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jueves, 31 de diciembre de 2015

DOCUMENTAL: The Aristocracy -Part 4- (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Survival of The Fittest
1970 - 1997
 
 
Cuarta entrega del documental de la BBC en el que se aborda las dos últimas décadas del siglo XX, años de una altísima revalorización de sus propiedades y fincas que los aristócratas británicos aprovechan se reciclan para sobrevivir y convierten sus históricas mansiones en auténticas cajas registradoras: aparte de ser lugares de obligada visita para nostálgicos de tiempos pasados, las alquilan a cineastas en busca de suntuosos decorados, convierten sus antiguas dependencias en concurridos museos con restaurantes y salones de té, y sus jardines en marcos idóneos para conciertos y acontecimientos culturales, venden en prestigiosas salas de subasta algunas obras de arte que les aportan fortunas e incluso comercializan sus nombres para vender productos de sus tierras, como los pioneros y emprendedores Duques de Devonshire. Pero también hay nobles que, no pudiendo asumir esas inversiones para prosperar, desisten y abandonan sus castillos para instalarse en casas más modestas y prácticas, llevándose consigo algunos tesoros artísticos, retratos, recuerdos de familia y vestigios de su desaparecida fortuna. 
 
 





 

DOCUMENTAL: The Aristocracy (V.O. English)

THE ARISTOCRACY:
Born to Rule
1875 - 1914
 
 
Documental sobre la aristocracia británica de finales del siglo XIX y principios del XX, desde su auge en la Era Victoriana hasta su decadencia en la Eduardiana y el golpe de gracia tras la Gran Guerra de 1914-1918, emitido en 1997 en la BBC -Versión Original-.
 
 

 

 

 

miércoles, 8 de octubre de 2014

BARBARA HUTTON: Millonaria e infeliz


BARBARA WOOLWORTH HUTTON
1912 - 1979
 
 


Pobre Pequeña Niña Rica...



Barbara Woolworth Hutton es una de esas mujeres que marcó con su inmensa fortuna y su desgraciada vida sentimental, la crónica de la "High Society" cosmopolita del siglo XX, convirtiéndose a su muerte en una de las "Divas" míticas.

Nacida el 14 de noviembre de 1912 en Nueva York, Barbara Woolworth Hutton era hija de una de las tres herederas más ricas de EE.UU., Edna Woolworth, y de un afortunado broker de Wall Street, Franklyn Hutton. Por su madre era nieta del magnate neoyorkino Frank Winfield Woolworth, el empresario más rico de América y dueño de los almacenes Winfield & Woolworth.


 
Retrato juvenil de Barbara Woolworth Hutton, según Sir Oswald Birley.


En 1916, Edna Woolworth Hutton se suicida dejando huérfana a su única hija de 4 años de edad, y la prensa estadounidense, desde entonces, calificará a la pequeña Barbara de "pobre pequeña niña rica". A partir del trágico suceso, Barbara pasará una triste infancia y una difícil adolescencia, acusando los celos y maldades de sus "compañeras de juego" que envidian su posición y fortuna.



A sus 21 años cumplidos, Barbara Woolworth Hutton (1933) hereda de su difunta madre la friolera suma de 150.000.000 $, convirtiéndola en la mujer más rica del mundo. Pero esa inmensa fortuna no le proporciona la imprescindible y necesaria estabilidad emocional; de hecho su soledad es absoluta y su vida no está poblada con gente desinteresada y sincera. Su fortuna personal suscita admiraciones, envidias insanas y, sobre todo, atrae a falsas amistades y pretendientes que pretenden sacar partido y beneficios de Barbara. En contraste con su rica vida social, esta mujer se encuentra sola y vacía. Todo lo que le puede proporcionar su fortuna en el lado material, se lo quita en el aspecto emocional y sentimental. Es, en suma, una desgraciada heredera, la "pobre pequeña niña rica" de los titulares de prensa. Sus estados de ánimo rozan la depresión crónica y, por ello, abraza el aspecto más negativo y perjudicial de la vida: se convierte en una adicta de las drogas y del alcohol para maquillar su soledad en la cumbre. No tiene verdaderos amigos, los compra como quien compra una joya o un abrigo de pieles con el fin de amueblar su abismal vacuidad. Preocupada, obsesionada por su aspecto físico, siempre en pos de superar los cánones de la belleza femenina, se convierte en una anoréxica. Además de coleccionar fabulosas joyas, lujosas mansiones y carísimos coches, desfilan en su vida nada menos que 7 maridos. La mayoría de éstos proceden de la vieja aristocracia europea. Lo que no le da su dinero, que es un título nobiliario, lo consigue con sus sucesivos matrimonios con:

