Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta Reina de Inglaterra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reina de Inglaterra. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de abril de 2016

Cita de la Semana

 
 
"Los hombres luchan en las guerras. Las mujeres las ganan."
 
Frase de: Elizabeth I, Reina de Inglaterra e Irlanda (1533-1603).

domingo, 25 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -197-

"La Reina de las Bofetadas"



La creencia, bastante extendida, de que la reina Elizabeth I de Inglaterra e Irlanda (1533-1603) solía repartir bofetadas y manotazos con pasmosa facilidad, es del todo falsa. Aquí viene al pelo esa frase de "por haber matado un perro le llaman mataperros" . El cine ha contribuido a que esa creencia se convirtiera en credo, pero la última soberana Tudor nunca abusó de su autoridad ejerciendo violencia física sobre sus damas o consejeros. Tan solo se cuentan dos incidentes de este tipo en su larga vida: la vez que descubrió que una de sus damas, Mary Shelton, se había casado en secreto obviando el necesario permiso real (cosa intolerable a ojos de Elizabeth I), y la otra en que propinó un sonado bofetón al Conde de Essex, por haberle faltado al respeto de manera muy grosera ante su consejo.
En el caso de Lady Mary Shelton, y como todas las damas pertenecientes al séquito de la reina, ésta se encontraba bajo el cuidado y responsabilidad de Elizabeth I y entregada por su propia familia para que la soberana le encontrase un buen partido y casarla. El mero hecho de haber pasado por encima del "real permiso" y contraer matrimonio en secreto a espaldas de la reina (y de su familia), suponía un desafío a la autoridad real, una rebelión e insumisión que era calificada de traición muy grave. Y Elizabeth I no toleraba que pusieran en entredicho su autoridad, tomando como una burla a su confianza ese tipo de comportamientos. Que dijeran que la reina le propinó una paliza a Mary Shelton con un candelabro es, desde luego, una falsedad en toda regla. En realidad, perdiendo los nervios y llevada por la ira, Elizabeth I le propinó una bofetada y algunos golpes para demostrarle su disgusto. 

martes, 6 de octubre de 2015

CURIOSIDADES -191-

"Mal Padre"



Después de que su madre fuera ejecutada en la Torre de Londres en 1536, la pequeña Princesa Elizabeth de Inglaterra fue degradada al rango de "Lady Elizabeth Tudor" por su propio padre el rey Enrique VIII, y calificada de "bastarda". Tan solo contaba 2 años de edad. Relegada al olvido tanto por su progenitor como por la corte, que se despreocuparon totalmente de ella, creció al cuidado de su aya Lady Bryan, y tuvo que, durante mucho tiempo, usar sus viejos vestidos infantiles que acabaron por ser demasiado pequeños al pasar de niña a adolescente. En varias ocasiones, Lady Bryan se vio obligada a escribir cartas al rey para recordarle que tenía una hija desatendida y rogarle que enviase dinero ya que Lady Elizabeth no tenía qué ponerse ni con qué pagar un simple sastre.

 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

CURIOSIDADES -190-

"Higiene de Reina"



En ciertas películas sobre la reina Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603), se ha hecho bastante hincapié en la afición de la última Tudor por tomar baños, pero se trata de una exageración por parte de guionistas e historiadores. En realidad, la reina tomaba 1 o 2 baños al mes (algunos sugieren cada 15 días), cosa que para sus cortesanos y contemporáneos era un lujo extravagante cuando no una obligación por prescripción médica. Los ingleses de entonces, como el resto de europeos, solían tomar sus distancias con los baños corporales ya que el agua estaba altamente contaminada y era fuente de enfermedades que provocaban, como poco, fiebres letales. Por tanto, los baños de la reina eran tenidos por una excentricidad real. En cualquier caso, Elizabeth I observaba unas reglas de higiene bastante estrictas y no soportaba el olor corporal de los demás, por lo que sus cortesanos y sirvientes debían asearse con regularidad para evitar ofender sus reales narices.

CURIOSIDADES -189-

"Reina Activa y Cazadora"



Desde joven, la que sería reina Elizabeth I de Inglaterra (1533-1603), fue una mujer enérgica, diestra amazona amante de las largas cabalgatas al aire libre y de las cacerías. Ya siendo soberana y entrada en años, sus médicos le aconsejaron que moderase sus ímpetus a la hora de hacer ejercicios tan violentos, temiendo que sus imprudencias acabasen en una accidental caída mortal. Desoyendo los temores expresados por los doctores, continuó con sus carreras a caballo y sus cacerías como una auténtica Diana cazadora. De hecho, y pasando el tiempo, llegó a sobrevivirlos a todos. Señalada es la anécdota en que, ya con 67 años (una edad muy avanzada para la época), Elizabeth I cazó un gran ciervo con su pesada ballesta! 

jueves, 1 de mayo de 2014

CURIOSIDADES -146-

"Un regalo de 45 centímetros"

 
Retrato de la Reina Enriqueta María de Inglaterra (1609-1669), acompañada por su paje Sir Jeffrey Hudson, Kt. (1619-1682).


