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viernes, 22 de abril de 2016

Cita de la Semana

 
 
 
"Los reyes usan a los hombres como si fuesen naranjas, primero exprimen el jugo y luego tiran la cáscara."
 
Frase de: Fernando Alvarez de Toledo y Pimentel, 3er. Duque de Alba, G.E. (1507-1582), Capitán-General del Ejército de Flandes, militar y diplomático.

domingo, 3 de noviembre de 2013

EL CONDE DE SAVALLÀ Y DE PERALADA

SAVALLÀ,
el ministro catalán del Emperador
 



Nuestro personaje, Joan-Antoni de Rocabertí-Boixadors Pacs i de Pinós, fue VIº Conde de Savallà, VIIº Conde de Peralada, Vº Marqués de Anglesola, G.E., 32º Vizconde de Rocabertí, de Quermançó y de Requesens, Barón de Pau, 1er Marqués de Savallà, Barón de Vallmoll y de Bunyolí, Gentilhombre de Cámara del Rey, Virrey de Mallorca y de Valencia, Presidente del Consejo Supremo de los Países-Bajos Austríacos, Caballero de la Orden del Toisón de Oro.

Joan Antoni de Rocabertí-Boixadors Pacs i de Pinós (1672-1745) era hijo del segundo matrimonio de Joan II de Boixadors i Rocabertí, 5º Conde de Savallà y Barón de Vallmoll, con Teresa de Pinós. Del primer matrimonio de este último con su prima Esclarmonda de Rocabertí, había nacido tan solo una hija llamada Teresa de Boixadors, que casaría posteriormente con su primo Martí Onofre II de Rocabertí, 3er Marqués d'Anglesola. Sus abuelos paternos fueron Joan I de Boixadors, 3er Conde de Savallà (+1624), y Elisabet de Rocabertí, hija de los Condes de Peralada.

El padre de nuestro personaje había heredado del condado de Savallà (o Cevallà, Çavellà, creado en 1599) en 1643, al fallecer su hermano mayor Francesc de Boixadors, 4º titular de Savallà, sin herederos de su matrimonio con María de Blanes. Sus hermanos menores fueron Bernat, Caterina y Margarida de Boixadors.

Joan Antoni tuvo también por hermana a Maria Engràcia de Boixadors que, más tarde, contraería matrimonio con el noble valenciano Joan Pardo de La Casta, Marqués de La Casta, Conde d'Alaquàs y Barón de Bolbait.

Casado con una noble damisela de una muy influyente familia mallorquina, Dionisia Sureda de Sant-Martí, tuvo de ésta nada menos que 11 vástagos:

-Maria-Teresa de Boixadors, c.c. Francesc de Sentmenat i Torrelles, Marqués de Sentmenat.

-Maria Gràcia de Boixadors, c.c. N. de Pinós, Marqués de Santa-Maria de Barberà.

-Carles de Boixadors.

-Bernat Antoni de Boixadors i Sureda de Sant-Martí (1702-1755), 7º Conde de Savallà, 8º Conde de Peralada, G.E., c.c. Cecilia Faustina de Chaves => con descendencia / Iª Línea Condal de Peralada.*

-Joana de Boixadors i Sureda.

-Francesc de Boixadors i Sureda.

-Tomàs de Boixadors i Sureda.

-Josep de Boixadors i Sureda, c.c. Joana de Verí => con descendencia / IIª Línea Condal de Peralada.**

-Joan-Tomàs de Boixadors i Sureda, Cardenal de Boixadors.

-Joan-Francesc de Boixadors i Sureda.

-Josefa de Boixadors i Sureda, c.c. Francisco de Lanuza, Conde de Plasencia.

Fue el fundador, en 1700, de la Academia de los Desconfiados, con sede en Barcelona y compuesta por 16 miembros procedentes de la nobleza catalana.

Al estallar la Guerra de Sucesión Española, el entonces Conde de Savallà tomó partido por el bando austríaco que defendía las pretensiones del archiduque Carlos al trono.

 
Detalle de un retrato del Archiduque Carlos de Austria (1685-1740), pretendiente al trono de España y reconocido por sus partidarios como el rey Carlos III.


El 4 de abril de 1706, Savallà es nombrado ayuda-de-campo del proclamado rey Carlos III de Austria y participa activamente en la defensa de la ciudad de Barcelona, asediada por las tropas franco-españolas del Duque de Vendôme. Al año siguiente, es ascendido a gentilhombre de su cámara y, el 16 de agosto de 1707, nombrado virrey de Mallorca donde tiene gran influencia.

