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jueves, 27 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES -165-

"Un Rey y Padre Infernal"



El Rey Federico-Guillermo I de Prusia, Elector de Brandenburgo (1688-1740), más conocido como "El Rey Sargento" (apodo que le otorgó su cuñado Jorge II de Gran-Bretaña: der Soldatenkönig, literalmente el Rey-Soldado), era el extraño sucesor de aquel pomposo y megalómano Elector Federico III de Brandenburgo, convertido en 1701 en el 1er Rey en Prusia con el ordinal de Federico I (1657-1713) y de la inteligente princesa Sofía-Carlota de Hannover. Casado con la distinguida, refinada y culta princesa Sofía-Dorotea de Hannover - su prima y hermana del rey Jorge II de Gran-Bretaña-, era padre de catorce hijos entre los cuales se encontraba su presunto heredero el futuro Federico II "El Grande". Si siempre fue fiel a su consorte, sus celos no tenían límite y no toleraba que sus cortesanos le hicieran la corte.

Protestante espartano y piadoso, convirtió su reino en un estado militarizado y su corte en un gigantesco cuartel, acabando con la fastuosidad y pompa que caracterizó el reinado de su padre, el rey Federico I. Sus únicas residencias se fijaron fuera de Berlín: en el Palacio Real de Potsdam y en su amado castillo campestre de Wusterhausen, austeramente amueblado y que servía para la temporada de caza. Para enderezar las finanzas del Estado, Federico-Guillermo I impondrá a su corte y a si mismo un rigor presupuestario implacable; de los 142 cargos existentes en la corte de su progenitor, los reduce a 47, y deja a la mitad el número del servicio doméstico; también despide a todos los artistas de la corte y, en su 1er año de reinado, los gastos se redujeron drásticamente al 80% . Tampoco le tiemblan las manos a la hora de convertir en dinero contante y sonante todos los objetos de lujo y artísticos acumulados por sus padres, mandando venderlos en subasta, incluídos los hermosos carruajes reales y los mejores vinos de la real bodega paterna. Sin embargo, su ejército de 40.000 hombres, que era la niña de sus ojos, dobló sus efectivos hasta alcanzar los 83.000.

Si para su pueblo fue un padre severo, para su familia fue un verdadero monstruo castrador.

Las crónicas definen al segundo monarca prusiano como un auténtico maltratador, un bestia, un hombre brutal, insensible, cruel y véase psicópata. Con su estatura de 1,75 metros, era un hombre obeso, de aspecto ingrato, grosero y paquidérmico, que solo encontraba placer llenándose el buche de salchichas, cerveza y vino del Rhin, llegando a alcanzar los 130 kgrs. de peso. Pese a los esfuerzos de su madre, la reina filósofa, nunca quiso aprender el francés y siempre habló mal el alemán. Detestaba a los escritores, que tachaba de "meatintas", la música y todo lo que oliera a cultura e intelectualidad. Solo daba importancia a la actividad física, a la caza, a la vida espartana del militar. Nunca enfundaba traje alguno que no fuera su querido uniforme y vivía con gran austeridad, sin lujos ni refinamientos. De carácter violento, colérico y despótico desde temprana edad, repartía patadas y bastonazos a diestro y siniestro sin importarle el rango de sus víctimas.



Sus grandes aficiones eran su ejército (su gran obsesión y su único amor, sobretodo sus adorados soldados gigantes que conformaban su guardia personal), la caza y sus reuniones del "Tabakskollegium" en las que, rodeado de sus generales, fumaba en pipa y se emborrachaba bebiendo enormes jarras de cerveza, una tras otra hasta altas horas de la noche. Podemos imaginarnos el nivel de las conversaciones que tenían lugar en ellas. En aquellas reuniones, obligaba a sus aún jóvenes hijos varones a participar activamente: tenían que fumar, beber y reír como los adultos. Pero a su heredero no le agradaban esas costumbres tan groseras y, en muchas ocasiones, percatándose Federico-Guillermo I que hacía muecas de disgusto, vaciaba su jarra sobre su cabeza, le abofeteaba o tiraba del pelo para humillarle ante todos. En las cacerías, el Rey le obligaba a acompañarle y le prohibía llevar guantes cuando en el termómetro marcaba 10 grados bajo cero. No había día en que tratara a Federico de "pequeño marquesito francés", supremo insulto que utilizaba para remarcar sus amaneramientos, que le sacaban literalmente de quicio.

