María I.



En tan solo 9 días, el efímero reinado de Juana I se dió por terminado cuando María Tudor, a la cabeza de un numeroso y leal ejército, llegaba a las puertas de Londres, tras derrotar a las tropas del duque de Northumberland que había ido a su encuentro para derrotarla. El suegro de Juana I fue arrestado y encarcelado, pendiente de juicio por alta traición. Su ejecución no se hizo esperar demasiado... En cuanto a Jane y Guilford, fueron igualmente apresados en la Torre de Londres en espera de la decisión de la nueva soberana. María I tenía en cuenta que su pobre prima no había sido otra cosa que el juguete de las ambiciones de Lord Northumberland, y a punto estuvo de perdonarla. Desgraciadamente, su padre el duque de Suffolk cometió el craso error de unirse al levantamiento armado de Sir Thomas Wyatt, en un intento de liberar a su hija y devolverla al trono. Semejante acto inclinó definitivamente la balanza: María I puso contra las cuerdas a Jane Grey, presionándola para que abjurara de su fe anglicana a cambio de la real clemencia. Jane rehusó la oferta y prefirió poner la cabeza en el tajo. Su empecinamiento fue imitado por su marido Guilford que, si bien no llegaron a ser realmente marido y mujer en el sentido literal, acabaron por amarse y apoyarse mútuamente frente al martirio que se les venía encima.

Lamentando el rechazo de Jane Grey, María I ordenó su ejecución y la de su marido Guilford. El duque de Suffolk y el duque de Northumberland ya habían sido decapitados pocos días antes y sus cabezas figuraban en las picas de la Torre...



El 12 de febrero de 1554, con los ojos vendados y vestida de blanco, Lady Jane Grey, de 16 años, la "reina de los 9 días", se arrodillaba ante el tajo y buscaba, titubeante, con las manos dónde colocar su cabeza para facilitar la faena al verdugo. Su marido le siguió poco después.

En cuanto a su hermana Catherine, ex Condesa de Pembroke y Condesa de Hertford, la reina Elizabeth I la condenó a reclusión perpétua en la mansión de Cockfield Hall, donde fallecería de muerte natural en 1568, sin ceder ni un solo ápice de sus pretensiones al trono de Inglaterra. La tercera y menor de las hermanas Grey, Mary (nacida en 1540), fallecería diez años más tarde, en 1578...

NOTAS:

Eduardo VI, Rey de Inglaterra e Irlanda (1537-1553).
Hijo del 3er matrimonio de Enrique VIII con Lady Jane Seymour, accedió al trono inglés a la edad de 10 años, en 1547, prosiguiendo con la religión anglicana instaurada por su predecesor. De salud endeble y carácter débil, su reinado aparentemente pacífico estuvo dominado por las luchas internas de su corte. A la influencia de su tío Somerset, sucedió la no menos perniciosa del duque de Northumberland, el cual hizo que el joven rey testara a favor de su prima Jane Grey, designándola como sucesora suya cuando se encontraba a las puertas de la muerte.

Edward Seymour, Conde de Hertford y Duque de Somerset (1500-1552) era el hermano de Lady Jane Seymour, la 3ª esposa de Enrique VIII y madre del rey Eduardo VI. Se convirtió en Lord Protector de Inglaterra durante los primeros años del reinado de su sobrino hasta que su desmedida ambición y su fortuna amasada a expensas de la Corona, le atrajo muchos enemigos que se confabularon para provocar su caída y su posterior ejecución.

Lady Catherine Grey (1538-1568), Condesa de Pembroke y luego de Hertford. Segunda hija de lady Frances Brandon y de Henry Grey, duques de Suffolk y marqueses de Dorset, era la hermana de Lady Jane Grey. Casó en primeras nupcias con el Conde de Pembroke quien, en 1554, la repudió alegando que su matrimonio no se había consumado. Su 2ª boda secreta con Edward Seymour, Conde de Hertford (1539-1621), hijo del ejecutado Duque de Somerset, le atrajo las iras de su prima la reina Elizabeth I, quien mandó encarcelarla junto a su marido en la Torre de Londres. Tuvo dos hijos que fueron considerados ilegítimos y, por tanto, no aptos a la sucesión real.

