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miércoles, 6 de julio de 2011

EL PALACIO DE LOS GRIMALDI : Historia del Palacio Monegasco

HISTORIA DEL PALACIO DE MÓNACO
de fortaleza a palacio renacentista




En 1162, bajo reserva de pleitesía, el emperador Federico I "Barbarroja" reconoce a la República de Génova la dominación de las costas Ligurias, desde Porto Venere hasta Mónaco.

El 30 de mayo de 1191, el emperador Enrique IV, concede el derecho a fortificar la roca de Mónaco, su puerto y tierras adyacentes para defender la cristiandad de los Sarracenos. Quedaba por adquirir la propiedad privada del terreno a los cónsules de Peille y a los monjes de la abadía de Saint-Pons, cosa hecha en 1197.

Sin embargo, pasarían 18 años más hasta que se iniciase la edificación de lo que se convertiría, después de muchas transformaciones y ampliaciones, en la residencia majestuosa de los Príncipes de Mónaco.

El 10 de junio de 1215, bajo la batuta del cónsul Fulco del Castello, los genoveses proceden a poner la primera piedra de la fortaleza primitiva dotada de 4 torres cuadradas y macizas, unidas entre sí por murallas de ocho metros de altura, y que delimitan aún hoy día el perímetro casi triangular del Palacio Principesco.

Rápidamente, ese dispositivo sería reforzado por murallas y torres que abarcarían la totalidad del promontorio rocoso de Mónaco, y añadiéndose una segunda fortaleza -hoy desaparecida- que defendía la entrada al puerto.



La historia de los Grimaldi se une a la del palacio-fortaleza a partir de 1297, época en que Génova se debate en luchas intestinas que oponen a Güelfos y Gibelinos, partidarios del Papa y del Emperador respectivamente. Es a principios de ese año, en la noche del 8 de enero, cuando Francesco Grimaldi, apodado "Malizia" -el Malicioso-, del Partido Güelfo y entonces expulsado de Génova, se apodera con nocturnidad y alevosía de la plaza fuerte de Mónaco.

Pero el castillo sería repetidas veces perdido y recuperado hasta que, 30 años más tarde, los Grimaldi se apoderan definitivamente de Mónaco y se instalan en el castillo-palacio del promontorio rocoso. El jefe de los Grimaldi, Carlos I, sería considerado como el primer señor de Mónaco a partir de 1341, así como de Menton (1346), y de Roquebrune (1355).

Siempre bajo la amenaza de ver arrebatada su "conquista", Carlos I y sus sucesores inmediatos tuvieron que concentrar sus esfuerzos en reforzar las fortificaciones y defensas de su castillo.

En el siglo XV, Lamberto I continúa activamente al frente de las mejoras defensivas pero añadiendo ciertas mejoras estéticas al castillo. Con la época y la primera oleada renacentista, el gusto por adecentar las residencias señoriales va cogiendo un auge gradual entre príncipes y nobles europeos. Si sigue siendo una fortaleza, el castillo se va complementando con estancias más espaciosas y luminosas, decoradas y amuebladas para hacer más agradable la vida entre sus austeros y fríos muros. Es Lamberto I quien inicia las primeras obras de importancia en el castillo, transformándolo paulatinamente en un palacio sin renunciar a las torres defensivas y las murallas almenadas.

Tras el devastador pero victorioso asedio sostenido contra Génova (1506-1507), el siglo XVI ve el solemne reconocimiento de la soberanía de Mónaco por sus poderosos vecinos y conoce una era de paz relativa. Los Grimaldi, preocupados por la importancia de su posición estratégica, proceden a la restauración de sus murallas y del viejo castillo gravemente afectados por la artillería enemiga.



En 1529, todos los trabajos de restauración son visitados por el emperador Carlos V de Austria, aprovechando su visita oficial en el principado monegasco. Y llega el tiempo en el que los Señores de Mónaco pueden dedicarse a la ampliación y embellecimiento de su antigua fortaleza que, poco a poco, perderá su carácter medieval para aparecer, al final del siglo, como el palacio renacentista de un gran señor italiano.

