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jueves, 27 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES -165-

"Un Rey y Padre Infernal"



El Rey Federico-Guillermo I de Prusia, Elector de Brandenburgo (1688-1740), más conocido como "El Rey Sargento" (apodo que le otorgó su cuñado Jorge II de Gran-Bretaña: der Soldatenkönig, literalmente el Rey-Soldado), era el extraño sucesor de aquel pomposo y megalómano Elector Federico III de Brandenburgo, convertido en 1701 en el 1er Rey en Prusia con el ordinal de Federico I (1657-1713) y de la inteligente princesa Sofía-Carlota de Hannover. Casado con la distinguida, refinada y culta princesa Sofía-Dorotea de Hannover - su prima y hermana del rey Jorge II de Gran-Bretaña-, era padre de catorce hijos entre los cuales se encontraba su presunto heredero el futuro Federico II "El Grande". Si siempre fue fiel a su consorte, sus celos no tenían límite y no toleraba que sus cortesanos le hicieran la corte.

Protestante espartano y piadoso, convirtió su reino en un estado militarizado y su corte en un gigantesco cuartel, acabando con la fastuosidad y pompa que caracterizó el reinado de su padre, el rey Federico I. Sus únicas residencias se fijaron fuera de Berlín: en el Palacio Real de Potsdam y en su amado castillo campestre de Wusterhausen, austeramente amueblado y que servía para la temporada de caza. Para enderezar las finanzas del Estado, Federico-Guillermo I impondrá a su corte y a si mismo un rigor presupuestario implacable; de los 142 cargos existentes en la corte de su progenitor, los reduce a 47, y deja a la mitad el número del servicio doméstico; también despide a todos los artistas de la corte y, en su 1er año de reinado, los gastos se redujeron drásticamente al 80% . Tampoco le tiemblan las manos a la hora de convertir en dinero contante y sonante todos los objetos de lujo y artísticos acumulados por sus padres, mandando venderlos en subasta, incluídos los hermosos carruajes reales y los mejores vinos de la real bodega paterna. Sin embargo, su ejército de 40.000 hombres, que era la niña de sus ojos, dobló sus efectivos hasta alcanzar los 83.000.

Si para su pueblo fue un padre severo, para su familia fue un verdadero monstruo castrador.

Las crónicas definen al segundo monarca prusiano como un auténtico maltratador, un bestia, un hombre brutal, insensible, cruel y véase psicópata. Con su estatura de 1,75 metros, era un hombre obeso, de aspecto ingrato, grosero y paquidérmico, que solo encontraba placer llenándose el buche de salchichas, cerveza y vino del Rhin, llegando a alcanzar los 130 kgrs. de peso. Pese a los esfuerzos de su madre, la reina filósofa, nunca quiso aprender el francés y siempre habló mal el alemán. Detestaba a los escritores, que tachaba de "meatintas", la música y todo lo que oliera a cultura e intelectualidad. Solo daba importancia a la actividad física, a la caza, a la vida espartana del militar. Nunca enfundaba traje alguno que no fuera su querido uniforme y vivía con gran austeridad, sin lujos ni refinamientos. De carácter violento, colérico y despótico desde temprana edad, repartía patadas y bastonazos a diestro y siniestro sin importarle el rango de sus víctimas.



Sus grandes aficiones eran su ejército (su gran obsesión y su único amor, sobretodo sus adorados soldados gigantes que conformaban su guardia personal), la caza y sus reuniones del "Tabakskollegium" en las que, rodeado de sus generales, fumaba en pipa y se emborrachaba bebiendo enormes jarras de cerveza, una tras otra hasta altas horas de la noche. Podemos imaginarnos el nivel de las conversaciones que tenían lugar en ellas. En aquellas reuniones, obligaba a sus aún jóvenes hijos varones a participar activamente: tenían que fumar, beber y reír como los adultos. Pero a su heredero no le agradaban esas costumbres tan groseras y, en muchas ocasiones, percatándose Federico-Guillermo I que hacía muecas de disgusto, vaciaba su jarra sobre su cabeza, le abofeteaba o tiraba del pelo para humillarle ante todos. En las cacerías, el Rey le obligaba a acompañarle y le prohibía llevar guantes cuando en el termómetro marcaba 10 grados bajo cero. No había día en que tratara a Federico de "pequeño marquesito francés", supremo insulto que utilizaba para remarcar sus amaneramientos, que le sacaban literalmente de quicio.