John Dudley, Duque de Northumberland y Lord Protector de Inglaterra (1502-1553). Rival y enemigo de Edward Seymour, duque de Somerset, al cual finalmente consiguió desbancar del poder en 1552, se erigió en el nuevo regente del reino mientras Eduardo VI agonizaba de tuberculosis, abusando de éste para dar cuerpo a sus ambiciones personales. Fue él quien organizó el golpe de Estado a través del cual consiguió que la corona recayera en su nuera Jane Grey.

Lady Frances Brandon, Duquesa de Suffolk (1517-1559), sobrina carnal del rey Enrique VIII de Inglaterra, y que representaba la 2ª línea colateral de la Casa Real con derechos al trono si viniera a faltar la descendencia de su tío y la de su tía la reina viuda de Escocia Margareth, condesa de Angus. Casada en 1534 con Lord Henry Grey, le dió a éste 3 hijas que, con el tiempo, se alzarían como pretendientes al trono inglés... Viuda en 1554, al morir en el cadalso su marido, volvió a casarse en segundas nupcias con Sir Adrian Stokes el mismo año. Fallecería 5 años más tarde.

jueves, 29 de marzo de 2012

ELIZABETH I: el pecado de la Reina Virgen



ELIZABETH I R.
Una Vida Privada Intrigante



La Reina (no tan) Virgen ?

Aunque parezca un descubrimiento de última hora, las especulaciones sobre los amoríos de la más célebre soberana inglesa del siglo XVI y sus posibles frutos no son datos que los historiadores-investigadores sacan ahora de una chistera como un prestigitador saca un conejo, para darle más emoción a la biografía de tan controvertido personaje real.

Antes que reina, Elizabeth fue princesa y, sobretodo, mujer. Una mujer que, como cualquier ser humano, tiene sus virtudes, sus debilidades, sus vicios... La reputación de uno, al fin y al cabo, consiste en tener el suficiente arte para disimular sus defectos y resaltar sus cualidades, aunque sean una exageración cuando no pura invención.

La última representante de la dinastía Tudor, la misma que pretendió casarse con Inglaterra en el momento en que ascendía hasta el solio real y recibía en su dedo índice el anillo de la coronación, y convertir a cada uno de sus súbditos en hijo suyo, fingió guardar castidad de por vida de cara a la galería: de ahí su apodo popular de "Reina Virgen". Pero, la realidad parece haber sido distinta en muchos aspectos de su vida privada. Sus historias de amor con apuestos y gallardos varones de su corte, se iniciaron mucho antes de que heredase la corona en 1558.

Retrato de la Princesa Elizabeth de Inglaterra (1533-1603), fechado en 1546-47.


Siendo aún una princesa adolescente, se enamoró pérdidamente del flamante y 4º marido de su última madrastra y tutora, la reina Katherine Parr, viuda del colérico Enrique VIII. Nos referimos a Thomas Seymour, 1er Barón Seymour of Sudeley (1508-1549), hermano de la malograda Lady Jane Seymour -tercera esposa de Enrique VIII y madre de Eduardo VI- y de Edward Seymour, 1er Duque de Somerset y Lord Protector de Inglaterra.

Retrato de Thomas Seymour, 1er Barón Seymour de Sudeley (1508-1549).


Thomas Seymour, que había sido el amante de Katherine Parr antes de que ésta consintiera casarse con el rey Enrique VIII, contrajo finalmente matrimonio con ella a los seis meses de fallecer el monarca. Sin embargo, se encaprichó de la pupila de su mujer, la princesa Elizabeth, que residía con ellos en Chelsea. Él tenía 39 años y ella 14. Lord Seymour tenía fama de irresistible entre las mujeres y sus contemporáneos lo reconocían: alto, de buena constitución física, con una espesa barba y cabello castaño tirando a pelirrojo, era un cortesano de gran porte, elegante, audaz, liberal, instruido, valiente y de voz sonora, aunque vacío de contenido.

Retrato de Lady Katherine Parr (1512-1548), Reina Vda. de Inglaterra y luego Lady Seymour.


