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martes, 26 de abril de 2016

SAINT-SIMON, el favorito de Luis XIII

EL PRIMER DUQUE DE SAINT-SIMON
Auge y caída de un favorito real
 
 

Claude de Rouvroy, Conde de Rasse, 1er Duque de Saint-Simon y Par de Francia, Vizconde de Clastres, Barón de Benay, Vidamo de Chartres, Señor de La Ferté-Arnault (La Ferté-Vidame) y de Beaussart (Castillo de Saint-Simon, Picardía, Francia, 16-08-1607 / Castillo de La Ferté-Vidame, 03-05-1693). Fue un cortesano, Primer Escudero de Francia, Lobero Mayor del Reino, Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey, Caballero de la Orden del Espíritu Santo y de San Miguel, consejero de Estado y favorito del rey Luis XIII de Francia.

Orígenes

La filiación de la noble familia De Rouvroy de Saint-Simon está auténticamente establecida desde Mathieu de Rouvroy apodado "el Tuerto", que vivió a inicios del siglo XIV. El apodo de "el Tuerto" fue igualmente llevado por el hijo y el nieto de Mathieu, dándose la curiosa coincidencia que los tres perdieron un ojo en acto de servicio.

El apellido De Rouvroy viene de la tierra y señorío del mismo nombre, situado en la riba izquierda del Somme, a media legua de Saint-Quentin, en Picardía. Ese feudo estaba, en 1047, en manos de Gautier de Rouvroy, tutor del Conde de Vermandois.

Fue a partir de la boda en 1333 de Mathieu II de Rouvroy "el Tuerto", caballero, señor du Plessis-Choiseul (1315-1389), con Marguerite, Dama de Saint-Simon y última heredera de un linaje que se cree procedente en quinto grado de Eudes "el Insensato", señor de Saint-Simon y único hijo de Herbert V, último Conde de Vermandois y miembro de la dinastía Carolingia, cuando los De Rouvroy unen a su nombre el del señorío de Saint-Simon.

Familia

Hijo segundón del Caballero Louis II de Rouvroy de Saint-Simon, Señor du Plessis-Choiseul y de Rasse (1568-1643), gobernador y baílio de Senlis, y de Denise de La Fontaine de Lesches, Dama de Lesches, de Vaux-sur-Meulan y de Boubiers (hija de Louis, Señor de Lesches, y de Jeanne de Canjon, Dama des Orgereux), tuvo por hermano mayor a Charles de Rouvroy, Marqués de Saint-Simon (1601-1690), jefe de su casa y casado con Louise de Crussol (1606-1695), hija de los Duques de Uzès. Ambos representaban la rama de Rouvroy de Rasse, surgida en el siglo XVI.

Después de Charles, Marqués de Saint-Simon, y de Claude, Conde de Rasse, vinieron los siguientes hermanos:

-Louis de Rouvroy de Saint-Simon, Caballero de la Orden de Malta (+1697), Abad de Saint-Sauveur de Blaye, Comendador de Pézenas y de Piéton, Capitán del Regimiento de Guardias y Comandante en el asedio de La Rochelle.

-Jeanne de Rouvroy de Saint-Simon, c.c. Louis de Fay, Señor de Château-Rouge y de Cressonsac.

-Louise de Rouvroy de Saint-Simon, c.c. Laurent Charles du Châtelet, Señor de La Fresnière.

Carrera en la corte



Sin embargo, el padre se ha visto arruinado por las guerras de religión y la familia vive sobretodo del sueldo que obtiene de la Corona como gobernador y baílio de la ciudad de Senlis, sin lujos. Claude, por ser el segundón, es enviado a la corte bajo el nombre de "Conde de Rasse", colocado como paje de la Pequeña Montería del Rey Luis XIII y consigue prosperar rápidamente al captar el interés y la amistad del monarca. Según el cáustico Tallemant des Réaux, la virtud esencial del joven Claude de Rouvroy es la de "no babear en el cuerno de caza del rey" pero, sobretodo, el de seguir fielmente al rey en todas sus campañas. Tampoco resulta ser un mal cortesano cuando, en el curso de la Jornada de los Engaños, respalda y sostiene al Cardenal de Richelieu frente a los Grandes y a la Reina-Madre María de Médicis. Ese gesto tan inteligente le brindará el favor, nada despreciable, del cardenal y primer ministro... Las recompensas no se harán esperar demasiado.

Pronto, en 1627, se convierte en el Primer Montero de Francia, después en el Lobero Mayor del Reino (1628) y en Primer Gentilhombre de la Cámara del Rey, brindándole un trato constante e íntimo con Luis XIII. Como soldado, se distingue en el asedio de La Rochelle y, como premio, recibe el señorío de parte de la ciudad conquistada a los hugonotes. En 1630 es nombrado gobernador de Blaye y de los castillos reales de Saint-Germain y de Versailles. Finalmente, en enero de 1635, recibe su carta patente de 1er Duque de Saint-Simon con paridad francesa y es recibido en el capítulo de la Orden de los Caballeros del Espíritu Santo, convirtiéndole en caballero de las Ordenes del Rey.



Sin embargo, en 1636, cae en desgracia por haber traicionado el secreto del Consejo del Rey al que asiste: dio aviso a su tío el Barón de Saint-Léger de que éste había sentenciado su arresto y encarcelamiento por haber entregado demasiado rápido las armas y la plaza fuerte que defendía como gobernador.

Después de una década como favorito real, el duque es exiliado en Blaye, territorio del cual es gobernador y del que saca una sustanciosa renta de 60.000 libras anuales. Tan solo se le autorizaría volver a pisar la corte en 1643, estando ya muerto el Cardenal de Richelieu, y pudiendo asistir a la agonía de Luis XIII.

A partir de ese momento, se aparta de cualquier asunto político o público, lo que no le impide tomar abiertamente partido por la regente Ana de Austria y por el Cardenal de Mazarin durante las guerras de la Fronda.

En 1644, contrae matrimonio con Diane-Henriette de Budos, Marquesa de Portes y Dama de Honor de la Reina-Regente (1629-1670), hija de un vice-almirante de Francia, el Marqués Antoine Hercule de Portes, y de Louise de Crussol d'Uzès. De dicha unión nacerían tres hijos:

-Gabrielle Louise de Rouvroy de Saint-Simon, Marquesa de Portes (1646-1684), c.c. Henri Albert de Cossé, 4º Duque de Brissac y Par de Francia.

-Louis de Rouvroy de Saint-Simon, Marqués de Portes (1650-1651).

-Marie-Madeleine de Rouvroy de Saint-Simon, Madame de La Ferté (1659-1665).



