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jueves, 28 de febrero de 2013

EL 23-F: el recuerdo de Sabino Fernández Campo





Sabino Fernández Campo, Ier Conde de Latores, Caballero del Real Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias y Vice Gran Maestre de la Real Orden de Caballeros de Santa María del Puig, natural de Oviedo (17-03-1918), fue un militar que combatió en el bando nacional (falangista) durante la Guerra Civil Española, terminándola con el grado de teniente. Obtuvo el título honorífico de Teniente General y desempeñó varios cargos bajo la dictadura del General Franco: subsecretario de la Presidencia del Gobierno (1975) y del Ministerio de Información y Turismo (1976), Secretario General de la Casa de Su Majestad el Rey (1977) y Jefe de la Casa Real (1990). En 1992, Juan-Carlos I le concedió sus cartas de nobleza con el título de Ier Conde de Latores, con Grandeza de España. Ocupó la jefatura de la Casa del Rey desde el 22 de enero de 1990 hasta el 8 de enero de 1993. Murió en Madrid el 26 de octubre de 2009.

MADRID, 23 DE FEBRERO DE 1981:
EL FALLIDO GOLPE DE ESTADO

 

Sabino Fernández Campo quien fue jefe de la casa real escribe sus memorias y lo que dijo en su día Julio Anguita que el rey fue el creador del 23F..


Aquella mañana llegué algo tarde a "Río Frío" (1) y Don Sabino ya estaba allí, en la mesa habitual donde nos sentábamos los sábados y con vistas a la plaza de Colón. Tenía un café delante, un vaso de agua, y ojeaba los periódicos del día. Nada más saludarnos me senté y casi sin mediar más palabras sacó unos folios doblados del bolsillo interior de su chaqueta y me dijo:

"Ten, este es uno de los "Recuerdos" que estoy escribiendo. Lo escribí anoche casi de un tirón. Quiero que lo leas aquí y ahora y me des tu opinión".

Yo cogí aquellos folios y me puse a leer con verdadero interés. Reproduzco aquí las notas que allí mismo tomé a vuelapluma y cuando él me lo autorizó, pues no quiso dejármelos ni para sacar fotocopias. Los folios estaban escritos de su puño y letra. Y recordaré siempre su bella letra. Descanse en paz, Sabino.

Recuerdos de Sabino Fernández Campo: Lo que pasó de verdad el 23F

 

"Aquella tarde, la tarde del 23 de febrero de 1981, yo estaba en mi despacho revisando papeles, como casi todas las tardes, cuando de pronto irrumpió sin ni siquiera llamar a la puerta, Fernando Gutiérrez y casi gritando me dijo: ¡Sabino, rápido, conecta la radio!

Inmediatamente conecté la radio y ambos escuchamos con asombro lo que todos los españoles: los gritos de Tejero y los tiros… y sentí como un latigazo en todo mi cuerpo. Debí ponerme blanco en segundos y sin pensarlo di un salto y me fui directo al despacho del Rey.

Cuando entré, tampoco yo llamé a la puerta, vi que el Rey y la Reina ya estaban pegados a la radio y escuchando atentamente. Eso sí, tranquilos.

- ¡Señor!, ¿qué está pasando en el Congreso?

- Sabino, por favor, no te alteres. ¡Estás pálido!

- ¡Señor, si ha habido tiros!.

- Lo sé, yo también lo he oído.

- Majestad, esto es muy grave. ¡Puede haber muertos!

- Tranquilo, hombre, tranquilo. No hay que perder la calma en situaciones difíciles. Ponte en contacto rápido con Seguridad y entérate de lo que está pasando.

- Señor, por si acaso voy a dar instrucciones para reforzar la seguridad del Palacio.

- Sí, me parece bien. ¡Hazlo!

La Reina no había dicho nada, aunque su cara era un poema. Pero, cuando fui a salir sonó el teléfono y el Rey, mientras lo cogía, me pidió que esperase. Entonces Su Majestad, ya al teléfono, dijo muy alterado:

- ¡Alfonso!, ¿qué pasa? ¿Qué han sido esos tiros?

- …¿?

- Naturalmente yo no escuché bien las palabras del otro lado del teléfono ni me enteraría salvo por las respuestas del Rey.

- ¡Qué coño es eso de intimidación! ¡Eso no estaba previsto! ¡Quiero saber urgentemente lo que está pasando ahora mismo allí.

- … ¿?

- Sí, entérate de todo y te vienes urgente a la Zarzuela

- … ¿?

En ese momento y con señas le hice saber al Rey que pospusiese su respuesta. Entonces Su Majestad dijo:

- Alfonso, déjame unos minutos y me llamas después (y colgó el teléfono).

- ¿Qué pasa, Sabino?

- Señor, no sé lo que pasa, pero pienso que el General Armada debe quedarse en su puesto.

- ¿Por qué?

- Señor, en plena batalla un jefe no puede abandonar su puesto. Sería un disparate.

- Pero, es que necesito saber lo que ha pasado. Los tiros no estaban previstos.

- Señor, no lo entiendo.

- Sí, Sabino, perdona (y el rey volvió a su control habitual). Después te lo explicaré. Bueno, tal vez tengas razón. Le diré ahora que se quede en su puesto.

- Tiene razón Sabino –dijo la Reina.

Y entonces, no habían transcurrido ni tres minutos, volvió a sonar el teléfono y otra vez era el general Armada.

- Mira, Alfonso, hemos decidido que sigas ahí y no te muevas hasta nueva orden.

- …¿?

- Sí, ya lo sé, Alfonso, ya sé que la situación es difícil y complicada. Pero, insisto, quédate ahí, más tarde volveremos a hablar.

- Señor, me voy a mi despacho –dije entonces, asombrado como estaba-. Voy a recabar información y a dar instrucciones a Seguridad.

- Vale, está bien.

Y me volví a mi despacho, donde esperaba angustiado Fernando Gutiérrez.

- Fernando, tienes que llamar urgentemente a la televisión, a las radios y a los periódicos, para enterarte qué está pasando y que noticias tienen ellos. Venga, rápido.

Al quedarme sólo me di cuenta que mi cabeza era un volcán y cien preguntas me surgieron como centellas. ¿Qué significaba lo de "no estaba previsto"? ¿Por qué el Rey aparentaba estar tranquilo conmigo y no con Armada? ¿Qué era aquello? ¿Era la acción individual del loco Tejero? ¿Era un Golpe de Estado? ¿Era la cabeza de puente de otra cosa mucho más seria?… ¡Y las dudas inundaron mi cabeza! ¡Dios, la situación apenas si me dejaba pensar!. Así que cogí el teléfono y llamé al teléfono especial que tenía del Congreso para hablar con la persona de la CASA que habíamos destacado aquella tarde para tener información directa. Pregunté, al descolgarlo alguien al otro lado, por el hombre de confianza que tenía allí destacado porque no estaba. Pero la persona que lo cogió me adelantó, muy nerviosa, lo que había pasado y lo que estaba pasando, y una cosa me produjo tal impacto que casi me tumba. Que Tejero había dicho que aquello lo hacía ¡¡EN NOMBRE DEL REY!!. Eso me nubló hasta la vista y hasta mi corazón empezó a latir peligrosamente. ¿En nombre del Rey? ¿Qué está pasando aquí? Entonces llamé también a mi amigo Lacaci, el Capitán General de Madrid, y comprobé que estaba tan desorientado y desconcertado como yo. El hombre estaba intentando saber con exactitud lo que estaba pasando en la Brunete. Quedamos en hablarnos y estar en permanente contacto, porque era fundamental saber lo que iba a hacer la Acorazada.

Y otra vez me fui a ver al Rey. Entré en el despacho y Su Majestad estaba hablando por teléfono y a su interlocutor, que no era otro que el General Armada, le decía:

- Alfonso, si es verdad que ese loco ha entrado en el Congreso en nombre del Rey hay que desmentirlo urgentemente y quiero saber con urgencia –y el Rey casi gritó- por qué ha dicho Tejero semejante cosa.

- Y sin más colgó el teléfono. Yo me acerqué y sin sentarme, de pie (allí sentada seguía la Reina).

- Señor, veo que ya lo sabe. Eso es muy grave.

- Sí, Sabino, la cosa es grave. Creo que debemos autorizar a Armada a que venga a la Zarzuela y nos explique detalladamente lo que está pasando, porque creo que aquí están pasando cosas que no estaban previstas.

- ¿Cosas que no estaban previstas? ¿A qué se refiere Su Majestad?

- Bueno, es un decir (pero, por primera vez noté cierto nerviosismo en el Rey, como si quisiera ocultarme algo)

- Pues, Señor, sigo pensando que el General Armada debe quedarse en su puesto. Señor, creo que es urgente que Su Majestad hable directamente con los Capitanes Generales para saber qué opinan ellos y que está pasando en sus respectivas Regiones. También pienso que es urgente que Su Majestad desmienta públicamente lo que está diciendo Tejero en el Congreso. Creo que debería dirigirse a los españoles por Televisión Española.

- Muy bien, haz tú las gestiones con televisión y en cuanto termines te vienes aquí y hablamos con los Capitanes Generales.

- Así que volví a mi despacho, donde estaba supernervioso Fernando Gutiérrez, quien sin perder tiempo me dijo:

- Sabino, los militares han tomado Televisión Española y Radio Nacional.

- ¡Cómo! ¿Qué me dices?

- Me lo acaba de confirmar el propio director general*.

En ese momento sonó el teléfono. Era el General Juste que pedía hablar conmigo. Rápidamente me puse al habla.

- Juste, ¿qué pasa?

- Sabino (el general Juste y yo éramos muy amigos desde mi estancia en el Ministerio del Ejército). ¿Está el general Armada en la Zarzuela?

- No, ¿por qué me lo preguntas?

- Porque me han dicho que a estas horas el General Armada tenía que estar en la Zarzuela.

- Y eso ¿por qué? ¿Quién te ha informado de ello?

- El Comandante Pardo Zancada, que al parecer lo sabe de boca del General Milans.

- Pues, Juste, Armada no está en la Zarzuela, ni está ni se le espera.

- Gracias, Sabino, eso cambia las cosas. Gracias otra vez. Te llamaré después.

- Oye, oye, ¿por qué cambian las cosas? ¿qué cosas?

- Sabino, por favor, después te llamo.

Colgué el teléfono y mi cabeza era un hervidero. Por primera vez intuí algo sobre el General Armada, acaso por su insistencia en acudir a la Zarzuela. Mi instinto ya me puso en guardia. También que la noticia de Armada hubiese llegado a través de Milans del Bosch.

Y así, ya con "todas las moscas detrás de la oreja", me dirigí de nuevo al despacho de Su Majestad y cuando entré me llevé la sorpresa de la noche, qué digo, la sorpresa de mi vida. Porque allí se estaba brindando.

Y eso me nubló la mente y me enfureció. Así que, y ya sin protocolos, me dirigí a Su Majestad y sin pensarlo le dije mirándole de frente:

- ¡Señor!… ¿Está usted loco? Estamos al borde del precipicio y usted brindando con champán –y casi grité- ¡Señor!, ¿no se da cuenta de que la Monarquía está en peligro? ¿No se da cuenta que puede ser el final de su Reinado? ¡¡¡Recuerde lo que le pasó a su abuelo!!!

Entonces la cara del Rey cambió de color y vi como sus manos le empezaron a temblar y en voz casi inaudible mandó salir a los allí presentes, que de inmediato abandonaron el despacho. (*) Todos, menos la Reina, que tenía cara de póquer.

Una vez solos Su Majestad se vino hacia mí, y tembloroso y casi llorando, me tomó de las manos y en tono suplicante me dijo:

- ¡Sabino, por favor sálvame! ¡Sálvame, salva a la Monarquía, ahora mismo no sé lo que hago ni qué decir!

- Majestad, vamos a tranquilizarnos todos. No es el momento de pesares. Usted mismo me decía antes que no había que perder la calma en los momentos difíciles. Lo que hay que hacer es tratar de controlar la situación y para ello es fundamental hablar con los Capitanes Generales. Le advierto que la Brunete ha tomado ya Televisión Española y Radio Nacional.

- ¡Lo sabía, lo sabía! ¡Yo lo sabía!