 
Retrato de la Princesa Elisabeth Christine von Brünswick-Wolfenbüttel (1691-1750), Archiduquesa de Austria y "Reina consorte de España". 


En septiembre de 1710, cuando se inicia la campaña para recuperar el Reino de Valencia con el asedio de la plaza de Morella, la reina-regente Elisabeth-Cristina le nombra nuevo virrey y le encomienda dirigir la expedición militar junto con el general Rafael Nebot, nombrado su auxiliar.

En 1711, al fallecer el emperador José I, Carlos de Austria regresa a Viena acompañado por el Conde de Savallà. Posteriormente instalado en la corte del flamante emperador Carlos VI, le es entregada la superintendencia de la Música de la Capilla Real e Imperial de Viena.

El 26 de noviembre de 1721, Carlos VI le recibe solemnemente como Caballero de la Orden del Toisón de Oro.

En 1728, al fallecer sin descendencia su primo Guillem Manel I de Rocabertí de Rocafull-Puigmarín, 6º Conde de Peralada, 3er Conde d'Albatera y 4º Marqués d'Anglesola, eminente militar felipista que había sido premiado con la Grandeza Española en 1703, Savallà figuraba como su más próximo pariente y, por tanto, heredó de sus bienes, títulos y grandeza con el beneplácito del rey Felipe V. De este modo, se convertía en el 7º Conde de Peralada, 5º Marqués d'Anglesola y 32º Vizconde de Rocabertí.

En 1729, nombrado Presidente del Consejo Supremo de los Países-Bajos Austríacos, se traslada a Bruselas para asumir sus responsabilidades. Su permanencia al frente de los asuntos belgas duraría hasta la muerte del emperador en 1740. Por esas fechas, dimite de sus funciones y opta por retirarse en sus posesiones de Sant Pere d'Arena, donde moriría en 1745.

 
Blasón de los Boixadors de Rocabertí, Condes de Peralada y de Savallà.




(*) Padres de Ferran Felip Basili de Rocabertí-Boixadors i de Chaves (1745-1805), 9º Conde de Peralada, 8º Conde de Savallà, 7º Marqués d'Anglesola, 34º Vizconde de Rocabertí, Barón de Vallmoll, G.E., que contrajo matrimonio con Maria-Teresa de Palafox i Castellet, Marquesa Vda. de Mondéjar => sin descendencia.

(**) Padres de Joan Antoni de Boixadors i de Verí, Marqués d'Ariany (+1789), que casó con la noble mallorquina Maria-Teresa Cotoner, madre de sus 3 hijos:

-Josep II de Boixadors i Cotoner (muerto joven)

-Joana de Rocabertí-Boixadors i Cotoner, 10ª Condesa de Peralada y 9ª Condesa de Savallà, 8ª Marquesa d'Anglesola, G.E. (+1862), c.c. Antoni Maria Dameto i Safortesa, Marqués de Bellpuig; padres de:

- Francesc Xavier de Rocabertí-Boixadors Dameto i Boixadors, 11º Conde de Peralada y 10º Conde de Savallà, 9º Marqués d'Anglesola, G.E., 9º Marqués de Bellpuig (+1875)

-Anna de Boixadors i Cotoner, c.c. Joan-Miquel Sureda i de Verí, 4º Marqués de Vivot (1777-1835) =>Linaje de Sureda / Marqueses de Vivot.

martes, 1 de enero de 2013

EL GRAN DUQUE DE OSUNA



Pedro Téllez-Girón y Velasco Guzmán y Tovar, IIIer Duque de Osuna, G.E., IIIº Marqués de Peñafiel, VIIº Conde de Ureña, Caballero de la Orden del Toisón de Oro, etc. (Osuna, 17-12-1574 / Barajas, 24-09-1624).

Noble, político, militar y cortesano español más conocido bajo el apelativo de El Gran Duque de Osuna, que fue virrey y capitán-general de Sicilia y de Nápoles sucesivamente bajo los reinados de Felipe III y Felipe IV de España.

Hijo de Juan Téllez-Girón de Guzmán, IIº Duque de Osuna, y de Ana María de Velasco y Tovar, hija del IVº Duque de Frías, Condestable de Castilla.

De niño, se trasladó junto con sus padres y abuelo, el Ier Duque de Osuna (Pedro Téllez-Girón y de La Cueva), a Nápoles cuando éste fue nombrado virrey de aquel reino italiano en 1582. Huérfano de madre, estuvo al cuidado de su abuelastra Isabel de La Cueva y Castilla (hermana del VIº Duque de Alburquerque), y su formación académica le fue proporcionada por Andrea Savone, literato y humanista que le enseñó el latín, historia, geografía, compaginando sus estudios con la formación de caballero: esgrima, equitación,...