En la primavera de 1626, el rey Carlos I de Inglaterra y su joven consorte la reina Enriqueta María de Francia fueron los invitados de honor de un espléndido banquete ofrecido por los Duques de Buckingham en su residencia londinense. En el momento más algido de la celebración, se presentó ante la reina una enorme tarta y se le ofreció un cuchillo para cortarla. Pero, antes de que pudiera hundir el cuchillo en el pastel, éste se resquebrajó repentinamente emergiendo de él un hombrecillo perfectamente proporcionado y enfundado en una armadura en miniatura. Saltó sobre la mesa y, frente a la sorprendida reina, ejecutó una profunda reverencia y pidió que le tomara a su servicio. El hombrecillo que respondía al nombre de Jeffrey Hudson, contaba con tan solo 7 años de edad y medía exactamente 18 pulgadas (45 cms. de estatura).

La sorpresa resultó tan grata a la reina que el niño fue inmediatamente admitido a su servicio e instalado en palacio. Poco después, el hombrecillo aquejado de enanismo fue armado caballero y retratado junto a su dueña y señora por el pintor Van Dyck.

miércoles, 2 de abril de 2014

DOCUMENTAL BBC: Fit to Rule -I- (V.O.)

FIT TO RULE
FROM GODS TO MEN:
TUDORS TO STUARTS
 
 
Documental de la BBC en versión original, conducido por la Dra. Lucy Worsley, Conservadora Jefe de los Palacios Reales Históricos, en el que aborda el historial clínico y la dinámica familiar de los distintos reyes y reinas de Gran-Bretaña.
 

miércoles, 13 de junio de 2012

Anécdotas Históricas -168-



El rey Eduardo VII de Gran-Bretaña nunca permitió que su matrimonio con Alexandra de Dinamarca interfiriera en sus placeres. Desde el inicio de su vida de casado en 1863, el entonces Príncipe de Gales fue notoriamente infiel, un galán incorregible que corría tras las faldas aprovechando sus viajes oficiales o privados, al que le importaba bien poco que sus aventuras extramatrimoniales se supieran y levantasen rumores y éstos llegasen a oídos de su bella, distinguida y elegante consorte. Se dice que tuvo 55 aventuras femeninas y ni un solo hijo ilegítimo..., pero Alexandra nunca se molestó ni dejó patente su disgusto ante nadie. Cuando falleció repentinamente en mayo de 1910, la Reina Viuda Alexandra dijo a Lord Esher:

-"Ahora al menos sé dónde está."

Anécdota de: Alexandra de Dinamarca, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperatriz de la India (1844-1925).

domingo, 10 de junio de 2012

CURIOSIDADES -41-



Resulta curioso que la última y mejor rosa del jardín de los Tudor, Elizabeth I (1533-1603), sufriera de una fobia tan extraña como la de temer irracionalmente a las flores y, en particular las rosas que, por otro lado, eran el símbolo heráldico de la dinastía inglesa (combinación de la rosa blanca de York y la rosa roja de Lancaster). Esa fobia en particular, se conoce como antofobia.

miércoles, 6 de junio de 2012

Anécdotas Históricas -159-



La reina Elizabeth II de Gran-Bretaña, desde 1952, ha posado para una multitud de pintores con encargos de hacerle variopintos retratos oficiales para los ayuntamientos, regimientos del Ejército y otras instituciones importantes del Reino-Unido, lo que ha supuesto para ella tener una agenda bastante apretada ante las multitudinarias peticiones de este tipo, encontrarles un hueco y combinarlas con sus viajes y visitas oficiales dentro y fuera del país. Todos los retratistas coinciden en contar la misma anécdota sobre su primera sesión con Su Graciosa Majestad; cuando la reina entra en la habitación, siempre pregunta directamente al artista:

-"¿Con o sin dientes?"

Se refiere a la sonrisa, claro.

Anécdota de: Elizabeth II, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte (n.1926).

lunes, 30 de abril de 2012

CURIOSIDADES -26-



La reina Elizabeth I de Inglaterra e Irlanda (1533-1603) tenía un altísimo concepto de su papel de soberana y de lo que debía representar para sus súbditos y visitantes foráneos. Desde el primer día de su subida al trono, como sucesora de su medio-hermana María I (17 de noviembre de 1558), puso el listón muy alto en lo que a su corte se refiere.