- ¿Qué sabía, Señor?

- Lo que iba a pasar

En ese momento la Reina se levantó y sin decir nada salió del despacho. Y yo me derrumbé. Me temblaban las piernas.

Entonces el Rey se sentó en su mesa y apoyó su cabeza entre las manos. Yo me senté enfrente y esperé unos segundos antes de hablar.

- Señor, no sé lo que Su Majestad sabía, pero fuere lo que fuere, ahora lo que hay que hacer es parar esta locura. Si triunfa "eso" la Monarquía caerá como cayó la de su abuelo.

- Sí, sí, tienes razón. Por favor, habla tú con los Capitanes Generales y haz lo que puedas.

- No, Señor, con los Capitanes Generales tiene que hablar el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, y ese honor le corresponde a Su Majestad.

- Sí, tienes razón… pero, no te vayas de aquí. Y allí permanecí mientras el Rey hablaba por este orden, con Jaime Milans del Bosch (III Región Militar), Guillermo Quintana Lacacci (I Región), Pedro Merry Gordon (II Región), Antonio Pascual Galmes (IV Región), Antonio Elícegui Prieto (V Región), Luis Polanco Mejorada (VI Región), Angel Capano López (VII Región), Manuel Fernández Posse (VIII Región), Antonio Delgado Álvarez (IX Región), Manuel de la Torre Pascual (Baleares), Jesús González de Yerro (Canarias) e Ignacio Alfaro Arregui, en ese momento Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM) y Luis Arébalo Peyuz, almirante jefe del Estado Mayor de la Armada. De lo que habló el Rey con los altos mandos del ejército hablaré en la siguiente entrega".



- ¡¡Esto es una bomba, Sabino!!

- Ya lo sé.

- Esto lo cambia todo.

- Ya lo sé.

- Esto cambia la Historia.

- Ya lo sé… pero es la Verdad.

- ¿Sabes lo que puede suceder si esto se publica?

- No se publicará, al menos mientras yo viva.

- ¿Serán tus "Memorias"?

- No, ya sabes que yo no soy partidario de "Memorias". Unas "Memorias" son una cosa muy seria y muy detallada. Yo prefiero llamar a esto que escribo "Recuerdos". Un "Recuerdo" sólo te obliga a escribir lo que recuerdas.

- Pero, entiendo que esto es sólo el comienzo de lo que pasó aquella tarde-noche.

- Así es, el sábado que viene te mostraré lo que escriba estos días, si tengo ganas, porque tengo mis dudas… A veces pienso que la Historia que se ha escrito de "aquello" ya es inamovible. Además, me estoy viendo como el Prometeo encadenado.

- ¿Y eso?

- Sí, me veo encadenado a mis propias palabras y a todo lo que he venido diciendo desde 1981. Yo ayudé a crear la versión que ha pasado a la Historia y desdecirme ahora seguro que me lo echarían en cara todos. Porque bien pueden pensar que si entonces mentía, ahora también lo puedo estar haciendo. Muchos me achacarían que hablo ahora con resentimiento, por la "patada en el culo" que me dio Su Majestad el año pasado.

- No, Sabino, tu prestigio de hombre serio está fuera de toda duda y seguro que te creerán a pies juntillas. Muchos acontecimientos de la Historia han sufrido vaivenes y cambios importantes con el paso del tiempo. Lo que sí me preocupa es la postura que pueda adoptar el Monarca si tu versión de ahora se hiciera pública.

- Pues, te lo puedes imaginar.

- Es que podría ser hasta la caída de la Monarquía.

- No lo creo. Aunque muchos no lo crean España no tiene ahora mismo otra salida que la Monarquía. En eso tal vez Franco tenía razón y ¡todo estaba atado y bien atado!

- Sí, pero la imagen del Rey "salvador de la Democracia" se habrá terminado.

- Bueno, eso es verdad, pero entre la Historia, la Monarquía, el Rey o la Verdad, yo prefiero quedarme con la Verdad. Es mi conciencia. Voy a cumplir 77 años y ya estoy, como decía Baroja, en la última curva del camino. Además se lo debo a mi teniente Rubio, ya conoces la historia.

Y ahí dejamos ese día la conversación. Fue entonces cuando me dijo que tomase las notas que quisiera, a sabiendas, como ya le había demostrado en muchas ocasiones que yo era una tumba.


CURIOSIDADES -95-



La moneda denominada "Peseta" fue, en realidad, una creación monetaria del Principado de Catalunya en 1808, al inicio de la Guerra de la Independencia Española, y estuvo circulando legalmente por el principado hasta que, en 1868, el Gobierno Provisional Español presidido por el General Serrano la adoptó como suya -sustituyendo al escudo- y generalizó su uso por todo el país.

Su nombre deriva del diminutivo de la palabra catalana "peceta" (piececita) de "peça" (pieza) y equivalía a una moneda de 2 reales de plata. La primera "Pesseta / Peseta" tenía un valor de 2 y medio y se acuñó en Barcelona durante la ocupación napoleónica.

Resulta curioso que dicha moneda hiciera su aparición en Catalunya tras la marcha de los Borbones al exilio (1808), y se convirtiera en moneda de curso legal en toda España tras la segunda marcha de la misma dinastía con Isabel II (1868).

La "Peseta", tras 133 años de vigencia en España, fue finalmente reemplazada por el Euro en 1999.
 

sábado, 23 de febrero de 2013

Cita de la Semana



"Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo."

Frase de: Simone de Beauvoir, novelista e intelectual existencialista (1908-1986).

jueves, 21 de febrero de 2013

CURIOSIDADES -94-



El día de su coronación en Reims*, el joven rey Luis XIII de Francia y de Navarra (1601-1643), de 9 años de edad, salió de la catedral sin prestar atención ni responder a las aclamaciones del gentío. Con aspecto gruñón y triste, removía persistentemente los labios provocando la desaprobación del público, que encontraba sus muecas nada convenientes; la gente acabó pensando que estaba chupando un caramelo. ¡Nada de eso! Sus muecas respondían a algo muy molesto: su lengua; el pobre niño tenía la lengua tan larga, que siempre se veía obligado a metérsela dentro de la boca con la ayuda del dedo índice después de hablar.

(*)_La coronación de Luis XIII se celebró el 17 de octubre de 1610, en la catedral de Reims.
 

Anécdotas Históricas -207-



Un día, el rey Luis XIII de Francia le dijo a uno de sus amigos:

-"¡Las mujeres solo me interesan desde la cabeza hasta la cintura!"

A lo que el ingenioso cortesano respondió divertido:

-"En este caso, ¡habrá que rebajársela hasta las rodillas!"

El monarca no apreció en absoluto la ingeniosa gracia de su amigo y estuvo un mes sin dirigirle la palabra.

Anécdota de: Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra (1601-1643).

sábado, 16 de febrero de 2013

Cita de la Semana



"El mundo es peligroso para vivir. No tanto por causa de aquellos que hacen el mal, sino por causa de aquellos que miran y dejan hacer."

Frase de: Albert Einstein, científico (1879-1955).

martes, 12 de febrero de 2013

Anécdotas Históricas -206-



El que fuera más tarde Mariscal de Francia y caballero de la Orden del Espíritu-Santo y de San Miguel, el Marqués de Toiras, se convirtió en el favorito del rey Luis XIII de una manera bastante inusual. El joven monarca tartamudeaba ligeramente y, un día de cacería con el Marqués de Toiras a su lado, le preguntó dónde estaba la presa:

-¿Dónde está el pá..., pá..., pájaro?

Y Monsieur de Toiras respondió:

-Si..., Sire, aaa..., aaa..., aquí está.

Imaginándose el rey que el aguerrido marqués había querido burlarse de su tartamudez al contestarle de aquella manera, le propinó una violenta paliza sin que le diera tiempo a disculparse, lo que habría agravado aún más su situación. Afortunadamente, un cortesano allí presente intervino para explicar al enojado monarca que el pobre marqués tenía la desgracia de ser tartamudo. Cayendo en la cuenta de su equivocación, Luis XIII pidió disculpas al militar y, desde aquel momento, favoreció todo lo que pudo a su compañero de infortunio.

Anécdota de: Jean du Caylar d'Anduze de Saint-Bonnet, Marqués de Toiras, Mariscal de Francia (1585-1636) y de Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra (1601-1643).

CURIOSIDADES -93-



El rey Luis XIII de Francia y de Navarra (1601-1643) tuvo una muerte lenta y harto dolorosa. Con tan solo 41 años de edad, cae gravemente enfermo: tras 6 terribles semanas de violentos cólicos y vómitos, el monarca exhala su último aliento el 14 de mayo de 1643, justo 33 años después de la muerte de su padre y predecesor Enrique IV, asesinado el 14 de mayo de 1610. Se cree que el rey padecía de la enfermedad de Crohn* pero la responsabilidad de su muerte recae, principalmente, en su médico el doctor Bouvard y sus prácticas. No nos parecerá raro que las prescripciones médicas del galeno acabaran con el real paciente cuando reparamos en la cantidad de los "remedios" aplicados: 34 sangrías, 1.200 lavativas y 250 purgas que llevaron a Luis XIII derechito a la tumba.

(*)_La enfermedad de Crohn se descubrió en EE.UU. (1932) y debe su nombre a su descubridor el Dr. Burrill Bernard Crohn, médico del Mount Sinai Hospital de Nueva York. Calificada de enfermedad crónica rara, se cree que es causada por factores inmunológicos, genéticos o medioambientales y atañe principalmente al aparato digestivo (cólon y recto entre otros), causando la inflamación crónica intestinal con fases de remisión. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Cita de la Semana



"Si el tiempo es lo más caro, la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches."

Frase de: Benjamin Franklin, estadista, político, inventor y científico (1706-1790).

viernes, 8 de febrero de 2013

LA PASIONARIA DE LA ROCHELLE: Catherine de Parthenay-Larchevêque



CATHERINE DE PARTHENAY-LARCHEVÊQUE
VIZCONDESA DE ROHAN
1554 - 1631
 
 

El siglo XVI francés es rico en mujeres valientes, ambiciosas, intrigantes, manipuladoras, cultivadas, mecenas e influyentes en todos los ámbitos. Sería, por tanto, un error pasar de largo ante una de sus más relevantes figuras: Catherine de Parthenay-Larchevêque (1554-1631).

Nuestra dama, contemporánea de Catalina de Médicis, de Elizabeth I de Inglaterra y de la Duquesa de Montpensier, por citar a tres mujeres sobresalientes, pertenecía a la poderosísima familia protestante de los Parthenay-Larchevêque, viejos señores feudales en la región del Poitou. Es, además, la gran heredera de su linaje y de su gran fortuna en tierras y cuantiosos bienes inmobiliarios. Sus padres eran Jean V de Parthenay-Larchevêque (1512-1566), Señor de Mouchamps y de Soubise, y Antoinette Bouchard d'Aubeterre (1535-1580).

Nació el 22 de marzo de 1554, en el castillo de Parc-Mouchamps, heredera de una saga femenina del Renacimiento que aliaban la erudición a la fe: su madre Antoinette d'Aubeterre, y su abuela paterna Michelle de Saubonne.

 
Las ruinas del Castillo de Parc-Soubise, una de las fincas señoriales de la familia de Parthenay-Larchevêque heredada por los Rohan.


Su educación esmerada, más de lo que se permite a la mujer en estos aciagos tiempos de la Guerra Civil Francesa, sobresale sobre todo por su gran interés en la literatura, la astrología, la astronomía y las matemáticas. Tanto es así que, con tan solo 11 años, su madre le da por profesor a François Viète, uno de los mayores matemáticos de su época. De aquella relación entre profesor y alumna aplicada, surgiría una gran amistad que duraría toda la vida, convirtiéndole más adelante en su inseparable consejero. Viète le dedicaría en 1591 su célebre In Artem Analyticem Isagoge (Introducción al Arte Analítico), que establecía el uso de anotaciones simbólicas en álgebra. Eminente criptólogo, éste enseñará a su aventajada alumna cómo redactar cartas cifradas y el manejo de las tintas invisibles.