Viudo en 1670 e inquieto al ver que no tiene heredero varón que pueda dar continuidad al ducado, que su hermano mayor tampoco tiene hijos, contrae un segundo matrimonio a sus 67 años con Charlotte de L'Aubespine de Châteauneuf (1640-1725), quien le dará el heredero tan ansiado:



-Louis III de Rouvroy de Saint-Simon, Vidamo de Chartres y futuro 2º Duque de Saint-Simon (1675-1755).

Desde entonces, dedica todos sus esfuerzos y utiliza todos sus viejos contactos en la corte para proporcionar una excelente educación y asegurar un puesto en ésta a su hijo. Fallecería justo después de recibir, con no poco alivio, el nombramiento de su hijo al rango de capitán bajo el amparo y protección del rey Luis XIV.

martes, 11 de agosto de 2015

Cita de la Semana



"Dadme seis líneas escritas por la mano del hombre más honesto y encontraré algo para mandarlo ahorcar."

Frase de: Cardenal Armand-Jean du Plessis de Richelieu, 1er. Duque de Richelieu & Par de Francia (1585-1642), Primer Ministro de Francia.

lunes, 13 de octubre de 2014

LUIS XIII, REY DE FRANCIA Y NAVARRA

LUIS XIII "EL JUSTO"
REY DE FRANCIA & DE NAVARRA
1601 - 1643



FICHA TÉCNICA:

-Nacido el 27 de septiembre de 1601, en el Castillo Real de Fontainebleau.

-Hijo de: Enrique IV, Rey de Francia y de Navarra, y de María de Médicis, Princesa gran-ducal de Toscana.

-Proclamado rey de Francia y de Navarra el 14 de mayo de 1610, en París.

-Coronado el 20 de octubre de 1614, en la Catedral de Reims.

-Casado el 25 de octubre de 1615, en Burdeos, con la archiduquesa Ana de Austria, Infanta de España, hija del rey Felipe III de España y de Margarita de Austria.

-Hijos habidos: 2 varones =>

-Luis-Diosdado, Delfín de Francia (futuro Luis XIV), 1638-1715.

-Felipe, duque de Anjou y de Orléans, 1640-1701.


-Fallecido el 14 de mayo de 1643, en el Castillo Real de Saint-Germain-en-Laye.

 


Luis XIII: el Rey niño



La posteridad le otorgó el apodo de "el Justo", aunque el más apropiado sería el de "el Enigmático"; severo, austero en su modo de vestir (austeridad no exenta de majestad), aparentemente indolente, serio, cínico, su perfil psicológico se nos revela digno de interés. Luis tan solo tiene 9 años de edad cuando su padre Enrique IV muere apuñalado por François Ravaillac, el 14 de mayo de 1610. Éste había instituído, en previsión de su próxima campaña militar contra los Imperiales y Españoles, un Consejo de Regencia que su viuda, la intrigante y ambiciosa María de Médicis hace anular por el Parlamento de París. Declarada regente, gobierna rodeada de dos personajes florentinos inquietantes: su hermana de leche, Leonora Dori Galigaï, una escuálida enana epiléptica, y el marido de ésta, Concino Concini, dos aventureros devorados por sus ambiciones personales. Esos dos personajes subyugan a la soberana y detentan por ésta una enorme influencia en la corte francesa.

 
Grabado de 1610 reproduciendo la remembranza del asesinado rey Enrique IV en el Palacio del Louvre. / Abajo, coronación de la reina María de Médicis en la abadía de Saint-Denis.
 
 

 
Detalle de un retrato del rey Luis XIII de Francia y de Navarra con 9 años de edad.


Mal amado por una madre que no se preocupa por él, Luis es pegado por un si o por un no, crece en solitario con la única compañía de su servidumbre que se compadece sinceramente de su paupérrima condición de niño-rey tutelado. Sus únicas distracciones consisten en sus clases impartidas, sus ratos de juegos infantiles con sus soldados de plomo, bajo la vigilante mirada de su médico Héroard. Infancia triste en la que abundan desprecios y desaires públicos por parte de su progenitora y de los favoritos de ésta. Si ríe demasiado fuerte o salta en sus habitaciones, la Galigaï manda que se calle y que no arme jaleo, ya que sus aposentos se encuentran justo encima de los de aquella fea enana. Entre las mayores afrentas infligidas al niño-rey, ver como el valido Concino Concini se sentaba en su sillón durante las sesiones del Consejo de Ministros y que, sabedor de esto, Luis se presentase para protestar airadamente y verse automáticamente desautorizado por su madre de la forma más humillante que se pueda concebir, ante una atónita pléyade de ministros. Éste, sería uno de los principales motivos para que se colmase el vaso de la paciencia de Luis XIII.

 


LA REVOLUCIÓN DE PALACIO: caída del valido Concino Concini.

 
Retrato del valido Concino Concini, Marqués d'Ancre y Mariscal de Francia.


Apenas nueve meses después del fallecimiento de Enrique IV, el gran ministro Sully, protestante y hábil gerente de las finanzas y recursos del país, presenta su formal dimisión ante una regente que ha hecho de pies y manos para aislarle en el Consejo Real. El duque de Sully abandona sus cargos a principios de 1611, y se retira del escenario público con honores de hombre de Estado. Poco después, María de Médicis apuesta por un acercamiento político con Madrid y Viena, mediante el arreglo matrimonial de dos de sus hijos con infantes españoles: Luis XIII es prometido a la Infanta Ana de España, y su hermana Elisabeth al Príncipe de Asturias (futuro Felipe IV de España). Mientras, Concini, convertido en marqués d'Ancre y mariscal de Francia (sin haber jamás pisado un campo de batalla), practica una política de maquinaciones e intrigas mientras se entrega a un auténtico pillaje del Tesoro de manera tan descarada que los Grandes, los protestantes y el Pueblo Francés empiezan a soliviantarse y entran en guerra abierta contra la regencia. Pensando calmar las tensiones y la crispación generalizada, María de Médicis decide convocar los Estados Generales en 1614.



Luis XIII llega a su mayoría de edad al cumplir los 13 años y es coronado rey de Francia y de Navarra en la catedral de Reims en octubre de 1614. Una semana más tarde, se celebran los Estados Generales por última vez antes de 1789; éstos no llevan a ninguna medida importante y no hacen más que exacerbar los desacuerdos entre los tres Estados (Clero, Nobleza, Burguesía): experiencia que, por cierto, quedará olvidada en el siglo XVIII. Pero, en el momento de la clausura, un joven diputado del clero, obispo de Luçon, Armand-Jean du Plessis de Richelieu (el futuro Cardenal-Duque de Richelieu), sobresale y destaca a ojos de la regente María y de su valido Concini. Ya que éstos conservan el poder, pese a la mayoría de edad del adolescente Luis XIII, toman la acertada decisión de nombrarle secretario de Estado para la Guerra.