De vuelta a España, su abuelo lo envió a la Universidad de Salamanca para completar su educación y estudiar retórica, filosofía y derecho.

El 7 de febrero de 1594, casaba en Sevilla con Catalina Enríquez de Ribera, hija del opulento IIº Duque de Alcalá de los Gazules y nieta, por su madre, de Hernán Cortés.

Convertido ya en Marqués de Peñafiel tras la muerte de su abuelo en 1590 -título de los herederos de la Casa de Osuna-, hizo un viaje instructivo por Portugal antes de verse nombrado para formar parte de la embajada española a París, concluyéndose allí la Paz de Vervins.

El 13 de septiembre de 1590, fallecía en la Villa y Corte de Madrid su abuelo. Una década después, en 1600, fallecía a su vez su padre, convirtiéndole en el IIIer Duque de Osuna y Grande de España, y en la segunda fortuna española después de los Duques de Medina Sidonia.

 
Retrato de Don Felipe III de Austria (1578-1621), Rey de las Españas y de las Indias desde 1598 hasta 1621; según Bartolomé González.


Sus inicios en la corte se distinguieron por su pronunciado libertinaje sexual, sus escándalos, riñas y encontronazos con la Justicia, por lo que el rey Felipe III lo desterró a Sevilla. Dada la persistencia de su actitud inmoral en la capital andaluza, sería nuevamente obligado a retirarse en su villa de Osuna y, finalmente, apresado en Arévalo. Gracias a la ayuda de su tío el Duque de Frías, escapó de su prisión y marchó a combatir en los Países-Bajos como simple soldado. Agasajado en París y luego en Bruselas por el Archiduque Alberto y la Infanta Isabel-Clara-Eugenia, encontró su hueco en la compañía del capitán Diego Rodríguez, con una paga de 4 escudos mensuales. Tiempo después, le dieron el mando de dos compañías de caballería.

Su estancia en los Países-Bajos españoles duró 6 años, en los que demostró sobrada valía y arrojo en las batallas.

En 1604, se encontraba en Londres, junto con su tío el Duque de Frías, en las celebraciones del tratado de paz entre Jacobo I de Inglaterra y Felipe III de España.

En 1606, pierde el dedo pulgar de la mano derecha durante el asalto a la Plaza de Grol, que le es arrancado de un balazo de mosquete. Aunque prontamente recuperado, tuvo que hacer un aprendizaje intenso para adquirir soltura como zurdo: escribir, sostener y manejar la espada, la pistola y el tenedor con tanta soltura como cuando lo hacía siendo diestro.

 
Retrato del Archiduque Alberto de Austria (1559-1621) Soberano de los Países-Bajos Españoles de 1599 a 1621; obra de P. P. Rubens.


Pese a sus eminentes y loables servicios, Osuna chocó frontalmente con el Archiduque Alberto de Austria cuando éste inició las conversaciones de paz con el Príncipe Mauricio de Orange, estatúder de Holanda. Radicalmente contrario a las negociaciones con los holandeses, Osuna fue conminado a dejar Bruselas y regresar a Madrid. Fue, sin embargo, recompensado con el collar de la Orden del Toisón de Oro.

De vuelta a Madrid, el Duque de Osuna fue recibido en audiencia privada por el rey Felipe III para, luego, dar cuenta de sus hechos en Flandes ante el Consejo en pleno, a lo largo de 2 horas. De allí salió nombrado gentilhombre de cámara, miembro del Consejo de Portugal y consejero privado de Su Majestad en los asuntos de Flandes y negociaciones con las Provincias Unidas.

Por otro lado, consiguió para su hijo y presunto heredero, Juan Téllez-Girón, Marqués de Peñafiel, la mano de Isabel de Sandoval, hija del Duque de Uceda y nieta del Duque de Lerma, validos del rey, lo que supuso la apertura, para él, de todas las puertas a los puestos más altos del Estado.

En febrero de 1610, Osuna era nombrado por el Consejo y por el rey, nuevo virrey del reino insular de Sicilia (confirmación del 18-09-1610). Llegado a la isla el 9 de marzo de 1611, se encontró con una situación desastrosa: el erario público se había declarado en bancarrota; se falsificaba y adulteraba la moneda; la inflación era galopante; los ladrones asaltaban comercios en pleno día, era imposible viajar sin una fuerte escolta armada hasta los dientes; el sistema judicial arbitrario, completamente corrompido y en manos de los nobles locales, y las cárceles sobrepobladas... Y, para colmo, la escuadra siciliana estaba desarmada, desorganizada y conformada por hombres de la peor calaña.