Tras la muerte de su padre, Catherine, entonces conocida como "Mademoiselle de Soubise", se verá pretendida por tres hombres de importancia en el bando calvinista francés: el hijo del Almirante De Coligny, Henri de Pontivy -benjamín de la Casa de Rohan-, y el Barón Charles de Quellenec, más conocido como "Barón de Pont-L'Abbé". El primero de la lista será finalmente elegido y el compromiso anunciado cuando, repentinamente, el novio fallece de peste en 1567. Muerto el primer candidato, el segundo es deshechado por su calidad de benjamín y la elección recae en el tercero.

A sus 15 primaveras, es llevada ante el altar por Charles de Quellenec, Barón de Pont-L'Abbé (15 de junio de 1568), que a la postre sería asesinado la terrible Noche de San-Bartolomé al querer, en vano, proteger al Almirante De Coligny. Poco le faltó a la joven baronesa compartir su misma suerte.

Cabe, en cualquier caso, hacer hincapié en la mala relación existente entre los flamantes esposos. Poco después de la boda, la viuda Parthenay se hace eco (por boca de los criados) de la impotencia sexual del yerno y que éste no consigue honrarla adecuadamente. Aconsejada por Théodore de Bèze y por la Reina de Navarra, Juana III de Albret, recibirá la confirmación de que aquello constituye un serio motivo para pedir la disolución del matrimonio de Catherine.

En 1570, Charles de Quellenec cae prisionero en la batalla de Jarnac pero consigue evadirse y refugiarse en La Rochelle, poniéndose a las órdenes del vizconde René de Rohan. Seriamente herido en la mandíbula, regresará a las tierras de Mouchamps para descubrir que su esposa ha huído a La Rochelle para reunirse con su madre. Allí, Catherine de Parthenay confirmará a su progenitora la supuesta impotencia del marido, lo que llevara a Charles de Quellenec a jurar ante la Reina de Navarra que los rumores sobre su "problema" no son más que calumnias. Sin embargo, y pese a su vehemente desmentido, persistirá la creencia de que el barón miente.

 
Retrato de Juana III de Albret, Reina de Navarra (1528-1572).


Poco tiempo después, éste rapta a su esposa y la encierra en uno de sus castillos de Bretaña. Antes de su rapto, Catherine tuvo el tiempo suficiente para dejar una carta a su madre anunciando que, a partir de ese mismo momento, ya no debían acordar crédito alguno a lo que pudiera escribir posteriormente.

Retenida prisionera, escribe y recibe visita de su tía Madame de La Rochechallas, a quien consigue entregar en secreto una carta cifrada dirigida a su madre. Solo la astucia y el dominio de las lenguas latina y griega (idiomas que su marido desconoce) le permiten corresponder con su madre y su antiguo profesor, utilizando tinta simpática (con zumo de naranja o limón) para redactar sus mensajes.

En diciembre de 1570, Antoinette d'Aubeterre decide llevar el caso ante la Corte de Francia y, con la ayuda de la reina Catalina de Médicis y el Duque d'Anjou, inicia un proceso judicial contra su yerno. En febrero de 1571, retenida en el castillo de Rostreven, Catherine obtiene del sínodo reunido en La Rochelle, el reconocimiento de su situación de "falsa esposa", ya que el matrimonio nunca fue consumado. Gracias a una treta del Mariscal de La Vieuville, que actúa por mandamiento del Almirante Gaspard II de Coligny, se consigue que el Barón de Quellenec deje libre a Catherine y permita que vuelva a reunirse con su madre en La Rochelle. Desde ese momento, se ponen de lado de Catherine la reina Juana III d'Albret, su hijo Enrique III de Borbón, Príncipe de Viana, y el Almirante de Coligny.

La causa será nuevamente presentada y discutida en el gran consejo del martes 11 de septiembre 1571, en presencia del rey Carlos IX. El caso es nuevamente enviado a un consejo de médicos y, de nuevo, a los jueces que lo instruyen.

 
París, 24 de agosto de 1572, día de San Bartolomé: los Duques de Guisa, con el beneplácito del rey Carlos IX, desencadenan la "Masacre de San Bartolomé" asesinando a diestro y siniestro a todos los nobles hugonotes reunidos en la capital para asistir a la boda del rey Enrique III de Navarra con la princesa Margarita de Francia. Las matanzas se extendieron a las provincias y duraron semanas.


Presente en París para el matrimonio de la princesa Margarita de Francia con el rey Enrique III de Navarra, el Barón de Quellenec morirá asesinado en el patio del Palacio del Louvre, la famosa Noche de la San-Bartolomé. Según un escrito protestante, tras haberse defendido con valentía de sus asesinos, su cadáver fue arrastrado y desnudado para ser expuesto bajo las ventanas de palacio, desde las cuales las damas de la corte quisieron verificar las causas del ensañamiento de la Viuda de Soubise contra su yerno.

Catherine de Parthenay y su madre deberán su salvación a la intervención providencial de algunos nobles cercanos al rey Carlos IX; su alojamiento será presa de la rapiña y el pillaje pero salvan los muebles. Los Señores de La Môle, de Surgères e incluso el Duque de Bouillon pedirán la mano de la joven viuda mientras la Viuda de Soubise concibe el proyecto de abandonar Francia. Finalmente, madre e hija vuelven a La Rochelle.

Viuda a sus 18, Catherine es un buen partido y pasa por ser una de las mujeres más inteligentes de su tiempo. Cortejada por René II, benjamín de la nobilísima familia de Rohan, ésta rechaza concederle su mano hasta que se convierta en vizconde de Rohan y herede de la fortuna familiar a la muerte de su hermano mayor (1574).

Cuando René II de Rohan, entonces conocido como el Señor de Pontivy, pierde a sus dos hermanos mayores, se convierte en el nuevo jefe de su casa y hereda el castillo familiar de Blain. Habiendo cambiado la situación, Catherine de Parthenay da por fin su mano al flamante vizconde y se casan en la más estricta intimidad, sin fiestas ni fastos en 1575, rodeados de amigos.

La primera hija nacería en 1577, con tales deformidades que la apodarían "La Jorobada":

-Henriette de Rohan (1577-1624)

-Henri II de Rohan-Gié, 1er Duque de Rohan (1579-1638)

-Catherine de Rohan (1580-1607)

-René de Rohan (+1581)

-N. de Rohan (+1582)

-Benjamin de Rohan, Duque de Soubise (1583-1642)

-Anne de Rohan (1584-1646)

Finalmente convertida en vizcondesa de Rohan, Catherine se ocupará principalmente en rehabilitar y hacer habitables las principales residencias de los Rohan en Bretaña, como los castillos de Blain, Josselin y Pontivy. En esos mismos señoríos, se dedicó a implantar varias iglesias protestantes.

 
El Castillo de Blain (foto superior), una de las propiedades señoriales de los Vizcondes de Rohan y de Porhoët./ Abajo, el Castillo de Pontivy y, más abajo, el Castillo de Josselin.
 
 


Al reanudarse las luchas armadas entre hugonotes y católicos, su marido volvería al frente de sus tropas al lado del rey Enrique III de Navarra, mientras Catherine tomaba la precaución de refugiarse en La Rochelle (plaza fuerte protestante) con sus hijos. Desgraciadamente, su marido fallecería en el campo de batalla con tan solo 36 años de edad.



Viuda por segunda vez en 1586, consagraría su vida a educar a sus cinco hijos y a sostener el protestantismo bretón. En sus residencias de Parc-Soubise, parroquia de Mouchamps en la Vendée (Bajo Poitou), y de Blain, la Vizcondesa Vda. de Rohan se convierte en el alma de una intensa actividad política, cultural y religiosa. Viète el matemático, su gran amigo y consejero, la compara al hada Melusina, señalando su actitud solícita con él cada vez que se enteraba de sus penas y desgracias. Amaba escribir y demostraba sus aptitudes en poesía y tragedias.

Acérrima hugonote, será ella quien se encargue, con elocuente pasión, de encender la rebelión protestante y mantener la moral alta de los defensores de La Rochelle, ante el asedio y bloqueo de las tropas reales mandadas por el Cardenal de Richelieu.

 
El Castillo-Fortaleza medieval de Niort, que sirvió de cárcel de Estado durante casi tres siglos.


Pero, tras la rendición de los habitantes de la plaza fuerte sitiada y hambrienta (1628), Richelieu mandará detenerla y encarcelarla en el lúgubre castillo de Niort por ser la principal instigadora de la heróica resistencia de La Rochelle desde 1627.

Como castigo a su desafiante actitud ante la autoridad real, sus castillos-fortalezas de Blain y de Josselin serían desmantelados, mientras ella soportaba con dignidad las consecuencias de su revuelta entre las húmedas paredes de la cárcel de Niort.

Perdonada por Luis XIII, tras un tiempo de detención, obtendría el permiso para volver a su residencia de Parc-Soubise para pasar allí sus últimos años de vejez, aureolada por su fama de mujer de acción en el bando protestante y sirviendo de ejemplo a sus hijos por sus convicciones y su gran valentía.

Fallecería en el año de 1631, a sus 77 años.

Su última voluntad fue que su cuerpo recibiera sepultura al lado de su difunto marido René II de Rohan, en la capilla del castillo de Blain.

 
Escudo de armas de la familia Rohan.


Su primogénito, el aguerrido Henri II de Rohan, primer duque de Rohan y Par de Francia, se había convertido en el jefe del partido hugonote sucediendo al Príncipe de Condé, a Coligny y a Enrique III de Navarra. Había contraído matrimonio con una hija del Duque de Sully, de la que tan solo obtuvo una heredera que sería casada, por orden del rey Luis XIII, a un noble católico.

También tuvo tres hijas: Henriette, Anne y Catherine, desposada ésta con el duque Juan de Baviera-Zweibrücken, y un último hijo varón, Benjamín, príncipe de Soubise, que sobresalió como uno de los jefes del bando protestante.

Fue Catherine de Rohan quien, en su día, respondió altivamente a un rey encaprichado de su belleza (Enrique IV):


"Sire, soy demasiado pobre para ser vuestra mujer, pero de demasiado buen linaje para ser vuestra amante!"

Nota:

La noble familia de Parthenay-Larchevêque, señores feudales de Parthenay, adoptaron el apellido compuesto a partir del año 1140, en recuerdo a Joscelin II de Parthenay, arzobispo de Burdeos en el siglo XI. En cuanto a sus armas, fueron éstas directamente tomadas de la Casa de Lusignan (fajadas de plata y de azur) ya en el siglo XI y tras el matrimonio de Simón I de Parthenay con Melisenta de Lusignan, hija de Hugo V de Lusignan, o puede que en el curso de la boda de Hugo II de Parthenay con Valencia de Lusignan en 1247 (siglo XIII). Por único distintivo, añadieron la banda de gules que cruza el escudo.

En cuanto al linaje de los Parthenay, éste remonta con toda fiabilidad hasta Joscelin I de Parthenay, cuyo deceso es citado en un documento del año 1012.

 
Sepulcro con la estátua yacente de Guillaume VII de Parthenay-Larchevêque, muerto en 1401.


La familia perdería su feudo ancestral con Jean II de Parthenay-Larchevêque, XVIIº Señor de Parthenay (muerto en 1427), quien ve confiscados sus feudos por felonía y, aunque recuperaría temporalmente sus bienes en 1419, sería para venderlos finalmente al Delfín Carlos de Francia al carecer de descendencia de su matrimonio con Brunisenda de Périgord.

A partir de ese momento, el señorío pasaría a manos de Arturo de Richemont, futuro duque de Bretaña y condestable de Francia en 1427. Y, de éste al Bastardo Juan de Orléans, conde de Dunois y a sus descendientes, extinguiéndose dicha rama principesca en 1641.

En los siglos XVII y XVIII, son los Duques de La Meilleraye (primos de los Richelieu), quienes se posesionan del señorío hasta el advenimiento de la Revolución Francesa.

domingo, 3 de febrero de 2013

Cita de la Semana



"Un conservador es un hombre demasiado cobarde para luchar, y demasiado gordo para huir."

Frase de: Elbert Green Hubbard, filósofo, escritor, editor, artista y ensayista (1856-1915).

miércoles, 30 de enero de 2013

ELEONOR DE URGELL -II-

ELEONOR DE URGELL
la desdichada princesa
.II.