Corriendo el año 1615, en Burdeos, se celebra el doble matrimonio franco-español: Luis XIII desposa a la Infanta Ana de España y Elisabeth de Francia es desposada por Don Felipe, Príncipe de Asturias, sellando así una efímera paz entre Borbones y Habsburgos. El rey es mantenido alejado del poder, de las decisiones políticas por las intrigas, las maquinaciones de su madre y de los Concini aferrados a las riendas del poder. Dejado de lado, ignorado, excepto por su "mamá" adoptiva la reina Margot (primera esposa de su padre Enrique IV) y por su fiel médico Héroard, humillado por los complices de su madre, encuentra consuelo en su nueva amistad masculina teñida de afecto: Charles d'Albert, marqués de Luynes, su Halconero Mayor. Esta amistad, que algunos historiadores describirían como la primera experiencia homosexual de Luis XIII, le ayudará a tomar la decisión de salvar su reino de la corruptela, del caos y de la rapacidad de Concino Concini, mandando prenderle.



Fue el marqués d'Albert de Luynes, con el consentimiento regio, quien organizó junto con el Capitán de Guardias del Rey, marqués de Vitry y otras eminentes personas del entorno regio el asesinato del odiado florentino omnipotente y nepotista, sobre el puente principal del Palacio del Louvre. Cuando Concini se disponía a entrar en el recinto palatino, Vitry le interceptó con sus hombres y, adivinando o no una posible resistencia (Concini puso, en un acto reflejo, la mano en la empuñadura de su espada) tumbó al favorito con tres tiros -aunque la bala que le dió muerte, fue la que recibió entre ojo y ojo- hasta desfigurarlo y, ya muerto, los guardias le cosieron a cuchilladas vitoreando al Rey. El cadáver de Concini fue prestamente inhumado, casi en secreto, pero la noticia corrió de boca en boca por calles y callejuelas de la capital del Sena; los parisinos asaltaron la iglesia, levantaron la lápida y sacaron de su tumba el inerte cadáver del marqués d'Ancre para entregarse a una auténtica carnicería dantesca: lo desmembraron después de colgarle por los pies, lo destriparon y repartieron sus restos por todo París enseñándolos como trofeos. Hubo quien le arrancó el corazón y el hígado y los comió en medio de aquella orgía necrófila. París entera se había echado a la calle para acudir al Louvre para vitorear al Rey. Luis XIII tuvo que subirse a una mesa de billar para no ser atropellado por la turba y aparecer repetidas veces a la ventana para saludar a aquella multitud que rodeaba el palacio, provocando ovaciones en cascada.



El efecto sorpresa fue tal que la regente María de Médicis temió por su propia vida, convencida que estaba perdida y que su hijo mandaría matarla. La Guardia Real irrumpió en sus aposentos conminándole a que no saliera de ellos bajo ningún pretexto, por expresa orden del Rey: estaba bajo arresto hasta nueva orden. Leonora Galigaï intentó, por medio de sus criados, obtener la promesa de que la reina la protegería; María de Médicis, presa del pánico, se desentendió y solo repetía nerviosamente: -"¡Ya les advertí que debían marcharse de Francia! ¿Qué será de mi? Estoy perdida! Pobre de mi! pobre de mi!"

Pese a montar una auténtica barricada en sus habitaciones, para evitar que entrasen los guardias en ellas, Leonora Galigaï vió como éstos abatieron a hachazos sus puertas y la arrancaron de su cama con mucha violencia y gritos, donde se había echado escondiendo bajo su colchón todas sus sacos de oro y joyas acumuladas de sus muchos años de rapiña descontrolada. Arrestada, fue arrastrada hasta una carroza y llevada a una celda de la cárcel de La Conciergerie, en espera de su juicio por... brujería!

Toda la fortuna amasada por los Concini revertirá al marqués Charles d'Albert de Luynes, quien mandará fabricar o maquillar las pruebas que se aportarán en el juicio de la Galigaï, para acusarla formalmente de herejía y práctica de ciencias ocultas. Será condenada a la decapitación y su cadáver quemado en una pira hasta reducirlo a cenizas. Su ejecución atraerá nutrido público entorno al cadalso construido en la Plaza de Grève, en París. Ante tan gran asistencia, Leonora Galigaï pronunciará sus últimas palabras: "¡Cuanta gente para ver a una pobre afligida!"

 


De la privanza del Duque de Luynes a la del Cardenal de Richelieu

 
Retrato del Marqués Charles d'Albert, 1er Duque de Luynes (1578-1621).


Luis XIII, finalmente revelado a su dignidad de rey, exilia su madre en el castillo de Blois, cerca de Orléans. Su decisión es inapelable: por tres veces ha rehusado conceder una audiencia a María de Médicis. Ésta abandona el Palacio del Louvre acompañada por el obispo de Luçon, que también recibe la orden de dimitir de su puesto ministerial y exiliarse en Blois, pese a ser Primer Limosnero de la Reina Ana de Austria, esposa de Luis.



El Rey volverá a llamar a su lado a los antiguos ministros de su padre, con una excepción notable: la ausencia del Duque de Sully. También hay que subrayar que se libra a la influencia de su estimado Luynes, igual de perniciosa por los futuros abusos que cometerá, sin omitir la falta de visión política de la que hace gala y que provocará el descontento de los Grandes. Le promete nombrarle Primer Ministro de Francia, le concede el tan ansiado rango de duque y par, y las riendas del poder; sin embargo, de sus tres promesas, la de convertirle en primer ministro no la cumplirá jamás. En su defecto, le concede el rango de Condestable de Francia. Pese a la confianza depositada, Luis XIII comprenderá que el duque de Luynes no tiene madera de estadista y que si sigue en el poder, habrá otra revolución de palacio como la que hizo caer a Concini. La oportuna muerte de Luynes, en 1621, durante la campaña contra los protestantes del Mediodía francés, deja la vía libre a Richelieu, recientemente promovido cardenal tras haber servido de intermediario entre la reina María y Luis XIII para obtener una reconciliación tras un serio enfrentamiento armado. Richelieu ganará poco a poco la estima del desconfiado monarca, quien entreve en él auténtica madera de ministro. Le hace entrar en el Consejo Real en 1624 y gobierna con él en el marco de una sólida y creciente amistad, hasta 1642. Complementándose de manera admirable, Luis XIII y Richelieu luchan codo con codo contra todos aquellos que buscan debilitar el poder de la Corona, seriamente dañado durante la regencia materna. Contra la nobleza, Richelieu da certeros golpes interviniendo a la menor señal de "crimen de Estado" o de "conspiración" contra él mismo. Son necesarios castigos ejemplares: el Conde de Chalais, el Duque de Montmorency, el Marqués de Cinq-Mars, el Señor de Thou son sin duda las más célebres víctimas de su implacable política. Muchas intrigas son alimentadas por el propio hermano menor del rey, Gastón, duque de Orléans y por la incorregible reina-madre María de Médicis. Ésta intentará una última acción contra Richelieu en la llamada "Jornada de los Engaños"; su fracaso será estrepitoso y María deberá abandonar precipitadamente Francia para tomar el camino del exilio, refugiándose en Bruselas y luego en Colonia, donde fallecería en la más absoluta miseria en 1642.