Federico-Guillermo I hacía extensiva su enfermiza crueldad y maltrato contra su hijo mayor, a sus demás hijos. En las comidas, escupía sus gargajos en los platos antes de servirlos a los príncipes y les forzaba a comerlos, estallando en carcajadas cuando éstos empezaban a vomitar de puro asco en la mesa real. Por lo demás, también se llevaban su ración de insultos y palizas en público. En resumen, fue un padre "encantador" convencido que, educando con mano dura a su prole, los convertiría en personas de provecho, honestas, rectas y piadosas como él.

jueves, 4 de septiembre de 2014

FEDERICO II DE PRUSIA: Una vida privada largamente censurada


EL TABÚ SOBRE LA SEXUALIDAD
DE FEDERICO II "EL GRANDE"




Federico II, rey de Prusia y elector de Brandenburgo (1712-1786), gobernó entre 1740 y 1786, sucediendo en el trono a su padre el rey Federico-Guillermo I apodado "El Rey Sargento". Su fama de gran estratega militar y de monarca ilustrado es de sobras conocida en la historia moderna. Sus hazañas, aventuras y desventuras militares llenan varios tomos, así como sus innovaciones en el arte de gobernar un pueblo con justicia y equidad. Pero, en cuanto a su aspecto privado, durante largo tiempo se ha silenciado su sexualidad, que chocaba frontalmente con su reputación de aguerrido soldado y rey.

En lo que toca a su vida privada, no se le conoce ninguna amante del sexo femenino en una época en que eran una verdadera institución real, a excepción de una, la Condesa Anna Karolina Orzelska, hija natural del Elector Federico-Augusto I de Sajonia y Rey de Polonia como Augusto II "El Fuerte". De hecho, a Federico II le interesaba más la compañía masculina que la femenina.

 
Retrato del Tnte. Peter Karl Christoph von Keith (1711-1756).


En su adolescencia y con 16 años, Federico encuentra en Peter Karl Christoph von Keith un amigo sincero y fiel cuya familiaridad, a decir de su hermana mayor la Princesa Wilhelmina, va más allá de los límites exigidos entre un príncipe heredero y un joven paje. Su padre el rey Federico-Guillermo I, haciéndose eco de la particular amistad que une su heredero al joven, zanja brutalmente el tema y exilia a Von Keith. A éste le sucederá un joven soldado, el teniente Borcke, del cual el Kronprinz caerá enamorado a juzgar por el contenido de una carta en la que se le sincera abiertamente. Se ignora si el joven teniente le respondió en los mismos términos. Poco después, se produce el encuentro con el hijo de un general, Hans Hermann von Katte, 22 años; es un flechazo para un Federico de 18 años. Ambos planean huir juntos a Inglaterra para escapar de la tiranía paterna y proseguir con su idilio. La aventura acaba brutalmente y en tragedia: Federico y Von Katte son arrestados, encarcelados y torturados en Küstrin, juzgados por alta traición y, aunque los jueces se inhiben y declaran su incompetencia para juzgar al joven príncipe heredero, Federico-Guillermo I irá más allá. El Príncipe heredero se verá condenado a prisión y a asistir, horrorizado, a la ejecución capital de su amigo.


 
Retrato del oficial Hans Hermann von Katte (1704-1730), según Georg Lisiewski.
 
 
Retrato de la Duquesa Elisabeth Christine von Brunswick-Wolfenbüttel-Bevern, Reina consorte de Prusia y Electriz de Brandenburgo (1715-1797); obra de Antoine Pesne.
 


Aunque su matrimonio forzoso con la Princesa Elisabeth-Christine de Brünswick-Wolfenbüttel-Bevern haya sido probablemente consumado a lo largo de sus primeros años de vida conyugal en el Castillo de Rheinsberg, su esposa es rápidamente relegada a sus aposentos del Palacio Real de Berlín y literalmente abandonada a partir de su ascenso al trono en 1740. Si no le rinde visita, Federico insiste para que ésta sea tratada con respeto y reciba las atenciones debidas a una reina. La homosexualidad del rey Federico II de Prusia permanecerá, durante mucho tiempo, como un secreto de Estado que la decencia de los manuales de historia, el pudor de los biógrafos y los prejuicios de los historiadores prusianos condenan al silencio. De manera alusiva, se la mencionaba: "un rumor pudiendo explicar el misterio que rodea su vida privada, indica una herida mal curada como causante de la impotencia." Más valía un rey eunuco que invertido.