 

Muerte de la tía Isabel

Un año justo después de la muerte del conde Jaime de Urgell, murió también su hermana Sor Isabel en el monasterio de Sixena. Isabel de Urgell tuvo que ser una mujer con una excelente formación, dado que se sabe que tuvo a su cuidado a otras monjas a las que enseñó y educó, tal y como consta en su testamento y a las que cedió sus aposentos conventuales. Sus restos fueron depositados en un arca de madera policromada a su imagen y semejanza, vestida con el hábito de religiosa sanjuanista y con las manos cruzadas sobre su pecho. En la misma caja se conserva otro retrato más pequeño de ella, representada sentada leyendo un libro y con un monóculo, actitud poco habitual en un retrato femenino de aquella época. La caja funeraria fue colocada en la encrucijada izquierda de la iglesia, en un lugar elevado, y actualmente se conserva en el Museo Diocesiano de Lérida. Nótese que, pese al incomprensible olvido al que se vió condenada por la Historia, tras su fallecimiento el convento entró en decadencia y, a partir de entonces, ninguna joven procedente de la nobleza como ella entró a profesar en el cenobio.

Nuevos Proyectos de boda para Eleonor y Juana de Urgell

En la primavera de 1435, Eleonor y Juana residían aún en la corte de Barcelona. La vida en la corte no debió de ser muy agradable si tenemos en cuenta que la reina María sufría, desde joven, graves problemas de salud y la falta de dinero era constante.

 
Retrato de perfil del rey Alfonso V "el Magnánimo" de Aragón.


En el mes de agosto, Juana, de 21 años de edad, se casaba con el avejentado Conde de Foix, dos veces viudo y que falleció a los 9 meses de su 3er matrimonio. El heredero del condado de Foix, en cambio, se había casado con Eleonor de Aragón, sobrina del rey Alfonso V "el Magnánimo". Al quedarse viuda Juana, el rey ordenó que volviese inmediatamente, bajo amenaza de perder sus bienes, y que no se concertase ningún otro matrimonio sin su consentimiento, para no caer en el mismo error que con su hermana mayor. El monarca se estaba arrepintiendo de haber concedido la mano de Isabel de Urgell al infante don Pedro de Portugal, duque de Coimbra, pero en cambio veía con buenos ojos que Juana se casase con el rey de Chipre. Ese arrepentimiento del rey por el matrimonio portugués, bien pudiera ser que algo tuviera que ver con los infructuosos intentos del duque de Coimbra de liberar al conde Jaime de Urgell. La oposición de la corte portuguesa a los Trastámara se intensificó tres años más tarde, a raíz de la muerte del soberano luso y con el inicio de la regencia del duque de Coimbra.

Juana de Urgell era una dama ya famosa por su gran belleza. Su hermosura fue celebrada por varios poetas contemporáneos en sus obras, incluso por el célebre consejero del rey Alfonso, Íñigo López de Mendoza, futuro marqués de Santillana.

En el mes de octubre de 1436, el rey, desde Nápoles, concertó el matrimonio de Eleonor de Urgell con el Conde de Nola, Raimondo Orsini. Aquel ilustre aristócrata italiano había pasado al bando del rey Alfonso, conservando su cargo que tenía en la administración angevina y con la promesa de obtener importantes donaciones ligadas a su matrimonio con Eleonor. Orsini, en un principio, pidió la mano de Juana, condesa viuda de Foix, pero el rey prefirió darle a Eleonor. En el mes de diciembre de aquel mismo año, el monarca envió a Antonio Mastrillo, miembro de una importante familia de caballeros de Nola, en calidad de procurador del conde Raimondo, para desposar a Eleonor.

Por su parte, Eleonor rehusó de plano ese matrimonio concertado con el Conde de Nola, ya que no era su deseo alejarse tanto de su patria. Más adelante, en el mes de mayo de 1437, el rey envió nuevas órdenes para que se llevasen a la joven, incluso por la fuerza, para casarse en Nápoles. En esa ocasión, Eleonor tuvo que comparecer ante la reina, el arzobispo de Zaragoza y los embajadores del rey, estando acompañada por su tía Cecilia y, sin dejarse intimidar por los presentes, se mantuvo en sus trece de rechazar esa boda que no deseaba. Se negaba tajantemente en alejarse de Cataluña y tampoco le hacía gracia recibir en dote el ducado de Amalfi. En su postura abiertamente rebelde, le siguió su hermana Juana, condesa viuda de Foix, desafiando las ordenes del rey que le invitaban a abandonar el condado para volver a Barcelona. En consecuencia, se secuestraron los pocos bienes que tenía en Cataluña.

Con tal de evitar que la obligasen a casarse por la fuerza, Eleonor apeló a todos los que eran susceptibles ayudarla, y especialmente a su hermana Isabel, duquesa de Coimbra. Inmediatamente, su cuñado Pedro de Portugal escribió a los reyes de Aragón para defender a la desventurada Eleonor. Incluso el rey Eduardo de Portugal, hermano de Pedro, y el rey Juan II de Castilla, intercedieron en su favor ante Alfonso V de Aragón. María contestó con evasivas a Pedro de Portugal, descargandose de cualquier responsabilidad en el asunto, y afirmando de paso que era voluntad de su marido el rey que Eleonor se casase. Éste, desde Capua, despachó correos para contestar a los reyes de Portugal y de Castilla, así como al duque de Coimbra, poniendo por las nubes al conde de Nola (el novio italiano), y considerando que los motivos para que Eleonor se negase, no tenían fundamentos.

Durante aquel verano, la reina María resolvió apartar a Eleonor de la compañía de su tía Cecilia, obligándole a residir con ella para intentar que entrase en razón. Según el propio testimonio de la soberana, cuanto más insistía en el asunto de la boda, más reacia se mostraba Eleonor, amenazando con lanzarse al mar si la embarcaban por la fuerza.



En consecuencia, el viaje a Italia se fue retrasando gracias a la negativa de Eleonor y por problemas de seguridad. Finalmente, el 28 de mayo de 1438, Eleonor fue embarcada camino de Nápoles, aprovechando una embajada de prohombres valencianos que iban a visitar al rey Alfonso V. Viajaban en una galera mandada por Requesens y también les acompañaban Joan de Prades, que más adelante se casaría con la hermana de Eleonor, Juana de Urgell.

La reina se encargó de reclamar el dinero para financiar el viaje de Eleonor, adjuntando también una carta dirigida al Conde de Nola, recomendándole afectuosamente a la joven novia. Tomaron rumbo a Mallorca y, de allí, se dirigieron a Sicilia, considerando este recorrido como el más seguro, desembarcando en el puerto de Gaeta. Se daba por sentado que, en un mes, llegara la novia a buen puerto.

Llegada a Nápoles
Gaeta se había erigido como capital alternativa del gobierno de Alfonso V, ya que los angevinos aún conservaban el control sobre la ciudad de Nápoles. Durante aquel verano, el rey no se preocupó del matrimonio de Eleonor, demasiado atareado con la guerra que estaba librando contra el duque de Anjou. A finales de septiembre, Eleonor y dos embajadores de Barcelona, llegados un mes antes embarcaron en Gaeta rumbo al golfo de Nápoles. Los embajadores catalanes enviaron una carta a los consejeros de la Ciudad Condal, donde describieron minuciosamente los hechos de aquellos días. Así se quedaron durante una semana en Castelmare di Stabia y después, con embarcaciones menores, se trasladaron al Castello del' Uovo, más cercano a Nápoles, que el rey Alfonso V había asediado. Aquella ciudad, situada a los pies del Vesubio, era la capital de una zona muy fértil y fácil de labrar, con un clima muy benigno.



Eleonor y los embajadores se alojaron, aquella noche del 4 de octubre de 1438, en el Castello del' Uovo, situado sobre un promontorio volcánico de la bahía napolitana, y que había sido residencia de la reina Juana de Anjou antes de que se terminasen las obras de acondicionamiento del castillo nuevo. Al día siguiente, en domingo, los embajadores de Barcelona acudieron a visitar al rey en el campamento real. El monarca, después de tomar su almuerzo, se desplazó hasta el Castello del'Uovo para hablar con Eleonor de Urgell y, después, saliendo de la cámara, hizo llamar a los embajadores para hablar con ellos.

En un principio, se tenía que celebrar los esponsales de Eleonor con el Conde de Nola pero, a raíz de la muerte del Infante Pedro el 17 de octubre de 1438, fulminado mientras atacaba con bombardas la ciudad, la boda se retrasó hasta primeros del mes siguiente.

El día 15 de noviembre, desde Capua, el rey concedió en dote a Eleonor el ducado de Amalfi. El año de 1439, el rey también nombró Raimondo Orsini príncipe de Salerno, convirtiéndolo así en uno de los principales barones del reino.

El hijo de Leonor
En el mes de junio de 1442, el rey Alfonso conquistaba nuevamente la ciudad de Nápoles. Leonor, ya Duquesa de Amalfi, Condesa de Nola y Princesa de Salerno, habría parido un hijo varón tal y como se desprende de una carta que le envió la reina María interesándose por el niño. También pedía a un funcionario real que visitase a la duquesa de su parte y le llevase noticias suyas. En el mes de mayo del año siguiente, la reina volvería a escribir a Leonor pidiendole que le contestase y le mantuviese al corriente de cómo se encontraban ella y el niño. Parece ser que, de todos modos, el niño en cuestión falleció siendo muy joven (1448), ya que no consta en ningún documento; por lo visto, el matrimonio Orsini no tuvo ningún hijo que les sobreviviese...

El hijo mencionado de Leonor habría sido, según la leyenda negra de los Trastámara, envenenado por un tal cura Corella, ayo del rey Fernando, poco tiempo después de la muerte del rey Alfonso; parece ser que los napolitanos no deseaban al rey Fernando por su bastardía, prefiriéndole el hijo de los Salerno que era descendiente de la Casa de Aragón, y el bastardo, por celos y temor a verse apartado del trono por los grandes de Nápoles, mandó eliminarlo.

Nola
Nola era una antigua ciudad de origen etrusco que floreció en tiempos de la antigua Roma y durante los primeros siglos del Cristianismo. La ciudad sería destruida por los Vándalos y reconstruída durante la época medieval conservando aún algunos vestigios del esplendor de la antigua ciudad romana (el anfiteatro y el templo de Augusto). Según Ambrogio Leone, escritor nolense nacido a mediados del siglo XV, la ciudad tenía unos 4.000 habitantes y casi la mitad de la superficie interior era un espacio libre con muchas zonas verdes. Una doble muralla rodeaba su perímetro, con una puerta de entrada a cada punto cardenal con una fortaleza en su puerta principal, de la que se salía camino de Nápoles.



Desde finales del siglo XIII, los Orsini eran condes de Nola y se habían ido sucediendo con más o menos dificultades durante las distintas dominaciones del reino de Nápoles. El conde Raimondo recuperó el condado de mano del gran senescal y favorito de la reina, al casarse con la hermana de éste: Isabella Caracciolo. La reina Juana II le nombró entonces Maestre Justiciero, título que conservaría bajo la dominación aragonesa.

La buena relación del conde de Nola con el rey Alfonso, parece que continuó puesto que figuró en un lugar preferente dentro del séquito del rey cuando éste hizo su triunfal entrada en Nápoles (febrero de 1443). El conde de Nola encabezaba el séquito de los nobles napolitanos después de su primo, el Príncipe de Tarento, y al lado del hijo bastardo del rey, Don Fernando, duque de Calabria. Este acontecimiento quedaría inmortalizado en el arco de triunfo mandado construir por el rey, en el castillo nuevo de aquella ciudad. Un año después, Raimondo Orsini también figuraba en la comitiva que acompañó hasta Ferrara a la hija bastarda del rey, prometida en matrimonio.

El conde de Nola disponía de palacio propio en Nápoles, y desde el cual desempeñaba su cargo de Maestre Justiciero, cargo que a la larga acabaría siendo más honorífico que real.

En aquellos años, Raimondo Orsini y su esposa Leonor de Urgell fundaron el convento de Sant'Angelo in Palco, y siguieron con la construcción del convento de San Francesco, de la catedral y del Palacio Orsini, que a día de hoy siguen siendo los edificios más notables de la ciudad condal de Nola. Las calles habían sido pavimentadas y las murallas reforzadas. El propio Raimondo ofreció un cirio pascual hermosamente esculpido a la iglesia de San Francesco y que actualmente se puede aún admirar en la catedral de Nola.