Como nuevo virrey, Osuna obró milagros para reconducir la paupérrima situación siciliana: restituyó el crédito de la hacienda, restableció la moneda, ajustó los impuestos, equilibró los presupuestos y consiguió aumentar la recaudación. Los caminos y las calles fueron limpiadas de salteadores y ladrones. Restauró la autoridad y libertad de los jueces y magistrados, se abrieron las cárceles y cesaron los arrestos arbitrarios.

Con mucha astucia, tesón y disciplina, consiguió reformar y consolidar la armada siciliana hasta llevarla al primer rango en eficacia y poder disuasorio ante la amenaza naval de turcos y berberiscos. Por otro lado, logró autorización real para conceder patentes de corso a capitanes de buques de su propiedad, dando una quinta parte de los botines obtenidos al rey Felipe III, otra quinta a la Real Hacienda y otro tanto a sus hombres convertidos en corsarios. El grueso de la rapiña llenaba sus arcas, facilitándole los medios para construir más buques y financiar los de la Corona Española.

Impresionado por la gran labor del duque-virrey, Felipe III le concedió el virreinato de Nápoles en junio de 1616, para que obrara los mismos milagros en un reino también afectado por muchos desórdenes. Renovó el éxito por segunda vez y, encima, se hizo con el dominio del Mar Adriático.

Sin embargo, sus contínuas acciones corsarias, sus choques con la Serenísima República Veneciana, celosa del poderío naval recién adquirido por el virrey, y su actitud desafiante ante las órdenes del Consejo Real (que consideraba perjudiciales para la Monarquía Hispánica) empezaron a malmeter sus excelentes relaciones con la corte de Madrid.

La famosa "Conjura de Venecia", urdida por la Serenísima, arruinó la reputación del Duque de Osuna, y puso al descubierto todo un entramado de sobornos en la corte española: desde el Duque de Uceda hasta el confesor del Rey Felipe III, eran untados con dinero contante y sonante, y regalos carísimos que venían directamente de Nápoles. A los sobornos, se unieron las maledicencias de parte de la aristocracia napolitana, enemistada con el virrey, acusándole de planear independizarse de España y soñar con coronarse rey de Nápoles aprovechando su poderío naval y su gran popularidad entre el pueblo.

 
Retrato de Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja, 1er Duque de Lerma, G.E. (1553-1625), valido del rey Felipe III entre 1599 y 1618; obra según Juan Pantoja de La Cruz.


Tras la caída en desgracia del Cardenal-Duque de Lerma en 1618 y su reemplazo por su propio hijo, el Duque de Uceda, se inició en la corte española una purga contra destacados miembros de la administración anterior. A esto se sumó la influyente intervención del fraile Lorenzo de Brindisi (agente de esa nobleza napolitana enemistada con el virrey) ante el rey Felipe III, que tuvo lugar en Lisboa en mayo de 1619, y en la que se atacó al Duque de Osuna denunciando sus abusos de poder y sus supuestos planes de independización.

Olvidando los grandes servicios brindados a la Corona, Felipe III ordenó que Osuna regresara a Madrid para que respondiera de todos los cargos presentados contra él (1620). El 28 de mayo de 1620, el duque abandonaba su cargo y se presentaba ante el Consejo Real.

Mientras Osuna pacientaba para obtener audiencia con el Rey, éste falleció el 31 de marzo de 1621. Considerado un "obstáculo" que había que silenciar y abatir por la camarilla de Baltasar de Zúñiga y el Conde de Olivares, el duque fue detenido y encarcelado sin brindarle jamás la oportunidad de tener un juicio justo.

De prisión en prisión, el Duque de Osuna nunca volvería a recobrar la libertad ni ser rehabilitado. El 24 de septiembre de 1625, fallecía enfermo y abatido por su suerte.

De su matrimonio con Catalina Enríquez de Ribera y Cortés de Zúñiga, hija de los Duques de Alcalá de los Gazules, tuvo dos hijos:

-Juan Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1598-1656), IVº Duque de Osuna, G.E.

-Antonia Téllez-Girón y Enríquez de Ribera (1610-1648), c.c. Francisco Fernández de Castro, IXº Conde de Lemos, G.E.