Contra el poderío militar, económico y político de los protestantes, que conforman un Estado dentro del Estado, Luis XIII y Richelieu luchan con la misma tenacidad: inauguran un largo y difícil asedio alrededor de La Rochelle, capital fortificada de los hugonotes aliados con Inglaterra.



El reinado de Luis XIII consolida la autoridad real, poniendo en pie también una administración y un ejército moderno, prosiguiendo la dinámica política económica y cultural de Enrique IV y Sully. Ciertamente la peste golpea en casi todas las provincias de manera endémica, el frío glaciar rige todos los inviernos y las cosechas son desastrosas, aumentando los precios y provocando revueltas populares; el descontento va en aumento bajo la férrea autoridad del Cardenal de Richelieu, anunciando la Fronda y, a partir de 1635, la entrada de Francia en el conflicto de la Guerra de los Treinta Años hace que se aplique un régimen de guerra que suscita revueltas en todas partes. Pero los esfuerzos de una continuidad política cimentan, a largo término, las bases de la extraordinaria prosperidad de Francia a partir de la segunda mitad del siglo XVII. Figuras como las de Vicente de Paul y Louise de Marillac, toman relieve al intentar paliar las necesidades de enfermos, pobres y vagabundos.

El reinado de Luis XIII es también marcado por la constitución de un imperio colonial en el Canadá, en África y en las Antillas.

Luis XIII, enfermo y usado por la tuberculosis, muere a sus 42 años en Saint-Germain-en-Laye, el 14 de mayo de 1643. El 4 de diciembre de 1642, Richelieu había fallecido designando a Julio Mazarino como su sucesor en el Consejo Real.

 


Ana de Austria


Tempranamente casada, se puede decir que Ana de Austria, Infanta de España, no forma junto a Luis XIII una pareja unida. En el otoño de 1615, Luis XIII acude a Burdeos con su madre y la corte para celebrar su boda con la joven infanta. Llegado el día 7 de octubre, y en vez de esperar el encuentro oficial para conocer a su novia, Luis XIII se persona en Castres donde pasa el cortejo de la Infanta de España. Allí, Luis adelantará su carroza para descubrirla, sonriendole antes de ir a galope hacia Burdeos. La unión se celebra el 25 de octubre, pero su timidez y retraimiento, adquiridos durante su triste infancia de huérfano, no parecen atraer el amor de la devota Ana de Austria. Su unión permanecerá estéril a lo largo de 23 años, hasta el inesperado nacimiento del Delfín Luis-Diosdado de Francia, en 1638, y del príncipe Felipe en 1640.



Pero, en espera de esos dos felices acontecimientos, la reina Ana se ve totalmente apartada del poder por el Cardenal de Richelieu quien vierte sobre ella todo tipo de calumnias. Se deja arrastrar, por despecho, en la conspiración de "la Jornada de los Engaños", que enfrentó a los partidarios de la reina-madre María de Médicis a Richelieu. En plena guerra, el cardenal ordena confiscar toda su correspondencia privada mantenida con su familia de España, acusándola de revelar secretos de Estado a su hermano el rey Felipe IV. Afortunadamente, el rey volverá hacia ella deseoso de conciliar la paz matrimonial y la esperanza de un nacimiento que dé un heredero al trono. En esa época, Luis XIII ha declarado previamente Francia bajo protectorado de la Santísima Virgen.



Cuando fallece el rey, que ella cuida con devoción durante su agonía, deja una viuda de 42 años de edad. Ana no ha conocido ternura ni cariño al lado de un esposo severo y celoso; pero sin duda vivió un amor platónico con George Villiers, duque de Buckingham, entonces primer ministro de Inglaterra. Es quizás por eso que en ella creció la estima por Mazarino quien, según Richelieu, se parecía muchísimo al galán inglés. Siendo regente de Francia, confía a Mazarino el gobierno poniéndole al timón del Consejo de Regencia. Luego, tras transmitir a su hijo Luis XIV una realeza reforzada al final de la tormenta de la Fronda y de la Guerra de los Treinta Años, Ana se retira en la Abadía del Val-de-Grâce que hizo levantar en el emplazamiento del Hôtel del Petit-Bourbon. Pero será en el Palacio del Louvre donde fallecería de un cáncer de mama en 1666.

 


Cronología de un reinado


1610-Asesinato de Enrique IV; proclamación de Luis XIII como rey de Francia y de Navarra. Regencia de la reina viuda María de Médicis.

1614-Declaración de mayoría de edad de Luis XIII. Prosigue en el gobierno María de Médicis y su valido Concino Concini.

Coronación de Luis XIII en la catedral de Reims.

Reunión de los Estados Generales. Ascenso de Armand-Jean du Plessis de Richelieu, obispo de Luçon, al puesto de Secretario de Estado para la Guerra.

1615-Boda de Luis XIII de Francia con Ana de Austria, Infanta de España.

1617-Golpe de Estado de Luis XIII: asesinato del valido Concino Concini y exilio de la reina-madre María de Médicis.

Privanza del Duque de Luynes (1617-1621).

1619-Guerra entre Luis XIII y los partidarios de María de Médicis. Se firma la paz en 1620 gracias a la mediación de Richelieu.

1621-Muerte del Duque de Luynes durante la campaña militar en el Mediodía contra los hugonotes alzados en armas.

1622-Paz de Montpellier, en la que se reduce el potencial militar de los protestantes franceses.

1624-El Cardenal-Duque de Richelieu entra en el Consejo Real, convirtiéndose en el principal ministro de Luis XIII.

1625-Segunda guerra contra los protestantes.

1626-Conspiración del Marqués de Chalais.

1627-Asedio de la plaza protestante de La Rochelle por Luis XIII y Richelieu.

1628-Rendición de La Rochelle.

1629-Paz de Alès, en la que Luis XIII confirma la libertad de culto protestante pero suprime las plazas fuertes.

Guerra de Sucesión del Ducado de Mantúa: enfrentamiento entre Francia y España; intervención militar francesa en el Norte de Italia. Ocupación de Saboya.

1630-Jornada de los Engaños: conspiración de María de Médicis para apartar a Richelieu del poder.