Voltaire no se anda con rodeos ni alusiones floreadas para abordar los gustos sexuales de Federico II. En 1759, escribía:

"Cuando Su Majestad era vestida y calzada, el estoico concedía algunos momentos a la secta de Epicuro: mandaba que vinieran ante él dos o tres favoritos, fuesen tenientes de su regimiento, pajes o jóvenes cadetes. Tomaban café. A aquél a quien se echaba el pañuelo se quedaba un cuarto de hora a solas con el rey. Las cosas no iban hasta las últimas consecuencias, dado que el príncipe, en vida de su padre, había sido muy maltratado en sus amoríos fugaces y no menos mal curado. No podía jugar el primer papel: tenía que contentarse con los secundarios."

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Su médico privado, el Doctor Johann Georg Zimmermann, publicó un libro después de su muerte (1786) para cortar de raíz lo que consideraba una calumnia lanzada por los franceses, y habla de una supuesta gonorrea mal curada y de una castración accidental. Sin embargo, los médicos forenses anotaron claramente, en negro sobre blanco, que el cuerpo del monarca no había sufrido mácula alguna.

 
Retrato de Michael Gabriel Fredersdorf (1708-1758); obra de A. Pesne.


Cuando se encuentra prisionero en la plaza fuerte de Küstrin, y siendo aún Príncipe Heredero de Prusia, Federico conoce a dos personas que jugarán un importante papel en su vida: Michael Gabriel Fredersdorf y el Conde von Keyserlingk. Del primero, Voltaire escribió: "Ese soldado, joven, hermoso, bien proporcionado y que tocaba la flauta, sirvió en más de una manera para divertir al prisionero." Aunque hijo de campesinos, y cuando Federico II sube al trono, es elevado del cargo de paje del rey al de chambelán privado y tesorero, director del teatro real y, finalmente, canciller del reino y coordinador de los servicios secretos prusianos.

Del segundo, un poema escrito por el propio Federico a su llegada al castillo de Charlottenburg, deja clara la naturaleza de su amistad e intimidad. Siendo la homosexualidad considerada cosa contra natura en el siglo XVIII, el poema prueba que, para Federico II, no lo era en absoluto, desmarcándose así de la opinión general de su tiempo.


lunes, 5 de noviembre de 2012

EL PALACIO REAL DE BERLÍN: muerte y resurrección



El palacio real de Berlín, que fue la principal residencia y sede de la monarquía prusiana desde el siglo XV hasta inicios del siglo XX, debió principalmente su aspecto y ordenación definitiva al arquitecto barroco Andreas Schlüter (1664-1714). Schlüter dio cuerpo al deseo del entonces Elector Federico III de Brandenburgo de tener un palacio a la medida de sus expectativas en el corazón mismo de la capital, que reemplazase la vetusta residencia de sus antecesores en la que se entremezclaban añadidos y ampliaciones de diferentes estilos y épocas. Las obras iniciadas en 1699, se darían por terminadas en 1706.

 
Grabado de 1702 que representa el Palacio Real de Berlín construído para Federico I de Prusia por Andreas Schlüter. / Abajo, otro grabado que presenta el palacio en 1760, reinando Federico II "el Grande".
 
 


De palacio electoral y ducal pasó a ser real en 1701 cuando Federico III de Brandenburgo se convirtió en el primer "rey en Prusia", por gracia del Emperador Carlos VI de Austria y en agradecimiento por su apoyo en el conflicto europeo que se estaba fraguando tras el ascenso al trono español del nieto de Luis XIV de Francia. Bajo Federico I y su hijo Federico-Guillermo I "el rey-sargento", el Stadtschloss de Berlín fue ampliándose hasta tener unos 85.000 metros cuadrados de extensión, bajo la batuta de los arquitectos Johann Friedrich Eosander von Goethe y Martin Heinrich Böhme. El palacio, dotado de tres plantas, evolucionó alrededor de dos patios interiores y albergó, además de la residencia real, los despachos de la alta administración prusiana. En 1850, los últimos retoques finalizan con la construcción de la enorme cúpula que corona la capilla palatina, reinando Federico-Guillermo IV.