En primer lugar, cabe reseñar cómo utilizó políticamente la moda para reforzar su imagen de monarca. La profusión de joyas y piedras preciosas cosidas en sus opulentos vestidos, junto con las telas más preciadas, caras y elaboradas (sedas, terciopelos) y las grandes gorgueras de encaje holandés almidonado, contribuían sobretodo a transmitir e incrementar la confianza nacional en su régimen, mediante la ostentación y la opulencia visual. Por tanto, hemos de tener por fidedignos los retratos de la reina en los que aparece con lujosos vestidos salpicados de perlas y pedrería que conformaban su nada despreciable colección personal de alhajas.
Su primer gesto al respecto fue, sin duda alguna, el día de su solemne coronación en la Abadía de Westminster (15 de enero de 1559), en la que el gran despliegue de ostentación y pomposidad formaban parte de su política de propaganda, pese a ser Inglaterra un reino más bien pobre y sin grandes recursos por entonces.

Naturalmente, a su juego propagandístico se incluía no solo su persona como reina y mujer, sino todo el conjunto de su corte que tenía que ser a imagen y semejanza de la soberana: belleza, elegancia, encanto, riqueza,... eran los requisitos imprescindibles.

Rehusó siempre admitir en su presencia o a su servicio cualquier persona que fuera físicamente desagradable: los feos y las feas le disgustaban enormemente. En cierta ocasión, rechazó dar empleo a un joven porque le faltaban los dientes de delante.

Tampoco toleraba que se le desobedeciera bajo ningún concepto. Sus damas de compañía y de honor debían ser todas solteras y adoptar un comportamiento acorde a su condición, observando la castidad. Si se enteraba que una de ellas se había casado en secreto sin haber solicitado previamente su permiso, entraba en una cólera difícil de calmar y las consecuencias podían ser terribles para los enamorados.
Nadie, de la clase social que fuere, incluyendo sus cortesanos más cercanos, podían dirigirse a ella sin hincar primero una rodilla en el suelo como muestra de respeto y sumisión. Obviamente, cuando Su Graciosa Majestad entraba en una estancia, todo el mundo debía levantarse y permanecer en pie hasta que ella decidiese lo contrario.

Durante las épocas estivales, Elizabeth I solía salir de su itinerario habitual (Londres, Richmond, Windsor, Hampton Court,...) para hacer una gira por las provincias acompañada por el grueso de la corte y del aparato de Estado, siendo lujosamente acogida y hospedada en numerosas mansiones campestres de la nobleza del lugar que visitaba; todo aquello ocasionaba no pocos quebraderos de cabeza a sus cicerones ocasionales que, en muchos casos, solían arruinarse en grandes fiestas, opíparos banquetes y fastuosas cacerías para agasajar a la soberana y a todo su séquito, y que ellos no se habrían permitido nunca en otras circunstancias.
Famosa fue la anécdota en la que, siendo huesped de su amigo y favorito Sir Robert Dudley, Conde de Leicester, se quejó de que, desde las ventanas de su habitación no podía ver el jardín. En una sola noche, y para solventar ese inconveniente, Robert Dudley mandó a todo un ejército de jardineros "crear" un delicioso jardín que, para mayor sorpresa de todos y de la interesada, apareció milagrosamente ante sus ojos a su despertar.

Ya desde su infancia, tuvo en horror el matrimonio; la suerte de su madre Anne Boleyn y de Catherine Howard (cuando tenía 8 años de edad), le marcaron psicológicamente; por ello y en parte, Elizabeth I siempre se negó a acceder a las múltiples propuestas matrimoniales que le hicieron a lo largo de su reinado. Aún princesa y en vida de su medio-hermano el rey Eduardo VI, declaró:

-"¡Jamás me casaré!".

Existieron dos motivos capitales para convencer a Elizabeth I de que el matrimonio no le convenía de ningún modo al país y a ella misma: uno de ellos fue la experiencia vivida por su antecesora en el trono, María I, que casó con Felipe II de España y cuya unión fue un fracaso en todos los sentidos, tanto políticos como personales. El segundo motivo era la tradicional sumisión de la mujer al hombre desde el momento en que ésta contraía matrimonio, lo que habría supuesto para Elizabeth I el tener que ceder parte de su poder a un consorte, y a vivir una situación conyugal tensa e insostenible a imagen y semejanza de su prima María I de Escocia; eso habría repercutido negativamente en los asuntos y la buena marcha del reino. En cualquier caso, Elizabeth I no estaba dispuesta a ceder ni un ápice de sus atribuciones a nadie, y mucho menos a un marido sobre el que no tenía autoridad por ser una hembra.
Siempre presionada por sus consejeros para que casara y diera descendencia con el fin de asegurar una mayor estabilidad a la Corona, jamás cedió. Fue ella quien, un día, dejó bien claro a su Consejo que no tendría más marido que su propio país:

-"Estoy preparada para tomar esposo, y ése es el Reino de Inglaterra."