Honorato I (1522-1581) contrata los servicios del arquitecto Domenico Gallo, autor de la Galería de Hércules, pero también del pintor genovés Luca Cambiaso al cual es confiada la decoración de la fachada septentrional del Patio de Honor del Palacio de los Grimaldi.

La defensa de la plaza no deja de ser primordial. De este modo, la cisterna excavada en la roca viva, en medio del palacio, es ampliada para contener 15.000 m3 de agua potable, cantidad suficiente para permitir a un contingente de mil hombres aguantar un asedio de 648 días. Monumental, como la nave de una iglesia, con una bóveda apoyada sobre nueve pilares macizos, tiene una profundidad de 5 metros, una largada de 20 y una anchura de 18.

El proyecto del palacio renacentista existía desde el siglo XVI, y su metamorfosis se inicia principalmente bajo Honorato II, primer Príncipe de Mónaco (1597/r.1604-1662). Éste, educado en Milán, ha desarrollado desde su infancia el gusto por la fastuosidad y la magnificencia italianas. En verdadero mecenas, mantiene a toda una tropa de creadores talentosos: arquitectos como Jacopo Cantone, escultores como Martino Solaro,...


Vista del Palacio de Mónaco a inicios del s. XVIII, según J. Bressan.


Panorámica del Palacio Principesco de Mónaco en la 1ª mitad del siglo XVIII.

El Palacio Grimaldi conoce espectaculares transformaciones: se levanta, por un lado, el magnífico Pabellón de los Baños, junto con el Cuartel Real nuevamente levantado en la prolongación del ala Sur, y por otro lado, el ala Occidental con la Capilla Principesca dedicada a San Juan Bautista (1654). Con la apertura de la Puerta de Honor y la construcción de la escalera monumental ejecutadas bajo el reinado del Príncipe Luis I de Mónaco (1642/1662-1701), el Patio de Honor toma su aspecto definitivo.


La escalinata en forma de herradura, en el Patio de Honor del Palacio Grimaldi.

Todas las ampliaciones y decoraciones sucesivas, con sus grandes riquezas artísticas, sus tapizados delicadamente bordados, sus decorados pintados y sus frescos debidos a grandes artistas de renombre internacional, hicieron del Palacio de Mónaco, desde mediados del siglo XVII, una de las residencias más destacadas del Mediterráneo, donde se podían admirar ricas colecciones de muebles y objetos de arte diversos.


Fotografía de la Sala del Trono del Palacio Grimaldi, de cuyas paredes cuelgan los retratos de los sucesivos príncipes monegascos.

Cuando la Revolución Francesa llega al Principado de Mónaco, el palacio de los Grimaldi padece de los excesos revolucionarios; todas sus colecciones, sus obras de arte, sus archivos sufren del pillaje, de la destrucción indiscriminada y son dispersados y vendidos como Bienes Nacionales. El Palacio se transforma luego en hospital para el Ejército de Italia y, de 1808 a 1814, pasa a ser una casa de acogida para los mendigos del Departamento de los Alpes-Marítimos.


Fachada principal del Palacio Grimaldi desde la Plaza de Armas.

Al producirse la Restauración de 1814, con el retorno de los Príncipes a Mónaco, el estado del Palacio parece tan lamentable que se ven forzados a abatir una parte del ala que da sobre la fachada de la Plaza del Palacio, así como el suntuoso Pabellón de los Baños. Durante gran parte del siglo XIX, los Príncipes concentran sus fuerzas en devolver a su residencia el antiguo esplendor y los matrimonios con ricas herederas, como el de Alberto I con Mary-Alice Heine, gran heredera norteamericana, asi como la creación del Casino de Monte-Carlo contribuyen a la recuperación de sus lujosas estancias y de sus antiguas colecciones dispersadas durante la Revolución Francesa.


Vista del Palacio tal y como era en 1732, según Joseph Bressan.