Sea como fuere, hay indicios de un apasionado idilio entre la pupila y su tutor, hasta que fueron supuestamente sorprendidos en una postura inequívoca por Lady Katherine. Algún que otro autor, afirma que la princesa fue víctima de un cortejo que desembocó en un abuso sexual por parte de Lord Seymour, y que aquella relación adúltera confundió a la joven princesa. Para cortar de raíz el amorío de su marido y evitar un escándalo público, la princesa Elizabeth abandonará la residencia de sus tutores para instalarse en la de Anthony Denny, en Hertfordshire. Nunca volverían a verse madrastra e hijastra, pero siguieron en contacto mediante una abundante correspondencia.

Tras la muerte de Lady Katherine en agosto de 1548, tras dar a luz a una niña, Lord Seymour volvió a perseguir y a cortejar a la princesa Elizabeth. Apenas unos meses después, él mismo es arrestado la noche del 16 de enero de 1549, tras irrumpir bruscamente en los aposentos del rey Eduardo VI -su sobrino- y matar a uno de sus perros que intentó morderle. Encerrado en la Torre de Londres, el consejo le acusó oficialmente de 33 cargos por traición el 22 de febrero. Sus enemigos en la corte habían triunfado... El 20 de marzo, era ejecutado y todos sus bienes confiscados por la Corona.

Retrato de la Princesa Elizabeth fechado en 1555.


Pero, el gran amor de Elizabeth fue, sin duda alguna, Robert Dudley (1532-1588), hijo del 1er Duque de Northumberland y antiguo compañero de juegos de la infancia. Dudley era guapo, joven, atlético, atractivo, galante y divertido,... pocas mujeres se resistían a sus encantos varoniles y Elizabeth no fue la excepción. La amistad adolescente dio paso al amor. Pero, para desgracia de la enamorada, Robert estaba casado con Amy Robsart, hija de un rico escudero de Norfolk, desde el 4 de junio de 1550.

Retrato de Sir Robert Dudley (1532-1588), Lord Denbigh, 1er Conde de Leicester.


En 1553, Robert Dudley estuvo a punto de perder la cabeza al implicarse en la trama política de su padre, en la que intentó cambiar el orden sucesorio inglés al proclamar reina a Lady Jane Grey, desafiando las disposiciones testamentarias de Enrique VIII según las cuales la corona debía recaer en su hija primogénita María. La loca aventura no rebasó los 9 días: María I marchó triunfalmente hasta Londres, contando con el apoyo del pueblo y de la nobleza católica, y la fugaz Juana I terminó con su cabeza en el tajo.

Retrato de Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda de 1558 a 1603; fechado en 1559, año de su coronación en Westminster.


En 1558, cuando Elizabeth asciende al trono tras el fallecimiento de su medio-hermana mayor María I, Robert Dudley será ampliamente distinguido por ella con el cargo de Caballerizo Mayor del Reino, dinero, tierras y títulos nobiliarios. Al ser objeto de tales favores, los enemigos católicos de la nueva soberana arremeterán contra ésta difundiendo su relación adúltera con Dudley, en un momento en el que crecían las presiones sobre Elizabeth para que accediera a casar con alguno de los pretendientes extranjeros y asegurase con un hijo la continuidad y estabilidad de la Corona Inglesa.

En 1559, Robert Dudley ocupa los aposentos vecinos a los de la reina, hecho que disparará los rumores de una más que probable relación sexual entre ellos.

En 1560, la situación se agrava: la muerte accidental de Amy Robsart en Cumnor Place, pasa a ser sospechosa y suceptible de ser investigada. Muchos apuntan que fue asesinada por encargo de su marido Robert Dudley, quien ambicionaba contraer matrimonio con la reina. La reputación del suspirante y favorito real será, en consecuencia, por siempre mancillada por aquel providencial enviudamiento, arruinando sus esperanzas de casar con Elizabeth I.

Pero, a finales de 1561, la reina cae repentinamente enferma: supuestamente aquejada de hidropesía; su cuerpo se hincha de fluídos y, sobretodo, su abdomen. Un hecho en el que se fija particularmente el embajador español y reseña en sus cartas dirigidas a Madrid. ¿Hidropesía o embarazo? El caso es, que la reina tiene que guardar cama y rehuír cualquier evento oficial durante un tiempo. Pero, el asunto no acaba ahí...