De sus deslices extramatrimoniales, tuvo 4 hijos ilegítimos: dos hijas y dos varones.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

LA VIª CONDESA DE MONTIJO





María Francisca de Sales de Portocarrero Guzmán Luna y López de Zúñiga (Madrid, 1754 / Logroño, 1808).

Fue hija única de Cristóbal de Portocarrero Luna Osorio y Fernández de Córdoba, VIº Marqués de Valderrábano y heredero de la Casa Condal de Montijo (ob.1757), y de María Josefa López de Zúñiga Chaves y Téllez-Girón (ob.1796), hija ésta del IXº Duque de Peñaranda de Bracamonte y biznieta -por su madre- del Vº Duque de Uceda.

En sus venas se mezclaba la ilustre sangre de los Fernández de Córdoba con la de los López de Zúñiga, junto con la de los Pacheco, Portocarrero, Pimentel y Téllez-Girón, sin olvidarse de que descendía del condestable Álvaro de Luna.

Armas de los Condes de Montijo, Grandes de España.


Su educación recaerá bajo el cuidado de su abuelo paterno al fallecer prematuramente su padre cuando tiene 3 años. Su madre, destrozada por el dolor, opta por retirarse del mundo e ingresar en un convento. Para su formación, la niña será entregada a las monjas salesianas, encargadas desde su establecimiento en España (por iniciativa de la ya finada reina Bárbara de Braganza, esposa del rey Fernando VI) de la formación de jóvenes damiselas de rancio abolengo.

A los 14 años de edad, es casada con el Teniente General Felipe Antonio de Palafox y Croy d'Havré Centurione (1739-1790), hijo del segundo matrimonio del VIº Marqués de Ariza con la Princesa Marie Anne Charlotte de Croy d'Havré. Él tiene entonces 29 años y les separan 15 años de diferencia. El contrato matrimonial es firmado el 24 de octubre de 1768 en el convento de las Carmelitas de San José, donde se encontraban la novia y su madre, la Marquesa Viuda de Valderrábanos. El Conde consorte de Baños, esposo de la VIIIª Condesa de Baños, prima-hermana de los padres de la novia, actúa como testigo y en representación de otro primo-hermano y tutor legal de ésta, el Arzobispo de Toledo y Cardenal Luis Fernández de Córdoba y Portocarrero, Conde de Teba y de Ardales.

En el contrato matrimonial, se establecen cláusulas que especifican que el contrayente tendrá que adoptar el nombre y las armas de la Casa de Portocarrero, titular del condado extremeño de Montijo y otros feudos. Si los bienes aportados por el novio son valorados en 320.000 reales, los de la novia son mucho más considerables: 1.775.709 reales sin contar los mayorazgos y sus rentas, sus pertenencias de uso doméstico, joyas, carruajes y vestidos; en total, su fortuna es estimada en 2.337.411 reales! A eso se tuvo que sumar la cantidad de 29.052 reales y 15 maravedís en moneda de oro y plata, que procedían de la cuenta de su tutela.


Retrato de Don Cristóbal Gregorio de Portocarrero, Vº Conde de Montijo (1693-1763), abuelo de la VIª Condesa de Montijo.

Tras el deceso de su abuelo paterno (1763), de su tío-abuelo el Arzobispo de Toledo (1771) y de su tía la Condesa de Baños (1792), María Francisca de Sales de Portocarrero de Guzmán Luna y López de Zúñiga se convierte sucesivamente en la VIª Condesa de Montijo, XVIª Condesa de Teba, IXª Condesa de Baños, Vª Condesa de Fuentidueña, VIIª Marquesa de Valderrábanos, VIª Marquesa de Osera y de Castañeda, Xª Marquesa de Villanueva del Fresno y de La Algaba, XIª Marquesa de Barcarrota, Marquesa de Martorell, de Ardales, de Algava, de Molina y de Ugena, Condesa de Ablitas, Señora del Adelantazgo Mayor de Murcia, dos veces Grande de España de 1ª clase, Condestablesa de las Indias, Mariscala Mayor de Castilla, y de un sinfín de señoríos menores.

Más tarde, a toda esa lista de dignidades y títulos nobiliarios se sumarían, también por herencia, el condado de Miranda de Castañar y el ducado de Peñaranda de Bracamonte que, a la postre y a través de una de sus nietas, pasarían a engrosar el patrimonio de la Casa de Alba y de Berwick.