Hoy día, el Palacio Grimaldi abre sus puertas al público en fechas concretas ( excepto entre el 1 de enero y el 1 de abril, y del 1 de noviembre al 31 de diciembre) y concede a los turistas y curiosos el privilegio de visitar los Grandes Apartamentos palatinos, las estancias más ricas y lujosas con sus ricos muebles, sus grandes retratos firmados por Largillière, Rigaud, Veroust, Laszlo de Lombos, sus paredes tapizadas y bordadas en oro y plata, sus asombrosos y coloridos frescos, sus bóvedas pintadas con grutescos italianos y sus resplandecientes suelos en marquetería de mármol.

domingo, 3 de julio de 2011

HISTORIA DE LOS PRÍNCIPES DE MÓNACO

HISTORIA DEL PRINCIPADO DE MÓNACO A TRAVÉS DE SUS SOBERANOS



MÓNACO & LOS GRIMALDI


El Principado de Mónaco, cuya superficie no rebasa el 1,5 Km cuadrado, es actualmente una estrecha franja de tierra en la Costa Azul Francesa que se llamaba antiguamente Fraxinetum, y era un famoso nido de piratas sarracenos hasta finales del siglo X D.C. Desde entonces, los numerosos promontorios escarpados que recorren la costa, incitaron a una turbulenta nobleza a edificar castillos fortificados. En el siglo XII, el emperador Federico I "Barbarroja" concedió a la República de Génova algunos derechos sobre el litoral próximo a Niza. Entre las primeras familias de Génova se encontraba la de los Grimaldi, cuyos miembros se interesaron por el excelente puerto que constituía Mónaco, y por el cabo rocoso que lo dominaba.

Retrato de Raniero I Grimaldi, Señor de Gagnes (1297-1301)


En 1297, Francesco Grimaldi puso los ojos sobre Mónaco y decidió establecerse allí permanentemente. Según la tradicional leyenda, Francesco y sus hombres habían conseguido introducirse en el castillo de Mónaco, disfrazados de monjes franciscanos y, mediante ese engaño, se hicieron con la plaza fuerte. De ahí que dos monjes franciscanos sean representados sosteniendo el escudo de armas de Mónaco, escudo que no es otro que el de la familia Grimaldi...


Retrato de Luciano I Grimaldi, Señor de Mónaco entre 1505 y 1523.

Carlos I de Mónaco (fallecido en 1363), fue un almirante al servicio de Francia y lanzó un ataque sobre Southampton en 1339. Presente en la batalla de Crécy, se hizo expulsar de Mónaco por el jefe genovés Simón Boccanegra. Su hijo, Rainiero II de Mónaco, señor de Menton, recuperó la plaza y estipuló mediante testamento que toda futura heredera de Mónaco debería casarse con otro Grimaldi para mantener la posesión monegasca en el seno de la familia. De hecho, su nieta y heredera, Claudina (fallecida en 1515), cedió ante las instancias de su primo Lamberto Grimaldi, señor de Antibes, al término de una terrible competición entre pretendientes a su mano (y a su herencia monegasca). De los 3 hijos habidos del matrimonio de Claudina y Lamberto, Juan II y Luciano murieron asesinados en 1505 y 1523 respectivamente, siendo el tercer hermano Agustín, entonces obispo de Grasse, el que recibiera las riendas del gobierno monegasco hasta su muerte en 1532.

Ya desde el siglo XV, Mónaco asentaba lentamente su independencia: en 1489, los duques de Saboya declararon la señoría monegasca libre de cualquier obligación y deber hacia otro señor feudal. En 1512, el mismísimo rey de Francia reconocía la independencia de Mónaco, con Luciano -asesinado en 1523-, quien se apresuró en acuñar moneda propia. En 1525, Carlos V de Austria, emperador Romano Germánico y rey de España, reconocía jurídicamente la soberanía de los Grimaldi sobre Mónaco a favor de Agustín, obispo de Grasse, y a quien rindió años más tarde una visita oficial.

Retrato de Honorato II Grimaldi, 1er Príncipe de Mónaco entre 1612 y 1662, 1er Duque de Valentinois y Par de Francia en 1642.


Honorato I de Mónaco, hijo de Luciano, combatió en el asedio de Malta y participó en la batalla de Lepanto contra los Turcos. El nieto de éste, Honorato II, rechazó la protección española prefiriéndole a ésta la francesa. Fue el primer Grimaldi en olvidar su apellido en los documentos oficiales, y a darse el título de "príncipe" en 1612. En 1642, Luis XIII de Francia le concedió el título de duque de Valentinois y Par de Francia.