La ciudad de Nola también había sido residencia ocasional de la Familia Real. La magnificencia de la corte napolitana en los últimos años del rey Alfonso "el Magnánimo" se puso de manifiesto con la visita del emperador Federico II en la primavera del 1452. La comitiva real se desplazó hasta Nola, alojándose unos días en la ciudad, con tal de disfrutar de la cacería con halcones y visitar los magníficos picaderos de yeguas que tenía el rey en una zona próxima.

Aquella década de los años cincuenta se había inaugurado con el flagelo de la peste y aún vería otro desastre como el terremoto de 1456, que ocasionó muchas muertes y desgracias en todo el reino napolitano. Aquella zona próxima al Vesubio siempre había estado sometida a un gran peligro de actividad sísmica y volcánica.

En el mes de junio de 1458, moría el rey Alfonso "el Magnánimo". Mientras agonizaba, su hijo bastardo Fernando y su esposa e hijos eran alojados en Nola para escapar de la peste que azotaba la ciudad de Nápoles. El papa Calixto III había negado la investidura real a Fernando por su orígen bastardo. Sin embargo, el papa Borgia moriría poco tiempo después y su sucesor, Pío II, si le reconoció; de este modo, Fernando fue coronado rey y soberano de Nápoles en febrero de 1459, de manos del legado pontificio.

El mismo año de 1459, también falleció sin hijos legítimos el Conde de Nola. Las posesiones del difunto fueron entonces repartidas entre sus tres hijos bastardos: Felice, el mayor, recibió el condado de Nola y el principado de Salerno; Daniello, el mediano, recibió el condado de Sarno; y Giordano, el condado de Atripalda.

Tragedias en la Casa de Urgell


 

El año de 1444, Juana, hija menor del Conde de Urgell, matrimoniaba con Juan, conde de Prades y primogénito del conde de Cardona. El año siguiente, les nacía el primer hijo llamado Juan, heredero del condado. Otro hijo llamado Jaime nacería, luego una niña llamada Catalina, pero la condesa Juana moriría poco después dejando huérfanos a sus tres hijos menores de edad.

En Cataluña seguía residiendo la última hermana del Conde de Urgell, Cecília, que el 11 de febrero de 1446 compró la torre de Bellesguard al comendador de Miravet. Aquella torre había sido el último palacio donde residió el rey Martín I "el Humano". Dos años más tarde, por mediación de su sobrino el conde de Prades, llegó a un acuerdo con el rey sobre los derechos que tenía sobre la herencia de sus padres y de su finado hermano Juan, que falleció sin testar. Cecilia de Urgell cedía al rey un tercio de los bienes heredados. Al mismo tiempo, renunció a los derechos que tenía sobre Balaguer, que ya poseía Juana de Navarra, por donación de su hermano el rey Alfonso, y sobre algunos otros lugares del antiguo condado cedidos o vendidos por el rey Fernando.

Aquellos años también fueron transcendentales en la vida de la otra hermana, Isabel, ya que su esposo pasó a ejercer la regencia de Portugal durante la minoría de edad del hijo de su difunto hermano. Desgraciadamente, la vida de Isabel se torció al subir al trono su sobrino, aún estando casado con su hija también llamada Isabel. El enfrentamiento del joven rey Alfonso y de su tío el duque de Coïmbra, culminaría con la muerte de este último en el campo de batalla de Alfarrobeira, en 1449, y con la confiscación de sus bienes y el exilio de su esposa e hijos. Isabel y sus hijos serían acogidos en la corte de Borgoña, siendo duquesa de Borgoña la hermana del difunto duque de Coïmbra. Las relaciones familiares entre el nuevo duque de Coïmbra con el rey de Portugal no se restablecieron hasta un año más tarde, gracias a la mediación de la reina Isabel, su hermana. Sin embargo, ésta fallecería en el postparto en 1455, tras dar a luz al heredero del trono luso.

En aquellos años, la duquesa viuda Isabel volvería a Portugal, así como su primogénito el condestable Pedro, que había vivido siete años desterrado en Castilla. El mismo año de 1456, el papa Calixto III -de la familia valenciana de los Borja, italianizada en Borgia- nombraría a Jaime, otro hijo de los Coïmbra, cardenal de San Eustaquio en Florencia. La nominación produjo gran desagrado al rey Alfonso "el Magnánimo", puesto que estaba enemistado con la familia real portuguesa desde los tiempos de la regencia del Infante Pedro, cuando su hermana, reina de Portugal, fue expulsada y falleció en extrañas circunstancias en tierra castellana. Las relaciones entre el papa y el rey Alfonso no hicieron más que empeorar, sobretodo cuando el pontífice se negó a reconocer derechos dinásticos a su bastardo Fernando, y a conceder la nulidad matrimonial con la reina María, ya que el monarca pretendía contraer matrimonio con su amante Lucrezzia d'Alagno. Hay quien ve en la actitud del pontífice romano un reconocimiento a la memoria del malogrado conde de Urgell. Fueron muy significativas las palabras de alegría del papa Calixto III, cuando le comunicaron la muerte del Magnánimo: "Ya se ha roto el yugo, ya somos libres!".

Desgraciadamente, el joven cardenal Jaime de Portugal moriría tres años después de su nombramiento, a la edad de 25 años. Su hermano Juan, casado con Carlota, reina de Chipre, había muerto dos años antes, al parecer envenenado. La otra hermana, Brites, esposa de Adolfo de Ravenstein, conde de Clèves, también murió supuestamente asesinada. Por tanto, aquellos años cincuenta debieron ser fuente de grandes tristezas para Eleonor de Urgell, que tuvo que asistir al trágico final del esposo y de los hijos de su hermana Isabel, la muerte de su otra hermana Juana y, finalmente, la desaparición de su esposo Raimondo Orsini...

Muerte y Testamento de Cecilia de Aragón y de Cabrera
El sábado 31 de diciembre de 1458, Cecilia de Urgell, tía de la duquesa Eleonor, residente en la torre de Bellesguard, de la parroquia de Sarrià, hizo testamento ante el notario de Barcelona Francesc Matella. Elegía como albaceas a Juan Folch de Cardona, conde de Prades; Sancha Ximenis de Foix y de Cabrera; Aldonza de Cardona, viuda de Galcerán Ademar de Santapau; y el reverendo guardián del convento de los frailes de Sant Francesc de Barcelona. Juan de Prades era el heredero del condado de Cardona y había casado en primeras nupcias con la sobrina de Cecilia de Urgell, Juana de Urgell, y posteriormente con una hija de los Cabrera. La otra albacea, Sancha Ximenis de Foix y de Cabrera, era hija del difunto vizconde y de su primera esposa y, por tanto, hijastra de Cecilia. Se había casado con Arcimboldo de Foix, hermano del también difunto conde Juan de Foix, primer esposo de Juana. Asi vemos que las familias condales de Foix, de Cardona y de Urgell tenían establecidos en aquella época diversos vínculos matrimoniales entre ellas y con la casa vizcondal de Cabrera.

En su testamento, Cecilia elegía sepultura en la iglesia del convento de los frailes franciscanos de la Ciudad Condal, en las escaleras que subían desde el coro hasta el altar mayor. En la misma iglesia tenían sepultura su cuñada, la Infanta Isabel, y la madre de ésta, la reina Sibila. Dejaba la torre de Bellesguard y una casa que tenía en la calle de Cucurella al entonces vizconde de Cabrera y conde Mòdica. A su sobrina Eleonor de Urgell, a la que nombraba con el título de Princesa de Salerno, le dejaba la mitad de lo que podía corresponderle en la herencia de sus padres y, en su defecto, a sus hijos y descendientes. De la otra mitad hacía heredera otra sobrina, Isabel, duquesa de Coïmbra y sus hijos y descendientes. Y en sustitución a éstos, una y otra mitad las dejaba a Juan de Cardona, hijo del conde de Prades y de la difunta Juana, o a sus hijos.

El 24 de octubre de 1460, al ser ya difunta Cecilia, el notario hizo público el testamento de la finada.

Un año antes, Eleonor de Urgell enviuda de Raimondo Orsini, conde de Nola, de Sarno, duque de Amalfi y principe de Salerno, que fallece en su castillo de Nola y recibe cristiana sepultura en la iglesia del convento de Sant'Angelo in Palco. La tumba, con su estátua yaciente del conde de Nola, esculpida en bajo relieve sobre la losa sepulcral, y flanqueada por una cornisa con inscripciones latinas, llevaron a ciertos historiadores a pensar que Eleonor de Urgell había precedido a su marido en la muerte, puesto que su nombre también está incluído en ellas. Sin embargo, documentos posteriores dan fe del gobierno de la condesa de Nola en su ducado de Amalfi.

Eleonor, Duquesa de Amalfi
Amalfi había sido una de las antiguas repúblicas marítimas de Italia, una potencia autónoma y activa que controló durante tres siglos los mercados del Mediterráneo, y mantuvo intensos intercambios con Oriente. Las poblaciones estaban situadas en la costa de la península de Sorrento, levantadas en una empinada pendiente encarada al golfo de Salerno. La zona gozaba de una situación protegida de los vientos fríos del Norte, que le daba un clima suave muy apreciado. La costa amalfitana era un lugar con magníficos paisajes y sus hermosas ciudades como Amalfi, Ravello o Positano, siguen a día de hoy teniendo gran fama.

El documento de donación, como dote, del ducado de Amalfi al matrimonio formado por Eleonor de Urgell y Raimondo Orsini, que el rey Alfonso hizo el 15 de noviembre de 1438 desde Cápua, fue íntegramente publicado por Matteo Camera. Esta acta se encontraba entre los protocolos notariales del notario Francesco Campulo d'Amalfi, donde también se conservan otros documentos referentes a Eleonor.

Una vez recibido el ducado por los condes de Nola, éstos mandaron inmediatamente un representante suyo para que tomara posesión del ducado e instalaron un comandamiento civil y militar renovable cada año. Éste, al tomar posesión, juraba actuar con estrecha observación a los privilegios de la ciudadanía local. El historiador Camera consideraba humana y benigna la actuación de los duques sobre la población y, en cambio, como bárbara y rígida la actuación de los representantes del gobierno napolitano durante este período.

Los duques de Amalfi habían ordenado, en agosto de 1453, la fundación del castillo de Santa Maria La Nova y de la torre de Chiunzo a Tramonti. Frecuentemente, los Orsini habían supervisado los asuntos ducales desde Nola o desde su corte de Salerno. Pero en 1454, durante el mes de julio, los amalfitanos realizaron grandes preparativos para recibir a la duquesa Eleonor que, por vez primera, visitaba Amalfi.

 
Tumba con el bajo relieve representando a Raimondo Orsini, Conde de Nola, Príncipe de Salerno y Duque de Amalfi, en Sant'Angelo in Palco.


Poco después de la muerte de su marido, Eleonor se retiraba en su ducado, tal y como parecen señalar los documentos oficiales amalfitanos, ejerciendo el gobierno. A finales de noviembre de 1459, Leonor hacía las pertinentes gestiones para terminar la construcción del castillo y de la torre, tal y como habían solicitado sus habitantes en Tramonti.

Rebelión
Tal y como manifiesta Matteo Camera, Eleonor se había convertido en una enemiga oculta del rey Fernando, al cual oficialmente manifestaba devoción y fidelidad, pero secretamente favorecía al partido del duque de Anjou, enemigo del aragonés. El monarca sospechando de la mala fe de Eleonor, la amenazó con privarla de su principado de Salerno y de su ducado de Amalfi. La princesa intentó defenderse y manifestó al rey su fidelidad en una carta humilde y halagadora fechada a 17 de enero de 1460. En aquella misiva, le aseguró que le avisaría en el caso de que los enemigos o rebeldes se encontrasen en su ducado, y le recordó su acción en la que hizo apresar una galera francesa cargada de azúcar y especias, que imprudentemente se había aproximado a la playa de Amalfi.

 
Busto del rey Fernando I de Nápoles (1424-1494).