-el Príncipe Alexis Mdivani

-el Conde Kurt von Haugwitz-Hardenberg-Reventlow

-el actor Cary Grant

-el Príncipe Igor Trubetzkoy

-el diplomático y dandy Porfirio Rubirosa, embajador de Santo-Domingo

-el Barón Gottfried von Cramm

-el Príncipe Pierre Raymond Doan, ....




Divorciada de su marido el conde germano-danés Kurt von Haugwitz-Hardenberg-Reventlow en 1939, al estallar la IIª Guerra Mundial, se casó con el actor estadounidense Cary Grant, célebre galán de Hollywood (con fama de rácano, pero honesto y recto) en 1942. En 1945, regaló al Gobierno de EE.UU. su lujosa mansión londinense de Hyde Park, Winfield House, que se convertiría en la sede de la nueva embajada estadounidense en Londres. Pero la excentricidad y derroche de Barbara acabará por minar un matrimonio que le habría sido muy beneficioso emocionalmente. Ya de su 2º matrimonio, había tenido un hijo (Lance) del cual nunca se preocupó realmente; éste se mataría en un trágico accidente de aviación al estrellarse con su avión y con solo 36 años. La pérdida de su hijo la sumió en una espiral destructiva de drogodependencia, alcoholismo y anorexia. Casi siempre ebria, regalaba sus joyas a amigos y desconocidos, repartía cheques al portador, montaba increíbles fiestas y viajaba para huir de si misma, malgastando su fortuna y su vida. Sus siete matrimonios fueron sonoros fracasos, uno tras otro, y lo peor es que sus onerosos divorcios acabaron por llevarla a la bancarrota.



Arruinada, enferma y recluída en su habitación de hotel de Los Angeles (California), abandonada por sus "amigos" de horas felices, Barbara Woolworth Hutton se dejó morir en la más absoluta desidia, acechada por "cuervos" y "carroñeros". Su única alegría la tuvo con el actor Cary Grant quien, preocupado por su situación, estuvo con ella hasta el final en un intento por reconfortarla.

Barbara Hutton fallecería de un infarto el 11 de mayo de 1979, a sus 66 años. De su inmensa fortuna solo quedaban 3.500 $ en la cuenta corriente, y 100 $ en su monedero.

Cary Grant fue el único ex-marido de Barbara Hutton que no reclamó parte del poco dinero que legaba. Los demás se ensarzaron en pleitos judiciales para hacerse con un miserable puñado de dólares, y las joyas que aún conservaba en su caja fuerte.

lunes, 8 de abril de 2013

SECRETOS DE LAS GRANDES MANSIONES V.O.

SECRETS OF THE MANOR HOUSE
English Version

Interesante programa televisivo sobre los entresijos de la vida cotidiana en las grandes mansiones de la Gran-Bretaña de la Era Eduardiana, trasladándonos a la época de los grandes terratenientes británicos bajo el reinado de Eduardo VII. Un instructivo viaje al pasado de una desaparecida sociedad clasista, mostrando el anverso y reverso de ésta y que nos recuerda, de pasada, la famosa serie de Arriba y Abajo (Upstairs & Downstairs) o la más reciente Downton Abbey : de un lado la despreocupada y ociosa vida de los señores, y del otro la semi-esclavitud de los criados y la extrema miseria de la clase obrera.
 