Retrato de Luis I, Príncipe de Mónaco entre 1662 y 1701, según De Troy.


Luis I de Mónaco (1642-1701), nieto y sucesor de Honorato II en 1662, fue finalmente reconocido príncipe soberano por Luis XIV de Francia -su padrino-, en 1688, habiendo contraído matrimonio -en 1660- con Carlota Catalina de Gramont (1639-1678), segunda hija del mariscal-duque Antonio III de Gramont y de Margarita du Plessis-Chivré (sobrina del Cardenal de Richelieu).

Retrato del Príncipe Antonio I de Mónaco, último representante varón de la Dinastía Grimaldi, según H. Rigaud.


Antonio I de Mónaco (1661-1731), hijo de los anteriores, encontró esposa en la fecunda Casa de Lorena en 1688, casándose con la princesa María de Lorena-Harcourt-Armagnac (1674-1724), y de la cual tan solo obtuvo hijas. En 1715, Jaime de Goyon-Matignon, Conde de Thorigny (1689-1751) y jefe de una antigua familia de Bretaña (la alianza entre los Goyon y los Matignon se había realizado en el año 1200), se declaró dispuesto a renunciar a su nombre y a sus armas para tomar las de los Grimaldi y desposar a la princesa heredera Luisa-Hipólita de Mónaco (1697-1731). La princesa heredera fallecería poco tiempo después de su padre, y Jaime I de Mónaco, su viudo, gobernó el principado durante dos años antes de abandonarlo para llevar una mundana y lujosa vida en París.

La Familia de los Duques de Valentinois. El pintor francés Gobert representa a la heredera monegasca, la Princesa Luisa-Hipólita de Mónaco, Duquesa de Valentinois, junto a su marido Jacques de Goyon-Matignon, Conde de Thorigny, -Duque de Valentinois por matrimonio- y sus cuatro hijos.


Retrato del Príncipe Honorato III de Mónaco (1720-1795), soberano monegasco entre 1733 y 1793, según el pintor francés Louis Tocqué.


Honorato III de Mónaco (1720-1795), hijo y sucesor de los precedentes, asumió el gobierno del principado en 1733, y también encontró una rica heredera con la que casarse, María-Catalina de Brignole-Sale (1737-1813), hija del marqués Gian Brignole-Sale, Dogo de Génova. Pero ésta, acabó por abandonarle (se divorció en 1770) para pasar la mitad de su existencia con el príncipe Luis V de Condé -primo del rey de Francia-, y con el cual acabaría casándose tras una relación sentimental larga de 48 años.

Retrato del Príncipe Honorato IV de Mónaco (1758-1819).


En 1793, el principado monegasco desapareció por un tiempo, incorporado por los revolucionarios franceses al departamente de los Alpes-Marítimos. Con la Restauración de los Borbones en 1814, Honorato IV de Mónaco (1758-1819) recuperó su principado aunque se encontraba demasiado enfermo como para asumir el gobierno. Su esposa, Luisa-Felicidad de Aumont-Mazarin (1759-1826), le había aportado como dote el ducado de Mazarin y una gran fortuna, pero se había divorciado posteriormente en 1798, para contraer otro matrimonio.

Retrato del Príncipe Honorato V de Mónaco (1778-1841)


El hijo de ambos, Honorato V (1778-1841), había entrado al servicio del emperador Napoleón I, siendo Gran Caballerizo de la emperatriz Josefina de Beauharnais, y creado "barón del Imperio". En 1816, fue obligado a rendir homenaje al Rey de Cerdeña y Piamonte por los territorios limítrofes de Menton y de Roquebrune. Sin embargo, y ya antes de los inicios del siglo XIX, el principado monegasco se había empobrecido, cayendo en la incapacidad de encontrar fuentes de ingresos suficientes para su supervivencia.


Retrato del Príncipe Carlos III de Mónaco, soberano entre 1856 y 1889.