Por otro lado, Eleonor no quería malmeterse con los hijos bastardos de su difunto esposo, ordenando a sus vasallos que no pusieran obstáculo alguno ni ocasionaran molestias al conde de Sarno. El 20 de febrero del mismo año, Eleonor daba su consentimiento para las obras de fortificación de Maiori, con tal de defender mejor la ciudad.

Desde el momento en que el rey empezó a confiscar los bienes de los partidarios del duque de Anjou en el ducado amalfitano, las universidades y representación de los respectivos procuradores, se reunieron durante el mes de marzo y, con la aprobación de Eleonor, establecieron un capítulo para la seguridad común.

Pese a la carta de protesta enviada al rey, la duquesa, en el momento en que el duque de Anjou pone un pie en el ducado, tomó su partido. Amalfi y otras ciudades del ducado se rebelaron contra la autoridad del aragonés. Aquella primavera, Juan de Anjou y el Príncipe de Tarento ocuparon el condado de Nola.

El 7 de julio de 1460, la batalla de Sarno supuso la derrota de los aragoneses y parecía segura la rendición de Nápoles. Pero Fernando no tardó en recuperarse, ayudado por el duque de Milán y por el sobrino del papa. A Felice Orsini le fue confiscado el condado de Nola, ya que con sus hermanos y siguiendo a su primo el Príncipe de Tarento, se habían rebelado contra el rey.

En los meses de septiembre y diciembre, muchos prohombres amalfitanos que habían favorecido la causa de los Anjou, fueron apresados y encarcelados, sus bienes confiscados. El rey también confiscó el ducado de Amalfi a Eleonor, acusándola de rebelión y de crimen de lesa-majestad, por haber ayudado a Juan, duque de Lorena.

En mayo de 1461, el rey casaba su hija natural, María, con Antonio Todeschini Piccolomini, sobrino del papa Pío II, y les cedió el ducado de Amalfi como dote.

Desde la batalla de Sarno, la ciudad de Nola estaba en manos de Orso Orsini, que había sido consejero del Magnánimo, pero que en ese momento figuraba en el bando rebelde. En diciembre de 1461, tras un largo asedio y un período de tregua, Orso Orsini se rindió al rey y éste, poco después, le cedió el condado de Nola y de Atripalda. Desde ese momento, ese Orsini fue fiel al rey.

En cuanto al principado de Salerno, también confiscado, sería entregado a Roberto de San Severino, conde de Marsico.

Las últimas pistas sobre Eleonor
Según el historiador de Amalfi, Matteo Camera, la rebelde duquesa Eleonor, perseguida y convertida en fugitiva, se embarcó rumbo a España. No se sabe en qué se basa el historiador para afirmar tal cosa, ya que no consta ningún documento más sobre la princesa aragonesa. A falta de datos, tan solo se puede afirmar que falleció pasado el mes de marzo de 1460, ya que consta que seguía viva en esas fechas. En las terribles circunstancias en las que se encontraba, parece improbable que Eleonor consiguiera volver a Nola y recibir sepultura al lado de su difunto marido, aunque así lo atestigua la lápida funeraria con sus inscripciones latinas en el convento de Sant'Angelo in Palco.

Aquel año de 1461, Cataluña se encontraba enfrentada al rey Juan II, que había sucedido a su hermano Alfonso al frente de Aragón. Al año siguiente, se iniciaba la cruenta guerra civil entre este monarca autoritario y las instituciones del principado catalán. Éstas llegarían a ofrecer la corona condal de Barcelona al nieto del conde Jaime de Urgell, el condestable Pedro de Portugal. La duquesa vda. Isabel de Coïmbra redactó varios correos destinados a su hijo y a las autoridades catalanas. Pero la tragedia siguió cebándose en esa familia, con la muerte en 1466 del condestable Pedro, a los tres años de su llegada a Cataluña y sin haber conseguido el propósito de deshacerse del yugo de los Trastámara.



Herederos más cercanos del rey Martín I "el Humano" de Aragón

*_Por grado de parentesco:

1/-Jaime II "el Desdichado", Conde de Urgell, bisnieto del rey Alfonso III "el Benigno" de Aragón.

2/-Alfonso, Duque de Gandía, nieto del rey Jaime II de Aragón.

3/-Luis de Francia, Duque de Anjou, nieto del rey Juan I de Aragón.

4/-Enrique III de Trastámara, Rey de Castilla + Fernando de Antequera, nietos del rey Pedro IV "el Ceremonioso" de Aragón.

Eleonor de Urgell, hija de Jaime el Desdichado y su trayectoria por el Reino de Nápoles. / Texto de Virginia Costafreda Puigpinós / traducción de Arnau Lucas.

sábado, 26 de enero de 2013

ELEONOR DE URGELL -I-



ELEONOR DE URGELL
la desdichada princesa
.I.


Infancia y asedio de Balaguer

 




Eleonor fue la segunda hija del conde Jaime II "el Desdichado" de Urgell y de Isabel de Aragón. Su padre era el hijo primogénito del conde Pedro de Urgell y de Margarita de Montferrat, y su madre era la hija pequeña del rey Pedro III-IV "el Ceremonioso" de Aragón y de su cuarta y última esposa, Sibila de Fortià.

Los padres de Eleonor se habían casado en Valencia el 29 de junio de 1407 e Isabel, la hermana mayor de Eleonor, nacería en agosto de 1408, poco después de la muerte del abuelo, el conde Pedro.

La pequeña Eleonor nació seguramente en Balaguer a finales del año 1409 o a principios del siguiente. Su fecha de nacimiento se puede aproximar a partir de la carta que el rey Martín I escribió a su hermana Isabel a finales del mes de septiembre, interesándose por su salud y por su embarazo. Asi mismo, el día 19 de noviembre, el rey, en otra carta a la infanta, le rogaba que no acudiera a despedirse de él hasta que no hubiese dado a luz, comunicándole que había retrasado su marcha hasta carnavales.

El nombre de pila de la segunda hija fue probablemente escogido en honor a la hermana mayor del conde, que también se llamaba Eleonor. Jaime "el Desdichado" tenía otras dos hermanas, Cecília, que también vivía con ellos en Balaguer, e Isabel, que era monja del monasterio de Sixena. También había un hermano, Juan, que moriría pocos años después.

La estable situación de la dinastía real catalana se había resquebrajado aquel mismo año de 1409 con la muerte en Cerdanya del heredero de la corona, Martín II "el Joven", rey de Sicilia. El conde de Urgell, que ejercía de lugarteniente general del reino por nombramiento del rey Martín I, se encontró más adelante con la oposición de algunas familias aragonesas y del Justicia de Aragón, que le negaron el juramento pocos días antes de la muerte del rey, en el mes de junio de 1410. Dado que el rey Martín I "el Humano" falleció sin nombrar un sucesor al trono, se inició un pleito sucesorio que se resolvió contra los intereses del conde de Urgell, aunque en principio pareció ser el que tenía más derechos a la sucesión, gozando de la adhesión del pueblo.




Los nueve compromisarios nombrados por iniciativa de las autoridades aragonesas se reunieron en Caspe el mes de junio de 1412 y, con la protección del Papa Luna (Benedicto XIII) y la ayuda de Fray Vicente Ferrer, eligieron a Fernando de Antequera como rey. Éste, era entonces regente de Castilla, siendo hijo de Eleonor de Aragón, otra hija del rey Pedro III "el Ceremonioso" y, por tanto, sobrino de la Infanta Isabel, condesa de Urgell.

Sin entrar en la legitimidad del proceso que desembocó en el Compromiso de Caspe y en sus consecuencias para Cataluña, ya que es un tema debidamente analizado por los historiadores, nos centraremos particularmente en los aspectos que afectaron a la familia condal de Urgell y, especialmente, a las hijas de los condes después de que Jaime de Urgell rechazara la decisión de Caspe y se rebelara contra el nuevo rey.

A partir de aquel momento, la familia condal se vió abocada a un fatal destino. El día 5 de agosto de 1413, el mismo Fernando de Antequera ya dirigía el asedio de Balaguer, con gran cantidad de tropas y material bélico. Según Xuriguera, el rey disponía de tanta artillería que la ciudad se vió bombardeada a todas horas, día y noche. Toda la familia condal se quedó en la capital del condado durante los casi 3 meses en que duró el asedio, incluso la infanta Isabel, que se hallaba encinta de otro hijo. La situación de la falta de alimentos llegó a tal punto que los defensores de Balaguer llegaron a comprar provisiones a los asediantes, para mayor disgusto de la condesa Margarita, la cual decía orgullosamente que prefería comer ratas y gatos antes que probar un solo bocado de todo lo que procediera de los enemigos de su hijo Jaime.

Los últimos días de octubre, la infanta Isabel inició contactos con su sobrino, el rey Fernando I, para asegurarse de que el monarca respetase la vida de su esposo. Finalmente, el conde Jaime de Urgell se rindió el día 31 de octubre, saliendo solo de Balaguer, tras despedirse de la familia y de sus fieles servidores.

Proceso Judicial del conde de Urgell

 




El día 2 de noviembre, el conde fue llevado prisionero a Lérida y encarcelado en el castillo de La Suda. Su esposa, la Infanta Isabel de Aragón, también le siguió hasta la ciudad del Segre. Tres días después, el rey Fernando I entraba en la ciudad de Balaguer y, después de visitar el castillo de Formós, ordenó el saqueo de todos los bienes de la familia condal. Al día siguiente, el monarca reclamó desde Lérida a la madre, las hermanas y las hijas del conde, que aún se encontraban en Balaguer, dando dinero para financiar los gastos del traslado, ya que éstas se habían quedado sin recursos. La familia condal se alojó en Lérida, en casa del archidíacono de La Seo, Berenguer de Barutell, que era de la familia de la reina Sibila de Fortià.

Una vez finalizado el proceso judicial contra el conde Jaime de Urgell y condenado éste a prisión perpétua y a la confiscación de sus bienes y títulos, se inició el juicio contra su madre, la condesa Margarita. A primeros de diciembre, empezaron los interrogatorios de la condesa viuda y continuaron después de la partida de su hijo Jaime de Lérida, camino de su encarcelamiento a Castilla. Diversos testimonios del proceso, declararon que el conde Jaime de Urgell nunca había tomado una decisión sin antes consultar con su madre y contar con su consentimiento, y que ésta había hecho que el conde se encerrase en Balaguer, para plantar cara al rey, contra la opinión de sus consejeros. La condesa Margarita se negó de plano a hacer declaraciones, pese a las insistencias venidas del rey Fernando, demostrando así su temple enérgico y su inquebrantable coraje. Ya estaba convencida la condesa que la decisión que se tomase, ya estaba decidida de antemano y que la finalidad del juicio era tan solo sancionar la desaparición y total aniquilación de la Casa Condal de Urgell.

La sentencia contra Margarita de Montferrat ya estaba cantanda: la confiscación de todos sus bienes por rebelión y crimen de lesa-majestad.

Mientras tanto, la infanta Isabel, que debía estar a punto de dar a luz, redactó su testamento en Lérida el día 13 de diciembre. Nombraba como albaceas de su testamento a su esposo el conde Jaime de Urgell, a su tío Bernat de Fortià y al archidiácono de La Seo de Urgell, Berenguer de Barutell. Dejaba como herederas a tres de las cinco hijas que había tenido, y que aún estaban vivas: Isabel, Eleonor y Catalina de Urgell, además de la futura hija que estaba a punto de nacer. De todos modos, el testamento tenía poca importancia en ese momento, ya que todos sus bienes le habían sido confiscados, hasta su dote de 50.000 libras que le había dado su padre, el rey Pedro III "el Ceremonioso".

La confiscación de la cual fue víctima la familia condal fue tan absoluta y llevada con tanto rigor, que aquella familia, dos años antes la segunda del reino en categoría y la primera en riquezas, se quedó materialmente con lo puesto. La confiscación afectó no solamente los territorios y las rentas que poseían, sino también los bienes muebles, las joyas, los libros, las ropas,... en pocas palabras todo. Especialmente las joyas fueron objeto de una búsqueda severa y meticulosa, ya que muchas de ellas habían sido empeñadas para subvencionar la causa del conde Jaime. Antes de la coronación, el rey Fernando I se preocupó de que le fuesen enviadas todas las perlas y piedras preciosas recuperadas entre las que fueron de la Casa de Urgell, ya que quería añadirlas a las demás que había reunido para adornar su corona. Las mujeres de esa familia tuvieron que asistir al trágico hundimiento de todo su patrimonio, ya que el rey empezó prontamente a repartir señoríos del condado entre los que le habían apoyado para subir al trono aragonés y en el asedio de Balaguer. Más adelante, fue cediendo villas y pueblos con tal de pagar sus deudas o para llenar sus arcas.