lunes, 24 de diciembre de 2012

PARÍS 1795: EL BAILE DE LAS VÍCTIMAS

LAS EXCENTRICIDADES DE UNA NUEVA GENERACIÓN DE ARISTÓCRATAS



El "Baile de las Víctimas" eran bailes concertados por asociaciones de personas de ilustre procedencia tras el período del Terror. Para ser admitido en esas asociaciones o en esos bailes, era imprescindible tener entre su familia, como mínimo, a un miembro guillotinado durante la Revolución Francesa.

Esos bailes, francamente macabros, comenzaron después de la ejecución de Maximilien de Robespierre, que aconteció el 28 de julio de 1794 (según el calendario revolucionario, el 10 thermidor Año II), siendo la primera señal de euforia y liberación de los franceses después de la muerte del dictador sanguinario, que puso un punto final a la opresión, a las persecuciones y ejecuciones arbitrarias.

El primer baile tuvo lugar en enero de 1795, en el Palacio de Richelieu, organizado por jóvenes cuyos padres o próximos parientes habían sido guillotinados, pero a quienes la Revolución había recientemente restituido los bienes anteriormente confiscados. Con ese cambio de actitud tan brutal por parte de la Iª República, en la que sus nuevos dirigentes querían subsanar los excesos del Terror y remediar las injusticias cometidas, esos asociados u organizadores del baile, a su vez aristocrático y decadente, pretendían reencontrarse entre ellos y recomponer su sociedad.

La descripción de esos bailes varían, pero tienen en común el de servir de catarsis a la expresión emocional de la ejecución de parientes, así como de las convulsiones sociales ligadas a la revolución. Tiempo después, mucha gente encontró que esos bailes eran algo inadmisible, infame, de muy mal gusto y motivo de escándalo e indignación.

 
Retrato de Madame Arnault de Gorse, peinada a la Tito; obra de Louis Léopold Boilly, 1796.


Los participantes llevaban vestidos de duelo o trajes con brazaletes negros. A la inversa, algunas mujeres aparecían enfundadas en vestidos greco-romanos de finísimas y translúcidas telas, iban descalzas o con sandalias planas que se ataban con cintas. Algunas llevaban los cabellos cortados muy cortos, peinados a la erizo o recogidos a la Tito o a la Caracalla con ayuda de una peineta, a imagen y semejanza de los condenados antes de su ejecución. Incluso, muchas se complacían en poner la guinda al pastel anudándose un hilo, una fina gargantilla o una cinta de seda rojo sangre alrededor del cuello, justo donde se supone que cortaba la cuchilla de la guillotina separando la cabeza del tronco.

Para colmo de ese sentido del humor negro francés, por no llamarle siniestro y lamentable cachondeo, las damas y los caballeros se saludaban entre ellos sacudiendo la cabeza con un golpe seco, queriendo imitar así el momento de la decapitación.



No extraña que, a la larga, esas "siniestras mascaradas", indignasen a los aristócratas de más edad, a los que habían padecido la cárcel y la angustia diaria ante el tan temido momento de oír si gritaban o no su nombre en la lista de la próxima hornada.

Hay un ejemplo anecdótico muy ilustrativo de la frivolidad de esa generación de aristócratas post-revolución. Un testigo de aquellos años, apodado Polichinela, acudió a uno de esos bailes que se celebraban en distintas residencias señoriales parisinas. Se topó con un joven y hermoso aristócrata vestido para la ocasión que, con expresión llorosa, se lamentó:

-"Ah! Polichinela,... han matado a mi padre!"

-"¿Han matado a su padre?", contestó sacando un pañuelo de su bolsillo para ofrecérselo al desconsolado.