Federico-Guillermo I hacía extensiva su enfermiza crueldad y maltrato contra su hijo mayor, a sus demás hijos. En las comidas, escupía sus gargajos en los platos antes de servirlos a los príncipes y les forzaba a comerlos, estallando en carcajadas cuando éstos empezaban a vomitar de puro asco en la mesa real. Por lo demás, también se llevaban su ración de insultos y palizas en público. En resumen, fue un padre "encantador" convencido que, educando con mano dura a su prole, los convertiría en personas de provecho, honestas, rectas y piadosas como él.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES -159-

"Emperador-Soldado"



El káiser Guillermo II, último Rey de Prusia y Emperador de Alemania (1859-1941), que reinó entre 1888 y 1918, tuvo desde siempre una obsesión casi patológica por todo lo que tenía que ver con los usos y costumbres de la vida castrense. El monarca prusiano poseyó más de doscientos uniformes militares, que endosaba indistintamente en función de las diversas circunstancias de la jornada. Pero su obsesión no se limitaba a él solo: a sus hijos, apenas salidos de la cuna, los trataba como a simples soldados a los que obligaba a formar filas, cuadrarse ante él y saludarle militarmente cuando estaban en su presencia. 

jueves, 4 de septiembre de 2014

FEDERICO II DE PRUSIA: Una vida privada largamente censurada


EL TABÚ SOBRE LA SEXUALIDAD
DE FEDERICO II "EL GRANDE"




Federico II, rey de Prusia y elector de Brandenburgo (1712-1786), gobernó entre 1740 y 1786, sucediendo en el trono a su padre el rey Federico-Guillermo I apodado "El Rey Sargento". Su fama de gran estratega militar y de monarca ilustrado es de sobras conocida en la historia moderna. Sus hazañas, aventuras y desventuras militares llenan varios tomos, así como sus innovaciones en el arte de gobernar un pueblo con justicia y equidad. Pero, en cuanto a su aspecto privado, durante largo tiempo se ha silenciado su sexualidad, que chocaba frontalmente con su reputación de aguerrido soldado y rey.

En lo que toca a su vida privada, no se le conoce ninguna amante del sexo femenino en una época en que eran una verdadera institución real, a excepción de una, la Condesa Anna Karolina Orzelska, hija natural del Elector Federico-Augusto I de Sajonia y Rey de Polonia como Augusto II "El Fuerte". De hecho, a Federico II le interesaba más la compañía masculina que la femenina.

 
Retrato del Tnte. Peter Karl Christoph von Keith (1711-1756).


En su adolescencia y con 16 años, Federico encuentra en Peter Karl Christoph von Keith un amigo sincero y fiel cuya familiaridad, a decir de su hermana mayor la Princesa Wilhelmina, va más allá de los límites exigidos entre un príncipe heredero y un joven paje. Su padre el rey Federico-Guillermo I, haciéndose eco de la particular amistad que une su heredero al joven, zanja brutalmente el tema y exilia a Von Keith. A éste le sucederá un joven soldado, el teniente Borcke, del cual el Kronprinz caerá enamorado a juzgar por el contenido de una carta en la que se le sincera abiertamente. Se ignora si el joven teniente le respondió en los mismos términos. Poco después, se produce el encuentro con el hijo de un general, Hans Hermann von Katte, 22 años; es un flechazo para un Federico de 18 años. Ambos planean huir juntos a Inglaterra para escapar de la tiranía paterna y proseguir con su idilio. La aventura acaba brutalmente y en tragedia: Federico y Von Katte son arrestados, encarcelados y torturados en Küstrin, juzgados por alta traición y, aunque los jueces se inhiben y declaran su incompetencia para juzgar al joven príncipe heredero, Federico-Guillermo I irá más allá. El Príncipe heredero se verá condenado a prisión y a asistir, horrorizado, a la ejecución capital de su amigo.