La Gran Guerra de 1914-1918, sentencia no sólo las ambiciones imperialistas del káiser Guillermo II y su hegemonía europea, sino que decreta su abdicación y el exilio de la dinastía de Hohenzollern. En noviembre de 1918, tras su renuncia formal, el último rey-emperador abandona los muros del palacio real para encontrar asilo en Holanda y, desde sus balcones, se proclama la Iª República Socialista Libre Alemana que, luego, sería conocida como República de Weimar.



Con la IIª Guerra Mundial y los bombardeos incendiarios de la RAF sobre Berlín, parte del palacio real es arrasado y convertido en ruinas. Cinco años después de la capitulación del IIIer Reich, en 1950, todo el vasto edificio es reducido a escombros y reemplazado por un palacio hecho de acero, cristal ahumado y mármol de dudosa estética para ser sede del gobierno de la República Democrática Alemana y de su parlamento, en un Berlín dividido en dos por el famoso muro.

Con la caída del muro de Berlín en diciembre de 1989 y la desaparición de la RDA, operándose la reunificación alemana (1990) bajo la batuta del canciller Helmut Kohl, el palacio de la RDA es abatido por insalubre. Ya en 2002, el Bundestag había votado a favor del proyecto Humboldt Forum, que perseguía la idea de reconstruir el desaparecido palacio real. Su coste se cifra entre 500 y 800 millones de €uros, siendo su financiación en gran parte privada. Pero, desde el estallido de la crisis financiera global (2008), las obras han sido interrumpidas hasta 2014.

 

jueves, 8 de septiembre de 2011

LA CONDESA VON COSEL

ANNA-CONSTANTIA VON BROCKDORFF,

CONDESA VON COSEL, 1680-1765



Anna Constantia von Brockdorff nació en la localidad de Gut Depenau, próxima a Burg Stolpen, en el ducado de Holstein (Dinamarca), el 17 de octubre de 1680. Su padre, Joachim, Ritter von Brockdorff -con rango de caballero-, pertenecía a esa nobleza menor de provincias mientras que la madre, Anne Margarethe Marselis, procedía de la opulenta burguesía Hamburguesa. Dada la fortuna de los padres, la hija recibió una sorprendente a la par que amplia educación para una mujer de su época y que tan solo se daba raramente, casi de manera excepcional, en algunas grandes familias de la aristocracia europea. Destacarían sus conocimientos de aritmética y geometría. Sin embargo, tenía un carácter y un temperamento muy fuertes que la llevaban a destacar siempre. Dado su genio y figura, la vivaz Anna Constantia de entonces 14 años, sería a la postre convenientemente introducida en la pequeña corte ducal de Holstein-Gottorp, siendo la fortuna materna y la nobleza paterna unas inmejorables cartas de presentación para los duques Christian-Alberto y Frederika-Amalia de Holstein-Gottorp (nacida Princesa Real de Dinamarca). Con tal de domar la fierecilla impetuosa, se le buscó empleo y lugar donde aprender a pulir sus maneras, dandole el puesto de dama de compañía de la hija de los duques, la princesa Sophie-Amalia de Holstein-Gottorp (1694).


Retrato del Duque Augusto-Guillermo de Brünswick-Wolfenbüttel-Lüneburg (ob.1731). / Abajo, retrato del hermano del anterior, el Duque Ludwig-Rudolf de Brünswick-Wolfenbüttel-Lüneburg (1671-1735), amante de Anna-Constantia von Brockdorff, entonces dama de compañía de su cuñada.


Doce meses después, y habiendose comprometido la princesa holsteiniana con el heredero del ducado de Brünswick-Wolfenbüttel-Lüneburg, el duque Augusto-Guillermo, Anna Constantia von Brockdorff tuvo que hacer sus baúles y seguir a la novia a su nuevo destino en Alemania. Una vez allí, la hermosa dama de compañía de la flamante duquesa de Brünswick-Lüneburg se dejó conquistar por el cuñado de ésta, el duque Ludwig-Rudolf (entonces casado con la condesa Christine von Oettingen), y el escándalo no tardó en hacerse público cuando Anna Constantia constató que había caído encinta de su principesco amante. La estancia de la dama de compañía en la corte ducal alemana se hizo insostenible y fue fulminantemente expulsada y devuelta al hogar paterno, para mayor disgusto de sus padres.


Retrato del Barón Adolf Magnus von Hoym, Caballero Gran Cruz de la Real Orden del Danebrog.