Exilio de María de Médicis en Bruselas.

1632-Revuelta del Duque de Montmorency.

1635-Creación de la Academia Francesa, bajo patronato del Cardenal de Richelieu.

Francia entra en la Guerra de los Treinta Años, al lado de los Príncipes protestantes alemanes contra los Imperiales.

Ocupación de los condados de Artois y del Rosellón, posesiones de la Corona Española.

1638-Nacimiento del 1er hijo y heredero de Luis XIII: Luis Diosdado, Delfín de Francia.

1640-Nacimiento del 2º hijo de Luis XIII: Felipe de Francia, duque de Anjou.

1642-Conspiración del Marqués de Cinq-Mars.

Fallecimiento del Cardenal de Richelieu.

Muerte de María de Médicis en la ciudad alemana de Colonia.

El Cardenal Mazarino asume la jefatura del Consejo Real, sucediendo a Richelieu al frente del Gobierno.

1643-Muerte de Luis XIII.

Proclamación de Luis XIV; regencia de la reina Ana de Austria.


domingo, 28 de septiembre de 2014

MARÍA DE MÉDICIS, REINA DE FRANCIA

MARÍA DE MÉDICIS,
REINA DE FRANCIA Y DE NAVARRA 
1573 - 1642
 
 
La segunda consorte de Enrique IV de Francia

Nacida en Florencia en 1573, María de Médicis era hija del gran-duque Francisco I de Toscana y de la archiduquesa Juana de Austria (su 1ª esposa). Rica princesa casadera italiana, fue su tío el cardenal Fernando de Médicis, a la sazón legado del Papa, quien la propuso entre las tantas candidatas que se barajaban para el recién divorciado rey Enrique IV de Francia, desde su anulación matrimonial con Margarita de Francia en 1599. Huelga decir que las negociaciones fueron duras y no exentas de tensiones entre Florencia y París; mientras los diplomáticos franceses entablaban las conversaciones con los representantes de los grandes-duques toscanos, Enrique IV andaba con la idea de convertir a su favorita en su próxima esposa. Gabrielle d'Estrées, la amante oficial en cuestión, ya había parido unos cuantos retoños reales que el rey quiso legitimar otorgándoles el apellido Borbón y derechos sucesorios a la Corona si viniera a faltar. En consecuencia, se abrió una crisis entre el monarca y sus ministros, que acogieron las legitimaciones con gran frialdad e indignación, alzando la voz el principal de todos ellos, el duque de Sully, que intentaba convencer al rey de no cometer semejante tontería más teniendo en cuenta que los súbditos franceses eran reacios a cualquier idea de poner a una puta del rey en el trono.

 
Retrato del Rey Enrique IV de Francia y de Navarra (1553-1610); según F. Pourbus II.


Los Médicis hicieron la oferta aún más tentadora con una más que sustanciosa dote si Enrique IV aceptaba tomar la mano de la princesa María. Quedaba, además, una notable deuda pendiente que Francia había contraído en esos tiempos aciagos de la guerra civil y religiosa, con el gran-duque de Toscana. La oferta toscana era immejorable: los Médicis ofrecían el mejor medio para liquidar esa deuda con parte de la sustanciosa dote de la princesa. Pero el asunto amenazaba con no llegar a buen puerto mientras estuviera de por medio la favorita real Gabrielle d'Estrées, y las conversaciones adquirieron un tono desagradable entre las dos cancillerías:

-¿Cuando llegará vuestra gorda banquera?- preguntaba la favorita al rey, con tono altivo.

-¡Cuando haya echado a todas las putas de palacio! -respondía el rey hastiado.

Gracias a una comida en casa del banquero italiano Zamet, a la cual fue invitada la bella Grabrielle d'Estrées, se produjo el fatal desenlace que liberó al rey Enrique IV de su promesa infantil de casarse con ella si le daba otro hijo varón. Muerta la rival, probablemente envenenada por una naranja y a instancias del clan Médicis, se allanaba el camino de la princesa María para convertirse en la 2ª esposa del monarca galo. Las últimas discusiones giraron en torno a la sustanciosa dote de la italiana, reclamando los embajadores galos más dinero y cerrando el trato con varios millones a su favor. Claro está, Francia se comprometió con Florencia a restar de esa fabulosa dote, la suma de la cual era deudora con las arcas florentinas, lo que equivalía a no pagar nada.

 
Retrato de Catherine Henriette de Balzac d'Entragues, Marquesa de Verneuil (1573-1633).


En diciembre de 1600, tras un penoso viaje bajo todo tipo de inclemencias meteorológicas, la princesa María de Médicis llegó a las puertas de la ciudad francesa de Lyon, donde la esperaban la corte y el rey Enrique IV. La boda religiosa se celebró el 17 del mismo mes, en la catedral de San Juan de Lyon: Enrique IV contaba entonces 47 primaveras y la novia 27. El matrimonio se consumó la misma noche. El monarca encontró a su nueva mujer demasiado recatada, rolliza y poco inteligente. Mayores disgustos vendrían después. En cualquier caso, María de Médicis fue puesta frente a lo que le esperaba en la corte: la perpétua presencia de la nueva favorita real, marquesa de Verneuil. Ni corto ni perezoso, Enrique IV las presentó y, ante la tibieza de la marquesa de Verneuil para hacer la conveniente reverencia ante la reina, éste la doblegó con una sola mano en su hombro hasta ponerla de rodillas. Ni qué decir que aquella escena resultó harto humillante para María de Médicis.



A principios del año 1601, los reyes hacían su entrada oficial en París. Instalada de noche en el palacio del Louvre, María de Médicis tuvo la sensación de ser objeto de alguna broma de mal gusto al descubrir sus nuevos aposentos en penumbra, con escasos muebles ajados y polvorientos. Nada que ver con la esplendidez de la corte florentina. Pero la reina no tardó en ponerse manos a la obra en su misión de dar descendencia al rey: el 27 de septiembre de 1601, paría en el real sitio de Fontainebleau a su primer hijo, el Delfín Luis (futuro Luis XIII). Tras el tan esperado heredero del trono, siguieron Elisabeth, futura reina de España, Christine, futura duquesa de Saboya, Nicolas, duque de Orléans, Gaston, duque de Anjou (y futuro duque de Orléans), y Henriette-Marie, futura reina de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia.

 
Retrato de Leonora Dori Galigai, Condesa de Penna y Marquesa d'Ancre (1571-1617), la Camariera de la Reina María de Médicis y su gran confidente, casada con el aventurero Concino Concini.