En los primeros años de vida conyugal, que fueron amenos, María Francisca de Sales dará a luz a ocho hijos, de los que solo sobrevivieron seis: cuatro chicas y dos varones; la futura XVIª Duquesa de Medina Sidonia, los futuros VIIº y VIIIº Condes de Montijo, la futura XVIª Marquesa de Bélgida, la futura VIª Condesa de Parcent y Contamaina, y la IVª Marquesa de Lazán.

La pareja forma un matrimonio bien avenido por no decir dichoso, de ideas marcadamente reformistas y liberales en una España que se abre dificilmente a las ideas de la Ilustración francesa. Tan solo la alta sociedad se hará adepta de las nuevas ideas del Siglo de las Luces. Pese a su gran apego a la religión, de la que siempre hará ostentación, la VIª Condesa de Montijo será una de las cuatro grandes damas españolas de la Villa y Corte de Madrid en abrir un salón de tertulias a imagen y semejanza de los de París. De hecho, ella formará parte, y muy activamente, de ese movimiento femenino que opera en la 2ª mitad del siglo XVIII español y que pretende salir del habitual ostracismo al que siempre estuvo el mal llamado sexo débil condenado.


Retrato de Carlos III de Borbón (1716-1788), Rey de España y de las Indias entre 1759 y 1788.


Por aquellos años, la Sociedad Económica de Amigos del País, más conocida como la Matritense, abre sus puertas a las mujeres permitiéndoles el acceso pero con condicionamientos. Dada la resistencia de los hombres ante la intromisión del género femenino en asuntos tan "viriles", el mismo rey Carlos III se verá en la necesidad de intervenir para calmar las aguas en 1786... En cuanto a los salones que se abren en Madrid, que son pocos, éstos nunca llegarían en realidad a adquirir la importancia, la trascendencia y el prestigio europeo conseguido por los franceses. Llegó a ser más bien un signo exterior de "prestigio" algo provinciano y un excelente pretexto para el lucimiento propio. Pero, por otro lado, tenían una gran carga simbólica: la conquista de un espacio público presidido por las mujeres con abolengo, ociosas, educadas y refinadas, un espacio para tener voz y abordar temas intelectuales y culturales.

De los cuatro salones que se abren entonces en Madrid, el más importante e ilustrado es el de la Condesa-Duquesa de Benavente, pero el de la Condesa de Montijo es, sin lugar a dudas, el más polémico. Si en el de la Condesa-Duquesa de Benavente se discute de música, literatura y de teatro, en el de la Condesa de Montijo se aborda el delicado tema de la religión que, a la postre, le atraerán las furias de la Inquisición. En él acuden Jovellanos, Meléndez Valdés, Lleredi,... y algún que otro clérigo a espiar para informar o denunciar ante el tribunal del Santo Oficio lo que allí se decía.

Lejos de limitarse a presidir un "salón", la Condesa de Montijo intervino activamente en la sociedad para conseguir una mejora de la condición femenina. Convertida en secretaria de la Junta de Damas, cargo que desempeñaría a lo largo de 17 años, y cuya presidencia ostentaba la Condesa-Duquesa de Benavente, la Montijo pudo actuar eficazmente. Gracias a Carlos III, se creó la "Junta de Damas" dentro de la Sociedad Económica de Amigos del País, primera agrupación integrada exclusivamente por mujeres y que no se dedicaba a fines espirituales. La Junta asumió entonces la dirección de las Escuelas Patrióticas que habían sido creadas a raíz de una Real Cédula de Carlos III. En ellas, se enseñaban a las niñas tan solo a rezar y a hacer labores, mientras que a los chicos se le enseñaba a leer, escribir, matemáticas y gramática junto con el catecismo y los rezos.


Retrato de José Moñino Redondo, 1er Conde de Floridablanca (1728-1808).


Fue la intervención de la Condesa de Montijo muy decisiva en una asunto tan curioso como el intento, por parte del Gobierno del Conde de Floridablanca, de imponer a la mujer un "traje nacional" con visos a uniformarlas y a controlar el gasto que suponía la moda femenina de entonces. Su réplica surtió tal efecto en el ministro que éste hubo de retirar el proyecto y abandonarlo en un cajón.

También intervino en el asunto de la Real Inclusa de Madrid, cuya situación era por lo menos trágica: la inexistencia de higiene y el desbordamiento de las nodrizas al encontrarse al cargo de muchos bebés, causaban mucha mortandad infantil. Carlos IV se resistió al principio pero, al cabo de casi 7 años, acabó entregando la dirección de la inclusa a la Junta de Damas (13 de septiembre de 1799). Ese mismo año, el índice de mortandad infantil era de un 96%... En 1800 y tras doce meses de hacerse cargo la Junta de la Real Inclusa, la mortalidad se había reducido hasta un 46% y, en 1801, al 36% lo que probaba holgadamente la eficacia e inteligencia de esas damas al frente de la institución cuando asumieron su gerencia y dirección a finales de 1799.