Una noche de ese mismo año, uno de los sirvientes de la gobernanta y gran amiga de la reina -Katherine Ashley-, un tal Robert Southern, es requerido urgentemente en Hampton Court. El personaje se verá luego preguntado sobre si conoce a alguna ama de cría de confianza que pueda ocuparse de un infante recién nacido. Ante la sorpresa de Southern, el personal de palacio le explicará que el bebé en cuestión es fruto de un desliz de una de las damas de la reina y que era menester llevárselo lejos y cuanto antes, para evitar que la historia llegase a oídos de Elizabeth I. Por ello, se rogó a Robert Southern que tomara al infante bajo su cuidado y lo educara en Londres como si fuera uno de sus propios hijos. La única recomendación que transmitieron a Southern fue que el crío fuera educado como correspondía a todo hijo de noble caballero. Tras haberse comprometido a seguir las indicaciones a rajatabla, llevó al bebé consigo y le impuso el nombre de Arthur.

Pocas semanas después, la reina Elizabeth I pareció estar milagrosamente restablecida y reanudó con sus apariciones públicas.

En 1562, la soberana cayó nuevamente enferma pero, esta vez, se diagnosticó su mal con más claridad: la viruela. De esa enfermedad, raras veces se conseguía escapar vivo...

Otra vez encamada, presa de fuertes fiebres que la hacían delirar, Elizabeth I se temía lo peor. Reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, insistió con vehemencia, desde su cama de enferma y ante sus consejeros reunidos, que su querido Robert Dudley fuera nombrado Lord Protector del Reino en caso de que muriera, y que se le concediese una anualidad de 20.000 libras por ello. Aquellas disposiciones reales no hicieron sino confirmar, a ojos de sus cortesanos, la auténtica naturaleza de su relación con el Conde de Leicester: que era su amante.

Cosa aún más extraña, Elizabeth I ordenó que se concediera a un sirviente de Lord Leicester, John Tamworth, una pensión de 500 libras anuales. ¿Se trataba de una compensación por un gran favor hecho a la reina?¿Cual era la naturaleza de ese favor?

Pese a todo, la reina consiguió triunfar de la viruela, reponerse y ocultar con maquillaje las cicatrices dejadas por esa enfermedad mortal.

Semanas más tarde, la soberana escribió de su puño y letra una serie de oraciones tan sorprendentes como inesperadas, muy distintas de las anodinas que hasta entonces había compuesto anteriormente. En esas oraciones, mencionaba un gran pecado que había cometido, sin esclarecer cuál era aunque parece fácil de adivinar: escribió "Por mis pecados secretos límpiame. Por los pecados de los demás, pusiste a tu sierva. Muchos pecados le han sido perdonados porque ella amó demasiado..."

Retrato de la reina Elizabeth I, entre los años 1565 y 1570.


Durante todo su reinado, Elizabeth I tuvo que tomar decisiones que le fueron especialmente trabajosas cuando no duras pero, en esas oraciones, parece confesar un pecado de índole sexual y referirse a uno de los mayores sacrificios jamás hecho en su vida, como el abandono de un niño por su madre.

¿Cabría imaginar que la soberana, saludada como la Reina Virgen, tuvo una relación ilícita y que dio a luz a un hijo al que prefirió ocultar y abandonar a su suerte, antes que afrontar públicamente semejante escándalo?

Un Bastardo Inglés en Madrid

Veintidos años después del misterioso alumbramiento en Hampton Court, el bebé confiado a Robert Southern se ha convertido en un joven que descubre, no sin sorpresa, su verdadera identidad por boca de su moribundo padre adoptivo (1583). En realidad, el ya anciano Southern le confesará que él no es su verdadero padre delante de un testigo y amigo llamado Smyth, un maestro de escuela local, sin darle más detalles sobre su origen. Es el testigo, el maestro de escuela en cuestión quien le confesará, ante la insistencia del joven, que es hijo ilegítimo de Lord Leicester y de Su Graciosa Majestad.

Arthur Dudley, que viajaba a bordo de un barco inglés, naufragaría accidentalmente en el Golfo de Vizcaya cuatro años después de conocer el secreto sobre su nacimiento, en junio de 1587. Exhausto, y con barba de varios días, Arthur sería apresado e inmediatamente entregado a las autoridades para ser encarcelado en San Sebastián e interrogado sobre las circunstancias que llevaron su embarcación hasta las costas españolas. En su declaración inicial, se declara como súbdito inglés y de confesión católica, en viaje de peregrinación al monasterio catalán de Montserrat. Naturalmente, los españoles creen que se trata de un espía inglés y, por tanto, será trasladado hasta Madrid e interrogado ante una corte judicial. Preguntado sobre su identidad, éste confesó : "Soy el hijo bastardo de la Reina Elizabeth de Inglaterra y de su amante Robert Dudley."