A primeros del 1414, el rey mandó a la infanta Isabel y a su familia que se trasladasen a Zaragoza, otorgándoles 600 florines para los gastos del traslado y su mantenimiento. Asi mismo, concedió también que se les devolviese parte de sus ropas y bienes muebles que se habían requisado en sus castillos de Áger y de Castelló de Farfanya, exceptuando los trajes y telas valiosas y los libros.

Durante el tiempo en que las mujeres de la Casa Condal residieron en Zaragoza, desde el último día de enero y hasta incluso el mes de mayo de 1414, se hospedaron en dos casas alquiladas a doña Guiomar Alfonso de Peralta, viuda de Pedro Ximénez de Ayerbe. El alquiler, que costó 200 florines, fue pagado por la Casa Real.

 
Retrato de Fernando I de Antequera (1380-1416), Rey de Aragón.


El 11 de febrero de 1414, Fernando I se hizo coronar rey en Zaragoza, y la mujer, las hermanas y las hijas del conde de Urgell fueron obligadas a asistir a la fastuosa ceremonia de coronación. Unos meses después, y en la misma ciudad, se inició el juicio contra Eleonor, la hermana mayor del conde Jaime de Urgell, acusada también de colaboración con su hermano, y no sólo con consejos, sino también con dinero.

Como su madre, ella también fue expoliada de las donaciones que había recibido por testamento de su padre. Al cabo de 4 meses, las mujeres tuvieron que trasladarse con el séquito real de Zaragoza a Morella. Poco después, la infanta Isabel y sus hijas fueron confinadas en el monasterio de Sixena y la condesa Margarita, llevada a Lérida.

Estancia en el Monasterio de Sixena y nuevo juicio contra Margarita

 




El Monasterio de Sixena era un priorato de monjas de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén que pertenecía al obispado de Lérida. Isabel, hermana del conde Jaime "el Desdichado" de Urgell, profesó en él a finales del siglo XIV, viviendo aún el conde Pedro de Urgell. Éste habría hecho importantes donaciones al cenobio, como demuestran algunas magníficas piezas decorativas de la época. Las monjas de familias ricas habían hecho construir en el claustro del monasterio sus propias casas particulares, donde llevaban una vida independiente y disponían de servidumbre. Este convento se convirtió entonces en el lugar de confinamiento de la familia condal de Urgell, pero no nos dejemos engañar pensando que su estancia fuese agradable, ya que el priorato era ostentado entonces por Isabel de Alagón, de familia anti-urgelista.

Un segundo juicio se inició más adelante contra la condesa viuda Margarita de Montferrat, y el 29 de octubre de 1414 se decretó su detención en Lérida junto a sus hijas y sirvientes. Se le acusó de haber planeado liberar a su hijo el conde Jaime, con el fin de suscitar una guerra civil y de intentar dar muerte al rey Fernando I, pero en realidad tan solo se trataba de una estúpida maquinación de espías y de estafadores.

En la primera acusación, hubo evidencias de exageración en los cargos, y en la segunda se faltaba a la verdad, dado que la condesa viuda de Urgell tan solo expresó su deseo de que su hijo recobrase la libertad.

En noviembre, las tres mujeres fueron trasladadas a Cullera para proseguir con el juicio, y por lo visto llegaron en tan lamentable estado que el alcaide adelantó el dinero suficiente para comprarles vestidos. Poco después, fueron nuevamente trasladadas a una casa de la huerta de Valencia, donde se siguió con la instrucción del juicio. Durante aquellos días, la ciudad del Túria estaba en plena efervescencia, ya que se ultimaban los preparativos para el enlace del príncipe Alfonso, el primogénito, con su prima María de Castilla, que se celebró el 12 de junio de 1415. El juicio contra la condesa continuó y sus abogados reclamaron contra la decisión real de someterla a tortura. La sentencia, dada a 29 de julio de 1415, la declaró reincidente de crimen de lesa-majestad. La pobre mujer quedó recluída en el castillo de Olocau y sus dos hijas enviadas a Sixena.

Traslado Forzoso de Isabel y Eleonor de Urgell a Castilla

A inicios de 1415, la infanta Isabel había solicitado del rey que su cura, Jaume Sansuri, pudiese visitar el conde Jaime en su encarcelamiento castellano. Cuando en abril le fue notificada la denegación de su solicitud, no se pudo imaginar el disgusto aún mayor que le esperaba, ya que el rey había decidido separar a las dos hijas mayores de su lado. El monarca se había enterado que la infanta andaba haciendo gestiones ante su pariente la duquesa de Berry, para que mantuviese a una de sus dos hijas, y además, también se filtró el proyecto de los partidarios de Jaime de Urgell, de casar a una de ellas con el duque de Borbón. Fernando I, ante el peligro de una posible alianza contra él, determinó separar a Isabel y Eleonor de su madre y enviar a Sixena a Ramón de Ampurias, administrador real, con la misión de llevarse a las niñas.

El 23 de abril de 1415, la infanta Isabel enviaba una dramática carta de súplica al rey para pedirle en vano que le devolviera a sus hijas de entonces 6 y 5 años de edad. De nada sirvieron sus ruegos de madre desconsolada, puesto que nunca más volvió a ver a sus dos hijas. Las otras dos hijas pudieron quedarse con la infanta, con la condición, así dispuesta en un acta notarial, que no se sacasen del reino, bajo amenaza de perder sus dotes y de ser expoliadas de otros derechos que les pertenecieran.

Ramón de Ampurias se llevó a las dos hijas mayores a su casa de Balaguer y, con consentimiento real, encargó para éstas ropa nueva y lo necesario para ensillarlas a lomos de una mula. De ahí las trasladó a Valencia, donde se encontraba la corte preparando el enlace del heredero Alfonso. De esta guisa, viajaron las niñas hasta Flix, de allí hasta Tortosa en barca, de nuevo a lomos de una mula hasta llegar a Valencia el 30 de mayo. Quedaron bajo cuidado del párroco Jaume Sansuri, capellán de la madre de éstas, el cual se encargó de comprarles calzado nuevo, chapines y vestidos para afrontar el siguiente viaje. Tras dos meses de estancia en Valencia, a finales de julio fueron trasladadas a Castilla, por Requena, acompañadas por dos doncellas de confianza, Francesca y Sibila de Fortià, ambas procedentes de la familia ampurdanesa de la cual procedía la reina Sibila, abuela de las niñas.

Con la muerte del rey Fernando I en 1416, y con la subida al trono de su hijo Alfonso "el Magnánimo", la situación de las mujeres de la Casa de Urgell parecía que iba a mejorar. Entonces, las hermanas del conde residían con la infanta Isabel en Sixena, noticia que se da por cierta al redactar éstas una solicitud al rey de trasladarse a Corbins para huír de la peste que afectaba al monasterio y alrededores. El rey en persona tuvo que escribir ordenes expresas para que la infanta y sus acompañantes fuesen admitidas en los monasterios y lugares reales, ya que estos no querían admitir a las damas por miedo a provocar el enfado del monarca. Más adelante, en 1417, el rey Alfonso concedió a la madre y a la hermana del conde Jaime, una pensión anual de 300 florines a cada una. Sin embargo, el alcalde general de Cataluña no la hacía efectiva, a pesar de los requerimientos del rey, en los que él mismo se quejaba de que la condesa y sus hijas se morían de hambre, y estaban reducidas a pedir limosna para poder vivir. Dos años más tarde, las mismas hermanas Eleonor y Cecilia solicitaron al monarca ayuda desde Balaguer para que se remediase a su deplorable situación.

Por otro lado, la condesa Margarita falleció en el mes de noviembre de 1420 en Morella, habiendo vivido recluída e incomunicada en una casa. Los notables de Morella tuvieron que adelantar el dinero para pagar su entierro...

Aquel año de 1420, también el joven rey Alfonso decidió compensar a la infanta por el valor de su dote y, con esta finalidad, recuperó Alcolea de Cinca. Esta villa había formado parte del condado de Urgell y el rey Fernando la había donado al duque de Gandía en pago por su ayuda en el asedio de Balaguer. Puesto que el valor de esa villa no llegaba a equiparar el valor de la dote, también le cedió diversas rentas que los condes cobraban a Balaguer. La infanta Isabel se retiró finalmente en Alcolea, pero su situación económica no mejoró mucho, ya que no podía cobrar las rentas de la villa pues ya andaban empeñadas! En cuanto al resto de las rentas concedidas, eran tan escasas que no le daban más que para cubrir lo justo e ir tirando.

Muerta su hija Catalina, y separada de la única hija que le quedaba, Juana, que la reina María había hecho traer a la corte, la hija del rey Pedro IV "el Ceremonioso" vivió en una pequeña y modesta casa de la villa de Alcolea hasta su muerte, acaecida en 1424.

Los años de Eleonor en Lérida

 


 
Retrato del rey Alfonso V "el Magnánimo" de Aragón (1396-1458), según Juan de Juanes en 1557.


El 14 de marzo de 1424, el rey Alfonso nombró a Berenguer de Barutell tutor de las hijas del conde Jaime de Urgell, que ya tenían 15, 14 y 10 años de edad. Isabel y Eleonor residían aún en Castilla junto a la viuda de Fernando de Antequera, y Juana vivía en la corte con la reina María. No se tiene constancia del lugar exacto de Castilla donde residieron las niñas durante aquellos años. La principal ciudad castellana de los señoríos de la reina Eleonor era Medina del Campo, donde aquella residía durante largas temporadas al quedarse viuda. El recién nombrado tutor de las niñas, se las llevó con él al morir la madre en Alcolea. Posteriormente, su cuerpo fue trasladado a Barcelona. El dia 7 de noviembre de 1424, recibió sepultura en la iglesia de San Francisco, donde también había sido inhumada su madre, la reina Sibila de Fortià. Se le concedió al menos un solemne entierro, presidido por su tío Bernat de Fortià, por Berenguer de Barutell y por los consejeros de la ciudad.

Residía entonces en Barcelona Cecilia de Urgell, tía de las niñas, que se había casado el año anterior con el viejo y viudo vizconde de Cabrera, que falleció al poco. Nos consta que Cecilia era entonces una hermosa mujer y, años atrás, se había incluso barajado la posibilidad de matrimoniarla con el hijo y heredero del conde de Cardona. Incluso el rey Martín I "el Humano" pensó en desposarla con tal de conseguir descendencia. El mismo Bernat de Cabrera ya solicitó la mano de Cecilia poco después del encarcelamiento de su hermano el conde Jaime, pero en aquel entonces la condesa Margarita se opuso, ya que prefería casarla con quien estuviese en posición de liberar a su hijo cautivo. Tras la muerte de su madre y con una situación harto miserable en la que se encontraba, Cecilia consideró que su matrimonio con el vizconde de Cabrera era la mejor manera de salir de la miseria.

Las niñas Isabel y Eleonor pudieron volver de Castilla, donde entonces se desarrollaban graves conflictos con los hermanos del rey de Aragón, y pasaron a vivir con su tutor en Lérida. La residencia del archidiácono se encontraba frente a La Seo. Berenguer de Barutell era entonces primo-hermano de la Infanta Isabel, siendo hijo de una hermana de la reina Sibila de Fortià. Se había beneficiado del parentesco y del favor de su tía, permaneciendo siempre fiel y agradecido a ésta, hecho que le convirtió en el protector de tres generaciones de mujeres de esta familia. Así ayudó a la reina Sibila cuando cayó en desgracia al fallecer el rey Pedro IV, acogiéndola en su casa a ella y a su hija Isabel durante bastante tiempo. También dió techo a la familia de la infanta Isabel cuando el conde Jaime de Urgell cayó prisionero de Fernando de Antequera. Finalmente, pasó a ser el principal protector de las hijas del conde de Urgell y veló por sus intereses y por su futuro. Inmediatamente, empezó a poner pleitos para recuperar los pocos bienes que habían quedado de la Infanta. Poco después, el mismo rey Alfonso ordenó que se devolviesen algunos bienes muebles a Isabel y Eleonor de Urgell, que habían pertenecido a la familia condal.