Animada por el éxito de aquella empresa, la Condesa de Montijo propuso también al Gobierno que la Junta de Damas se hiciera cargo de la penosa situación de las presas de la cárcel de La Galera. Las condiciones miserables en que se debatían las reclusas en aquella prisión hacía que muchas de ellas envejecieran y murieran antes de que se celebrara el juicio. Lejos de limitarse al papel de directora, la condesa también trabajó como simple enfermera en las dependencias carcelarias. Por otro lado, creó una asociación que se ocupara de enseñar a aquellas presas oficios que les permitieran conseguir pequeños ingresos y prepararlas para afrontar el momento de volver a pisar la calle, buscar trabajo y poder vivir dignamente. De este modo nació la Asociación de Presas de La Galera y constituyó una novedad sin precedentes en toda España.

Gran mujer, valiente y luchadora, la Condesa de Montijo defendió sus creencias religiosas aunque aquello supusiera la enemistad del clero y conllevara el exilio. Pretendía, como otros ilustrados, cambiar aquella religiosidad fanática de los españoles por un sentimiento religioso más puro, predicando con el ejemplo. Aquella manera de entender la religión fue erróneamente calificada de "jansenismo", obviamente por los enemigos aferrados a la tradición hasta la irracionalidad.

Es también de interés saber que la Condesa de Montijo tradujo del francés al castellano Introducciones sobre el matrimonio de Nicolas Letoumeaux, a instancias del obispo Josep Climent y que la obra se editara con todos los permisos eclesiales en 1774, en Barcelona. Obviamente, la condesa se guardó de que su nombre apareciese en la edición barcelonesa pero, pese a esa discreción, se supo de su colaboración. Para colmo, la obra y su contenido se convirtieron en sospechosos de herejía...

Retrato de Carlos IV de Borbón (1748-1819), Rey de España y de las Indias entre 1788 y 1808.


La Condesa de Montijo se convirtió en el punto de mira de la Inquisición y de los enemigos de la Ilustración, de aquellos cobardes acólitos del oscurantismo que querían, por todos los medios, poner cortapisas al progreso y a la modernidad que se abrían paso en toda Europa. Los jesuitas, que habían sido expulsados de España por Carlos III, habían vuelto en 1789 por orden de Carlos IV y miraban como enemigos suyos a todos aquellos que se habían adherido a las ideas ilustradas.

Pese a las sospechas primero, y a las denuncias después, la Condesa de Montijo y de Baños siguió su labor benéfica en favor de los desprotegidos sin dejar que nada ni nadie interfiriera. Sólo cuando Carlos IV firma una Real Orden en 1805, disponiendo de su destierro, la condesa se aparta de todo y abandona Madrid. Procesada por la Inquisición -a instancias de Manuel de Godoy, según afirmó el embajador francés-, que le acusaba de jansenismo, fue condenada al exilio. De rebote, sus hijos también fueron desterrados por declarada y visceral enemistad hacia el valido.

Los tiempos habían cambiado. La Revolución Francesa había sacudido Europa y removido los cimientos del Antiguo Régimen. Las ideas ilustradas, señaladas como las verdaderas inductoras de la revolución gala, fueron vetadas, sus libros censurados y prohibidos, los salones y cenáculos cerrados. Todo lo que oliera a francés era herejía a ojos de la Iglesia y una amenaza al establishment monárquico. Los Montijo y sus amigos, señalados como elementos sospechosos y peligrosos.

Dado que se la echaba de la corte, la Condesa de Montijo y de Baños hizo sus baúles el 9 de septiembre y viajó hasta sus tierras extremeñas, residiendo en su palacio de Montijo. Posteriormente, en 1807, se traslada a Logroño, donde tiene extensas tierras, para hacer una cura de aguas termales en la localidad de Arnedillo, muy de moda entonces. Su caída en desgracia pasa desapercibida o se ignora ostentosamente en la Villa y Corte.


Retrato de Fernando VII de Borbón (1784-1833), Rey de España y de las Indias en 1808.


Tras el Motín de Aranjuez, que provoca la caída de Godoy y la renuncia de Carlos IV el 18 de marzo de 1808, el flamante rey Fernando VII levanta la orden de destierro que pesa sobre la Condesa de Montijo y su familia, reparando así una injusticia de su padre. La noticia la llena de alegría pero no podrá regresar a la corte: enferma y fallece inoportunamente de lo que entonces llamaban "calentura aguda inflamatoria". Sus restos recibieron cristiana sepultura en la catedral de la capital riojana.