Y, de repente, el caballero cambió radicalmente de expresión, pasando de la pena a la alegría; se puso a bailar y a cantar:

-"Ziga raga don don, un paso de rigodón!"

martes, 4 de diciembre de 2012

EDITH WARTHON

EDITH WHARTON
1862-1937
 
 

 

¿Quién no ha visto la película "La Edad de la Inocencia" de Martin Scorsese? Quien lo haya hecho seguro que no podrá olvidar nunca esa trágica y hermosa historia que a mí me llevó a su magistral autora y su magnifica obra: Edith Warthon.

Edith Warthon, en su vida, en gran medida, encarnó las heroinas de sus novelas nada rosas, todas ellas jóvenes que se ven ahogadas por la sociedad a la que pertenecen en su búsqueda por la autorrealización personal. Edith, en su vida real, hija de la sociedad neoyorkina que refleja en sus novelas, se vió envuelta en esas redes que intentaron circunscribir su vida al rol de señora de sociedad, respetuosa con las normas sociales imperantes, aunque éstas ahogasen tu libertad de vivir. Pero, a diferencia de sus desgraciadas heroinas, Edith superó esas barreras y consiguió el éxito personal que se negaba a la mujer en sus círculos.

Edith Newbold Jones, de soltera, nació en Nueva York en 1862, en el seno de una rica familia de financieros norteamericanos. Fue la menor y única chica de tres hermanos, los dos mayores ya adolescentes cuando ella nació. La alta sociedad neoyorkina a la que pertenecía tenia aspiraciones de elegancia y "charme" europeo, y por ello, como se dice vulgarmente, era más papista que el Papa en cuestiones de etiqueta y comportamiento moral. Una moral de esas de "haz lo que quieras mientras no lo sepa nadie y aparentemente cumplas con lo establecido", detrás de lo cual no dejaba de haber un feroz provincianismo que tanto luchaban por dejar atrás. En esa sociedad de fiestas, reuniones sociales y cotilleo sin tregua y viajes de recreo por Europa, Edith recibió una mediana educación, encaminada a su formación de florero, que ella aumentó de forma autodidacta leyendo toda la biblioteca familiar, cosa que nadie le impidió. Muy pronto comenzó a escribir en solitario historias que transcendian la aburrida cotidianeidad de su "brillante" circulo, que daban salida de escape a inquietudes personales de las que no solia hablar porque no solia encontrar espíritus comprensivos con esas inquietudes. Tengamos en cuenta que en una sociedad donde el papel de la mujer era ser una perfecta esposa florero, una chica con inquietudes no prometia grandes dotes en ese aspecto.

Edith, sin embargo, vivió su juventud dentro de los cánones establecidos, aun teniendo una rica vida interior que plasmaba en sus escritos. A los 25 años se casó con Edward Robbins Warthon, un amigo de sus hermanos doce años mayor que ella. Durante su matrimonio, no excesivamente feliz, las inquietudes literarias de Edith crecen y en 1897 se atreve a darle salida publicando, no una novela, sino un manual de decoración, que fue bien acogido porque el buen gusto formaba parte de la educación de una dama.



Pero el gran salto de su vida lo dió al conocer en 1902 a Henry James, el gran novelista americano afincado en Londres, maestro del "retrato interior" de los personajes, quien al leer las historias de Edith adivinó su gran potencial literario y la animó sin reparos a escribir y publicar. Edith aprendió mucho de su maestro y así surgió "La casa de la alegria", publicada en 1905, que narra la historia de una hermosa muchacha sin fortuna, obligada a vivir en una sociedad donde el dinero lo es todo y sin el cual no puede pero debe moverse en el mundo al que pertenece por nacimiento, sociedad que no le ha dado una educación para valerse por si misma -pues las damas no trabajan- y fuera de la cual no puede encontrar el marido adecuado -al que ella desea amar, no a cualquier precio- que le de acceso a la unica vida que sabe vivir. Esa sociedad acaba poniendola entre la espada y la pared, sin darle ninguna salida digna ni comprensión hacia su situación. Es una historia estremecedora que consiguió un gran éxito, principalmente en Europa. Después publicaria "Etham Frome", un increible retrato humano fuera de los salones neoyorkinos, "El arrecife" -retrato de la sociedad de apariencias en la que creció y de la dificultad de relaciones sinceras en ella-, "Las bucaneras" -retrato de las jovencitas ricas americanas que terminaban casadas con la arruinada nobleza europea (de la que es ejemplo Jenny Jerome, madre de Sir Winston Churchill)- y en 1920 publicó "La edad de la inocencia" que le valió el Premio Pulitzer. Es el magnifico retrato de la condena de una mujer por desear ser libre y de su guapo enamorado, prometido de su prima, que, preso de las convenciones sociales, se ve obligado a renunciar a la mujer que ama sin darse cuenta de cómo ha caido en la trampa de esas convenciones hasta que es demasiado tarde.