Por culpa de los conflictos castellanos, y con tal de evitar su posible liberación, el conde Jaime de Urgell también había sido trasladado, siendo recluído en Xátiva de por vida ya que allí fue donde murió.

También sabemos que en el año 1425, la tía Eleonor había tomado la determinación de retirarse para llevar una vida de ermitaña, pese a las recomendaciones de la reina Maria para que se retirase a Sixena. A pesar de todo, la hermana del conde tiró adelante con su vida, como ermitaña en un solitario lugar de Montblanc, manteniendo relación espiritual con el monje de Poblet, Fray Pere Marginet.

Boda de Isabel de Urgell

Pedro, duque de Coimbra, era el 2º hijo del rey de Portugal y un hombre rico, culto y con mucha experiencia. Había viajado por Europa durante algunos años adquiriendo gran fama y, en el verano de 1428, volviendo de Alemania tras visitar al Emperador, pasó por Cataluña. Llegó a Barcelona a primeros de julio y obtuvo un salvoconducto que le permitió a él y a sus caballeros, poder circular libremente por el reino. A finales de mes, se trasladó a Valencia donde se encontraba la corte. Las relaciones entre los dos Estados eran entonces especialmente cordiales ya que pocos meses antes el hermano de Pedro y heredero del trono luso, había desposado a la hermana del rey de Aragón. El rey Alfonso recibió al duque Pedro con gran cortesía, ofreciéndole una gran fiesta, concertando de paso su matrimonio con Isabel, la hija mayor del conde Jaime de Urgell.

A primeros de agosto, Pedro ya otorgaba poderes a dos miembros de su consejo para gestionar su enlace y, acto seguido, retomaba el camino a Portugal. El duque, de entonces 35 años de edad, había concertado ese enlace de forma precipitada, a sabiendas de que aún no había recibido el visto bueno de su padre el rey. Isabel era de la Casa Real Catalana pero sin fortuna, tan solo tenía, por testamento de su madre, 40.000 florines de la villa de Alcolea, ya que del resto que se obtuviese de la venta correspondía a las otras hermanas.

En septiembre, Barutell firmaba, en nombre del conde Jaime de Urgell, los capítulos matrimoniales con los embajadores portugueses, primero en Valencia y luego, en presencia de Isabel de Urgell, en Alcolea. La reina también había enviado algo de ropa, joyas y perfumes como regalos a la princesa para los preparativos de su boda. Isabel se trasladó más adelante a Zaragoza y, de allí, partió el 17 de marzo de 1429 acompañada de una comitiva de nobles lusos.

Otros proyectos de boda en Etiopía y Chipre

El año 1428, el rey Alfonso también accedió en casar a la hermana pequeña de Eleonor, Juana de Urgell, con el Negus de Etiopía y con esta finalidad le envió en el más alto secreto a sus embajadores aceptando su ofrecimiento. Afortunadamente para Juana, esos embajadores nunca llegaron a su lejano destino y ese sorprendente matrimonio nunca pudo llevarse a cabo.

El año siguiente, llegó una buena noticia para la familia de Urgell, con el nacimiento del primer hijo de Isabel, duquesa de Coimbra. El niño, llamado Pedro como su padre, llegaría a ser proclamado, con los años, rey de los catalanes en los tiempos de lucha contra el rey Juan II. De todos modos, las tragedias familiares no cesaron, y el 28 de mayo de 1430 fallecía de peste la tía Eleonor, que había vivido recluída como una ermitaña en Montblanc, haciendo vida de oración y penitencia. Durante aquellos últimos años de su vida, tuvo fama de santa y hasta la reina le escribió pidiendole que rogase por ella. La tradición conservada explica que, en el momento de la muerte de Eleonor, el santo varón Padre Marginet contempló el prodigio de como una gran multitud de ángeles se llevó el alma de la difunta al cielo. Fue enterrada en el monasterio de Poblet y al lado de su ataúd fueron colgados los instrumentos de mortificación que había utilizado.

Mientras, los proyectos de boda de las hijas del conde Jaime continuaban. En junio de 1431, el rey intentó que el conde renunciase a sus derechos sobre el condado de Comenge, alegando los gastos que comportaban los intentos de casar Eleonor y Juana con el rey de Chipre y su hijo y heredero. Éstos habían ofrecido unas rentas de 5.000 y 3.000 ducados anuales respectivamente, y el rey, que consideraba con buen ojo esas condiciones, pensó incluso que podían conseguir más aún. Eleonor y el archidiácono Barutell pidieron más cosas, con tal de desviar y hacer fracasar las negociaciones, a pesar de que las rentas de ambas hermanas eran escasas y se limitaban a las de Balaguer, puesto que Alcolea correspondía a la hermana Isabel, duquesa de Coimbra. En el mes de agosto, el rey, a través del carcelero del conde Jaime, ordenó que éste escribiera a su hija Eleonor para conseguir que la joven obedeciera sus órdenes en los asuntos que tocaban a su matrimonio. Las presiones no parecieron dar el resultado esperado, y el enlace con el rey de Chipre no llegó a realizarse.

El mes de mayo de 1432, el rey Alfonso marchó a Sicilia en el que sería su viaje definitivo lejos de su reino. Aunque no volvió jamás a pisar Cataluña, continuó a dirigir los asuntos catalanes y aragoneses, sin olvidarse de los asuntos relacionados con la familia condal de Urgell.

Asesinato del archidiácono Barutell

En aquellos tiempos turbulentos de enfrentamientos de la Iglesia leridana con la nobleza, en el mes de diciembre de 1432 era asesinado Berenguer de Barutell, precisamente cuando estaba destinado a ser nombrado obispo de Urgell. La mañana del 2 de diciembre, unos hombres a sueldo de los Santcliment, señores de Alcarràs, apuñalaron al archidiácono Barutell a causa de un pleito por la propiedad de unas tierras situadas entre Raimat y Montagut, que un Santcliment había cedido a los canónigos. El drama se desarrolló en el camino de Lérida a Sarroca, cerca de Sunyer. El archidiácono iba entonces acompañado del sacristán Pere Castelló y de su hermano Andreu de Barutell, y se encaminaban en dirección a Sarroca para renovar el salvoconducto del rey. Les atacaron un tal Francesc de Santcliment y otros hombres de su compañía. Andreu de Barutell, hermano de Berenguer, escribió rápidamente a la reina para que se llevaran a cabo severas acciones para castigar a los asesinos. Los responsables del crimen se refugiaron en tierras aragonesas y la reina tuvo que pedir al Justicia de Aragón que facilitara la captura de aquellos malhechores.

Dos significativos caballeros leridanos, Tomás de Santcliment, señor de Alcarrás, y Lluís Icart, ciudadano de Lérida, fueron acusados de la muerte del archidiácono y sus bienes les fueron confiscados. Francesc de Santcliment, anterior señor de Alcarràs, había sido un declarado anti-urgelista y encabezó la representación leridana que felicitó al rey Fernando I por su victoria sobre Jaime de Urgell. Lluís Icart se ha identificado como el poeta que había sido armado caballero por el rey dos años antes del crimen.

Por el hecho de que el archidiácono muriese en acto de servicio por la Iglesia, defendiendo unos derechos eclesiásticos, fue declarado beato. Cinco años después, se inició la construcción de su sepulcro gótico y, un poco más tarde, ya se podía admirar en el ábside central de la Seo de Lérida su tumba.

A partir de la muerte del archidiácono, la reina María envió a algunos servidores suyos a Lérida para convencer a Eleonor que se pusiese bajo la tutela de la soberana, como ya lo estaba su hermana Juana, y que se fuera al monasterio de Sixena con su tía Isabel. De hecho, la reina no veía con buenos ojos que Eleonor de Urgell siguiese viviendo bajo el mismo techo que los hermanos del asesinado archidiácono. En respuesta, Eleonor pidió permiso para poder consultarlo con su padre y, con esta finalidad, consiguió que la reina diera su visto bueno para que Ramón Martí visitase el ilustre preso en Xátiva. La soberana escribió previamente al carcelero con tal de que el conde Jaime de Urgell se aviniese a convencer a su hija de que siguiera las recomendaciones de la reina y que, en vez de residir en Balaguer o en Alcolea como Eleonor pretendía, se retirase a Sixena.

Jaime de Urgell dió su acuerdo para que su hija fuese a vivir en la corte de la reina, pero a ésta pareció que el momento ya no era oportuno y, en el mes de enero de 1433, dispuso de su ingreso en el convento de las mínimas de Lérida. La reina María, que ejercía entonces de lugarteniente del reino en ausencia de su esposo el rey Alfonso "el Magnánimo", también pidió al obispo de Lérida que concediese a Eleonor las rentas eclesiásticas que había de recibir aquel año el archidiácono Barutell.

El mismo mes de enero de 1433, la soberana pidió a Eleonor, con especial interés, un breviario romano que había pertenecido a su difunto tío Barutell, que tenía fama de ser muy bello. También le facilitó la reina monturas con las cuales, siempre y cuando quisiera, le rindiese visita en la corte de Barcelona, donde seguía viviendo su hermana Juana. Sin embargo, la reina no desistía de su empeño en querer casarla con el rey de Chipre. Finalmente, en el mes de mayo, Eleonor acordó viajar hasta la corte, pocos días antes de se supiera de la muerte de su padre en Xátiva.

Muerte del conde de Urgell en Xátiva

 


El conde Jaime de Urgell llegó a vivir casi 20 años encarcelado, y no hay constancia de que volviese a ver a ningún miembro de su familia.

El 1 de junio de 1433, Jaime de Urgell fallecía repentinamente en su prisión de Xátiva. Pese a que el carcelero certificó que el conde murió de enfermedad, la presencia de dos hermanos del rey en Valencia durante aquellos días (que habían venido de Portugal), dió pie a la sospecha de que lo habían asesinado, y el rumor fue como reguero de pólvora entre el pueblo. Se descubre también el motivo de la visita, que la reina María autorizó tres días antes del fatal desenlace, a un enviado de Sicilia para hablar con su hermano Jaime en la cárcel.

Pocos días después, la reina envió una carta a Sor Isabel de Urgell comunicándole la muerte de su hermano Jaime, donde aseguraba que a las hijas del difunto no les fallaría en el intento de suplir al padre y a la madre. Pero, por más que insistiera la soberana que su hermano había fallecido cristianamente y por causas naturales, podemos tener la certeza de que la familia vió en esta muerte la responsabilidad de los Trastámara, porque siempre habían temido que acabarían con la vida del conde. Las notas del escribano de la Casa de la Ciudad y de otros notarios en sus escritos personales, dejan constancia del persistente rumor de que la muerte del conde de Urgell había sido un asesinato en toda regla. Y tomando en cuenta esto, hemos de imaginar los rumores que debieron de llegar a oídos de sus hijas y hermanas.

A mediados del mes de junio de 1433, Eleonor, que entonces debía encontrarse en Barcelona, había enviado a Balaguer a Ramón Martí para recaudar las rentas que le pertenecían. La reina también pidió que se colaborase para recaudar la máxima cantidad de dinero. Tampoco dejó la soberana de pensar en matrimoniar a las dos hermanas, cosa que llevó a Eleonor a pedir la mediación del rey Alfonso, entonces residiendo en Palermo, para que éste mandase a su esposa la reina que las dejase marchar con su séquito correspondiente allí donde quisiesen. La respuesta real dió amplia satisfacción a Eleonor, otorgándole la libertad de irse a Alcolea si ése era su deseo. En una carta de la misma fecha, encargaba a Catalina d'Ardèvol que acompañase a la hija del conde Jaime de Urgell, y ordenaba a la reina que devolviese a Eleonor su cuerno de Unicornio que estaba en su poder, dado que la joven tenía en gran estima ese amuleto al que se le atribuían propiedades mágicas como antídoto contra el veneno.

Eleonor de Urgell, hija de Jaime el Desdichado y su trayectoria por el Reino de Nápoles./Texto de Virginia Costafreda Puigpinós / traducción de Arnau Lucas.