No se sabe muy bien si su embarazo llegó a traducirse en un parto o hubo aborto provocado. El caso es que, al pasar un tiempo, Anna Constantia volvió a abandonar el hogar familiar para convivir con un nuevo amante, el Barón Adolf Magnus von Hoym, en el castillo de Burgscheidungen (1699). Tras cuatro años de escandaloso concubinato, los amantes se casaron para legalizar su unión el 2 de julio de 1703 y, tres años después, se separaban. La flamante Baronesa von Hoym, ya separada de su marido, se trasladó entonces a la corte sajona, en Dresden, en busca de una nueva oportunidad para rehacer su vida.

Retrato del Elector Federico-Augusto I de Sajonia (1670-1733), Rey electo de Polonia bajo el ordinal de Augusto II y apodado "el Fuerte", según una pintura de inicios del siglo XVIII.


Pese a sus antecedentes poco edificantes, Anna Constantia supo muy bien sacar provecho de sus armas de mujer para llamar la atención del mujeriego Elector Federico-Augusto I de Sajonia, también Rey Electo de Polonia con el nombre de Augusto II "el Fuerte". La consorte del monarca sajón y polaco, la princesa prusiana Christiane-Eberhardine de Brandenburgo-Bayreuth, fervorosa luterana, se había separado de él y retirado en el castillo de Pretzsch cuando éste, para poder ceñir la corona de Polonia, no dudó en abjurar de su fe protestante para abrazar la católica, confesión exigida por los polacos a cualquier candidato al trono. Indignada por ese oportunista cambio de religión, ésta optó por abandonar a su marido esgrimiendo su conflicto religioso y su total rechazo a esa maniobra política.


Retrato de la Margravina Christiane-Eberhardine von Brandenburg-Bayreuth, Electriz de Sajonia y Reina consorte de Polonia.

Pero el abandono de la Electriz consorte no pareció afectar lo más mínimo al Elector Federico-Augusto I de Sajonia, decidido a ceñir la corona polaca. Formidable mujeriego, el flamante Rey de Polonia Augusto II había hecho pública su adúltera relación con una hermosa condesa germano-sueca de renombrado linaje, Maria-Aurora von Königsmarck. Ésta había traido al mundo el fruto de sus ilícitos amores con el monarca sajón, el futuro Mariscal-Conde Mauricio de Sajonia, y pronto se vió tumbada por una estrella naciente de rancio abolengo, Ursula Katharina von Altenbockum, Duquesa de Teschen, y relegada a la vida monacal encontrando digno retiro en la abadía de Quedlinburg (de la cual llegaría a ser abadesa con rango de princesa soberana).


Retrato de Anna-Constantia von Brockdorff, Baronesa von Hoym y Condesa von Cosel.

Corriendo el año de 1704 a 1705, Anna Constantia von Brockdorff se empeñó en brillar más que la Duquesa de Teschen y se las arregló para conquistar el corazón del rey Augusto II y tenerle rendido a sus pies. Convertida en la nueva estrella ascendente de la corte de Dresden, la Baronesa von Hoym empezó a hacer sombra a su rival quien tuvo que hacer sus baúles y dejarle el sitio. Augusto II, loco de pasión por ella, la convirtió oficialmente en su nueva favorita todopoderosa y, en 1706, le concedió el título de Condesa von Cosel (Reichsgräfin von Cosel, que implicaba el prestigioso rango de Condesa del Sacro Santo Imperio Romano Germánico), amablemente ratificado por el Emperador José I de Austria. Semejante distinción coronaba su fulgurante carrera de favorita real y dejaba patente su enorme influencia sobre su real amante.

De sus amoríos con Augusto II nacieron tres retoños, dos hijas y un varón:

-Augusta Anna Constantia, n.24-feb.1708

-Frederika Alexandrine, n.27-oct.1709

-Friedrich Augustus, n.27-ago.1712

No contenta con reinar en la cama y en palacio, la Condesa von Cosel también amplió su campo de acción hasta inmiscuirse en los asuntos de la alta política. Su enorme ambición hizo que se granjease la enemistad de ciertos personajes influyentes de la corte sajona, a los que les faltó tiempo para tejer una conspiración que perseguía su caída. Desgraciadamente, la ambiciosa condesa les dió el motivo perfecto para tumbarla: Anna Constantia había conseguido arrancar de manos de su real amante una promesa escrita en la que Augusto II se comprometía a casarse con ella y coronarla reina.