Tamaña declaración consternó a los jueces castellanos; más en una época en que su confesión amenazaba con socavar la ya de por sí tensa relación existente entre la católica España de Felipe II y la protestante Inglaterra de Elizabeth I, y justo un año antes de que la Gran Armada fuera lanzada contra la Pérfida Albión con misión de conquistarla y someterla. Por ello, se requirió la presencia de un caballero inglés católico, exiliado en España desde la década de 1560 y que había sido consejero de la reina María I, Sir Francis Englefield, que se encargó de interrogar al prisionero y de transcribir en negro sobre blanco todo el proceso judicial llevado a cabo...

Esa increíble historia habría caído en el más absoluto olvido de no ser por las investigaciones del Dr. Paul Doherty, profesor de la Universidad de Oxford e historiador que tiene, a sus espaldas, nada menos que 70 novelas históricas escritas y publicadas.

En el curso de sus pesquisas, Doherty descubrirá al misterioso "bastardo" al dar con los denominados "Papeles Englefield", encontrando las evidencias que corroboran su existencia y la de todos los nombres de los personajes que aquél citó en su interrogatorio en junio de 1587.

Retrato del rey Felipe II de España (1527-1598), según Alonso Sánchez Coello.


Conformada por varios documentos, los "Papeles Englefield" relatan una historia de vergüenza, de intriga y subterfugio palatinos, aclarando uno de los episodios más secretos del reinado de Elizabeth I. A estos documentos se unen otras tres cartas descubiertas en la British Library, y la primera de ellas fechada a 28 de mayo de 1588 por un espía inglés que responde a las iniciales B.C.. En ésta, B.C. describe el interrogatorio de Arthur Dudley y cómo las autoridades españolas tomaron en serio sus declaraciones, hasta el punto de darle alojamiento en la villa y corte y una pensión concedida por el rey Felipe II en persona. No solo eso, sino que el espía, que había servido previamente en la corte de la reina María I, precisó que ese Arthur Dudley tenía más de un parecido físico con su supuesto padre.

El segundo documento que viene a corroborar la identidad de Arthur Dudley es el testamento de Robert Southern, documento que no sólo confirma la existencia de Southern, sino que además añade toda una serie de detalles personales del sujeto: dónde vivió, los nombres de sus amigos, su cargo y mucho más, tal y como Arthur llegó a declarar en su interrogatorio en Madrid.

Si Arthur Dudley fue un impostor, ¿por qué se tomó la molestia de nombrar a una persona que existía realmente designándolo como su tutor, y aportar tantos detalles concretos sobre él?

Finalmente, el Dr. Doherty viajó hasta el Archivo Nacional de Simancas, donde encontró una carta del mismísimo Arthur Dudley en la que no mendiga dinero, ni puesto ni trato de favor alguno a su anfitrión, lo que lleva a pensar que su alegato fue sincero. Si Arthur fue realmente el hijo ilegítimo de Elizabeth I, tuvo sobrados motivos para tener miedo; de haberse publicitado entonces la verdad sobre sus regios orígenes, se habría declarado una crisis internacional, una guerra civil y una sorprendente revisión de la historia.

Retrato de Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda (1533-1603), en un lienzo fechado en 1586.


Solo Robert Dudley y Elizabeth I supieron la verdad. Lord Leicester falleció en septiembre de 1588, un año después de que Arthur desvelase su sorprendente identidad a sus captores. La mujer que él amó le siguió a la tumba veinticinco años después, un 24 de marzo de 1603. Su desaparición marcó el final de uno de los reinados más controvertidos de la historia de la monarquía británica. Pocos soberanos fueron sujetos a tantas especulaciones como lo fue ella. Sepultada como una virgen y loada por su sacrificio personal en nombre de la felicidad de su país, la verdad sobre la vida romántica de Elizabeth I y su posible maternidad continuarán fascinando a las generaciones futuras.