Mientras su carrera literaria asciende, la personal no va tan bien. En 1913, a los 51 años, decide divorciarse acabando con un matrimonio infeliz y sus posteriores relaciones no fructificaran con éxito. Pero al contrario que sus desgraciadas heroinas, Edith Warthon consigue realizar sus sueños de éxito y realización personal. Durante la Iª Guerra Mundial, colaboró en la atención a los heridos y trabajó duramente a favor de la causa aliada, lo que le valió la Legión de Honor y de cuya etapa dejó la novela "Un hijo en el frente". Y dejó muchísimas otras novelas profundas y magníficas que ahora están publicándose en castellano.

Convertida en una personalidad, Edith murió en su casa de Francia en 1937. Pero sus novelas tienen tal actualidad en el reflejo del alma humana, no solo de la mujer, que merece un lugar entre los grandes literatos de la historia.

Camarada_Ane / Edith Wharton / in: Retratos de la Historia.

miércoles, 4 de mayo de 2011

EL ESCÁNDALO WORSLEY

1782: EL ESCÁNDALO WORSLEY



Retrato de Seymour Dorothy Fleming, Lady Worsley (1758-1818), según Sir Joshua Reynolds, 1776.

En 1782, un sonado escándalo sexual sacudió a la alta sociedad londinense: sorprendieron a la esposa del gobernador de la Isla de Wight, Lady Worsley, yaciendo en una cama de hotel con un capitán de milicia. El asunto tomó tales proporciones, que acabó en un juicio que hizo las delicias de todo Londres y alimentó la imaginación de los dibujantes satíricos de la época.

Lady Worsley

Sir Richard Worsley, 7º Baronet de Appuldurcombe House (1751-1805), un joven y distinguido gentilhombre de muy buena familia* dedicado a la carrera política y militar, gobernador de la Isla de Wight, casó un 20 de septiembre de 1775 con la Honorable Seymour Dorothy Fleming (1758-1818), la bella y coqueta joven hija y co-heredera del difunto Sir John Fleming, 1er Baronet Fleming de Brompton Park, de Middlesex, y de Lady Jane Coleman, Lady Harewood**. La hermana mayor de la novia era Jane Fleming, que se había casado poco antes con Charles Stanhope, 3er Conde de Harrington. La dote de la hermosa joven de 17 años ascendía a 70.000 libras, lo que la hacía doblemente apetecible para cualquier soltero en busca de una esposa guapa y afortunada. Convertida en Lady Worsley, le dio a su marido un hijo, Robert Edwin Worsley -que murió joven- y una hija adulterina, y causó sensación en Londres cuando el retratista de moda, Sir Joshua Reynolds, la pintó revistiendo un elegante traje de amazona inspirado en el uniforme rojo del regimiento de su marido y presentando oficialmente su retrato en la Royal Academy en 1776.

Pese a tenerlo todo, o al menos eso parecía, Lady Worsley no se contentó con el marido y no se privó de coquetear con otros apuestos hombres que, por cierto, se daban de codazos para poder besar su mano y obtener algo más. Su ligereza e imprudencia en los flirteos, dieron pie a todo tipo de chismorreos y, verdadero o falso, se llegó a rumorear que la bella había tenido nada menos que 27 amantes en apenas siete años de matrimonio!