Desde que había enviudado de su marido en 1790, la Condesa de Montijo se había casado nuevamente, pero en la mayor discreción, con Estanislao de Lugo y Molina en 1795. Dada su posición de Grande de España, estuvo obligada a solicitar al rey su real permiso para semejante enlace y, según se deduce, lo consiguió gracias a la mediación de Godoy. La unión fue feliz y los hijos de la condesa jamás interfirieron en su nueva vida conyugal.

En su testamento de finales de enero de 1800, la Condesa de Montijo y de Baños legaba sus mayorazgos a su primogénito Eugenio, Conde de Teba; sus bienes libres eran repartidos a partes iguales entre sus seis hijos, descontándose de éstos las legítimas que cada uno de ellos había recibido al contraer matrimonio. Su hijo menor, Cipriano, Marqués de Fuentelsol, es encomendado al cuidado y protección del mayor. A los pobres de su condado de Baños, les lega la suma de 2.000 reales; a su servidumbre, conformada por 31 criados, corresponde la coqueta suma 256.877 reales. Para su viudo y segundo marido, Estanislao de Lugo y Molina, que fallecerá exiliado en Burdeos en 1833 por haber sido consejero del rey José I Bonaparte, le legó 500.000 reales.

Sus hijos fueron:

-Eugenio de Palafox y Portocarrero, VIIº Conde de Montijo, casado con María Ignacia de Idiáquez y Carvajal, hija del IVº Duque de Granada de Ega.

-María Gabriela de Palafox y Portocarrero, IVª Marquesa consorte de Lazán.

-María Ramona de Palafox y Portocarrero, VIª Condesa consorte de Parcent.

-Cipriano de Palafox y Portocarrero, Marqués de Fuendelsol y luego VIIIº Conde de Montijo, casado con María Manuela Kirkpatrick de Closeburn. Fueron los padres de la futura XVª Duquesa consorte de Alba y de Berwick, y de la Emperatriz de los Franceses.

-María Tomasa de Palafox y Portocarrero, XVIª Duquesa consorte de Medina Sidonia.

-Benita Dolores de Palafox y Portocarrero, XVIª Marquesa consorte de Bélgida.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DICCIONARIO: I de Iluminati a Infante de España



I

Iluminati: secta racionalista y logia masónica secreta muy influyente del siglo XVIII, contraria al catolicismo, que tuvo muchos adeptos entre la aristocracia y la realeza alemana; fue fundada por Adam Weishaupt en 1776.

Infante/Infanta de España: título de los vástagos reales de España y de Portugal, que viene de la palabra y apelativo de "hijo/hija de" para señalar a los retoños de los soberanos hispano-lusos. El tratamiento de Infante se reserva exclusivamente a los hijos de ambos sexos de los monarcas y, en ocasiones, a los nietos que sean hijos de infantes si éstos no han contraído matrimonio morganático o por decisión del rey. Se encuentra un título equivalente en Francia "Enfant de France" ("Fils de France" = Hijo de Francia y "Fille de France" = Hija de Francia).

DICCIONARIO: G de Gentilhombre a Grande de España

Blasón de los Téllez-Girón, Duques de Osuna, Grandes de España de 1ª Clase.
retrato de un gentilhombre inglés, Sir John Needham, obra de Marcus Gheeraerts.


G


Gentilhombre: condición o titulo del caballero que vive noblemente, es decir que no trabaja, vive del producto de sus posesiones y va a la guerra, desde la Edad Media. Algunas de sus traducciones: Gentiluomo (Italiano), Gentilhomme (Francés), Herr (Alemán), Gentleman (Inglés).


Graf: título nobiliario alemán que significa "Conde". En fem., "Gräfin".


Grande de España: título de gran prestigio en España, que procede de la calidad de "Rico Hombre de Castilla", concedido por el monarca español a sus más leales servidores nobles, y con carácter hereditario. La grandeza fue creada por el rey-emperador Carlos I de España y V de Alemania. Ser Grande otorga la supremacía de rango sobre los demás nobles. Hay 3 clases de grandeza: de 1ª clase, de 2ª y de 3ª. Los Infantes de España son Grandes de España de 1ª clase por derecho de nacimiento. El equivalente en Inglaterra es el rango de "Lord" (Peer), y en Francia el de "Pair" (Par del Reino).