 
Retrato del oficial Hans Hermann von Katte (1704-1730), según Georg Lisiewski.
 
 
Retrato de la Duquesa Elisabeth Christine von Brunswick-Wolfenbüttel-Bevern, Reina consorte de Prusia y Electriz de Brandenburgo (1715-1797); obra de Antoine Pesne.
 


Aunque su matrimonio forzoso con la Princesa Elisabeth-Christine de Brünswick-Wolfenbüttel-Bevern haya sido probablemente consumado a lo largo de sus primeros años de vida conyugal en el Castillo de Rheinsberg, su esposa es rápidamente relegada a sus aposentos del Palacio Real de Berlín y literalmente abandonada a partir de su ascenso al trono en 1740. Si no le rinde visita, Federico insiste para que ésta sea tratada con respeto y reciba las atenciones debidas a una reina. La homosexualidad del rey Federico II de Prusia permanecerá, durante mucho tiempo, como un secreto de Estado que la decencia de los manuales de historia, el pudor de los biógrafos y los prejuicios de los historiadores prusianos condenan al silencio. De manera alusiva, se la mencionaba: "un rumor pudiendo explicar el misterio que rodea su vida privada, indica una herida mal curada como causante de la impotencia." Más valía un rey eunuco que invertido.



Voltaire no se anda con rodeos ni alusiones floreadas para abordar los gustos sexuales de Federico II. En 1759, escribía:

"Cuando Su Majestad era vestida y calzada, el estoico concedía algunos momentos a la secta de Epicuro: mandaba que vinieran ante él dos o tres favoritos, fuesen tenientes de su regimiento, pajes o jóvenes cadetes. Tomaban café. A aquél a quien se echaba el pañuelo se quedaba un cuarto de hora a solas con el rey. Las cosas no iban hasta las últimas consecuencias, dado que el príncipe, en vida de su padre, había sido muy maltratado en sus amoríos fugaces y no menos mal curado. No podía jugar el primer papel: tenía que contentarse con los secundarios."

A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Su médico privado, el Doctor Johann Georg Zimmermann, publicó un libro después de su muerte (1786) para cortar de raíz lo que consideraba una calumnia lanzada por los franceses, y habla de una supuesta gonorrea mal curada y de una castración accidental. Sin embargo, los médicos forenses anotaron claramente, en negro sobre blanco, que el cuerpo del monarca no había sufrido mácula alguna.

 
Retrato de Michael Gabriel Fredersdorf (1708-1758); obra de A. Pesne.


Cuando se encuentra prisionero en la plaza fuerte de Küstrin, y siendo aún Príncipe Heredero de Prusia, Federico conoce a dos personas que jugarán un importante papel en su vida: Michael Gabriel Fredersdorf y el Conde von Keyserlingk. Del primero, Voltaire escribió: "Ese soldado, joven, hermoso, bien proporcionado y que tocaba la flauta, sirvió en más de una manera para divertir al prisionero." Aunque hijo de campesinos, y cuando Federico II sube al trono, es elevado del cargo de paje del rey al de chambelán privado y tesorero, director del teatro real y, finalmente, canciller del reino y coordinador de los servicios secretos prusianos.

Del segundo, un poema escrito por el propio Federico a su llegada al castillo de Charlottenburg, deja clara la naturaleza de su amistad e intimidad. Siendo la homosexualidad considerada cosa contra natura en el siglo XVIII, el poema prueba que, para Federico II, no lo era en absoluto, desmarcándose así de la opinión general de su tiempo.