Retrato de Sir Richard Worsley, 7º Bt. Worsley de Appuldurcombe House (1751-1805), Gobernador de la Isla de Wight, coronel del Batallón del Hampshire del Sur, Controlador de la Casa del Rey y diputado por Newport en el Parlamento; según Sir Joshua Reynolds.

Peor aún: el médico de Lady Worsley, el Dr. William Osborn, llegó a revelar que ésta padecía una enfermedad venérea contagiada por uno de sus amantes, el Marqués de Graham. También se dijo que su hija nacida en 1781, llamada Jane Seymour Worsley, no era fruto de Sir Richard sino una bastarda del Capitán George M. Bissett, amigo íntimo y vecino del gobernador... Queriendo evitar el escándalo a toda costa y, sobretodo, la vergüenza, Sir Richard asumió inmediatamente la paternidad de la pequeña Jane Seymour Worsley y echó tierra sobre el asunto para desmentir cualquier rumor.


Appuldurcombe House, cerca de Wroxall, en la Isla de Wight, fue la casa solariega de los Baronets Worsley de Appuldurcombe desde mediados del siglo XVII con Sir Robert Worsley, 3er Bt. y diputado por Newton en el Parlamento de Londres.

Por su inconsecuencia, Lady Worsley provocó lo que era de esperar: un escándalo. Un escándalo que, además, se vio amplificado al hacerse público el juicio impulsado por Sir Richard Worsley, el marido engañado y demandante, contra el amigo, amante y demandado Capitán George Maurice Bissett (o Bisset), oficial de la milicia de Hampshire y vecino de la Isla de Wight, acusándole de haber seducido a su mujer, de haber cometido adulterio con ella y, por supuesto, de haber mancillado su honor como marido y caballero,... por lo que le reclamaba nada menos que 20.000 libras de indemnización. Y es que Sir Richard Worsley sorprendió al citado Capitán Bissett en compañía de Lady Worsley a la que, curiosamente, había citado en la habitación de un hotel para pasar allí la noche.

Es pues de esta forma que arranca un caso de adulterio que cubrirá de ridículo no solo a la dama sino también al marido.

Juicio ridículo y separación

El 22 de septiembre de 1782, Sir Richard Worsley demanda judicialmente al Capitán George M. Bissett. Sin embargo, la demanda no se basó en el supuesto adulterio, sino en un hecho concreto en el que el Capt. Bissett espió viciosamente a Lady Worsley desnuda en su cuarto de baño...


Viñeta satírica del dibujante Gillray sobre el sórdido juicio que hizo las delicias del todo Londres a finales de 1782; representa a Sir Richard Worsley aupando al Capt. Bissett para que pueda ver a su esposa, Lady Worsley, tomando un baño en completa desnudez.

Si el marido cornudo y demandante se las prometió felices desde el primer momento, pensando que el demandado pagaría con tal de evitar la cárcel, pronto se dio con un canto en los dientes: los abogados del Capitán Bissett basaron su defensa sobre la afirmación de que su defendido obtuvo los favores de Lady Worsley con el beneplácito de Sir Richard, argumentando que éste había empujado, ver animado, a su esposa a caer entre los brazos del capitán, acusándole de complicidad en lo que -a todas luces-, era un enrevesado caso de "ménage-a-trois". La defensa lo hizo tan bien que el jurado, aunque falló a favor del demandante, tan solo impuso una indemnización de 1 shilling por daños y perjuicios al Capt. Bissett, en vez de satisfacer a Sir Richard con las veinte mil libras exigidas inicialmente. El gobernador se cubrió de ridículo y vio como su carrera política quedaba seriamente comprometida. A su imagen públicamente dañada, satirizada por los caricaturistas londinenses convirtiéndole en el hazmerreír de la capital, se sumó la caída del ministerio de Lord North (1782) que también le arrastró; perdió todas sus atribuciones oficiales y su prometedora carrera parlamentaria llegó a un punto muerto. Frustrado y furioso, emprendió entonces acciones legales para separarse de su mujer y obtener la custodia de sus dos hijos.