Gracias a Carlos III de Mónaco (1818-1889), sobrino de Honorato V y sucesor de su padre Florestan I desde 1856, tuvo una idea brillante cuando en 1863 ofreció la concesión de los "baños de mar" y la autorización de fundar un casino a Louis Blanc, muy a pesar de la oposición del gobierno francés. Si bien cedió sus territorios de Menton y Roquebrune a Francia en 1861, Carlos III inauguró para su pequeño Estado, una prosperidad siempre palpable, además de poner Mónaco de moda entre la alta sociedad europea de la época. En 1858, había fundado la Orden de San Carlos cuyo collar es reproducido rodeando el escudo de armas del principado.

Carta Geográfica con las delimitaciones del Principado de Mónaco antes de 1861.



Su hijo y sucesor, Alberto I (1848-1922), especialista en biología marina, hizo construir el Museo Oceanográfico de Mónaco. Su matrimonio con la hija del duque de Hamilton fue un fracaso que se tradujo en divorcio en 1880, y del cual tan solo obtuvo un hijo: Luis. Nueve años más tarde contraería nuevamente matrimonio con la viuda del duque de Richelieu, Mary-Alice Heine, hija de un banquero norteamericano de origen alemán afincado en Nueva Orléans y en París. Para colmo de males, la principesca pareja tampoco se llevó bien; ésta obtuvo el divorcio en 1902, y el príncipe heredero Luis manifestó su deseo de no contraer matrimonio, lo que provocó una crisis de Estado ya que la sucesión de Mónaco recaía sobre el súbdito alemán duque de Urach -miembro de la Casa Real de Württemberg-, un hecho que desagradaba al Gobierno Francés. La crisis dinástica fue finalmente solucionada en 1911 con la llegada de una hija natural del príncipe heredero, Carlota, concebida en el Norte de África con la señorita Julieta Louvet.

Retrato de la Princesa Carlota de Mónaco, Duquesa de Valentinois (1898-1977), según Philip Alexius Lászlo de Lombos en la década de 1920 (Colección Palacio de Mónaco).

Legitimada en 1919, y reconocida como heredera de Mónaco, Carlota Grimaldi (1898-1977) recibió el título de duquesa de Valentinois, y casaría en 1920 con el conde Pierre de Polignac, súbdito francés. Aunque la unión de Carlota no resultó afortunada, tuvo dos hijos: Antonieta, baronesa de Massy (1920) y el futuro Rainiero III (1923), lo cual aseguraba la sucesión dinástica.



En 1922, Luis II de Mónaco subía al trono monegasco -reinado 1922-1949-, habiendo servido previamente en las filas del Ejército Francés durante la Primera Guerra Mundial de 1914-1918, mientras que su nieto y sucesor, Rainiero III, participaría en la Segunda Guerra Mundial bajo las órdenes del general francés De Lattre De Tassigny. Desde el fallecimiento de su abuelo en 1949, Rainiero III asumió el gobierno de Mónaco y, de su matrimonio con la malograda actriz americana Grace Kelly (1929-1982), nacieron dos hijas y un hijo: Carolina (1957), Alberto (1958) y Estefanía (1965).


Retrato de la Princesa Grace de Mónaco (1929-1982), realizado en 1977 por el pintor español Macarrón; nacida Grace Patricia Kelly y más conocida en la década de los 50 como Grace Kelly, actriz y estrella de Hollywood que, en 1956, renunció a su brillante carrera cinematográfica para casarse con el Príncipe Rainiero III de Mónaco.



Sin embargo, y pese al silencio oficial impuesto por Rainiero III de Mónaco durante su reinado (1949-2005), sus derechos dinásticos se vieron seriamente discutidos por los representantes de la Casa Ducal de La Force, que esgrimieron con no poca legitimidad sus derechos al trono monegasco habiendo ya formalmente protestado ante el Gobierno Francés por la solución dinástica adoptada en 1919, al legitimar a la hija natural de Luis II de Mónaco, para asegurar la continuidad de los Grimaldi y evitar que la herencia recayera sobre los alemanes duques de Urach (miembros morganáticos de la Casa Real de Württemberg), los cuales acabaron por renunciar a sus derechos sobre el principado a favor de los marqueses de Chabrillan y de los duques de La Force, que venían a ser los pretendientes legítimos en segundo lugar...