Pero las pretensiones de María de Médicis iban más allá de su papel de esposa y madre: ambicionaba meter las narices en los asuntos de Estado. Pero al llegar a Francia, ha traído consigo a todo un séquito de italianos aventureros que pretenden meter las zarpas en los asuntos de la corte, levantando no pocas ampollas entre los franceses y provocando el descontento del rey, que no aprecia a esos intrigantes que pretenden medrar a la sombra de la reina. Dos de ellos, Leonora Dori Galigaï, hermana de leche de María de Médicis, y Concino Concini, sobresalen por su oportunismo y por provocar no pocos altercados matrimoniales entre el rey y la reina. Enrique IV los desprecia y sabe cuales son sus pretensiones, exige que su mujer se separe de ellos y los devuelva a Florencia. Finalmente, y tras inenarrables escenas por parte de la reina, la Galigaï y Concini consiguen, no solo permanecer al servicio de la regia consorte, sino que además obtienen el permiso de casarse bajo la condición que, después, abandonen Francia. La condición última nunca se produciría... De hecho, María de Médicis se halla totalmente dominada por esos dos personajes de orígenes más que sospechosos, y entra en una especie de guerra sorda contra la favorita de su marido, la marquesa de Verneuil (Henriette de Balzac d'Entragues), considerándose permanentemente humillada por su presencia hasta en su propia casa. Las discusiones entre el rey y la reina por la presencia de la marquesa son memorables: María de Médicis hace en ellas gala de su iracundo histerismo, agriándose día a día. Harto, Enrique IV prefiere huír de esas embarazosas escenas yéndose de caza o consolándose con la marquesa de Verneuil.



Pero María de Médicis conseguirá finalmente su objetivo cuando, en 1610, Enrique IV se está preparando para entrar en guerra contra el Imperio. El rey dispone que, en su ausencia, María se ocupe de la regencia asistida por el consejo de ministros (limitando así sus decisiones), consciente de sus limitaciones intelectuales y políticas. Para ello, María exige a Enrique que se la corone en la abadía de Saint-Denis, idea que parece por lo menos absurda y supérflua al monarca. Pero, para tener la fiesta en paz (y a pesar de sus malos presentimientos), Enrique IV cede y se la corona el 13 de mayo de 1610.



Al día siguiente, 14 de mayo, el rey abandona en carruaje abierto el Palacio del Louvre para trasladarse al Arsenal, sede del ministro Sully, para visitarle. La comitiva real queda bloqueada en la calle de La Ferronnerie, cerca de una taberna-hostal llamada "Al Corazón Real atravesado", al producirse un embotellamiento de carros. El momento es aprovechado por un iluminado llamado François Ravaillac, para asestar dos brutales puñaladas al rey mientras éste andaba conversando con sus acompañantes los duques de Epernon, de La Force y de Roquelaure. El regicida es inmediatamente apresado por la guardia real, con orden de no matarle y de llevarle a prisión para someterle a interrogatorio.

Al principio, el rey piensa que han sido heridas sin gravedad pero, al escupir sangre a borbotones, se descubre que uno de los golpes ha seccionado la carótida y que empieza a desangrarse de forma alarmante. Corriendo y deprisa, el carruaje da la vuelta para volver a palacio y trasladan al monarca a su pequeño cuarto del 1er piso, tendiéndole sobre su sofá. Poco después, Enrique IV rinde su último suspiro.



Ante semejante tragedia, María de Médicis se muestra más fuerte que su propio dolor. Con el apoyo del intrigante duque de Epernon (sobre quien recaerán sospechas de haber estado detrás del regicidio), María de Médicis se presenta ante el Parlamento reunido en urgencia exigiendo que se la reconozca regente de Francia en nombre de su hijo el joven Luis XIII, con todos los poderes. De nada valdrán las disposiciones de Enrique IV sobre las condiciones de la regencia si viniera a fallecer antes de que su heredero llegase a la edad de gobernar (13 años). Del consejo de regencia echará progresivamente a todos los fieles servidores del difunto rey, empezando por el duque de Sully, que sigue siendo protestante. Ante la antipatía de la reina, Sully prefiere dimitir y salir del gobierno con honores en 1611. Su tarea ha acabado con un balance más que loable: las arcas del Estado están a rebosar de oro. María de Médicis, para comprar adhesiones entre los Grandes del Reino (que ya empiezan a darle problemas), saqueará el Tesoro concediendo pensiones astronómicas.


 
El Palacio de Luxemburgo en 3D, hoy día sede del Senado de Francia.
 
 
Retrato de Concino Concini, Conde de Penna, 1er Marqués d'Ancre, Mariscal de Francia (1569-1617), gran favorito y valido de la Reina-Regente.
 

En 1612, ordena la construcción del Palacio de Luxemburgo, en la orilla izquierda del Sena (actual palacio del Senado), inspirado en el Palacio Pitti de Florencia. Lejos de ocuparse de sus hijos, deja a éstos en manos de los criados de la Casa Real. Pone en el consejo a su favorito y valido Concino Concini, al que colmará de oro, cargos y prebendas, concediéndole el marquesado de Ancre y el bastón de mariscal de Francia sin haber pisado jamás un campo de batalla, lo que provoca la ira de todos los mariscales y generales del reino. El favor de Concini provocará, además, que la alta nobleza se subleve y se una a los príncipes de Condé, que lideran al partido de los Grandes descontentos.



El viraje político de la regencia interrumpe la política exterior que se iba llevando a cabo con el difunto rey. Católica y pro-romana, María de Médicis inicia conversaciones de paz con el emperador y el rey de España y, para sellar las cordiales relaciones entre Madrid, Viena y París, inicia los trámites para casar a sus dos primeros hijos (Luis XIII y Elisabeth) con los del rey Felipe III de España (el príncipe de Asturias, futuro Felipe IV, y Ana). La doble boda soliviantará aún más a los Grandes de Francia, que se oponen a esa doble unión dinástica. A eso se añade la ingerencia de Concini en los asuntos de Estado, librándose descaradamente al pillaje del Tesoro Real, lo que hace empeorar aún más las tensiones entre la regente y la nobleza y el pueblo. Para intentar calmar los ánimos, la corte se traslada en 1614 a Burdeos donde la regente convoca los Estados Generales. Sin embargo, el resultado deja mucho que desear y los enfrentamientos empeoran. Una semana antes, Luis XIII había cumplido su mayoría de edad y le habían consagrado y coronado rey en Reims (20 de octubre de 1614), pero el joven monarca inexperto dejaba en manos de su madre las riendas del poder, sin duda presionado por ésta y el valido Concini.

 
Retrato del Obispo de Luçon, Armand-Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642), futuro Cardenal-Duque de Richelieu y principal ministro de Francia.


Lo único que se puede reconocer de bueno en la gerencia de la reina-regente, es el haber dado un puesto de secretario de Estado al obispo de Luçon (Armand-Jean du Plessis de Richelieu, futuro cardenal de Richelieu), bajo la férula de los Concini.