Lady Worsley se convirtió en una apestada a ojos de la sociedad; echada a la calle por su marido, renegada por su familia, privada de sus hijos, se vio reducida a vivir como una querida profesional mantenida por sus ricos amantes, como otras tantas damas de clase alta que se habían encontrado en esa posición tan delicada a la par que vergonzosa. Tuvo dos hijos más de su amante Bissett antes de que éste la abandonara a su suerte en 1783, y un cuarto de padre desconocido (una niña llamada Charlotte Dorothy Cochard Hammond) que fue prontamente enviada a Bélgica para ser adoptada por una respetable familia. Dada su delicada situación y sus deudas, Lady Worsley se vio forzada a abandonar Inglaterra para instalarse en París.

En 1788, ella y su nuevo amante francés, el Caballero de Saint-Georges, regresaron a Inglaterra provocando la ira de Sir Richard Worsley al exhibirse en público. Éste solicitó entonces la ejecución del divorcio y consiguió que su ex-mujer se viera condenada a pasar 4 años de exilio en Francia. En consecuencia, Lady Worsley se vio atrapada durante 8 meses en un país en plena efervescencia revolucionaria y, por su condición aristocrática, fue quizás arrestada y momentáneamente encarcelada durante el Terror, salvándose por los pelos de acabar en la guillotina como apuntan algunos historiadores. La repentina muerte de su hijo primogénito en 1793, provocó su retorno a Inglaterra antes de que expirara la orden de exilio que pesaba sobre ella. A inicios de 1797, se sabe que se encontraba viviendo en Inglaterra, en pésimas condiciones, y que estuvo gravemente enferma durante dos meses; que después de obtener el perdón de su madre Lady Harewood, de su hermana y de su cuñado Lord y Lady Harrington, pudo instalarse discretamente en la mansión familiar de Brompton Park (del que era co-propietaria junto con su hermana mayor Jane, Lady Harrington) escapando de la miseria.


Retrato de Jane Fleming Stanhope, 3ª Condesa de Harrington (1755-1824), hermana mayor de Lady Worsley, según Sir Joshua Reynolds en 1775.

En 1805, Lady Worsley recibe la noticia de la muerte del que fue su marido Sir Richard Worsley y consigue recuperar las 70.000 libras de su dote, devolviéndole los medios para vivir holgadamente y sin depender de la caridad de su madre y de los Harrington. Un mes más tarde, el 12 de septiembre, se casaba legalmente con John Lewis Cuchet, de Farnham. El mismo mes, con Real Licencia, recuperó oficialmente su apellido de soltera, Fleming, que su flamante marido adoptó legalmente.

Después del armisticio de 1814, que ponía fin a la Guerra de las Seis Coaliciones contra la Francia Napoleónica, la pareja se trasladó a una elegante villa de Passy, en París, donde nuestra protagonista fallecería apaciblemente a sus 60 años en 1818.


(*)_Sir Richard Worsley, 7º Bt. Worsley de Appuldurcombe, sucedió a su padre el 6º Baronet en 1768 cuya mansión ancestral se encontraba al Sur de la Isla de Wight, cerca de Wroxall. Por lado paterno, descendía de un ilustre linaje que había llegado a Inglaterra con Guillermo I "el Conquistador" de Normandía, en el siglo XI. Su madre era Lady Elizabeth Boyle, hija del riquísimo terrateniente y aristócrata irlandés John Boyle, 5º Conde de Cork.


(**)_Viuda en 1763 tras diez años de matrimonio, Lady Fleming contrajo segundas nupcias en 1770 con Edwin Lascelles, 1er Lord Harewood, un sexagenario y rico plantador de azúcar de las Barbados que la dejó nuevamente viuda en 1795. Falleció a su vez en 1811.