Triple retrato de los reyes Augusto II de Polonia, Federico I de Prusia y Federico IV de Dinamarca y de Noruega, fechado en 1709, año en que los tres monarcas sellaron una triple alianza.


El chantaje se volvería finalmente contra ella al hartarse el rey de sus exigencias, y sus enemigos, en 1712, encontraron a la candidata ideal para erigirla en su más terrible rival: la joven y hermosa polaca Maria-Magdalena Bielinska, Condesa von Dönhoff. Puesta en el camino del rey, la joven polaca no tardó en enamorar al empedernido faldero asestando así un golpe mortal a la Condesa von Cosel, cuya belleza física se había opacado tras sus tres alumbramientos.


Schloss Pillnitz: recreación virtual del recinto palaciego a orillas del Elba, y residencia de verano de la corte sajona en tiempos del Elector Federico-Augusto I "el Fuerte" -Augusto II de Polonia-.


Retrato del Conde Detlev Christian von Rantzau (1684-1771), primo de la Condesa von Cosel.

Menos de un año después, en 1713, la Condesa von Cosel se vió repentinamente invitada a abandonar la corte de Dresden y a retirarse en el castillo de Pillnitz, por expresa orden del rey. Pero Anna Constantia no era como las anteriores amantes de Augusto II; no estaba dispuesta a resignarse y a sobrellevar la derrota cómodamente arrinconada, no sin luchar antes y librar la última batalla. Lejos de inclinarse amablemente ante la orden real, en 1715 hizo sus baúles y se dirigió, desafiante, a Prusia con el fin de recuperar la famosa carta en la que Augusto II se comprometía a casarse con ella, y que por entonces andaba en manos de un primo suyo, el conde Detlev Christian von Rantzau que, por curiosas casualidades de la vida, se vió inopinada y arbitrariamente encerrado en la cárcel de Spandau. Para colmo de males, la audaz condesa fue detenida por la policía prusiana (siguiendo las órdenes del rey Federico-Guillermo I, gran aliado de Augusto II) en la localidad de Halle an der Saale el 22 de noviembre de 1716 y devuelta a la frontera sajona donde fue entregada a la policía de Augusto II, e intercambiada por unos desertores prusianos. Fue arrestada bajo la acusación de rebeldía y traición, tachada de "criminal de Estado" por haber hecho caso omiso de la orden que la confinaba a Pillnitz y por "atentar" contra la seguridad del Estado.


Retrato del Elector Federico-Augusto I de Sajonia, Rey Augusto II de Polonia, en una miniatura esmaltada debida a Boit y fechada en 1718.

¿Qué fue de la famosa carta que comprometía al rey Augusto II? Seguramente los servicios secretos sajones se encargaron de confiscarla al depositario, tras confinarle en la prisión de Spandau, gracias a la preciosa colaboración del rey de Prusia. Puesto que se trataba de un Asunto de Estado que atañía directamente a Augusto II, la Condesa von Cosel y su primo el Conde von Rantzau debían ser silenciados y apartados de la circulación.


Retrato de Anna-Constantia von Brockdorff, Condesa von Cosel, realizado en su madurez.

Encerrada como una criminal, Anna Constantia fue finalmente sentenciada al exilio en la localidad que la vio nacer. Asignada a residencia de por vida, pasó sus últimos cuarenta y nueve años confinada en Stolpen.

El 1 de febrero de 1733, el rey Augusto II de Polonia y Elector de Sajonia (como Federico-Augusto I), fallecía. Su hijo y sucesor, el Elector Federico-Augusto II, también elegido rey de Polonia bajo el nombre de Augusto III, no pareció preocuparse por la suerte de la antigua amante de su padre y, ciertamente, tampoco pensó en levantar la orden de confinamiento que pesaba sobre ella aunque había dejado de ser un peligro en potencia.

De hecho, extraña sobremanera que la condesa von Cosel no aprovechara las dos ocasiones que se le presentaron en 1745 y en 1756, cuando el ejército sajón tuvo que retirarse ante el avance de las tropas prusianas, para huir y recobrar su libertad.

El 31 de marzo de 1765, a la edad de 85 años, Anna Constantia von Brockdorff, Reichsgräfin von Cosel, se apagaba serenamente en su residencia de Burg Stolpen.
 
El viejo castillo sajón de Burg Stolpen erigido sobre una montaña de basalto, según un grabado alemán de 1770, cinco años después de la muerte de la Condesa von Cosel...