 
Retrato del joven Rey Luis XIII de Francia y de Navarra (1601-1643); según Frans Pourbus II, fechado en 1616.
 
 
París, 24 de abril de 1617: el Marqués d'Ancre es abatido a pistoletazos a las puertas del Palacio del Louvre, y rematado a cuchilladas por la guardia capitaneada por el Marqués de Vitry.
 

Harto de las contínuas humillaciones infligidas por los Concini y por su madre, Luis XIII acabará por reunir en su entorno a los descontentos y a cristalizar una conspiración que libre a Francia de ese desgobierno. Con su acuerdo, aunque no de palabra, ya que Luis XIII era un hombre bastante parco, dió luz verde a que se detuviera a Concini y a la mujer de éste, la odiosa Leonora Galigaï, y en caso de resistirse, darles muerte. Así se forjó el Golpe de Estado del rey, desbancando al valido y a su madre de un solo golpe. Evidentemente, Concino Concini fue abatido a balazos sobre el puente que daba acceso al Palacio del Louvre; su mujer fue arrancada de su cama (bajo cuyo colchón escondía docenas de sacos de oro y joyas) y llevada a prisión para ser puesta a disposición de la Justicia. La acusaron de practicar magia. Mientras su marido fue enterrado casi en el anonimato, luego desenterrado por la turba y descuartizado en medio de una sanguinaria orgía popular, Leonora fue formalmente acusada de brujería, sus bienes confiscados y condenada a decapitación, para luego ser quemada y sus cenizas echadas a los cerdos.



En cuanto a la regente, sorprendida por el golpe de su hijo, se desentendió de la suerte de Leonora Galigaï y, muerta de miedo, fue encerrada a cal y canto en sus aposentos con la prohibición de poder comunicarse con Luis XIII, y de salir de ellos. Fue finalmente exiliada a Blois por orden del rey, y en su exilio, la reina se fue acompañada por el obispo de Luçon, también caído en desgracia por haber sido un protegido de ésta y de los Concini. Poco tiempo después, Richelieu servirá de mediador entre madre e hijo, y artífice de una frágil reconciliación que se iniciará tras una guerra entre los partidarios del rey y de la ex-regente.

A pesar de la buena voluntad de Luis XIII, María de Médicis no podía contentarse con el papel de reina-madre y se implicó en distintas conspiraciones a favor de su hijo preferido Gastón, duque de Orléans. Harto de las intrigas maternas, el rey, bien servido por el cardenal de Richelieu, exilió definitivamente a su madre fuera de Francia. Huída a los Países-Bajos con lo puesto, María de Médicis erró hasta morir miserablemente en la ciudad alemana de Colonia en 1642.

domingo, 16 de marzo de 2014

Anécdotas Históricas -240-



En cierto momento, el Cardenal-Duque Armand-Jean Du Plessis de Richelieu, primer ministro del rey Luis XIII de Francia, presentó a su secretario de confianza y sucesor, el apuesto italiano Cardenal Giulio Mazzarini (o Mazzarino, afrancesado en Mazarin,...), a la reina Ana de Austria. Y, haciendo una descarada alusión al affaire que hubo años atrás entre el ya desaparecido Duque de Buckingham y la consorte de Luis XIII, Richelieu le soltó a ésta:

-"¡Os agradará, se parece a Buquingam!"

Anécdota de: Cardenal Armand-Jean Du Plessis de Richelieu, 1er Duque de Richelieu y de Fronsac (1585-1642), Primer Ministro de Francia, y de Ana de Austria, Reina de Francia y de Navarra (1601-1666).

miércoles, 10 de abril de 2013

Anécdotas Históricas -216-

Una ejecución atroz




Henri de Talleyrand-Périgord, Conde de Chalais, fue uno de los gentileshombres que gozaban de la confianza del rey Luis XIII, hasta el punto de verse nombrado Gran Maestre del Guardarropa Real. Por desgracia y, sin duda, por culpa de la nefasta influencia ejercida por su "amada" la Duquesa de Chevreuse, el joven Conde de Chalais se dejó enredar en una conspiración de asesinato inspirada por el Duque de Orléans, hermano del rey, contra el Cardenal de Richelieu. El motivo no fue otro que la contrariedad del príncipe de verse forzado, por el cardenal y el rey, a desposar a una rica heredera que le disgustaba. Destapada la conjura cortesana a raíz de las disensiones existentes entre los conjurados, el acobardado Gastón de Orléans se adelantó a los acontecimientos y denunció ante Richelieu y Luis XIII a todos los involucrados, entre los cuales se encontraba el Conde de Chalais. Fue, para colmo, el que se llevó la peor parte al no ser un pariente de la Casa Real que gozara de inmunidad como los demás conspiradores.

Arrestado y trasladado a la prisión de Nantes, Chalais fue juzgado por alta traición y condenado a perecer decapitado en la plaza del Bouffay. Por solidaridad, sus antiguos compinches intercedieron para que el verdugo no ejerciera su oficio ( a cambio de una sustanciosa compensación ) y, sin pretenderlo, empeoraron la suerte del pobre conde. A falta de verdugo dispuesto a ejecutar la sentencia, pensó Richelieu, cojamos a un preso condenado a muerte para que desempeñe la tarea a cambio de una amnistía; su vida, libertad y perdón a cambio de la del Conde de Chalais. El preso no se hizo rogar demasiado y aceptó el trato.



El 19 de agosto de 1626, el Conde de Chalais subió al patíbulo para recibir la muerte a manos de un reo improvisado a verdugo. La plaza del Bouffay, de la ciudad de Nantes, estaba abarrotada de público; que ejecutasen a un cortesano próximo al rey, no pasaba cada día y menos en una ciudad de provincias. La ejecución, más que un espectáculo, fue una auténtica carnicería que arrancó gritos de horror y provocó desmayos y vómitos entre la asistencia allí congregada. El inexperto verdugo, nada diestro con el hacha, tuvo que propinar nada menos que 34 golpes para separar la cabeza del tronco del conde. Según testigos presenciales, al vigésimo noveno golpe, Chalais aún estaba vivo!

Anécdota sobre: Henri de Talleyrand-Périgord, Conde de Chalais (1599-1626), Gran Maestre del Guardarropa del Rey.
 

domingo, 4 de noviembre de 2012

EL CASTILLO DE RICHELIEU en 3D


EL SUNTUOSO CASTILLO DE RICHELIEU RESUCITADO



Se trata de una reconstrucción virtual en 3D del célebre Castillo de Richelieu, construído en la primera mitad del siglo XVII para Armand-Jean Du Plessis De Richelieu, Obispo de Luçon, Cardenal y 1er Duque de Richelieu y de Fronsac, primer ministro todopoderoso del rey Luis XIII de Francia. Es a partir de 1621 cuando el Cardenal de Richelieu consigue comprar el viejo castillo (y el señorío) de su familia, en el que ha nacido, mediante subasta por la suma de 79.000 libras. Su hermano mayor Henri, legítimo propietario de la finca solariega de los Du Plessis y Señor de Richelieu, cubierto de deudas, había sido asesinado por el Marqués de Thémines en el curso de un duelo en 1619, después de enterrar a su mujer e hijo fallecidos en el curso del parto.

Retrato del Cardenal Armand-Jean du Plessis de Richelieu (1585-1642), Obispo de Luçon, 1er Duque de Richelieu & Par de Francia (1631); según Philippe de Champaigne.
 
Retrato del arquitecto Jacques Lemercier (1585-1654), según P. de Champaigne.
 

Adquirida la propiedad, el Cardenal encargó al arquitecto Jacques Lemercier la nueva construcción del castillo con la condición de que respetase el ala dónde había visto la luz al nacer. Aprobado el proyecto, las obras se iniciaron en 1625 y siguieron bajo la supervisión de Jean Rogier, Señor de La Marbeliere, encargado del seguimiento y pago de los 2.000 obreros empleados para la construcción de un palacio grandioso y, por tanto, digno de acoger entre sus muros al mismísimo rey.

Retrato de Luis XIII (1601-1643), Rey de Francia y de Navarra entre 1610 y 1643.


Paralelamente, el Cardenal irá adquiriendo señoríos colindantes para extender sus posesiones, con el fin de que el ducado proporcione una renta adecuada al rango de duque y par del reino. Y, ante la falta de actividad agrícola y comercial en dichas tierras, el Cardenal obtendrá de Luis XIII, el permiso real para levantar una pequeña ciudad en las proximidades del castillo en 1631. En agosto del mismo año, Luis XIII firma la erección del señorío de Richelieu en ducado con paridad francesa. En 1632, el Cardenal en persona visita las obras, pero será la única vez que pisará la finca ancestral; su labor al frente del Gobierno le impedirán volver a Richelieu, posponiendo una y otra vez su deseo de ver por si mismo la evolución de las construcciones. En 1640, su viaje previsto a Richelieu es anulado. En 1642, cuando el Cardenal regresa de Perpiñán, se prevee una pernoctación en vano; enfermo, los médicos del primer ministro deciden que es más aconsejable renunciar. Poco después, el Cardenal-Duque de Richelieu muere. Unos meses después, es Luis XIII quien fallece.



Aunque ninguno de los dos llegó a alojarse en el espléndido Castillo de Richelieu, el edificio acogió a personajes de gran importancia: el Duque Gastón de Orléans, la Duquesa de Montpensier su hija, el Rey Luis XIV, la Duquesa d'Aiguillon (sobrina del Cardenal y amiga de San Vicente de Paul), Jean de La Fontaine y muchas otras figuras...



De gran amplitud, extensión y suntuosa decoración, fruto de una fortuna colosal adquirida durante su gobierno (20 millones de libras), el castillo de Richelieu sufrió del vandalismo revolucionario en 1791: saqueado, sus obras de arte y su suntuoso mobiliario fueron robados, confiscados arbitrariamente y, algunos, dispersados en subastas públicas por una república necesitada de fondos para sostener sus guerras contra las naciones enemigas. Las sepulturas del Cardenal y de sus sucesores, como el Mariscal de Richelieu, ubicadas en la iglesia universitaria de La Sorbona, serían violadas por la chusma pese a la intervención personal de Alexandre Lenoir, y sus restos profanados. Los duques de Richelieu habiendo optado por exiliarse en Alemania y luego en Rusia para huir de la Revolución que había puesto precio a sus cabezas, el Gobierno secuestró la extensa finca y el castillo y dependencias como "bienes de emigrados".



En 1805, un empresario mal inspirado que respondía al nombre de Alexandre Bontron, compró la propiedad ducal para demolerla y vender sus materiales con el fin de recuperar su inversión. De semejante masacre, tan solo sobrevivieron el pabellón de la cúpula, la Orangerie, sus bodegas y los pabellones de la monumental entrada del castillo.

Retrato de Armand-Emmanuel de Vignerot du Plessis, Vº Duque de Richelieu (1766-1822), Primer Ministro de Francia; según Sir Thomas Lawrence.


Cuando se trató de devolver la propiedad a su legítimo propietario, el duque Armand-Emmanuel de Richelieu, futuro primer ministro del rey Luis XVIII y amigo del zar Alejandro I de Rusia, después de 1815, se encontró con un castillo arrasado casi hasta sus cimientos. Dado que era demasiado oneroso reconstruir el castillo familiar con su antigua apariencia y reunir su antigua colección de arte (confiscada por el Estado y que se encontraba en el Museo del Louvre), el Duque de Richelieu renunció a cualquier proyecto por inviable. Sus herederos serían finalmente indemnizados por el Estado gracias a la ley promulgada por Carlos X, que contemplaba reembolsar con dinero contante y sonante a todas las familias nobles que habían sido expoliadas de sus bienes inmuebles durante la Revolución Francesa.

Retrato de Mary Alice Heine (1858-1925), VIIª Duquesa de Richelieu & Marquesa de Jumilhac, luego Princesa de Monaco.


En 1852, en los inicios del IIº Imperio, otro empresario llamado Laurence adquirió la finca Richelieu para construir una gran mansión bautizada como "Petit Château" (pequeño castillo) frente al Pabellón de la Cúpula. En 1877, la propiedad es comprada por Michael Heine, banquero de origen alemán y nacionalidad estadounidense afincado en París, quien se afana por reconstituirla para regalarla a su recién casada hija Mary Alice Heine y a su yerno, el Marqués Marie Odet Jean Armand de Jumilhac y 7º Duque de Richelieu.

En 1930, el 8º y último Duque de Richelieu y Marqués de Jumilhac, Armand, al carecer de herederos directos, donó la finca solariega de sus antepasados a la Universidad de La Sorbona de París, en recuerdo al Cardenal de Richelieu, que había sido su director y renovador.



Hoy, gracias a las posibilidades que ofrecen los programas de animación virtual en 3D, se ha podido reconstituir a grandes trazos lo que fue en su época una de las más magníficas residencias aristocráticas de la Francia del Antiguo Régimen. Y hasta aqui os cuento, para que podáis ver por vosotros mismos el resultado mediante estos vídeos.


Chateau de Richelieu por LavalVirtual
Nautilus - Richelieu phase 2 por Nautilus-crea

Trailer Richelieu complet por Nautilus-crea